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Independiente-Real Madrid, Nueva York y el cortito de Ferenc Puskas

El Club Atlético Independiente es reconocido internacionalmente como uno de los equipos más ganadores del mundo, y son muy recordadas sus múltiples presentaciones ante equipos europeos, como en su exitosa gira europea de 1953 o sus actuaciones en la Copa Intercontinental. Pero menos conocida fue su aventura por Norteamérica a mediados de 1965, gira que cerraría en Nueva York ante ni más ni menos que el Real Madrid.

IEl 27 de agosto, un estimado de entre 12 mil y 15 mil curiosos se acercaron al Downing Stadium en la Isla Randall al oeste de Manhattan. Recinto que en su apertura vio a Jesse Owens clasificarse a los Juegos Olímpicos de Berlín 1936. Pero en está ocasión no había una carrera de 100 metros, sino un partido de fútbol, o bueno, lo que ellos llamaban “soccer”, un deporte al que veían solo como un pasatiempo de los inmigrantes europeos de bajos recursos.

Según relata el diario Crónica, el partido fue un duelo de estilos. El Madrid mostraba un juego más directo con pelotas largas mientras que Independiente desplegaba su juego asociado de posesión y buen toque que lo llevó a generar algunas situaciones de gol. Pero fue el Real Madrid el que se puso en ventaja cuando un remate rasante de 30 metros del zaguero blanco Tejada encontró el fondo de la red para el 1-0 de los europeos a los 32 minutos.

Poco después empezó la debacle. Mario Rodríguez encaraba al arco libre de marca cuando fue derribado por el defensor madridista Miera y el árbitro italo-estadounidense Aldo Clemente no sancionó nada. Frustrado, Rodríguez se levantó y le propinó una cachetada a Miera, desatando una batalla campal que se extendió a las tribunas ante la mirada incrédula de la policía. El árbitro fue capaz de calmar las aguas pero el clima había quedado caldeado.

Independiente salió con mucho ímpetu a buscar el empate mientras el Real Madrid protestaba y hacía tiempo, realmente parecía una final del mundo. Promediando la mitad del segundo periodo, una combinación magistral entre Bernao y Avallay permitió a este último asistir a Savoy, que definió frente a Bentancourt para marcar el merecido 1-1.

Savoy a ser grande

Quedaba mucho tiempo por delante e Independiente se sentía superior. Al minuto 29, Mario Rodríguez quiso gambetear a Bentancourt y el arquero español lo bajó de una patada. El árbitro del partido inicialmente no sancionó nada, pero ante la incesante protesta del equipo argentino y el “acting” de Rodríguez rodando en el suelo, Clemente acabó cambiando su decisión y marcó penal para Independiente.

Y ahí sí, volaron piñas, empujones, cachetazos mientras desde la tribuna llovían latas de cerveza sobre el campo de juego. En medio del tumulto el legendario delantero húngaro Ferenc Púskas (foto) le propinó un cortito en el vientre al árbitro del partido, que rodó por el suelo antes de levantarse para expulsarlo a él y a Paco Gento.

Puskas en una foto de archivo.

Llegó el momento de la ejecución, el uruguayo Tomás Rolán fue el encargado, rematando de derecha cruzado al palo izquierdo, donde ya esperaba Bentancourt para contener la pelota con las manos. Y se armó el round 3, Zoco arrancó a repartir mientras los de Independiente respondían, Rolán derribó a Veloso para luego pisarle los riñones, mientras Ferreiro arrinconaba a Agüero contra el banderín del córner.

Fue entonces que el árbitro Clemente tuvo la idea de suspender el partido, Independiente abandonó la cancha mientras que el Real Madrid, por recomendación de su banco de suplentes, permaneció en el campo. Parecía que los jugadores del rojo estaban listos para cambiarse e irse al hotel, pero se llegó a un acuerdo y el técnico de Independiente, Manuel Giúdice, les recomendó a los suyos que pasen la pelota por los laterales en los 6 minutos que quedaban. Y así fue, el partido terminó 1-1 y los jugadores se abrazaron como si nada hubiese pasado.

Así Independiente terminó su gira por Norteamérica con una buena actuación futbolística manchada por una batalla campal en lo que fue su preparación antes de viajar a Italia para disputar la ida de la Copa Intercontinental frente al Inter.

Hace 45 años, Williams ganaba su primer titulo en la F1

Por David Correa, Malena Banza, Bautista Daquarti y Thiago Marti

Dicen que en la vida siempre hay una primera vez para todo y Williams Racing, escudería británica de la Fórmula Uno, tocó el cielo con las manos el 31 de agosto de 1980, cuando se coronó campeón del campeonato de constructores en el Gran Premio de Países Bajos y empezó a escribir las primeras páginas doradas de su historia en la Máxima.

Esa tarde, en la que el brasileño Nelson Piquet se quedó con la victoria al volante de su Brabham BT49, quedó marcada por el cuarto lugar obtenido por el argentino Carlos Reutemann, quien le brindó los cuatro puntos que necesitaba el equipo para conquistar el título a falta de dos carreras por disputar.

Aquel año fue todo color de rosas para la escudería fundada por Frank Williams, ya que además de obtener el primer trofeo para sus vitrinas, Alan Jones, su piloto número uno, fue campeón del mundo de la Fórmula Uno. Para “Peter Pan”, de 34 años en ese entonces, es el único campeonato obtenido en la categoría reina del automovilismo.

Alan Jones, Montreal 1980, Williams FW07B | Williams f1, Racing, Motor racing

Williams obtuvo 120 puntos entre todas las carreras. El australiano cosechó 71 unidades, producto de cinco victorias, incluida la lograda en el Gran Premio de Canadá donde se consagró campeón mundial. Por su parte, el santafesino aportó 49 y una victoria en su haber, en el mítico circuito de Mónaco.

