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¿Cómo avanzó el caso entre Independiente y la U de Chile?

Por Lucas Grosso

En la ida de la serie de los octavos de final, disputada en el Estadio Nacional Julio Martínez Prádanos en la comuna de Ñuñoa, Santiago de Chile, se publicaron fotos de sectores de ambas barras con sus respectivas banderas en lo que pareció una reunión: 

“Un piño (peña), más vinculado al narcotráfico que a las barras, se había juntado con algunos de Independiente que venían. Y no iban a hablar de fútbol específicamente. Por el resto de sectores de Los de Abajo se consideró una traición muy grande por la buena relación que tiene la U con Racing y San Lorenzo. Los barristas más importantes los pusieron a correr, incluso les quisieron quemar las casas, a ese punto llegaron. Ahora están corridos a un costado, como que ya no opinan”. Palabras de una fuente cercana a la Unión Social y Deportiva Los de Abajo, asociación creada con el nombre de la barrabrava y el fin de promover actividades deportivas, sociales y culturales; de las que Azul Azul SA, empresa que dirige el fútbol de la U, no se encarga.

De hecho, luego de que se diera a conocer la existencia de aquel encuentro en Santiago, aparecieron fotos de una bandera de la peña de San Vicente colgada del revés con simpatizantes vestidos con ropa de la U a su costado, señal de que fue robada.

El miércoles 20 de agosto de 2025 se escribió otra página más en la lista de hechos lamentables sucedidos en una cancha de fútbol.

Esta vez, los equipos se enfrentaban en el estadio Libertadores de América-Ricardo Enrique Bochini, casa del Rojo de Avellaneda.

En la Pavoni Alta, el estallido de los azulejos rotos causaba pánico y estragos en la tribuna de debajo y la Garganta Número 4, inundada por gritos de los socios de Independiente, que quisieron asistir a un partido de fútbol, pero terminaron yendo a una trinchera.

Ese no fue el origen del conflicto en Avellaneda: minutos antes del evento, dos micros de la parcialidad de “Los de Abajo” fueron atacados por algunos hinchas que arrojaron piedras en su llegada al estadio. Esto no iba a quedar así.

Esto no iba a quedar así dijeron también los integrantes de la barra llamada “Los Dueños de Avellaneda”, ubicada en la Santoro Baja, la tribuna local. Porque sí, en Independiente existen varias barras con intereses distintos. 

“No nos defienden”, “Alientan por plata”, “Son unos cagones”, se gritaba en dirección al norte desde las dos plateas. El reclamo de una parte del hincha común era claro. Exacerbado tal vez por la adrenalina del momento y la incertidumbre de no saber qué le pasaba al amigo, familiar o conocido que estaba ahí debajo. 

La orden de la voz del estadio ya era clara: “Le solicitamos a la parcialidad visitante que se retire del estadio”. Estaba a punto de cumplirse, hasta que la crueldad se hizo acceso. La policía no había permitido una zona liberada, como trascendió en muchos medios. De un lado de la reja que le da acceso a la Pavoni hacia la calle estaba Jonathan Lescano, representante de socios de la lista Gente de Independiente. 

Sobre la supuesta liberación de la zona, Alejandro Fonseca, referente del equipo de comunicación del mismo espacio político, dijo: “No es que había una orden de no interrumpirles el paso, estaban liberados porque no había un protocolo de prevención para una situación así”.

Los de Independiente no se quedaron de brazos cruzados respecto al robo de banderas: después de perseguir en estampida a las familias que quedaban en el estadio esa noche fatídica, decidieron quedarse con trapos y la ropa de quienes permanecían allí. Fotos y videos fueron publicados con estos elementos como si fueran trofeos y recompensas obtenidas del sufrimiento y súplicas por piedad.

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Cicatrices desamparadas

Jaime Mora, quien iba por segunda vez al estadio a alentar a la U, esperaba participar de un día inolvidable junto a su hijo Pablo, de 22 años. Y así fue. En un diálogo con Meganoticias reveló las consecuencias: “Fueron por lo menos 50 millones de pesos desde que volvimos de Argentina (80 millones de pesos argentinos). Tengo un corte de más de una cuarta (5 a 7 centímetros), un hundimiento en la cabeza, tuve fracturas en los dedos y perdí el 80% de mi audición. El que quedó al debe fue la Universidad de Chile. Michael Clark (ex-presidente de Azul Azul SA) llevó su camiseta cuando estaba en la clínica y nunca más supe algo de ellos”.

Meganoticias se contactó con la Universidad de Chile para obtener su versión de los hechos pero como respuesta eligieron el silencio.

A las horas del hecho, Néstor Grindetti, a quien le cayó la presidencia del club de Avellaneda tras las renuncias repentinas de Fabián Domán y Juan Marconi, se presentó en Asunción, donde está la sede de la Conmebol, para suplicar el pase a la fase siguiente del torneo y una compensación económica por el destrozo de los baños, según sus propias palabras. 

Inicialmente, la Universidad de Chile iba a encargarse del proceso de liberación de los hinchas que fueron ferozmente agredidos y que estaban internados en los hospitales públicos del sur de la Provincia de Buenos Aires. Pero al no recibir atención de ningún tipo, abogados del Club Deportivo y Social Los de Abajo se pusieron en contacto con los seguidores que habían quedado desamparados. Fueron ellos quienes se encargaron de que las víctimas dejarán de ser tomados como infractores de la ley en las comisarías aledañas a Avellaneda.

Desde el club formado por fanáticos del “Bulla”, lograron conseguir que la SA espere con una ambulancia el avión que transportaba a una de las víctimas de la golpiza. 

“Fue algo bien importante. El contacto con ellos normalmente es muy malo. Con ocasión de esto hubo comunicación más que nunca y pudimos coordinar para algunas cosas bien relevantes. Con Conmebol el diálogo fue nulo” reveló una fuente del equipo trasandino. También hicieron los contactos para que los micros pudieran abrir el Paso Internacional de los Libertadores en Mendoza, la ruta que conecta a la provincia argentina con Chile, el cual estaba cerrado por una nevada.

Posteriormente el club social quiso continuar con un proceso legal para hacer las denuncias pertinentes por todos los perjuicios ocasionados, pero al ser un caso demasiado grande, su despacho de abogados no daba a basto. Consecuentemente, el tiempo y el descuido de la memoria colectiva de todo el público que se interesó en el caso cuando estaba fresco, hizo que el proceso se marchitara. La investigación está totalmente frenada, lo que provoca que la única posibilidad de hacer justicia y obtener una condena sea a través de la mano propia: 

“Ya no se espera más nada (desde el proceso legal), más que venganza. Eso es lo peor. En cursos de seguridad de eventos deportivos te explican que la violencia funciona a través de humillaciones que van en escala: si te insultan, tú quieres escupir; cuando te escupen, tú quieres pegar; cuando te pegan, tú quieres apuñalar, y cuando te apuñalan, tú quieres disparar. Esto escaló a un nivel que ¿quién puede decir que ´Desescalemos esto´? Si no lo resuelves en el momento, más tarde se hace muy difícil”, el punto de vista de un asociado chileno que solicitó su anonimato.}

¿Quién se hace cargo de esto?

A fines del presente año hay elecciones en Independiente. Una de las listas que quiere ocupar el lugar de la comisión actual es, la ya nombrada, Gente de Independiente, liderada hace varios años por Claudio Rudecindo.

“La solución que le queremos llevar al hincha de Independiente no es otra que la organización y planificación, elementos de los que careció esta dirigencia en estos cuatro años, no tan solo en esa fatídica noche. Como agrupación pensamos que no podés gobernar ni hacer política de espaldas a los actores que intervienen en los eventos. Me parece un error darle prioridad a UP (seguridad privada contratada por el club) y darle la espalda a la policía de la Provincia”, criticó Alejandro Fonseca, referente de la comunicación de Gente de Independiente sobre la jerarquización impuesta por la comisión actual respecto de los organismos preventores.

Jonathan Lescano dijo: “Nosotros creemos en un método de gobierno que se base en la comunicación y la transparencia. Ese es nuestro principal fuerte. No existe ni un newsletter mensual, ni siquiera semanal te digo, en el que se informen las actividades del club. Hay un montón de cosas para comunicar sobre actividades culturales o deportes amateur que están en crecimiento. Con esto fomentas la involucración del socio, sabe lo que está pasando y le permitís pensar una idea o participar de alguna manera. Una de las cosas que venimos armando es una aplicación con una funcionalidad más directa con el socio y, a través de ahí, generar un canal de denuncias. Que el socio pueda decir, che, no anda la cadena del baño del piso dos, o, hay dos butacas rotas. Tal vez es a través de un factor negativo, pero lo estás convirtiendo en algo positivo escuchándolo y haciéndolo. Hay cosas que nosotros nos sentamos con la dirigencia y le decimos: Che, comuniquen esto, está bueno”.

