lunes, enero 19, 2026
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No necesitan que les den una mano: historias de deportistas amputados y con malformaciones

Por Lucas Alvarado

Un lugar en el club

El gimnasio del Club Ciudad de Buenos Aires se enciende con un sonido que cualquiera que haya pisado una tribuna conoce de memoria: zapatillas que muerden el parquet, una pelota que golpea como boxeador, la voz del entrenador que da órdenes. Es jueves 28 de agosto del 2025, última hora de la tarde. Hay olor a crema desinflamante, a bebida energizante, a madera lustrada. En una punta, tres pibes practican bandejas. En la otra, un grupo ajusta una jugada de salida. En el medio, Lucas Fiorito corre. Se detiene, cambia de ritmo, salta. El rebote cae corto, y lo gana igual con esa garra que no se entrena y, sin embargo, se educa. Fiorito tiene 21 años y, desde los nueve, convive con una ausencia que él ya no enumera: perdió el brazo izquierdo en un accidente de auto. Lo que sí enumera son tiros convertidos y errados, series de sentadillas. La vida del club. La vida real.

¿Qué hace cuando nada le sale?. Fiorito, jugador de Ciudad, No duda: “No queda otra que entrenar de manera intensa; la solución es nada más ni nada menos que entrenando con todo, ¿no?”. ¿Qué lo motiva? “Seguir divirtiéndome con mis amigos, pasar un buen momento; el entrenar me hace bien”, dice, y es una música distinta, cálida, de vestuario. Lo que más disfruta de los entrenamientos es divertirse con sus amigos y competir; la sensación de hacer una actividad, todo ese conjunto de cosas lo llena. Lo escuchan los más chicos. Hace poco les habló ya que tuvo una charla con pequeños de 8 a 16 años del club que entrenan básquet. Cuando le consultan si tiene un sueño, ríe, sincero: “No, nunca me planteé llegar a Primera; jugué en Primera, lo que quise hacer siempre lo hice”. En el parquet del Club Ciudad de Buenos Aires, la pelota vuelve a picar.

 

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El vuelo del disco

En el Liceo Militar General Artigas de Uruguay entrena el equipo de Ultimate Frisbee Flama. El viento hace girar el frisbee con una elegancia que ni la cámara lenta puede imitar. Santiago Rodríguez mide la trayectoria, acelera, estira el brazo izquierdo y lo captura en el último segundo. Lo suyo es el Frisbee y juega en el mejor equipo de Uruguay: un deporte vertiginoso, con reglas claras y una ética que lo atraviesa -el famoso “espíritu del juego”-. Rodríguez nació con una parálisis braquial que afectó su brazo derecho: “Tengo todos los movimientos normales al otro brazo, pero tengo bastante menos fuerza y mucha falta de motricidad fina; me tengo que concentrar demasiado para cosas muy precisas. Todo lo que es agarrar el disco o lanzarlo con la mano derecha se me complica una banda”, cuenta. Podría sonar a barrera. En la cancha, sin embargo, Rodríguez se vuelve parte del paisaje, una variable más del partido, como el viento o el sol bajo. El Ultimate es el deporte que eligió desde chico para su pasatiempo cuando está libre, ya que es el presidente de la Asociación de Deportes con Disco de Uruguay: “Las metas personales están directamente conectadas al deporte”.

Las sombras se alargan y el juego no perdona distracciones. Errar, correr, volver a errar, corregir. “No hay deportista en el mundo al que siempre le salgan las cosas”, dice Rodríguez. Las victorias y la evolución de uno mismo están en haberle errado y poder solucionarlo. En Flama no hay mirada condescendiente. Hay competencia y abrazo. “Que tenga un problema en el brazo no me imposibilita jugar; quizá tengo alguna desventaja comparado al resto, pero no lo noto y no es algo en lo que piense. Las frustraciones existen, así es el deporte, pero son totalmente ajenas a mis condiciones físicas”.

El día a día de Santiago Rodríguez no cabe en ningún manual de autoayuda: “Normal, no tengo problemas graves o no solucionables. Mi mayor desventaja se ve cuando necesito motricidad fina. Llevo una rutina totalmente común. Quizás uso más el brazo izquierdo”. No es un héroe de la superación: “Me considero un deportista como cualquier otro. Me alegro si alguien piensa que la tengo más difícil, pero no lo pienso así. Es mi realidad desde que nací, no es algo que me moleste”. ¿Objetivos? Los de siempre, los del juego: “Conectados al de mi equipo. Queremos seguir mejorando grupal e individualmente. A largo plazo no sabría decir, pero seguro es parecido al de la mayoría”. El disco vuelve a volar. Y él con el frisbee.

El salto que desarma prejuicios

Tennessee, estado del sureste de Estados Unidos con capital en Nashville, vibra con un ruido de bombos que parece venir del Caribe. Entra Hansel Enmanuel, dominicano, 20 años, sonrisa fresca, físico elástico. A los seis un muro de bloques se le vino encima; le amputaron el brazo izquierdo. En la NCAA -la principal organización deportiva universitaria en los Estados Unidos- viste los colores de los Austin Peay Governors desde mayo del 2023, y cada noche construye un escalón: más lectura del juego, más tiro, más defensa. Hay un instante -pasa siempre- en que el público nuevo contiene el aire. Dura poco. Salta Hansel, recoge un pase alto, define arriba del aro. La tribuna explota. Ya no es “el chico que juega con un solo brazo”: es un escolta que entiende. El oficio se hace con constancia: entrenamiento tras entrenamiento, corrección tras corrección. Lo extraordinario sucede cuando lo miramos menos como milagro y más como un trabajo. Él lo sabe. Por eso sonríe cuando falla y vuelve cuando acierta.

La ola calla todo

Hawái abre el día con un filo de luz naranja. Bethany Hamilton, de 35 años, camina descalza, la tabla a un costado, la mirada en el horizonte. El ataque de tiburón que le arrancó el brazo izquierdo fue en el 2003; su relato se convirtió en libro: “Alma de Surfista”, su libro en película -mismo nombre del libro-, su película en anécdota. Lo que no se convirtió en nada -porque sigue siendo- es su pacto con el mar. Reza una liturgia íntima: remar, girar, ponerse de pie, ajustar el peso, leer la ola. Cuando toma una y baja, el mundo se reduce a un equipo perfecto: Bethany Hamilton, la tabla, la línea. Después vienen los torneos, las placas, los premios; antes y después, el agua. En esa ecuación, su brazo es un dato, no un destino. Que también es una forma de decir: su vida no cabe en el molde de una moraleja.

Un tres con la cancha entera

Los Polvorines, sol de invierno de 2025. El Estadio Malvinas Argentinas del Club Atlético San Miguel aparece después de una curva, con su aire de complejo olímpico. La calle José León Suárez al 2800 trae olor a choripán y a madera vieja. El campo de juego tiene ese contorno de césped que le da una estética propia. La popular lateral, que supo estar sobre la calle Medrano y en la que alguna vez entraron 1440 lugares, sumó con la reforma de 2019 2880 nuevos hasta llegar a 4320. En la otra cabecera, la que fue de madera, la historia cuenta que en 2009 debieron retirarla; y en julio de 2025, el club levantó una nueva popular con 35 escalones de hormigón. La trama está adentro.

Por la banda, sube Peter Iván Martínez Grance. Tiene 25, se formó en Boca y los fines de semana se calza la camiseta del Trueno Verde. Nació en Pilcomayo, Formosa, sin un brazo. Cuando llegó en 2023 la gente hacía notar que “le falta un brazo”, pero después de unos años es conocido como Peter, el que hizo el gol de penal para volver a la Primera Nacional el 12 de diciembre de 2023. Es 5 de septiembre del 2025 y el Trueno Verde se enfrenta a Almagro. Cuando engancha para adentro y mete el centro atrás. Martinez Grance se le planta al extremo y lo aguanta, paso a paso, sin venderse. En San Miguel no hay versos: rinde el que rinde. Martínez Grance sabe que el fútbol no perdona infladas. Por eso su gesto preferido no es el de la épica sino el de la normalidad: un despeje al lateral, un pique a destiempo, una charla corta con el 5 para acomodar las marcas. Cuando la pelota no sale, vuelve. Cuando sale, lo aplauden. Llega el minuto 81 y le sacan amarilla. Se queja y sigue. El oficio del tres, sin comillas.

Peter Grance
Peter Grance

El análisis de un profesional

“Naturalizar la situación”, es una frase que desglosa Federico Russo, psicólogo deportivo, sobre los deportistas amputados o con malformaciones y la vista de la sociedad. Cuando un deportista encuentra un profesional de la psicología para atenderse, tiende a tener una rutina particular para realizar sesiones. Sí, distintas a las que tenía Lionel Messi en el Barcelona o que tiene LeBron James. Pero no es porque discriminan. Cada persona tiene su rutina particular. Sin un brazo o con ambos. Porque el humano tiene un cuerpo completamente diferente al de Bethany Hamilton o al de Cristiano Ronaldo, como también tienen distintas formas de recibir el impacto de una derrota, una lesión, un campeonato o el retiro.

Russo toma aire y asegura que hay que naturalizar la situación: “Somos todos humanos, es normal reír, angustiarse o llorar. Perder, ganar o rendirse. Levantarse, caerse y seguir”.

Una normalidad compartida

La tarde en el Club Ciudad ya se hizo noche. En San Miguel, la nueva popular de hormigón guarda ecos. En un parque, un disco dibuja una trayectoria perfecta y cae sólido a una mano que lo espera. En Tennessee ya apagaron las luces del estadio F & M Bank Arena. En Hawái la marea es alta y las olas ya son indomables. Mañana será un nuevo día. Nuevas oportunidades. Nuevas experiencias. No hubo violines, no hubo discurso solemne. Hubo deporte. Y eso, en el fondo, alcanza.

Hugo Tocalli: “El técnico de la Sub 20 debe ser un padre y un educador”

Por Mateo Bartolomei

Cuando se habla de la formación de jóvenes en el fútbol argentino, Hugo Tocalli es un nombre trascendental. El exfutbolista, que jugó en clubes como San Lorenzo, Argentinos Juniors y Unión de Santa Fe, dejó una huella imborrable cuando trabajó en las categorías juveniles de la Selección Argentina. Fue el último director técnico en poder consagrarse en un Mundial Sub 20 con la albiceleste, en Canadá 2007. Su mirada sobre el desarrollo va más allá del resultado inmediato. Hoy coordina las divisiones inferiores de Independiente, donde sigue apostando por un proyecto de formación integral.

