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La Segunda Guerra Mundial y Klinsmann, ejes del crecimiento de la selección estadounidense

Por Matías Moroni

Estados Unidos venció 4 a 1 a Paraguay en la primera fecha del Mundial con una actuación inolvidable. Rotación posicional, velocidad y dinámica fueron los atributos que ensamblaron el gran desempeño estadounidense. Una de las razones principales de este desarrollo futbolístico de los norteamericanos es que cinco de los jugadores que protagonizaron el partido hicieron las divisiones inferiores en Alemania: Chris Richards, Malik Tillman, Weston McKennie, Christian Pulisic y Giovanni Reyna. ¿Los motivos? La Segunda Guerra Mundial, la flexibilidad legal alemana y la leyenda Jürgen Klinsmann. 

Una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial y a comienzos de la Guerra Fría, Estados Unidos asentó múltiples bases militares en Alemania Occidental para supervisar la reconstrucción alemana postguerra y evitar su resurgimiento militar. Además, buscó contener la propagación de la Unión Soviética en territorio alemán. Hasta la caída del muro de Berlín en 1989 hubo 250.000 soldados americanos viviendo en la nación teutona. 

Uno de los ejemplos más significativos de esta situación geopolítica es Tillman, quien fue titular ante la “Albirroja”. El jugador del Bayer Leverkusen nació en Alemania. Su padre fue un soldado estadounidense, mientras que su madre es alemana. Aunque jugó en las selecciones juveniles teutonas, eligió representar a Estados Unidos. Otro ejemplo es John Brooks, uno de los mejores zagueros centrales en la historia del fútbol estadounidense. No obstante, nunca jugó en la MLS ya que su situación es la misma que la de Tillman.

A diferencia de la mayoría de las ligas grandes de Europa, la Bundesliga no exige un límite de jugadores extranjeros en los planteles de los equipos. Además, los clubes alemanes buscan jóvenes promesas entre los 16 y 18 años, ya que si son menores de edad, pero tienen pasaporte europeo, la FIFA les permite firmar un contrato profesional. Este es el caso de Pulisic, estrella de Estados Unidos, cuya ascendencia croata lo habilitó para ser fichado por el Borussia Dortmund a sus 16 años. Otro ejemplo es Reyna, cuyos abuelos son portugueses, se incorporó a la misma edad y al mismo club que Pulisic.

Jürgen Klinsmann, impecable goleador alemán y campeón del mundo en 1990, dirigió a la selección de Estados Unidos entre 2011 y 2016. El delantero fue el precursor en reclutar a los jugadores germano-estadounidenses. Además, a lo largo de su dirección, se encargó de promulgar la migración de los jugadores norteamericanos a la Bundesliga.

“Creo que la Bundesliga tiene un buen entorno creciente para que los jóvenes futbolistas estadounidenses lo prueben y lo intenten. Cuando deciden o tienen la oportunidad de ir a un equipo de la Bundesliga, saben que se les verá y que serán evaluados y si les va bien en los entrenamientos serán ‘lanzados al agua fría’ (la titularidad) y eso es lo que la Bundesliga le ofrece a los jóvenes talentos de Estados Unidos, pero también es para el talento global”, explicó Klinsmann.

Hong Myung-bo y Corea del Sur: la gloria, la caída y la última oportunidad 

Por Nicolás Cartoceti 

En Corea del Sur todavía hay una imagen que permanece intacta en la memoria colectiva: la de un hombre levantando los brazos en Seúl mientras millones de personas vestidas de rojo celebran una hazaña imposible. Ese hombre era Hong Myung-bo, capitán y símbolo del Mundial 2002, la mejor actuación de una selección asiática en la historia de la Copa del Mundo. Veinticuatro años después, vuelve a aparecer en escena. Pero esta vez ya no lleva la cinta en el brazo: lleva el buzo de entrenador y la responsabilidad de devolverle a Corea del Sur una identidad rumbo al Mundial 2026.

Aquella selección de Corea-Japón 2002 cambió para siempre la historia deportiva del país. Bajo la conducción del neerlandés Guus Hiddink, Corea eliminó a Italia y España y alcanzó unas semifinales inéditas para un seleccionado asiático. Myung-bo fue el símbolo defensivo de un equipo que corría como ninguno, presionaba sin descanso y transformó al fútbol en un fenómeno nacional. 

Tras la eliminación ante Alemania en semifinales, Guus Hiddink defendió públicamente a sus jugadores durante la conferencia de prensa posterior al encuentro. Allí resumió el impacto de aquel equipo con una frase que todavía sigue siendo recordada en Corea: “Podemos estar muy orgullosos de los muchachos y de lo que hicieron durante todo el torneo”. 

Para muchos jugadores actuales, aquel Mundial fue el comienzo de todo. Entre ellos aparece Son Heung-min, la máxima figura del fútbol coreano moderno. Tenía apenas diez años durante Corea-Japón 2002 y creció viendo a Myung-bo. Años más tarde, en una entrevista concedida a FIFA antes del Mundial 2026, recordó el impacto que aquella selección tuvo en su vida: “El primer Mundial que realmente viví fue el de 2002. Desde entonces siempre tuve en mi cabeza la idea de convertirme en futbolista”.

