“El fútbol es la dinámica de lo impensado” Dante Panzeri, en el libro “Fútbol: dinámica de lo impensado”.
Lionel Messi y Lamine Yamal cruzan sus caminos este domingo 19 de julio en el MetLife Stadium de Nueva Jersey para disputar la final de la Copa del Mundo entre Argentina y España. Sin embargo, el azar unió a ambos protagonistas hace casi dos décadas en un vestuario del Estadio Camp Nou. Allí, un joven rosarino de veinte años sostuvo entre sus brazos a un bebé de ocho meses para una campaña solidaria, en un cruce de épocas con ribetes de leyenda.
Corría el año 2007. El diario Sport, en colaboración con la Fundación del FC Barcelona y UNICEF, organizó la segunda edición de un calendario benéfico con el objetivo de dar a conocer los programas orientados a la infancia. Mounir Nasraoui y Sheila Ebana ganaron un sorteo en el barrio de Roca Fonda en Mataró, España. Esto les permitió llevar a su hijo a las instalaciones del club catalán para una postal con un jugador azulgrana.
El azar, en su máxima expresión, dispuso al joven talento argentino como futbolista para esa sesión. El fotógrafo Joan Monfort ideó el escenario con fondo granate y luces para acotar la escena y tener el control del espacio. El choque de esos dos mundos originó un cuadro de poesía visual. El rosarino, introvertido y tímido ante las cámaras, dudaba ante la fragilidad del niño. Al principio, la interacción resultó en un desafío complejo, ya que era la primera vez que el argentino sostenía a un bebé en brazos.
La tensión cedió gracias a un patito de goma. Un simple juguete de hule desató sonrisas y tranquilidad. El agua sobre la piel de Lamine Yamal actuó como una especie de agua bendita, un bautismo sagrado donde un dios pagano del balón bendijo a una futura promesa. Aquel cruce de miradas inocentes selló un pacto mudo, un pase hecho con burbujas y jabón, a salvo de la vorágine del tiempo.
Sobre aquel momento de magia fortuita, el fotógrafo aportó su mirada: “La casualidad los unió, la foto podría haber sido con otro jugador, pero fue con Leo. Seguramente si la familia del bebé hubiera podido escoger, la foto hubiera sido con Ronaldinho, con Xavi o con Iniesta”.
En medio de esta retrospectiva, el paradero de la utilería de aquella tarde representa una incógnita. Los creadores de la producción revelaron que la tina de plástico azul desapareció de los registros. Al igual que el mítico Arca de Noé, esa pequeña bañera se convirtió en una reliquia perdida en el océano del tiempo. Hoy, el artículo valdría millones en cualquier subasta, pero el destino pareció borrar las pruebas materiales de aquel instante para dejar viva solo la fotografía.
Las imágenes permanecieron en el anonimato durante varios años, resguardadas por la familia del chico. Yamal despejó las dudas sobre el ocultamiento de este tesoro: “Nunca lo hemos sacado a la luz porque al final no queríamos las comparaciones de Leo y yo. No creo que a nadie le moleste ser comparado con el mejor jugador de la historia, pero al final son cosas que te restan porque nunca vas a ser como él”. A su vez, el atacante bromeó sobre el paso del tiempo al expresar: “Bueno, he crecido un poquillo y Leo también”.
Por su parte, Lionel Messi no ocultó su asombro ante la coincidencia cósmica y aseguró: “La verdad que lo de esa foto es una locura porque es la vida. Hice la foto cuando él era bebé y ahora enfrentarnos en una final de la Copa del Mundo es una locura pero es uno de los mejores del mundo en este momento”.
Hoy, el libreto tendrá un reencuentro sobre el césped más codiciado del planeta. El chico de Mataró desafiará al monarca del deporte. El niño de la postal creció hasta conformar el obstáculo final para el anhelado bicampeonato mundial de la Albiceleste. Aquel fotógrafo jamás imaginó el peso invaluable de su obra: “No hay dinero que pague una foto como esa”. Las piezas del universo encajaron a la perfección para que el rey acunara al talento del mañana. Entre caprichos del azar y designios de la pelota, el transcurso de las épocas reafirma con belleza una gran verdad: este deporte, o la vida misma, jamás se somete a la lógica de lo pensado.