En un cruce con el secretario general, a Jonathan le fue introducido un ingeniero informático:

SG– Vení, no te respondí en la reunión porque no quería generar quilombo y sé cómo te pones, pero acá te presento al ingeniero informático que tenemos: Gustavo.

JL– Ah mirá, tenemos un ingeniero informático. Gustavo ¿te tienen en oculto? porque si estás haciendo algo no se nota ni se ve.

Ambos rieron. Jonathan le prometió que su trabajo tendrá más visibilidad si Gente de Independiente gana las elecciones.

Respecto a la hinchada del club de Avellaneda, no es tan cierto que se respetó el derecho de admisión aplicado a quienes irrumpieron por la fuerza en la tribuna sur alta del Libertadores de América. En muchos partidos del año pasado y el presente aparecieron banderas, paragüas y simpatizantes vistiendo la ropa característica de Los Dueños de Avellaneda. “Hasta que no haya un reconocimiento biométrico, como lo hay en River Plate, en las entradas del estadio que permita una identificación de quien ingresa, es complicado asegurarse de que en cada acceso en el que solicita el documento, efectivamente se cumpla, sobre todo en partidos multitudinarios como lo puede ser un clásico o uno definitorio. La utilización de tecnología que permita la correcta identificación es una de las ideas que nos gustaría poder implementar en un convenio con el RENAPER (Registro Nacional de la Persona)”, cita extraída de una charla con Jonathan Lescano.

“Nosotros creemos que la barra tiene que ser socia y fanática del club. Así como era cuando existía la subcomisión del hincha, que la gente aportaba para la fiesta que se produciría en los partidos. Toda la gente que va a la Norte Baja (tribuna local del estadio, en la que Los Dueños de Avellaneda predominan) termina puteando porque la barra canta dos canciones nada más porque no conocen otras. Y sí, no son de Independiente. Yo no digo que vamos a ir contra la barra, pero sí que los que estén en nuestra grada principal, estén identificados con el club. Si no sos de Independiente y estás acá, vamos a tratar de que no sigas participando de esto”, Jonathan Lescano. 

Un hincha Azul explicó su indignación con el fallo: “La sanción es absurda, no tiene sentido por donde se la mire”. La resolución de la entidad que regula el fútbol sudamericano fue descalificar al Club Atlético Independiente de la competencia, 250.000 dólares de multa y 14 partidos sin público (lo que sería el recorrido desde la fase de grupos hasta una eventual final) para ambos clubes. Es una herida que quedó abierta. El último Mundial Sub 20 se jugó en Chile y muchos compatriotas pagaban las entradas para putear a los argentinos. Tengo amigos en Argentina pero no te voy a negar que nos quedamos sentidos”.

“Aquí no se les pegó nada por esto. Al contrario, fue como un lavado de imágen”, dijo una fuente cercana al Club Social y Deportivo Los de Abajo. “Pusieron a Cecilia Pérez, quien era la cara visible de Piñera, es más, dicen que hasta fue la amante”. Sebastián Piñera, de ideales de centroderecha, fue presidente de Chile en dos períodos distintos (2010-2014 y 2018-2022). “Las autoridades políticas se movieron por lo mediático que fue el caso”.

Para esta recopilación de cómo avanzó el caso, se invitó a otros espacios políticos de Independiente a dar su visión y mirada del suceso, (lo que lo hubiera enriquecido) pero el único espacio que se predispuso fue Gente de Independiente.

Victoria contra Djokovic, drives y saques: cosas de Delpo y Tirante

Por Francisco Quartino

7 de agosto de 2016. Juegos Olímpicos de Río. Juan Martín del Potro, que volvía luego de una operación de muñeca, elimina a Novak Djokovic, con más de 40 tiros ganadores y sin que el número 1 del mundo le quiebre su servicio. Argentina tuvo que esperar 10 años para que uno de los suyos vuelva a ganarle a Nole, que llevaba una racha de 22 victorias ante tenistas nacionales. Esta vez en Cincinnati, Thiago Agustín Tirante, quien tiene a Delpo como ídolo, le ganó por 2-6; 6-4 y 6-4, también con 40 winners y uno de 193 km/h, el más rápido de la temporada en torneos Másters 1000.

A pesar de que escribió su nombre en los libros de historia luego de haberse convertido en el cuarto argentino en ganarle al serbio, sus declaraciones post partido se enfocaron en lo humano y en cómo se siente más allá de los resultados: “Hay muchas personas enfermas, y muchas veces uno cuando está en la cancha y no le está saliendo lo que quiere, pone mala cara y está de mal humor. Decirte a vos mismo ‘che, estoy en París, estoy jugando los mejores torneos del mundo, nos dan todo y hay gente que no tiene para comer’; si lo ves desde ese lado, en algún momento debés ser feliz por lo que estás haciendo. Quizás hay que alejarse de la visión del tenista, del querer, querer y querer, y verlo más del lado de que con lo que uno tiene es feliz. Pasarla bien, disfrutar y estar presente en el momento es súper gratificante”.

El platense, que ocupa el puesto 50 del ránking ATP, no es un cualquiera en el deporte: a los 18 terminó el año siendo número 1 del mundo en juniors. Ese 2019 había comenzado en el puesto 140 y terminó en lo más alto luego de ganar tres torneos consecutivos: en Mérida, Bradenton y el Orange Bowl. Era entrenado por sus dos tías: Vanesa, quien lo acompañó en muchos viajes, y Valeria, que estuvo junto a él desde que empezó a jugar al tenis. Saltó al profesionalismo en 2020, con el drive y su saque como sus virtudes marcadas, y el revés como punto a mejorar.

A pesar de esto, Thiago siempre se mostró tranquilo y sabiendo que no tenía nada asegurado: “No creo que por haber tenido un ránking específico voy a llegar a tener una gran carrera profesional. Me gusta mentalizarme en ir partido a partido y dejar que las cosas vayan sucediendo”, razonó en una entrevista con Clarín en 2020. Además, a pesar de no pensar mucho a largo plazo, aclaró que estaba muy entusiasmado por jugar la Copa Davis: “Es algo único, es diferente a todos los otros torneos. No solamente es jugar por vos y tus compañeros, sino también por tu país, y eso me encanta”.

Y, a pesar de que fue con un sabor amargo, lo logró. Tirante fue parte del equipo argentino que jugó ante Corea del Sur en Busán por la primera ronda de los Qualifiers de 2026, el 7 y 8 de febrero, resignando así jugar el ATP 250 de Buenos Aires para representar al país en el otro lado del mundo. El combinado nacional perdió 3-2 la serie y Thiago jugó dos de los cuatro partidos de singles: ganó ante Hyeong Chung por 2-6; 7-5 y 7-6 y perdió ante Swon Woo Kwon por 6-4; 4-6 y 3-6.

La evolución durante el 2026 del tenista de 25 años fue notoria: irrumpió definitivamente en la escena luego de ganarle a Djokovic, ser el primer argentino en llegar a cuartos de final de un Másters 1000 en los últimos 8 años y llegó al top 50 del ránking ATP, para quedarse. Mejoró el revés, su principal debilidad, y logró perfeccionar aún más sus dos virtudes: el saque y el drive, en busca de hacerlos igual que su ídolo: Juan Martín del Potro.

“Murió sí o sí”: crónica de una noche horriblemente inolvidable

Por Santiago Peñoñori

“Tiraron a un tipo. Esto es una locura total. Murió sí o sí”, escribí en un grupo de amigos el miércoles 20 de agosto a las 23:21. Estaba en la tribuna Santoro Baja del estadio del club al que amo y al que mi viejo me llevó por primera vez en 2005. Nunca dejé de visitarlo por lo menos una vez por año desde aquella victoria 2-0 contra Newell’s con un doblete del Kun Agüero. ¿Qué hubiera pensado mi yo joven si algún día le decían que iba a terminar adentro de la cancha de Independiente en un partido de Copa Sudamericana? No lo sé, pero seguro que no hubiera imaginado un corazón tan palpitante.

El equipo dirigido por Julio Vaccari llegaba a la vuelta de los octavos de final con una racha de siete encuentros sin conocer la victoria y con un resultado que revertir. La semana del partido había estado marcada por una polémica decisión dirigencial. Una más. Como si no existiese ninguna otra fecha posible en el calendario, el oficialismo había optado por celebrar la Asamblea de Presupuesto Económico y Financiero el 19 de agosto, justo el mismo día que Racing enfrentaba en Avellaneda a Peñarol por los octavos de final de la Copa Libertadores. Esto hacía que el presupuesto se votara sin la presencia de los socios para prevenir incidentes, ya que la ciudad era de la Academia ese día. Así funcionan las cosas en la Capital Nacional del Fútbol. Lo paradójico de todo esto era el accionar de los dirigentes del Rojo, quienes llegaban para “salvar la democracia” —que efectivamente se veía atacada por la gestión anterior—, se paseaban por las tribunas exigiendo a los hinchas que despertasen y que eligieron como su candidato principal a una persona que renunció a los seis meses y a quien nadie había visto pasar siquiera cerca del estadio.