Sin embargo, la historia de Hong Myung-bo en los Mundiales no terminó con aquella noche mágica de 2002. Once años después, regresó a la selección como entrenador para conducir a Corea del Sur en Brasil 2014. 

La expectativa era enorme: el capitán histórico ahora debía liderar desde el banco. Había logrado buenos resultados en selecciones juveniles, incluyendo la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, y muchos veían en él al hombre indicado para iniciar una nueva etapa. Pero la experiencia terminó convirtiéndose en el momento más difícil de su carrera. Corea empató con Rusia y cayó ante Argelia y Bélgica, quedando eliminada en la fase de grupos.

Tras la eliminación, asumió públicamente la responsabilidad y presentó su renuncia. La imagen del héroe de 2002 parecía haber quedado definitivamente atrás. El hombre que doce años antes había sido el rostro más reconocible del fútbol coreano abandonaba la selección envuelto en cuestionamientos y con la sensación de que su historia mundialista había llegado a su fin.

Durante mucho tiempo pareció que aquella sería la última participación de Hong Myung-bo en una Copa del Mundo. Sin embargo, el fútbol le tenía preparada una segunda oportunidad.

Corea del Sur pasó años buscando recuperar el espíritu competitivo de 2002. Ningún ciclo logró acercarse a aquella generación y, con el tiempo, la figura del antiguo capitán volvió a ganar fuerza. Por eso, cuando aceptó regresar al seleccionado para iniciar un nuevo ciclo rumbo al Mundial 2026, el impacto fue enorme.

En una entrevista concedida al diario coreano JoongAng Ilbo durante un entrenamiento en el parque Yuldong de Seongnam, Myung-bo explicó la dimensión personal de este desafío: “Este es mi séptimo Mundial y el último de mi vida”, aseguró. Y luego agregó una frase que resume perfectamente su relación con la selección: “Mi vida pertenece al fútbol coreano”.

Hoy, más de dos décadas después, el destino volvió a unirlo con Son Heung-min: uno como capitán dentro de la cancha y el otro como entrenador. En esa misma entrevista con FIFA, el delantero también se refirió a su actual técnico y al recuerdo de aquella campaña histórica: “Nuestro entrenador logró algo increíble, quiero vivir un recorrido similar junto a mis compañeros”.

La última oportunidad de Myung-bo comenzará en Guadalajara. Inició su camino en el Mundial 2026 frente a República Checa, dentro de un Grupo A que también comparte con México y Sudáfrica. Para ese desafío, el entrenador contó con una base consolidada encabezada por Son Heung-min y acompañada por futbolistas como Kim Min-jae, Lee Kang-in y Hwang In-beom, nombres que representan el presente y el futuro del fútbol coreano.

Hermanos mundialistas: cuando el sueño se comparte en familia

Por Gonzalo Codina

Llegar a una Copa del Mundo es una meta que millones de futbolistas persiguen durante toda su carrera. Alcanzarla ya es un privilegio reservado para unos pocos. Compartirla con un hermano, en cambio, es una experiencia todavía más extraordinaria. El Mundial 2026 tendrá varias historias familiares repartidas entre distintas selecciones, con hermanos que buscarán dejar su huella en el torneo más importante del fútbol.

Uno de los casos que más llama la atención es el de los Williams. Nacidos en la misma familia, crecieron juntos en Bilbao, pero el fútbol los llevó por caminos diferentes. Nico eligió representar a España, mientras que Iñaki se inclinó por Ghana. Ya coincidieron en Qatar 2022 y volverán a hacerlo en Norteamérica, demostrando que una misma historia familiar puede escribirse bajo banderas distintas.

Algo parecido sucede con los Doué. Désiré, una de las grandes apariciones del fútbol francés en los últimos años, es parte de la delegación gala. Su hermano Guéla, en cambio, representa a Costa de Marfil. Dos selecciones, dos realidades diferentes y una misma ilusión: jugar el Mundial.

La familia Hernández también tendrá motivos para celebrar. Lucas, campeón del mundo con Francia en Rusia 2018, compartirá la experiencia con Theo, quien se transformó en una pieza clave del seleccionado francés. Ambos heredaron la pasión por el fútbol de su padre, el ex futbolista Jean-François Hernández, y construyeron carreras exitosas que ahora vuelven a encontrarse en una cita mundialista.

Entre las historias más particulares aparece la de los Souttar. Harry se convirtió en uno de los referentes de Australia, mientras que su hermano John eligió defender los colores de Escocia. Aunque representan países distintos, el apellido volverá a tener presencia en el escenario más importante del fútbol.

Los Países Bajos también aportan varias historias familiares. Jurrien y Quinten Timber recorrieron prácticamente el mismo camino desde las divisiones juveniles hasta la selección mayor. Formados juntos y con una relación muy cercana, podrían compartir una nueva Copa del Mundo con la camiseta naranja.

También aparecen Brian Brobbey y Derrick Luckassen. Si bien no son hermanos biológicos, forman parte de una misma familia ensamblada y crecieron compartiendo gran parte de su vida. El fútbol los llevó a representar selecciones diferentes (Países Bajos y Ghana, respectivamente), pero la conexión familiar sigue siendo un rasgo distintivo de sus trayectorias.

