miércoles, abril 29, 2026
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Sepúlveda: viento en contra, comunidad a favor

Por Isidoro Doumont

En Chubut, más específicamente en Rawson, una ciudad portuaria sin tradición ciclista, se encuentran una ferretería y un mayorista que no solo venden herramientas y productos, sino que también fueron claves en la formación del ciclista Eduardo Sepúlveda, que estará presente en los Juegos Olímpicos de París 2024.

Desde muy chico, las bicicletas ya eran parte de su vida. Aunque fue en 2007 a sus 15 años después de la muerte de su padre en un accidente automovilístico en la Ruta Nacional 251, a 420 kilómetros de Rawson, cuando volvían de una competencia en Bragado, donde decidió tomar el ciclismo de forma profesional: “Cuando decidí que quería competir a nivel profesional, me di cuenta de que necesitaba más que solo pasión, necesitaba apoyo”, comentó Sepúlveda en una entrevista con Infobae.

Fernando Rosa, dueño de Ferretería Argentina SRL, dijo a El Equipo cómo comenzaron a apoyarlo: “Eduardo Sepúlveda arrancó corriendo en bicicleta en Rawson con su padre, y cuando comenzó a competir en los campeonatos nacionales, lo ayudábamos todos los meses con un dinero”.

El ciclismo de ruta es una disciplina exigente que combina resistencia, velocidad y estrategia, siendo desafiante en países como Argentina, donde el deporte no tiene la misma tradición ni infraestructura que en Europa. En la provincia de San Juan, el ciclismo es casi una religión, ya que tiene el calendario ciclista de pista y ruta más intenso e importante del país. Pero en Rawson, las rutas presentan sus propios desafíos. Aunque pintorescas, las condiciones pueden ser extremas, con vientos fuertes y temperaturas bajas, mucho más en invierno. Pero a pesar del frío, la calidez de la comunidad rawsense fue muy importante en su carrera como ciclista.

La relación entre la familia Sepúlveda y la ferretería era más que comercial. Se había establecido una conexión de confianza: “La familia es cliente habitual y en la ferretería siempre colaboramos con un montón de chicos de la zona que quieren crecer, y en este caso Eduardo Sepúlveda fue uno de ellos”. La buena predisposición de ambas partes estableció una relación duradera.

Fernando Rosa también contó que siempre que Sepúlveda visita la zona es muy agradecido y les cuenta sobre sus avances en el ciclismo y dijo a El Equipo que Sepúlveda reconoció la ayuda brindada: “Cuando se fue a correr al Movistar Team en 2018, volvió a Rawson, agradeció el apoyo y dijo que no necesitaba más la ayuda porque había conseguido un buen equipo”.

Otra persona importante para el impulso de la carrera de Sepúlveda fue Fredy Valdez, dueño del supermercado mayorista, la Superferia, quien le dijo a El Equipo cómo lo ayudaron desde el anonimato para pagar la pensión en la que estaba viviendo en Buenos Aires: “En 2011 Rodolfo Lucero y Fabián Gusman junto a otras personas, organizaron asados y carreras de bicis para ayudarlo en la parte económica, donde la Superferia ayudó con la mercadería”.

En el caso de Valdez también mantuvo una relación cercana con la familia Sepúlveda: “Tenía relación con su padre y a Edu lo conozco desde chico. Siempre supe que iba a triunfar en el ciclismo por su dedicación, constancia y condiciones”. También destaca su cercanía por la ayuda: “Estamos en contacto con él y cuando viene por la zona siempre contamos con su visita”.     

En 2012, Sepúlveda demostró su potencial al ganar la medalla de plata en la prueba contrarreloj de los campeonatos panamericanos de ciclismo de ruta y se consagró como el mejor sub-23, obteniendo la medalla de oro. Al año siguiente, en 2013, consiguió dos medallas de oro en ciclismo de pista, consagrándose campeón en persecución individual y por equipos.

La ayuda que recibió le permitió entrenar, competir y destacarse en el ciclismo nacional e internacional. Sepúlveda ha mencionado en una entrevista con la página oficial de los Juegos Olímpicos, que sin el apoyo de su comunidad, no habría llegado donde está hoy: “Esos primeros años, cada competencia era un reto financiero, pero siempre había alguien dispuesto a ayudar”.


Su carrera continuó en ascenso, y en 2016 completó el exigente Tour de Francia y representó a Argentina en los Juegos Olímpicos de Río 2016.

Su esfuerzo y dedicación fueron reconocidos en 2020, cuando recibió el Premio Konex como uno de los cinco mejores ciclistas de la última década en Argentina. Incluso la pandemia no lo frenó, ya que también participó en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. A fines de 2022, firmó contrato con el equipo belga Lotto Dstny, uno de los mejores y más longevos equipos de ciclismo, hasta la temporada 2026, logrando ser el primer argentino en correr en ese equipo. 