El 20 de agosto amaneció soleado. Aún podían oírse en Avellaneda los ecos del grito de gol de Pardo, que le dio la clasificación agónica a Racing para pasar a cuartos de final de la Libertadores. El Rojo buscaba avanzar a la misma fase esa noche y, para ello, tenía que ganarle a Universidad de Chile. Por la calle Alsina avanzaba un auto polarizado hacia la entrada del estacionamiento del estadio Libertadores de América. No había mucho movimiento en la zona, aunque varios periodistas ya estaban en condiciones de dar el presente. Algunos con una mochila, un micrófono corbatero y un celular; otros, privilegiados, podían ingresar al estadio. Del auto bajó Néstor Grindetti, presidente del club, que atendió a la prensa afín y contó que había llegado temprano porque tenía que hacer su “paseíto de cábala”. No puede dejar de parecerme forzado todo lo que hace ese hombre en relación a Independiente. Eso me sucede desde el día en que declaró que la presidencia del club era una responsabilidad que le había “caído como un peludo de regalo” y que él estaba abocado a su campaña política, a través de la cual soñaba con convertirse en gobernador de la provincia de Buenos Aires. El “paseíto” no fue la excepción.

“Durante la reunión previa se planteó la conveniencia de que no hubiera público en la tribuna inferior; sin embargo, se informó que esa localidad ya se encontraba vendida”, decía el informe de seguridad redactado por CONMEBOL a las 11:39. “Como medida preventiva, se dispuso que en la tribuna visitante se ubique personal de la Policía y seguridad privada con el fin de evitar que los hinchas visitantes arrojen elementos o generen algún tipo de desorden contra el público local”, agregaba. No era novedoso saber que Los de Abajo, barras brava del conjunto chileno, eran conflictivos y mucho menos novedoso era saber que la Policía no ingresaba al estadio de Independiente desde el 29 de julio de 2023, luego de una derrota con Boca en la que los hinchas se manifestaron contra la comisión y los uniformados dispararon balas de goma.

El partido comenzó a las 21:30, no sin que antes los hinchas de Independiente le pidiéramos a Dios que los chilenos se murieran para siempre, porque éramos del Rojo y de Argentina y no nos olvidábamos de la traición a las Malvinas. La borrosa línea entre la violencia simbólica y la directa. El curso del juego no tuvo relevancia más allá de que cada uno de los equipos convirtió en la primera mitad. Lo realmente importante estaba pasando en las tribunas. Los hinchas de la U arrojaban piedras, pedazos de inodoros, palos, butacas, entre otras cosas, hacia la tribuna que tenían abajo y hacia uno de los codos, donde se encontraban los hinchas locales. Los de Independiente respondían con lo mismo, transformando esto en una guerra interminable. Los goles se vieron opacados por los inusuales movimientos que había en las populares. “Ahí los van a buscar”, juraban y perjuraban compañeros de tribuna promediando la primera mitad —a la postre, la única—, que veían desde atrás del otro arco el plano completo de lo que sucedía. El primer tiempo terminó, pero los enfrentamientos no. Lejos estuvieron de eso. Lo único que separaba a los locales y visitantes era la distancia entre ellos. Nada impidió que los hinchas chilenos aprovecharan la ley de la gravedad y arrojaran con vehemencia todo tipo de objetos para abajo.

EFE/ Juan Ignacio Roncoroni

En el entretiempo hubo una reunión entre los encargados de la seguridad y el comisario inspector Javier Bibiano y se decidió que, más allá de que todo se había desmadrado, las fuerzas policiales no ingresaran a la tribuna visitante. ¿El argumento? No querían provocar una tragedia. Mientras tanto, los que estábamos en el estadio veíamos a los hinchas recluidos bajo el techo de la tribuna que se ubica debajo de la parcialidad visitante, y a los del codo que continuaban con el festival de piedras. El partido tenía cada vez menos sentido. Nadie en su sano juicio podía pretender que se siguiera jugando. El delegado de la CONMEBOL de aquella noche, el paraguayo Michael Sánchez Alvarenga, escuchó la solicitud de los encargados de la seguridad de suspender el partido ya en el primer tiempo, llamó a sus superiores y estos subestimaron la situación. El partido debía continuar. No había plata que perder, habrán pensado. Minutos después fue la realidad la que se encargó de decirle a CONMEBOL que el juego debía parar. Una bomba de estruendo arrojada desde la tribuna visitante hacia la local fue el límite. Ese estallido, a pesar de la distancia, creo que atacó a mi memoria porque después de eso empecé a perder precisión con los datos.

El segundo tiempo se reanudó insólitamente por un par de minutos, hasta que los hinchas desesperados comenzaron a ingresar a la cancha. Con el partido detenido, la voz del estadio solicitó que los hinchas chilenos abandonasen el estadio Libertadores de América. Ante la negativa de los trasandinos, el partido quedó suspendido. En paralelo, mientras la sangre regaba distintas tribunas del estadio, miembros de la comisión directiva de Independiente buscaban vuelos directos hacia Asunción. ¿Así se protege al hincha? Lo peor aún no había llegado.

Pasaban las 11 de la noche y Los de Abajo continuaban con su misión de destruir todo lo que estuviera a su alcance. “Nos están rompiendo el estadio, vienen a coparnos la parada. Los tienen que ir a buscar”, gritó un joven al aire. La territorialidad es sagrada en la cultura del aguante y el orgullo barrabrava no pudo soportar que todo un estadio le cante que tenía miedo. Por eso, al estilo de la película Hooligans, fueron a buscarlos. En la tribuna Pavoni Alta solo quedaba un puñado de descontrolados hinchas visitantes. Por debajo de ellos, en la puerta del estadio, un grupo de policías era cómplice del ingreso de delincuentes que iban a ajusticiar a sus pares chilenos. Todos los que estábamos en el estadio éramos testigos de una película de terror que iba subiendo de nivel. Llegó a su punto cúlmine cuando la estructura de madera que separaba a unos y otros cedió.

Como los perdigones de una escopeta, se dispersaron “los 30 inadaptados sociales” —así los definió un comunicado de Independiente—, con un solo objetivo: matar. Paradójicamente, un tiempo antes, el jefe de Los Dueños de Avellaneda había contado en una entrevista que gente cercana a la comisión les facilitaba los carnets para ingresar. Tras eso, las imágenes que recorrieron el mundo. La cobardía representada de todas las maneras posibles. La imagen imborrable de personas saltando al vacío para evitar ser presas de la caza. “Es una locura, esto es una locura”, me acuerdo que recé a modo de  espasmo. Un amigo que estaba al lado mío tuvo el impulso tan de estos tiempos de empezar a grabar. Tres personas quedaron inconscientes y sin ropa en la tribuna, mientras los criminales celebraban la golpiza mostrando sus trofeos de guerra (banderas e indumentaria del conjunto chileno).

Para muchos hinchas, algo se había roto ese día. Los rumores hablaban de más de un muerto. El celular explotaba de mensajes de conocidos que se preocupaban por lo que veían en la tele. A la salida del estadio se produjeron corridas. La Policía fue incapaz de orientar a los hinchas y los rumores que corrían eran que otras barras argentinas estaban dispuestas a unirse a la de la U para combatir a los cobardes de Independiente. Recuerdo una estampida que se dio en el baño, cuando alguien osó decir que los chilenos estaban por entrar a la tribuna. Ese día me di cuenta de lo que era que se te hiele la sangre.

Luego de esa falsa alarma, fui a refugiarme a la cancha. Trepé el alambrado olímpico, esquivé las púas y me tiré siguiendo el ejemplo de otros que habían hecho lo mismo. Ninguna altura daba tanto miedo como un posible ataque cuerpo a cuerpo. No estaba dispuesto a salir de los 105×70 sin alguien que me acompañara. Perdido de mis amigos y sin señal, me senté en el verde césped y empecé a reflexionar. Era un niño con las piernas cruzadas. Un niño asustado. Un niño que nunca más querría volver a decir que su sueño era terminar adentro de la cancha de Independiente en una noche de Sudamericana.

La mayor goleada de la historia: 149-0, el campeón que nunca volvió a reinar

Por Mateo Mekler

El 31 de octubre de 2002, el AS Adema le ganó 149-0 al actual campeón, el Stade Olympique de L´Emyrne (SOE), y se transformó en la mayor goleada de todos los tiempos con un detalle que lo hace más impactante todavía: todos los goles fueron convertidos por los propios jugadores del Stade. En aquella tarde de Madagascar no solo se rompió un récord, sino que se presenció uno de los partidos más insólitos de la historia.

Para comprender cómo se llegó a ese punto, hay que entender el contexto. La Liga de Madagascar de ese año comenzó en agosto. Ocho equipos disputaron una fase preliminar, enfrentándose todos contra todos a una sola vuelta y, tras la finalización, los cuatro mejores posicionados avanzaron a la ronda final.

