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Agustín Minnicelli, del golpe a la oportunidad: “La Copa Potrero fue un arma de doble filo”

Por Gonzalo Dipiazza

Agustín Minnicelli, nacido en el año 2000 y oriundo de Villa Lugano, provincia de Buenos Aires, es actual jugador del Club Atlético Brown de Adrogué, de la Primera B Metropolitana del fútbol argentino y, con tan corta carrera, tuvo experiencias internacionales en dos clubes sudamericanos, un logro personal en uno de esos equipos del exterior y una enseñanza luego de su etapa en el Club Comunicaciones.

Desde pequeño, Agustín sintió una conexión con el fútbol. A sus 4 años, como muchos niños a esa edad, comenzó su interés por la pelota; le gustaba hacer pases en la vereda o en cualquier rincón donde hubiese una pelota. Con el transcurso de los años, comenzó a juntarse en el barrio con sus amigos: “Recuerdo que para entretenernos hacíamos el ‘25’, o también jugábamos a las escondidas. Esa motivación me llevó a anotarme en baby fútbol, donde empecé mi recorrido como mediocampista”.

“En 2010 me probé en el Club Atlético Boca Juniors, cancha de once; fue un salto enorme”. La adaptación fue un desafío para él, pero no bajó los brazos y mantuvo constancia y disciplina. Disputó torneos regionales en algunas ocasiones y el campeonato de aquellas temporadas. Tras dos años, decidió cambiar de aires y se probó en Argentinos Juniors, club que, al igual que en el “Xeneize”, le brindó apoyo, enseñanzas y afecto por parte de entrenadores y cuerpo técnico. En el “Bicho” fue donde descubrió que su lugar en la cancha era defensor.

Seis años más tarde, quedó seleccionado en la reserva de Huracán tras superar una prueba. Su crecimiento fue constante, por lo que tenía fe en formar parte del primer equipo. Sin embargo, la pandemia de COVID-19 en 2020 pausó sus aspiraciones, una pandemia mundial que frenó las actividades en todo el mundo: “A pesar del encierro, no dejé de entrenar por mi propia cuenta para no perder ritmo”, demostrando una vez más su compromiso con el deporte.

La vuelta a las canchas fue a inicios de 2021, un año que lo dejó marcado. La constancia y la resistencia tuvieron recompensa: en junio le llegó la oferta del Club Alianza Universidad de Huánuco, de la Liga 1, Primera División de Perú. La propuesta fue un préstamo por seis meses, hasta fin de año. Allí cobró su primer sueldo como jugador profesional y se vio convencido de su traspaso al equipo peruano para sumar minutos y una nueva experiencia.
El 4 de agosto de aquel año llegó el día que tanto había soñado: fue su debut absoluto en Primera División. La sensación esa semana fue de nerviosismo y entusiasmo al mismo tiempo. Primero la convocatoria repentina y luego saber que iba a sumar sus primeros minutos y, encima, como titular: “Estoy agradecido por la chance que me dieron, fue un momento inolvidable”. Llegó a disputar cinco encuentros, pero rescató que cada uno de ellos le sirvió para ser quien es hoy.

Los primeros dos meses en Perú fueron duros: llegó solo al país y con la estadía se encontró con una soledad que no había sentido: “Soy muy familiero y, por ello, dos meses más tarde mi hermano mayor viajó a apoyarme y sentí alivio”. Más allá de hacer el viaje por cuenta propia, le sirvió de experiencia y le otorgó aprendizajes de vida.

Tras un breve paso por Sacachispas, le surgió la propuesta de emigrar a Venezuela, al Rayo Zuliano de la Liga FUTVE, club que mostró interés por sus servicios. Así que aceptó este nuevo desafío y encaminó viaje a Maracaibo para vestir los colores azul y amarillo. Su adaptación fue más sencilla, tras haber tenido la experiencia en otro club del exterior. En esta ocasión, pudo viajar con su familia, su novia e hijo de cinco meses. “Lo más lindo de Venezuela fue que pude hacer pasar a mi familia al estadio, y que mi nene, de cinco meses, me viera jugar por primera vez. Eso me lo guardo para siempre”.

Con el gran esfuerzo de la temporada, consiguió su primer gran hito: la clasificación a la Copa Sudamericana 2024. “Para mí significó mucho, porque fue la primera vez que pude hacerles regalos a mis padres, a mi hermano, y pude ayudar económicamente a quienes me apoyaron desde el inicio”.

Una vez más en Argentina, llegó con su pase libre al Club Comunicaciones de la Primera B Metropolitana, con el cual firmó contrato por doce meses: “El objetivo era claro, pelear el ascenso. Estaba ilusionado, aunque la realidad es que jugué poco, apenas dos partidos y un gol”.

En noviembre de 2024 tomó una decisión que marcó un punto de quiebre. Participó en un torneo amateur organizado por el exjugador Sergio “Kun” Agüero, la “Copa Potrero 2024”. Una competencia de fútbol 7 que reunió a equipos de barrio formados por exjugadores profesionales, futbolistas en actividad e influencers, que combinó el fútbol amateur con una organización profesional y premios significativos. Tuvo cobertura periodística por parte de ESPN y Disney+, lo que generó mayor visibilidad. Formó parte del equipo “Picapiedras” y anotó un gol, lo que provocó un llamado de atención de los clubes. Cuando Comunicaciones se notificó de que estaba compitiendo, se comunicaron con él y fue apartado. Le informaron que iban a rescindir su contrato por violación de disciplina: “La Copa Potrero fue un arma de doble filo. Me encantó jugarla porque me devolvió las ganas de competir, pero también me costó el contrato en Comunicaciones. No pedí permiso, fue poco profesional, y sufrí las consecuencias. Ese error me dolió, porque tenía la renovación casi acordada. Pero al mismo tiempo me sirvió para no frenar hasta conseguir un nuevo club”.

En 2025 recibió la oferta de Brown de Adrogué, donde juega actualmente, y fue uno de los doce refuerzos que tuvo el club tras su descenso en 2024, proveniente de la Primera Nacional. “Llegué a Brown para aportar al equipo y seguir creciendo como futbolista”. Las aspiraciones que tienen son ascender de categoría lo más rápido posible y pelear el campeonato de punta a punta. Él se tomó con compromiso y disciplina su llegada y demuestra por qué está donde está, yendo todos los días al gimnasio, cuidándose con la alimentación y trabajando día a día, ya que sabe que el puesto uno lo pelea semana a semana; hay mucha competencia entre los defensores: “Por suerte, suelo ser titular. Pero sé que no tengo el lugar asegurado”.

