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Fue testigo del último gol de Maradona, luchó por los derechos de los árbitros y hoy es candidato a presidente de El Porvenir

Por Lourdes Castaño y Adrián Schneir

El exárbitro Rubén Pascualino, actual candidato a la presidencia de El Porvenir, club que cumplió el pasado 12 de septiembre 110 años desde su fundación, es un luchador nato que tiene una historia particular. Fue suspendido del arbitraje por Julio Humberto Grondona y unos años antes fue testigo del último gol de Diego Armando Maradona como profesional.

Un 14 de septiembre como este domingo pero de 1997 se enfrentaron Boca y Newell’s en La Bombonera, por la tercera fecha del Torneo Apertura. Pascualino, árbitro principal, sería partícipe de uno de los partidos más recordados en la historia del fútbol argentino, no por el resultado ni la instancia sino porque fue el último grito del 10 de manera profesional.

No solo Diego fue protagonista de dicho encuentro, ya que Sergio Goycochea hacía su debut oficial en el conjunto rosarino, en el que dos años más tarde se retiraría. Como primer desafío, Goyco debió enfrentar a un viejo conocido desde su especialidad, los penales. Y nada más ni nada menos que a su amigo Diego, quien terminó convirtiendo tras un remate abierto con su zurda inmortal.

El partido finalizó con dos tantos contra uno a favor del local y casualmente el gol de la victoria lo convirtió alguien que años más tarde se convertiría en ídolo del conjunto de La Ribera. En su debut oficial en el club, Guillermo Barros Schelotto reemplazó a Julio César Toresani a los 68 minutos y 11 más tarde anotó el segundo gol Xeneize. El partido lo disputaron figuras como Claudio Caniggia, Roberto Abbondanzieri, Jorge Bermúdez, Diego Cagna y un joven Martín Palermo recién llegado de Estudiantes de La Plata.

Maradona fue reemplazado a los 61 minutos por Diego Latorre y al finalizar el encuentro le obsequió su camiseta a Pascualino, quien atravesaba una difícil situación familiar. El día anterior al partido había fallecido su abuela y en aquella jornada cumplía años su padre, por lo que el árbitro estuvo muy cerca de no dirigir pero su padre le pidió que le rinda homenaje dentro del campo, algo que considera una de las mejores decisiones de su carrera.

Años más tarde, Rubén protagonizó uno de los eventos más determinantes de su vida. Enfrentó a Julio Humberto Grondona y luchó por los derechos de los árbitros que, por un nuevo contrato de la AFA, habían perdido la relación de dependencia. Horas después de su reclamo, lo echaron. A raíz de esto vivió diversos problemas de salud y tras cinco años de juicio, ganó el caso, que hoy forma parte de la jurisprudencia para los derechos laborales de los árbitros.

Hoy es candidato a presidente en el club de sus amores en el partido “Refundemos el Porve”. Los socios y socias de El Porvenir volverán a elegir democráticamente después de 44 años, ya que la última vez fue en 1981 cuando Enrique Merelas tomó el cargo y no lo soltó más. Siempre fue reelecto por asambleas, muchas discutibles, y en el 2006 hubo una lista opositora pero esas elecciones fueron cuestionadas por fraude.

Pascualino se compara con Maradona y se apropia de la palabra “rebelde”: cree en las causas y en la lucha que tienen detrás. Con la misma pasión y autoridad que hace más de 20 años se plantó ante el presidente de la AFA, hoy se pone en frente de los hinchas de El Porvenir y les promete refundación, humildad y fútbol, tal y como le enseñó el ídolo argentino aquella tarde de 1997.

Bronce con sabor a oro para Antetokounmpo

Por Manuel Martínez Cataldo

“No hay sensación como la de representar a tu país”. Esas fueron las palabras de Giannis Antetokounmpo tras vencer 92-89 a Finlandia y ganar la medalla de bronce en el Eurobasket 2025, la primera presea con el equipo nacional para la figura helénica. Los dos premios de MVP de la NBA, como también el trofeo Larry O’Brien obtenido en 2021, quedarán ahora en segundo plano para un Giannis que se mostró muy conmovido por el podio logrado en Riga, Letonia.

La historia de Antetokounmpo en la mejor liga del mundo es una de crecimiento constante. Llegó como una joven promesa y se fue convirtiendo lentamente en una de las figuras principales, con un notable cambio físico en el medio pero la misma energía de siempre. Fue nombrado dos veces consecutivas como el mejor jugador de la NBA, y fue también el MVP de las finales 2021, en las que le dio a los Milwaukee Bucks, franquicia que confió en él en 2013, su primer título en 50 años.

