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España y Francia, una llave que alimenta un cruce picante en semifinales

Por Celeste Roa y Alexandra Jara

La selección de España dejó en el camino a Portugal y selló su clasificación a los cuartos de final del Mundial 2026 gracias a un agónico gol de Mikel Merino. Mientras la Roja celebra el pase a la siguiente instancia, las declaraciones de Lamine Yamal sobre Francia siguen generando repercusión y alimentan la expectativa de un posible enfrentamiento entre ambos seleccionados en semifinales, aunque para que eso ocurra los dos deberán superar primero los cuartos de final.

En la previa de los dieciseisavos de final, el delantero español había sido contundente al referirse a uno de los grandes candidatos al título. “Francia no es mejor que España. No nos han ganado, no pueden ser mejores que nosotros. El Mundial empieza ahora, después de la fase de grupos. Creo que no hay ningún favorito claro. Francia llega en buena forma, pero no creo que esté por encima de nadie”, afirmó en una entrevista con Radio Cope.

Las declaraciones del atacante de 18 años rápidamente recorrieron el mundo y generaron repercusión en la concentración francesa, ya que ambos seleccionados aparecían como posibles rivales en las semifinales del certamen.

Quien recogió el guante fue Jules Koundé, defensor de Francia y compañero de Yamal en el Barcelona. Desde la concentración francesa en Waltham respondió con tranquilidad, aunque dejó en claro que tomó nota de las palabras del español. “Los últimos partidos que hemos tenido contra España no han salido como queríamos. Nos guardamos esa frase en un rincón de nuestra cabeza, o al menos en un rincón de la mía”, expresó. Además, destacó la personalidad de su compañero: “Sé que es un jugador muy fuerte, un chico ambicioso que dice las cosas como las piensa”. Sobre el favoritismo, agregó: “Ser el favorito en una competición no significa mucho. No me molesta, me hace sonreír”.

Horas después, el propio Yamal bajó el tono de sus declaraciones. Desde la concentración española aclaró que no buscó menospreciar al conjunto francés y reconoció el nivel de los dirigidos por Didier Deschamps. “La fase de grupos no significa nada, miren a Alemania. Francia está jugando a un nivel muy alto, está en plena forma, tiene buenos jugadores, pero no creo que esté por encima de nadie. Para mí, nadie está por encima de nadie”, señaló.

 

Antecedentes en los Mundiales

La rivalidad entre España y Francia también tiene capítulos importantes en competencias organizadas por la FIFA. El antecedente más recordado en una Copa del Mundo absoluta se dio en los octavos de final de Alemania 2006, cuando Francia eliminó a España por 3-1 con goles de Franck Ribéry, Patrick Vieira y Zinedine Zidane, luego de que David Villa abriera el marcador para la Roja. Además, ambos seleccionados se enfrentaron en los Mundiales Sub-20 de 1977 y Turquía 2013, con triunfos españoles por 2-1 en ambas oportunidades.

 

El historial reciente

En los últimos diez años, ambos seleccionados protagonizaron varios cruces de alto nivel. Francia venció a España por 2-1 en la final de la UEFA Nations League 2021, mientras que la Roja se tomó revancha al imponerse 2-1 en las semifinales de la Eurocopa 2024, ganó 5-3 la final de los Juegos Olímpicos de París 2024 y volvió a derrotar a los franceses por 5-4 en las semifinales de la UEFA Nations League 2025.

De aquel último enfrentamiento por la Nations League todavía permanecen 18 futbolistas en los planteles mundialistas. España mantiene la base con Unai Simón, Pedro Porro, Robin Le Normand, Marc Cucurella, Pedri, Fabián Ruiz, Mikel Merino, Nico Williams, Lamine Yamal y Mikel Oyarzabal. Por el lado de Francia continúan Mike Maignan, Jules Koundé, William Saliba, Theo Hernández, Aurélien Tchouaméni, Kylian Mbappé, Ousmane Dembélé y Randal Kolo Muani, reflejando la continuidad de dos generaciones que vuelven a perfilarse como protagonistas.

Sin embargo, el esperado choque todavía deberá esperar. Francia buscará el pase a las semifinales cuando enfrente a Marruecos el jueves 9 de julio a las 17:00, mientras que España disputará su partido de cuartos el viernes 10 de julio a las 16:00 frente a Bélgica. Solo si ambos logran avanzar, el Mundial 2026 tendrá un nuevo capítulo de una rivalidad que sigue sumando historia.

 

Cristiano Ronaldo y su legado en los Mundiales

Por Valentín Rodríguez Costich, Tomas Golfo y Mateo Tempone

En vísperas al encuentro frente a España por los octavos de final, Cristiano Ronaldo palpitó el duelo y confirmó que el Mundial 2026 fue el último de su carrera como futbolista de la selección de Portugal. El capitán lo reconoció en conferencia de prensa. “Siempre estoy aquí en cuerpo y alma. Juegue o no en la selección, siempre voy a tener un papel importante”, expresó el máximo ídolo portugués, dejando en claro su compromiso con el grupo más allá del lugar que le tocó ocupar dentro del equipo.