Sin embargo, para Reutemann no fue un año sencillo. Tras una decepcionante temporada previa en el equipo Lotus, el argentino se unió a los británicos en busca de un crecimiento inmediato. A pesar de sus deseos, había firmado un contrato con un polémico detalle: si en una carrera estaba delante y su compañero detrás, a una distancia menor a siete segundos, debía dejarlo pasar sin resistencia alguna. En el único triunfo de “Lole”, Jones, el piloto número uno de la escudería, había abandonado.

Este vínculo fue tan visible que algunos pilotos se vieron perjudicados por la postura “protectora” del argentino hacia el australiano. “Querían hacer ganar por segunda vez consecutiva a Jones, sin tener en cuenta que en 1980 ese título lo habría ganado yo, de no haber sido porque Reutemann, cumpliendo lealmente con su rol de escudero, me quitó puntos preciosos que favorecieron al australiano”, afirmó Nelson Piquet en un medio de su país. Un año después, en una controversial decisión de equipo en el Gran Premio de Las Vegas, Reutemann fue subcampeón del mundial de pilotos a sólo un punto del campeón brasileño.

Fórmula 1. Gran Premio de Las Vegas de 1981

 

 

Tras la primera conquista para la escudería Williams, los éxitos no pararon de llegar durante los 80´s y 90´s. En un lapso de 17 años, cosecharon nueve títulos de constructores: 1980, 1981, 1986, 1987, 1992, 1993, 1994, 1996 y 1997. Y como si fuera poco, siete pilotos de la escudería lograron consagrarse cómo campeones del mundo.

Luego del retiro de Carlos Reutemann de la Fórmula Uno en 1982, Argentina perdió protagonismo dentro de la Máxima y Williams no volvió a tener pilotos que porten la bandera de nuestro país. Sin embargo, por el destino, su habilidad y el estar ahí en el momento justo para reemplazar al norteamericano Logan Sargeant, Franco Colapinto fue el primer piloto albiceleste en volver a subirse al monoplaza de los británicos, 42 años después, en el Gran Premio de Imola, el 1 de septiembre de 2024. El pilarense mostró sus condiciones de inmediato: en su segunda carrera logró el octavo lugar en Azerbaiyán, donde sumó cuatro puntos y se convirtió en el primer argentino desde “Lole” en 1982 en obtener unidades en la F1. Un mes después finalizó décimo en el GP de Austin.

Cómo le fue a Franco Colapinto en en su debut en Fórmula 1 y cuándo vuelve a correr | Su presentación en el GP de Italia en Monza | Página|12

Lejos quedaron aquellos años de gloria de Williams  y hoy en día su realidad es totalmente distinta. En los últimos años se convirtió en un equipo que pelea en el fondo de la parrilla y ve de abajo la pelea por los primeros lugares. Esta temporada se ubica quinto en el campeonato de constructores con 70 puntos y en sus monoplazas tiene al español Carlos Sainz y al tailandés Alex Albon. El último triunfo de la escudería lo logró Pastor Malndonado en el Gran Premio de España en 2012.

Este domingo 31 de agosto desde las 10 de la mañana se disputará el Gran Premio de Países Bajos, 45 años después de la primera conquista del equipo inglés, sus pilotos buscarán obtener una posición que le permita celebrar este aniversario.

Hace 60 años, la Selección Argentina llegaba al Mundial de Inglaterra

Por Martín Karelitz, Matías Auday, Nahiara Toledo y Jerónimo Silva

El 29 de agosto de 1965, hace 60 años, la Selección Argentina venció 2 a 1 a Bolivia en el último partido de la serie III de la Eliminatoria Sudamericana y de esa manera logró la clasificación al Mundial 1966 de Inglaterra ante los 10 mil bolivianos que se hicieron presentes en el Estadio Hernando Siles de La Paz. Con un doblete de Luis Artime a los 33 y 39 minutos, y un gol en contra de José Ramos Delgado, los dirigidos por José María Minella, quien no contaba con el apoyo de los jugadores, consiguieron su tercera victoria para terminar como punteros invictos de su grupo sobre Paraguay y la misma Bolivia.

“Se acabó la incógnita, vamos nomas a Londres”, tituló aquel día el diario Crónica, y agregó: “Los nuestros dejaron el alma en la cancha”. Argentina formó con: Antonio Roma; Rafael Albrecht, José Diez, José Leonardi, José Ramos Delgado; Antonio Rattín, José Varacka, Ermindo Onega; Oscar Más, José Luna y Luis Artime. Los once jugaban en clubes argentinos, River era el que tenía más representantes(5).

Júbilo fue la palabra con la que el diario dio a entender el estado en el que se encontraba el público local por el partido que estaba a punto de disputarse, no por la relevancia que tuviera para el conjunto boliviano, que ya estaba eliminado, sino por lo que significaba enfrentar al seleccionado argentino.

“Sin vueltas: Triunfó el fútbol” fue otro de los títulos que surgieron tras el partido, complementado de: “Para quienes pensaban que el equipo había venido solamente a cumplir el compromiso sin importar el resultado, este triunfo lo desmiente categóricamente”. Lo que no resultó categórico, fue el triunfo argentino que tuvo un primer tiempo movido, en el que se anotaron los tres goles, y un complemento en el que sufrió una “impetuosa ofensiva local”, además, jugadores como Ramos Delgado, empezaron a sentir la falta de oxígeno por la altura.

Crónica reconoció a Antonio Roma y Luis Artime como los mejores del encuentro. “Notable Roma” y “Artime apremia” fueron los titulares para contar el gran partido del arquero y del goleador. Al primero se le quita responsabilidad en el gol encajado, ya que fue en contra, y al delantero se lo reconoce por su buen manejo de los contraataques y su capacidad para definir.