Sin embargo, su camino con la selección de Grecia tomó un camino opuesto. Si bien era indiscutidamente el líder del equipo, las dudas sobre si podía adaptar su juego vertiginoso y frenético a la pausa y la táctica del básquet FIBA se hacían presentes cada vez que los helénicos quedaban afuera de los torneos importantes, como ocurrió desde el Mundial 2014, en el que debutó con la selección mayor, en adelante. La imposibilidad de devolver a su país a lo más alto de Europa era, hasta esta edición del Eurobasket, la gran espina de la carrera de Giannis.

La relación de Antetokounmpo con su equipo nacional fue muy fuerte desde el primer día, llegando a ser, en el Mundial 2019, el primer MVP en vigencia de la NBA en representar a su selección en el torneo. Los malos resultados que condenaron a Grecia al decimoprimer puesto fueron mal recibidos por la prensa local, y obligaron a la estrella a dar un paso al costado. Volvió para el Eurobasket 2023 y fue abanderado de la delegación en París 2024.

El básquet le debía un festejo con su amada selección, que llegó finalmente en Letonia. Sus grandes actuaciones, que le valieron para ingresar al quinteto ideal de la competencia, son anecdóticas. El logro de Antetokounmpo va más allá del juego y de las estadísticas. Es una historia de superación, de hermandad y de cumplir con su palabra. No eligió el camino fácil, y eso hace que la medalla de bronce que ahora cuelga de su cuello tenga gusto a oro. “Cuando ganas un MVP, tu familia está feliz. Pero cuando ganás una medalla para tu país, hacés felices a 13 millones de personas. Nunca había sentido eso antes”, sentenció el griego.

Lautaro Yáñez y la travesía de haberlo dejado todo para vivir de lo que ama

Por Mauricio Rojas Gil y Lourdes Castaño

Lautaro Yánez llegó hace tres años desde Río Grande, Ushuaia, y ahora porta la número 10 del Xeneize en la espalda. Fue partícipe de la primera Copa Argentina en la historia del club -convirtió un gol en la victoria 6-1 frente a Mercantil de Ushuaia-, ganó la Supercopa frente a su clásico rival y fue citado por primera vez por Matías Lucuix para la selección mayor, que disputará la Liga Evolución.

Un año atrás, se consagró campeón del Sudamericano con la selección Argentina sub 20, en Lima. Hoy su destino está cerca de Europa: Valdepeñas, equipo de la máxima categoría de futsal de España, tendría cerrado el pase del joven de 21 años, que termina su contrato con Boca en diciembre de este año.

¿Cómo fueron tus comienzos?

– En 2022 llegué a Buenos Aires con 18 años. La pensión del club fue mi casa, hizo que todo fuera más fácil ahí, sin dudas una gran experiencia. Me pude formar como jugador y persona. Aprendí muchísimo, más que nada porque en el sur el nivel es amateur, lo hacés por hobby y acá es más profesional, hay conceptos y tácticas que te hacen llevar mejor el deporte. Ahora nos toca mantenernos en ese rol.

¿Jugaste en cancha de once en tu ciudad?

– Muy poco. Por las condiciones climáticas de allá, somos muy apasionados del futsal, diría que es el deporte principal en general en Tierra del Fuego. Empecé a los seis años a jugar a fútbol de salón y si bien no es tan técnico como acá ya desde chico se empieza. Cancha de 11 si hice, estuve en Argentinos Juniors a los 13 años y después dos meses en AFA. No me dio para seguir, extrañé mucho a mi familia por eso tuve que volverme, ahí es cuando apareció la oportunidad del futsal y como apasionado del deporte sabía que iba a ir por buen camino.

Cuando viniste a Buenos Aires, ¿te imaginabas todo lo que ibas a lograr?

– Uno nunca se imagina lo que puede llegar a pasar. Siempre trabajé en silencio tratando de aprender de todos los técnicos que me dirigieron y sacando lo mejor de cada uno. Soy un gran creyente de que con convicción, trabajo y ganas todo llega.

¿Cómo fue adaptarte a tu nueva vida?

– Al ser mayor de edad lo vi como una oportunidad para crecer, vivir de esto. Si bien dejé muchas cosas del otro lado, lo que busco estando acá, en uno de los mejores clubes de Argentina (Boca Juniors) no solo de futsal, es tener un futuro deportivo.

¿Qué diferencias notás entre el juego de acá y el de tu ciudad?