El 26 de agosto de 2023, marcó otro hito en su carrera al participar por primera vez en la Vuelta a España, completando así su participación en las tres grandes vueltas del calendario que son el Giro d’Italia, el Tour de France y la Vuelta a España.

El reciente logro de Eduardo Sepúlveda, clasificándose para los Juegos Olímpicos de París 2024, es una muestra del poder del apoyo comunitario y de cómo una red de personas y pequeños negocios pueden ayudar a alguien a alcanzar sus sueños, inclusive con el granito de arena más chiquito.

 

 

Daiana Ocampo y la entereza como bandera

Por Ignacio Pretto

En el año 2012 al norte de la provincia de Buenos Aires, en la localidad de Pilar, como todos los años se corrió la maratón de 10 kilómetros en la que participó una sola mujer que tenía 21 años  y que todavía pensaba en que hacer de su vida luego de haber dejado el fútbol, sin saber que ese mismo día se encontró con lo que es su mayor pasión y su trabajo: correr 

Daiana Ocampo,la mayor y única mujer, en una familia de seis hijos desde chiquita que es aficionada al deporte. Su padre fue futbolista amateur y ella se crió jugando con sus 5 hermanos varones. Daiana jugó amateur toda su vida, hasta que en la adolescencia tuvo la chance de dar un paso al profesionalismo cuando llegó a la primera de Fénix. A pesar de ser una de las titulares del equipo nunca vio como una opción dedicarse al fútbol ya que esta disciplina, en el ámbito femenino, no estaba lo desarrollada que está ahora por lo que lo terminó dejando a los 18 años para centrarse en los trabajos que podía ir consiguiendo mientras pensaba a qué quería dedicarse.

“A pesar de dejar el fútbol sabía que quería seguir en contacto con la competición, tengo 5 hermanos varones y soy la mayor tuve que competir bastante. Así que empecé a salir a trotar por todo Pilar, hasta que por fin tomé la decisión de anotarme en una carrera”, contó Daiana

Para una deportista profesional ser madre puede significar el fin de su carrera y en muchos casos a muy temprana edad. Miles de ejemplos en deportes como el fútbol o el tenis dieron sobradas muestras que las deportistas, a pesar de seguir compitiendo, nunca volvieron a su mejor nivel luego del embarazo. Incluso Daiana que siempre mantiene el mensaje de nunca bajar los brazos creyó que era imposible que vuelva a competir al nivel que lo hizo hasta la llegada de Amparo en 2016: “En mi caso, yo fui una corredora totalmente diferente antes de ser madre  y otra después. Apenas recibí la noticia del embarazo pensaba no sé si voy a poder correr igual que antes y para mi sorpresa no volví igual sino que volví mejor que antes. Obviamente en ese momento, no lo pensas, con todas las emociones.Recuerdo el primer trote, a los dos meses que nació Amparo, volví llorando a mi casa porque me dolían las rodillas, mi familia me ayudó mucho en ese momento”.

Gracias al carrerón que hizo en Rotterdam en 2019, quedó dentro de las 100 mejores del mundo a un año de los Juegos Olímpicos y con el sueño más vigente que nunca, pero como varias veces en sus 12 años de carrera la vida le puso otro palo en el camino.

Tokyo 2020 fue un juego olímpico que sirvió para desvelar las malas decisiones y la poca importancia que le da la World Athletic a los deportistas sudamericanos, de hecho, en diciembre de 2020, a 12 horas de largar la maratón clasificatoria de Polonia le informaron a los extranjeros que  no iban a ser parte del evento, a pesar de que muchos de ellos ya estaban en el país. Este imprevisto perjudicó demasiado a muchos atletas,a tal punto que se les hizo imposible clasificar a los juegos, entre ellos se encontraba Daiana, que con 29 años se despedía de su chance de clasificar a su primer Juego Olímpico. Como relata su entrenador Hugo Bressani fue el momento más duro de la carrera de Daiana: “Después de la disolución de Tokyo costó mucho volver a entrenar pero yo le recordaba siempre la charla que tuvimos la primera vez que nos conocimos. En esa charla Bressani preguntó: ¿Cuál es tu mayor sueño? A lo que Daiana contesto: ir a un Juego Olímpico”.

Como suele decir Daiana ella nunca bajó los brazos y luchó para conseguir su máximo  sueño y así fue como de tanto insistir y nunca darse por vencida hizo una de las mejores marcas de su carrera en la maratón de Hamburgo para clasificar a los JJ.OO París 2024 y obtener su merecido premio de una vez por todas.

 

Santiago Baronetto, licenciado en Kinesiología y Fisiatría, jugará sus segundos Juegos Olímpicos

Por Tiago Caputo

Sus comienzos fueron en el Club Manuel Dorrego, de Morón, pasó por la Liga Asobal de España, pero en 2019 tuvo una rotura en el recto anterior del abdomen que lo motivó a cambiar la carrera que estudiaba y volver al país para cuidarse mejor. Santiago Baronetto, licenciado en Kinesiología y Fisiatría de la Universidad Nacional de La Matanza, tendrá una nueva oportunidad de jugar en los Juegos Olímpicos junto a “Los Gladiadores”.