El SOE, que participó ese año por primera vez en su historia en La Liga de Campeones de África y avanzó dos fases, aunque era considerado casi imposible, terminó primero con 13 puntos, mientras que el AS Adema se ubicó segundo, a un punto. Los otros dos equipos clasificados fueron el Ambohidratrimo (USA) y el Domina Soavina Atsimondrano (DSA). Cada uno debía jugar seis partidos en un formato de ida y vuelta.

A falta de dos fechas, el AS Adema era el líder con siete puntos y el SOE lo seguía detrás con cinco. El puntero hizo su tarea y se llevó la victoria, pero el Stade no tuvo la misma suerte. Bajo un polémico penal sancionado sobre el final, por el árbitro Benjamina Razafintsalama, terminó igualando 3-3 y el AS Adema se consagró campeón. El club, al sentirse perjudicado por el arbitraje, presentó una denuncia ante la Malagasy Football Federation (MFF), pero fue desestimada.

En el cierre de la liga se verían las caras estos dos equipos: uno ya campeón y el otro con una impotencia indescriptible, ante la nula intervención de la MFF. Con la presencia del mismo árbitro que protagonizó la discordia en el encuentro anterior, los jugadores del SOE, a modo de protesta, recuperaron la posesión de la pelota en los primeros minutos, miraron a su propio arco, y se hicieron un gol en contra. Todos los espectadores, el juez y el plantel del Adema quedaron atónitos, pero no sabían que esto recién arrancaba. Cada vez que el campeón del último torneo reanudaba el juego, pateaba directamente a su arco y el arquero dejaba pasar la pelota. La gente estaba furiosa, gritaban que fueron a ver un partido de fútbol, no a ver cómo sacaban del medio para hacerse goles en contra, y pedían la devolución de su dinero. El marcador final fue 149-0, con un gol cada 36 segundos de juego en promedio.

Al término de los 90 minutos, el nuevo campeón no celebró al instante, ya que a pesar de entrar en los libros del fútbol por la mayor goleada de la historia, sabían que estaban ante un hecho insólito e irrepetible. En este caso la MFF si actuó, al sancionar con tres años de suspensión al técnico del SOE, y a cuatro de sus jugadores con la inhabilitación para disputar un partido oficial hasta la finalización de la temporada, sin siquiera poder pisar un estadio en ninguno de los dos casos. Entre ellos estaba Mamisoa Razafindrakoto, capitán del equipo y de la Selección malgache. El resto del plantel solo fue advertido. Estas medidas aumentaron el descontento general ya que parecía que el sistema se protegía a sí mismo, y por esto el caso escaló hasta el Ministerio de Deportes, el cual disolvió temporalmente la liga.

Así surgió la historia de “El campeón que nunca volvió a reinar”, ya que desde ese día, el Stade Olympique L´Emyrne no volvió a salir campeón. Las leyendas no siempre nacen de la gloria, a veces salen de la rebeldía, y recuerdan que en el fútbol algunos partidos no terminan con el pitazo final.

River vs. AFA: La disputa política más viva que nunca

Por Agustín González Sánchez Jáuregui

“Di Carlo, Chilindrina”, decía la bandera que apareció en el puente ubicado detrás de la cancha de Barracas Central junto con fuegos artificiales, durante el último partido. La misma apuntó directamente contra el actual Presidente de River Plate, Stefano Di Carlo, en momentos en que se encontraba presente en el estadio la máxima autoridad del fútbol argentino: Claudio “Chiqui” Tapia. El mensaje volvió a poner en escena el enfrentamiento entre el club de Núñez y la conducción de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), una disputa que excede a los dirigentes actuales y tiene más de una década de antecedentes.

La aparición de la bandera se produjo luego de las recientes declaraciones y cuestionamientos de Di Carlo hacia la cúpula del fútbol argentino, en un contexto marcado por las polémicas arbitrales y por el enfrentamiento institucional entre River y la AFA.

Uno de los episodios más recientes ocurrió durante el partido entre el Millonario y Argentinos Juniors. Luego de una infracción sobre Ángel Correa dentro del área, el árbitro no sancionó en primera instancia un penal que desde el campo de juego y las tribunas del Monumental fue considerado claro. La reacción fue instantánea, mientras el juego continuaba, todo el estadio comenzó a cantar contra Tapia. La presión de los hinchas se mantuvo hasta que el árbitro fue llamado por el VAR, revisó la jugada y finalmente sancionó la pena máxima.

Pero la tensión entre el club y la AFA no nació con Tapia, quien asumió la presidencia en 2017, ni con Di Carlo. Uno de los capítulos más fuertes de esta historia se produjo durante la gestión de Daniel Passarella en River y la conducción de Julio Grondona en la máxima entidad. La relación entre ambos dirigentes ya era conflictiva y alcanzó un punto de quiebre en 2011, cuando los de Nuñez peleaban por evitar el descenso. Tras una derrota ante Boca Juniors, Passarella le pidió públicamente la renuncia a Grondona. Desde entonces, en el entorno del club quedó instalada la sospecha de que la disputa política podría generar consecuencias deportivas. Incluso años después, Passarella sostuvo esa versión: “Fui el presidente del descenso de River, pero no el que lo mandó. Lo mandó Grondona. Me peleé con él y con los barras y así me fue”.

Con la llegada de Rodolfo D’Onofrio a la presidencia de River, la relación con la AFA tampoco se caracterizó por la cercanía. En septiembre de 2015, D’Onofrio fue todavía más contundente al referirse a la estructura del ente rector: “En la AFA se necesita poner una bomba, hacerla volar por el aire y empezar de nuevo”. La frase se convirtió en una de las expresiones más recordadas. Once años después, D’Onofrio recordó aquella declaración y aseguró: “Nunca me arrepentí de decir que había que poner una bomba en la AFA”.

El conflicto atravesó después la etapa de Marcelo Gallardo como entrenador. La desconfianza hacia la dirigencia del fútbol argentino y, especialmente, hacia los arbitrajes se transformó en una bandera del mundo River. La expresión “guardia alta”, utilizada por Gallardo, sintetizó durante años la postura del club frente a determinadas decisiones de la AFA y del arbitraje. “Que Mauricio Macri haya sido presidente de Boca o Claudio Tapia sea hincha de Boca nos hace tener que estar con la guardia alta siempre”, dijo el “Muñeco” en ese entonces.

Durante 2026, el enfrentamiento volvió a escalar. River decidió abandonar el Comité Ejecutivo de la AFA y cuestionó el funcionamiento institucional del organismo, mientras que Di Carlo adoptó una actitud cada vez más opositora hacia la cúpula dirigencial. El repudio se tradujo en distintos episodios y llegó incluso a las tribunas del Monumental, donde las manifestaciones en contra de Claudio “Chiqui” Tapia se volvieron moneda corriente.

El presidente millonario, luego de las cuatro derrotas consecutivas en el comienzo del campeonato, dio una conferencia de prensa en la que, entre otras cosas, criticó distintos aspectos del arbitraje. Mientras tanto desde el entorno de River también surgieron acusaciones sobre una supuesta intervención de Tapia en una negociación por Thiago Almada, algo que fue negado por el futbolista.

La respuesta llegó en Barracas Central, con Tapia presente en el estadio. Allí apareció una bandera dirigida contra el presidente de River con la inscripción “Di Carlo, Chilindrina”, lo que marcó un nuevo capítulo en esta historia que dejó de ser exclusivamente deportiva.

Así, el enfrentamiento entre River y la AFA se enmarca en un contexto que excede a la actual conducción. Desde la pelea de Passarella con Grondona y el descenso de 2011, pasando por la contundente frase de D’Onofrio sobre la necesidad de “poner una bomba” en la AFA, hasta la “guardia alta” de Gallardo y el actual conflicto, el vínculo estuvo atravesado por la desconfianza y las disputas por el poder dentro del fútbol argentino. Más de una década después, aquella pelea toma cada vez más fuerza.

Alexander Zverev: lado B

Por Francisco Quartino

Alexander Zverev es uno de los grandes tenistas que tiene el deporte durante los últimos años; esta temporada logró por fin alzar su primer Grand Slam (Roland Garros) y hoy está en busca de su octavo título de Másters 1000, en Cincinnati. Además, ganó 2 ATP Finals y una medalla dorada en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Pero, desde hace unos años, hay un sector de la opinión popular que resiste al alemán, ya que tiene dos denuncias por violencia de género.

Olya Sharypova, fotógrafa y modelo rusa, fue la primera en sufrir maltratos por parte del alemán, durante su relación entre 2018 y 2019. El primer episodio fue en Mónaco, en el departamento de él: “Tuvimos una pelea realmente grande. Me golpeó la cabeza contra la pared. Se asustó y empezó a mentir diciendo que le pegué primero, mientras yo estaba en el suelo”, aseguró ella. Además, la violencia no solo fue física, sino que también el tenista la atacaba psicológicamente, diciendo: “No sos nadie, no ganaste nada en esta vida. Soy una persona exitosa, gano dinero pero vos no sos nadie”.