– Allá es jugar por jugar, pura intuición. Acá es mucha más táctica, se preparan jugadas, lo que te enseñan los técnicos es muy bueno y por eso es muy diferente a mi ciudad. Sí se vive con mucha intensidad porque la gente ama el deporte, siempre que haya algo va a estar lleno, pero no es la misma calidad e individualismo que acá.

– ¿Cómo manejás el hecho de jugar en uno de los clubes más grandes de futsal del país?

– Es hermoso para el que le gusta competir y estar siempre bien. Todos los días estoy muy contento de ir al club a hacer lo que me gusta, que al fin y al cabo es mi trabajo. No hay nada más lindo que jugar a la pelota, creo que hay que tratar de disfrutar y entrenarse al máximo, todos quieren estar acá, los años pasan y hay que ser constantes para lograr ganarse el puesto. Estoy muy contento, siempre trato de disfrutar e ir aprendiendo un poco de todo.

– Sos una de las mayores promesas del país. ¿Se siente ese peso de estar en la mira de todos?

– Si, está esa carga a veces, pero creo que para el jugador vivir con presiones es algo que te da las ganas de querer ir para adelante y estar en todos los procesos de selecciones. Más que nada por el equipo, uno quiere que le vaya bien a los compañeros o a la selección. Sé que si me equivoco no pasa nada, todos cometen errores y no seré el primero en hacerlo, el tema es salir de ese error, volver a intentarlo y no parar.

– ¿Cómo es la pensión de Boca?

– Es un lindo lugar para vivir, tiene todas las comodidades, eso te lleva a querer estar ahí. Pude convivir con muchos chicos que debutaron en 11 en la Primera, saludarlos acá y después verlos en la tele. Son pibes que también dejaron todo para cumplir sus sueños, me pongo contento por quienes lo lograron.

– El Quinquela es una cancha imponente, ¿cómo ves el ambiente?

– Hermoso, cada vez que jugamos en casa sabemos que tenemos que dar el 100%. La gente nos viene a bancar y tenemos que darles el resultado, los queremos representar como ellos quieren. Sabemos que acá tenemos que hacer valer la localía y es lo que buscamos.

– Saliste campeón contra River. ¿Cómo fue ese día?

– Hermoso, fue una locura. Se pudo vivir un superclásico en paz, con las dos hinchadas fue muy lindo y se disfrutó mucho.

– ¿Cómo fue la primera convocatoria a la Selección?

– Fue en 2022 para los Juegos de Rosario. Estar en el predio es una cosa de locos, uno después se malacostumbra pero cada vez que vas tenés que disfrutar porque hay muchos jugadores que merecen y quieren ese lugar.

– ¿Qué sentiste la primera vez que saliste campeón?

– Hermoso, se armó un lindo grupo de diferentes camadas; ahí nos quedamos con amistades valiosas y salir campeón con amigos es algo único. Es un torneo que no voy a olvidar jamás.

– ¿Qué consejo le darías a los chicos que recién empiezan?

– Que disfruten jugando a la pelota, creo que no hay nada más lindo que hacer lo que a uno le gusta y ser feliz. Que nada los detenga de seguir sus sueños porque si trabajan para eso, tarde o temprano los logros llegan y en cantidad.

A 102 años del primer robo deportivo de la historia argentina

Por Joaquín Heredia Steimberg, Adrián Schneir y Eros Ghiglione

El 14 de septiembre de 1923 quedó grabado para siempre en la memoria del deporte argentino. Aquella noche, en el Polo Grounds de Nueva York, Luis Ángel Firpo, nacido en  Junín, provincia de Buenos Aires, enfrentó al campeón indiscutido de los pesos pesados, el estadounidense Jack Dempsey, oriundo de Colorado. Ambos de 28 años, Firpo con 98 kilos y Dempsey con 87, protagonizaron una de las peleas más legendarias de la historia del boxeo.

Conocido como “El Toro Salvaje de las Pampas”, Firpo se convirtió en el primer latinoamericano en aspirar al título mundial de peso pesado. En lo que fue la primera transmisión radial en la historia de nuestro país, el combate fue un torbellino: en el primer round, el argentino fue derribado siete veces, pero logró reponerse y conectar un golpe monumental que mandó a Dempsey fuera del ring.

La regla manda que son 20 segundos los que se disponen para regresar al ring luego de caer fuera del mismo y tras 18 segundos, el pugilista pudo reingresar tras recibir ayuda. Finalmente, Dempsey se recuperó y en el segundo asalto noqueó a Firpo, conservando su corona.

Por esto, la pelea es conocida como el primer robo deportivo de la historia argentina, ya que ser asistido por terceros luego de caer fuera del ring por un golpe del rival, está prohibido en el boxeo, y el norteamericano fue ayudado por periodistas, además de aterrizar en una máquina de escribir de uno de ellos.