Por el poco tiempo que se tiene de trabajo con los jugadores, ¿a qué aspectos se les da mayor importancia en los entrenamientos?

-Pese a tener muy poco tiempo, lo más importante es el trabajo durante esa semana. El director técnico tiene que priorizar lo que necesita cada jugador para el crecimiento individual que potencie al equipo y para el futuro de ellos ya sea en la primera división de los clubes o de selección mayor.

-¿Qué tan importante es para los jugadores haber hecho el proceso de selecciones juveniles antes de llegar a la mayor?

-Para un chico, trabajar en la selección durante un año y medio, que pueda jugar partidos internacionales y si tiene la suerte de ir a jugar un Mundial, el crecimiento es muy grande.

-De todas las selecciones que formaste, ¿cuál es la que más te dejó marcado?

Fue la última que tuvimos en Canadá y salimos campeones pero no por el resultado sino porque a los tres meses fueron citados a la selección mayor Sergio Romero, Angel Di María y Sergio Agüero.

-¿Qué cualidades se buscan por lo general al momento de convocar a los jugadores?

-Va por supuesto en gustos de cada uno. Nosotros siempre elegíamos primero al buen jugador, después lo mirabamos mientras trabajabamos en la semana y cuando  jugábamos partidos amistosos si era inteligente. Veíamos si podía tener una evolución de crecimiento porque si no lo tiene, no podes llegar a una selección mayor.

Me preocupa la renovación a futuro

-¿Qué cualidad era la que más buscabas?

-Lo más importante que buscábamos nosotros era al buen jugador que con trabajo y las indicaciones que uno le podía dar tuviera ese margen de progreso. Después que pudiera demostrarlo en los partidos amistosos y si Dios quería también en los partidos internacionales. Eso era lo que uno quería para ellos para que en el futuro logren estar en la mayor.

-¿Qué aspectos se tiene en consideración para evaluar si el rendimiento de un seleccionado durante un Mundial fue positivo o negativo?

Todos aspiran o quieren salir campeones pero lo más importante es ver cuantos jugadores, de aquellos que disputaran dicha competencia, puedan llegar a la selección mayor. Eso me parece que es lo fundamental del trabajo. Si después logras jugar los siete partidos y salis campeón claro que es lindo, pero sin duda que citen a muchos jugadores a la mayor es lo mejor.

¿El entrenador de la selección Sub 20 es a su vez un educador?

Primero que es un formador y serlo implica ser un educador, maestro y ser como un padre. Cuando tenes a esos jugadores de selección, lo fundamental es que el entrenador nunca olvide que es un formador y que un triunfo o una derrota no lo cambie.

Durante los entrenamientos y las concentraciones, ¿se trabaja mucho la cuestión mental?

Si, es algo fundamental. Si vos sos formador tenes que tener ese tacto, esa forma de ver si este chico necesita trabajar en lo mental. Si un jugador necesita un reto o una caricia. Lo que tiene que buscar un formador es saber cuando tiene que llamarle la atención a algún chico y cuando tiene que ponerle la mano en el hombro y salir a hablar con él. Lo mental es acompañar al jugador en su crecimiento.

Hugo Tocalli: “Si Chile no arregla el tema de las inferiores, jamás volverá a tener una Generación Dorada” - La Tercera

-¿Cómo calificás el trabajo que está llevando a cabo Diego Placente en la Sub 20?

Es muy bueno sea en la Sub 17, Sub 20, porque no se llega a jugar la final de un Mundial todos los días, con respecto al último Mundial Sub 20 que se jugó en Chile, no importa si no ganó porque de ese grupo hay jugadores importantes que seguro van a llegar en algún momento a formar parte de la mayor. Lo que hay que buscar es eso, educarlos y me gusta mucho la forma en que se dirige a sus jugadores y espero que siga trabajando por mucho tiempo porque el fútbol argentino lo necesita.

Crecimiento sin techo: los últimos diez años del futsal argentino

Por Santiago Soler

Santiago Elías se sienta en el buffet del Club Pinocho, renovado por el capitán de su equipo, Fernando Wilhelm. Con su conjunto de entrenador, buzo y pantalón largo, bebe un café, frunciendo las cejas por su temperatura. Ya almorzó. Es la tarde del jueves 7 de agosto de 2025. Elías fue el arquero de la generación dorada del club de Villa Urquiza. El multicampeón con Pinocho entiende por qué el Pincho no grita campeón desde 2015: “Hay muchos clubes de fútbol once con poderío económico, y en nuestra época no era normal”. La sonrisa forzada le delata la bronca. Cuadros como Boca y San Lorenzo dieron un paso adelante en el futsal, con la posibilidad de “tomar prestado dinero de otro deporte”, marca el exarquero de la Selección Argentina, que obtuvo una medalla de plata en el Sudamericano de Río de Janeiro en 2007.

En 2015, Pinocho alzó su último campeonato local, el Torneo Clausura. Se trata del cuadro más ganador de la disciplina en Argentina: en sus vitrinas figuran 15 trofeos, y nueve de ellos fueron de manera consecutiva, de 2006 a 2011. Sin embargo, de 2016 en adelante no volvió a consagrarse. Entonces, el deporte del 40×20 pasaría a tener nuevos actores. Villa La Ñata, fundado en 2011, fue uno de ellos. Su creador es el político Daniel Scioli. El actual secretario de Turismo, Ambiente y Deportes de la Nación fue durante muchos años jugador del club que presidió. Con un estadio con capacidad para 1.000 personas e inaugurado en 2013, La Ñata formó un plantel de jugadores de potrero. Scioli les dio la oportunidad de formar parte de un proyecto. Un exutilero de La Ñata que no quiso revelar su identidad confiesa haber visto a un ex capitán del plantel tomar “un fajo de dinero en el vestuario después de los partidos y, dependiendo del rendimiento de los jugadores, lo repartía”.

Mayor seriedad se impregnó en el Xeneize y el Ciclón. “Aprovecharon su capacidad y crecieron en equipo de trabajo. Antes era normal ver a dos o tres personas diligenciando a los clubes, pero ellos montaron un esquema antes que el resto, y se notó en el juego”, remarca Elías. Tanto es así que, entre Boca y San Lorenzo, se repartieron siete de los últimos nueve campeonatos locales.

Argentina fue campeona del mundo en 2016 en el Mundial de Colombia. A lo largo de los años, el seleccionado albiceleste no había sido un animador de los Mundiales. Sin embargo, se formó una buena camada, de la mano de Diego Giustozzi como entrenador. Argentina no era candidata. Ni siquiera un competidor. Sin embargo, avanzó hasta la final, en la que derrotó a Rusia 5 a 4. El título mundial causó en Argentina que muchos miraran al futsal. Los jóvenes que no tuvieron suerte en el fútbol de once le dieron una oportunidad. Otros, los que nunca practicaron, hallaron un espacio para entrenar. De repente, las pruebas de inferiores tenían 40 o 50 juveniles por categoría para probar suerte.

Un vínculo clave

Toma mate y se ríe. Le gusta apoyarse de brazos cruzados sobre su escritorio en el predio Lionel Andrés Messi. Su lenguaje corporal indica negación. En su rostro, todo lo contrario. Jonathan Sanzi es el presidente del futsal en la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). Ocho años atrás intentaba colarse en el mundo de la representación de futbolistas. Le acercó a Claudio Tapia, actual presidente de la AFA, un jugador de la Primera B Metropolitana, división en la que militaba Barracas Central, club que presidía.

Era 2017. Meses después, el 38 a 38 en la votación de presidente de la AFA. Sanzi surgió de River. En aquel entonces, Tapia llevaba ocho semanas presidiendo la AFA. Llamaron a Chiqui para notificarle que se le “desarmaría el futsal” en El Guapo. Enfrente suyo, para conversar de un tópico muy alejado al caso, aguardaba Sanzi.

El crecimiento es inclusión

Nicolás Noriega es el actual entrenador de la selección femenina de futsal. Durante su cargo desde 2017 a hoy, la rama masculina fue finalista del mundo en 2021 y 2024, y campeón y subcampeón de la Copa América en 2022 y 2024. A Noriega se le escapa una mueca. Su boca, hacia la derecha, y, mientras, levanta las cejas y asiente con la cabeza. Noriega debía poner cimientos en la rama femenina, que no tuvo repercusión ni apoyo por parte de la AFA. La primera medida que se impulsó: todos los clubes de futsal masculino están obligados a tener una categoría femenina. De lo contrario, a partir del año siguiente, su plaza será destituida.

Además, se promulgó la culturización del futsal. Para Noriega, era una pérdida de dinero tener un equipo femenino a mediano plazo para los clubes, a sabiendas de que no recaudarían los fondos necesarios para convertirla en autosustentable. Por eso, desde 2023, los clubes de la A, la B y la C del futsal femenino deben presentar una tercera, cuarta, quinta y sexta división. Las mujeres entre los 14 y 21 años se federaron. Y así, a largo plazo, un mejor producto dentro del 40×20, lo que hizo crecer la economía de la rama femenina.

La llamada que cambió al futsal en Argentina

En 2017, Tapia colgaría el teléfono, confundido y con una clara señal de estrés en su rostro. Recibiría la noticia de que el plantel de futsal de Barracas Central se desintegraba. Su entrenador, Leonardo Barrios, lo sacaría campeón meses antes de la Supercopa Argentina con grandes futsalistas. Una oferta del club 17 de Agosto cambió el paradigma de Barrios. Se mudó a Villa Pueyrredón para dirigir al Ratón. Y el entrenador se llevó a muchos de sus dirigidos en El Guapo. Todo pasó en segundos. El sonido del teléfono, la conversación y la resignación en la mirada de Tapia. También, la búsqueda de la solución. Enfrente del presidente de la AFA y de Barracas Central esperaba Sanzi, para continuar el diálogo acerca del pase de un futbolista de la B Metropolitana. Eso tuvo fin.

Chiqui Tapia le consultó a Sanzi: “Vos sabés de futsal, ¿no?”. Quizá, ser exjugador de River, Caballito y All Boys responda la pregunta. Sanzi se ofreció a darle una mano, incluso sin intención de ser remunerado. Barracas se sostuvo y se fortaleció con un nuevo rumbo, a pesar de la pérdida de gran parte de su plantel. Podría decirse que hay similitudes en las carreras dirigenciales de Tapia y Sanzi. Tapia presidió Barracas y preside la AFA. Sanzi, en cambio, coordinó la reconstrucción de El Guapo en el futsal, y luego fue designado para presidir a la AFA en el fútbol de salón.