A los 41 años, CR7 atravesó su sexta participación mundialista y se preparó para afrontar un nuevo clásico ibérico, esta vez con un condimento especial: la posibilidad de que cada partido pueda marcar su despedida definitiva de la máxima competencia. Y así fue.

En Alemania 2006, CR7 disputaba su primer Mundial con 21 años y fue la edición en la que más lejos llegó, finalizando en el cuarto lugar siendo esta la mejor participación de Portugal. Ocho años después, el comandante registró un desempeño para el olvido en Brasil 2014, aquí no logró superar la fase de grupos que compartía con Estados Unidos, Ghana y Alemania. El principal apuntado por la prensa portuguesa fue el “bicho”. El ex Real Madrid tuvo su mejor versión en Rusia 2018 donde aportó cuatro goles en cuatro partidos. Tres de las anotaciones habían sido frente a la Roja, con la que se batió a duelo por el pase a cuartos de final en su última función.

En la actual Copa del Mundo el delantero luso marcó tres goles, dos en fase de grupos ante Uzbekistán y el más reciente en el duelo frente a Croacia en 16avos de final, conviene subrayar que ya rompió dos récords. Uno de ellos lo comparte junto con Lionel Messi y Guillermo Ochoa, quienes están exhibieron en sus camisetas el logo FIFA legacy para honrar sus seis participaciones en citas mundialistas. Por otra parte, es el segundo jugador más longevo en anotar un tanto en esta competencia.

El sueño del portugués de obtener la Copa del Mundo terminó hoy con la caída ante España por los octavos de final, lo que significó también su despedida definitiva de los mundiales. Con seis participaciones, tres goles en esta edición 2026 y un total de 12 tantos a lo largo de su carrera mundialista y los dos récords antes mencionados, el capitán cerró su trayectoria que lo consolidó como uno de los  jugadores más importantes que pasó por la Copa Mundial de la FIFA.

Cristiano Ronaldo termina su legado en Mundiales habiendo llegado nuevamente a octavos de final como en Qatar 2022 y siendo consolado por Lamine Yamal, la gran promesa del fútbol moderno. Con esto culmina una carrera histórica con su selección logrando los únicos dos títulos en la historia de su país. Al finalizar el encuentro el jugador se dirigió al vestuario entre lágrimas en lo que significó su último partido en Copas del Mundo y su retiro del seleccionado nacional.

Crónica de una noche con Cabo Verde: primero hay que saber sufrir

Por Luca Bertoni

“Uff, ahora sí.. estamos adentro”, esbozó Hernán Bertoni, anfitrión y padre de uno de los miembros del grupo de amigos de Haedo que se juntaron para ver a la selección argentina contra Cabo Verde. Y es que el partido se presentó así, trabado y complicado. Tanto fue así que los chicos se fundieron en un abrazo grupal entre una nube de suspiros que llenó la habitación de alivio. 

En los papeles, el partido parecía sencillo para muchos. “Hoy 4 a 0, ganamos cómodos” dijo Manuel, el más fanático de la selección en el grupo de amigos, antes que arranque el partido con un tono de tranquilidad casi inimaginable para un partido de eliminación directa de un Mundial.

 Y es que, en defensa de Manuel, el rival era Cabo Verde. Un país que disputaba su primera Copa del Mundo, un país pequeño en el cual muchos de los jugadores tenían oficios por fuera del deporte para poder vivir. “Ojo igual eh, vienen jugando bien, yo los vi con España y Uruguay y son muy fuertes, a los vecinos hasta le podrían haber ganado”, advirtió Mateo, defensor y profesor de fútbol infantil. 

El partido arrancó trabado, pero como siempre, el 10 y capitán albiceleste, con una pincelada mágica abrió el marcador luego de controlar una pelota que había viajado por el aire más de 40 metros. “Que de la mano, de Leo Messi, todos la vuelta vamos a dar…”, arrancó a sonar al unísono entre los 10 chicos, casi como si hubiese estado premeditado. “¿Vos viste la pelota que puso el Licha?”, preguntó Tobias, el central zurdo del grupo, fascinado con el pase largo que había hecho el zaguero argentino. 

Sin muchas más emociones, llegó el entretiempo. Se notaba cierto clima de tensión. Si bien es cierto que el conjunto africano no se había aproximado al arco sudamericano, el rendimiento colectivo no terminaba de convencer a los hinchas argentinos. “No están conectando los del medio con los de arriba, a Lautaro no le llega nunca”, sentenció Santiago, otro de los amigos, mientras se levantaba del sillón. 