Las terribles situaciones continuaron en los hoteles de cuando Zverev se presentó a jugar el Másters 1000 de Shanghai y el US Open, donde ocurrió otra de las más fuertes: “Tuve que salir corriendo del hotel descalza. Me paré en una calle de Nueva York y no sabía a dónde ir ni qué hacer. Trató de estrangularme con una almohada, -otra vez- me puso la cabeza contra la pared y me retorció los brazos. Temí por mi vida”, detalló Sharypova. Este tipo de peleas fueron llevando a que, dicho por ella misma, sintiese no tener ganas de vivir. A pesar de todas estas espantosas vivencias, no presentó cargos en contra de Zverev porque solo buscaba contar la verdad y concientizar a otras víctimas a través de su relato.

Brenda Patea, modelo e influencer alemana y madre de la hija de Sascha, fue la segunda valiente en expresar lo que el jugador le había hecho. Su noviazgo duró entre 2019 y 2020, pero ella dio a luz a Mayla en 2021 y decidió criarla de forma independiente. A diferencia del caso anterior, Brenda sí tomó acciones legales: en 2023, denunció a su agresor por un hecho ocurrido en Berlín en mayo del 2020, en el que fue empujada contra la pared y tomada del cuello con una fuerte presión por el tenista mientras discutían. En octubre de 2023 se le impuso una multa de 450.000 euros al hoy número 3 del mundo, el cual apeló la orden y se abrió un juicio público, que empezó a mediados de 2024, pero que rápidamente finalizó con ambas partes llegando a un acuerdo extrajudicial para preservar el bienestar de Mayla. El tenista debió pagar 200.000 euros, de los que 150.000 fueron destinados al Estado alemán y 50.000 a organizaciones benéficas.

Por parte de Zverev, él siempre negó estas acusaciones. Incluso, durante una conferencia de prensa del Másters 1000 de París, subestimó: “Creo que es una total tontería. Cualquiera que tenga un nivel de coeficiente intelectual medio-estándar sabe de qué se trata todo esto”. Además, durante su discurso de subcampeón en el Australian Open 2025, una mujer gritó tres veces: “¡Australia le cree a Olya y a Brenda!”, a lo que no respondió y mostró indiferencia ante el momento.

Visit Rwanda: el lema de las camisetas europeas

Por Nazareno López

La temporada europea arrancó con el triunfo en la Supercopa del París Saint-Germain ante el Aston Villa por 2-1 en Salzburgo. Además del título del cuadro parisino, los focos internacionales estuvieron en la camiseta del equipo inglés. Ruanda es el principal sponsor de los Villanos y generó una polémica en el país británico.

En julio, el Aston Villa firmó el acuerdo de patrocinio más grande de su historia con la Junta de Desarrollo (RDB) del país africano por 20 millones de libras esterlinas. El acuerdo se dio tras la nueva normativa de la Premier League que no permite que las casas de apuestas estén en el frente de la camiseta de los clubes de la máxima categoría inglesa. El equipo del Dibu Martínez contaba con Betano y tuvo que cesar el vínculo con la empresa griega.

Las críticas por parte de medios ingleses y de los hinchas del Villa no tardaron en aparecer. La República Democrática del Congo denunció ante la Corte Internacional de Justicia que el gobierno ruandés había enviado fuerzas armadas y financiado a grupos rebeldes. Si bien el gobierno de Ruanda negó estas acusaciones, organizaciones mundiales consideran que el Estado ruandés apoya al M23, un grupo armado que está presente en el este del país congoleño, cerca de la frontera con Ruanda.

Pero, ¿por qué Ruanda tendría intereses en financiar rebeldes en su vecino Congo?

El este del país congoleño es una de las zonas más ricas del mundo en recursos naturales y grupos armados como el M23 controlan y explotan la producción de materiales como el coltán o tantalio, que se estima que millones de toneladas son traficadas de manera ilegal hacia Kigali para su exportación.

¿Por qué Ruanda es tan fuerte en la región?

El país está comandado por Paul Kagame, que asumió en el año 2000 de forma interina y desde 2003 como presidente. Tras el genocidio ruandés de 1994, que se llevó la vida de aproximadamente 800.000 personas (el 11 % de la población), el Frente Patriótico Ruandés tomó la capital Kigali y sigue hoy en el poder. El principal objetivo es convertirse en un centro financiero y político de África, con medidas económicas de apertura pero que el Estado ruandés regula si no se cumplen plazos con los privados.

Su principal exportación desde 2008 es la minería, que superó al café y el té, que ocupó el primer lugar durante gran parte de la historia del país. Igualmente, su mayor ingreso de capital extranjero se debe al turismo.

Visit Rwanda es la marca oficial de la RDB para fomentar el turismo en el país. Antes de desembarcar en el Aston Villa, estuvo en el Arsenal ―club del cual Kagame es fanático― desde 2018 hasta junio de este año, y no fue renovado por la presión de los hinchas Gunners. También desembarcó en el PSG en 2019 con contrato hasta mediados de 2028, por la buena relación entre Kagame y el Emir de Qatar, Tamim bin Hamad Al Thani, tanto que en el Parque de los Príncipes, hogar del equipo parisino, solo se sirve café y té cultivados en Ruanda.

Sin duda, el gobierno ruandés busca lavar su imagen a través de millones de dólares, pero también intenta tener su lugar en el mundo. En Ruanda la pobreza ha bajado, la alfabetización ha crecido en los últimos años y la desocupación bajó hasta llegar al 11 %. Hoy Ruanda busca ser lo que los expertos llaman la “Singapur africana”.

Una década después: el día que los Leones fueron campeones olímpicos

Por Juan Franco Gómez Sacks

Gritos. Corridas. Sonrisas. Banderas argentinas que se agitan. Es el jueves 18 de agosto de 2016. En el campo 1 del Centro Olímpico de Hockey de Deodoro, barrio de la zona oeste de Río de Janeiro, un arco envuelve en gloria a dos jugadores. Son Agustín Mazzilli, quien acaba de convertir el 4-2 decisivo a merced, y Manuel Brunet. La tabla les sirve de asiento. Con sus brazos cruzados cual amigos de primaria y dejando ver sus bucales -azul el del primero, celeste el del segundo-, invitan a los que faltan. El tercero en llegar es Lucas Vila, quien los embiste hacia la red y pierde su palo. Al toque se suman Isidoro Ibarra, Ignacio Ortiz y Gonzalo Peillat. Algunos belgas buscan consuelo con la mirada perdida en el sintético de agua. Otros deciden guardarse en el banco de suplentes, cerrar los ojos y desear que sólo sea una pesadilla. Detrás de mitad de cancha hay una panza que no se quiere perder los festejos. Es la de Carlos Retegui, quien invade el campo de juego y salta tres veces hasta abrazarse con Alejandro Doherty, parte del cuerpo técnico, para luego disculparse ante Björn Isberg, el oficial técnico de nacionalidad sueca, porque le está llamando la atención. El alboroto es total. El reloj marca que quedan 16,9 segundos para que suene la bocina. Pero el destino ya está sellado: los Leones son campeones olímpicos.

“Ahora que se acerca la fecha está pasando lo que decíamos hace diez años, que cuanto más pasara el tiempo, más importancia se le iba a dar. Digo: ‘wow, qué loco, qué grande lo que conseguimos’. Siento alegría, emoción y reconocimiento a semejante logro”, le dice Ortiz -Nano, para el mundo del hockey- a El Equipo, diez años después de la proeza.

Ignacio Ortíz, autor del segundo tanto argentino ante Bélgica.

Los equipos salen al campo de juego con el clásico trote. “No me importa lo que digan / Lo que digan los demás / Yo te sigo a todas partes / Cada vez te quiero más”, es el canto que baja de las plateas para el elenco argentino, que llegó hasta esta instancia tras superar un difícil grupo B, en el que derrotó a Canadá e Irlanda, igualó ante Alemania y Países Bajos -campeón y subcampeón, respectivamente, de la última edición- y cayó con India. En playoff eliminó a España y se aseguró el podio tras golear 5-2 a Alemania. Bélgica, por su parte, sólo perdió ante Nueva Zelanda, mientras que se impuso ante Inglaterra, Brasil, Australia, España, India y Países Bajos. Una campaña que, en términos estadísticos, le da el favoritismo, pero los Leones, con la medalla de bronce lograda en el Mundial de La Haya hace dos años y tras una vida siguiendo la estela de las Leonas, sueñan con hacer historia.

