viernes, junio 5, 2026

Ni una menos, otra vez 

Por Juana Enrico, Lola Fariña y Agustín González

Ni Una Menos. La frase aparece antes de llegar al Congreso. Está atada a las rejas que rodean la plaza, en los pañuelos de un mantero, escrita con marcador sobre un pedazo de cartón y estampada en la remera violeta de una nena talle cuatro que camina aferrada a una mano adulta, abriéndose paso entre la marea de gente. Como una señal repetida una y otra vez, las tres palabras conducen hasta el corazón de la movilización. Es miércoles 3 de junio de 2026. Once años después de aquella primera marcha, la plaza vuelve a llenarse por la misma urgencia. ¿Por qué, más de una década después, el pedido sigue siendo exactamente el mismo?

Una mujer vestida con ropa de oficina ensaya una respuesta. Dice que, aunque la violencia contra las mujeres nunca desapareció, hoy percibe un retroceso. Que hubo un tiempo en el que pareció posible hablar de conquistas y avances. Que esta marcha, en cambio, le recuerda a las primeras. “La gente viene con tristeza. Generalmente el clima es más alegre, más esperanzador. Hoy hay algo más fuerte que nos atraviesa. Y no me parece casual”. Antes de perderse otra vez entre los manifestantes, agrega una última idea: “Hay que seguir marchando”.

Belén, Micaela, Ángeles, Candela y Agostina son solo algunos nombres de víctimas que estaban escritos en distintos carteles o remeras que llevaba la gente en la plaza frente al Congreso de la Nación. Un año más, la marcha por Ni Una Menos convoca a miles de mujeres, y unos pocos hombres, que circulan entre bombos, voces y banderas. Los nombres se mezclan con las consignas y los reclamos, pero también con una preocupación compartida: “Lamentablemente estamos volviendo para atrás, las pocas cosas que conquistamos las estamos perdiendo”, comenta una manifestante. Cerca de ella, a un señor le cuelga un cartel de su espalda que resume uno de los motivos que lo llevó a movilizarse: “Marcho para que mi hija llegue segura a casa”.

Con su nene sobre los hombros, un hombre avanzaba entre la multitud que ocupaba los espacios vacíos de la plaza. A diferencia de muchos de los carteles que reclamaban justicia por víctimas de femicidios, su mensaje apuntaba al presente y a la responsabilidad masculina. Lejos de plantear soluciones inmediatas o grandes medidas, habló de la necesidad de revisar prácticas cotidianas y animarse a cuestionar espacios históricamente naturalizados. Habló de conversaciones, de informarse, de discutir entre pares y de animarse a romper estructuras que, según explicó, permanecen intactas porque pocos se atreven a cuestionarlas.

Las primeras columnas comenzaron a concentrarse a las dos de la tarde. La movilización ocupó todas las calles que rodean la Plaza Congreso, Aunque la noche cayó y las luces comenzaron a encenderse, por los accesos laterales se continuaban renovando las manifestantes. Uno de los carteles que más reacciones generó fue uno que decía: “Faltan 10 femicidios para el Mundial”. La frase hacía referencia a un dato respecto a los femicidios en Argentina: ocurre uno cada 30 horas. También aparecían mensajes marcados por el cansancio y la bronca. “Estamos hartas”, se leía en distintos puntos de la plaza, sobre telas y hojas escritas a mano.

Entre la multitud, una joven estudiante y su docente de la Universidad de Buenos Aires llevaban pegado a la frente un papel con una única pregunta en letras negras: “¿Por qué?”. Explicaron que la idea surgió tras escuchar, el día anterior, el testimonio de la madre del femicida de Agostina -la nena cuyo caso acababa de conmover al país-, quien declaró que le preguntaría a su propio hijo el motivo de lo que había hecho. Para ellas, ese interrogante refleja el sentir de la plaza frente a una sociedad que todavía insiste en buscar explicaciones en la víctima mientras le quita culpa al agresor. Así, ese “¿Por qué?” en sus frentes se convirtió en el eco perfecto de la pregunta que abrió la jornada, un recordatorio de que, en épocas en las que el odio se ofrece como la medicina para la frustración de un sistema colectivo, unirnos y seguir marchando por nuestros derechos se vuelve indispensable.

 

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