El martes 31 de agosto de ese mismo año, dos días después del encuentro, los futbolistas argentinos aterrizaron en el Aeropuerto de Ezeiza. “Logramos clasificarnos; la nueva meta es la rueda final de Londres” fue la frase que se utilizó como título para dar pie a la palabra de los jugadores. Antonio Rattín dijo: “Los pies y la cabeza nunca se pusieron de acuerdo”. Sin embargo, Ramos Delgado afirmó: “Jugamos mejor que en Buenos Aires pero eso ya pasó. Ahora hay que seguir trabajando. Hay que pensar en Inglaterra”, lo cual fue una manera indirecta de apuntar contra el entrenador, aunque otros futbolistas fueron más contundentes con frases como: “No sabe nada”, argumentando que el director técnico no daba indicaciones.

𝐍𝐮𝐦𝐞𝐫𝐚𝐥 𝐑𝐢𝐯𝐞𝐫 on X: "🔙 Se cumplen 𝟏𝟏𝟒 años del nacimiento de José María Minella, una de las personas más ganadoras en la historia de River Plate. Como jugador: 🏟️ 161 Partidos

Minella contestó a las acusaciones de sus dirigidos: “Me señalan de no querer renunciar por ganar 80.000 pesos mensuales sin réditos”. En octubre de ese año, tras el descontento de los futbolistas y por pedido de la AFA, Minella renunció a su cargo y se fue a dirigir al América de Cali de Colombia, donde cobraría un sueldo cuatro veces mayor. A solo 9 meses del inicio de la Copa del Mundo, Argentina no tenía entrenador. El primer elegido fue Osvaldo Zubeldía, quien solo llegó a dirigir un encuentro amistoso antes de ser reemplazado por Juan Carlos “Toto” Lorenzo, quien había sido el director técnico en el Mundial de Chile 1962.

Mauricio Matusevich, hincha de Boca, hoy tiene 94 años y en aquella época vivía con intensidad el fútbol, recuerda: “Con el diario del lunes, creo que la mejor opción hubiera sido Minella. Para ese entonces era el más capacitado y venía teniendo buenos resultados. Los jugadores se equivocaron”. Antes de dirigir la selección, el ex River había ganado 6 campeonatos dirigiendo al Millonario, mientras que Lorenzo y Zubeldía aún no habían sido campeones en el fútbol argentino. Luego, la historia fue distinta: Lorenzo fue bicampeón de América y campeón del mundo con Boca, mientras que Zubeldía fue tricampeón de América y campeón del mundo con Estudiantes de La Plata.

 

 

 

 

 

 

 

 

Nicolás Tagliafico: creativo con la pelota y con el lápiz

Por Erik Mester

Un joven Nicolás Tagliafico, de unos diez años de edad, posa con el sol de frente en el predio deportivo Luis Guillón para una foto, con una remera de mangas largas verde y blanca de Banfield, el club de sus amores. La casaca está dentro de un short deportivo negro, disimula el gran tamaño de la camiseta en comparación a su cuerpo en desarrollo. Que con su pelo de color castaño algo despeinado, mira fijo a la cámara mientras desprende una leve sonrisa. Esa es una de las primeras fotos de Tagliafico en su paso por inferiores, una etapa que lo marcó como jugador y como persona.

Tagliafico nació el 31 de agosto de 1992 en Rafael Calzada, partido de Almirante Brown, lugar en el que creció. El único deporte que practicó en su niñez fue el fútbol, en el Club Atlético y Social Rafael Calzada, en donde dio sus primeros pasos. En esa institución también se forjaron leyendas como Fernando Redondo, que jugó el Mundial de Estados Unidos 1994, o Héctor “El Negro” Enrique, campeón en México 1986. Al mismo tiempo, Tagliafico empezó a desarrollar uno de sus hobbies: el dibujo. El arte fue una afición que empezó a desarrollar en el colegio, sin la necesidad de tomar clases particulares. En sus cuadernos dibujaba escudos de Banfield, taladros y personajes de la serie “Dragon Ball Z”.

El fútbol y el arte siempre estuvieron relacionados; artistas que pintaron una jugada o un jugador. Una de las tantas promesas del fútbol que quedaron en el camino fue Matías Fondato, surgido de Newell’s y que formó parte de la selección Sub 17 en el Sudamericano de Uruguay 1999, torneo en el que Argentina terminó cuarto. Abandonó el deporte por una lesión en una de sus rodillas y redirigió sus energías a la pintura. Al igual que Tagliafico, también empezó como un hobbie y hoy puede vivir del arte retratando a jugadores, mezclando dos pasiones de cuando era un niño.

“A Banfield fue por su propia cuenta a probarse en infantiles. Toda la familia es hincha de Banfield por mi abuelo y mis hermanos mayores también jugaron ahí, pero el único que llegó a primera fue Nico”, cuenta Florencia, la hermana de Nicólas, que trabaja en Banfield como encargada de área de prensa. Tagliafico empezó jugando de volante por izquierda en sus primeros años en la categoría preinfantiles de Banfield, con ocho años, hasta que un día, en un partido contra Lanús, pasó de jugar en la mitad de la cancha a ser el marcador de punta izquierdo, ya que el coordinador de inferiores en ese momento, Silvio Marzolini, le dijo que el extremo del conjunto granate era muy rápido y si se animaba a marcarlo. Luego de ese encuentro, Nicolás se dio cuenta de que si quería llegar a primera, esa era su posición.