Solo 15 minutos pasaron del complemento cuando llegó el empate de Cabo Verde. “Se los dije. No jugamos a nada, estaba cantado”, dijo Santi con un salame y un queso en una mano, y un vaso de fernet en la otra. Y por más de que ese vaso de fernet no era el primero que empinaba en la tarde noche del viernes, razón no le faltaba, la gran mayoría estaba disconforme con el rendimiento de la selección.

Pitazo final, empate en 1 y a jugar el tiempo extra. Poco pasaba hasta que el propio Licha Martínez agarró un rebote dentro del área y la acomodó arriba para que al famoso arquero caboverdiano se le haga imposible atajarla. “Vamos muchachos, es ahora, ahora hay que pasarlos por encima”, le gritó Hernán a la pantalla como si la arenga fuera escuchada por los 11 argentinos que vestían la camiseta blanquiceleste en Miami, a más de 7 mil km de distancia. 

Y cuando la tranquilidad volvía a apoderarse del estado de ánimo de los amigos, llegó el segundo gol como un mazazo. “Mirá donde la clavó, ni él lo puede creer”, protestó Manuel, incrédulo con el sablazo al ángulo izquierdo del Dibu Martínez que había sacado el mediocampista africano. 

Llegó el entretiempo y todo empezaba a oscurecerse, los penales parecían cada vez más cercanos. “Hummm que miedo para los penales estos muchachos, vienen embaladísimos”, dijo Tomás tirado desde el sillón, lugar donde había estado en silencio los anteriores 105 minutos de partido. 

Pero el destino tenía otra cosa pensada. Centro de Messi, cabezazo del Cuti Romero, rebote en un defensor caboverdiano y gol de Argentina. “GOOOOOOOL”, un grito bien largo y pronunciado, con un alto tono de voz, y en un abrazo colectivo bien fuerte para sacar la bronca y los temores contenidos. Todos saltaron eyectados desde el sillón, la mesa ratona se movió y un vaso lleno cayó en la alfombra color beige. 

Nada importó, ese gol trajo la tranquilidad que tanto habían necesitado esos amigos argentinos a lo largo de toda la tarde noche. Poco más sucedió hasta el pitido final, que los volvió a juntar en un abrazo y el canto del nuevo hit de la hinchada argentina, que tiene una consigna clara: “Argentina quiero verte bicampeón”.

 

Unai Simón estira su propio récord: 614 minutos sin recibir goles

Por Santiago Fleitas

Unai Simón estableció un nuevo récord de imbatibilidad en la historia de la Copa Mundial de la FIFA al alcanzar los 614 minutos consecutivos sin recibir goles. La marca se concretó tras la victoria de España por 1 a 0 frente a Portugal en los octavos de final del Mundial 2026.

Con este registro, el arquero español superó los 517 minutos que había logrado el italiano Walter Zenga en el Mundial de Italia 1990, además de dejar atrás los 476 minutos de Iker Casillas, anterior récord español.

La racha de Unai Simón comenzó con los últimos 39 minutos del encuentro ante Japón en el Mundial de Qatar 2022. Luego se extendió durante los 120 minutos disputados frente a Marruecos en los octavos de final de esa Copa del Mundo, partido en el que España quedó eliminada en la definición por penales tras igualar sin goles. Al no haber recibido tantos durante el tiempo reglamentario ni en la prórroga, el arquero mantuvo su invicto, que continuó en el Mundial 2026 a lo largo de los cinco partidos completos frente a Cabo Verde, Arabia Saudita, Uruguay, Austria y Portugal.

Además del récord individual de Simón, España también estableció una nueva marca de imbatibilidad para una selección en la historia de los Mundiales, al superar los 559 minutos sin recibir goles que había registrado Suiza entre las Copas del Mundo de 2006 y 2010.

El logro de Simón se produjo mientras continúa como arquero titular de España, respaldado por el entrenador Luis de la Fuente. A pesar de la competencia con otros guardametas, como David Raya y Joan García, el futbolista del Athletic Club se mantiene como la principal opción bajo los tres palos para el seleccionado español.

 

El caso Balogun y una resolución de bar entre Trump e Infantino

Por Agustín González

La decisión de la FIFA de habilitar al delantero estadounidense Folarin Balogun para disputar los octavos de final del Mundial 2026 frente a Bélgica, pese a haber sido expulsado ante Bosnia y Herzegovina en los 16avos de final, convirtió un fallo disciplinario en un conflicto institucional. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reconoció públicamente haber llamado al mandatario de la FIFA, Gianni Infantino, para pedir que la jugada fuera revisada. Tras la comunicación entre presidentes la FIFA decidió que el delantero estadounidense puede disputar el encuentro.

“Vi la jugada y soy una persona que ama los deportes. Eso no fue una falta. Ni siquiera fue una infracción. Ese árbitro es sospechoso. Si revisás su historial, es muy sospechoso y tomó una decisión que nadie podía creer. Es nuestro mejor jugador, o uno de nuestros mejores jugadores. Sí, pedí una revisión por parte de la FIFA”, declaró Trump durante una conferencia de prensa. Luego calificó la resolución como una decisión “brillante”.