Corría el año 2007 cuando en una de las campañas conjuntas entre el diario Sport, UNICEF y el FC Barcelona, el destino quiso que se forme una foto que quedaría para la posteridad. El fin de la misma consistía en poner a uno de los futbolistas del club español a posar con un niño. Todas las selecciones se hacían mediante sorteos. Finalmente, el deportista escogido fue Lionel Messi, de 20 años y reconocido con el premio Golden Boy de la FIFA en el 2005. El bebé de apenas unos meses era Lamine Yamal, anotado por Mounir Nasraoui y Sheila Ebana, sus padres.
Según Joan Monfort, el fotógrafo ese día, había cierta tensión en el estudio, causada por la timidez e inexperiencia del joven argentino para sostener un bebé. Hasta que apareció un objeto: un pato de plástico. A partir de ese momento, florecieron las sonrisas y la sesión fluyó, dejando una postal de lo que, 18 años y medio más tarde, parecería ser una bendición de uno de los dioses del fútbol para quien lo sucedería en el Barcelona y en la cima del deporte rey.
Podría decirse que este domingo hasta las 16, el clima también estará cargado de tensión por ambas partes, hasta que empiece a rodar un elemento: la pelota. Esa será la herramienta que libere de presiones a ambos y dejará que fluyan en lo que mejor saben hacer, para el deleite de los millones de aficionados que se sienten a apreciar un partido que quedará para el resto de los tiempos.
Para cuando Lamine tenía 7 años y le expresó a su madre: “Mamá, voy a ir al cole, pero no voy a hacer nada” para abocarse de lleno en su sueño de ser futbolista, Messi ya era el máximo ganador de Balones de Oro, con cuatro ganados, y tenía tres Champions League, estando a tan solo meses de obtener la cuarta para él y la última que obtendría el club catalán en el año 2015. Pero aún seguía teniendo una espina clavada: no poder ser campeón con su país.
Mientras el pequeño Yamal viajaba de Rocafonda a Granollers, y viceversa, para compartir tiempo con sus progenitores, el “10” de Argentina, tras perder su segunda final de la Copa América consecutiva ante Chile, sentenció: “Lo busqué, era lo que más deseaba, pero no se dió, creo que ya está”. Miles de niños de la edad de Lamine le rogaban a su superhéroe a través de redes sociales que no deje de intentarlo, que siguiera insistiendo, y así fue.
Año 2019, ambos estaban en la Ciudad Deportiva Joan Gamper, predio del Barcelona. Volvió a surgir una foto: ambos desconocían que ya se conocían y que se volverían a encontrar años más tarde en Nueva Jersey.
Lamine con 12 años era uno de los mayores prospectos del club. Messi ya era dirigido en la Selección Argentina por Lionel Scaloni, quien cambió por completo la mentalidad del equipo nacional desde el arranque.
En 2021, se le dió lo que parecía esquivo: fue campeón con la Albiceleste por primera vez en la Copa América en Brasil, venciendo al equipo local liderado por Neymar Jr.
Mientras Argentina gritaba campeón y el fútbol se volvía un poco más justo, Lamine tenía una decisión tomada: jugaría para las selecciones juveniles de España, su país natal, empezando por la categoría sub-15. Y no lo haría para Marruecos, nación de su padre, a pesar de los intentos de la federación africana para seducirlo.
Quien había tenido una situación similar fue su ídolo, quien había emigrado al país europeo desde joven y contaba con la ciudadanía y la posibilidad de representarla. Entre José Pekerman y Claudio Vivas, le solicitaron a la AFA que organice un amistoso para bloquear la posibilidad de que Messi jugara para otro país. Así fue, el 29 de junio de 2004, su destino quedaría sellado luego de jugar contra Paraguay en el estadio Diego Armando Maradona de La Paternal.
El 29 de abril de 2023 Lamine hacía historia al debutar a sus 15 años y con el dorsal 19, mismo con el que jugó el astro que lo había bendecido década y media atrás.