Fuera de las canchas, Agustín tiene una vida equilibrada. Le gusta ir al gimnasio, disfrutar tiempo con su familia, salir al cine o pasar una tarde en la plaza. La familia es un pilar fundamental para él, tanto en lo emocional como en su carrera deportiva. Siempre valora cada compañía y esfuerzo que tuvieron sus padres con él y ahora cuida de su novia e hijo. Dio un valioso mensaje para los jóvenes que, como él alguna vez, sueñan con vivir del fútbol. Lo dice con la tranquilidad de quien recorrió un camino con experiencias fuera del país y en el ascenso y con la pasión de quien aún lo transita: “Hay que estar firmes, si sabés lo que querés, vas a lograrlo”.

Un deportista sólido mentalmente, que nunca se rindió, que siempre lo soñó de esta manera, alcanzó lo que más quería en la vida: ser futbolista profesional. “No siempre vas a gustar, no siempre te van a dar la oportunidad, pero esto es un camino de resistencia. Lo más importante es rodearse de buena gente, tener a la familia cerca. Y, sobre todo, seguir creyendo en uno mismo”.

¡Lobo está! Gimnasia de Mendoza es de Primera

Por Santiago Peñoñori

El estadio Ciudad de Vicente López fue el anfitrión de una fiesta federal. A las 17 del 11 de octubre de 2025 comenzó a rodar la pelota y las más de 20.000 almas que concurrieron a la definición empezaron a jugar su partido. Por un lado, los hinchas de Deportivo Madryn que recorrieron 1.300 km para llegar y que, en muchos casos, encontraron la excusa perfecta para verse con sus familiares chubutenses que viven en la Capital; por el otro, los seguidores de Gimnasia de Mendoza que viajaron unos kilómetros menos, pero igual superaron el millar, con la convicción de que se llevarían el triunfo. “Esta no se nos va a  escapar”, decían en la previa. Más de uno se emocionó pidiéndole a San Víctor que les regale la victoria. Un santo pagano que, por lo que cuentan, con la pelota hacía maravillas y que fue tan grande para el Lobo Mendocino que el estadio lleva su nombre, el Víctor Antonio Legrotaglie.

El inicio fue parejo y el estilo de cada uno de los equipos era claro: el Lobo tenía mayor volumen de juego gracias a Nicolás Romano, Facundo Lencioni y algunas intervenciones de Nicolás Servetto, mientras que los dirigidos por Leandro Tano Gracián confiaban en la capacidad de lucha de sus centrodelanteros Germán Rivero y Luis Silba, y en los enérgicos volantes que estaban dispuestos a pescar toda segunda pelota cercana al área rival. Entre ellos estaba Nazareno Solís, figura de los patagónicos, que enfrentaba a su exequipo con el que había perdido una definición por el ascenso hace menos de un año contra San Martín de San Juan. La pierna fuerte fue moneda corriente durante el primer tiempo, aunque el VAR no tuvo que actuar precisamente por ello. Nicolás Ramírez, el árbitro designado para dirigir el encuentro, tuvo que recurrir a la videoasistencia para anular dos goles de los dirigidos por Ariel Broggi. Uno por mano de Matías Muñoz luego de un córner y otro por un control de Nicolás Servetto con el brazo en la jugada previa a una brillante definición de Romano. 612 partidos sin VAR y uno con él. La medida es extraña ya que, por ejemplo, los jugadores acostumbran durante todo el torneo a convertir el área en un ring de lucha libre.

El segundo tiempo comenzó con Deportivo Madryn como principal protagonista ganando metros en la cancha y acechando al Lobo, que dependía de alguna corrida aislada de sus delanteros. El premio para el Aurinegro llegó a los 32 minutos después de un centro magistral de Solís que encontró la cabeza de Luis Silba y el 1 a 0 con Ley del Ex incluida. “Silba no venía metiendo una. Es toda del técnico esta”, comentaban en la tribuna, mientras se frotaban las manos pensando en el festejo que se vendría. Lo que siguió fueron minutos en los que los dirigidos por Gracián manejaron la diferencia como si jugaran esta clase de partidos todos los fines de semana, pero Lencioni tenía guardado algo. Un jugador que levantó mucho su nivel en el segundo tiempo y que cuando la pelota era una bola de fuego decidió hacerse cargo de ella junto a Luciano Cingolani que ingresó desde el banco. En el ocaso del partido, a los 46 minutos, el número 11 aprovechó el hueco que quedó entre volantes y defensores del Aurinegro, recibió al borde del área y remató al arco, con la fortuna de que lo que obstaculizó su remate fue un brazo de Alejandro Gutiérrez, defensor de Deportivo Madryn que estaba dentro del área. Ramírez cobró penal y por un momento la tribuna Roberto Goyeneche enmudeció. La ejecución de Lencioni fue desfachatada: cruzó el remate de zurda arriba y como si nada estuviera en juego salió corriendo a festejarlo entre risas. El partido se iba a suplementario.

El tiempo extra comenzó con un gol anulado por fuera de juego al Depo a los 20 segundos y continuó con el Pituco buscando el gol por todas las vías posibles. Las piernas ya pesaban demasiado y todo lo que sucediera luego de los 90 minutos iba a ser heroico. Por si fuera poco, se hizo presente un nuevo actor en Vicente López: la lluvia. Nadie la llamó pero fue especial para cargar de emotividad el momento. La prórroga terminó empatada y todo se decidiría desde los 12 pasos.

En los penales, el experimentado arquero de 38 años Cesar Rigamonti fue figura al atajar los dos primeros penales y ver cómo el tercero pegaba en el travesaño. Yair Bonín, por su parte, no pudo detener ninguno de los tres penales que patearon Cingolani, Lencioni y Federico Recalde. El Lobo se consagró campeón y volverá a jugar en Primera después de 41 años.

La emoción les hizo perder el juicio a todos los hinchas de Gimnasia de Mendoza que invadieron la cancha. El festejo fue un estallido de felicidad descontrolado. Algunos hinchas del cuadro mendocino festejaron la victoria de cara a los derrotados que, por suerte, no reaccionaron. La gente estaba dispuesta a todo para quedarse con alguna prenda de los nuevos héroes de la historia del Lobo, que probablemente se enfrentarán a su clásico Independiente Rivadavia el año que viene. Los hinchas de Deportivo Madryn se retiraron sin consuelo, sabiendo que se les había escapado una chance única, aunque siguen en carrera porque tendrán revancha en el Reducido. La definición del primer ascenso no fue apta para cardíacos. El fútbol no sirve para nada. El fútbol es genial.