La respuesta no tardó en llegar. La Federación de Bosnia publicó en sus redes sociales el mensaje “FIFA + USMNT (Selección Masculina de Fútbol de los Estados Unidos) = Mafia”, mientras que la Federación Belga expresó su “sorpresa” por una decisión que, según sostuvo, contradice el propio Código Disciplinario y el reglamento del Mundial. Además, denunció que nunca recibió una explicación formal sobre los fundamentos del fallo y anunció que evaluaría todas las vías posibles para defender la igualdad de condiciones entre las selecciones. FIFA declaró inadmisible ese reclamo al considerar que Bélgica no era parte del procedimiento disciplinario.

La UEFA fue todavía más contundente. En un comunicado afirmó que la decisión “cruzó una línea roja” y advirtió: “Cuando la certeza de las reglas no está más garantizada por sus garantes, la integridad del juego se ve amenazada y la credibilidad de la competición comprometida”.

A las críticas también se sumó el entrenador alemán Jürgen Klopp. “Este es nuestro deporte, no el de ellos. Si Trump e Infantino realmente acordaron levantar la suspensión, es una locura. Lo pone todo en duda. Ninguno de los dos debería tener nada que ver con una decisión disciplinaria”.

A esas voces se agregó la del expresidente de la FIFA, Sepp Blatter, quien también cuestionó la decisión. “Las tarjetas rojas no se revierten por llamados políticos. Se revierten por reglas, pruebas y órganos independientes. Si un presidente de Estados Unidos interviene ante el presidente de la FIFA y, de repente, un jugador queda habilitado antes de un partido de eliminación directa, la pregunta es inevitable: ¿hacia dónde va la FIFA? El fútbol nunca debe convertirse en un patio de juegos del poder político”, escribió en su cuenta oficial de X.

Más allá de si la expulsión fue correcta o no, el episodio dejó una discusión que trasciende a Balogun. El Estatuto de la FIFA establece que el fútbol debe mantenerse libre de injerencias de terceros para preservar la independencia de sus órganos de decisión. Sin embargo, por primera vez durante un Mundial, un presidente reconoció haber intervenido para solicitar la revisión de una sanción disciplinaria y el futbolista terminó habilitado para jugar.

El impacto fue inmediato. Incluso en el Reino Unido aparecieron pedidos políticos para que se aplicara el mismo criterio en otros casos disciplinarios. Más allá del desenlace deportivo, el caso Balogun dejó una huella difícil de borrar. Instaló la posibilidad de que una decisión arbitral, tradicionalmente resuelta dentro del campo y de los órganos disciplinarios, pueda quedar bajo la sombra de la presión política. Ese es el verdadero precedente que marcó este Mundial.

Mundial: la otra cara, también juega

Por Martina Alzogaray 

En avenida España, localidad de Moreno (zona oeste), se observan personas en situación de calle, más de una docena de familias enteras y otras diversas condiciones que pasan a un segundo plano, pero que nunca dejan de estar. Esta crónica propone mirar el lado B de la Copa del Mundo 2026.

El martes 16, durante el debut de la Selección, la ciudad parecía suspendida por el Mundial. Eran cerca de las 23 y las calles de la localidad bonaerense de Moreno estaban prácticamente vacías: locales cerrados, empleados siguiendo el partido desde adentro y un transporte público alterado por la demanda de esos 90 minutos. A pocas cuadras, una joven de aproximadamente 20 años que regresaba de trabajar fue asaltada por varios individuos. Todo ocurrió en cuestión de segundos. No muy lejos de allí, otra chica esperaba un colectivo que no llegaba porque el servicio estaba interrumpido. Mientras tanto, en una esquina, dos hombres en situación de calle discutían, ambos en estado de ebriedad.

¿Alguna vez pensamos en quienes viven la competición de una manera diferente, lejos de la emoción y la celebración?

¿Y en aquellos que no tienen recursos para compartir una comida?

¿En los que  no cuentan con un televisor para seguir el torneo?

¿O qué ni siquiera tienen un hogar desde donde verlo?

Argentina-Austria: trabajar mientras rueda la pelota

Hay situaciones que no se dimensionan hasta estar ahí, hasta verlas o escucharlas. Quien vio el Argentina-Austria en un colectivo lleno, con todos intentando llegar a tiempo para compartirlo en familia, quizás pensó que tuvo mala suerte. Sin embargo, muchas veces se pierde de vista la fortuna de tener un celular, auriculares, un trabajo o la posibilidad de estudiar.

En la cuadra extensa se ubica “Mi Gusto”, la tienda está decorada con guirnaldas y tres pantallas colgadas que muestran los precios y las promociones, ambientadas con la temática de Argentina. En una de ellas, el 10 argentino señala con su dedo índice una empanada cortada a la mitad, como una invitación a comprarla y probarla.