El handball actual nació en Europa Central, en 1892 por un profesor alemán de gimnasia para sus alumnas. En la actualidad es un deporte de mucho contacto y muy popular en lugares cercanos a su creación. En Argentina no es profesional por eso los jugadores deben equilibrar su vida entre la práctica del deporte y el estudio o el trabajo. Baronetto es un ejemplo de esto: comenzó estudiando arquitectura y hoy es licenciado en otras dos carreras y al mismo tiempo integra, desde el 2018, la Selección Argentina de handball gracias a su sacrificio de priorizar el estudio, el entrenamiento y perderse momentos de estar con amigos o familiares.

Maximiliano Ferro, uno de los ex compañeros, en Dorrego, recalcó el compromiso y la gran organización de tiempo de Baronetto para recibirse y no dejar de jugar a este deporte, hasta consiguiendo ser mejor en su club y en la selección, además habló de Baronetto y su cambio de carrera: “Santi empezó a estudiar Fisiatría debido a las lesiones que sufrió, hoy ya se cuida con más conciencia y conocimientos que en años anteriores”.

El handball en Argentina no es un deporte que genere dinero, solo los mejores jugadores que pueden llegar a las ligas europeas pueden vivir del deporte mientras que para el resto estudiar es imprescindible porque al capacitarse y desarrollarse, le da otras herramientas a los deportistas que deben dejar de jugar por cuestiones externas. Baronetto tuvo una lesión muy compleja en su abdominal en el 2019, que se abrió nuevamente a finales del 2021 y género que se especialice mediante el estudio para poder recuperarse y cuidarse mejor de las lesiones, para sumarle a las condiciones técnicas y físicas que mostraba desde chico, en Morón.

“Él en Dorrego era distinto por su capacidad atlética y podía cumplir varias funciones y con el tiempo especializándose como extremo, donde juega hoy”, dijo Ferro al recordar los comienzos de Baronetto, luego de su participación en París 2024 y ya recuperado al ciento por ciento de su lesión, volverá a la Liga de España, esta vez en la segunda división jugando para Alicante.

La selección Argentina tiene como apodo “Los Gladiadores”, desde el Panamericano de handball en Santiago de Chile 2010, donde ganó la final a Brasil: la selección perdía la final por siete goles a falta de 15 minutos, pero terminó ganando 28 a 27 por un gran esfuerzo del equipo aunque el partido parecía perdido pero lucharon hasta el final como los gladiadores del Imperio Romano. Baronetto en los últimos años le hizo honor al nombre de su selección, por lo que hizo para recuperarse de su lesión y volver al equipo dirigido por Guillermo Milano.

Otro de los conocidos de Baronetto en Dorrego, Gonzalo Iglesias, director técnico del club, en el que jugó Baronetto este último tiempo contó el esfuerzo del jugador para recuperarse y llegar a París 2024: “Santi desde que volvió de España, ya hace tres años, siempre se entrenó en el CeNARD con la selección y acá en el club, a la vez no solo que estudiaba, sino que también trabajaba”.

Si bien Baronetto siempre estuvo en selecciones juveniles por sus condiciones, en este último tiempo mejoró su físico y su juego gracias a los estudios fuera del deporte. Gonzalo Iglesias también recalcó la importancia del estudio: “Sin duda alguna, hoy el entendimiento, la toma de decisión, la conducta en los entrenamientos van de la mano con la preparación escolar y académica”.

Santiago Baronetto se viene entrenando desde su última lesión para París 2024, con sus conocimientos gracias a las licenciaturas para cuidarse y preparar mejor su cuerpo para los partidos y entrenamientos, volvió al club del que salió en Morón, siendo licenciado en Kinesiología y Fisiatría, pudo recuperarse al máximo para afrontar sus segundos Juegos Olímpicos y luchar junto a “Los Gladiadores”.

 

Santiago Lorenzo, la promesa tenismesista de San Rafael

Por Santiago Bussetti

El 21 de septiembre de 2001 nació un talentoso niño en la ciudad de San Rafael, ubicada a 233 kilómetros al sur de la capital de la provincia de Mendoza, quién empezó a jugar al tenis de mesa desde los 7 años y se dispuso a llegar a ser un olímpico en esta disciplina. Ese niño se alejó de su familia cuando tenía 15 para poder enfocarse en su carrera y crecer en este deporte.

A Santiago Lorenzo siempre le fascinó jugar al tenis de mesa. Esta pasión se la transmitió su padre, Fabio, quien solía llevarlo de pequeño los fines de semana a la casa de los abuelos. De vez en cuando peloteaban en una mesa de ping pong que había allí. Desde ese entonces, Fabio empezó a darse cuenta de que su hijo tenía una facilidad increíble a la hora de manipular la paleta y pegarle a la pelota.