Aunque no ganó, aquel combate convirtió a Firpo en un mito. Su valentía abrió el camino del boxeo argentino en el mundo y dio origen a una tradición que tendría su primer campeón recién el 26 de noviembre de 1954, cuando Pascual Pérez, mendocino, se consagró en Tokio ante Yoshio Shirai en la categoría mosca.

La historia del boxeo nacional siguió con nombres que se transformaron en leyenda: Nicolino “El Intocable” Locche, campeón mundial superligero con un estilo defensivo único; Ringo Bonavena, que en diciembre de 1970 se animó a desafiar a Muhammad Ali, incluso derribándolo en el noveno asalto antes de caer por nocaut técnico en el 15º; Sergio “Maravilla” Martínez, doble campeón del mundo, recordado por su inolvidable nocaut a Paul Williams y su victoria ante Julio César Chávez Jr.; y Marcos “Chino” Maidana, que peleó de igual a igual con Floyd Mayweather en dos recordados combates donde, para muchos, el santafesino mereció la victoria en el primero.

Firpo falleció muchos años después, pero cada 14 de septiembre su legado revive. Por eso, en Argentina se celebra el Día del Boxeador, en honor a aquel hombre que, con coraje y puños, puso al país por primera vez en el centro del ring del mundo.

A 48 años del día que Boca conquistó América

Formación de Boca contra Cruzeiro en 1977

Por Nahiara Toledo

Un 14 de septiembre, pero de 1977, Boca Juniors se consagraba campeón por primera vez en su historia de la Copa Libertadores de América luego de vencer a Cruzeiro en un partido de desempate que se definió por penales en el Estadio Centenario de Montevideo y que tuvo como figura a Hugo Orlando Gatti en el arco Xeneize. 

El partido de ida se disputó en la Bombonera y el equipo dirigido en ese entonces por Juan Carlos Lorenzo se llevó la victoria por 1-0 con el gol de Carlos Veglio, pero en la vuelta sufrió el mismo resultado en contra en el Mineirão. La historia se definiría en una cancha neutral y se eligió que tuviera lugar en suelo uruguayo.

Frente a un estadio con aproximadamente 60 mil hinchas, el plantel de Boca se formó de la siguiente manera: Hugo Gatti en el arco; Vicente Pernía, José Luis Tesare, Roberto Mouzo y Alberto César Tarantini en la defensa; Jorge Benítez, Rubén Suñé, Mario Nicasio Zanabria y Ernesto Mastrángelo en el mediocampo; Carlos Veglio y Darío Felman en el ataque.

El Xeneize buscaba su revancha, luego de haber perdido en su primera final de Libertadores contra Santos en 1963 y así fue… Tras el empate de 0 a 0 en los 90 minutos, sumado al alargue, la historia concluyó en una tanda de penales. 

Boca y Cruzeiro no se sacaban diferencias, en el equipo del “Toto” Lorenzo convirtieron Mouzo, Tesare, Zanabria, Pernía y Felman. Por su parte, en el equipo brasileño marcaron Darci Menezes, Neca, Morais y Livio. Fue en el último penal de la serie cuando Hugo Gatti le atajó el remate a Vanderley y le dio el título al conjunto azul y oro.

Ahí empezó todo. Aquel 14 de septiembre de 1977 quedó grabado para siempre en la memoria de los hinchas porque el Boca Juniors de Lorenzo, Veglio y Gatti alcanzó la gloria y no solo significó la revancha de una final perdida, sino también el nacimiento de una mística que abrió un camino de grandeza que luego se repetiría con otras cinco conquistas continentales.

La fecha del gol ausente

Por Lucas Sotelo

Viernes 13 de septiembre de 1991. El Boca de Oscar Washington Tabárez vence al Ferro de Carlos Timoteo Griguol por 1 a 0 en La Bombonera. Campeón invicto del Clausura sin corona, la fallida definición por penales ante el Newell’s de Marcelo Bielsa todavía le duele al Xeneize, rescatado por el despliegue del siempre aclamado Blas Giunta y por el solitario gol de Ariel Boldrini, llegado junto a Antonio Turco Mohamed y Gabriel Amato para intentar olvidar a Gabriel Batistuta. Luego del trámite, una sentencia retumba en el aire: “Cuando se puede jugar bien, se juega; cuando no, se lucha”. Es palabra del Maestro. Al resto de los integrantes de la Primera División, como alumnos ejemplares, no se les olvidará la lección durante ese fin de semana. A los estadísticos que vendrán después, tampoco.