Son tres chicos los que trabajan ocho horas. Su encargado no les cedió el franco para verlo desde sus casas. Jesús tiene 20 años y se define como un “enfermo” de la pelota: mira todos los partidos que puede, sin importar el club, la liga o el país. Es rubio, de ojos claros, hincha de Boca y está “embroncado”, según sus propias palabras.

El enojo surge porque su jefe le pidió que trabajara el día de su franco, el mismo lunes 22 de junio. Jesús dice estar cansado de los malos tratos y las condiciones: un típico empleo informal en negro con un empleador poco empático, que toma decisiones según su conveniencia.

No es un día más para la gastronomía. En el encuentro, muchos eligen comprar por delivery, ya que comenzó a las 14 y para varios se volvió complicado combinarlo con el almuerzo.

Así, los muchachos no pudieron ver el primer ni el segundo tiempo de manera cómoda y continua. Los trabajadores destacan que el movimiento comienza con fuerza tanto al mediodía como por la noche: los pedidos salen de a montones y, en un abrir y cerrar de ojos, los once jugadores dejaron de correr.

Viven la copa a través de la demanda laboral. Las reuniones entre amigos se vuelven más frecuentes por la ocasión, lo que genera un aumento en los encargos. Terminan viendo jugadas sueltas, entre ellas el penal errado de Messi a los ocho minutos, mientras continúan con su jornada.

Son fragmentos dispersos: una espera que se extiende más de lo previsto, una discusión que aparece en una esquina vacía, un regreso a casa marcado por lo imprevisible, un turno que no se ajusta al horario del partido sino que lo atraviesa sin consideración.

Quizás por eso estas escenas incomodan más cuando el suceso mundialista termina. Porque es ahí donde aparece con claridad lo que durante el juego queda en segundo plano: que no todos están viendo igual, que no todos pueden detenerse, que no todos transitan el mismo tiempo aunque estén en el mismo sitio. Y que, incluso en días donde todo parece girar alrededor de un solo acontecimiento, la vida cotidiana sigue.

Carlos tiene 53 años y es alcohólico. Toda su vida vivió en las avenidas de España y Merlo, localidad de Moreno y no sabe lo que es ver un fútbol.

—Cuando Argentina salió campeón en Qatar 2022, ¿cómo lo viviste vos?

—Mirá, yo no tengo idea de la hora ni la fecha nunca. En ese tiempo solo veía gente festejando y ni sabía por qué.

—¿Nunca supiste que la Selección había ganado?

—Conozco a Messi, nada más.

Lisandro Martínez: cuando la fortaleza se construye fuera de la cancha

Por Valentín Gerez

Cuando Lisandro Martínez salió del quirófano tras romperse el ligamento cruzado de la rodilla izquierda, el Mundial 2026 parecía una meta demasiado lejana. Durante meses, el tiempo dejó de medirse en partidos y empezó a contarse en sesiones de rehabilitación, ejercicios repetidos hasta el cansancio y una pregunta que por momentos le atravesó la cabeza, si volvería a ser el mismo. La respuesta no llegó de un día para el otro. Llegó con paciencia, con trabajo y con un cambio que transformó su vida. El nacimiento de su hija Aurora le dio una perspectiva distinta. El fútbol seguía siendo su pasión, pero ya no era lo único que lo definía. Ese nuevo motor le permitió atravesar la recuperación más difícil de su carrera y reencontrarse con el defensor que el mundo había conocido. 

En el Manchester United volvió a ser ese central que juega al límite sin perder la claridad. El que anticipa antes de que el delantero piense. El que no le teme al cuerpo a cuerpo, pero tampoco a recibir la pelota bajo presión para iniciar un ataque. Porque Lisandro nunca fue solamente un marcador. Siempre fue el primer pase de cada jugada. Lionel Scaloni necesitaba esa versión para defender el título mundial. Y Martínez respondió.

Durante la Copa del Mundo de 2026 es mucho más que un defensor. Es el sostén de una Selección que volvió a confiar en una última línea agresiva, intensa y valiente. Cada cruce, cada anticipo y cada salida limpia desde el fondo llevaron su firma. Mientras los focos siguen a Lionel Messi, él hace el trabajo menos vistoso y, muchas veces, el más importante. Su actuación consagratoria llegó frente a Cabo Verde. Antes del partido, junto a Cristian Romero, cumplió un ritual: un utilero les acercó una botella con agua bendita. El Cuti se persignó y se llevó el agua a la frente. Lisandro eligió mojarse las piernas, como si quisiera bendecir el arma con el que iba a librar otra batalla. Minutos después, ambos marcaron para una Argentina que sufrió, pero avanzó. La imagen recorrió el mundo, un partido sobresaliente del carnicero que realizó una asistencia con un pase quirúrgico para que Messi meta el primero del partido y un espectacular zurdazo al primer palo  para ponerse nuevamente en ventaja en el alargue. Aunque el verdadero milagro no había ocurrido ese día. Había empezado muchos meses antes, cuando decidió no rendirse.