Al principio, Lorenzo, quién solo tenía 7 años, le encantó el tenis de mesa, lo disfrutaba y se lo tomaba como un pasatiempo en el que lo único que quería hacer el resto del día era solo jugar en la cochera de su casa y pasarse el resto del día ahí. Siempre practicaba en la mesa de madera que le construyó su abuelo carpintero, Evaristo, que se la regaló a su nieto en un cumpleaños. Además, Santiago tiene una gran relación con su abuelo ya que tienen gustos similares como por ejemplo: la pasión por el tenis de mesa.

Desde los 10 años, Lorenzo participó en torneos locales, provinciales e incluso llegó a jugar en los nacionales en la categoría de menores. Su talento llamó la atención de la selección argentina, específicamente de los entrenadores de aquel entonces, Gustavo Levisman y Oscar Roitman, quienes lo convocaron para jugar el Campeonato Sudamericano Sub 11 en el año 2011 en Paraguay. Sin embargo, cuando Santiago cumplió 15, los mismos entrenadores de la selección vieron futuro en él y le ofrecieron dejar San Rafael para ir a entrenar a Buenos Aires y poder alcanzar todo su potencial y que represente a Argentina en el tenis de mesa. Tras una charla importante con su familia, el joven mendocino decidió aceptar la propuesta y se trasladó a la provincia bonaerense.

Lorenzo empezó a vivir por un año en el CeNARD, es el lugar donde los deportistas de alto rendimiento y la mayoría de los seleccionados nacionales se entrenan. Sin embargo, las cosas fuera de Mendoza no fueron fáciles, o por lo menos para el joven sanrafaelino, ya que el miedo, la incertidumbre y la soledad se apoderaron de él. “Ese periodo en el CeNARD fue bastante complicado. Para un atleta del interior, siendo tan joven y que decida radicarse ahí, es muy difícil. A veces un centro de entrenamiento puede pasar a ser una prisión”, detalló Fabio Lorenzo, el padre de Santiago.

Muchos pensamientos negativos pasaban en la cabeza de Lorenzo, tanto fue así que casi se retira. A pesar de todo, el joven del interior pudo salir adelante con el apoyo de su familia quien lo cobijaba desde San Rafael y por Gustavo Levisman, quién le ofreció su casa para que se alojara mientras que a la vez pudiera entrenar libremente: “Santi estuvo un año en Buenos Aires y ya no quiso vivir más en el CeNARD. Le ofrecí mi casa y terminó viviendo conmigo ya que siempre recibía chicos”.

Con el enorme gesto de Gustavo, Santiago ya no se sentía solo y pudo terminar de explotar todo su potencial que venía guardando desde chico. Salió subcampeón en el Sudamericano Juvenil y llegó a la final del Campeonato Argentino que se hizo en Buenos Aires, donde dio el batacazo y venció a varios de los mejores tenimesistas del momento como Gastón Alto, quién fue su compañero de selección y quién hoy en día lo está entrenando como director técnico. “Santiago no vislumbró mucho en juveniles. Recién entre 2017 y 2018, cuando se vino a vivir conmigo, explotó por primera vez y nos dejó a todos sorprendidos”, contó Levisman sobre el repentino crecimiento de Lorenzo.

Santiago decidió continuar su carrera en Europa a sus 18 años. A su lado estuvo Horacio Cifuentes, su actual compañero de cuarto y de la selección argentina. Por otro lado, Gustavo Levisman los acompañó a ambos tenimesistas y los ayudó a instalarse definitivamente por un mes en un departamento de Porto, Portugal, ambos siguen viviendo juntos incluso en la actualidad. Una vez instalados, Lorenzo afrontó este nuevo desafío en contraste de cómo lo hizo en su llegada a Buenos Aires, se despojó de cualquier tipo de pensamiento negativo que lo afecte. 

Estuvo jugando para varios equipos, jugó en España para Alzira Tenis Taula, pero en un momento jugaba para dos equipos a la vez, entrenaba durante la semana en el Galoma de Portugal y luego, se tomaba un avión los fines de semana para representar a Charleville-Mézières en Francia. Por el momento, el joven sanrafaelino está jugando en Amiens, un equipo de la segunda categoría de Francia, aunque, según Fabio Lorenzo, Santiago ha recibido varias ofertas para jugar en la PRO A, la primera división francesa, y las está considerando positivamente. 

No fue un camino fácil pero los miedos e inseguridades que se le presentaron a Santiago Lorenzo fueron los obstáculos que lo terminaron de forjar quién es hoy. Ya no es aquel niño que no podía estar lejos de su familia, ahora es un hombre que le queda por lo menos 10 años más de carrera por delante pero que ya, gracias a su propio esfuerzo, cumplirá el sueño de cualquier atleta a los 22 años, jugar los Juegos Olímpicos.