Mientras el nacido en Esplugues de Llobregat debía seguir escuchando los reproches de su madre aún habiéndose convertido en profesional, el chico que comenzó a jugar al fútbol en Grandoli había consagrado el sueño que siempre había tenido: ser campeón del mundo con la Selección Argentina.
Al ser consultado por la foto, el español dijo que no se había publicado antes para evitar comparaciones. Sobre si se considera el heredero de Messi, agregó: “No creo que a nadie le moleste que le comparen con el mejor jugador de la historia, pero al final son cosas que te restan porque nunca vas a ser como él”.
Por otro lado, el surgido oriundo de Rosario expresó: “Es una locura esa foto. Él es un grandísimo jugador, al cual seguí mucho porque juega en un club al cual amo y siempre quiero que le vaya bien. Es un referente mundial con 19 años, tiene toda la carrera por delante y una gran oportunidad de conseguir algo histórico. Intentaremos dar el máximo para que no sea esta vez”.
Este domingo el destino los cruza en el partido de fútbol con más reflectores: la final del Mundial, que se disputará en el Metlife de Nueva Jersey. Será la primera ocasión en la que el ganador de la Eurocopa y el vencedor de la Copa América se vean las caras en el partido definitivo.
Uno lo ve como la oportunidad para convertirse en uno de los campeones más jóvenes de la historia y dejar de ser una promesa para convertirse en una realidad.
El otro quiere ser el jugador de campo más veterano en levantar el trofeo para culminar su carrera con su país, si es que no tiene otros planes para el 2030.
La presente Copa del Mundo fue otra prueba irrefutable del estrecho lazo que el deporte sostiene con las cuestiones políticas, que merodean fuera de la cancha pero no muy lejos de la línea de cal. Desde la elección de la sede, los protocolos y algunos partidos, todo se ve interpelado por la historia. La semifinal entre Argentina e Inglaterra no fue la excepción, y el agente histórico no sólo explica los condimentos que hubieron detrás de ese partido -la Guerra de Malvinas-, sino también la razón por la cual un país perteneciente al otro lado del Atlántico alentó con fiereza a la Albiceleste a razón del rival que tuvo en frente. Hablamos de la República de Irlanda.
Al igual que el día de Rattín y el banderín en Londres, el de Maradona y sus goles en México, el de los penales en Saint Etienne y el de la victoria 2-1 en Atlanta, una inmensa fracción de la República de Irlanda se tiñó de celeste y blanco en sintonía con una hermandad entre ambos países que data desde hace siglos. La historia de cómo el desprecio por la ocupación de Gran Bretaña y las batallas independentistas forjaron una unión cultural que hoy vemos en el deporte y en el pasado de las dos naciones.
Nada de señorito inglés para Irlanda
Irlanda tiene razones de sobra para simpatizar con cualquier bando que le haga frente a Inglaterra sea cual sea el ambiente del que se trate. Cuando pensamos en el resentimiento que a un argentino le provoca la bandera inglesa cabe pensar en el que un irlandés puede sentir; durante más de 800 años, Irlanda fue colonizada e intervenida por Inglaterra, cuatro veces más tiempo del que los españoles estuvieron en América.
La historia se remonta al siglo XII, cuando la sociedad irlandesa estaba conformada por una suerte de mestizaje entre los Celtas y los Vikingos. No había un poder unificado, sino varios reinos que batallaban constantemente entre sí. En 1166 el Rey Mac Murchada de Leinster fue expulsado de su reino, a lo cual acudió al Rey Enrique II de Inglaterra en busca de ayuda. El mandamás inglés desembarcó tropas en Irlanda, lo que le permitió a Mac Murchada recuperar su trono. Sin embargo, los ingleses jamás abandonaron el lugar y a partir de ahí se inició un largo proceso de ocupación que terminaría con la totalidad de la isla bajo poder de la Corona.
Incluso hoy, más de 100 años después de la independencia de Irlanda, el Reino Unido sigue ocupando casi el 20% del espacio allí: mediante una estratégica implantación de población -denominada Plantación de Úlster-, Inglaterra confiscó durante el siglo XVII tierras en el norte y situó allí a colonos de religión protestante -la mayoría de Irlanda era católica- que le serían leales a la Corona. A la hora de la independencia, el norte se mantuvo reacio a desprenderse de los ingleses, razón por la que hoy vemos en el mapa dos países diferentes dentro de una misma isla. El verso de una población implantada y sin arraigo a la sociedad a la que debería pertenecer, ¿suena familiar a la hora de hablar de las Islas Malvinas?