Sanzi remarca que, con los años, la selección pasó a formarse por jugadores que se desarrollaron en la liga local. De los campeones del mundo, Damián Stazzone era jugador de San Lorenzo. Los hermanos de Tierra del Fuego, Alamiro y Constantino Vaporaki, estaban en Boca, al igual que el arquero suplente Guido Mosenson. Santiago Basile, en Kimberley. Matías Quevedo, el tercer arquero, era el titular de Barracas. Además, la mayoría de los demás jugaban en Europa, mayormente en Italia y España, pero habían surgido aquí. Nicolás Sarmiento salió de River. Pablo Taborda jugó clásicos en 17 de Agosto contra los pinochistas Fernando Wilhelm y Maximiliano Rescia. Rescia jugó dos años en la primera de Pinocho y emigró al Viejo Continente sin haber perdido un solo partido. Gerardo Battistoni es el único rosarino del plantel campeón del mundo 2016, y salió de Rosario Central. Leandro Cuzzolino, de Ferro. Cristian Borruto, de Independiente. El único integrante que no surgió de las inferiores argentinas es Alan Brandi. El jugador del Jaén Paraíso Interior nació en Las Palmas de Gran Canaria y representó a la albiceleste por herencia de su madre, que nació en Argentina.

Un loco exitoso, un aprendiz y un juicio inconcluso

El entrenador de la camada campeona mundial fue Giustozzi, quien también había sido jugador. Según Sanzi, el exfutsalista de River fue el artífice principal del título en Colombia. Lo ratifica explicando su mentalidad. “En esa época no había ganado nada la selección. En Conmebol estábamos siempre detrás de Brasil, pero había una diferencia abismal –asiente en búsqueda de complicidad– entre nosotros y ellos. Era utópico pensar que podíamos ganar el Mundial. Pero lo escuchabas a Diego y el panorama era completamente diferente. El tipo se sentía codo a codo con las potencias. Dicen que la diferencia entre un loco y un exitoso es que le vaya bien. Bueno, Diego es un exitoso. Convenció al plantel de que tenían con qué para ser campeones. Partido a partido, con muchísimo esfuerzo. Al final, los entrenados por Giustozzi sacaron ventaja en el torneo local argentino tras haber sido entrenados por él”.

Cristiano Ronaldo dejó al mundo exultante después de despedirse del Real Madrid tras lograr su tercera Champions League consecutiva en 2018. Cuando Giustozzi renunció tras ser campeón del mundo en 2016 pasó algo similar. A menor escala, claro está. Según Sanzi, el presidente de futsal en la AFA, fue inesperado, pero analizándolo tras tanto tiempo, dice que fue lógico que el entrenador se sintiera agotado después del logro más difícil e importante de la historia del futsal argentino.

Sin embargo, el hoy director técnico de la selección de Vietnam tenía un plan para Argentina una vez que dejase su cargo. Llamó a Sanzi porque quería sumar a su cuerpo técnico a Matías Lucuix, quien hoy dirige a la albiceleste. Lucuix surgió de River. Era una promesa que había emigrado con 21 años a España, fichado en 2011 por el Inter Movistar, uno de los clubes más importantes del mundo. En el Mundial de Tailandia 2012, Lucuix sufriría una triple fractura de peroné. Tras varios intentos truncos de regresar al 40×20, optó por retirarse con 32 años.

Inter Movistar y la AFA llevaban años en juicio por la lesión del “Mago Matías”. Esto lo alejaba de la dirección técnica de la selección. Sanzi logró, tras dos semanas de negociaciones, resolver el conflicto. En cuanto renunció en 2016, Giustozzi le aseguró a Lucuix que él debía tomar las riendas.

Caso de éxito

Un campeonato del mundo. Tres finales consecutivas: Colombia 2016, Lituania 2021 y Uzbekistán 2024. Dos Copas América alzadas, 2015 y 2022. Cinco finales sucesivas, de 2011 a 2024. Un título por ser puntero de las Eliminatorias. Y un oro en la vitrina de los Juegos Sudamericanos de Paraguay 2022. Un palmarés que, una década atrás, estaba vacío.

Los éxitos de la selección impactaron en el futsal local. Se abrió la rama femenina. Se crearon la Copa Argentina y la Liga Nacional de Fútbol Sala, donde se enfrentan los mejores de cada región del país. San Lorenzo fue el primer y único club en levantar una Copa Libertadores, en 2021. Y Pinocho, con Elías como entrenador, volvió a gritar campeón en 2025, tras diez años sin cosechar un título, mostrando que aún se puede competir con menos cartera en el futsal argentino.

Fantasy Skate, una experiencia sobre hielo

Por Carolina Jazmin Geloso

Un chico alrededor de los veinte años, vestido de negro, patina para intentar llegar a una las paredes de la pista de Fantasy Skate en José Pedro Varela 4650, Villa Devoto. Tiene puesto patines azules, de los que le dan a la gente que hace la actividad de manera recreativa, con tres correas negras que asemejan a los precintos de seguridad para ajustar bien el pie. Su cuerpo inclinado hacia adelante de manera un poco exagerada mientras intenta mantener el equilibrio parece una L invertida. Mira al piso concentrado para no caerse y frena a unos cuantos centímetros de la pared en donde lo esperan dos de sus amigos.

Ay, cómo cuesta —les dice mientras se ríe y sigue patinando. El hielo se raspa cada vez que la cuchilla lo roza, con un ruido similar al velcro cuando se desabrocha.

Atrás de los tres amigos, una chica con un saco rojo hasta la cintura y patines artísticos, parecidos a una bota blanca con cordones, escucha música y practica pasos concentrada. En Fantasy Skate, la pista de hielo techada más grande de Sudamérica desde su apertura el 28 de septiembre de 2024, contrastan quienes disfrutan de un rato con familiares, amigos o parejas y quienes patinan como deporte.

La pista, un óvalo de 20×40 metros, tiene marcada la cancha de hockey sobre hielo en líneas rojas y azules que resaltan en el piso y está rodeada por una pared de contención blanca y amarilla de la que las personas se pueden sostener.

El local se impone desde la calle, con un cartel luminoso y un frente que transmite invierno y frío: es todo azul y blanco, los colores que predominan en el lugar.

Convirtió unas canchas de fútbol 5 en ruinas en la pista de hielo más grande de Sudamérica | TN

Es viernes 22 de agosto de 2025 a las 10 de la noche y ya empezó hace una hora la promoción de 2×1 en pases de dos horas que ofrece el lugar durante todo el mes. La gente escucha canciones como “Dancing Queen”, “Loco (tu forma de ser)”, “I Want it That Way” y “Titanium” apenas empuja la puerta de entrada. En el espacio de comidas está la hamburguesería Poch y del lado izquierdo Valentino Café. Ninguno tiene mucha gente todavía, la mayoría está patinando.

Ya en el sector de pista está la caja donde se paga el pase: una hora 17 mil pesos o dos 23 mil pesos sólo con medios electrónicos. En grupos de al menos dos personas, la gente recibe una tarjeta blanca y la apoya en el lector de un molinete para pasar al patinero a pedir los patines. La fila se forma a medida que el reloj se acerca a las 12, pese a que el lugar cierra a la 1.

Algunos miran desde las gradas. Aunque tienen unas butacas de color azul para sentarse la mayoría está apoyado sobre la varanda de vidrio que en los días de competencia y partidos, contiene al público. La pista también puede verse desde el primer piso. “Por amor al deporte” se destaca en un cartel luminoso arriba de la televisión que pasa hockey sobre hielo y resume la esencia del lugar.

 

La calma en medio del griterío

Por Magalí Robledo

El árbitro dirige en silencio. No necesita gritar para que lo escuchen. Resuelve todo sin alzar la voz. Solo necesita hacer gestos con las manos (extender un brazo hacia la dirección en la que debe jugarse la pelota o marcar el centro de la cancha) y una seña (agitar ambas manos hacia abajo marcando que no hay falta) para que los chicos entiendan. No habla mucho. Tiene poco diálogo con los entrenadores, los chicos y las familias. Pero hay una frase que repite más: “Juegue”.

Emanuel Farias, 36 años, árbitro en La Liga Asociación Deportiva Infantojuvenil Almirante Brown (ADIAB), dirige con tranquilidad. Demostró que en el baby fútbol el ambiente es distinto al fútbol profesional que todos conocen. Acostumbrados a vivir un fútbol de violencia, donde los gritos e insultos van dirigidos hacia los árbitros por parte de los jugadores y el público, en el baby fútbol pasa lo contrario. Los que dirigen están en un entorno más tranquilo y calmado, tal así que se nota en los gestos faciales (expresiones más tranquilas) y corporales (cuerpo relajado) de los árbitros.

Fútbol blanco competitivo. Club Cultural Guernica vs Olimpia. En las categorías de lo más grandes (2012) está más atento a las jugadas y con una postura más erguida, mientras que en las categorías más chicas (2019) a los nenes les habla un poco más, explicándoles las jugadas de manera detallada, con una mirada más atenta sin mostrar emociones, con la boca apenas abierta para cantar rápido una jugada si es necesario y las cejas fruncidas.

Partido detenido. Farias lo interrumpe porque alrededor de la cancha había cuatro chicos jugando con una botella de plástico. En lugar de advertirlos él mismo, fue directo a decirle a los jueces de mesa para que ellos tomaran la palabra. No busca ser el protagonista de la historia. El partido sigue, los gritos de afuera no paran y todo vuelve a la normalidad. 

Los chicos corren de un lado a otro y, además de competir, se divierten. Un lugar donde el sonido no viene del árbitro sino de los que están afuera: los padres, gritando y alentando, y los entrenadores, protestando. El árbitro toma un segundo plano y dirige sin imponerse a los gritos. No levanta la voz, no discute ni se enoja.

No siempre es sencillo. En el baby fútbol, donde los chicos todavía aprenden las reglas y los papás viven cada partido a flor de piel, los árbitros buscan apaciguar las aguas y no ser uno más en los disturbios. Dejan de ser solo los que cobran una jugada y pasan a ocupar un rol más formativo y pedagógico. 

