Messi y Yamal, de la cuna a Times Square

Por Tiziano Moreira

“El fútbol es la dinámica de lo impensado” Dante Panzeri, en el libro “Fútbol: dinámica de lo impensado”.

Lionel Messi y Lamine Yamal cruzan sus caminos este domingo 19 de julio en el MetLife Stadium de Nueva Jersey para disputar la final de la Copa del Mundo entre Argentina y España. Sin embargo, el azar unió a ambos protagonistas hace casi dos décadas en un vestuario del Estadio Camp Nou. Allí, un joven rosarino de veinte años sostuvo entre sus brazos a un bebé de ocho meses para una campaña solidaria, en un cruce de épocas con ribetes de leyenda. 

Corría el año 2007. El diario Sport, en colaboración con la Fundación del FC Barcelona y UNICEF, organizó la segunda edición de un calendario benéfico con el objetivo de dar a conocer los programas orientados a la infancia. Mounir Nasraoui y Sheila Ebana ganaron un sorteo en el barrio de Roca Fonda en Mataró, España. Esto les permitió llevar a su hijo a las instalaciones del club catalán para una postal con un jugador azulgrana. 

El azar, en su máxima expresión, dispuso al joven talento argentino como futbolista para esa sesión. El fotógrafo Joan Monfort ideó el escenario con fondo granate y luces para acotar la escena y tener el control del espacio. El choque de esos dos mundos originó un cuadro de poesía visual. El rosarino, introvertido y tímido ante las cámaras, dudaba ante la fragilidad del niño. Al principio, la interacción resultó en un desafío complejo, ya que era la primera vez que el argentino sostenía a un bebé en brazos. 

La tensión cedió gracias a un patito de goma. Un simple juguete de hule desató sonrisas y tranquilidad. El agua sobre la piel de Lamine Yamal actuó como una especie de agua bendita, un bautismo sagrado donde un dios pagano del balón bendijo a una futura promesa. Aquel cruce de miradas inocentes selló un pacto mudo, un pase hecho con burbujas y jabón, a salvo de la vorágine del tiempo.  

Sobre aquel momento de magia fortuita, el fotógrafo aportó su mirada: “La casualidad los unió, la foto podría haber sido con otro jugador, pero fue con Leo. Seguramente si la familia del bebé hubiera podido escoger, la foto hubiera sido con Ronaldinho, con Xavi o con Iniesta”.

En medio de esta retrospectiva, el paradero de la utilería de aquella tarde representa una incógnita. Los creadores de la producción revelaron que la tina de plástico azul desapareció de los registros. Al igual que el mítico Arca de Noé, esa pequeña bañera se convirtió en una reliquia perdida en el océano del tiempo. Hoy, el artículo valdría millones en cualquier subasta, pero el destino pareció borrar las pruebas materiales de aquel instante para dejar viva solo la fotografía.

Las imágenes permanecieron en el anonimato durante varios años, resguardadas por la familia del chico. Yamal despejó las dudas sobre el ocultamiento de este tesoro: “Nunca lo hemos sacado a la luz porque al final no queríamos las comparaciones de Leo y yo. No creo que a nadie le moleste ser comparado con el mejor jugador de la historia, pero al final son cosas que te restan porque nunca vas a ser como él”. A su vez, el atacante bromeó sobre el paso del tiempo al expresar: “Bueno, he crecido un poquillo y Leo también”.

Por su parte, Lionel Messi no ocultó su asombro ante la coincidencia cósmica y aseguró: “La verdad que lo de esa foto es una locura porque es la vida. Hice la foto cuando él era bebé y ahora enfrentarnos en una final de la Copa del Mundo es una locura pero es uno de los mejores del mundo en este momento”.

Hoy, el libreto tendrá un reencuentro sobre el césped más codiciado del planeta. El chico de Mataró desafiará al monarca del deporte. El niño de la postal creció hasta conformar el obstáculo final para el anhelado bicampeonato mundial de la Albiceleste. Aquel fotógrafo jamás imaginó el peso invaluable de su obra: “No hay dinero que pague una foto como esa”. Las piezas del universo encajaron a la perfección para que el rey acunara al talento del mañana. Entre caprichos del azar y designios de la pelota, el transcurso de las épocas reafirma con belleza una gran verdad: este deporte, o la vida misma, jamás se somete a la lógica de lo pensado. 

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