Después del encuentro llegó una confesión que terminó de explicar todo. “Durante mi recuperación atravesé momentos muy difíciles, incluso llegué a pensar en dejar el fútbol”, contó el entrerriano. También reveló que el nacimiento de su hija fue el impulso que necesitaba para volver a creer. No hablaba el futbolista. Hablaba la persona. Quizás por eso nunca necesitó medir casi un metro noventa para hacerse gigante. Su estatura jamás estuvo en los centímetros, sino en el carácter. Defiende con la intensidad de quien entiende que cada pelota puede cambiar una historia y juega con la tranquilidad de quien ya aprendió que las batallas más importantes no siempre se libran dentro de una cancha.

El Mundial 2026 confirmó que Argentina seguía teniendo una defensa de élite. Pero también mostró algo que hasta entonces pocos conocían: detrás del central que va fuerte a cada cruce, hay un padre, un creyente y un futbolista que encontró en su familia  la fuerza para volver a creer cuando el fútbol parecía que se le escapara de sus manos.

Neymar y Brasil: la historia de amor que nunca tuvo su final feliz

-- TOPSHOT - Brazil's foward Neymar Jr. celebrates after scoring against Colombia during their international friendly football match between Brazil and Colombia at Hard Rock Stadium in Miami, Florida, on September 6, 2019. / AFP / RHONA WISE

Por Candela Loureiro

Doce años de “El Príncipe” con la camiseta de Brasil, entre alegrías, lágrimas y una Copa del Mundo que siempre pareció estar a un paso, pero jamás terminó de llegar.

Neymar debutó con la selección absoluta el 10 de agosto de 2010, con 18 años, y anotó de cabeza en su primer partido. Ese día se puso la camiseta número diez, la misma que había usado Pelé, y con ella cargó una promesa que todo Brasil decidió creerse. Los años siguientes fueron buenos: la Copa América de 2011, la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y, en 2013, su primer título con la Mayor, la Copa Confederaciones, ganada en el Maracaná, torneo en el que además fue elegido el mejor jugador.

Paulo Henrique Ganso en busca de Neymar, quien festeja su primer gol en el debut con la selección.

El primer golpe apareció en su propio país. En el Mundial de 2014, el que Brasil soñó durante años, un rodillazo de Camilo Zúñiga le fracturó una vértebra en el partido por los cuartos de final y lo dejó afuera del resto del torneo. Tuvo que ver desde su casa cómo Alemania goleaba 7-1 a su selección en Belo Horizonte. Lloró esa noche y él mismo contó después que aquel dolor lo hizo dudar por primera vez de si quería seguir en la selección.

Dos años más tarde se tomó revancha. En Río 2016, ya como capitán, le dio a Brasil el oro olímpico que nunca había ganado en fútbol masculino, con un gol en la final y la ejecución decisiva en la tanda de penales. Para muchos fue el momento más feliz de toda su historia con la selección, y llegó casi en el mismo lugar donde dos años antes había vivido su peor noche.

En Rusia 2018, todavía dolorido luego de una fractura en el pie, jugó los cinco partidos como la principal figura del equipo en el ataque. Anotó dos goles, aunque Bélgica volvió a eliminarlos en cuartos de final. Una lesión lo dejó afuera de la Copa América 2019, que quedó en manos de la Verdeamarela, y en 2021 regresó para llevar a su equipo hasta la final en el Maracaná, donde fue elegido el mejor jugador del torneo, aunque perdieron ante la Argentina de Lionel Messi, su amigo.

A Qatar 2022 llegó en uno de los mejores momentos de su carrera. Pero cuando Croacia eliminó a Brasil por penales en cuartos de final, se largó a llorar en la cancha de una manera que pocas veces se ve en un jugador de su trayectoria. Esa imagen recorrió el mundo y mostró, sin necesidad de palabras, cuánto le pesaba cada eliminación con la camiseta que más quería.

El 8 de septiembre de 2023 alcanzó un momento histórico: llegó a los 79 goles con Brasil y superó el récord que durante décadas había pertenecido a Pelé. Apenas un mes después, en Montevideo, sufrió la lesión más grave de su carrera: la rotura del ligamento cruzado y del menisco de la rodilla izquierda. Estuvo casi un año alejado de las canchas y ese golpe marcó el comienzo de su bajón físico.