Marzolini, para muchos el mejor número tres de la historia del fútbol argentino, empezó su carrera en Ferro y luego pasó por Boca. Considerado ídolo en ambos clubes, también fue internacional con Argentina: disputó 37 partidos y jugó la Copa Mundial de Chile 1962 e Inglaterra 1966 (en la última fue elegido el mejor defensor por izquierda del torneo). Su juego se caracterizó por su firmeza en la marca, su salida precisa y su personalidad, características que parece haber transferido a Tagliafico.

El buen nivel de Nicolás en las inferiores de Banfield le dio la oportunidad de vestir los colores de la selección juvenil argentina, en la que jugó en la Sub 15, 17 y 19. Participó en la Copa Mundial Sub 17 de 2009 en Nigeria y luego disputó la Copa Mundial Sub 20 de Colombia 2011. En ambas ediciones completó un buen papel, siendo titular en la mayoría de partidos. “Corría a todos”, cuenta Lucas Kruspzky, excompañero en el Mundial Sub 20 de 2011.

Tagliafiico en el Mundial sub 20 Colombia 2011, Cuartos de final vs Portugal.

11 de marzo de 2011, ya de noche en Victoria. Tigre y Banfield empatan 1a 1. Marcelo Bustamante, defensor del conjunto del sur, es expulsado al minuto 70 y deja al Taladro con diez. El entrenador del conjunto visitante, Sebastián “El Gallego” Méndez, decide poner a un pibe surgido de Luís Guillón. El árbitro de ese encuentro, Pablo Díaz, avisa el cambio y detiene el partido. Sale con el número 11  el delantero paraguayo Jorge Achucarro e ingresa con el 31 en la espalda Nicolás Tagliafico, de 18 años, que corre rápidamente a cubrir la zona de la cancha que su técnico le asignó, el lado izquierdo de la defensa, cumpliendo así uno de sus sueños, debutar en primera.

Avellaneda: La caldera del Diablo

Por Catalina García

Noche estrellada, no existía el silencio. Una banda sonora que acompañaba el comienzo de un partido que terminaría en una tragedia.

Independiente por un lado, sacando a relucir las cualidades que tan ocultas llevaba. Permitió entrever destellos de lo que alguna vez fue durante el torneo pasado y le brindó esperanza a una hinchada más que dispuesta a darlo todo por el equipo.

Por otro lado, la U. de Chile atraviesa un terreno desconocido, con mayor público en su contra, pero con una pequeña facción que dejaba el aliento en cada canción.

Ambos bandos conversaban a través de letras compuestas por fanáticos del fútbol en los años donde los partidos de este calibre eran un festejo, un tipo de celebración.

Sin embargo, en el enfriamiento del entretiempo el ambiente se acaloró. Palabras efusivas salían de las bocas de ambas rivalidades para abrirle paso a la acción física.

Hinchas de la U. de Chile arrojan una bomba de estruendo hacia la parcialidad local

Botellas, vasos, butacas, azulejos volaban por los aires sin ningún tipo de dirección. Aunque uno creería que las autoridades intervendrían en situaciones en la que la gente se ve expuesta a un tipo de violencia grave, la policía brillaba por su ausencia. Los gritos y llamados de atención no fueron suficientes para que se hagan cargo de lo que estaba ocurriendo. Como meras máquinas obedeciendo órdenes, los guardias permanecieron quietos durante el desarrollo de los eventos y ni siquiera se inmutaron. Cuando por fin aparecieron ya era demasiado tarde.

Zona liberada: la barra de Independiente ingresa a la tribuna visitante.

El exterior de la cancha se convirtió en un campo de batalla. Soldados heridos regresaban a las tribunas que alguna vez fueron refugio, un refugio que quedó destruido por los disturbios provocados por los hinchas del conjunto chileno. La verdadera Caldera del Diablo, que comenzó a acumular almas que no merecieron ser despojadas de sus cuerpos.

Lo que ocurrió en la noche del 20 de agosto en el estadio Libertadores de América – Ricardo Enrique Bochini nunca será olvidado. Ni por los que tuvieron la desgracia de presenciarlo en las tribunas, ni por aquellos que lo vieron en los medios. Fue un suceso que marcará la historia del fútbol argentino de por vida como una mancha que no se puede quitar.

Maravilla Martínez, el goleador humilde que habla poco y no para de gritar

Por Ezequiel Mirochnik

Adrián Emmanuel Maravilla Martínez es un futbolista que se desempeña como delantero en Racing y es la prueba viviente del sacrificio, de nunca rendirse y de dejar todo en la cancha. Su historia con la redonda comienza en Campana, provincia de Buenos Aires, donde su madre presidía el club de barrio Las Acacias y él aprendió a vivir con lo justo, sin lujos, pero siempre con una pelota, aunque fuera de trapo.

Martínez nació el 7 de julio de 1992. A los 17 años tuvo un breve paso por Villa Dálmine, pero enseguida dejó el fútbol. No porque no le gustara, sino porque tenía que trabajar. Fue recolector de basura, albañil y empleado de la distribuidora fueguina recolección de residuos. La pelota quedó relegada a las canchitas de su barrio los fines de semana. Jugaba cuando podía, entre un trabajo y otro.

En 2014, su vida dio un giro dramático. Fue detenido por error en una causa vinculada a un tiroteo en el que estuvo involucrado su hermano de 18 años, y pasó siete meses preso en la Unidad 21 de Campana. En los papeles no tenía nada que ver. Lo liberaron a finales de ese año. Motivado por sus amigos, decidió retomar su vida ligada a la pelota.

En 2015, Defensores Unidos de Zárate (CADU), que en ese momento militaba en la Primera C, le abrió las puertas. Sin contrato, sin sueldo. Se entrenaba por su cuenta y aguantaba sin reprochar. Debutó oficialmente a los 22 años. En 2017 marcó 21 goles (43 en total en 73 partidos) y fue clave para el ascenso a la Primera B Metropolitana. Ese mismo año, el periodista Bruno Aleotti lo apodó Maravilla por el boxeador campeón mundial con el que comparte apellido, aunque él mismo dice que no le gusta.