Los ocho promedios goleadores más bajos del profesionalismo. La década del 90’, presente en cinco de ellos (Fuente: El Gráfico).

Eran otros tiempos en el fútbol argentino. Las noches mágicas de Italia 90’ hace rato habían terminado, pero la primavera conservadurista continuaba su paso. Tridentes de ataque convertidos en duplas para sumar un hombre más en el medio. Conjuntos más cómodos como visitantes para especular con el contraataque. Y una AFA que, en el ocaso del siglo, ya empezaba a mostrar los vicios que hoy se le achacan: la modificación del formato para tener dos campeones por año entre los, eso sí, veinte equipos participantes en torneos de una rueda. Se tardarían cuatro años más en otorgar tres puntos por encuentro ganado, incentivando así una búsqueda que, durante ese período en general y en la tercera jornada del Apertura 91’ en particular, brillarían por su ausencia.

Contratapa de la revista Solo Fútbol del 16 de septiembre de 1991. En la imagen, un Ángel Tulio Zof que en la semana previa había amenazado con renunciar como DT del Canalla.

Al acotado triunfo local en La Boca, pistoletazo inicial de la ignominia, lo sucederían otros nueve partidos. Apenas seis goles se anotaron entre el 13 y el 15 de septiembre, la mitad de ellos en el Platense 1-2 Talleres de Córdoba. Días más tarde, la adición de uno más -no desde el verde césped, sino desde el escritorio- maquillaría lo que, en ese momento, ya era la fecha menos efectiva de la historia del fútbol argentino: tuvo que ser agredido Ángel Comizzo, arquero de River, para que se le diese la victoria por la mínima al elenco millonario en el clásico disputado y suspendido contra Racing en Avellaneda. Un promedio final de 0,70 tantos por match y la repetición de adjetivos tales como “intenso”, “mediocre”, “malo” o “discreto” en las calificaciones de la revista Solo Fútbol fueron la síntesis de una jornada para el olvido.

El Cabezón Ruggeri y Luis Correa, símbolos de sus equipos, disputan la pelota en el Vélez 1-0 Deportivo Español.

Además del incidente en El Cilindro, otro episodio violento sucedió ese mismo día: en una nueva edición de la denominada “Batalla de Rosario” por El Gráfico, Central derrotó a Newell’s por 1 a 0 en un enfrentamiento que tuvo seis expulsados (entre todos los juegos habría un total de doce). Un joven Marcelo Chelo Delgado, autor de la única conversión en el Gigante de Arroyito, vio su nombre inscrito en la tarjeta roja del árbitro Juan Bava junto a los de sus compañeros canallas Ariel Cuffaro Russo y Silvio Andrade y a los de sus rivales leprosos Julio Saldaña -socio ideal de Gerardo Tata Martino en el medio-, Mauricio Pochettino y Fernando Gamboa. El lamentable espectáculo dejó como saldo el fin de una sequía de cinco clásicos al hilo para un local que, a contramano del presente, no dominaba Rosario con puño de hierro.

Luis Islas y Nery Pumpido, separados por la selección y hermanados después por las lesiones.

A la “revolución productiva” de Talleres en Vicente López -“orden, prolijidad…y los goles de (Mario) Bevilacqua que ya van a venir”-, se le sumó el laborioso triunfo del Vélez de Héctor Bambino Veira contra el siempre duro Deportivo Español. Sin vuelo imaginativo para encontrar los caminos al arco del legendario Pedro Catalano por abajo, la cabeza del artillero Esteban González -apodado Gallego como Español- y la autoridad del jerarca Óscar Ruggeri fueron los principales argumentos empleados por El Fortín para cimentar un opaco 1-0 en Liniers. Sin saberlo, este sería el último de los cuatro cotejos que aportaría cifras en tiempo reglamentario.