“No somos de putearlos, sabemos que no sirve de nada para los chicos a esta edad, no es lo que venimos a buscar”, declara Nahir Galván, mamá de uno de los nenes. Esto demuestra que, en un deporte donde los insultos a los árbitros son muy comunes, en este caso no entra en discusión hacerlo. Saben que tiene un peso en la formación de los chicos más allá del reglamento.

Una vez terminado el partido, todos los chicos saludan a Farias. Se reúnen en el centro de la cancha y se acaba todo. Algunos padres se retiran y otros se quedan. Mientras tanto el árbitro, tranquilo y sin que nadie lo moleste, se toma un descanso de cinco minutos y se prepara para el próximo partido porque en estos casos cumplen jornadas extensivas de hasta casi diez horas; dirige ocho categorías desde las 12.40 hasta las 21. Entre tanto ruido prevalece el silencio de un árbitro que vale más que cualquier grito.

 

Los esports son el futuro, pero Argentina se queda atrás en talento

Por Matías Amado González

En Argentina, el deporte es una manera de cumplir sueños, pero además, es una manera de vivir. Un país en donde los potreros sacan campeones del mundo en fútbol y los clubes de barrio forman a atletas medallistas olímpicos en básquet, hockey y vóley. Esta nación está acostumbrada a producir talento en todas las disciplinas, en el pasado o en el presente. A comienzos de la última década empezó a crecer un fenómeno inesperado que no se veía como el deporte tradicional, pero que tenía a miles de seguidores pegados a una pantalla.

El League of Legends nació en 2009 como un videojuego gratuito para computadora en donde cinco personas se unen en un equipo para poder derrotar a otra misma cantidad de jugadores en partidas que suelen durar entre 30 y 45 minutos. Lo que parecía un simple entretenimiento en línea se convirtió rápidamente en un esport competitivo, con estadios llenos, ligas profesionales, entrenamientos diarios y fichajes que recuerdan al fútbol, además de traer audiencias que dividían y representaban, como con las del deporte tradicional, una pasión. En ese esquema gigante, como siempre, Argentina logró convertirse en una fábrica de talentos.

La Liga Latinoamericana (LLA) era entonces el puente, ya que reunía a los mejores de la región debido a su reglamento, que obliga a contar con planteles en su mayoría conformados por jugadores latinos. Ahí, Argentina brillaba porque hay talentos como en el fútbol. En el LoL, el orgullo argentino se vio reflejado, en los inicios de la década del 2000, con jugadores como Brandon “Josedeodo” Joel, Leandro “Newbie” Marcos y Lorenzo “CEO” Tévez, entre muchos. Eran representantes argentinos en la LLA que llegaban a pisar el gran escenario internacional, conocido como Worlds, muy parecido al Mundial de Clubes de la FIFA.

La LLA se convirtió en un objetivo que el argentino en la Liga Nacional (LRS) podía llegar a tener. Del mismo modo que la Liga Argentina impulsa a futuros cracks del fútbol, los mejores recibían ofertas de ligas mayores, especialmente la norteamericana (LCS) y, en algunos casos, la europea (LEC). Se volvió un ciclo del deportista: del club de amigos, al equipo nacional, y de ahí al escenario global.


Desde 2011 hasta 2024, se veía la posibilidad de que eventualmente los latinoamericanos pudieran hacer pie en el mundo. Pero los problemas económicos matan al talento. A inicios de 2025 se anunció que la LLA dejó de existir y se empezó a vincular la chance de unir a todo el continente americano. Un cambio que afectaría drásticamente al talento argentino, y que dejaría las puertas casi cerradas para la progresión. La oportunidad de enlazar los niveles de América en dos Ligas de América (LTA): LTA Sur, que a fines de 2025 volvió a ser la CBLOL y LTA Norte, ahora LCS. La LTA no solo fue un producto que fracasó, sino que por exposición volvieron a los nombres de antes. Esto significa que el producto final es la extinción de la LLA.

La Liga Latinoamericana pasó a ser un simple recuerdo en la mente. La LTA Sur fue el producto de la liga brasileña, también conocida como CBLOL (equipos reconocidos como LOUD, FURIA y paiN Gaming). Y la LTA Norte, fruto de la LCS, que era la liga estadounidense. Los argentinos y latinoamericanos no solo habían perdido su casa, sino que habían sido invitados a ligas donde no son bienvenidos.

La nueva estructura solo permite dos equipos provenientes de lo que fue la LLA, por lo que en la LCS queda Lyon, que representa la unión de Rainbow 7 y Six Karma, dos de los equipos latinos; y en la CBLOL, el equipo argentino Leviatán fue el indicado. Isurus Gaming, otra organización argentina, se unió a través del cupo de invitados a la LTA Sur, dejando así solo la imagen de tres equipos de la LLA en pie. Una gran movida de marketing para Riot y una perdición para la LRS.

La creación de las ligas americanas también tuvo como otro objetivo eliminar la obligación de contar con mayoría de jugadores latinoamericanos. Por lo que los cupos comenzaron a ser ocupados por norteamericanos o brasileños debido a la alta diferencia en nivel. Muy parecido a como sería el caso de llevar, por ejemplo, a Deportivo Riestra a la Premier League. En cuestión de meses, muchos argentinos que habían peleado su lugar fueron desplazados.

Pedro Luis “Lyonz” Peralta, uno de los pocos jugadores que todavía se mantiene en competencia bajo el equipo Lyon, lo resume con crudeza: “Somos mucho mejores que los otros, solo que el mercado dicta y es muy difícil combatir con el prejuicio de Norteamérica”. Su frase refleja una tensión conocida en muchos deportes: no siempre se gana siendo el más talentoso. Algo parecido se puede decir de la Liga Profesional de Fútbol de la AFA, ya que, con el paso de los años, el mercado europeo y la economía hicieron que ventas se terminen dando sin opción ni elección, generando un bajón en el potencial de la liga.

El 2 de febrero de 2025 fue el punto de inicio en la final de la apertura de la LTA Sur; todo era una fiesta, la música invadía el Riot Games Stadium y en Sao Paulo había una bandera que se movía de lado a lado: la argentina. Alzándose con esperanza y orgullo. Siete argentinos había en el escenario; se convertían en la muestra de que todo sería para mejor. Se enfrentaron Isurus y Estral contra Leviatán por el primer puesto en las clasificaciones hacia el intrazonal. Se alinearon los mouses, tales como en el fútbol se hace con la pelota; se calibraron las pantallas, con sus colores azules, tal como en el deporte tradicional se haría con un estadio y el verde del pasto; y arrancó, en la Grieta del Invocador, la pelea.

“Nos dejamos el físico y el alma para representar al país y a la región que nos apoya”, cuenta Cristian Gabriel “Khynm” Alonso Roussy, DT argentino de Lyon Gaming. Los jugadores, cada un segundo, soltaron una nueva estrategia debido al cambio constante en el juego. Y mostraron un esfuerzo similar al de cualquier deportista: sacrificio personal, disciplina y un objetivo claro que parece revivir, ganar el torneo disputado esa tarde.

La gente en el Riot Games Stadium explotó con sensaciones; podía llevárselo cualquiera. Era una de esas partidas donde ni el espectador ni el analista podrían haber dicho cómo terminaría la historia. Con un solo clic, todo podría haberse decidido, y el “campeão”, como sonaba en la voz del relator oficial brasileño Diniz Albieri, sería finalmente coronado. El campeón de la LLA en 2024, Estral, junto a su ahora compañero y antes rival, Isurus, salieron campeones del primer split de los tres que se jugarían ese mismo año inicial. El talento argentino se acercó de esta manera más al de Franco Mastantuono yéndose al Real Madrid, que a la extinción. Repetían la historia y una vez más levantaban el trofeo. La LLA no se había ido. ¿O sí?

El 5 de abril de 2025 sería la hora de la verdad; arrancaba el primer torneo de la LTA Sur y Norte, arrancaba el Split 2 de 3. Pero este era el real porque el premio máximo era la clasificación al primer torneo internacional del año, el tan deseado MSI. “Nos vendieron la idea de que la fusión iba a darnos más exposición. Lo único que logró fue taparnos. Jugadores argentinos con nivel de mundial están sentados en sus casas mirando cómo otros ocupan su lugar”, dice Nicolás “Newbie” Rubiano.

“Brasil protege a sus jugadores, NA protege a los suyos. Nosotros quedamos en el medio, sin respaldo, como si no importáramos. Y eso que demostramos que podíamos competir de igual a igual”, dice Pedro Luis “Lyonz” Peralta.

Los argentinos lo sabían; este resultado del primer trimestre que se había dado no era un título bisagra, era una muestra de que iban a estar solos. El MSI era algo que se había escapado en 2017, quedando octavos. Luego, en otros años, moviéndose por la idea de entrar a cuartos. La LLA siempre era noticia por su juego creativo y agresivo. Todos esperaban lo mismo cuando llegaban los play-ins: “¿Qué sucederá este año con los latinoamericanos?”.

Pero ese 5 de abril de 2025 iba a ser el último día de la esperanza. La LTA Norte demostró ser mucho para el talento nacional. La LCS era muy poderosa en su base, por lo que a Lyon y sus argentinos tuvieron que empezar a buscarles reemplazos que apoyen la económica para disputar una liga de alto nivel. Mientras que la LTA Sur, si bien en la previa parecía, esperanzadora, con el paso del tiempo pasó lo contrario: las partidas costaban, los brasileños se llevaban las victorias y los puestos caían. “Ahora sí se jugaban el orgullo internacional”, avisó el relator Albieri. De esta manera, el sueño se apagó. Terminaría el Split 2 y arrancaría el 3, pero no era uno de progreso, sino que era una emboscada. Worlds, el Mundial de League of Legends, se colocó más lejos para Argentina y sus compatriotas.

Worlds es el máximo evento del año. Y es que, como apuntan los fans que van a ver los partidos de la LRS, el día que presencies un estadio de Worlds, entenderás por qué el esport es uno de los deportes más emocionantes que hay, y que no es simplemente un juego.

Por ejemplo, el momento más recordado por el público es cuando Brandon “Josedeodo” Joel, en 2020, le ganó a los representantes chinos de LDG, convirtiéndose en figura internacional. Justo como cuando Riquelme sorprendió al Real Madrid. Dejando un impacto en todo el mundo que hoy no existe.