En la Independencia de 1816 y en las canchas del ascenso
Pero, de hecho, hablar de la Argentina como un país soberano sería una incógnita si no fuese por un irlandés. William Brown fue un militar formado en la Marina Británica que llegó a Buenos Aires en 1810 durante los movimientos independentistas producto de la Revolución de Mayo. Se integró a la rebelión criolla que le hizo frente a los realistas y dirigió diversas batallas navales que terminaron con la toma de la Isla Martín García y el fin de la amenaza española en el Río de La Plata. Brown -o Guillermo, como fue rebautizado- es considerado el padre de la Armada Argentina y uno de los próceres bisagra en la historia de nuestro país, que como tantos otros, le dio nombre e identidad a varios clubes de fútbol: Club Almirante Brown (Isidro Casanova, Buenos Aires), Club Atlético Brown (Adrogué, Buenos Aires), Club Social y Atlético Guillermo Brown (Puerto Madryn, Chubut) y tres homónimos de Club Atlético Almirante Brown (uno de Arrecifes, Buenos Aires; de Malagueño, Córdoba; y de Lules, Tucumán).
Sin desviarse del deporte, la comunidad irlandesa trajo desde sus tierras dos deportes que están en vías de desarrollo y popularización en Argentina: el hurling, una mezcla entre el hockey y el rugby, y el fútbol gaélico, que fusiona el fútbol, rugby y handball. Ambas disciplinas son las más practicadas en Irlanda, y llegaron al Río de la Plata de la mano de los inmigrantes que arribaron durante la Gran Hambruna Irlandesa de la década de 1840. Este suceso esparció grandes masas de irlandeses por todo el mundo, y las oportunidades de trabajo y tierras que ofrecían las zonas rurales del país motivaron el asentamiento de muchos de ellos en este lado del continente. No por nada la quinta diáspora más grande de los de la isla -y la más grande en un país no angloparlante- está en la Argentina.
Apoyo recíproco ante la ocupación imperialista
Más allá del deporte, la inmigración o las personalidades, otro de los grandes lazos que fortaleció la unión entre Argentina e Irlanda fue el apoyo mútuo a la hora de enfrentarse a Inglaterra. Entre 1919 y 1922, durante la guerra por la independencia, el emergente Ejército Republicano Irlandés (IRA) halló en Buenos Aires un país aliado que financió y visibilizó la causa por la soberanía y unificación de la isla, mientras que para la Guerra de Malvinas, fue el propio IRA que respaldó la lucha argentina y el repudio hacia el gobierno de Margaret Thatcher mediante pinturas que se vieron por todo Dublín, tales como “Britain, hands off Malvinas, hands off Ireland” (Gran Bretaña, fuera de Malvinas y de Irlanda).
Por más raro que parezca, algo tan simple como la mera convicción de proteger lo propio y plantarle cara a la denigrante máquina imperialista fue motivo suficiente para trazar un puente inquebrantable entre dos naciones separadas por miles de kilómetros. En Dublín, Cork, Limerick, Galway y Waterford habrá siempre una población que se alegrará con los triunfos argentinos, y ni hablar si los mismos son ante los de camiseta blanca, que de nobles o puros tienen poco.
¿Qué pensás si te digo automovilismo? Imagino que, por más que no te interese este deporte, hay alguien que se te viene a la cabeza: Juan Manuel Fangio. Quizás solo lo conozcas por su apellido y ni siquiera sepas en qué categoría corrió o qué ganó, pero seguro lo conocés o escuchaste hablar de él.
A más de 30 años de su fallecimiento, se lo sigue recordando como un piloto que quedó en la historia del deporte argentino. Nacido el 24 de junio de 1911, en la ciudad de Balcarce empezó jugando al fútbol y llegó a integrar la selección de Balcarce. El 25 de octubre de 1936 debutó como piloto bajo el mote de “Rivadavia”, el primer club de fútbol en el que jugó. Años antes, en 1929 había debutado como acompañante en una carrera zonal y en 1930 volvió a participar como acompañante en el circuito “La Chata” de su ciudad natal.