Russo, la despedida de un fútbol que no entiende de colores

Por Juana Lusin Santafé, Morena Politi y Lara Mileo

El silencio en la Bombonera no es habitual. Es un estadio hecho para gritar, para cantar, para desgarrarse las cuerdas vocales. Pero hoy, desde temprano, el murmullo, el llanto y la tristeza se volvieron protagonistas de la despedida de Miguel Ángel Russo, quien dijo adiós al mundo en su casa a los 69 años.

En el hall de entrada, el camino de coronas dejadas por los clubes abre paso al féretro, que está rodeado por sus familiares, camisetas, pelotas y un sinfín de flores. Nadie habla fuerte, solo se escuchan pasos sobre el suelo de aquel lugar donde tantos triunfos fueron festejados. Cada tanto, el sonido de la respiración entrecortada y algunos sollozos rompen la monotonía del silencio. 

A pocos metros del ingreso está María, hincha de Boca, con un ramo de flores amarillas. “No lo conocí en persona, pero crecí viéndolo en el banco. Era parte de nuestras alegrías”, dice y continúa en la fila que lleva al interior del estadio.

Los hinchas pasan despacio, algunos se persignan con la señal de la cruz, otros apoyan sus manos en su pecho y cierran los ojos, como pidiendo esa paz que transmite el lugar. Los que están acompañados se abrazan y continúan así hasta la salida, usando de sostén a su compañero.

La calle Brandsen está llena de hinchas de diferentes clubes: de Rosario Central, Estudiantes de La Plata, Vélez y hasta algunos de Avellaneda, lugares donde Russo dejó su huella sin importar los colores. Por unas horas, el fútbol tuvo una sola camiseta. Entre todos entonan canciones de Boca, con esa pasión que caracteriza a la hinchada. “Muchas gracias Miguelo, muchas gracias Miguelo”, se escucha una y otra vez, como si el canto intentara devolverle una última ovación. 

Entre los hinchas también está Pablo, de Rosario Central, que viajó desde su ciudad para darle el último adiós al técnico, a quien tenía una sola cosa para decirle. “Gracias por enseñarnos que aunque el rival sea más grande siempre tenemos que luchar y no rendirnos ante el primer resultado porque siempre se puede salir adelante”, remarca.

Cuando cayó la tarde, con la brisa del viento y esa temperatura tibia que marca que la primavera ya empezó a hacerse sentir, una escena conmovió a los que aún estaban cerca del estadio: entre las vallas que rodean a la Bombonera, aparece un hombre, destrozado y con lágrimas en sus mejillas. Camina despacio, con la mano sobre el pecho, como si el corazón le latiera tan fuerte que amenazara con salirse del cuerpo.

Al final del pasillo de vallas, donde el murmullo de la gente vuelve a aparecer, un grupo de hinchas con camisetas de Estudiantes, Vélez y Boca lo recibe. Nadie dice nada, no hace falta. Lo rodean en silencio, mientras uno de ellos le da un abrazo largo y sincero, de esos que no necesitan explicación. 

Imágenes como esas marcaron el día: son una muestra más de lo que el fútbol puede generar más allá de los colores. Porque en ese abrazo, donde ya no importan los escudos ni las canciones, está el verdadero sentido de pertenencia que Miguel Ángel Russo había querido dejar como legado.

 

Manu Ginóbili: el sexto hombre que cambió el básquet para siempre

Por Ezequiel Argento y Pablo Maximiliano Zubiri

Emanuel “Manu” Ginóbili no solo fue un campeón dentro de la cancha: fue un revolucionario. El bahiense transformó la manera en que el básquet entiende el rol del “sexto hombre”, ese jugador que no comienza los partidos como titular, pero que cambia el ritmo, el espíritu y hasta el resultado del juego. Su paso por los San Antonio Spurs y la NBA marcó un antes y un después en la concepción del equipo moderno.

Cuando Gregg Popovich decidió que Manu saliera del banco, muchos pensaron que era un desperdicio. Pero el argentino convirtió ese papel en un arte. Su ingreso traía energía, creatividad y una lectura única del juego. En lugar de sentirse relegado, asumió el desafío con humildad y mentalidad ganadora. Desde ese rol, Ginóbili fue cuatro veces campeón de la NBA, elegido Mejor Sexto Hombre en 2008 y pieza clave de una dinastía que redefinió el juego colectivo.

MANU GINÓBILI ENTRÓ AL SALÓN DE LA FAMA DE LA NBASu impacto trascendió los números: inspiró a una generación entera a entender que el liderazgo no depende de los minutos iniciales, sino de la influencia real sobre el equipo. El “Manu modelo” mostró que se puede brillar sin ser el protagonista principal del show, que el talento se mide también en la entrega, la inteligencia y la generosidad. En el 2008 una temporada después de conseguir su tercer anillo gano el premio al mejor sexto hombre de la temporada y hoy en día muchos especialistas lo consideran el mejor suplente de la historia.

En la selección argentina, su juego competitivo llevó a la Generación Dorada a conquistar el oro olímpico en Atenas 2004 y a dejar una huella imborrable. En la NBA, su legado se refleja en jugadores que hoy asumen con orgullo el rol de sexto hombre, entendiendo que desde el banco también se puede cambiar el juego.

La muestra de grandeza de Ginóbili en Atenas 2004 | Basquet PlusManu Ginóbili no solo ganó títulos. Cambió una mentalidad. Su forma de jugar, arriesgar y reinventarse convirtió al básquet en un deporte más abierto, más creativo y más humano. El sexto hombre ya no es un suplente: desde Manu, es el motor invisible que puede transformar cualquier partido.

A 20 años del Mundial juvenil 2005: el primero de Messi, el quinto de Argentina

Por Ezequiel Campos

El Mundial Sub 20 de Holanda 2005 no fue un campeonato más. La Selección Argentina fue campeón ante Nigeria, con un plantel lleno de promesas que terminaron siendo leyendas, entre los que se destacaban Lionel Messi, Sergio Agüero y Pablo Zabaleta. 

El conjunto de Francisco Ferraro clasificó segundo en la Fase de Grupos luego de haber comenzado con una derrota 1-0 en el debut frente a Estados Unidos. La Albiceleste se repuso rápidamente y logró dos victorias consecutivas: 2-0 a Egipto con goles de Messi y Zabaleta y 1-0 a Alemania, con el tanto de Neri Cardozo, entonces mediocampista de Boca. 