En 2017 lo llamó Atlanta por pedido de su técnico, Francisco Berscé. Llegó callado, con perfil bajo, pero bastaron un par de entrenamientos para que lo notaran. “Siempre fue callado, pero cada vez que tirábamos un centro, la metía. En las prácticas hacía goles todo el tiempo”, recuerda Emanuel Pentimalli, compañero de equipo ese año en el Bohemio. Mariano Bettini, lateral derecho de ese plantel, agrega: “Era reservado, muy creyente. Pero cuando hablaba, te dabas cuenta de que todo lo que había vivido lo había hecho fuerte. No era uno más. Tenía un fuego interno distinto”.

Atlanta fue otro punto de partida. Marcó 15 goles en la Primera Nacional del 2017, incluido uno a River, y enseguida se fue al exterior. Jugó en Sol de América de Paraguay (12 goles) y luego en Libertad, donde debutó en la Copa Libertadores con un triplete ante The Strongest de Bolivia y ganó su primer título, la Copa de Paraguay en 2018. Más tarde pasó por Cerro Porteño, por Coritiba de Brasil (4 goles en 22 partidos) y regresó a Argentina para jugar en Instituto de Córdoba, donde convirtió 18 goles en 41 encuentros. Ese rendimiento lo llevó a Racing, con el que fue campeón de la Copa Sudamericana 2024 (con gol en la final) y de la Recopa Sudamericana, donde volvió a convertir. Siempre sin hacer ruido, pero siempre presente.

Ya como profesional consagrado, volvió de visita a CADU. Se sentó en el vestuario donde empezó todo, esta vez como referente. Santiago Davio, DT de CADU en 2024, recuerda: “Charlamos un rato largo. Nos decía que nunca pensó vivir todo eso como jugador. Que no se permitía quedar último en las pasadas, que se exigía siempre. Y hablaba de un proyecto de canchas que ya había empezado. Siempre humilde, siempre agradecido”.

Como agradecimiento al club que le dio su primera oportunidad profesional, es común ver a “Maravilla” visitar CADU solo para saludar, compartir un mate o dar un consejo. “Verlo es ver al jugador del ascenso. Esa humildad no la va a perder nunca”. Davio, el pasado 16 de junio volvió a tomar el mando del equipo de Zárate tras un breve paso por Flandria.

La historia de Martínez es la de alguien que no fue descubierto, sino que se descubrió a sí mismo. Nunca fue una promesa que pintaba para crack; tuvo que esperar su oportunidad. Se abrió camino a fuerza de goles, carácter y mucha fe. No lo definió una prueba en juveniles, sino su constancia en los entrenamientos. No se formó en una pensión de un club, sino en la calle, el trabajo, el encierro injusto y la voluntad de no rendirse jamás.

Hoy, con 32 años, Maravilla sigue metiendo goles. Pero para quienes lo conocen desde sus comienzos, lo más importante no es lo que hace con la pelota, sino lo que hizo con su vida. Cada definición parece revivir esa primera vez, en Zárate, cuando pidió una oportunidad y no la desaprovechó. Racing lo blindó con una cláusula de 122 millones de dólares, dejando claro que es un jugador para disfrutar y no para vender. Es de esos futbolistas que destacan donde estén y que siempre será ese nueve goleador que todos quieren ver.

Colapinto y el karting: el camino que lo llevó a la Fórmula 1

Por Carolina Jazmín Geloso

Cuando se bajaba del karting en el que competía, Franco Colapinto se subía a un cuatriciclo que tenía y lo ponía en dos ruedas o lo aceleraba para disgusto de su motorista Cristian Tejera, que siempre le aconsejaba que se cuidara. Hasta que un día, cuando estaba camino a ganar el Campeonato Argentino de Karting en 2018, Colapinto le dijo en chiste que se había lastimado con su cuatriciclo y que no creía poder correr las próximas carreras. Susto del motorista, diversión de un adolescente de 15 años que cuando entraba en confianza le gustaba hacer bromas.

El pilarense siempre estuvo acompañado de los motores y la adrenalina. Ya desde antes de nacer lo precedía el mundo de las carreras y la pasión por la velocidad era algo de apellido porque su papá, Aníbal Colapinto, también había corrido en autos y motos en categorías como Turismo Nacional, Speedway y Enduro, y tenía un equipo de TC en el que soñaba ver a su hijo correr. Pero el nene de rulos y ojos verdes tenía otras aspiraciones.

El piloto argentino parecía estar destinado a subirse a cualquier cosa que tuviera cuatro ruedas y fuera rápido. Todavía en el jardín y con solo cuatro años se subía a un cuatriciclo de 50 centímetros cúbicos del mismo tamaño que él.

Los fines de semana en los que tenía que correr se podía ver un N° 43 en el karting del equipo Acosta Racing Team con un nene al volante que recién había empezado a formarse en las competencias a los 9 años, pero que no era ajeno al ámbito porque le gustaba acompañar a su papá a las carreras.

Durante sus épocas de karting, Colapinto también usó el N° 143 y el 243 entre otros. El 43 siempre tenía que estar si era posible, incluso cuando llegó a la Fórmula 1 en 2024 de la mano de Williams y debutó en el Gran Premio de Italia. Después de 23 años de Gastón Mazzacane, último argentino en la máxima categoría, él representa al país con el número que lo acompañó durante su niñez y que heredó de su papá, quien también lo usaba en sus épocas de piloto por gusto personal.