“La verdad que a todos nos gustaría ser como las Leonas a nivel Juego Olímpico porque están acostumbradas a estar con medalla. Siempre fue estar compartiendo el mismo torneo y nosotros en el estadio mirando cómo competían por una”, le declara Mazzilli, a una década de la final de Brasil, a Gol Deportivo. El equipo femenino se consolidó como potencia tras culminar como subcampeón de los Juegos de Sydney 2000 y conquistar el Mundial de Perth en 2002. A esos logros le siguieron dos bronces (Atenas 2004 y Pekín 2008), otra medalla plateada (Londres 2012) y una nueva Copa del Mundo (Rosario 2010). Más tarde, llegaría el segundo y tercer puesto en Tokio 2020 y París 2024, respectivamente. Pero volvamos a Río, porque el plantel masculino está a 60 minutos de conseguir el logro más importante para la disciplina.

Suenan los himnos. Los belgas, pecho erguido, mirada al frente, lo entonan abrazados. Los argentinos también. El sudor ya recorre sus frentes y el canto va en ascenso hasta alcanzar su tope cuando juran con gloria morir. Con todos los actos protocolares finalizados, los referís se acomodan en sus zonas. El alemán Christian Blasch ocupa el sector izquierdo y el sudafricano John Wright el derecho. Los planteles se saludan y se arengan en rondas. Los suplentes corren a sus bancos. La cuenta regresiva suena, en inglés, por altoparlante. Tanguy Cosyns, número 32 del conjunto europeo, es el primero en tocar la pelota. La final está en marcha.

Bélgica domina y Argentina espera. Cuando los del Chapa recuperan la posesión, buscan conectar rápido con los delanteros mediante el uso del flick. Uno de ellos cae en el número 19 de los rojos, el defensor Feliz Denayer, quien abre hacia su derecha e inicia una jugada memorable. Loïck Luypaert envía el undécimo pase hacia el semicírculo y es desviado por Cosyns. La bocha pega en la protección de la pierna izquierda del arquero Juan Manuel Vivaldi y termina contra la red. Es el peor arranque posible para los argentinos, que en tres minutos ya están abajo. Con el pasar del tiempo, el partido se iguala en términos de control. A los 12, Gauthier Boccard juega con el pie: es el primer corto para los de celeste y blanco. Lo hace Mazzilli y recibe Rossi. Peillat, quien lleva diez tantos -todos ellos como arrastrador-, parece que va a tirar. Sin embargo, con una habilidad sublime, pasa la bocha por detrás de su cuerpo hacia donde está el capitán, Pedro Ibarra, quien la envía con dirección al arco. Aquí aparece, por primera vez, un rival que tomará un protagonismo vital en el desarrollo del partido.

Florent Van Aubel, nacido el 25 de octubre de 1991 en Gante, la tercera ciudad en cuanto a densidad de población belga, es jugador de hockey desde 2006, cuando debutó en el Royal Orée de Bruselas, la capital. En Río de Janeiro está disputando su segundo Juego tras haber culminado en el séptimo lugar en Londres 2012. Luego acudiría a dos citas más, en las que obtuvo una presea dorada en Tokyo 2020. Lleva el número ocho en la espalda y se ubica, con su máscara protectora, a escasos metros de la línea de fondo. A pesar de ser delantero, es el último bastión belga de los cinco que defienden los cortos. La pelota viaja hacia su rostro y, como gesto de protección, pretende cubrirse con su palo. Logra su cometido, pero al voltearse, Argentina ya está 1-1.

Los dirigidos por Shane McLeod reaccionan rápido: el diez, Cedric Charlier, hace un gol que es anulado porque su pie había interferido en la jugada. Quedan 40 segundos. Los sudamericanos tienen un largo a favor. Brunet mueve para Rossi, ubicado detrás de la línea de 23 metros, quien barre en búsqueda de algún rebote que altere la secuencia. Lo consigue porque el mismísimo Van Aubel inclina su palo de manera perfecta para que tome vuelo y Vila controle y asista a Ortiz. Nano la cruza y, tras un pequeño desvío en Simon Gougnard, marca el 2-1.

“El otro día me puse el partido después de mucho tiempo. Fue, wow, hacer un gol en la final para pasar a ganar. A medida que va pasando el tiempo, el reconocimiento a haber hecho un gol en una final olímpica es más grande de lo que fue en el momento. Todos me recuerdan eso. Cada vez que alguien me habla de la final, dicen ‘además hizo un gol en la final olímpica’. Siempre me demuestran la importancia. A medida que vaya pasando el tiempo, más importante va a ser”, señala Ortiz sobre su tanto, el primero en Río.

Instantes después, una pegada de Gougnard pasa cerca del palo derecho de Vivaldi. Final del primer cuarto.

“Argentina, hoy te vinimo’ a ver / Ponga huevo, hoy no podés perder / Te llevamos dentro del corazón / Esta hinchada se merece ser campeón”, cae ahora desde las tribunas, colmadas, en su mayoría, por hinchas albicelestes y por los trapos de sus barrios o provincias. A los 17 minutos, Luypaert envía el primer corto de Bélgica por el costado derecho. Un claro aviso para Argentina. A los 20, Vivaldi tapa el segundo, esta vez tras un remate de Tom Boon. Uno más tarde, el capitán del seleccionado europeo, John-John Dohmen, toca la bocha con el pie y el umpire Blasch señala un nuevo penalti córner para los de celeste y blanco. La escena se repite: Mazzilli sirve para Rossi y éste acomoda para Peillat, quien arrastra y sentencia el 3-1. Desahogo enorme por una ventaja de dos goles. Entre gritos, Retegui mantiene la calma. Está sujeto con ambas manos al cartel publicitario de su banco de suplentes.

Peillat renunciaría a la selección en 2018 por conflictos con Retegui, dirigentes y jugadores. En 2022, tomaría la decisión de representar a Alemania. “Yo siento que me traicionaron, que me mintieron en la cara, me faltaron el respeto y me dejaron expuesto a situaciones inmanejables”, le diría en 2024 a ESPN. Ese mismo año, en el marco de los Juegos de París, volvería a verse las caras con su país y, luego de convertirle un gol, le echaría más leña al fuego con sus declaraciones a Televisión Pública: “La decisión, cuando la tomé, supe que iba a haber un 50 % de gente que no le iba a gustar y un 50 % de gente que sí. Pero, al final, es mi vida. Al que le guste, bien, y al que no le guste, sorry. Como dijo Maradona: ‘que la sigan chupando’”.

Los simpatizantes belgas intentan recuperar el ánimo de sus compatriotas con aplausos coordinados. La hinchada albiceleste responde con el clásico “no tengas miedo, podés cantar”. A los 29 minutos, Charlier se excede en fuerza al cuerpear a Rossi, quien termina fuera del límite de cancha. El número 10 recibe tarjeta verde y su equipo permanecerá con un jugador menos por los próximos dos minutos. A menos de 20 segundos para el bocinazo, Dohmen intenta corregir una barrida de Luypaert, aunque se va ancha. Final del primer tiempo. Entre ovaciones, ambos planteles se van a los vestuarios tras un primer tiempo en el que Argentina, si bien no dominó, aprovechó su efectividad en los cortos. Quedará media hora para defender el sueño.

La noche ya es una realidad en Río de Janeiro. Ahora los jugadores argentinos se ubican en el sector izquierdo. En menos de cinco minutos, el equipo de Retegui solicita dos video ref por dos señalizaciones de corto para los belgas y en ambos recibe la derecha del umpire que está en la cabina, el sudafricano Deon Nel. El entrenador de los Leones comienza a cambiar de fase. Estaba tranquilo, pero se exalta por una falta cobrada a Joaquín Menini en un contragolpe. “Es increíble, boludo”, suelta al golpear el techo del banco. El partido gana tensión. Y el público albiceleste entiende que es momento de brindar más aliento.

“Y ya lo ve / Y ya lo ve / Somos locales otra vez”. A los 41, la bocha cruza todo el semicírculo de Vivaldi, quien mueve su armatoste para patearla bien lejos. Acto seguido, Van Doren hace una pegada que se cuela bajo los tres palos, pero no suma al tanteador porque la realizó fuera de la zona permitida. Con 120 segundos por disputarse del tercer período, Mazzilli ve la tarjeta verde por haber derribado en mitad de cancha a Emmanuel Stockbroekx. Cuando apenas restan ocho, Gauthier Boccard recibe sobre la derecha de la línea punteada y elude a tres argentinos. Define de volea cruzado y le pone suspenso a la final, que se definirá en los últimos 15 minutos.

Bélgica logra su tercer córner corto en el compromiso. Pero, otra vez, Van Aubel va a interferir a favor de los de celeste y blanco. Luypaert arrastra en dirección al arco y el número ocho, señal del destino, se desliza sobre el césped y despeja la pelota. En las gradas ya no hay compostura. El agite de casacas y el salto de los hinchas es otra forma más de aguantar el resultado. Sólo faltan cinco minutos para la gloria. Facundo Callioni, el número siete de Argentina, la toca con el pie y el umpire alemán no lo detecta. Sebastien Dockier pide video ref, herramienta que coincide con la solicitud y otorga otro penalti córner a favor del conjunto que viste de rojo. “Todo el torneo nos mataron”, reclama Chapa. Sin embargo, Boom se enreda y toca la pelota con su pie. Hay tiro libre y salida para los  -ya nadie tiene dudas con esto- locales.