En octavos de final, Argentina dejó en el camino a Colombia con goles de Cardozo y Julio Barroso, también del Xeneize. En cuartos le ganó 3 a 1 a España, que también contaba con futuras estrellas en sus filas: Raúl Albiol, Cesc Fábregas y Fernando Llorente. 

Si los clásicos suelen ser partidos aparte, la semifinal lo hizo aún más emocionante: la Selección derrotó a Brasil por 2 a 1, con un golazo tempranero de Lionel Messi y otro agónico de Pablo Zabaleta. De esa manera, el conjunto de Ferraro conseguía el pasaje a la final a cuatro años de haberse consagrado campeón del mundo en la cancha de Vélez.

El 2 de julio de 2005, Argentina se enfrentó a la selección nigeriana en la final. Luego de una patada temerosa de Dele Adeleye a Messi, el árbitro Terje Hauge cobró penal y el rosarino lo convirtió en gol al minuto 40 del primer tiempo; apuntó a la derecha del arquero Ambruse Vanzekin, que se tiró al otro lado. Después de una gran jugada colectiva del conjunto africano, Olubayo Adefemi le tiró un centro preciso a Chinedu Obasi, quien con un cabezazo convirtió el empate parcial.

En el complemento, Monday James bajó al Kun Agüero en el área y Messi firmó su doblete, otra vez desde los 12 pasos. Nuevamente, el arquero eligió el palo incorrecto, pero esta vez no hubo igualdad en el marcador y el actual capitán de la Selección se consagró campeón por primera vez representando a su país.

El partido concluyó y Argentina consiguió el quinto Mundial Sub 20 de su historia. El festejo del zurdo que marcaría la historia, por entonces con la “18” en su espalda, fue revoleando su camiseta como si fuera “La Sole” con el poncho. En ese momento, mientras Zabaleta levantaba el trofeo con la cinta de capitán, Messi exhibió una remera que decía “para Mari-Tomi-Bruno-Agus”, su hermana, su primo y sus sobrinos, respectivamente. Minutos después, el futuro “10” le dedicó el título al “10” del pasado: “Diego me pidió que le llevara la copa y acá está”. 

Nadie lo vio llegar a Manu Ginobili

El martes 29 de octubre de 2002, cerca de la medianoche argentina, Emanuel Ginóbili debutó en la NBA con la camiseta de los San Antonio Spurs. Su estreno fue nada menos que frente a Los Angeles Lakers, uno de los equipos más emblemáticos de la liga. Aquel partido marcó el inicio de una gran carrera que incluyó cuatro anillos de campeón, un rol decisivo en una de las franquicias más importantes y un legado que trascendió al deporte argentino.

Sin embargo, lo más llamativo fue cómo la prensa argentina vivió ese estreno. Mientras que Ginóbili comenzaba a escribir su historia en los Estados Unidos, en el país la noticia no ocupó los lugares centrales de los diarios ni fue tratada como un acontecimiento de alto impacto. La manera en la que los medios abordaron el debut reflejó no solo el lugar secundario que tenía el básquet en la agenda deportiva, sino también el contexto social y político de la Argentina de aquel 2002.

El debut de Ginóbili en la NBA no fue un suceso que pasó completamente desapercibido,
pero la cobertura reflejó un país en plena ebullición. Mientras el básquet llegaba a su punto de inflexión con la generación dorada, la agenda mediática estaba dominada por la crisis política y social.

El caso más curioso fue el del diario La Prensa, un medio que tradicionalmente no se
destaca por sus secciones deportivas, ni mucho menos por el seguimiento del básquet. Sin
embargo, fue el único periódico que mencionó el debut de Ginóbili antes de que pasara. El mismo 29 de octubre, en la sección Deportes, se adelantaba con una nota de que el bahiense iba a tener los primeros minutos en la NBA con los Spurs frente a los Lakers.

A 16 años del debut de Manu :: Olé - ole.com.ar

El anticipo, breve y sin estridencias, apareció casi como una rareza dentro de la línea
editorial de un diario que no suele hacer foco en el deporte como otros medios más
masivos. Esa nota, perdida entre otras informaciones, quedó como una pequeña pieza de
archivo que demuestra que alguien reparó en lo que estaba a punto de suceder, aunque
difícilmente con la dimensión que cobraría después.

El 30 de octubre de 2002, al día siguiente del partido, ni La Prensa ni Clarín mencionaron el debut de bahiense en las tapas o secciones deportivas. Ambos diarios abrieron con la interna del PJ entre duhaldistas y menemistas, y con la erupción del Etna. Clarín además destacó el secuestro del padre del actor Pablo Echarri. La política, la inseguridad y un fenómeno natural de gran magnitud coparon la escena de estos dos diarios. El estreno de Ginóbili, aunque histórico en retrospectiva, no llegó a la primera plana.

En contraste, Olé, el unico diario deportivo de la época, ofreció una cobertura al
día siguiente. Por el horario del partido, la noticia no llegó a la tapa, pero el 30 de octubre le dedicó una doble página bajo el título “Un pibe modelo”. Allí lo mostró frente a los Lakers y resaltó la humildad con frases en las que Manu admitía que no creía lo que vivía, que no siempre iba a robarle la pelota a Kobe y que solo aprobó el debut. El tono fue entusiasta y marcó que el estreno había sido positivo, aunque sin darle la dimensión que luego tendría.

Además, las páginas incluyeron jugada por jugada, estadísticas, declaraciones y hasta
comparaciones con Toni Kukoc como espejo para el futuro. Fue un enfoque minucioso,
propio de un medio que sigue lo deportivo con detalle, pero sin elevar el hecho a la
categoría de histórico.

Manu Ginóbili cumple 1000 partidos en la NBA: ¿cómo fue su debut hace 12 años? - LA NACION

Recién el 31 de octubre, dos días después del estreno, llegaron las menciones más visibles
en los grandes diarios de tirada nacional. En Clarín, el bahiense figuró en la portada general en un pequeño recuadro y encabezó la sección deportiva con un contundente “Ginóbili en la NBA Made in Argentina”. La Nación siguió un esquema similar, no lo incluyó en la tapa principal, aunque sí lo colocó como figura central en la sección Deportes, donde fue la tapa del suplemento con el título “En lo más alto”.

En esas ediciones, Clarín presentó una cobertura amplia con una crónica central titulada
Manu caliente”, acompañada de estadísticas, testimonios y repercusiones internacionales,
además de recuadros sobre otros argentinos en acción y elogios de colegas europeos como
Pau Gasol. Por su parte, La Nación cubrió el estreno con “A mano con los grandes”, una
entrevista a él; un seguimiento minuto a minuto de su partido; y notas complementarias
como “Un ladrón suelto en la fiesta de los Lakers” y “Lluvia de elogios por el mundo”, donde se destacó el impacto inmediato de su estilo y la atención que despertó en medios
internacionales.