Romina Biagioli y la resiliencia, una sociedad inquebrantable

Por Augustín Caballero 

Correr, nadar, andar en bicicleta… Actividades que, si resultan complicadas por sí solas en escenarios recreativos, imagínese el esfuerzo que conllevan en un contexto competitivo, sin interrupción y con más de medio centenar de participantes dispuestos a aferrarse a la gloria. Así es el triatlón, un deporte diseñado para los más tenaces. Y, por consiguiente, perfecto para Romina Biagioli, atleta cordobesa de 35 años.

Aún así, las primeras andaduras deportivas de Romina no tenían al triatlón como objetivo, sino más bien a la natación. Un día, el club en el que nadaba se encontraba cerrado, por lo que decidió ir a correr con el fin de no perder ni un día de preparación. Así fue como uno de sus entrenadores la vio y le sugirió un cambio de disciplina. El resto es historia. 

Venimos de un entorno de clase media baja”, cuenta Claudio Biagioli, hermano y entrenador olímpico de natación, en diálogo con este medio. “No nos faltaba nada pero no había posibilidades de acceder a elementos competitivos”. Si bien no contaba con material apto, Romina participó de su primer triatlón hace 17 años en el circuito de la Paz, Entre Ríos, con una bicicleta prestada. Terminó última, aunque, según dice, hasta el día de hoy le sirve de motivación. “Es un deporte hecho exclusivamente para gente con su personalidad”, cerró Claudio.

A pesar de no contar con preparación infantil ni roce en categorías menores, se propuso interiorizarse más en la disciplina y dedicar su vida al alto rendimiento. Desde las incontables sesiones de spinning en cualquier gimnasio aledaño hasta su rutina actual basada en 4 horas de ciclismo, 3 de marcha a pie y otras tantas en el agua, Romina parece haber desarrollado una personalidad inalterable frente a la adversidad. 

Los logros no escasean: medallas en los juegos panamericanos y suramericanos de playa, participaciones destacadas en copas del mundo y un puesto 121 en el ranking olímpico, lo que le permitió el acceso a París 2024 mediante la plaza “nuevas banderas”, destinada a una nación de cada continente que aún no hubiera asegurado la suya. 

Será la segunda experiencia olímpica para la cordobesa desde que accediera a la  última edición en Tokio. Recordar aquella vivencia resulta un dolor de cabeza para la triatleta: en la búsqueda de puntos que le dieran el último impulso de cara a la clasificación, salió despedida de su bicicleta tras chocar contra otras competidoras y golpeó de lleno contra el guardarrail. El resultado? Una costilla quebrada y otra fisurada.

Impulsada por la perseverancia que la caracteriza, Romina se aguantó el dolor y largó 7 días después en Italia y otros más tarde en México para cerrar de manera definitiva su clasificación. Ya en la capital nipona, las condiciones en la pista no eran óptimas y el panorama lucía complicado. Sin embargo, logró terminar la carrera en 33° lugar. “Hubo un tifón el día previo y alteró todo. Romina llegó a la meta porque es una muy buena competidora, tremendamente intensa”, asegura a El Equipo la triatleta mexicana Cecilia Pérez, quien no pudo completar el circuito aquel día.

El espíritu insaciable de Biagioli la llevará a disputar sus segundos Juegos Olímpicos en París, donde tendrá que atravesar el desafío de los 1500 metros de natación, 40 kilómetros sobre ruedas y otros 10 a pie. Lo hará el 31 de junio, con una bicicleta nueva y diseñada especialmente para la cita. Aquella Romina de 18 años jamás lo hubiera imaginado.

A sus 35 años, la cordobesa asegura aún tener sueños por cumplir. Entre ellos se encuentra el completar un desafío Ironman, que consiste en nadar 3800 metros, pedalear 180 kilómetros y correr una maratón (42,195 km) con demoras de entre 9 y 17 horas, además de los gastos siderales del entrenamiento y equipaje. Al fin y al cabo, es un deporte diseñado para los más tenaces. Y quién mejor que Romina Biagioli para confirmarlo. 

John Stephen Akhwari, llegar a la meta

Por Iván Linkowski Garofalo

El 20 de octubre de 1968, a las 15 horas, comenzaba el maratón de los Juegos Olímpicos que se disputaban en México. Los corredores ya estaban preparados en la plaza de la Constitución para iniciar la prueba. El favorito entre 75 corredores era el etíope Abebe Bikila, que ya había ganado la medalla dorada en los Juegos Olímpicos de Roma 1960 y en los de Tokio en 1964. 

Fue una prueba prácticamente suicida donde la Ciudad de México dificultó el rendimiento de los atletas ya que se encontraban a casi 2300 metros a nivel del mar por lo que les dificultaba la respiración. Por ello, los corredores iban a paso lento. 