Llegó a su cuarto Mundial con 34 años, ya de regreso en el Santos y con otra lesión muscular encima. Nunca consiguió un lugar fijo en el equipo de Carlo Ancelotti. Fue suplente durante los cinco partidos del torneo y apenas había sumado 14 minutos, frente a Escocia, antes del cruce de octavos de final ante Noruega. No fue un castigo ni una decisión caprichosa: Vinícius, Rodrygo y Raphinha se habían ganado ese lugar a pulso, jugando bien, y Ancelotti no tuvo motivos futbolísticos para romper ese equilibrio solo por nostalgia. Neymar entendió el rol que le tocaba, esperó su turno en el banco y, cuando llegó la hora, no la desaprovechó.

Este domingo entró a los 67 minutos, con el marcador todavía en cero, y la gente lo ovacionó como si quisiera agradecerle antes de tiempo todo lo que les había dado. Ya dentro de la cancha vio cómo Erling Haaland apagaba el sueño brasileño con dos goles. Se cruzó con Martin Ødegaard, discutió, recibió una amarilla y siguió peleando cada pelota.

En la última jugada del partido, un penal tras un codazo sobre Casemiro le dio una oportunidad más. Neymar tomó la pelota una vez más. No dudó. El encuentro terminó 2-1 para Noruega y ese fue, hasta ahora, su último gol con la camiseta de Brasil en un Mundial. Un grito que ya no alcanzaba para cambiar la historia, pero sí para escribir el último capítulo de la suya. Llegó tarde para revertir el resultado, aunque justo a tiempo para no irse en silencio.

Neymar ya había dejado entrever, en las semanas previas, que Estados Unidos, México y Canadá 2026 sería su último Mundial. Se despide como el segundo jugador con más partidos en la historia de Brasil, solo por detrás de Cafú, y como su máximo goleador histórico con 79 tantos. También deja una Copa Confederaciones y dos medallas olímpicas entre sus logros. Lo único que nunca consiguió fue aquello que más deseó: levantar la Copa del Mundo.

Hay historias de amor que no necesitan un final feliz para convertirse en inolvidables. La de Neymar con Brasil fue una de ellas. Compartieron noches de gloria, derrotas imposibles de olvidar y sueños que siempre parecían volver a empezar. La Copa del Mundo nunca llegó, pero el vínculo quedó escrito mucho más allá. Se va con el mismo gesto que lo acompañó durante toda su carrera: mirando al cielo después de un gol. Solo que esta vez ya no levantó la vista para imaginar lo que venía, sino para despedirse del amor que marcó su vida futbolística

Estados Unidos, la potencia que dejó de mirar el fútbol desde afuera

Por Juan Aguirre Duarte

Durante décadas, hablar de Estados Unidos y fútbol era pensar en un país que observaba el deporte más popular del mundo desde la distancia. Mientras el básquet, el béisbol o el fútbol americano dominaban la escena, el “soccer” ocupaba un lugar secundario. Sin embargo, esa realidad cambió. Y lo hizo a partir de un proyecto que lleva más de treinta años de inversión, planificación y crecimiento.

El punto de partida fue el Mundial de 1994. Aunque aquella Copa del Mundo fue un éxito de público y rompió récords de asistencia, el país todavía no tenía una liga profesional sólida ni una cultura futbolística consolidada. El torneo fue el impulso inicial para crear la Major League Soccer (MLS), que comenzó a disputarse en 1996 y atravesó años de incertidumbre antes de encontrar un rumbo.

Durante las primeras décadas, la MLS apostó por atraer figuras consagradas en el tramo final de sus carreras. La llegada de jugadores como David Beckham, Thierry Henry, Kaká, Zlatan Ibrahimović o Wayne Rooney le dio visibilidad internacional, pero el verdadero cambio llegó cuando la liga dejó de depender de esos nombres para enfocarse en la formación de futbolistas, la construcción de academias y el desarrollo de infraestructura.

Hoy, es una competencia estable, con estadios específicos para el fútbol, clubes financieramente fuertes y un modelo que exporta jóvenes talentos a Europa por cifras millonarias. Ya no busca únicamente importar estrellas: también produce jugadores capaces de competir en la élite.

Esa transformación se refleja en la selección nacional. La mayoría de sus titulares militan en las principales ligas de Europa, acumulando experiencia en competiciones de máximo nivel. Christian Pulisic, Weston McKennie, Tyler Adams, Yunus Musah, Giovanni Reyna o Antonee Robinson forman parte de una generación que creció con otra mentalidad y que convirtió a Estados Unidos en un rival mucho más completo desde lo táctico y lo técnico.

Ese crecimiento también modificó el mapa de la Concacaf. Durante décadas, México fue el dueño absoluto de la región. Hoy, la diferencia prácticamente desapareció y la rivalidad entre ambos se convirtió en una de las más parejas del continente. En los últimos años, Estados Unidos conquistó varias ediciones de la Liga de Naciones de la Concacaf y pasó a discutirle a México el liderazgo regional de igual a igual, algo impensado a comienzos de siglo.