El mismo 31 de octubre, Página/12 y La Prensa no lo pusieron como tapa, pero sí hablaron de él en sus secciones de deportes. En Página/12 tuvo una página completa donde sedestacó el debut con una crónica titulada: “Emanuel Ginóbili la rompió con los Spurs en su debut en la NBA”; luego una nota de opinión de Ariel Greco; y por último una nota sobre las declaraciones post partido. En cambio, La Prensa que le había dedicado una nota previo aldebut, le dedicó solo media página, ubicada debajo de una nota sobre tenis.

La mirada de las ediciones de esos días deja una conclusión evidente: ninguno de los
grandes diarios -Clarín, La Nación, La Prensa y Página/12- le otorgó al debut la relevancia de una primera plana, porque la agenda estaba dominada por temas políticos y sociales. Todos reaccionaron luego, algunos con mayor despliegue que otros, pero siempre después de consumado el hecho. Olé fue el único en cubrirlo al día siguiente, aunque sin poder destacar en su tapa. Paradójicamente, La Prensa fue el único que se adelantó, pese a ser el menos identificado con la cobertura deportiva.

Manu Ginóbili, el jugador que le enseñó a callarse a Gregg Popovich | Basquet Plus

Ese panorama de la prensa argentina en octubre de 2002 refleja no sólo cómo era la época,sino también una paradoja, ya que el debut de quien luego sería uno de los deportistas más importantes de la historia argentina pasó casi desapercibido, como una noticia más. No hubo grandes despliegues previos ni expectativas mediáticas, aunque sí se destacó que su actuación había sido buena. El eco llegó tiempo después, de manera comprensible.

Revisar esas páginas va más allá de un simple ejercicio deportivo o un repaso de archivo.
Es entender cómo la historia se escribe sin que nos demos cuenta, cómo incluso los hechos
que parecen rutinarios pueden convertirse en algo más grande con el tiempo. Nadie imaginaba que el pibe de Bahía Blanca, que entró tímidamente a la cancha frente a los Lakers, iba a transformarse en una leyenda mundial. La discreción de las crónicas y el tímido anticipo en un diario poco acostumbrado al deporte reflejan de manera paradójica lo inesperado de todo lo que vendría después.

Porque lo cierto es que Ginóbili no solo debutó en la NBA, sino que aquel 29 de octubre de
2002 comenzó a escribir una de las historias más extraordinarias del deporte argentino.
Una historia que cambió la forma de ver el básquet en el país, y que convirtió en
documentos históricos estos recortes de diarios que entonces parecían notas pasajeras.
Hoy con la perspectiva del tiempo, se puede ver cómo el futuro irrumpió sin que casi nadie
lo advirtiera.

La zurda de Mario Zanabria dejó mudo al Gigante

Por Marcos Giglio

Rosario en los años setenta era una ciudad obrera y portuaria, atravesada por el movimiento constante del puerto, las fábricas metalúrgicas y los talleres ferroviarios. No solo era un centro económico, sino que también se caracterizaba por lo político y social. Apenas unos años antes había sido escenario del Rosariazo, con estudiantes y trabajadores desafiando a la dictadura de Juan Carlos Onganía, y en 1974 todavía se respiraba militancia juvenil y sindical en cada rincón de la ciudad.

Mientras tanto, el país se sacudía por la salud de Perón que culminaría en su fallecimiento apenas un mes después de aquel importante clásico, y con la asunción de Isabel Martínez de Perón en medio de una debilidad institucional. La violencia política crecía: de un lado Montoneros y la Juventud Peronista, del otro la Triple A y la derecha peronista, consumiendo al país con miedo e incertidumbre. En ese contexto, el fútbol era mucho más que un deporte: funcionaba como un escape frente al caos, pero también como espejo de esa tensión, con tribunas politizadas, cantos que aludían a la realidad y una violencia que crecía al compás del país.

El torneo Metropolitano del 74 tuvo a los dos exponentes del fútbol de Rosario como punteros: Rosario Central en la zona A con 26 puntos, y Newell ‘s en la zona B con 21 unidades. Con Huracán y Boca como escoltas respectivamente, se terminaba de conformar el torneo reducido por el título, en el que jugarían todos contra todos: el que obtuviera más puntos, se coronaba como el campeón. Debido al próximo inicio del Mundial de Alemania, el certamen debió desarrollarse en tan solo siete días. Llegada la última fecha, la Lepra se posicionó primero tras ganarle a Boca y a Huracán, mientras que el Canalla pudo hacerse fuerte contra el Xeneize, pero no así con el Globo. Matemáticamente, el clásico rosarino definiría al campeón.

A pesar de que los partidos de este mini-torneo se disputaban en cancha neutral, la final fue en el estadio de Arroyito elegido por sorteo. El clima en la capital santafesina era peligroso, ya que al condimento político se le sumaba la pasión por la redonda y los colores. Central era dirigido por Carlos Timoteo Griguol, un técnico en ascenso por estilo de juego y los resultados que obtenía . Lo acompañaban en el plantel figuras como Carlos Aimar y un Mario Alberto Kempes con 19 años que ya demostraba talento.

No Diga Gol Diga KEMPES على X: "#RosarioCentral 🔵🟡 [1974] Parados: José Jorge González, Aurelio Pascuttini, Carlos Biasutto, Eduardo Solari, Miguel Ángel Cornero, Mario Killer. Hincados: Ramón Bóveda, Carlos Aimar, #MarioKempes, Aldo

Por el otro lado, la delantera conformada por Alfredo Obberti y Santiago Santamaría convirtió los goles necesarios para que el técnico Juan Carlos Montes y a los vestidos de rojo y negro lleguen a esta instancia final. La fiesta en el estadio parecía ser canalla: la condición de local les otorgaba cierta superioridad por sobre los fanáticos de la Lepra. De todas formas, los visitantes no iban a sentirse chicos. La expectativa era tal que la ciudad era una olla a presión, y el desarrollo del primer tiempo avivó las llamas de los locales. Rosario Central, obligado a ganar para ser campeón, salió a jugar con carácter, manteniendo la línea defensiva pero tratando de explotar cada contragolpe. Newell ‘s, por su parte, se mostró más cauteloso, en busca de soportar el resultado lo más posible ya que el empate les era suficiente para consagrarse.