McLeod toma una decisión que cambiará el rumbo del partido. Con el reloj acorralando a su equipo, voltea y encuentra la mirada de Cosyns, quien se levanta de su asiento y se coloca una pechera verde. El arquero Vincent Vanasch sale por la línea de fondo mientras se quita su máscara. ¿El objetivo? Jugar con un hombre más. La pelota llega al punto penal argentino. Quien recibe y remata es Dockier, pero Vivaldi y sus piernas vuelven a salvar a los Leones. El rebote le cae a Van Aubel, quien no llega a pensar ante la gran recuperación de Rossi. Quedan 40 segundos para que Argentina esté en lo más alto del podio. Retegui pierde toda su compostura y abandona su posición. Ahora está pegado al lateral.

La platea ya es popular. Menini conduce por el costado derecho. En términos futboleros: la guarda en la esquina. Cosyns lo marca y logra que la bocha toque en su zapatilla. Hay salida para Bélgica. El de la pechera cambia para -a esta altura ya podemos considerarlo un amigo de la nación- Van Aubel, quien pierde en la carrera con Mazzilli. El número 26 argentino va a la disputa con Denayer y gana. No hay oponente. ¡Estás solo, Agustín! ¡Argentina es campeona olímpica! Gana 4-2 y no va a quedar tiempo para más.

“Me acuerdo patente el momento. Yo venía hablando con Agus (por Mazzilli) de una forma en que podíamos presionarlos para no meternos tan atrás. Me acuerdo que estábamos presionando por derecha, perdemos la pelota y juegan para el otro lado y yo estaba cerca. Cuando levanto la cabeza, veo que Agustín está corriendo como para interceptar. Fue un momento de mucha alegría y de desahogo porque estábamos a un gol y Bélgica se estaba viniendo bastante”, desliza Ortiz. Mueven los europeos y un envío de Stockbroekx se pierde por el fondo. Vivaldi se deja caer y el plantel albiceleste se aprieta en un abrazo. En las tribunas se mueven hasta banderas de Chile y Uruguay. Es, también, un triunfo sudamericano. La primera presea dorada en la disciplina para un país de este continente.

“Ojalá sea el principio de unos grandes años de este deporte”, le comenta Ibarra a Televisión Pública. “Es el premio a trabajar, a entrenar, a no bajar los brazos y a no darnos por vencidos nunca. Esto es la gloria total”, amplía Rossi. “Ser campeón olímpico es increíble. Mucha gente se entrena y se esfuerza para llegar a esta situación y hoy nos toca a nosotros. Hay que disfrutarlo mucho”, sentencia Juan Ignacio Gilardi. Retegui, con una bandera que le cruza el cuello, declara: “Estoy muy orgulloso porque sé que le alegramos el día a mucha gente y lo quiero compartir con toda la Argentina”. Mientras su voz se va quebrando, le agradece a todos: desde el Comité Olímpico hasta los cocineros. “El oro es de todos”, cierra.

Carlos Retegui lleva en hombros a Matías Paredes, enyesado tras una fractura sufrida en semifinales

Dos hombres ayudan a un jugador a llegar al pogo. Son Doherty, el asistente técnico que había invadido el terreno de juego con Chapa, y Javier Blanco, que levantan a Matías Paredes, el delantero que tiene el pie derecho enyesado por una fractura sufrida en semis. Otro que no pudo decir presente, pero que es tan campeón como los que sí lo hicieron, es Matías Rey, quien sufrió una fractura en su muñeca derecha también con Alemania. Retegui, al ver que Paredes hacía de dos palos sus muletas, lo lleva a dar la vuelta olímpica en sus hombros. Ya pasaron las premiaciones a Alemania, que se quedó con el tercer puesto, y Bélgica. Ahora suena el himno argentino. A la par, la bandera sube por el mástil. Es un momento legendario, la tercera dorada de esta edición para el país porque Paula Pareto se la colgó en judo y Santiago Lange y Cecilia Carranza la conquistaron en el Nacra 17 mixto.

“Se nos dio por todo el camino recorrido, por toda la preparación que habíamos hecho, por la mentalidad de ese equipo, por lo unido que estaba ese grupo y todo lo que había trabajado. Creo que fue la frutilla del postre porque habíamos dejado muchas cosas de lado para ir a competir. El equipo tenía mentalidad, juego y físico. Estaba todo dado y a medida que iban pasando los partidos cada vez teníamos más confianza”, finaliza Ortiz.

Los Leones se suben al podio y celebran la medalla de oro, la única del hockey argentino.

Diez años no parece mucho, pero si analizamos todo lo que transcurrió, se torna una eternidad. Carlos Retegui decidiría ponerle fin a su ciclo como entrenador. Sin embargo, al mes, regresaría con una doble función: sería el head coach de ambos seleccionados, lo que provocaría la renuncia de dos pilares como Peillat y Mazzilli. “Los campeones olímpicos están en mi corazón, no me importa si están enojados conmigo por algo. Yo mal no les hice, estoy tranquilo. Los miro a los ojos. Hay muchos que se portaron mal conmigo. Ellos lo saben y lo sabe el grupo, pero eso muere todo ahí”, le confesaría Chapa al periodista Juan Pablo Varsky en 2024. Internas fueron y vinieron. Lo cierto es que, ni en mundiales ni en Juegos Olímpicos, los Leones pudieron volver a subirse a un podio, pero sí obtuvieron el subcampeonato de la Liga Mundial 2016-17 y cosecharon dos Juegos Panamericanos y tres Copas Panamericanas. En el continente son muy difíciles de vencer. Ha pasado una década de la jornada más gloriosa de este deporte. El equipo, ahora bajo las órdenes de Lucas Rey, afronta el Mundial de Bélgica y Países Bajos con dos objetivos: volver a figurar en los primeros puestos y, por qué no, regalarle otra gran alegría como aquella de Río de Janeiro a su pueblo.

El clásico de Chipre que volverá a enfrentar a un grande ante los rebeldes que se excluyeron

Por Valentino Franco

Con el calor de la fiebre mundialista ya en el pasado, el retorno de las ligas europeas vuelve a concentrar la atención de la escena futbolera. Como todas las temporadas, siempre alguna situación llamativa destaca: ya sea la camiseta extraña, el jugador por el que se pagó una millonada o el equipo que ascendió. Una de las historias a contar será, justamente, sobre un club que subió a Primera, aunque no hablamos de ninguna de las ligas principales del continente. En la conflictiva isla de Chipre, Omonia Nicosia, equipo más popular del país y considerado el del pueblo, deberá enfrentar al ascendido cuadro que sus propios hinchas fundaron cuando les arrebataron el control del club: PAC Omonia.

Chipre, otro Estado donde el deporte tiene cimientos bélico

El fútbol chipriota ha sido, desde su llegada al país en el siglo XX por medio de la ocupación británica, un testigo de lujo hacia todos los embrollos políticos y territoriales que allí se desataron en los últimos 150 años. Chipre es una isla ubicada en el mar Mediterráneo que, por su cercanía tanto a Europa como Asia, agrupó -y enfrentó- en sus tierras a dos grandes etnias: los grecochipriotas y los turcochipriotas (de nuevo, una gresca entre cristianos y musulmanes). La disputa entre las polaridades fue tan feroz que dejó al lugar dividido en dos; hoy en Chipre existe una zona desmilitarizada que divide al norte del sur, al mismo tiempo que Nicosia opera como capital de los dos Estados. Es por esto que la Selección que vemos participar en eliminatorias europeas representa a la República de Chipre. Ergo, la griega. Aunque la República Turca del Norte de Chipre (que sólo es reconocida por sus vecinos turcos) también posee unas marginadas y aisladas liga local y Selección nacional. Pero esa es otra historia.

Entonces, ¿dónde aparece el Omonia? Bueno, al estar la República de Chipre prácticamente anclada a Grecia, quedó sujeta también a todo lo que sucedía allí. En el país helénico, la izquierda y la derecha -que venían de colaborar para expulsar a los Nazis de Grecia- comenzaron a batallar por el vacío de poder que quedó tras la terminada Segunda Guerra Mundial. Todo desembocó en la Guerra Civil Griega de 1948, la cual a su vez fue uno de los primeros capítulos de la Guerra Fría; Estados Unidos se metió para cooperar con el gobierno griego y comenzó a expandirse el sentimiento anticomunista. El mismo, claro, cruzó rápidamente el mar y llegó a Chipre.