La esencia del automovilismo es el karting. Muchos corredores, algunos argentinos, como Colapinto, Norberto Fontana y Esteban Tuero, apretaron el acelerador por primera vez en competencias antes de llegar a la Fórmula 1. En Argentina, existen diferentes divisiones tanto a nivel nacional como zonal o regional que dependen de la edad de los pilotos y de la potencia del motor.

A Colapinto su personalidad en la pista lo llevó a ganar dos Campeonatos Regionales de Buenos Aires, uno en 2016 (Pre-Junior) y otro en 2017 (Junior), y dos Campeonatos Argentinos, uno en 2016 (Pre-Junior) y otro en 2018 (Codasur). “Cuando se enfocaba, siempre sabía contra quién corría, qué defectos tenía cada uno, qué virtud, qué tenía que hacer él para contrarrestar eso, con qué auto contaba, si le faltaba algo, dónde explotar la condición máxima del karting del momento”, afirma Tejera, su motorista, y explica que su inteligencia y manera de centrarse a la hora de competir lo destacaba, pese a ser diagnosticado con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) y a mostrarse relajado mientras bromeaba minutos antes de salir.

Durante su paso por el Campeonato Argentino, en el que los fines de semana de carrera empiezan los jueves con prácticas (por lo general no oficiales), el joven corredor se reunía los miércoles con el equipo acompañado por su papá. En la charla previa tanto el motorista Tejera como Martín Acosta, dueño de Acosta Racing Team, explicaban lo que tenían que hacer en esa fecha de la competencia y lo que Colapinto tenía que probar en el karting. Al final de cada jornada en la que se repetía el método de establecer un plan de trabajo y probar el karting para saber qué mejorar, se quedaba con el equipo mientras revisaban el chasis y los motores y después se juntaban a cenar y distraerse.

Colapinto, actual piloto de Alpine en la Fórmula 1, preguntaba todo; cuanto más supiera antes de empezar cada carrera dejaba menos aspectos librados al azar y si el karting se rompía o había algún problema, era común escuchar que dijera: “Qué mala suerte que tenemos”. El motorista, sin embargo, nunca lo vio enojarse.

En la primera prueba con Martín Acosta, ya para la categoría Pre-Junior y a solo un mes de la primera carrera, el dueño del equipo le pidió a Tejera un motor para ver cómo corría. Quedaron los dos sorprendidos no solo por su manera de manejar, sino por la forma en la que implementaba los consejos que le daban. Desde el primer día, ya sabían que Franco Colapinto iba a destacarse.

Topo Lategana, la goleadora que marcó la historia de Lomas Athletic

Por Azul Ramos

Mariana “Topo” Lategana, ex jugadora de hockey en Lomas Athletic Club, es la máxima goleadora del Torneo Metropolitano femenino de hockey. El apodo que le asignaron sus compañeras deriva de su implacable olfato de gol en el área, ya que suma 398 toques a la red. Desarrolló su carrera desde 1993 en Lomas Athletic hasta el 2012, siendo emblema y un modelo a seguir para las pequeñas jugadoras de inferiores que la alentaban todos los fines de semana. También tuvo un pequeño paso por Banfield, donde mantuvo su instinto goleador con más de 130 goles en dos años.

A Lategana no solo la caracteriza su historia hockista; también lo hace su personalidad. “Siempre fue muy buena rival, buena persona; a veces te tiraba chistes dentro de la cancha. Es copada y divertida”, la describió Daniela Sruoga, quien fue su rival en el Torneo Metropolitano, organizado por la Asociación Amateur de Hockey sobre césped de Buenos Aires. 

Lategana comenzó jugando al tenis en una pequeña escuela de Caballito y al hockey en el club Nahuel al mismo tiempo. “En un momento el entrenador de tenis me dijo que tenía que decidirme por uno de los dos, porque ya tenía que federarme. Y ahí elegí hockey, porque me gustaba más el deporte en grupo, el trabajo en equipo y todo eso”, declara. Sus inicios y sus primero contactos con el hockey fueron en el club Nahuel a sus 10 años. Su director técnico fue Daniel “Bocha”Herrero, quien le enseñó “mucha técnica”. Brenda Vaccaro, su ex compañera del club Nahuel,  la describe como una jugadora “muy completa, con una pegada bárbara, muy buena gambeta, ella estaba enamorada del arco” y menciona que su mejor recuerdo del hockey es haber jugado con ella.

Lategana fue llamada para los entrenamientos del preseleccionado que se realizaban en el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CENARD) durante sus años de inferiores. Allí conoció a Ariel Holan, ex entrenador de hockey y actual director técnico de fútbol en Rosario Central, quien la llevó al Club Olivos en 1989, donde jugó desde los 14 años y con tan solo 15 debutó en primera división.Nunca pude jugar en quinta división, pasé de sexta directamente a primera. No me arrepiento de no haber jugado en quinta pero me parece que es una linda etapa que perdí y me doy cuenta ahora de grande”, cuenta la exdelantera. Además, Lategana también fue una de las primeras jugadoras en irse a jugar al exterior con una remuneración económica de por medio, en 2002 a Ourense de España y luego, a sus 36 años, UD Taburiente, un equipo español que se encontraba en zona de descenso, la contactó para mantener la categoría.

Lategana decidió irse a Lomas luego de una gran insistencia de su amiga Gabriela Pando, quien la convenció. “Ella me dijo que me tenía que pasar a Lomas. Para mi era un sueño; era como jugar en Boca o en River y ahí inicié mi larga carrera que comenzó a los 17 años y terminó a los 38”, confiesa. La delantera sostuvo una racha de 21 años consecutivos ubicándose entre las primeras tres goleadoras del Torneo Metropolitano. Holan destacó: “Topo siempre, desde juveniles, y antes probablemente, tenía el arco entre ceja y ceja. Una capacidad de definición por arriba de la media. Además de su gran habilidad para definir, era muy buena asistiendo a sus compañeras dentro del área”.