“¿Cómo le explicás a un chico de 17 años que, aunque sea buenísimo, no va a pasar de la liga nacional? En el fútbol al menos existe el ascenso. Acá, no”, apuntó Cristian Gabriel “Khynm” Alonso Roussy. Aun así, en cada fecha de la LRS, el público sigue estando, pero los clubes argentinos ven reducido su margen de acción, las transmisiones locales pierden audiencia y los patrocinadores buscan asociarse con regiones que tengan mayor exposición internacional. Argentina siempre fue capaz de producir talento, incluso en peores contextos. Pero el esport, al depender de reglas y entidades internacionales que no siempre buscan lo mejor de una región, deja mucho menos margen para fabricar el potencial.

Hoy, la gran pregunta es si Argentina sostiene su lugar en el mapa global o si termina viendo cómo los frutos de la LRS y la previa LLA terminan desvaneciéndose, atrapados en ligas menores. La sensación es obvia: se está desperdiciando una generación brillante. Por el momento, la historia del deporte argentino demuestra que siempre se puede llegar a volver, pero en esta ocasión la participación internacional del producto argentino no se dará por dentro de un largo tiempo. “Es frustrante. Antes sabías que con trabajo duro podías llegar a la liga más grande de tu región. Ahora, aunque seas el mejor, no alcanza. El sistema ya está en contra tuya”, dice Franco Ceo López.

Solana Pereyra: una historia de decisiones, crecimiento y un fútbol femenino en transformación

Por Martina Alzogaray

Comenzó su carrera en San Martín de Tucumán y alcanzó la Selección Argentina. En este texto se recorre su infancia, sus ideas sobre el avance del fútbol femenino y los hitos que marcaron su camino profesional, además de las decisiones que moldearon su futuro y la forma en que su familia terminó aceptando pasión por la pelota.

Su llegada al deporte no estuvo libre de opiniones dentro de su propio hogar. Al principio, en una familia numerosa de ocho hermanos, su decisión de dedicarse al fútbol no terminaba de convencer. Con el tiempo, cuando vieron que aquello no era un pasatiempo sino un sueño que estaba por cumplirse, optaron por acompañarla. Hoy siguen cada partido y ya tuvieron la oportunidad de verla con la camiseta de la Selección Argentina en la cancha, gesto que demuestra cuánto cambió la mirada familiar desde aquellos comienzos.

Nazareno Pereyra, hermano de Solana, expresó: “La verdad que a Sol la admiro como persona y como futbolista. Es una jugadora que, las 24 horas del día, es una profesional. Se ve a la hora de entrenar, en la alimentación que mantiene y en otras cosas, como el compromiso con el gimnasio. Creo que la continuidad que lleva cuesta mucho, pero ella puede afrontarla y disfrutarla”.

También sostuvo que la humildad y la resiliencia de su hermana fueron claves para alcanzar el lugar que ocupa hoy. Consideró que esas cualidades reflejan su esfuerzo por mantenerse y cumplir en cada etapa.

Solana tiene 26 años y con apenas 16 viajó a Buenos Aires para probarse en River Plate y, aunque superó la evaluación, optó por buscar otro rumbo. Fue entonces cuando se incorporó a UAI Urquiza.

 Su etapa en el conjunto de Villa Lynch tuvo uno de sus momentos más destacados en 2019, cuando se consagró campeona del torneo femenino de Primera División 2018-19. Aquella consagración llegó tras una contundente victoria por 4-0 frente a River Plate en la última fecha.

Solana Pereyra integró la Selección Argentina Sub-20 que disputó el Campeonato Sudamericano Femenino de 2018, certamen en el que comenzó a consolidarse como una de las jóvenes arqueras con mayor proyección del país.

 Un año más tarde, el 23 de mayo de 2019, tuvo su debut oficial con la Selección Mayor en un amistoso frente a Uruguay. Su actuación y el crecimiento que venía mostrando en cada convocatoria la llevaron a ser incluida en la lista definitiva para la Copa Mundial Femenina de la FIFA Francia 2019, uno de los hitos más importantes de su carrera.

En enero de 2023 se confirmó su llegada a San Lorenzo, club al que arribó para afrontar una nueva etapa en su carrera profesional.

Gustavo Cánepa, ayudante de campo del plantel femenino de San Lorenzo, describió el compromiso absoluto que la arquera mantiene en su profesión y la dedicación que muestra cada día, tanto en los entrenamientos como en los partidos. Para el cuerpo técnico, su presencia en el vestuario funciona como una voz autorizada que cumple ese rol con naturalidad, aportando conducción y seguridad gracias a la confianza construida. A eso se suman sus virtudes en el campo de juego: los descuelgues de centros, los mano a mano, la buena pegada y el manejo de ambos pies.

Yas Roston, preparadora física de San Lorenzo, resaltó a la protagonista y afirmó que es la mejor arquera del país, una profesional con gran trayectoria y experiencia, aunque con mucho camino por delante. Además, enumeró varias de sus virtudes, entre ellas su juego aéreo, su temperamento para encontrar lo mejor en cada partido y su mentalidad de no conformarse y buscar superarse cada día.

La pandemia la llevó a jugar a España, primero en Tenerife y luego en Oviedo tres temporadas seguidas. Sin embargo, una situación familiar la obligó a decidir: estar tan lejos, a tantas horas de su casa, no le permitía sentirse tranquila. Entendió que regresar no significaba retroceder, sino priorizarse. 

La salud mental para Solana ocupa un lugar fundamental ya que cree que el rendimiento no puede pensarse separado de lo emocional, remarca que cuando algo afecta fuera de la cancha, es muy difícil evitar que eso se refleje en el juego. Ha atravesado momentos de inestabilidad que derivaron en lesiones o bajo rendimiento, por eso es indispensable tener una red de contención que incluya profesionales, amistades y afectos. Es complejo sostener una carrera deportiva en soledad, sin un equilibrio entre entrenamiento, descanso, alimentación y bienestar emocional.

Ser arquera implica otro tipo de presión. Un error de las jugadoras muchas veces se diluye; el de una arquera suele condicionar el partido con un gol. Solana recuerda varios errores que se vieron reflejados en resultados. Puntualizó la importancia del entrenamiento diferenciado y que cada indicación de sus entrenadores es vital, porque siente una exigencia extra por estar en el arco, del mismo modo que sus compañeras la tienen al convertir goles.

Construyó un estilo de arquera que combina técnica, lectura de juego y una presencia que transmite seguridad al equipo. No es solo la última línea defensiva, sino una futbolista que entiende el arco no únicamente como un lugar para evitar goles.

Su formación en distintos contextos del fútbol le dieron herramientas que hoy se traducen en una identidad muy marcada dentro del campo. Creó una confianza poco común. Sabe cuándo salir, cómo acomodar el cuerpo para anticipar y cómo ordenar a la defensa. Sus descuelgues de centros no son un recurso técnico, sino una forma de liderar, ya que devuelven estabilidad al equipo. Esa lectura de tiempos es una de las cualidades que entrenadores y preparadores físicos destacan como uno de sus mayores diferenciales.

Cuando analiza el crecimiento del fútbol femenino en Argentina, ve los avances en infraestructura y desarrollo juvenil. Comentó que le hubiera gustado formarse en el contexto que hoy tienen las juveniles, donde existe mayor organización y competencia. Aun así, sostuvo que la diferencia con otros países sigue siendo grande.

La brecha salarial entre el fútbol masculino y el femenino continúa siendo una de las desigualdades más visibles. Solana destacó que no se trata de aspirar a cobrar lo mismo que un jugador profesional, pero sí de alcanzar condiciones dignas. Explicó que muchas jugadoras deben complementar su sueldo con otros trabajos, porque el fútbol no garantiza estabilidad económica. Para ella, la clave está en que los clubes inviertan y apuesten por el crecimiento real de la disciplina.

La visibilidad cumple un rol fundamental en esa transformación. La televisión y la cobertura mediática mejoraron, pero todavía son insuficientes para su difusión. Señala que incluso pequeñas acciones, como mostrar jugadas o contar historias de las jugadoras, contribuyen a ampliar el espacio del fútbol femenino en el público.

Según Pereyra, el futuro del deporte en el país depende de que las nuevas generaciones encuentren caminos más accesibles. Considera necesario que haya más escuelas, torneos juveniles y clubes comprometidos, y sobre todo, condiciones laborales que permitan vivir de la profesión. También aclaró que los entrenamientos, las competencias y mantener un proyecto deportivo requiere esfuerzo, disciplina y entrega, lo que a su parecer siempre estuvo presente.

El recorrido desde Tucumán hasta la primera división y la Selección muestra no solo una evolución personal, sino también los distintos niveles de construcción que atraviesa la disciplina en Argentina. Su presente se explica por una suma de trabajo técnico, lectura táctica y capacidad para sostenerse en entornos cada vez más competitivos. Se ubica como parte de una generación que continúa afianzando el espacio y ampliando la proyección del fútbol femenino en el país.

El desarrollo del deporte avanza, pero lo hace en un marco donde la profesionalización convive con estructuras todavía frágiles, como contratos que no siempre garantizan estabilidad, calendarios que dependen de los recursos de cada club y una formación juvenil que recién empieza a ordenarse. En ese escenario, historias como la de Solana Pereyra no solo responden a decisiones personales, sino también a un sistema que obliga a las jugadoras a adaptarse a contextos cambiantes, migrar en busca de continuidad o volver para encontrar entornos más estables. Su recorrido entre clubes del interior, experiencias en el exterior y el regreso al país refleja la dinámica de un deporte que crece pero aún exige a las futbolistas manejarse entre oportunidades puntuales y desafíos que condicionan cualquier proyecto a largo plazo.

 

Miguel Angel Guerra: del taller del barrio a lo más alto del automovilismo

Por Isidoro Doumont

Miguel Ángel Guerra no siempre fue “Ángel”. En el taller de Bonpland, donde comenzó a trabajar a los 14 años, había tres personas con ese nombre y Osvaldo Antelo, dueño del lugar, empezó a llamarlo Ángel para distinguirlo. Desde entonces, en los talleres, en los boxes y en las pistas, siempre fue Ángel o “Angelito” para los más cercanos.

Oriundo de Ezeiza, Provincia de Buenos Aires, nació el 31 de agosto de 1953. Ingresó en el mundo del automovilismo cuando era un adolescente, gracias a un anuncio que vio su madre, Josefina Mignoni, en el diario. Arrancó barriendo, limpiando piezas y trabajando como aprendiz en el famoso taller de Antelo. Aquella rutina, que combinaba grasa y curiosidad, fue su escuela. Incluso llegó a organizar rifas que él mismo vendía por los barrios para juntar el dinero que necesitaba para correr, un recurso típico de los pilotos sin respaldo económico que buscaban abrirse camino.