Tras 20 km, la prueba la lideraba el belga Gaston Roelants y su perseguidor era el británico Tim Johnston. Los corredores, a esa altura, por la falta de aire, se arrastraban como podían para llegar a la meta. Finalmente, la ganó el etíope Mamo Wolde tras 2 horas 20 minutos y 26 segundos seguido por el japonés Kenji Kimihara y el neozelandés Michael Ryan. Media hora después, recibieron las medallas, pero ese no fue el final de la carrera ya que había todavía un competidor intentando cruzar la meta. 

Se trataba de John Stephen Akwhari, un corredor tanzano que a los 19 km se cayó y se lastimó severamente la rodilla y el hombro derecho. Sus rivales abandonaban la prueba y él decidió continuar. Rechazó la asistencia médica ya que sería descalificado, únicamente requirió vendas para contener su luxación. De a ratos caminaba, en otros trotaba hubo momentos que lloraba, pero no se detenía. 

Anterior a esa prueba en México, Akwhari venía de ganar el campeonato Africano de Maratón. Se esperaba un mejor desempeño en las olimpiadas, pero no pudo ser ya que le camino fue tortuoso a partir de la caída. Desde que Wolde cortó el listón como ganador hasta que llegó Akhwari pasó mas de una hora. El estadio se encontraba prácticamente vacío, poca gente lo alentó para que finalice la carrera y tras 3 horas 25 minutos y 27 segundos logró cruzar la meta. 

-Usted viene muy mal, ¿Por qué no dejó que lo asistiera la ambulancia?, le preguntó el juez. Dolorido, Akwhari respondió: 

-Mi país no me mandó 5 mil millas para empezar una carrera, me mando aquí para terminarla”

El nombre de John Stephen Akhwari quedó grabado en el estadio. Un ejemplo de superación, constancia y de la difícil sensación de no rendirse ante la primera adversidad que se avecine. 

 

  

Un continuo desafío para el deporte: las pruebas antidopaje

Por Candelaria Cavagna

La historia de Mohammed Arjomand Nasehi, un pesista iraní, que fue descalificado de Munich 1972 y el compromiso del COI con los controles de antidopaje en la actualidad. 

El 31 de agosto y tras cinco días de competencia, Mohammed Arjomand Nasehi, quien participaba en levantamiento de pesas representando a Irán en los Juegos Olímpicos de Munich 1972, fue descalificado del certamen tras dar positivo en el control antidopaje. El nacido en Qom el 4 de marzo 1944 concurría por primera vez a la cita olímpica a sus 28 años. 

En un principio no se reveló cuál fue la sustancia que hizo que su sueño olímpico desapareciera tan rápido como llegó, pero luego el Dr. Daniel Hanley, representante estadounidense en la comisión médica del Comité Olímpico y responsable del análisis, confirmó que la sustancia fue efedrina, un broncodilatador adrenérgico que estimula los receptores beta-2 adrenérgicos en los pulmones para relajar el músculo liso bronquial, aumenta la capacidad respiratoria  y reduce la resistencia de las vías aéreas. 

Tras la descalificación, Nesehi nunca más volvió a clasificarse a los Juegos olímpicos y pese a haber obtenido  la medalla de bronce en los Juegos Asiáticos en dos ocasiones, en 1966 y 1970. Su último evento deportivo  a gran escala fue el Campeonato Mundial en La Habana, Cuba, en 1973, en el que finalizó decimocuarto. 

Los controles de antidopaje en los Juegos Olímpicos fueron introducidos en México 1968. El primer atleta que fue descalificado luego de dar positivo por utilizar una sustancia para mejorar el rendimiento fue Hans-Gunnar Liljenwall,​ un pentatleta sueco. El deportista perdió su medalla de bronce por consumo de alcohol quien posterior a la decisión afirmó que solo tomó dos cervezas para calmar los nervios. 

En Munich 1972, además del positivo de Mohammed Arjomand Nasehi, al el ex nadador estadounidense Rick DeMont lo descalificaron luego de conseguir la medalla de oro en 400 metros libre masculinos con 16 años ya que su medicamento para el asma contenía una sustancia prohibida. Aunque el Comité Olímpico de Estados Unidos estaba al tanto de la medicación, nunca la autorizó el Comité Olímpico Internacional, por lo que  además de desafectar de los Juegos también le prohibieron competir en otras disciplinas. 

La evolución de los controles antidoping en los Juegos Olímpicos ha sido significativa a lo largo de los años. Desde sus inicios, cuando las medidas eran menos rigurosas, hasta la actualidad, tras la implementación de tecnologías avanzadas para detectar una amplia variedad de sustancias prohibidas. No solo en términos tecnológicos es el avance, sino también en la especificación de las sustancias que están permitidas y cuáles no con el fin de mantener la paridad entre todos los competidores. También es notorio el cambio en cuanto al alcance; hoy en día los deportistas  pueden ser sometidos a pruebas en cualquier momento, dentro y fuera de las competiciones, mediante un sistema de pruebas aleatorias. 