La lista continúa con los hermanos Bacuna. Leandro es una de las caras más conocidas de Curazao, mientras que Juninho también supo representar al combinado caribeño. Su historia refleja cómo el fútbol puede convertirse en un proyecto familiar capaz de trascender generaciones.

A lo largo de la historia hubo varios hermanos mundialistas, desde los Charlton con Inglaterra hasta los De Boer con Países Bajos. En 2026 se sumará una nueva generación. Algunos compartirán vestuario, otros podrían enfrentarse dentro de la cancha. Lo cierto es que, cuando suene el himno antes de cada partido, todos tendrán un recuerdo en común: aquellos primeros partidos improvisados en casa, cuando el Mundial parecía un sueño demasiado lejano y la única competencia era entre hermanos.

Una batalla tras otra: Estados Unidos e Irán trasladan su conflicto al Mundial

Por Paulina Ciezar y Julieta Nicodemo

Las tensiones políticas y militares que mantienen Estados Unidos e Irán se trasladaron al Mundial 2026. La administración de Donald Trump impuso una serie de restricciones a la delegación iraní que afectan gravemente su estadía, la presencia de sus dirigentes y el acceso de sus aficionados a los estadios.

Entre el deporte y la geopolítica

La participación de Irán se convirtió en uno de los principales focos de polémica fuera del campo de juego. Las medidas adoptadas por el país norteamericano obligaron a la selección asiática a modificar por completo su planificación y generaron fuertes críticas por parte de la Federación de Fútbol de la República Islámica de Irán (FFIRI), que denunció una intervención política en el deporte.

Cabe recordar que ambos países se encuentran en un conflicto bélico desde junio de 2025. Sin embargo, la guerra escaló en febrero de este año, cuando los gobiernos estadounidense e israelí lanzaron la Operación Furia Épica contra Irán. Los motivos principales de esta ofensiva se centran en frenar por completo el programa nuclear y de misiles balísticos de Teherán, así como desmantelar su capacidad naval y el financiamiento a grupos armados.

“La selección nacional de fútbol de Irán es bienvenida al Mundial, pero realmente no creo que sea apropiado que estén ahí, por su propia seguridad” (Donald Trump)

Las restricciones que sufrirá la delegación iraní

Las consecuencias de estas medidas geopolíticas impactaron en la logística del torneo. Si bien Estados Unidos aprobó las visas de los 26 jugadores convocados y del director técnico, rechazó de manera tajante las solicitudes del staff administrativo y directivo.

Pero las limitaciones no terminan ahí. Al finalizar cada partido disputado en suelo estadounidense, tanto el cuerpo técnico como los futbolistas deberán regresar de inmediato a México, ya que el gobierno de Estados Unidos les prohibió explícitamente hospedarse en su territorio. Esta medida obligó a la selección de Irán a reorganizar a contrarreloj toda su concentración, traslados y entrenamientos para el certamen.

“Privar a los hinchas iraníes del acceso a su asignación legal y oficial de entradas es una acción contraria al espíritu que rige las competencias internacionales y al principio de igualdad entre los países participantes” (Federación de Fútbol de la República Islámica de Irán)

La polémica por las entradas de los hinchas iraníes

La Federación de Fútbol de Irán denunció que la FIFA le retiró el cupo de entradas destinado a sus aficionados para los tres partidos de la fase de grupos que se disputará en Estados Unidos. Según el reglamento del organismo, cada selección recibe el 8% de localidades para distribuir entre sus hinchas a través de un sistema oficial. Sin embargo, las autoridades iraníes aseguraron que esa asignación fue revocada de manera inesperada, dejando sin boletos a muchos simpatizantes que ya habían organizado sus viajes. Desde Teherán calificaron la medida como una nueva muestra de interferencia política en el torneo y cuestionaron la igualdad de condiciones para todas las selecciones participantes.

Mientras tanto, la FIFA afirmó que continúa trabajando junto a la federación iraní para encontrar soluciones que permitan la asistencia de sus aficionados a los encuentros mundialistas.

La denuncia se suma a los problemas de visados y logística que Irán viene enfrentando desde la previa del torneo, profundizando la tensión entre el país asiático, Estados Unidos y la organización del Mundial. 

La Gran Muralla ecuatoriana: una defensa que ilusiona a todo un país para el Mundial

Por Ana Ameijeiras

Hay selecciones que construyen su identidad futbolística desde el talento. Otras, desde la historia que los avala. Ecuador combinó ambas características al mismo tiempo. La Tri llega a la Copa del Mundo 2026 en el momento más prometedor de toda su historia moderna. Este domingo a las 20 debutará ante Costa de Marfil, luego enfrentará a Curazao y Alemania, sus rivales en el Grupo E.

Desde los 2000, Ecuador fue una selección que incomodaba. Atlética, rápida, difícil de seguirle el ritmo los 90 minutos. Pero nunca había generado una sensación tan peligrosa como ahora con su sólidez defensiva. Luego de sus participaciones en los Mundiales 2002, 2006, 2014 y 2022, llega a la Copa del Mundo de Estados Unidos, México y Canadá 2026 con una defensa fuerte y confiable, un atributo que distinguió a las grandes selecciones campeonas.