Sobró fricción y faltó fútbol en el Argentinos Juniors-San Lorenzo. La reconciliación de Nery Pumpido y Luis Islas, enfrentados durante años por la titularidad en la valla de la Selección Argentina, fue la foto principal de un pobre Unión-Independiente. Ni Gimnasia ni Estudiantes lograron darle una alegría a La Plata al no pasar del cero contra Huracán y Quilmes respectivamente. Y Deportivo Mandiyú, sólida escuadra correntina que venía de dar el batacazo contra Racing como visitante en el inicio del campeonato, rescató un punto de su excursión a Córdoba frente al recientemente ascendido Belgrano. “Goles son amores”, dice el refrán. Vaya si faltó afecto durante ese fin de semana en varios rincones del país.
Décadas más tarde, el récord negativo de la fatídica tercera fecha del Apertura 91’ se mantiene vigente. En julio de 2025, por la misma instancia de un Clausura con diez equipos más que antaño, se convirtieron trece tantos en quince encuentros, dejando como saldo el segundo peor coeficiente histórico de goles (0,87 por partido). El actual es un fútbol industrial, sometido a las lógicas económicas de este tiempo que seducen desde el exterior a cualquier figura emergente como cantos de sirena. Menos creadores, más destructores. Amplia paridad, escasa vistosidad. Y un latente miedo a perder que inhibe la aparición de nuevas propuestas. Ya lo avisó El Maestro Tabárez. Si no se puede jugar, hay que luchar. Poco se puede hacer lo primero hoy.

Los 80 años de Aldo Pedro Poy, el autor de una palomita eterna

La palomita de Aldo Pedro Poy frente a Newell 's en 1971

Por Nahiara Toledo

El 14 de septiembre de 1945 nacía en Rosario Aldo Pedro Poy, el autor de uno de los goles más recordados de la historia del superclásico rosarino y del fútbol argentino en general.

El partido del 19 de diciembre de 1971 quedó grabado en la memoria del público futbolero. Rosario Central se enfrentaba a Newell ‘s Old Boys por la semifinal del Torneo Nacional en el Estadio Monumental. Era el clásico rosarino disputado por primera vez en una instancia definitoria, y que lo terminó protagonizando Aldo Pedro Poy, delantero canalla, con una jugada que lo inmortalizó.

A los 9 minutos del segundo tiempo, José “el Negro” González tomó la pelota tras un córner, desbordó por la derecha y envió un centro al área. Allí apareció Poy, que se arrojó en palomita y conectó de cabeza para vencer al arquero rival: Carlos Fenoy. Ese gol le dio la ventaja a Central, que terminó imponiéndose 1-0 y avanzó a la final, donde días después se consagró campeón tras vencer 2-1 a San Lorenzo, en lo que fue su primer título de AFA en su historia.

Medio siglo después, Poy explicó la lógica de aquella definición: “Aprendí de chico que es mucho más rápido ir con la cabeza que con el pie, según la altura a la que venga la pelota. Más cuando llegás muy justo. Con el pie es muy difícil a esa altura. Con la cabeza, uno le puede dar una dirección diferente. El arquero no sabe para dónde va a ir. Con el pie, el arquero puede imaginar adónde va. Con la cabeza, puede ir a cualquier lado. Fue adonde la quise tirar: abajo, al costado, un remate muy fuerte, inatajable”.

Con el correr del tiempo, la palomita dejó de ser solo un gol: se convirtió en un símbolo de identidad, pertenencia y sentimiento de los hinchas canallas. Desde aquel memorable evento, cada 19 de diciembre, el público de Central se reúne a recrear la jugada frente a la sede del club o en lugares emblemáticos de la ciudad, hasta llega a recrearse en otras partes del mundo como en Cuba, Venezuela y países de Europa. Esta costumbre se transformó en un acto colectivo que combina recuerdo deportivo y ritual popular.

Aldo Pedro Poy marcó 67 goles en 313 partidos con la camiseta de Central, pero ninguno alcanzó la trascendencia de aquel convertido en Núñez. La palomita no solo definió una semifinal: se convirtió en un mito cultural y en el gol más repetido de la historia de la humanidad.

Canelo Álvarez vs. Terence Crawford: infancias duras, legados eternos

Canelo Álvarez contra Terence Crawford

Por Joaquín Sorbara

Saúl Canelo Álvarez y Terence Crawford son dos de los mejores libra por libra de la historia del boxeo. El ahora excampeón indiscutido de los supermedianos contra el que supo ser campeón indiscutido del peso superligero y peso wélter se enfrentaron en un combate sin precedentes, debido a que el mexicano puso en juego sus cuatro cinturones. Crawford entró en la historia viva del boxeo al convertirse en el primer campeón unificado en tres pesos diferentes: el hito toma más fuerza cuando se toma en consideración que el campeón subió tres categorías para enfrentar al mexicano Álvarez.