Por aquellos años, el equipo más fuerte de la jóven liga chipriota era el APOEL -club política e históricamente asociado con la derecha-, el cual manifestó su deseo de que el motín comunista termine tanto en Grecia como en Chipre. Varios de sus propios futbolistas comenzaron a ser humillados y maltratados, a lo que decidieron apartarse de la institución en un afán de crear un nuevo espacio deportivo sin discriminación. Fue así como el 4 de junio, mediante un pleno y total acto político, los exiliados del APOEL fundaron el Athletic Club Omonia Nicosia.

El Trébol adoptó como clásico al equipo del que surgió: el APOEL, conformando el Derbi de Nicosia. Entre los dos cuadros se han repartido la mayoría de los títulos a lo largo de las décadas, y el establecer cuál de ellos es el más grande de Chipre es un verdadero debate; APOEL lidera el palmarés de ligas 29 a 22, pero logró nueve de ellas en los primeros 15 años del torneo, cuando el Omonia aún no existía.

El PAC Omonia, hijo de una familia que se resquebrajó

Más allá de los resultados deportivos o el saldo financiero, el AC Omonia mantuvo desde siempre los principios de ese club que se convirtió en el más popular de Chipre a razón de no cobrar entradas y recaudar fondos a colaboración. Nunca hubieron dueños ni inyecciones de dinero, y la institución fue propiedad de sus hinchas, que tenían derechos políticos y elegían a la directiva que comandaba al equipo. En cuestión, Omonia jamás dejó de ser una entidad sin fines de lucro… hasta 2018.

A mediados de 2013, los de Nicosia fueron azotados por una crisis que los dejó prácticamente en bancarrota. El club sobrevivió mediante campañas de ayuda, y durante los siguientes años se comenzó a barajar la posibilidad de aceptar a un grupo inversor. Tal destino fue repudiado con vehemencia por parte de la GATE-9, Ultras del Omonia. Este fue el declive final de la relación hinchada-directiva, puesto que los propios ultras venían notando actividad inusual en el club: aquellos que no pertenecían al AKEL, movimiento progresista de Chipre, eran rechazados en la institución. Sí, el mismo Omonia que surgió como un equipo libre de discriminación comenzaba a ejercerla sobre una fracción de su gente.

Parte de la GATE-9 organizó un plan para mantener al club bajo dominio de sus socios, y para las elecciones del 29 de mayo de 2018 presentaron una candidatura. Pero, por séptima década consecutiva, políticos del AKEL fueron electos, y con ello se aprobó la venta del club como ruta de escape a los agobios económicos. Fue ese mismo día que los ultras, con una asamblea de por medio, acordaron no quedarse de brazos cruzados al perder la institución: crearían un nuevo club. Aquel 29 de mayo nació el People ‘s AC Omonia (Club Atlético Omonia de su Gente).

El incipiente cuadro comenzó a competir en ligas regionales jugando en estadios alquilados, los cuales desde el primer partido se tiñeron de los característicos tifos con mensajes antifascistas y símbolos de la hoz con el martillo -es decir, una traslación de la cultura del Omonia-. Todo se mantuvo sobre ruedas pura y exclusivamente con recaudaciones, donaciones y campañas de merchandising. La crecida del PAC Omonia fue meteórica, y para 2021 ascendieron a la segunda división del fútbol chipriota; la cúspide del proyecto de aquellos hinchas del GATE-9 alcanzó su esplendor hace dos años, cuando el equipo cosechó el ascenso y tuvo la dicha de enfrentar al Omonia en la Primera División. Fue un empate a uno en un partido de sensaciones encontradas para más de uno en cancha. Sin embargo, el PAC quedó último aquella temporada, decretando así su retorno a las categorías de ascenso. En esta 2026/2027, el humilde conjunto de Nicosia volverá a la máxima del fútbol chipriota para brindar nuevas ediciones del Derbi de los Tréboles, como así fue catalogado en la isla.

“La historia la hacen aquellos que resisten”, reza uno de los trapos de la hinchada del PAC Omonia.

¿Qué sentirá quien supo ser hincha del Omonia, en cuya piel tal vez se encuentre impregnado el escudo del club o cuyos hijos vistió de verde desde el primer día, cuando le toque visitar la cancha que una vez fue suya? ¿Cómo será volver, ahora, pero en la tribuna visitante? Sea como sea, aquel grupo del GATE-9 que prometió defender con fiereza la identidad del equipo nunca desistió a la hora de mantener viva la llama y los valores de lo que ellos creían que era la vieja esencia del Omonia Nicosia; no pudieron torcer la venta, pero trasladaron los cimientos a un nuevo lugar. Quizá alguno de los fundadores quedó en el camino, conmovido y cautivado por el paso de los de 1948, casi sin transición, de la quiebra a la Champions League producto de la inversión millonaria. Sin embargo, eso no desvió el caudal del agua que finalmente pudo romper la piedra: el PAC Omonia jugará su segunda temporada en la Primera de Chipre. Y, por supuesto, habrá partidos entre dos equipos que comparten colores, escudo, camiseta y nombre, ya que, en realidad, uno surgió por los mismos motivos que el primero, sólo que 70 años después.

Checoslovaquia: la potencia extinta que llegó a dos finales del mundo y conquistó Europa

Por Emanuel Soste

A lo largo de la historia hubo distintas selecciones que dejaron su huella e impronta, como la Italia bicampeona del mundo en los años 1934 y 1938 dirigida por Vittorio Pozzo, el Brasil de 1958 y 1962, siendo el último conjunto que logró el título de forma consecutiva teniendo como su gran figura a Pelé, o la Scaloneta, que consiguió ser bicampeona de América, vencedora de la Finalissima y campeona del mundo en 2022. Pero hay un combinado que también dejó un legado impresionante y que ya no existe: Checoslovaquia.

Checoslovaquia fue un Estado soberano de Europa Central que existió en dos períodos: el primero entre 1918 y 1938 (cuando fue ocupada por la Alemania nazi) y el segundo entre 1945 y 1992. Tras años de tensiones y conflictos internos, el 1 de enero de 1993 se disolvió pacíficamente por decisión del Parlamento, formando dos países completamente independientes: la República Checa y Eslovaquia.

​En 1934 marcaría su gran hito al disputarse el segundo Mundial de fútbol de la historia con sede en Italia (por aquellos años sumergida bajo el régimen fascista). Los checoslovacos vencieron a Rumanía en los octavos de final, a Suiza en cuartos de final y a Alemania en semifinales, logrando así el pase a la gran final frente al anfitrión.

Antes del comienzo del partido, Benito Mussolini envió un mensaje de amenaza a sus propios jugadores: “Vencer o morir”. El marcador recién se quebró a los 71 minutos cuando Antonín Puč convirtió el gol. Mientras un país disfrutaba porque faltaban pocos minutos para consagrarse campeón, los italianos sufrían más por las repercusiones sociales que podía llegar a tener una derrota que por lo deportivo. Sin embargo, la “Azzurra” empató diez minutos después y se impuso 2 a 1 con otro tanto en tiempo suplementario. El máximo artillero del certamen con seis goles fue el delantero checo Oldřich Nejedlý.

​28 años después, en el Mundial de Chile 1962, Checoslovaquia volvería a disputar la gran final. Tras salir segunda de grupo detrás de Brasil, derrotó a Hungría en cuartos de final y a Yugoslavia en semifinales. Los checoslovacos se enfrentaron nuevamente con la Verdeamarela en la final. Al igual que en 1934, comenzaron arriba en el marcador, pero tan solo dos minutos después los sudamericanos empataron. La jerarquía de Brasil se impuso en el segundo tiempo y el encuentro finalizó 3 a 1.

​Como dice el dicho, “el fútbol da revancha”, y así fue. La Eurocopa de 1976 con sede en Yugoslavia fue la gran alegría del pueblo checoslovaco. Tras terminar primero en su grupo, eliminó a la Unión Soviética en cuartos de final y a los Países Bajos en tiempo extra en semifinales. En la final enfrentó a la Alemania Federal de Beckenbauer (que venía de ganar la Eurocopa en 1972 y el Mundial en 1974). El partido comenzó favorable para Checoslovaquia, que a los 25 minutos ya ganaba por dos goles, pero la garra de los “Teutones” provocó el descuento y un agónico empate en el último minuto. El marcador no se movió más, por lo que se disputó la primera definición por penales en la historia de la Eurocopa. El delantero alemán Uli Hoeneß erró su tiro, dejándole el penal definitivo a Antonín Panenka. El exmediocampista hizo algo nunca antes visto: picó la pelota en la definición para marcar un gol histórico.

Un dato de color es que la peor derrota de la selección argentina en mundiales fue contra Checoslovaquia, ya que los europeos golearon a la “Albiceleste” seis tantos contra uno en el Mundial de Suecia 1958. Tras la aplastante derrota, a ese partido se lo conoce desde entonces como el “Desastre de Suecia”. Sin duda alguna, Checoslovaquia fue un gran seleccionado que se codeó con las demás potencias futbolísticas de igual a igual.