Mientras en Sudamérica se admira a Brasil por su talento ofensivo o a Argentina por su jerarquía, Ecuador construyó la defensa más firme del continente. Edificó su crecimiento de atrás hacia adelante. Y esta transformación no es una casualidad: es un proyecto. Detrás de esta intención aparece una generación de futbolistas capacitados para competir en la élite europea, liderados por dos defensores que hicieron historia en la última final de la Champions League. Willian Pacho, bicampeón con el París Saint-Germain, y Piero Hincapié, subcampeón en el Arsenal, fueron los primeros ecuatorianos en jugar a la par una final de Champions.

Más allá de la potencia física, la velocidad y su fuerza ofensiva, el actual ciclo encabezado por Sebastián Beccacece consolidó una evolución táctica que hoy ubica al conjunto ecuatoriano entre los equipos más ordenados y competitivos de Sudamérica. Ecuador es la selección que menos goles recibió en las últimas Eliminatorias (5 en 18 fechas), la que menos partidos perdió (2 de 18) y la que registra un récord histórico para el país con 18 invictos en la antesala del Mundial. “Llegamos con varios puntos a favor, sobre todo por nuestra presión alta, la concentración defensiva y la agresividad para recuperar rápido la pelota; eso nos va a ayudar para demostrar que podemos competir contra cualquier selección del mundo”, dice a El Equipo Moisés Ramírez, el tercer arquero de Ecuador.

“La principal fortaleza es que defendemos como equipo. Todos corren y todos ayudan”, explica el arquero del Kifisia de Grecia al analizar el presente del plantel valuado en 366 millones de euros. Ecuador construyó una estructura que compromete a cada uno de los futbolistas en la línea defensiva: Pacho, destacado por su capacidad de anticipación, corregir espacios y sostener duelos individuales contra los delanteros; Hincapié, distinguido por su agresividad para recuperar, su salida limpia y su mirada defensiva muchos metros hacia adelante; Pervis Estupiñán (Milan de Italia), defensor con vocación ofensiva, intensidad en la presión y despliegue físico; Joel Ordóñez (Club Brujas de Bélgica) combina una gran lectura de juego, fuerza física y capacidad de anticipación; Félix Torres, (Internacional de Brasil), muy efectivo en los despejes dentro del área por su altura de 1,87 m que le permite realizar un alto número recuperaciones por partido; Jackson Porozo (Tijuana de México) ofrece rapidez en los cruces para romper líneas con los mediocampistas; y Ángelo Preciado (Atlético Mineiro de Brasil) sobresale con su velocidad en los duelos individuales y presión alta para cortar avances rápidos.

El objetivo de Beccacece se ve reflejado en cada partido de Ecuador con una estrategia preparada para quitarle tiempo y espacio al rival en su propio campo y una línea defensiva ordenada. “El profe Beccacece nos transmite mucha intensidad y confianza. Es un técnico muy cercano y muy detallista. Quiere un equipo agresivo, dinámico y protagonista siempre”, cuenta el arquero Ramírez. “Hoy Ecuador tiene una identidad más clara. Esta generación tiene mucha personalidad, jugadores jóvenes con experiencia internacional y mucha hambre de hacer historia”, agrega.

Ecuador ya no llega a la Copa del Mundo solo para competir. Llega convencido de que puede incomodar y hacerle un buen partido a cualquiera. La Tri conserva su característica potencia física y le agregó una estructura táctica que la convierte en un equipo más confiable. Y en un Mundial donde los detalles defensivos suelen definir un partido, Ecuador parece haber encontrado el equilibrio perfecto entre juventud, intensidad y orden. Mientras otras selecciones sudamericanas todavía dependen de individualidades, Ecuador construyó algo más difícil y mucho más peligroso: una identidad futbolística.

Carta abierta a Diego Armando Maradona

Por Matías Huentelaf

El partido está chivo, Pelusa: tiranos un centro.

Diego, acá estamos, gambeteando la realidad en este suelo que te extraña. Desde tu paso a la eternidad, el país se transformó en un cambalache de los que duelen: Los jubilados siguen marchando los miércoles porque ya no les alcanza, pero acá nos plantamos, Diego, porque “hay que ser muy cagón para no defender a los jubilados”.

La educación pública se desmorona a pedazos. Dos veces se votó una ley de financiamiento universitario y quedó ahí, mientras tanto, los docentes cobran miseria y se ven obligados a hacer malabares con otros laburos para que no falte un plato de comida en la mesa. En los márgenes, las villas siguen con la misma postergación de siempre, y los clubes de barrio agonizan, haciendo milagros para que los pibes sigan corriendo detrás de una pelota o refugiándose en el deporte.

El año pasado la UBA celebró un congreso en tu honor. Cientos de almas nos juntamos para mantener encendida tu llama, porque, tal como dice Valdano, sos el ausente más presente. El cierre fue pura emoción: apareció Dalma. Agradeció con el corazón en la mano, y las lágrimas de la gente caían con la misma fuerza que si te estuvieran abrazando a vos. Qué querés que te diga, Pelusa… te extrañan.