En 2010, decidió jugar en Banfield, donde consiguió el podio de goleadoras históricas y ascender a la división “C” del torneo metropolitano. Al volver a Lomas, el club le ofreció una despedida “a lo grande” con un partido homenaje, que se hizo con la compañía de Luciana Aymar, Mechi Margalot, Giselle Kañevsky, Carla Rebecchi, Pity D´Elía, Mariana Rossi, Mariana González Oliva y Claudia Burkart, con quienes compartió el seleccionado argentino, y varias jugadoras de Lomas que la acompañaron a lo largo de su historia.

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Topo Lategana se convirtió en una leyenda para el hockey bonaerense, uno de los clubes más importantes en el hockey metropolitano, con 398 goles a su nombre. Más allá de la consagración en los campeonatos de 1996, 1997 y de 2001 a 2006, jugar en Lomas dejó en ella un sentido de pertenencia para con el club y para con las compañeras, formando, más que un equipo, “una familia” que marcó la mejor parte de su vida. 

En el 2012, cuando me retiré,  me retiré en el club donde me crié, con la presencia de jugadoras extraordinarias, como Luciana Aymar, para mi fue un sueño”, recuerda “Topo”.

 

Los libros que ya vivieron

Por Milena Di Pardo

Hay un rincón de la ciudad donde las palabras no se gritan. Donde todo está dicho, pero igual se sigue diciendo. Donde los libros no se venden: se dejan encontrar. Es ese tramo de la Avenida Corrientes en el que sobreviven, como faroles en una noche larga, las librerías de usados. Ahí el tiempo camina distinto. No apura, no empuja, no exige. Entra en silencio, como el lector que se queda parado frente a una estantería alta y no busca nada en particular. Solo quiere estar. Respirar. Dejar que algo lo elija a él.

Los locales tienen olor a humedad vieja y a historias que no se lavan con el tiempo. Las tapas están rayadas, los bordes doblados, los nombres subrayados por otros ojos que ya no están. Y eso los vuelve más hermosos. Porque son libros que ya vivieron. Que ya pasaron por camas, mochilas, plazas, mudanzas, hospitales, estaciones. Libros que escucharon llantos, que se mojaron con mates, que fueron marcados con boletos de colectivo como señaladores improvisados.

En Corrientes no se compra un libro: se adopta. Se rescata. Se le da una segunda oportunidad. O tercera. O décima. Porque ahí nada es completamente nuevo aunque también haya librerías que ofrecen ejemplares recién salidos de imprenta, pero todo puede volver a empezar

No hay música, ni pantallas, ni promociones llamativas. Apenas una lámpara amarilla, una radio baja, y la voz de un librero que ya ni intenta ofrecer. Los libros se defienden solos. Esperan con la dignidad intacta, apilados en torres imposibles o acostados en canastos, sabiendo que quizás mañana alguien los va a elegir. O quizás no. Pero igual esperan.

Y el que entra, entra con una especie de fe ciega. No busca lo último. Busca lo que quedó. Lo que alguien soltó por necesidad, por olvido o por muerte. Y en ese gesto hay algo profundo, casi íntimo: leer lo que otros ya leyeron es una forma de tocar lo invisible. Como si uno pudiera acariciar, en las notas al margen, los pensamientos ajenos. Como si al abrir una página marcada encontrara no solo una frase, sino a la persona que la subrayó. Caminar por esos locales es como caminar entre fantasmas que no asustan. Son presencias suaves. Recuerdos en voz baja. Palabras que todavía tienen algo para decir.

Hay algo mágico en cómo la Avenida Corrientes conserva su alma a pesar de todo. Aunque la peatonal se llene de espectáculos, aunque las oficinas del centro estén vacías, aunque los precios suban y los lectores escaseen, los libros usados están ahí. Quietos, tercos, fieles. Como testigos de otra época, como restos de una ciudad que supo detenerse a leer.

Afuera, la ciudad apura el paso. Los colectivos rugen, los teatros encienden luces, las pizzerías llenan mesas. Pero ahí adentro, el mundo se detiene. Un chico pide “uno que tenga dragones”, una mujer se sienta en una silla a leer sin comprar, un hombre revisa con paciencia una caja entera de policiales. Y nadie apura a nadie.

Corrientes resiste así: con estanterías desparejas, con portadas rotas, con palabras que se repiten una y otra vez. Porque hay lectores que todavía prefieren un libro con manchas antes que uno perfecto. Porque hay algo reconfortante en saber que eso que se lleva ya tuvo vida. Que alguien lo esperó, lo leyó, lo subrayó, lo guardó… y luego lo soltó.

Caminar por Corrientes, entre ruido de bocinas y pasos apurados, en ese pequeño gesto de elegir un libro olvidado hay algo de esperanza. Como si, en medio del caos, todavía existiera un lugar donde el tiempo se detiene para leer.

Y aunque la ciudad cambie, aunque las librerías cierren, aunque los libros nuevos sean cada vez más caros, ese rincón de Corrientes sigue ahí. Respirando en silencio. Recordando a quien pasa que hay palabras que no caducan. Que hay historias que siguen vivas, incluso cuando nadie las está mirando

Milagros Trejo: una pierna y mil batallas ganadas sobre patines

Por Milena Di Pardo

Hay historias que no necesitan adornos para emocionar. Solo basta contarlas. Porque cuando una nena con una sola pierna vuela sobre ocho ruedas, es su habilidad la que habla por ella, una fuerza silenciosa que nace del corazón y que nadie puede detener. El silencio se llena de aplausos, y la emoción anida en cada rincón de la pista

Milagros Trejo tiene doce años, una sonrisa inmensa y un corazón que desafía diagnósticos. Patina, gira, salta, y cada movimiento suyo parece decir “nada es imposible”. Pero antes de brillar en torneos internacionales, antes del aplauso y los reflectores, hubo un camino que empezó torcido y que, contra todo pronóstico, fue enderezado por el amor.