Para la próxima cita olímpica París, lugar donde se llevará a cabo la edición 33 de los Juegos Olímpicos, desde hace meses se están preparando para controlar a los atletas y más aún luego de la crítica hacia la Agencia Mundial Antidopaje luego de la gestión en el caso de los nadadores chinos que dieron positivo en una competencia previa a los olímpicos de Tokio 2020, disputados en 2021, pero no fueron sancionados. Es por eso que en 2018 se creó la International Testing Agency para controlar los dopajes de los juegos. Ya fueron dos las experiencias: en Tokio y en Beijing, en los Juegos de Invierno en 2022, y esta será la tercera vivencia. Desde mediados de abril están en contacto con las federaciones internacionales y las agencias nacionales antidopaje para dirigir mejor los controles.

La clasificación para los juegos es muy cerca al inicio del mismo por lo que hay que controlar a todos los que puedan conseguir una plaza y los controles previos a los juegos también son muy importantes. 

La historia de Mohammed Arjomand Nasehi en los Juegos Olímpicos de Munich 1972 es uno de los tantos recordatorios de los desafíos y las consecuencias del dopaje en el deporte de alto nivel. Su descalificación destaca la importancia de los controles antidopaje para mantener la equidad entre los competidores. Si bien a lo largo de los años los controles fueron perfeccionándose, la creación de la International Testing Agency refleja el compromiso continuo con la integridad del deporte. 

Kazimierz Deyna, del oro en Múnich al barro en Argentina 78

Por Nicolás Devetac 

Kazimierz Deyna nació el 23 de octubre de 1947 en la ciudad de Starogard Gdánski (Polonia) está considerado el mejor jugador de fútbol de la historia de su país, es un símbolo, una leyenda e ídolo nacional y especialmente del Legia Varsobia. Se desempeñó como mediocampista ofensivo, representaba el número 10 de la mejor manera, su clase y su manera de armar juego lo caracterizaban, pero además era un volante con mucho gol, con su selección hizo 45 tantos en 102 encuentros.

Sus comienzos en la liga polaca fueron poco usuales, el Legia Varsobia lo reclutó como parte del ejército, ya que el club era militar en ese entonces, y tuvo que actuar como soldado tres semanas para luego sumarse a sus compañeros en el equipo de fútbol. Su debut fue el 20 de noviembre de 1966, estuvo 12 temporadas y con ese elenco ganó el campeonato doméstico en 1969 y 1970, sus actuaciones deslumbraron tanto al público que se transformó en su principal ícono y cuando se retiró del deporte, decidieron que nadie más iba a llevar en su espalda la 10.

Representando a Polonia, Deyna logró escribir historia en los Juegos Olímpicos de Múnich 1972, llevó a su equipo a ganar la medalla de oro derrotando 2 a 1 a Hungría en la final, además fue la máxima figura y el goleador del torneo con nueve goles. Un hito realmemnte íncreible para Polonia que lograba estar en lo más alto del fútbol y gracias a Deyna. Pero no quedó allí, la estrella polaca comandaría como capitán a su selección a quedar en el tercer puesto del Mundial de Alemania 1974, ese año también terminó en el tercer lugar pero individualmente en la pelea por el Balón de Oro detrás del neerlandés Johann Cruyff y del alemán Franz Beckenbauer.

Luego disputó el Mundial de 1978 en Argentina, esa competencia dejaría un momento único en la historia. Deyna era uno de los mejores del mundo, Polonia llegaba como candidata al título y la primera fase la pasó tranquila. Ya en la segunda instancia, se toparía en el segundo partido con Argentina en el Gigante de Arroyito de Rosario, el resultado estaba 1 a 0 a favor de la Albiceleste, los polacos no paraban de atacar y en una aproximación al arco que defendía Ubaldo Fillol, Mario Kempes volaría para sacar un remate de la línea con la mano como si él fuese el arquero. El árbitro cobró penal y Deyna agarró la pelota para hacerse cargo e intentar empatar el encuentro, Deyna también era un gran ejecutador de penales y solía esperar el movimiento de los arqueros para luego definir al otro lado, pero el Pato no caería en ese juego y esperó hasta el último instante y le tapó el tiro a una de las estrellas del planeta. Después Argentina terminaría ganando 2 a 0 y más tarde siendo campeona del mundo. 

