Alex Barrena: el camino al éxito nunca es lineal

Por Gonzalo Ramírez

Alex Barrena venció a Facundo Mena en la final del Challenger de Buenos Aires y se sumó a la lista de ganadores del certamen, en la que aparecen nombres como Mariano Navone, Sebastián Báez y Francisco Cerúndolo. Con apenas 23 años, el futuro del joven tenista parece prometedor, aunque llegar hasta este momento no fue sencillo. Detrás de ese trofeo hay una historia de decisiones inesperadas, lesiones, viajes y oportunidades que aparecieron cuando menos las esperaba.

La obtención de esta presea es similar a su camino para convertirse en tenista el cual tuvo obstáculos y atajos. La carrera del tenista nunca es lineal: hay quienes consiguen alcanzar el objetivo que se propusieron y otros que quedan en el camino. Pero también están aquellos a quienes ese recorrido los sorprende con oportunidades que aparecen cuando menos las esperan. A Barrena le ocurrió justamente eso.

Nacido el 10 de octubre de 2002 en Buenos Aires, Barrena creció prácticamente con una raqueta en la mano. Su vínculo con el tenis comenzó desde muy pequeño, influenciado por su familia y, especialmente, por su padre, entrenador de tenis. En el Club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires dio sus primeros pasos y comenzó a construir una historia que, en aquel entonces, ni siquiera imaginaba que lo llevaría al profesionalismo.

El tenis no fue una decisión tomada desde el comienzo. De hecho, durante sus primeros años compartió la raqueta con otra pasión: el fútbol. Entrenaba poco y competía en torneos de Menores de la Asociación Argentina de Tenis, donde, según él mismo recuerda, no era uno de los grandes destacados de su categoría. Sin embargo, una serie de buenos resultados comenzó a cambiar el rumbo.

“Cuando era chico no iba a jugar como profesional. Surgió sin darme cuenta, no lo decidí. Me iba bien y se dio. Lo mío fue todo al voleo. Nada fue planeado”, recordó Barrena.

 

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El verdadero punto de inflexión llegó alrededor de los 16 años. Su vida comenzó a girar cada vez más alrededor del tenis y tomó la decisión de competir en Interclubes en Europa, con la intención de conseguir ranking y abrirse también una posibilidad de estudiar en una universidad de Estados Unidos. Aquella experiencia significó mucho más que jugar partidos: fue el comienzo de una transformación que lo llevó a tomarse el deporte de manera profesional.

Los resultados terminaron de convencerlo. En 2020 llegó uno de los primeros grandes momentos de su carrera: disputó el cuadro principal de Roland Garros Junior y alcanzó los cuartos de final.

Pero antes de convertirse en protagonista dentro de una cancha, Barrena había tenido la oportunidad de encontrarse con una de las grandes figuras de la historia del tenis. Durante el ATP de Buenos Aires fue ballboy y le tocó acercarle una toalla a Rafael Nadal. Años después, todavía recuerda aquel momento como uno de esos encuentros que quedan guardados en la memoria.

Finalizada su etapa juvenil, llegó el momento de enfrentarse al circuito profesional. Los primeros años estuvieron lejos de ser sencillos. Entre 2022 y 2023 consiguió sus primeros títulos en el circuito ITF, con conquistas en El Cairo, Antalya, Warmbad Villach y Santa Cruz de la Sierra. También comenzó a disputar Challengers y a acostumbrarse a una vida marcada por los viajes, las valijas y las horas lejos de su familia.

 

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Europa se convirtió en una parte importante de ese aprendizaje. Viajar solo, competir lejos de casa y convivir con culturas diferentes lo obligaron a madurar dentro y fuera de la cancha. Cada torneo significaba una experiencia nueva y, al mismo tiempo, otro paso en la construcción de un tenista profesional.

Pero el camino también le mostró su lado más difícil. En 2024 sufrió una lesión que lo obligó a alejarse de las canchas durante un período prolongado. Las sesiones de kinesiología se volvieron parte de su rutina y el ranking comenzó a caer. Después de estar meses prácticamente sin competir, Barrena logró recuperarse y cerrar la temporada con una final y un título en los M15 de Azul y Santiago. El 2025 sería el año en el que todo comenzó a cambiar.

El comienzo de la temporada no fue sencillo. Los resultados no aparecían y acumuló más derrotas que victorias durante sus primeros torneos. Sin embargo, después de un mes de descanso encontró el rendimiento que buscaba. Ganó cinco partidos consecutivos y consiguió en Tucumán su primer título ATP Challenger.

A partir de allí, la historia tomó velocidad. Llegaron las semifinales del Challenger de Porto Alegre, otro título en Warmbad Villach, una conquista en el M25 de Grasse y un nuevo Challenger en Santa Cruz de la Sierra. En apenas 23 semanas, Barrena había escalado 305 posiciones en el ranking mundial, siendo noticia en el mundo del tenis.

El salto no fue producto de la casualidad. El trabajo junto a su entrenador Gustavo Tavernini también tuvo un papel importante, especialmente en el aspecto mental. Barrena reconoció que comenzaron a trabajar mucho más sobre su cabeza y que ese cambio fue clave para que los resultados finalmente aparecieran.

Su crecimiento continuó. Llegó la primera experiencia en una qualy de Grand Slam, en el US Open, y posteriormente alcanzó uno de los objetivos que había trazado junto a su equipo: ingresar al Top 200 mundial.

“Era uno de los objetivos que teníamos con mi equipo de trabajo. Después pusimos una clase de objetivos que fuimos cumpliendo de a poco, este era uno. Hay que seguir por el mismo camino y seguir escalando”, explicó.

El salto en el ranking también estuvo acompañado por una evolución dentro de la cancha. Barrena destacó especialmente la mejora de su saque y de sus movimientos, aunque reconoce que todavía debe trabajar en la regularidad mental y evitar los altibajos durante los partidos.

Su historia también está atravesada por los nombres que marcaron su infancia. Entre sus referentes argentinos aparecen David Nalbandian y Guillermo Coria, dos jugadores con los que incluso fue comparado por su estilo de juego. Él, sin embargo, toma distancia de esas comparaciones y prefiere construir su propia identidad.

De aquel chico que jugaba al tenis sin imaginar que podía convertirse en profesional al jugador que consiguió títulos, atravesó lesiones, recorrió Europa, disputó un Grand Slam juvenil, jugó la qualy del US Open y llegó al Top 200, el recorrido de Barrena estuvo lejos de ser lineal.

Quizás esa sea justamente la mejor manera de entender su carrera. No hubo un único momento en el que todo cambió, sino una sucesión de oportunidades, decisiones, obstáculos y aprendizajes que lo fueron llevando hasta donde está hoy.

Y todavía queda camino por recorrer. Porque para Barrena, el objetivo nunca fue solamente alcanzar un determinado número en el ranking. Después de tantos años marcados por las lesiones, su prioridad es otra: mantenerse sano, competir y seguir avanzando. La raqueta que alguna vez llegó a sus manos casi por casualidad ahora es la herramienta con la que intenta escribir los próximos capítulos de su historia.

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