1974: la estrella que le señaló el camino a Newells y que más lo enorgullece

Con Aimar como conductor y Kempes como amenaza permanente, las oportunidades de marcar aparecían poco a poco, mientras que el arco de Alberto Carrasco se defendía a pura reacción. La tensión del público era transmitida por los jugadores en cada choque y pelota dividida. Los de Griguol fueron arrinconando cada vez más hasta que, cuando parecía que la Lepra iba a irse al descanso con el arco en cero, el árbitro Dellacasa dictó penal para Central tras una llegada tarde de José Luis Pavoni. El juez indicó que se pateara desde los once pasos y listo, no había rebote ni segunda jugada. El defensor Gabriel Arias lo ejecutó con firmeza y seguridad, y sonó el silbato marcando el fin de la primera mitad. Entre risas, el defensor Pavoni era señalado por los compañeros como el único responsable de esta desventaja.

A pesar de tener el resultado en contra y que a su rival era un equipo difícil de entrarle, Newell ‘s salió al campo de juego convencido de que podía dar vuelta el marcador. El inicio de la segunda mitad trajo acciones equilibradas para ambos conjuntos pero, en un córner a los 24 minutos, llegó el cabezazo de Carlos Aimar tras una cortina que ampliaba la ventaja canalla por dos goles.

La situación comenzaba a complicarse, pero el descuento de Armando Capurro, también de cabeza, llegó al poco tiempo para calmar las aguas y evitar caídas anímicas del equipo rojinegro. Un rebote pescado por el defensor traía consigo esperanzas de nuevo para los fanáticos visitantes, tras un minuto de agonía y decepción porque el campeonato se escapaba cada vez más.

Las voces de los viejos muchachos de Newells en su hora más gloriosa

El clásico en ese momento se volvió una batalla, con cruces fuertes y agresivos, discusiones entre jugadores y con el árbitro, y un clima sumamente tenso en las tribunas. Central comenzó a cuidar el resultado cada vez más, retrocediendo a los jugadores lo más posible y cediendo la pelota al rival. 

Faltando diez minutos para el final del partido, la Academia rosarina había logrado defender los tres postes con éxito. Ya el dominio era de Newell’s que con tan solo un gol, obtendría el tan ansiado título. El reloj parecía detenido para los locales, que sólo querían escuchar el pitazo final. Las tácticas ya empezaban a basarse en centros constantes, despejados por las cabezas de los defensores o los puños del arquero.

Por lo menos la mitad del equipo azul y amarillo estaba dentro del área grande para acumular gente. Los laterales de Newell ‘s de repente eran carrileros, encargados de centrar, y los defensores centrales se convirtieron en delanteros en busca de ganar en la altura. Tras otro balón centrado sin éxito y el despeje lejos del arco local, apareció el 10; apareció Mario Zanabria. Con sólo nueve minutos por delante, el volante se encontró con la pelota fuera del área grande, a aproximadamente 18 metros de la portería rival, y desenvainó una zurda afilada que envió el esférico directamente al ángulo. 

Mario Zanabria recordó la icónica imagen del 74 - TyC Sports

El estadio explotó de voces de felicidad por parte de los leprosos, y de bronca desde los fanáticos del Canalla. Este empate tenía sabor a triunfo. Los festejos tuvieron que apaciguarse ya que había que terminar el partido, pero la impotencia de los espectadores de Rosario Central no pudo ser contenida. Dos minutos restaban para que Newell ‘s saliera campeón gracias a este resultado, cuando los simpatizantes vestidos de azul y amarillo ingresaron a la cancha, evitando que finalice el encuentro y entorpeciendo la vuelta olímpica rival; el árbitro Dellacasa decidió que no se juegue más. Zanabria y compañía fueron directamente al ahora llamado Coloso Marcelo Bielsa para seguir con los festejos. Finalmente, dos días después, la AFA dio el partido por terminado y la Lepra gritó campeón.

A 49 años del título de Newell's en Arroyito, Marito Zanabria recordó aquel día de "la zurda bendita" | Rosario3

El día que Maradona jugó para el Tottenham

Por Lautaro García Dietze

El jueves 1° de mayo de 1986, Diego Armando Maradona salió a la cancha vestido de blanco. Miraba al público de 30.000 personas que lo ovacionaba sin imaginar que, apenas 52 días después, luego de la hazaña más grande de su carrera, sería para ellos un recuerdo imposible de borrar.

Sí: aquel día Diego se vistió de blanco y llevó la 10 en la espalda. Pero no jugaba para el Sevilla —como lo haría años más tarde— ni era una versión alternativa del Napoli o de Boca. Ese día, el Pelusa se puso la camiseta del Tottenham Hotspur. Fue un amistoso ante el Inter de Milán que terminó 2 a 1 para los ingleses, con goles de Clive Allen y Mark Falco, mientras que Liam Brady descontó para los italianos.

El contexto: una despedida especial

El escenario fue el viejo White Hart Lane, demolido en 2017 para dar paso al nuevo estadio de los Spurs. El motivo: la despedida de Osvaldo “Ossie” Ardiles, campeón del mundo con Argentina en 1978 y figura indiscutida del club londinense, donde había hecho historia junto a Ricardo Villa. Aunque el cordobés no se retiraba todavía (lo haría recién en 1991, jugando para el Swindon Town), en Inglaterra era habitual homenajear con partidos de reconocimiento a los jugadores más queridos que se retiraban o estaban por hacerlo.

Ardiles, que estaba por cumplir 34 años y arrastraba una lesión, apenas pudo jugar unos minutos en su propio partido. “Vivía lesionado”, contaría décadas después. Al día siguiente se sometió a una operación de hernia que le permitió seguir jugando un par de años más en el club.

Es por lejos el mejor”: Osvaldo Ardiles no dudó en elegir entre Lionel Messi y Diego Maradona | Minuto Neuquen

 

El paso fugaz de Diego

Maradona se encontraba en plena gira de amistosos con la selección argentina dirigida por Carlos Salvador Bilardo —entonces muy cuestionada—, tras perder 1 a 0 ante Noruega. Entre viaje y viaje, hizo un espacio para acompañar a su amigo. Tres días después, con dos goles suyos, Argentina goleó 7 a 2 a Israel en Tel Aviv.

En Londres, Diego compartió mediocampo con Glenn Hoddle y Chris Waddle, a quienes enfrentaría semanas más tarde en los cuartos de final del Mundial de México 1986. Nunca he visto un futbolista mejor. Nunca. Fue, con diferencia, el mejor jugador con el que he jugado, recordó Waddle años después. “Se me acercó en el vestuario y me estrechó la mano. Gracias a la traducción de Ossie me dijo que era un muy buen jugador y que debería jugar en Italia. Pensé: ‘¡Guau! Maradona acaba de decir que soy un buen jugador’”.