Por lo menos el fútbol nos dio un respiro. Argentina volvió a tocar el cielo en Qatar, bordándose otra estrella mundial, y nos regaló dos Copas América: una epopeya en el mismísimo Maracaná contra Brasil y otra en el país del norte, ese mismo suelo donde alguna vez te cortaron las piernas.

En el patio de tu casa, Román es el presidente de Boca; le ganó la pulseada a Macri en las urnas. Pero el traje de dirigente le pesa distinto: su gestión camina entre tormentas y, desde que asumió el sillón principal, el Xeneize no pudo gritar campeón. Aunque, a decir verdad, todo el fútbol argentino se volvió un bodrio indigerible. Con treinta equipos en Primera, el torneo es un desierto táctico, partidos aburridísimos donde ya nadie sabe bien a qué se juega. El año pasado, Di María pegó la vuelta a Rosario Central y —créase o no— le cocinaron un título de escritorio en las oficinas de la Liga Profesional; terminó festejando en una Traffic de regreso a Rosario. Una cosa increíble, Diego, de no creer, pero real.

Mientras tanto, el juicio por tu partida sigue siendo un manoseo infame. ¿Podés creer que las audiencias se suspendieron porque una productora pretendía filmar un documental? Otra vez la miseria humana intentando lucrar con tu sombra. Leopoldo Luque, Agustina Cosachov, Carlos Díaz, Ricardo Almirón, Mariano Perroni, Nancy Forlini y Pedro Di Spagna: esos son los nombres grabados en el banquillo de los acusados.

Mirá cómo vuela el tiempo, Pelusa… pensar que dentro de poco se cumplen cuarenta años de aquel partido eterno contra los ingleses, cuarenta años del día en que vengaste el orgullo de un pueblo con un puño rebelde y una corrida que todavía nos hace llorar. Dios sucio y pecador, el más humano de los dioses, como bien te definió Galeano. Hoy los argentinos extrañamos esa rebeldía tuya, ese pecho inflado plantándose de frente ante el poder. Hoy el panorama asusta: casi todos callan, nadie se anima a decir nada y parece que nos estamos olvidando de la lección más grande que nos dejaste, la de jamás agachar la cabeza frente a los poderosos. Ahora hacen lo que quieren con nosotros, Diego. Quieren convertir a nuestros clubes en empresas, quieren privatizar el último rincón de felicidad popular, nos quieren manchar la pelota… pero no van a poder.

Y como si fuera poco, Diego… Falleció el Indio. Se fue a hacer lo que quería. Se fue el último bastión del movimiento cultural más grande de la Argentina. Nos estamos quedando huérfanos, Pelusa, se fueron los únicos héroes en este lío. Pero nadie es capaz de matarte en mi alma, y menos a un pueblo que junto a ustedes fue feliz. 

El partido está chivo, Diego, tiranos un centro.

Marruecos y su modelo de desarrollo futbolístico 

Por Camila Fernández

El Mundial de Qatar 2022 marcó un antes y un después para Marruecos. Con una histórica clasificación a las semifinales, los Leones del Atlas se convirtieron en la primera selección africana en alcanzar esa instancia y captaron la atención de todo el mundo del fútbol. Sin embargo, aquel logro no fue una casualidad ni una sorpresa aislada, sino el resultado de un proyecto de desarrollo que lleva más de una década de trabajo. 

La transformación comenzó a tomar forma en 2009, cuando el rey Mohammed VI impulsó un ambicioso plan para convertir a Marruecos en una potencia futbolística. Una de las piezas centrales fue la creación de la Academia Mohamed VI, destinada a formar futbolistas preparados tanto técnica como tácticamente para competir al máximo nivel. A esto se sumó una fuerte inversión en infraestructura deportiva y una extensa red de captación de talentos en todo el país. Mientras muchas selecciones africanas apostaban por proyectos de corto plazo, Marruecos desarrolló un modelo sostenido en el tiempo. 

Con el lema “Primero formamos personas, luego futbolistas”, la Federación integra a expertos en psicología deportiva desde temprana edad para trabajar en resiliencia, gestión emocional y autoestima, preparando a los jugadores para competir al más alto nivel sin complejos 

La profesionalización de la estructura futbolística fue otro de los pilares del crecimiento marroquí. Bajo el liderazgo de Fouzi Lekjaa, presidente de la Federación y una de las figuras clave detrás de la transformación del fútbol en el país, se impulsó una profunda modernización de la gestión deportiva. Como él mismo explicó, “el desarrollo del fútbol necesita una supervisión profesional de entidad”. Con esa visión, la Federación realizó importantes esfuerzos para fortalecer la formación de entrenadores, dirigentes y especialistas, brindando oportunidades de capacitación a través de los cursos impulsados por la Dirección Técnica Nacional tanto en el ámbito aficionado como en el profesional.

El punto de explosión llegó en Qatar 2022. Tras empatar con Croacia en el debut, Marruecos sorprendió al mundo al vencer 2-0 a Bélgica y 2-1 a Canadá para finalizar primero en un grupo que compartía con dos potencias europeas. En octavos de final eliminó a España por penales después de un empate sin goles y, en cuartos, derrotó 1-0 a Portugal gracias a un cabezazo de Youssef En-Nesyri. De esa manera se convirtió en la primera selección africana en alcanzar unas semifinales mundialistas. 