A raíz de su dedicación y pasión, Antelo le dio la oportunidad que cambiaría su vida: correr en Mecánica Argentina Fórmula 4 (hoy Fórmula Renault), la escuela argentina de los monoplazas. Lo hizo a los 18 años, en una época en la que no era para nada habitual empezar tan joven. Su debut fue con un Crespi Tulia XVI con motor Renault, preparado por el propio Antelo.

La sencillez acompañó a Guerra incluso cuando su nombre ya era sinónimo de respeto en los boxes. Esa humildad aparece en la memoria de mucha gente, pero aún más en la de su hijo Lucas, que rememora que en su casa “fue todo muy normal siempre, desde que nací”, aún cuando en las pistas la escena era otra: “Siempre recuerdo ir a los autódromos y que la gente permanentemente le pida fotos, que tardemos mucho en acceder, o le cuenten alguna anécdota”.

Desde entonces, su camino fue ascendente. En las categorías formativas se destacó por su precisión, técnica y su carácter metódico. “A mí siempre me gustaron más las fórmulas que los autos con techo”, expresó durante la entrevista mientras estaba sentado en un campo bajo la sombra de un árbol y con una gorra de Minardi, como si esa frase resumiera todo su recorrido. En las fórmulas nacionales conoció a Domingo Cutuli, quien supo ser representante de Carlos Reutemann, a quien aún recuerda con afecto: “Fue una gran persona que me ayudó mucho en mi camino en las fórmulas”. Esa red de vínculos, tejida entre talleres, circuitos y boxes, fue fundamental para un joven que soñaba con llegar lejos sin más respaldo que su esfuerzo.

Con modestia, Guerra cree que fue un adelantado en cuanto a la preparación física moderna dentro del automovilismo argentino. En una época en la que los pilotos consideraban que la destreza bastaba, él entendió que el físico también corría: “Cuando me empecé a mentalizar que podía irme a Europa, entrenaba mucho en un gimnasio y, para superar la temperatura que es lo que más desgasta físicamente, me ponía el traje ignífugo, entraba al sauna, y cuando salía, un médico me tomaba la presión y anotaba los datos”.

Esa mentalidad no solo lo llevó a destacarse en las fórmulas nacionales y a alcanzar la puerta de la Fórmula 1, sino que también dejó una huella en quienes lo rodearon. Su hijo reveló la esencia de Guerra, que también tiene incorporado a la hora de correr: “Son consejos tan simples que parecen un chiste, pero subirse al auto tranquilo, con tiempo, nunca a último momento; chequear que ande todo, revisar los espejos, no olvidarse de respirar, con la importancia que eso tiene para después tomar buenas decisiones, y tener en cuenta que los puntos de las primeras tres fechas son los más importantes”.

Su disciplina lo llevó a Europa, donde se abrió camino en los difíciles circuitos de las categorías menores. A fines de los años setenta, su nombre ya figuraba en los listados de la Fórmula 2 y llamó la atención de varios equipos, entre ellos, el caballo rampante de Maranello: Ferrari. Esto debido a que en la Scuderia Everest (propiedad de Giancarlo Minardi) manejaba un Chevron B42-BMW, impulsado por un motor V6 Dino Ferrari.

Ángel recibió una carta de puño y letra del mismísimo Enzo Ferrari, donde expresaba que lo quería conocer. Tiempo después se reunió con él: “Tuve la ilusión de poder correr en algún momento en la Scuderia. Esa reunión con él fue muy especial, me quedó pendiente eso”. No era un sueño descabellado. Il Commendatore tenía debilidad por los pilotos latinoamericanos de manejo preciso, y Guerra encajaba en ese perfil. Además, le dio una nota firmada por Ferrari para que visitara la fábrica cuando quiera.

Sin embargo, el destino lo quería en Italia y lo cruzó con otro Enzo: Enzo Osella, dueño de una escudería pequeña, pero con espíritu competitivo. “Humanamente, tengo un buen recuerdo de Osella, porque era un gran tipo”. Así suele recordarlo habitualmente Guerra. 

Durante el fin de semana del 15 de marzo de 1981, en el circuito estadounidense de Long Beach, se subió por primera vez a un Fórmula 1, y si bien todo era alegría, al ser parte de un equipo sin tanta trayectoria ni presupuesto tenía que pasar la ronda pre clasificatoria. Por esas épocas, había más de 20 equipos en la parrilla y para poder ser dignos de la clasificación, los peores tenían que eliminarse entre ellos. Lamentablemente, no logró pasarla ni en Estados Unidos, ni en Jacarepaguá, ni en Buenos Aires.

Esto es Historia 'Miguel Angel Guerra' — La Máxima F1Fue recién en su cuarta carrera del campeonato, en el Gran Premio de San Marino (actualmente llamado Emilia-Romagna), donde con 28 años, finalmente llegó el día. El argentino debutaba en Fórmula 1 en una carrera a bordo del Osella FA1B en Imola. No en cualquier época, sino en una de las más intensas y talentosas de la historia: compartió grilla con Alan Jones, Carlos Reutemann, Nelson Piquet, Nigel Mansell, Alain Prost, Keke Rosberg, Mario Andretti, Gilles Villeneuve, Didier Pironi, Elio de Angelis y Riccardo Patrese, entre otros.

Su debut, sin embargo, duró apenas unos segundos. En la largada, el chileno Eliseo Salazar lo embistió desde atrás con su March 811 y el auto de Guerra se estrelló contra el guardarraíl. “Salazar me llevó puesto… Fue una de las tantas que se mandó en la categoría. Evidentemente, no estaba capacitado para correr en un Fórmula 1”, dijo alguna vez, todavía con un dejo de molestia. “Nunca tuve relación con él, y después del choque tampoco hablamos”. El impacto le provocó una fractura en el tobillo izquierdo que lo alejó de las pistas por varios meses. “Si me hubiese operado tal vez hubiera podido correr enseguida, pero decidimos recuperarnos de otra manera. Eso llevó más tiempo y ya no hubo chances de volver”, reconoció más tarde.

Su paso por la Fórmula 1 fue fugaz, pero su experiencia, única. Tuvo trato con pilotos que serían leyenda: “Pude conocer a Niki Lauda, Keke Rosberg, Mansell, y tuve buena relación con ellos”, y fue parte de una generación marcada por la gloria y la tragedia. “Senna también se despistó en Tamburello, pero salió para la derecha y se mató; yo salí para la izquierda, y estoy vivo”, reflexionó años después, consciente de los misterios del destino y que sobrevivir fue una forma de tener suerte, en una era en la que las muertes en las pistas eran moneda corriente.

Antes de su accidente, Guerra también había cultivado una relación especial con Carlos Lole Reutemann, ya que compartían a Cutuli como representante: “Me entusiasmaba muchísimo estar al lado de Reutemann porque estaba en medio del conflicto en Williams con Alan Jones. Lole no era de hablar mucho, pero tenía un buen diálogo, y soñaba con que se bajara para poder subirme al Williams. Manejar un auto de esos era lo más competitivo y el salto técnico que necesitaba”.

Cuando se recuperó, intentó hacer todo lo posible para volver a la categoría reina, buscando sponsors por todos lados, pero desde Argentina todo estaba complicado por la situación económica agravada durante la última dictadura cívico-militar. Fue en ese contexto en el que se enteró de que iban a salir dos jugadas de la Lotería Nacional por 500 mil dólares cada una: “Nos llamaron a Ricardo Zunino y a mí, porque nos querían apoyar, pero al final no salió ninguna jugada”.

Tras su breve paso por la máxima categoría, Guerra volvió al país. Corrió en el Turismo Carretera y en el TC 2000, donde no solo tuvo el privilegio de compartir pista con Juan María Traverso, uno de los grandes íconos del automovilismo argentino, sino que pudo ganarle dos campeonatos. Su carrera continuó, más tranquila, pero su pasión nunca se apagó. Décadas más tarde, la Legislatura Porteña lo reconoció como Personalidad Destacada del Deporte, un homenaje que le llegó como síntesis de una vida entregada al casco y al volante.

Un hombre con un “Rombo Impreso”, Miguel Angel Guerra – Prensa OHF

Cuando se le pregunta por los nuevos talentos, su mirada se ilumina. Sobre Franco Colapinto, el joven argentino que volvió a poner la bandera celeste y blanca en lo más alto de la Fórmula 1, Guerra lo siente propio: “Lo de Franco es muy importante porque siempre queremos tener un piloto de F1, pero hoy en día ha cambiado muchísimo. Si te vas acompañado de varios sponsors, es realmente permisivo por los números que se manejan. Se ha ido a Europa de muy joven, hizo mucho karting y rápidamente hizo una escalera que permitió que los equipos lo empezaran a mirar”.

La imagen que dejó en el ambiente va más allá de sus resultados. Su hijo lo explica con claridad: “La gente le tiene mucho respeto, mucho cariño, sabe de su honestidad y de su don de gente… donde voy me hablan muy bien de él”. Ese reconocimiento transversal de mecánicos, dirigentes, pilotos y fanáticos, hace que su opinión sea respetada por todos. Es parte del legado que Guerra construyó sin buscarlo.

Miguel Ángel Guerra en el Minardi Day 2024 ante una multitud | Campeones

La magnitud del recorrido de Guerra se vuelve más nítida cuando se la observa desde adentro: “Mi papá llegó a lo máximo, llegó a la Fórmula 1, habiendo salido de un taller mecánico en el que empezó a los 14 años”. Esa distancia entre origen y destino es parte central del mito: un chico que barrió pisos en Bonpland y terminó enfrentando a la élite del automovilismo mundial sin padrinos económicos ni estructuras que lo respaldaran.
Imola había sido el circuito que le cerró la puerta más grande de su carrera. Hoy, convertido en invitado habitual de los Historic Minardi Days (foto), regresa a ese mismo lugar sin cuentas pendientes, solo para acelerar y sonreír, o simplemente estar en el ambiente que a él le gusta. Un recordatorio de que, incluso cuando el destino te desvía, el amor por este deporte nunca se apaga.

Guerra, religión y fútbol: cómo rueda la pelota en Israel, Palestina y en las colectividades judías y árabes argentinas

Por Federico Zbogar

–Para mí no es sólo venir a ver un partido. Es sentir que estoy en casa, con mi gente.

–¿Se vive distinto que en otros ámbitos?