 

 

Los atletas que eran favoritos para consagrarse pero que quedaron descalificados por una confusión

US sprinter Eddie Hart of Pittsburg, Calif., left, and Rey Robinson of Lakeland, Fla., face a news conference on August 31, 1972, at the Olympic village in Munich, Germany, after they failed to show up for their quarter final heats of the 100 meter race that afternoon. They arrived after their heats had been run. US sprint coach Stan Wright said it was his fault because he gave them the wrong starting time. (AP Photo)

Por Martín Moret

En Múnich 72, Eddie Hart y Rey Robinson creyeron que la prueba que debían correr era más tarde del horario en el que se terminó disputando

Los atletas estadounidenses Eddie Hart y Rey Robinson debían competir en los cuartos de final de los 100 metros de atletismo de los Juegos Olímpicos de Múnich 1972, pero una confusión con el horario de la prueba hizo que no llegaran a tiempo y fueran descalificados, por lo que todo su trabajo fue en vano. Ambos llegaban a la competencia siendo los máximos favoritos a quedarse con las medallas de oro y plata, ya que algunos meses atrás habían superado el récord mundial en los ensayos de su país, corriendo hasta la meta en 9.9 segundos.

En la capital alemana, superaron la primera clasificación a la mañana y según el entrenador de ambos, Stan Wright, la siguiente carrera era a las 18hs aproximadamente. Con la intención de hacer que el tiempo les pasara más rápido, estaban recorriendo el centro de la ciudad hasta que pasadas las 16hs vieron que se estaba corriendo una carrera de 100 metros en un televisor de un local, pero creyeron que era la repetición de alguna de las de la primera ronda de clasificación. Cuando se dieron cuenta de que la transmisión estaba en vivo, fueron rápidamente a buscar un taxi junto a Robert Taylor, otro compatriota suyo que también debía correr aquella carrera, para tratar de llegar a tiempo al estadio en el que debían competir. En el camino se encontraron con mucho tráfico que los hizo demorarse más y al llegar al establecimiento tuvieron que pasar varios controles protocolares como los de seguridad, presentación y acreditaciones, algo que les hizo perder todavía más tiempo.

El único de los tres que pudo llegar a tiempo para competir en las series fue Taylor, que lo logró sobre la hora y pudo participar en la carrera a pesar de no haber calentado ni realizado los habituales ritos que se suelen ver en las previas, logrando clasificarse para las semifinales y luego para la gran final. Posteriormente, sería el mismo Taylor quien se quedaría con la medalla de plata, sólo por detrás del soviético Valeriy Borzov, que ganó el oro con un tiempo de 10.14 segundos, muy alejado del récord que recientemente habían conseguido los máximos candidatos estadounidenses, que terminaron descalificados por un fallo externo a ellos. Lo más curioso es que el propio Borzov casi se pierde la misma carrera que los americanos, aunque en su caso fue por quedarse dormido en el estadio.

El entrenador Wright terminó asumiendo toda la responsabilidad por haber mirado los horarios desfasados en lugar de los que estaban actualizados, aunque los mismos habían sido cambiados muy poco antes e incluso los alemanes que estaban encargados oficialmente para controlar eso, le habían confirmado al preparador que sus horarios eran los correctos.

Para colmo, Rey Robinson no fue elegido para competir en los relevos de 4 por 100 metros y tras la angustia que le generaron aquellos Juegos decidió retirarse del atletismo. Distinto fue lo de Eddie Hart, quien sí pudo correr en esa prueba e incluso rompió el récord mundial.

El boxeador que perdió una pelea clave de un Juego Olímpico abajo de un ring

Por Joaquín Rossi   

Miguel Ángel Cuello fue un boxeador argentino que nació en Elortondo, provincia de Santa Fe. Como deportista obtuvo el título de campeón mundial de la categoría semipesado, entre los años 1977 y 1978. Falleció el 14 de septiembre de 1999, a sus 53 años.

A sus 26 años, cuando aún era un boxeador amateur, representó a Argentina en los Juegos Olímpicos de 1972 realizados en Múnich, donde Lita llegaba en un muy buen momento físico y personal, y era uno de los principales candidatos a quedarse con alguna medalla. 

En la primera ronda venció al alemán Ottomar Sachse por cuatro votos a uno. En su segunda presentación, noqueó al rumano Marin Culinea, quien también se perfilaba como uno de los posibles finalistas del torneo. En estas dos peleas, Cuello, sobresalió por su guapeza, desequilibrio ofensivo y su fantástica pegada. Además, fue ampliamente superior a sus rivales y estaba haciendo honor a todo lo que se había hablado previo a la competición: que era uno de los favoritos a ser campeón.

En los cuartos de final, el argentino debía enfrentarse al yugoslavo Mate Parlov. Sin embargo, esta pelea no se llevó a cabo, ya que Cuellito y su equipo llegaron tarde al estadio por un error de la dirigencia organizadora de las olimpiadas y el Consejo Mundial lo descalificó por no presentarse. El europeo se clasificaría a las semifinales sin subirse al ring y luego obtendría la medalla de oro.

Después de esta peculiar eliminación, llegaría el mejor momento deportivo del santafesino, ya que se profesionalizó y posteriormente obtendría el campeonato mundial en el año 1977. Igualmente, tuvo una corta carrera, debido a que una lesión que se reiteraba en su pierna izquierda lo obligó a retirarse. El argentino disputó únicamente 22 peleas, de las cuales ganó 21(19 por KO) y perdió solamente una.