Si algo comparten además del talento boxístico es una infancia con momentos muy duros. Antes de ser dos nombres históricos en el mundo de los deportes de contacto, vivieron situaciones muy alejadas del presente. Oriundo de Omaha, Nebraska, Crawford creció entre golpizas, insultos, padres alcohólicos y múltiples expulsiones de establecimientos escolares. Incluso su madre apostaba diez dólares para que otros niños intentaran vencerlo. Pese a sus intentos de hacerle creer que “era una mierda” y la ausencia de su padre, Bud formó su carácter. Hubo un episodio en el que el campeón de los ligeros casi pierde la vida: corría el año 2008 y aunque Terence ya era profesional, la mala vida lo seguía acompañando. A la salida de un club de apuestas ilegales, su contrincante en un juego de dados disparó contra la camioneta donde estaba el pugilista. Afortunadamente, tras frenarse al atravesar la ventanilla, la bala rebotó.

Canelo tampoco tuvo una infancia rodeada de lujos. Desde los cinco años comenzó a trabajar junto a su padre vendiendo helados y paletas para ayudar a solventar gastos. Mientras incursionaba en el deporte ayudaba en el campo a su padrino. Llevar las dos actividades al mismo tiempo es algo que hoy en día sostiene que fue necesario porque le enseñó a trabajar y a ser responsable desde muy pequeño. Otra vivencia que marcó al campeón mexicano fue el bullying que recibía en la escuela debido a su aspecto colorado y pecoso, pero nunca dejó que eso lo hiciera sentir mal debido a que como él dijo, le encantaba pelear.

Dos de los pugilistas más completos de la historia y las caras visibles de esta era del boxeo. El fin de una generación y el comienzo de un legado eterno.

El récord mundialista de Luciano De Cecco que no hace ruido 

Por David Correa y Nahiara Toledo

Luciano De Cecco fue el líder del seleccionado argentino ante Finlandia por el estreno del Mundial de Vóley 2025, encuentro en el que los dirigidos por Marcelo Méndez remontaron una desventaja de dos sets y lograron una agónica victoria en el tiebreak. Para el armador santafesino fue un festejo doble en tierras filipinas: se convirtió en el voleibolista con más presencias en la cita mundialista al disputar 6 ediciones.

Italia 2006 fue la primera aparición del argentino con tan sólo 18 años. Desde ese entonces, participó en Japón 2010, Polonia 2014, Italia y Bulgaria 2018, Polonia y Eslovenia 2022, sin interrupciones. En 2024 decidió dar un paso al costado de la Selección tras anunciar su retiro una vez finalizados los Juegos Olímpicos de París, pero decidió volver a vestir la camiseta albiceleste para representar al país en el Mundial, tras haber sido operado a mediados de abril por cálculos renales que lo obligó a perderse la Liga de Naciones de Voley de este año. 

Sin embargo, a pesar de todo el esfuerzo físico y mental, para el oriundo de Santa Fe no todo es color de rosas. En la previa del torneo se sinceró con algunos medios locales y sacó a luz su decepción por no tener la visibilidad en su tierra natal. “Estoy contento, por supuesto, pero no más que eso. De hecho, en Volleyball World me hicieron una entrevista y le dieron mucho énfasis, pero en mi país siento que a casi nadie le importa, así que también me lo tomo con mucha calma”, afirmó el ex capitán del conjunto nacional. 

Una vez finalizado el encuentro frente a los finlandeses, las redes oficiales de la Federación Internacional del Vóley (FIVB) llenaron de elogios al argentino con publicaciones, videos, textos y menciones, mientras que en la cuenta de la Federación del Vóleibol Argentino apenas le dedicaron un posteo de Instagram.

A pesar de no recibir el cariño y reconocimiento correspondiente por parte del pueblo argentino, De Cecco encontró el lado positivo a la problemática al afirmar que pasa inadvertido. Por lo tanto, esto le permite enfocarse en los desafíos propios y colectivos, siempre con la Selección como prioridad. 

Gustavo Costas: la voz del hincha puesta en un director técnico

Por Pedro Longinotti

Dirigir el club del cual sos hincha es uno de los sueños más grandes para cualquier futbolero. Con la satisfacción de haberse criado en el barrio, ser la mascota del equipo, convertirse en ídolo como jugador y posteriormente darle al club un título internacional tras 35 años. Una carrera de ensueño que tiene nombre y apellido: Gustavo Adolfo Costas.

Nacido en Buenos Aires y criado con las raíces de Racing Club de Avellaneda, Costas fue la mascota del famoso equipo de Juan José Pizzuti, que logró la Copa Libertadores y la Intercontinental en 1967. Su filosofía de vida es clara: “Primero soy de Racing y después soy argentino”. Pisó las inferiores del club a los cuatro años, fue creciendo con el paso del tiempo y se convirtió en un referente de la institución. 

Costas supo poner el pecho en los peores momentos. Descendió en 1983, y ahí estuvo, quedándose para devolver a Racing a la máxima categoría. La vida poco a poco lo fue compensando, y logró la Supercopa en 1988 ante Cruzeiro, el tercer título internacional de La Academia.