–Sí, porque mezclamos el fútbol con nuestra historia y con la colectividad. Es como seguir construyendo comunidad, pero desde una tribuna.

Juan Martín Finkelstein es un acérrimo hincha del Club Náutico Hacoaj del Torneo Promocional Amateur y la Liga Escobarense. Pertenece a “Los Borrachos del Shimón”, una de las barras bravas -aunque no es el término que ellos prefieren acuñar por su vínculo con la violencia y se describen sólo como una hinchada- más particulares del fútbol argentino, ya que está integrada, en su gran mayoría, por jóvenes de entre 10 y 22 años.

“Es un lugar muy lindo que reúne a la comunidad y nos hace sentir muy unidos”, expresa Daniel Méndez. No se trata de un miembro del Hacoaj. Es un socio del Club Sirio Libanés.

Dos instituciones con polos tan opuestos en cuestiones de fe, idiosincrasia e identidad comparten un denominador común, nueve letras: comunidad.

El Club Náutico Hacoaj se fundó el 24 de diciembre de 1935, en Tigre, Provincia de Buenos Aires. Es un club íntegramente judío, cuyo primer nombre fue “Club Náutico Israelita”, pero que poco tiempo después mutó en honor al Hakoah Viena, una institución judía y austríaca que fue importante en Austria hasta que fue destruida por la Alemania nazi en 1938. Si bien su especialización son los deportes náuticos, el fútbol está presente. La pelota rueda por Hacoaj, que tiene la impronta judía e israelita en banderas de Israel que decoran la escenografía dentro de la hinchada del club y otras pertenecientes a la barra como el “trapo” que muestra “Los Borrachos del Shimón”, entre el escudo y la estrella de David, el símbolo de la colectividad judía. Su eslogan habla por sí sólo: “La fuerza y el orgullo de nuestra identidad”.

Es el domingo 31 de agosto de 2025 en el estadio Shimon Peres (en alusión al exprimer ministro y presidente de Israel) en Tigre. Hacoaj recibe a Provincial Lobos por la fecha 5 del Promocional Amateur. Los bombos se transforman en el marcapasos del partido y los platillos y trompetas acarician los oídos. Mientras tanto, se desprenden bengalas de humo azules y blancas, los colores del equipo. “Hace poco menos de dos años que creamos en comunidad la barra y no podemos estar más orgullosos. Ahora nos conocen como la barra más joven del mundo”, revela Finkelstein. La cancha del estadio Shimon Peres es de césped sintético en su totalidad.

Como suele ocurrir en el fútbol argentino, previo al silbatazo inicial suena “Mi buen amigo”, cantado a pulmón por los hinchas. Hacoaj golea 3-0, en un encuentro con un césped rápido producto de las lluvias de la famosa tormenta de Santa Rosa. El joven delantero Mateo “Golosina” Lief es la figura, con dos goles bajo el sonido de “Los Borrachos del Shimón”. El fútbol se vive con pasión y convive en la colectividad judía, mientras los tímpanos vibran al ritmo del “¡Dale Haco!” y del “¡Vamos los de Hacoaj, que tenemos que ganar!”. No se trata sólo de un espacio deportivo. También es un punto de encuentro cultural y comunitario. Hacoaj se sostiene gracias al aporte de los propios deportistas amateurs y los socios. Varios de ellos forman parte de la vida del club desde chicos y crecieron junto a la comunidad.

Otros clubes de fútbol argentino tuvieron o tienen vínculo con el judaísmo, como la Organización Hebrea Argentina Macabi, que se desafilió de la AFA en 1968, o Atlanta, cuya relación con el judaísmo surge una vez se instaló en el barrio de Villa Crespo en 1922, pero ninguno de ellos mantiene la religión y la identidad israelí tan arraigada como Hacoaj.

Mientras las banderas de Israel flameaban en la tribuna de Hacoaj, se volvió inevitable no pensar en lo que conlleva tal estado desde su origen: guerras, confrontaciones, muertes y genocidios. El 14 de mayo de 1948, con apoyo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y bajo el liderazgo del sionista David Ben-Gurión se creó el Estado de Israel, con el fin de brindarle a la nación judía un sitio para asentarse y liberarse de las persecuciones que culminaron con el Holocausto nazi en la Segunda Guerra Mundial. La ubicación no fue al azar: Israel se situó en la tierra prometida de Oriente Medio, que Dios le prometió a Abraham en el Antiguo Testamento. Sin embargo, aunque en la premisa prevalecía la solidaridad con un pueblo diezmado, en la ejecución se derramó sangre y reinó la hipocresía.

Previo al Estado de Israel, en aquellas tierras residía la nación palestina con el islam como religión. A pesar de su permanencia, estuvo sometida al imperialismo británico, ya que las tierras le “pertenecían” a Reino Unido desde la caída del Imperio Otomano en 1922. El pueblo palestino comenzó una rebelión ante el intento de sometimiento. Por ello, al gobierno británico no le costó ceder las tierras a la ONU para la creación de Israel. A partir de allí, empezó el conflicto bélico árabe-israelí, que continúa 77 años más tarde.

68.229; 1.900.000; 20.179. No son números de teléfono ni documentos de identidad. Tampoco coordenadas geográficas o códigos cifrados. Son las cifras aproximadas de muertos, desplazados y niños fallecidos en la Franja de Gaza, un genocidio -término acudido por Amnistía Internacional en su informe “Es como si fuéramos seres infrahumanos”– que ocurre dentro de una guerra entre Israel y Palestina que comenzó en octubre de 2023, y que a su vez forma parte del conflicto histórico entre naciones que parece eterno. Uno de los fallecidos tras un ataque israelí el 6 de agosto de  2025 fue Suleiman al-Obeid, considerado como el “Pelé” del fútbol palestino. La noticia se dio a conocer en un comunicado que emitió la Federación Palestina de Fútbol.

El 12 de mayo de 2025, en Ciudad Universitaria, Buenos Aires, la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA), en conjunto con la Universidad de Buenos Aires (UBA), inauguró una placa en homenaje a las víctimas del ataque terrorista del 7 de octubre de 2023 perpetrado por el grupo terrorista Hamás en Israel, en el que aproximadamente 1200 personas perdieron la vida. “Nuestros corazones están secuestrados en Gaza. ¡Devuélvanlos a casa ya!”, reza. Un mes antes, también en Argentina, se había fundado un equipo de fútbol: el Gaza Fútbol Club, en el partido bonaerense de Tres de Febrero. La iniciativa fue llevada a cabo por Martín Martinelli, historiador y divulgador, quien mencionó que “es un sueño hecho realidad”. Gaza FC, cuya principal disciplina es el futsal tanto femenino como masculino, fue invitado por la embajada de Palestina en Buenos Aires, donde se realizó una ceremonia en conmemoración a la lucha del pueblo palestino.

Existen otras organizaciones palestinas y árabes vinculadas con el fútbol en la Argentina. El Club Sirio Libanés es una institución que, en la sede en el barrio de Saavedra de la Capital Federal, dispone de un lugar ideal para la iniciación deportiva, donde se practica el fútbol, entre otros deportes como hockey, rugby y tenis. Sin embargo, no es el único Club Sirio Libanés. En Pergamino, el club con la misma nomenclatura participa en la categoría mayores en la Primera B de la Liga Pergaminense, certamen en el que campeonaron en el Torneo Apertura 2025 tras vencer 1 a 0 a José Hernández. El 3 de noviembre, el club jugó la final por el ascenso a la Primera A ante Provincial Fútbol Club, campeón del Clausura 2025. Sin embargo, el desenlace no tuvo el mayor de los éxitos. En el estadio Carlos Grondona, igualaron 3-3 luego de los 90 minutos y, en una definición por penales, Provincial venció 4-3 a Sirio Libanés y jugará en la máxima división de la Liga Pergaminense.

En Israel, tal como ocurre en la Argentina, el fútbol se vive con intensidad. Desde septiembre de 2017, el CEO de las Ligas Profesionales israelíes (Israel Premier League) es el argentino Nicolás Lev. La máxima categoría tiene 14 equipos y está en constante crecimiento. El ambiente del fútbol pregona respeto, como expresa Marco Wolff, arquero que desde 2021 ataja para el Maccabi Petah-Tikva, quien alegó que “No existen las barras y se lleva una vida tranquila”, aunque existe el sabor amargo de estar en un país constantemente en guerra. Además, hay comunidades argentinas dentro de Israel y “la seguridad es tan buena que incluso en tiempos bélicos se refleja la serenidad”.

En la Primera División de Israel jugaron 72 argentinos en toda la historia. El principal exponente fue Pedro Joaquín Galván, hoy futbolista del Club Ciudad de Bolívar. Con 129 goles en 321 partidos durante 12 años en los que jugó para Bnei Yehuda Tel-Aviv, Maccabi Petah Tikva, Hapoel Ironi Ashkelon, Hapoel Tel Aviv, Hapoel Marmorek y Hapoel Rishon leZion. Galván es el máximo goleador extranjero histórico de la competición. Es una leyenda del Bnei Yehuda y reafirma la palabra de Wolff al asegurar que es un sitio donde se vive muy bien. Galván comenta que es “un lujo” y que la gente se acostumbró al estilo de vida de un país en guerra.

En Palestina, en cambio, existen cinco futbolistas argentinos que vistieron la camiseta de la selección del país de Oriente Medio, que estuvo cerca de clasificarse a su primer Mundial (quedó fuera tras un polémico penal frente a Omán en el último minuto). El caso más reciente es el de Agustín Manzur, volante con pasado en Godoy Cruz, y otros jugadores como Pablo Abdala, Alejandro Naif, Carlos Salom o Daniel Kabir Mustafa. Mustafa llegó a la selección de Palestina a través de su bisabuelo, quien nació en el país. En 2012 debutó y relata que, “a pesar de todos los obstáculos y dificultades históricamente conocidos, el fútbol palestino ha ido creciendo y evolucionando”. Tras trazar un paralelismo con el fútbol argentino, Mustafa menciona que ”son muy unidos, pasionales, juegan con el corazón, y son jugadores técnicos con buenas condiciones físicas”. Su recuerdo más querido con Palestina es haber jugado la Copa Asia 2019 en Emiratos Árabes Unidos, en la que los estadios estuvieron colmados; y que, “a pesar de las adversidades”, el hincha palestino demostró su pasión.