El Mundial de 2026 es la prueba más contundente de esa evolución. Como uno de los anfitriones, Estados Unidos no solo cumplió con las expectativas, sino que confirmó su crecimiento al avanzar a los octavos de final tras derrotar 2-0 a Bosnia y Herzegovina, incluso jugando buena parte del partido con un futbolista menos. Ahora tendrá un exigente cruce frente a Bélgica, con la ilusión de igualar o superar su histórica actuación de 2002.

Pero el cambio va mucho más allá de un resultado. Los estadios llenos, el crecimiento del interés por el fútbol, las inversiones en infraestructura y una generación que se formó para competir en la élite muestran que Estados Unidos dejó de ser un país que organizaba grandes eventos para convertirse en uno que también quiere ganarlos.

Lo que alguna vez pareció un proyecto ambicioso hoy es una realidad. El fútbol estadounidense ya no está en construcción: está empezando a consolidarse como una de las nuevas potencias del plano internacional.

De un bar en Oslo a la reconquista de América: la historia del “Remo Vikingo”, el festejo de Haaland y la Noruega de Solbakken 

Por Tiziano Moreira

El Mundial de Estados Unidos, México y Canadá 2026 ya tiene su marca registrada en las tribunas y no viene del continente asiático ni sudamericano, sino de las frías tierras del norte de Europa. Noruega, que volvió a una Copa del Mundo tras 28 años de ausencia, no solo ha deslumbrado con su presencia en el campo, sino que introdujo un ritual que ya es el fenómeno del torneo: el “Viking Row” o “Remo Vikingo”.   

El camino de la selección noruega en este Mundial ha estado cargado de épica. Durante la fase de grupos, el equipo comenzó a forjar su mística con un triunfo clave ante Senegal. A pesar de la derrota ante la poderosa Francia en el último partido, logró clasificar e imponerse frente a Costa de Marfil en 16avos de final. Fue tras esa victoria que la relación con la hinchada alcanzó su punto máximo. Bajo la conducción táctica de su entrenador, Ståle Solbakken, el combinado nórdico selló su pasaje a los cuartos de final tras vencer a Brasil para desatar la locura total. 

El festejo comienza con el sonido de un cuerno nórdico y el compás de un tambor. Los hinchas se sientan y comienzan a mover los brazos hacia atrás para imitar el movimiento de los remeros en un barco, todo al ritmo de un grito coordinado: “¡Ror!” (que significa “remar” en noruego). Tras vencer a los senegaleses, la imagen de Martin Ødegaard a cargo del tambor y Erling Haaland en pleno remo sobre el verde césped, en sincronía con la tribuna, recorrió el mundo. El fervor escaló a tal punto que la “remada” llegó a replicarse en Times Square, en torneos del PGA Tour de golf para acompañar a atletas noruegos, e incluso en la apertura de sesiones del propio Parlamento en Oslo, capital de Noruega.  

Como todo gran hito popular, el origen se forjó lejos de las canchas. La iniciativa cobró forma gracias a Ole Froystad, un maestro de escuela de 38 años de aspecto fornido. Libreta en mano y tras probar decenas de opciones al estudiar los movimientos, le presentó la idea del “Viking Row” a un grupo de fanáticos en un bar de las afueras de Oslo. Su objetivo era crear una arenga de fuerte impacto cultural que uniera al pueblo noruego.  

En paralelo, el músico y productor Jonas Thomassen le puso melodía al grabar una canción que resalta el grito de “¡Ror!”, la cual se popularizó luego de una victoria ante Italia en las Eliminatorias. Hoy, los “Oljeberget” (como se conoce a la barra de Noruega) han adoptado esta coreografía como su sello indiscutido en los estadios de Estados Unidos, México y Canadá. 

¿Pero por qué remar? La historia de los vikingos está ligada a la exploración, la rudeza, la conquista y el mar. Hace miles de años, estos formidables guerreros escandinavos se embarcaban en sus naves y remaban sin descanso para descubrir nuevas tierras. 

La conexión de esta historia con la cita mundialista no es casualidad y tiene un guiño histórico: según la revista Nature, existe evidencia científica de que los vikingos llegaron a América en el año 1021, casi cinco siglos antes que Cristóbal Colón, quien la descubrió en 1492. Como bien explicó Thomassen al momento de idear la temática del festejo: “Dado que el Mundial se juega en Estados Unidos, teníamos que hacer algo con la idea de que los vikingos regresaran para reclamar el continente que descubrieron”.

Hoy, la conquista no se hace con espadas ni saqueos, sino con una pelota en los pies. El fútbol funciona como una batalla moderna, donde los guerreros llevan pantalones cortos, medias largas, botines y están liderados por figuras de la talla de Haaland. Cada vez que Noruega avanza en la cancha, sus hinchas reman desde la tribuna, dándole empuje a ese barco que ya dejó atrás la fase de grupos y que, a golpe de remo y goles, busca reconquistar América como lo intentaron sus antepasados.