Aunque luego cayó ante Francia y finalizó cuarta tras perder el partido por el tercer puesto frente a Croacia, la campaña quedó grabada en la historia. Marruecos había demostrado que podía competir de igual a igual con algunas de las mejores selecciones del mundo. 

Lejos de tratarse de un éxito aislado, el crecimiento continuó en los años siguientes. En 2023 alcanzó los cuartos de final del Mundial Sub-17 y conquistó la Copa Africana de Naciones Sub-23. En 2024 obtuvo la medalla de bronce en el torneo olímpico masculino de fútbol y la selección femenina alcanzó los octavos de final del Mundial en su primera participación. En 2025, además, se consagró campeona africana Sub-17 y fue subcampeona continental Sub-20. 

Todos estos resultados confirmaron que el proyecto impulsado años atrás estaba funcionando. De cara al Mundial 2026, la ilusión es cada vez mayor. La selección se ha consolidado como una de las más fuertes de África y llegó a registrar una racha de 19 victorias consecutivas en partidos internacionales, una marca que refleja la regularidad alcanzada por el equipo en los últimos años. 

El Mundial 2026 aparece como la gran prueba para esta generación. Marruecos llega con una estructura consolidada, futbolistas que compiten en la élite europea y un proyecto respaldado por más de una década de planificación. Sin embargo, la ambición no termina allí. 

La mirada también está puesta en el Mundial 2030, que organizará junto a España y Portugal. Como parte de esa preparación, el país continúa desarrollando infraestructura de primer nivel y proyecta convertirse en una referencia futbolística dentro y fuera del continente africano.

Después de más de una década de trabajo, Marruecos dejó de ser una sorpresa para transformarse en una realidad. Qatar 2022 fue la confirmación de que podía desafiar a las grandes potencias. El Mundial 2026 será la oportunidad de demostrar que está preparado para competir entre ellas de manera permanente. 

Defender la Copa: los ciclos de 1982, 1986 y 2026

Por Felipe Maladesky

La Selección Argentina fue campeona en tres de las veintidós Copas del Mundo que se disputaron a lo largo de la historia. El Mundial de 2026 será la tercera ocasión en la que defenderá el título, en las anteriores dos se repitieron los entrenadores, Cesar Luis Menotti en 1982 y Carlos Salvador Bilardo en 1990. En este que está por comenzar. Lionel Scaloni volverá a estar al mando del equipo, con una base casi idéntica de aquellos jugadores que triunfaron en el Lusail, pero, ¿siempre fue así?

Para el Mundial de España 1982, la Selección no tuvo que disputar las Eliminatorias Sudamericanas. Al ser la campeona defensora tras ganar la Copa del Mundo en 1978, el equipo dirigido por Menotti clasificó de manera directa, por lo cual no tuvo esa instancia de competencia en la que muchos jugadores se ganan un puesto y otros lo pierden. Lo cierto es que hubo apariciones estelares, tres chicos campeones juveniles en Japón 1979: Ramón Diaz, Juan Barbas y Diego Armando Maradona, nada más y nada menos, haciendo su estreno mundialista tras quedar fuera de la nómina cuatro años atrás. Sumado a otros más experimentados como Jorge Valdano, Gabriel Calderón, Nery Pumpido, Julio Olarticoechea, Patricio Hernández, Santiago Santamaría, José Van Tuyne y Enzo Trossero. 

También contó con bajas de peso, René Houseman y Oscar Alberto Ortiz, quienes habian sumado algunas titularidades en 1978, no fueron parte de la convocatoria por razones físicas y futbolísticas, Omar Larrosa,  Rúben Pagnanini, Rubén Galván, Daniel Killer, Miguel Oviedo, Ricardo Villa, Ricardo La Volpe,  y Norberto Alonso, también presentes en la Copa disputada en Argentina cuatro años antes, tampoco formaron parte de la lista.

Los que se mantuvieron fueron 11: Ubaldo Fillol, Hector Baley, Daniel Passarella, Alberto Tarantini, Luis Galván, Jorge Olguín, Osvaldo Ardiles, Américo Gallego, Mario Alberto Kempes, Daniel Bertoni y José Valencia, un número alto de nombres que reaparecían, sin embargo, el resultado no fue el mejor. Superó la primera fase tras vencer a Hungría y El Salvador, pero en la segunda instancia perdió con Italia y Brasil, lo que significó la eliminación.

En el Mundial siguiente, ya con Bilardo a cargo, Argentina fue campeona del Mundo, razón por la cual tanto el técnico como siete integrantes del plantel estuvieron también en Italia 1990.

Jugadores como Diego Maradona, Sergio Goycochea, Oscar Ruggeri, Jorge Burruchaga, Julio Olarticoechea, Sergio Batista y Ricardo Giusti se asentaron en el proceso. “Burru” contó en 2019 en una nota para La Nación que Bilardo repetía una frase constantemente: “Tenemos que defender el título, nos tenemos que matar”.

La mayoría de los campeones no repitieron la convocatoria, José Luis Brown, Daniel Pasarella, Luis Islas, José Cuciuffo, Héctor Enrique, Jorge Valdano, Pedro Pasculli, Ricardo Bochini, Sergio Almirón, Marcelo Trobbiani, Carlos Tapia, Claudio Borghi, Néstor Clausen, Héctor Zelada y Sergio Garré no estuvieron en la nómina.