El 27 de marzo de 1938 debutó oficialmente como piloto en el circuito de Necochea con un Ford V8. Su primera participación en Turismo Carretera fue del 18 al 30 de octubre de ese mismo año, como acompañante de Luis Finocchietti, piloto de Balcarce, en el Gran Premio Argentino de Carretera.
En 1940 y 1941 salió campeón de Turismo Carretera con Chevrolet. En el ‘40 se consagró tras ganar el Gran Premio Internacional del Norte, que unía Buenos Aires con Lima, Perú, carrera a partir de la cual comenzó la rivalidad Fangio-Gálvez que dividió a los fanáticos. En 1941 consiguió el campeonato después de ganar el Gran Premio Getulio Vargas en Brasil, una carrera organizada por el Automóvil Club de Río de Janeiro en colaboración con otras entidades.
En 1950 nació el Campeonato Mundial de Fórmula 1. “El Chueco” como le decían fue uno de los primeros en participar y uno de los primeros en hacer historia. Ganó cinco campeonatos con cuatro escuderías diferentes en apenas siete temporadas. El primero fue en 1951 con Alfa Romeo, el segundo en 1954 con Mercedes, hito que repitió en 1955. En 1956 salió campeón con Ferrari y su último título fue con Maserati en 1957.
Solo dos pilotos a lo largo de todos estos años lograron superarlo. Sí, dos: Michael Schumacher y Lewis Hamilton, ambos con siete campeonatos. Ningún otro piloto ha podido, aunque en mi opinión la grandeza no se define solo por títulos, sino también por la huella que se deja, y mientras escribo esto se me hace inevitable no pensar en Ayrton Senna, quien ganó tan solo tres veces, pero marcó a más de una generación. Fangio fue, sin duda, uno de los primeros referentes del automovilismo y para muchos uno de los mejores. Por eso, su nombre en el automovilismo siempre estará presente como uno de los más grandes.
El 17 de julio de 1995, Juan Manuel Fangio falleció a los 84 años a causa de una bronconeumonía. En 1998 se sancionó la Ley 25.076 que estableció el 17 de julio como el Día del Automovilismo deportivo en Argentina.
Por Santiago Gonzalez, Candelaria Oxenford y Franco Montero
Argentina volvió a vencer a Inglaterra tras el mítico partido en 1986. Ambos encuentros serán recordados eternamente por el valor deportivo, pero aún más por el significado social y nacional que el pueblo argentino irradia más nunca en estas fechas por la Guerra de Malvinas. En el comienzo de la guerra, aquel 2 de abril de 1982 en el que los soldados argentinos llegaban a las Islas Malvinas para recuperarlas y defender lo que nos pertenece, sucedió algo único, tanto en suelo argentino como inglés. Ese mismo día, en Salta, se iba a disputar el único partido de fútbol en todo el territorio de ambos países. Los jugadores de los dos equipos pisaron el césped del estadio con la euforia de conseguir los dos puntos, mientras que nuestros soldados dejaron sus huellas por primera vez en casi 150 años en el suelo blando y húmedo de esas Islas, con la ambición de que la bandera argentina se vuelva a mezclar con el cielo malvinense.
Este abril del 82 es diferente. Será testigo de dos batallas. Una que definirá la soberanía de una porción de tierra tan anhelada por los argentinos. Otra que decidirá el ganador de los dos puntos entre los dos peores equipos de la zona C del Nacional 82. En esta impartirá justicia el árbitro Pablo Feola, poniendo sobre la mesa sus conocimientos para que no haya polémicas. Él será el encargado de dar la orden del inicio y del final. Mientras que del otro lado del mundo, Leopoldo Fortunato Galtieri le dará la orden a un Ejército argentino plagado de jóvenes de que tomen el control de las Islas como última esperanza para sostener una dictadura ya debilitada, pero lo único que logrará será manchar la bandera argentina con sangre que aún sigue fresca.