Botines prestados

Un detalle curioso: Diego llegó sin botines y usó los del propio Clive Allen, el goleador del Tottenham. “Ossie preguntó quién tenía talla seis y media. Le dije que tenía un par viejo y otro nuevo, así que le dije a Diego que eligiera. Eligió los nuevos, y después me los firmó”, recordó el inglés.

Antes del partido, los dos argentinos encabezaron la salida del equipo. Posaron para la foto oficial y se tomaron un momento para una imagen juntos que hoy es histórica. Ardiles recordaría más tarde:Llegó un día, jugó, y se fue a la mañana siguiente. Y no me pidió ni una sola libra, aunque podría haberlo hecho. Todavía hay mucha gente del club que me recuerda el día que Maradona se puso la camiseta del Tottenham. Por eso digo que tengo una gran deuda de gratitud con Diego”.

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El recuerdo del equipo inglés

En 2021, al cumplirse 35 años del famoso partido ante Inglaterra, la cuenta oficial del Tottenham recordó aquella tarde y publicó la foto de Maradona junto a Ardiles. “La camiseta de los Spurs fue la última de clubes que vistió antes de convertir uno de los goles más maravillosos de la historia. A 35 años de ese día, lo recordamos con nuestros colores”, escribieron.

Poco antes de sufrirlo en México, los hinchas del club de Londres se dieron el lujo de disfrutar al mejor jugador del mundo con su camiseta puesta. Porque por un día, Diego Armando Maradona fue jugador del Tottenham

Adolfo Cambiaso y la Triple Corona: un nuevo récord histórico para el rey del polo

Por Candelaria Oxenford

La Natividad-La Dolfina se consagró campeón del 132° Abierto de Hurlingham al derrotar a UAE Polo por 12-9, en la cancha Lewis Lacey del Hurlingham Club. Este triunfo, además de marcar el inicio exitoso de la Triple Corona Argentina 2025, tuvo una relevancia especial para Adolfo Cambiaso, quien sumó dos nuevos logros personales que refuerzan su lugar como leyenda viva del polo.

Con esta consagración, Cambiaso alcanzó un hito histórico al lograr su 43° título en Abiertos de la Triple Corona: superó a figuras como Juan Carlos Harriott y Alberto Pedro Heguy, y se convirtió en el jugador con más victorias en esta competencia. Es su 16° triunfo en el abierto de Hurlingham, otro récord que rompe y con el que supera a Harriott, consolidando todavía más su legado en el mundo del polo.

La victoria, además, representa un capítulo muy personal para el crack de Cañuelas. A sus 50 años, Adolfito sigue siendo un referente y figura clave, demostrando que su pasión por el deporte y sus ansias de seguir ganando no conocen límites y lo mantienen en la cima, desafiando las expectativas de la edad. Aunque el retiro estuvo cerca en varias ocasiones, la posibilidad de jugar con su hijo, Poroto, y con sus sobrinos, Bartolomé y Camilo, fueron la motivación principal para seguir compitiendo en el más alto nivel. Cambiaso declaró en varias ocasiones que para él, el principal objetivo no era solo jugar con su familia, sino ganar. “Armamos un equipo, pero para ganar. A mí me gusta ganar”, remarcó.

Para él, esta victoria es un logro aún más significativo por la presencia de su familia en el campo y describió el momento como “la frutilla del postre” de su carrera. “Es algo único y se siente único. Y a este viejo lo tratan como a uno más”, comentó tras el triunfo. El deseo de seguir compitiendo y de representar a La Natividad-La Dolfina, una fusión nacida este año de dos grandes equipos, le dió un nuevo sentido a su carrera.

“Yo estoy disfrutando, a los 50 años, estar compitiendo y en el mejor equipo, es para mí un disfrute. Lo más lindo es tener la obligación de ganar”, explicó el campeón, resaltando cómo la presión le sirve como estímulo. Con la ambición intacta, Cambiaso está motivado por el desafío de continuar conquistando los torneos más prestigiosos, especialmente Palermo, que sigue siendo su mayor objetivo: “Quiero ganar Palermo, siempre quiero ganar Palermo”. La final del Abierto de Hurlingham fue otra muestra de su habilidad, en medio de una temporada complicada por una lesión en la mano, Cambiaso aportó al equipo con goles cruciales, como uno en el séptimo chukker que estiró la ventaja a 11-9 y terminó de inclinar la balanza a favor de La Natividad-La Dolfina.

Esta consagración es parte de un 2025 lleno de logros. En abril, se coronó campeón del US Open junto a Tamera, y se convirtió en el máximo ganador histórico del torneo estadounidense de polo con 10 títulos, superando el récord de Carlos Gracida. En la final, además, venció a su propio hijo, Poroto. Adolfo no solo se mantiene competitivo: lidera. Pero las victorias no terminan ahí.

En julio, alcanzó su noveno título en el British Open Polo Championship y escribió una nueva página: se convirtió en el jugador más ganador de la historia del torneo. A pesar de una fractura en la mano durante la final contra el equipo Kazak, lideró a La Dolfina Scone a una victoria por 9-8. Fue un momento especial porque compartió el triunfo con su hija Mía, quien se consagró campeona por primera vez y es la primera mujer argentina en ganar el British Open. Juntos, levantaron la Gold Cup en Cowdray Park. Mía, asimismo, fue elegida MVP del torneo.

En paralelo a sus logros deportivos, el polista trasciende su impacto a través de la serie documental Adolfo Cambiaso: en el nombre del polo, que lleva su historia a una audiencia global. Este proyecto no solo repasa su impresionante trayectoria, sino que también actúa como un puente entre el polo y nuevos públicos, ampliando su visibilidad y abriendo puertas a futuras generaciones. Cambiaso no es solo una figura brillante en el campo, es un legado vivo que actúa como catalizador del futuro del deporte.

Con su reciente victoria en Hurlingham y un 2025 prometedor, continúa sumando capítulos a su historia. A lo largo de su carrera, logró consolidarse como el mejor jugador de todos los tiempos. Ahora, con la mirada puesta en los Abiertos de Tortugas y Palermo, el próximo gran desafío para La Natividad-La Dolfina será conquistar la Triple Corona 2025.