Las caras nuevas le dieron frescura al equipo, Claudio Caniggia, Pedro Troglio, Néstor Lorenzo, Gustavo Dezotti, Abel Balbo, Roberto Sensini,  Pedro Monzón, José Serrizuela, Juan Simón, Edgardo Bauza, Gabriel Calderón y José Basualdo protagonizaron  una campaña que finalizó en subcampeonato luego de una polémica derrota ante Alemania por 1-0 con un gol de penal.

A diferencia de los procesos anteriores, la Argentina de Scaloni llega a la defensa del título en un contexto favorable: conquistó la Copa América 2024 y lideró con autoridad las Eliminatorias Sudamericanas rumbo a 2026.

Entre los cambios resaltan las desapariciones de Ángel Di Maria, retirado de la Selección en 2024, mismo caso para Franco Armani, Alejandro “Papu” Gómez, borrado después de Qatar, Paulo Dybala, afectado por sus lesiones, Ángel Correa, hoy ya jugando en el fútbol de México, Guido Rodriguez, quien perdió terreno en la consideración del técnico y Germán Pezzela, hoy suplente en River tras superar una rotura de ligamentos.

Los que van en busca del bicampeonato serán: Emiliano Martinez, Gerónimo Rulli, Nahuel Molina, Gonzalo Montiel, Nicolás Otamendi, Cristian Romero, Lisandro Martinez, Nicolás Tagliafico, Leandro Paredes, Rodrigo de Paul, Alexis Mac Allister, Enzo Fernández, Exequiel Palacios, Thiago Almada, Lautaro Martínez, Julián Álvarez y Lionel Andrés Messi. 18  jugadores, con diferencia el número más alto de nombres que se mantienen, con el agregado que desde el 2022, la lista de convocados pasó de ser de 23 a 26 participantes.

Tres generaciones distintas, tres maneras de defender la gloria. Con más o menos cambios, todas debieron enfrentar el mismo desafío: sostenerse en la cima. Como resumió Lionel Scaloni en una conferencia de prensa previa al Mundial 2026: “no es normal haber conseguido todo esto que se consiguió”, una frase que refleja la dimensión de un proceso histórico que todavía no terminó y se encuentra ante una chance única.

Gustavo Alfaro: un entrenador sin límites

Por Celeste Benítez

“El escudo, que es lo que nos representa y nos define como equipo, está adelante y a la izquierda, donde está el corazón. El nombre de los jugadores está atrás y nunca van a estar por encima de un emblema”. Es el lema que Gustavo Alfaro lleva a todo equipo que entrena y que con el tiempo se volvió parte de su identidad; es un mantra que recita con convicción en cada declaración.

Alfaro es un hombre de metáforas y reflexiones, que en las entrevistas y conferencias de prensa le gusta citar a Borges, Menotti, Fangio, Bonavena, Fito Páez, Aristóteles, Einstein y Hemingway, entre otros. Es quien mantiene un perfil tranquilo dentro del campo de juego. “El mejor entrenador es aquel que encuentra la mejor estructura que contenga a los jugadores”, afirmó quien llevó a la Selección de Paraguay a un Mundial después de dieciséis años.

“Siento que mis raíces están en Rafaela. A veces el fútbol y la vida te empujan y te llevan a distintos lugares; el tema es que la esencia no te modifique”, expresó Lechuga, apodo que le puso su amigo de la infancia, Ricardo Borgoño, por los rulos que tenía de niño. Alfaro tuvo sus inicios en el deporte a los seis años, en el baby fútbol de Atlético de Rafaela. Allí se desempeñó como mediocampista, jugó 126 partidos y anotó seis goles. En 1992 llegó su momento de colgar los botines y agarró el silbato para dirigir a la Crema, el club que lo vio crecer.

Lechuga se considera un hombre tranquilo, memorioso y respetuoso, al que no le gustan los rótulos; por eso no está de acuerdo cuando en la jerga futbolera dicen que sus equipos son defensivos. Para él, la recuperación de la pelota es el primer gesto de solidaridad que hay en un equipo e intenta transmitir esa idea a sus jugadores.

Rafaela fue su primer paso como director técnico y luego dirigió a Quilmes, Belgrano, Olimpo, San Lorenzo, Arsenal de Sarandí, Rosario Central, Tigre, Gimnasia y Esgrima La Plata, Huracán y Boca. Su mayor logro en el ámbito nacional fue el ascenso del Aurinegro a la Primera División en 2002, tras ganar el campeonato de la Primera Nacional en 2001. Un suceso que Alfaro volvió a repetir, pero con el Cervecero, a quien clasificó a la Copa Sudamericana en 2004 y, un año después, a la Copa Libertadores. Esto marcó un punto de inflexión en su carrera como director técnico, que lo llevó a consagrarse campeón de la Primera División, la Supercopa y la Copa Argentina con el Viaducto. Aunque el premio mayor llegó con la obtención de la Sudamericana con el Arse en 2007.