Milagros nació en Suipacha, provincia de Buenos Aires, con un cuadro médico que los especialistas describieron como “incompatible con la vida”: sin ano, con una fístula traqueoesofágica y un dedo extra en la mano. Fue abandonada por su familia biológica al ser internada, cuando apenas tenía tres años. En el hospital vivió días muy duros: llegó a estar una semana entera con el mismo pañal. Allí la vio por primera vez Héctor, doctor que se enteró de su caso. Su pareja, María, rescatista de animales, no estaba convencida de ir a conocerla… hasta que soñó con ella: en una habitación blanca, la niña saltaba sola en una piernita. Ese sueño fue una señal. Fueron a verla, y el flechazo entre Mili y María fue instantáneo.

A pesar de la conexión inmediata, el proceso legal fue lento y doloroso. El juez les advirtió que no podrían adoptarla bajo esas condiciones, pero ellos no se rindieron. Entre papeles, estudios médicos y batallas legales, pelearon con el cuerpo y el alma. Finalmente, lograron llevarla a casa. La familia biológica rechazó el pedido de revinculación, y eso, por duro que suene, terminó allanando el camino. “Si tuviera las dos piernas, seguiría dando vueltas”, dijo alguna vez María, con la crudeza de quien enfrentó a la burocracia de frente. Desde entonces, María y Héctor pusieron todo: tiempo, amor, coraje. Mili fue operada tres veces para mejorar su calidad de vida y, aunque le habían dicho que solo recuperaría un 40% de movilidad, hoy se mueve con el 95%. A los tres meses de la última cirugía, ya se deslizaba con andador.

En su crecimiento, las ganas de integrarse fueron tan naturales como urgentes. Jugó al fútbol, hace equitación, y en una Navidad, recibió de su tía un par de patines. Fue amor al primer giro. “Desde ese momento supe que quería hacerlo toda la vida”, recuerda. Pero no todo fue fácil: pasó por varios clubes que no supieron cómo acompañarla. Hasta que apareció Claudina, su entrenadora en el Club Independiente de Chivilcoy, que no solo la aceptó: la desafió. Entrenan cuatro veces por semana, dos horas por clase. Claudina adapta las coreografías a sus movimientos, la estimula, la impulsa. Milagros gira, va para adelante, para atrás, salta. Y no tiene miedo.

Claudina se convirtió en más que una profe: es su cómplice en cada nuevo desafío. Juntas trabajan dos disciplinas dentro del patinaje artístico adaptado, en las que van creando movimientos únicos que se ajustan a las capacidades de Milagros. Nada está escrito. Todo es posible. Cuando algo le sale, surgen nuevas ideas. “Se me ocurren 800 cosas más cuando la veo lograr una”, dice Claudina. Mili gira, se impulsa para atrás, patina hacia adelante con fuerza, y sobre todo: salta. Salta como en aquel sueño de su mamá. Pero ahora, lo hace en pistas reales y frente a públicos que la ovacionan.

La inclusión no siempre fue automática. En algunos clubes le dijeron que no estaban preparados para trabajar con una nena así. Así. Como si no fuera una nena como todas. Pero Mili encontró en el patín no solo su lugar en el mundo, sino una trinchera desde la cual demostrar lo que es capaz de hacer. En el barrio y en la escuela, la discriminación no formó parte de su vida. Su familia cuenta que sus compañeros jamás vieron la falta de su pierna. En el club, tampoco. Siempre participó de las mismas actividades que el resto.

En su casa, el respeto es una bandera. María y Héctor le enseñan a manejarse con amabilidad, a saludar siempre con una sonrisa, a entender que a veces le va a costar un poco más, pero que todo se puede lograr con paciencia y dedicación. “Si me caigo 500 veces, me levanto todas”, es una de las frases que más repiten en familia. Porque lo que más quieren no es que Mili sea la mejor, sino que sea feliz y sepa levantarse. No se trata de negar la realidad, sino de mostrarle cómo enfrentarse a ella con amor propio, empatía y confianza.

Hoy Milagros se desplaza con andador, bastones o prótesis, según la situación. Aunque esta última le resulta incómoda, los médicos insisten en su importancia para cuidar la postura y evitar lesiones en la columna. Pero más allá de la herramienta que use, lo que no cambia es su actitud: avanza. Siempre. Ya no es solo la nena que desafía diagnósticos: es la que inspira, la que emociona, la que se roba todas las miradas cuando entra en escena.

Milagros emocionó a todo el país con su presentación en el programa Buenas noches, familia (el trece ), conducido por Guido Kaczka, donde logró recaudar más de 75 millones de pesos para seguir persiguiendo sus sueños. Además, participó de la segunda edición de los Juegos Sudamericanos sobre Ruedas, en Brasil y Paraguay, representando a la Selección Argentina en la categoría adaptada. Su rutina, una mezcla perfecta de técnica y emoción, con su uniforme albiceleste y una sonrisa más grande que ella, se convirtió en símbolo de esfuerzo y superación.

No tiene límites. Es una deportista, una hija amada, una amiga. Tiene once años y un montón de sueños por delante. Uno de ellos, convertirse en veterinaria. “Yo les digo a todos que pueden hacer lo que se propongan. Nada es imposible”, repite, como si fuera una profecía. Quizás por eso su historia trasciende el deporte: porque no se trata solo de una patinadora con una pierna. Se trata de una niña con una vida entera por conquistar, y con la certeza de que el amor, la perseverancia y la fe en uno mismo pueden cambiar destinos.