Adiós, Miguel

Por Florencia Tártara y Ana Violino

El fútbol despide a Miguel Ángel Russo, el hombre que eligió dedicar su vida a esta pasión hasta sus últimos días. Nació en Lanús, Provincia de Buenos Aires, el 9 de abril de 1956 y como futbolista vistió sólo una camiseta, la de Estudiantes de La Plata, donde fue capitán y símbolo. Luego de su retiro como jugador, continuó su carrera como entrenador durante más de 30 años, en los que estuvo a cargo de 16 clubes en 8 diferentes países. El 8 de octubre falleció a sus 69 años a causa de cáncer de vejiga y próstata, enfermedad con la que luchó desde 2017.

Fue descubierto por un trabajador de las inferiores del Pincha, Pascual Antonio Ortuondo, y el 30 de noviembre de 1975 debutó como profesional en el club dirigido por Carlos Salvador Bilardo, en un partido ante San Martín de Tucumán que resultó empate 2 a 2 por la décima sexta fecha del torneo nacional. Como volante central del León disputó un total de 432 encuentros y convirtió 12 goles, a través de los cuales logró posicionarse como el tercer jugador con más presencias en la historia del Pincharrata, por detrás de Manuel Pelegrina y Abel Herrera. Fue campeón del Metropolitano 1982 y del Nacional 1983 e integró junto a Alejandro Sabella, Jose Daniel Ponce y Marcelo Trobbiani un mediocampo destacado. El 15 de junio de 1988 se retiró como jugador, pero nunca abandonó la pelota. Poco tiempo después comenzó su carrera como entrenador y es así como se terminó de ganar el cariño de todos.

El vínculo entre Russo y Bilardo no quedó solo en La Plata, sino que llegó hasta la Selección Argentina en la previa del mundial de México 1986 cuando Miguél había sido convocado para las eliminatorias de dicha competición. Una serie de lesiones y decisiones de Carlos lo dejaron afuera. “Carlos me dijo que lo iba a odiar y a insultar, pero el día que seas técnico te vas a dar cuenta. Tenía una razón muy grande. Todo lo que me decía, después era la realidad” reflexionó Russo años después. 

En 1989 hizo su debut como técnico en Lanús, que atravesaba una situación difícil, y un año después logró la vuelta del equipo a Primera División luego de 13 años. El Granate volvió a descender hacia el final de la temporada, y en 1992 el equipo de Russo logró el campeonato de la Primera B. Consiguió la misma hazaña, el ascenso, en Estudiantes con su vuelta en 1994 (en dupla con su ex DT Eduardo Manera) y en Rosario Central en 2012. Una característica de Russo, sin dudas, era su templanza. Tenía una sabiduría y una frialdad que lo llevó a dirigir equipos en momentos críticos, desafíos que pocos se atreven a aceptar.

En su paso por el fútbol argentino como entrenador estuvo al frente de un total de nueve equipos, a los anteriormente destacados se suman Colón, Los Andes, Vélez, Boca, San Lorenzo y Racing. Su gran trayectoria se forjó también en el exterior con su intervención en siete clubes: Universidad de Chile, Salamanca, Monarcas Morelia, Millonarios, Alianza Lima, Cerro Porteño y Al-Nassr. En todos ellos es recordado con respeto y cariño, al margen de los resultados deportivos. 

En 2005 volvió a coronarse campeón, esta vez por el Torneo Clausura con Vélez. Dos años más tarde logró su máximo hito en su primer ciclo en Boca, la conquista de la Copa Conmebol Libertadores frente a Gremio, con un resultado global de 5 a 0 que pasó a integrar la historia del torneo como la final con mayor diferencia de tantos. Ésta siendo la última que ganó el equipo de La Ribera, y por medio de la cual pasó a ser un histórico del club como uno de los tres técnicos campeones de América; además de ser el impulsor de dos de sus últimos títulos, con la obtención en 2020 de la Superliga y la Copa Argentina. 

El tercer ciclo en Boca comenzó días previos al Mundial de Clubes y significó un gran respaldo al club en una etapa deportiva adversa, donde la urgencia por obtener buenos resultados era una necesidad y nadie quería hacerse cargo de esa situación. Fiel a su estilo, familiero y sensible, en la conferencia de prensa de presentación destacó que la camiseta iba a ser para su nieto. Son decisiones, y tal como lo dice la frase que inmortalizó, Russo decidió tomar el desafío en un momento de salud delicado, mientras atravesaba nuevamente la enfermedad, que años más tarde de ser revertida con tratamientos médicos, había regresado. 

La mística de Miguelo es innegable, y el destino quiso que su último partido al frente de Boca, representado en la cancha por Claudio Úbeda, resultara en un 5 a 0 ante Newell’s de local por la décimo primera fecha del Torneo Clausura. El mismo marcador con el que había quedado en la historia azul y oro, y que nuevamente significó darles una alegría inmensa a los hinchas xeneizes.  

En Colombia se dice que los jugadores de Millonarios dieron la vida por consagrarse campeones con Russo, que jugaron para él en el momento en que le detectaron su enfermedad, y es por eso que un equipo no acostumbrado al triunfo pudo levantar el trofeo del Torneo Finalización 2017 y un año después de la Superliga 2018. 

“Se cura con amor”, expresó en 2018 en su regreso al fútbol. Siempre estuvo acompañado por su familia, sus hijos, hermanos y sobrinos, quienes aun con miedo respaldaron su deseo. A pesar de su delicado estado de salud y el anhelo de sus seres queridos de que Miguel descansara en casa, el histórico entrenador siempre eligió la pelota, convencido de que ese era su lugar en el mundo, como si el fútbol fuera un sedante para su dolor.

“Olé, olé, olé, olé, Russo, Russo”, aclamaron los hinchas de Rosario Central y los de Boca en los últimos dos partidos que dirigió de forma presencial al frente del plantel Xeneize. Fue un 14 de septiembre de visitante en el Gigante de Arroyito, y una semana después en La Bombonera, donde sin saberlo, los hinchas a los que el técnico hizo tan felices tuvieron la posibilidad de despedirlo y rendirle homenaje. 

Russo tiene un logro que muy pocas figuras del fútbol nacional consiguieron y no hablamos de un título o una copa, sino del cariño y el respeto de tantas hinchadas. Boca Juniors, Rosario Central, Vélez, Racing, San Lorenzo, Estudiantes, Lanús, e incluso simpatizantes de instituciones que nunca dirigió. En un país donde la pasión por los colores suele traspasar cualquier sentimiento, Russo logró romper esas barreras. 

Miguel Angel Russo quedará para siempre en la memoria de los futboleros y las futboleras como un apasionado de este deporte, una persona querida por todo el ambiente y alguien que hizo de la competencia una forma de vida hasta sus últimos días.