Desde el Club Náutico Hacoaj hasta el Club Sirio Libanés, desde Israel hasta Palestina, de la fiesta en las tribunas hasta el horror de la guerra, el fútbol aparece como un escenario donde conviven pasiones, identidades y conflictos. La pelota que une y que separa; y que en la Argentina encuentra en las colectividades un canal de expresión, mientras que en Oriente Medio se juega entre la esperanza y la tragedia.

Del sueño de Liberti al nuevo Monumental: la historia de la casa de River Plate

Por Galo Maggi

En el barrio de Núñez, ciudad de Buenos Aires, figura una imponente estructura: el estadio Monumental. No nació como un gigante, sino que se hizo gigante con el paso de los años hasta hoy. Su historia es también la historia del Club Atlético River Plate, que siempre quiso ser más grande que el resto.

A comienzos del siglo XX, River buscaba un lugar para asentarse. Había nacido en La Boca en 1901 y había pasado también por Recoleta. En Alvear y Tagle se levantó un estadio de madera que fue orgullo durante la década de los años 1920-1930, pero pronto quedó chico para lo que el club representaba. En 1930, River ya era de los equipos más grandes del país, por lo que su presidente, Antonio Vespucio Liberti, soñaba con una casa monumental.

La construcción en Figueroa Alcorta comenzó el 25 de mayo de 1935, bajo la dirección de los arquitectos José Aslan y Héctor Ezcurra. El 26 de mayo de 1938, River inauguró su nueva casa en un amistoso ante Peñarol. Tenía capacidad para 70 mil personas, por lo que el estadio ya era visto como moderno y extraordinario. En 1951 se completó la edificación con la tribuna norte, cumpliendo el diseño que Liberti había imaginado. En 1958 se instalaron las torres de iluminación, una novedad que permitió disputar partidos nocturnos e internacionales. Poco a poco, el Monumental se transformó en un símbolo del fútbol argentino.

En la década del 70, River vivió una etapa de renovación institucional y deportiva. Argentina había sido elegida sede del Mundial de 1978, y el gobierno de la dictadura cívico-militar comandada por Jorge Rafael Videla, decidió que el estadio principal sería el Monumental. En 1977 la capacidad superó los 76.000 espectadores y fue allí, el 25 de junio de 1978, donde la selección argentina se consagró campeona del mundo por primera vez en su historia.

Desde entonces, el Monumental pasó a ser más que la casa de River: fue también la casa de la selección. En 1986, como homenaje a su impulsor, el estadio fue rebautizado con el nombre completo de su fundador: “Estadio Monumental Antonio Vespucio Liberti”. Ese mismo año, River alcanzó la gloria máxima al ganar su primera Copa Libertadores y Copa Intercontinental. Martín Narvarte, miembro de la Subcomisión del Hincha, explica que para ellos el estadio es mucho más que un lugar para jugar: “Es el corazón del club. Representa nuestra historia, nuestras alegrías y también nuestras tristezas. Une a diferentes generaciones y nos hace sentir parte de algo más grande que un partido de fútbol”. Narvarte agrega que las remodelaciones recientes, especialmente la renovación de las tribunas bajas, cambiaron la experiencia: “Se siente más cerca de la cancha, la visibilidad mejoró y el ambiente se hace sentir todavía más”.

Durante los años 90 se construyeron nuevos palcos, se mejoraron los vestuarios y se renovaron sectores de las tribunas. También fue sede de la Copa América 1987 y de la final de la Libertadores 1996, cuando River ganó su segunda copa. Al comenzar el siglo XXI, el estadio Monumental ya era una leyenda. Había visto a River conquistar América y al país celebrar un Mundial. Pero el tiempo también se hacía sentir en el estadio. Así que el gigante de Núñez se preparó una vez más para reinventarse.

La década de 2010 no dejó buenos recuerdos. River atravesó momentos difíciles, incluso el descenso en 2011, pero el Monumental se mantuvo firme, como si se negara a caer. En 2014 y 2015, bajo la dirección técnica de Marcelo Gallardo, el estadio volvió a ser testigo de noches épicas. La Copa Sudamericana 2014 y la Libertadores 2015. Cada paso de aquel River victorioso parecía devolverle al estadio el brillo de su historia. Ricardo Ledesma, miembro de la subcomisión del hincha, recuerda los momentos más alegres que le tocó vivir en el estadio: “Uno de los partidos que más recuerdo es la final de la Libertadores 2015. El recibimiento me hizo acordar mucho al de la final en el 96, y después de todo lo malo que vivimos, fue una alegría muy grande”. Destaca también que la propia estructura del Monumental hace aún más grande el aliento de los hinchas: “La acústica, la cercanía de las tribunas y el tamaño hacen que el aliento de la gente tenga más fuerza”.

En 2020, bajo la presidencia de Rodolfo D’Onofrio, el club decidió encarar una renovación profunda. En plena pandemia, comenzaron las obras más ambiciosas de su historia desde su construcción original. Por primera vez en 82 años, el estadio cerró completamente sus puertas. Las viejas butacas fueron retiradas y se bajó el nivel del terreno para acercar las tribunas al campo de juego. El objetivo de modernizar el estadio estaba claro. Se instaló un césped híbrido, similar al de los mejores estadios del mundo.

Las obras avanzaron en dos etapas. La primera terminó en 2021 con la reapertura parcial del estadio y un campo totalmente renovado. La segunda, entre 2022 y 2023, donde se completó la transformación. Se construyeron nuevas tribunas bajas, se reemplazaron todas las butacas, se añadieron palcos corporativos, zonas de hospitalidad y un anillo perimetral que permite la circulación completa. El resultado fue un Monumental distinto. Su capacidad se elevó a 86.000 espectadores, lo que lo convirtió en el estadio más grande de Sudamérica.

En febrero de 2023, con la inauguración completa de las tribunas bajas, el estadio alcanzó su versión definitiva. Bajo la presidencia de Jorge Brito, River presentó oficialmente el nuevo Estadio Mâs Monumental, patrocinado por la cadena de supermercados ChangoMas, aportando 20 millones de dólares en un lapso de siete años. Un símbolo del crecimiento institucional del club y de su lugar de liderazgo en el fútbol argentino. Jorge Lorenzo, más conocido como “Chachi”, integrante de Los Auténticos Decadentes, apunta cómo evolucionó la relación entre los hinchas y el estadio. “Antes, el Monumental era más frío; hoy si se vive diferente y se siente muchísimo más la conexión entre el estadio, la gente y el equipo”. Según Lorenzo, hoy hay otro color en el Monumental: “Ahora se llena siempre en cada partido, no importa el rival, la hora o el clima. Ya desde mucho antes de que empiece el partido la cancha tiene otro color”.

El aire dentro del Museo River huele a historia. En ese espacio, a pocos metros del Monumental, se recuerda al pasado. Vitrinas, fotos y maquetas que reconstruyen, paso a paso, la vida del estadio más grande de Sudamérica. Quien recorre sus pasillos siente que el museo no solo cuenta la historia de un club, sino la de un lugar que acompañó cada encuentro con su gente. En una de las primeras salas, una maqueta iluminada muestra el Monumental tal como fue en su nacimiento. La estructura de herradura, no se compara con su versión actual. Las placas explicativas relatan cómo River apostó por un proyecto en los terrenos de Núñez.

Unas vitrinas más adelante, se encuentran los planos originales firmados por el ingeniero José Aslán, que muestran las tribunas en hormigón armado, las rampas y el círculo de la cancha. En los paneles se destacan las fechas 1938, la inauguración; 1958, la ampliación que cerró la herradura; y 1978, la gran remodelación para el Mundial. A un costado, un video compara imágenes del pasado con los trabajos recientes de remodelación. Se puede ver cómo las antiguas tribunas bajas fueron demolidas y reconstruidas, cómo se acercó el campo de juego, cómo el cemento gris se transformó en un anillo moderno, con butacas nuevas y palcos vidriados.

Más adelante, una pared curva reproduce los nombres de las leyendas que pisaron la cancha. Angel Labruna, Norberto Alonso, Enzo Francescoli, Marcelo Gallardo. Luego, una proyección muestra el avance de las obras recientes: la ampliación de las tribunas, el nuevo césped híbrido y los túneles reformados. La voz en off narra cómo el Monumental alcanzó los 86 mil espectadores. Al terminar el recorrido, desde los ventanales del museo se puede ver el estadio Monumental. Es el cierre ideal, porque después de conocer su historia, está justo enfrente. Un símbolo en la historia de Plate y de la selección.

Hoy, más de ocho décadas después de su nacimiento, el Monumental sigue siendo la casa de River y del fútbol argentino. Desde los tablones de madera de los años 30 hasta el hormigón pulido del siglo XXI. Es un estadio que se rehace sin dejar de ser el mismo y que se expande sin olvidar su origen. En el Monumental se vive distinto los días de partido y en uno de los últimos partidos del Torneo Clausura, en la derrota por 0-1 ante Sarmiento de Junín el 12 de octubre de 2025, no fue la excepción. Al ingresar al estadio, se siente de inmediato la pasión y la emoción desde los molinetes de acceso hasta las escaleras que llevan a las tribunas.

En el partido, la tensión se acumula. La derrota por 0-1 ante Sarmiento no se vive solo en el resultado, sino en las caras en las tribunas. Expectativa, frustración y esperanza. En un mal año, el estadio se hace sentir igualmente. Cada contragolpe del equipo visitante hace que la tribuna contenga la respiración y en cada ataque de River se siente la intensidad en cada grito y movimiento de los hinchas.

Al final, algunos hinchas salen en silencio y otros aplauden. Al salir, se puede ver el imponente estadio detrás: no es solo un lugar para ver fútbol, sino un espacio donde la pasión se vive en cada partido. El Monumental también se respira a través de quienes acompañan al club y representan la voz de los hinchas. 

Mariana Quiroga, integrante de la subcomisión del hincha, destaca la importancia de la historia y de los ídolos que pasaron por el estadio: “Cada parte de la cancha tiene recuerdos de jugadores que marcaron época. Labruna, Alonso, Francescoli, Ortega, Aimar; hay un montón”. Para el futuro, Quiroga siente que aún hay cosas que mejorar, como los accesos al estadio, la seguridad y algunos espacios para que los hinchas puedan disfrutar de manera completa la experiencia de vivir un partido en el Monumental.

El estadio Monumental es historia, memoria y pasión. Desde sus inicios hasta los partidos actuales, sigue siendo el corazón de River y un lugar en donde cada encuentro se vive con una intensidad única.