Por Jazmin Macoretta y Thiago N. Etchegaray
Desde muy chico, Benjamín Nicolás Fernández de Landa encontró en la gimnasia artística una pasión que con los años se transformó en su proyecto de vida. Nacido el 17 de febrero de 2010, descubrió en este deporte la posibilidad de volar, desafiar sus propios límites y realizar movimientos que parecen imposibles.
Comenzó como un juego junto a sus amigos y, con el tiempo, se convirtió en una dedicación absoluta. Actualmente, su rutina incluye entrenamientos de lunes a viernes durante ocho horas diarias y la realización del colegio a distancia, una organización que le permite combinar su formación académica con las exigencias de la alta competencia.
“Me encantaba entrenar con mis amigos, siempre tomé la gimnasia como un juego”, recuerda sobre sus primeros años. Sin embargo, el crecimiento deportivo le trajo nuevas responsabilidades y sacrificios. La posibilidad de compartir ciertos momentos con amigos o asistir a cumpleaños muchas veces queda de lado por los entrenamientos y las competencias. “Son sacrificios que a veces cuestan, pero entiendo que forman parte del camino que elegí y de los sueños que quiero cumplir”, reconoce.

Detrás de ese compromiso también hay un proceso de preparación que lleva años. Su llegada a los Juegos Olímpicos de la Juventud es el resultado de un objetivo que comenzó a construir desde muy pequeño. En esta etapa, buscó perfeccionar sus ejercicios, mejorar su nivel y ganar seguridad al momento de competir. Un trabajo que, según destaca, no sería posible sin el acompañamiento de sus entrenadores, fundamentales en su desarrollo deportivo.
El recorrido también estuvo marcado por momentos difíciles. En abril de 2026, durante la preparación para los Juegos Suramericanos de la Juventud, sufrió una fractura del quinto metacarpiano de la mano derecha. La lesión lo obligó a estar tres semanas con el brazo enyesado y, una vez retirado, tuvo solo diez días para prepararse para el clasificatorio. Fue un regreso exigente, porque debió afrontar una competencia importante sin haber podido entrenar con normalidad. Sin embargo, logró sobreponerse a la situación y consiguió la medalla plateada en Individual General y la de bronce en suelo.
La gimnasia artística masculina consta de seis aparatos; Benjamín reconoce que sus principales fortalezas son suelo, barra fija y salto. Paralelas, en cambio, representa uno de sus mayores desafíos y un aspecto sobre el que continúa trabajando. Esa búsqueda permanente de superación forma parte de su manera de entender el deporte: “Parte de ser gimnasta también es reconocer cuáles son tus puntos fuertes y cuáles son los aspectos que tenés que seguir perfeccionando”.
Pero uno de los momentos más importantes de su joven carrera llegó con una distinción que trasciende lo estrictamente deportivo: el Comité Olímpico Argentino lo eligió para ser el abanderado de la delegación nacional en la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de la Juventud Dakar 2026. Así, Benjamín tendrá la responsabilidad y el orgullo de llevar la bandera argentina en uno de los acontecimientos más importantes del deporte juvenil internacional.
“Cuando me dijeron que iba a ser abanderado fue algo muy emocionante para mí. Al principio me costó dimensionar lo que significaba, porque es una responsabilidad enorme y un orgullo muy grande”, cuenta. La designación representa una oportunidad que espera recordar toda su vida y que asume con mucha gratitud. Para él, representar a la Argentina significa mucho más que buscar un resultado: “No se trata solamente de ganar una medalla, sino también de dar lo mejor de mí, representar los valores del deporte y sentir que estoy haciendo algo importante por mi país”.
De cara a Dakar, su principal objetivo deportivo es clasificar a la final del all-around y llevar la bandera lo más alto posible. Quiere demostrar el trabajo realizado durante todos estos años, competir al mejor nivel y disfrutar de una experiencia que considera un paso fundamental en su formación como gimnasta.

Sus aspiraciones, de todos modos, van mucho más allá de estos Juegos. “Mi gran sueño es ser campeón olímpico y poder hacer que la gimnasia artística sea mucho más conocida en el país”, afirma. Argentina hasta ahora no ganó medallas olímpicas de mayores, pero sí cuenta con una presea de plata en los Juegos Olímpicos de la Juventud producto de la actuación de Fernando Espíndola en Buenos Aires 2018. Además le gustaría que su recorrido motive e inspire a otros chicos a acercarse a este deporte y a descubrir que pueden alcanzar los objetivos que se propongan.
Para Benjamín, Dakar representa una prueba de aquello que algún día podría convertirse en su gran sueño olímpico: “Quiero que esta experiencia me ayude a ganar confianza, a seguir creciendo y a demostrarme que puedo llegar todavía más lejos”. Con apenas 16 años, llevará la bandera argentina con el orgullo de representar a su país en aquello que ama y la ilusión de seguir construyendo aquel sueño que nació entre juegos, entrenamientos y las ganas de volar.