Después de haber alcanzado tales logros, el rafaelino fue al fútbol internacional y estuvo al mando del Al Ahli de Arabia Saudita, por el breve lapso de un año, para luego pasar de los clubes a las selecciones nacionales. El primer seleccionado que tuvo bajo su mando fue el ecuatoriano, a quien llevó al Mundial de Qatar en 2022, pero no pudo avanzar de fase de grupos; lo mismo que le pasó dos años después con Costa Rica en la Copa América. Sin embargo, esto no lo detuvo y en 2024 se puso al mando de la Albirroja y la clasificó al Mundial de Estados Unidos 2026.

“Dirigir un Mundial es maravilloso, hay que trabajar mucho y dura poco. Ahí están los mejores y son las pruebas que te dan para ver dónde estás parado”, manifestó Alfaro de cara al torneo internacional de fútbol.

El hincha de Racing, más de una vez, dijo que el fútbol es esencialmente pasional y que él separa la pasión del trabajo, por lo que no suele gritar los goles. Aunque con Paraguay le pasó algo particular: le rompió el caparazón que decía tener y que no le permitía sentir lo mismo que los jugadores, la gente y un país que hoy se agita a través de una Selección nacional.

Con 63 años, el argentino disputará su segundo Mundial como director técnico. Su trayectoria de más de 30 años en el banco de suplentes lo llevó a dirigir a la Albirroja en su retorno a la Copa del Mundo, en la que deberá jugar contra Estados Unidos, Turquía y Australia.

Haití vuelve al Mundial: fútbol, esperanza y resistencia en medio de la crisis

Selección de Haití
Selección de Haití

Por Morena Sola Souto, Matías Ortiz, Nicolás Francolino, Leonel Librandi y Tomás Roselli

La selección haitiana se clasificó a la máxima cita mundialista por segunda vez en su historia, 52 años después de su única participación anterior, en Alemania 1974. En un país marcado por las crisis políticas y la ausencia de instituciones democráticas sólidas desde hace décadas, el fútbol se convirtió en un espacio de unión y encuentro para sus habitantes, ofreciéndoles un respiro frente a una realidad cotidiana atravesada por las dificultades.

El contexto social que atraviesa Haití le da aún más valor a la hazaña conseguida por el equipo dirigido por el francés Sébastien Migné, que se clasificó como líder de su grupo tras perder apenas uno de los seis partidos disputados. La particularidad es que no jugó ni un solo encuentro de la clasificación en territorio haitiano debido a la constante inseguridad que afecta al país y que impide la realización de eventos deportivos internacionales.

Desde 2021, Haití atraviesa una profunda crisis institucional tras el asesinato del presidente Jovenel Moïse. Desde entonces, grupos armados han incrementado su control sobre amplias zonas de la capital, Puerto Príncipe. Incluso el Stade Sylvio Cator, principal estadio del país, permanece inutilizado para la actividad futbolística, mientras que la liga local ha sufrido reiteradas interrupciones en los últimos años.

En este contexto, Migné ni siquiera ha podido visitar Haití desde que asumió el cargo en 2024. El seguimiento de sus futbolistas lo realiza desde Francia mediante videollamadas y herramientas digitales. Las convocatorias suelen definirse pocos días antes de cada fecha FIFA y los encuentros como local se disputan en Curazao y, en algunas ocasiones, en Aruba, países que ceden sus instalaciones para que la selección pueda ejercer una localía relativamente cercana.

Una de las claves del exitoso ciclo del entrenador ha sido el trabajo de scouting realizado en Europa y la incorporación de futbolistas con ascendencia haitiana nacidos en el exterior. Entre ellos se destaca el mediocampista Jean-Ricner Bellegarde, jugador del Wolverhampton inglés. Nacido en Francia e hijo de padres haitianos, disputó 25 partidos en la última temporada de la Premier League y debutó con la selección haitiana en 2025.

Otro caso es el del delantero Wilson Isidor, del Sunderland, una de las incorporaciones más importantes de cara al Mundial. A ellos se suman referentes históricos del plantel como Duckens Nazon, máximo goleador de la historia de la selección con 44 tantos, y el arquero Johny Placide, capitán del equipo, que afrontará el torneo con 38 años.

A los “Granaderos” les espera una zona exigente. La pentacampeona Brasil, la emergente Marruecos y la siempre competitiva Escocia integran el Grupo C del Mundial de Norteamérica. Haití disputará todos sus partidos de la primera fase en Estados Unidos. Debutará el 13 de junio frente a Escocia en Boston, luego se medirá con Brasil el 19 en Philadelphia y cerrará su participación en la fase de grupos el 24 en Atlanta ante Marruecos.

El único aspecto negativo dentro del clima mundialista está relacionado con una medida adoptada por el gobierno estadounidense que afecta a los ciudadanos haitianos. Las restricciones migratorias vigentes complican la posibilidad de que muchos simpatizantes puedan viajar para acompañar al equipo durante la competencia, limitando la presencia de hinchas en las tribunas.

Sin embargo, ni la dificultad de los rivales ni las complicaciones para contar con el apoyo masivo de sus seguidores logran apagar la ilusión. Para el pueblo haitiano, volver a disputar un Mundial representa mucho más que una participación deportiva: es una oportunidad para celebrar, aunque sea por unas semanas, una historia de esfuerzo, resistencia y esperanza en medio de la adversidad.