Tras el pedido de quiebra del presidente Daniel Lalín, 30 mil hinchas de la entidad de Avellaneda se juntaron el 7 de marzo de 1999 en el Cilindro para protestar por aquella decisión y para que el club no desapareciera. Fue la segunda máxima convocatoria de la fecha de entonces, por detrás del clásico rosarino. ¿La particularidad? El cuadro albiceleste no disputó ningún partido ese día. Simplemente un gran número de fanáticos apoyando al club en el peor momento de su historia. Y allí estaba Costas, tomando de la mano a sus hijos. Ya retirado y sin nada que hacer en su casa, se tomó el tiempo de llamar a la máxima cantidad de hinchas para que acudieran al estadio. 

No se puede hablar de Avellaneda sin mencionar a Independiente, clásico rival, y club al que Gustavo mucho no quiere. El entrenador no quiere nada rojo, sea el club que sea. Maximiliano Salas, actual delantero de River, coincidió con él en Palestino y posteriormente en Racing. En un entrenamiento del club chileno, Salas llegó al predio con una remera roja, y Costas le hizo saber que no estaba permitido nada de ese color: “Con esa remera no podés pasar”. Cualquier referencia a Independiente es de molestia para el entrenador de 62 años. Incluso, en un video publicado en las redes de La Academia, el arquero Gabriel Arias le remarcó que había una silla roja en el gimnasio, y el director técnico se enojó: “Saquen eso de acá, nada rojo por favor”. Su locura por Racing hace que no pueda ver un color por estar asociado a su máximo rival. 

Ese mismo 1999, Gustavo Costas asumió como entrenador por primera vez en su vida junto a otra gloria racinguista, Humberto Maschio. Un Racing diezmado, sin jugadores de jerarquía, sin plata, pero con su hinchada reflejada en las populares y en el banco de suplentes. Sin embargo, los resultados no fueron los esperados y en mayo del 2000 presentó su renuncia. Tuvo su segunda chance el 5 de mayo del 2007; sin embargo, su paso fue peor que el anterior, y se alejó en agosto de ese año. Parecía que su ciclo en Racing se cerraba, pero surgió un llamado a fines de 2023, con una institución totalmente distinta comparada con de la última vez. Un club ordenado económicamente, con jugadores de jerarquía y jugando la Copa Sudamericana, que sería su principal objetivo.

Ídolo como jugador, ídolo como director técnico. Emblema total de La Academia.

Días antes del primer encuentro de La Academia en 2024, Costas formuló un pedido al hincha: “Exijan, tenemos que salir campeones de algo internacional, es el objetivo que tenemos que tener todos juntos”. Tras unos primeros meses complicados, en septiembre el equipo tuvo un punto de inflexión en la victoria ante Boca por dos goles a uno en el Cilindro. El Xeneize se había adelantado con un gol de Milton Giménez, pero Nardoni empató rápidamente. Cuando el partido se terminaba, Roger Martínez conectó un gran cabezazo tras un centro de Juan Fernando Quintero y la Academia concretó la remontada. Fue el primer encuentro en el que Racing dio vuelta un resultado junto a Costas. Meses más tarde, el 23 de noviembre, se pudo sacar la mochila de los 35 años sin conocer un trofeo internacional y se consagró campeón de la Copa Sudamericana por primera vez en su historia. El hincha que dirigía con un estilo alocado y poco ordenado logró espantar los fantasmas del pasado. Costas le dio uno de los títulos más importantes de los últimos tiempos al club que conoce de punta a punta. 

La frutilla del postre fue bailar al campeón de la Copa Libertadores, el Botafogo, en la Recopa Sudamericana. 2-0 en Avellaneda, para luego vencer nuevamente por el mismo resultado en Río de Janeiro, consiguiendo un 4-0 global y su segundo campeonato en 3 meses. 

Gustavo Costas se bancó muchas críticas, y aún más menosprecios: decían que no sabía nada, que su equipo jugaba mal. Pero como en el 83 y en el 99, puso el pecho, trabajó duro y la vida lo recompensó. Hoy es la cabeza del sueño racinguista, y se ilusiona con la Copa Libertadores, en la que, tras una gran campaña, ya se encuentra clasificado a los cuartos de final, y enfrentará a Vélez Sarsfield con la ilusión de pasar a la semifinal del mayor torneo continental por primera vez desde 1997.

Costas con la Sudamericana en brazos. Rompió una sequía de 35 años sin conocer la gloria internacional.