Entre canastas y carteleras: el basquetbolista que pasó de ser figura en un Mundial a aparecer en una película sobre la calvicie 

Por Tiago Airala

13 de julio de 1986. Está a punto de terminar el partido entre Estados Unidos y Argentina en Oviedo por el mundial de baloncesto. 72-70. Sergio “El Vasco” Aispurúa tiene la historia en sus manos: le hicieron falta y tiene dos tiros libres a falta de tres segundos para el final. No falla y el seleccionado nacional hizo historia. El Gráfico caratuló el encuentro como “el más grande triunfo de la historia del básquetbol argentino”. Cuarenta años después, el Vasco vuelve a aparecer en las pantallas, pero ahora en las salas de cine y no hablando sobre básquet, sino sobre la calvicie. 

“Uno intenta hacer lo mejor posible en lo que me pueda tocar, que es intentar que algo que vaya a salir grabado salga lo mejor que se pueda. En ese sentido hay una similitud entre la película y mis partidos” dice el ex jugador desde Tostado, lugar donde vive hace 20 años y espacio en el que se desarrolla la película “Los Calvos”, de la cual es uno de los personajes principales. 

El film que se filmó durante el 2024 y viajó por Suiza y Polonia hasta llegar al BAFICI, ahora aterriza en las salas de distintos cines de la Ciudad de Buenos Aires, como por ejemplo el Gaumont. La misma trata un tema delicado que resulta una inseguridad en muchos hombres: la pérdida del pelo.

“Los dos directores somos calvos. En lo personal fue un tema que de joven me preocupaba mucho. Siempre tuve la idea de retratar la historia de las personas que pierden su pelo y que cuenten esa intimidad. Se lo mencioné a Marcos (Mossello) y aprovechamos una línea de fomento del INCAA, que no está más, y ahí empezamos a desarrollar la película”, cuenta Elías Gismondi, quien junto a Marcos Mossello se encargó de la dirección del documental. 

Por si no fuera lo suficientemente curiosa la propuesta, el largometraje cuenta las historias de distintos hombres que con el tiempo se fueron quedando calvos. Sin embargo, hay un lugar que pone todas estas anécdotas en común: Tostado, un pueblo de Santa Fe de 17.000 habitantes.
“Marcos me contó que su papá vivía en Tostado y tenía un implante. Viajamos allá y estando ahí nos empezamos a enterar de distintas historias de calvos que había en la ciudad. La gente nos decía ‘¿conocen a este personaje que nunca lo vieron sin gorra?’, ‘¿no conocen el heladero que está tatuado la cabeza?’ Y ahí empezaron a salir un montón más que le terminaron dando forma a la película. Fue una locura”, confiesa el director. 

La historia del Vasco fue una de las tantas con las que se toparon al llegar a Santa Fe. De hecho, ninguno de los dos lo conocía. “Nos enteramos de quién era ahí mismo. Nos pareció interesante su historia: un jugador de básquet que vive en Tostado alejado de las grandes ciudades, que fue una persona reconocida en el deporte y que mientras más se iba consolidando en la selección más se iba quedando calvo”.

Por su parte, el ex jugador contó que aportó a la película en pos de ayudar a los artistas. “Me llamaba la atención la historia y entendí que era una idea noble que ellos querían desarrollar. Yo quise colaborar con ellos en este inicio de su trayectoria en el cine”.

Y el Vasco en la película tiene su momento deportivo. Hay una escena donde lo muestra tirando al aro, primero errando todos los tiros y luego de que una voz le grite “¡pelado!”, se lo muestra metiendo todos. “Uno busca la forma de que el retiro no te dañe. El tema físico te va poniendo esos límites y sabes que en un momento no vas a poder jugar más. Pero si todo eso no existiera seguiría jugando al básquet porque uno ama el deporte”.

Y claro, supo ser un jugador notable y clave en la Selección Argentina de baloncesto. Formó parte del equipo nacional entre 1985 y 1991, y luego en 1999 cuando volvió para aportar su experiencia. Dentro de esa formidable carrera, se encuentra un hito histórico para el básquetbol argentino: la victoria contra Estados Unidos en el Mundial de España 1986.

“Ese partido con Estados Unidos tomó una trascendencia mucho más grande de lo que podía tener en aquella época. Esa victoria le dio una parte muy épica, ya que eran un equipo muy competitivo. De hecho ellos terminaron saliendo campeones del mundo. Yo creo que ese partido marcó un punto de inflexión para lo que después vino, aunque no se compara con la generación dorada obviamente”.

Aispurúa vivió de cerca la formación del mejor equipo de la historia del básquetbol argentino, hasta compartió equipo en el seleccionado en 1999. 

Cuarenta años después, el Vasco asegura que no necesitó ningún dote actoral para aparecer en la película más que contar la verdad y lo que sintió con su calvicie. “Hasta me da vergüenza verme”, dijo entre risas. 

El tiempo pasa para todos y reconvertirse resulta algo vital para cualquiera. Casos como el del Vasco no abundan y sirven para refrescar la memoria colectiva y recordar lo que hicieron ciertos fenómenos del deporte nacional, y para que así no caigan en el olvido. 

El pasado jueves “Los Calvos”, dirigida por Elías Gismondi y Marcos Mosello, y producida por Julián Palacios, se estrenó en el Cine Gaumont y estará disponible hasta el miércoles 30 en distintas salas del país. 

Un hombre que nunca se saca la gorra y siempre juega al fútbol, un heladero con un blackout en la cabeza, una persona con un implante capilar, un héroe del deporte nacional. Y esas son solo algunas de las curiosas historias que componen la película.

Más notas