Ese viernes veía como unos destellos de frío caían en Argentina. A 12 días de haber comenzado el otoño, los árboles comenzaban a oscurecer sus hojas para luego despedirlas hacia el suelo, tiñiéndolo de marrón oscuro. Las actividades en el país transcurrían con normalidad. El fútbol seguía con su programa habitual. A meses de empezar la defensa del título mundial en España, el Torneo Nacional era la principal atracción para los futboleros. Ese día se jugaría un solo partido: Central Norte de Salta recibía a Mariano Moreno de Junín en el estadio de Gimnasia y Tiro. Dos equipos que comparten la zona C y que buscan revertir los golpes sufridos en la fecha anterior: los salteños fueron derrotados 4 a 0 por Estudiantes, mientras que los juninenses perdieron 4 a 1 con Huracán. Pero, a miles de kilómetros, comenzaba lo que sería el último capítulo de la dictadura que acechaba al país.
Portada de El Tribuno, diario salteño, del 2 de abril de 1982.
Un hombre canoso, alto y con el pecho de su uniforme repleto de insignias militares caminaba convencido de que todavía podía cambiar el destino de un país. Se apellidaba Galtieri y, como un director técnico que apuesta su último cambio cuando el partido ya se le escapa, armó un equipo de casi mil hombres para dar el último manotazo ahogado de recuperar las Islas Malvinas, ocupadas por los ingleses desde 1833. Pero Galtieri no se dio cuenta de un detalle: eligió a los jugadores de la sub 20 argentina para enfrentar al Manchester United. El afán de recuperar el apoyo del pueblo argentino le cegó sus ojos frente a la realidad, y la inexperiencia de los soldados argentinos se llevaría muchas vidas por delante. No por su culpa, sino por el hombre que los mandó a luchar desde una oficina.
Son las 21.30 en El Gigante del Norte y los equipos se preparan para salir a la cancha. Los entrenadores ya decidieron a sus guerreros para un partido que prometía mucho espectáculo. Roberto Gonzalo paró a Vijande; Marinoff, Palacios, Papandrea y Castillo; Rubiola, Benítez y Belderrama; Hairala, Sanabria y Prycodko para Los Cuervos, mientras que Héctor Silva formó a Pérez; Ferrari, Córdoba, Di Giglio y Vega; Rosetti, Pereira, Núñez y Mendoza; Raspo, Oliver y Del Poppolo para los visitantes, que no habían conseguido ningún punto en el torneo. Antes de comenzar el partido, sonó el himno en el estadio, algo que no era costumbre en ese momento (tampoco lo es ahora) en un juego por el campeonato local. “Fue raro, pero emocionante”, así lo describieron los protagonistas. Calcado a lo que fue en el sur. Luego de más de 12 horas de operaciones militares, sonaron las estrofas de la canción que representa al pueblo argentino y a su territorio. Y esa porción arrebatada que volvía a unirse.
Pero volvamos unas horas atrás, a las 11:20 de la mañana de aquel 2 de abril. El plantel del equipo juninense llegaba al aeropuerto de Salta y tras su arribo comenzaba su breve estadía en el Hotel Huaico a la espera del comienzo protocolar del partido con el traslado al estadio y demás situaciones típicas de un plantel. En paralelo, a casi 3.062 kilómetros de distancia se comunicaba la noticia de que “el operativo había concluido con éxito”. El Operativo Rosario para recuperar las Malvinas ya terminó su primera etapa y no hubo ningún tipo de vuelta atrás. Aún faltaba un último paso, quizás fuera de los registros militares. El presidente Leopoldo Galtieri, al mediodía, salió desde su balcón en Casa Rosada y se dirigió a la población para anunciar que comenzaron con la recuperación de las Islas Malvinas.
Esa mañana en Salta se encontró como noticia que el plantel de Mariano Moreno había pisado sus tierras, y en el país se enteraron que las tropas argentinas ya estaban en suelo malvinense. Con total control del puerto de la ciudad que los británicos llaman Stanley, de la Isla Soledad, y las tropas del cuartel de los Royal Marines y el gobernador de las Islas Malvinas, Rex Hunt, rendidos ante las tropas argentinas.
Retrocedamos otro puñado de horas más, incluso volvamos al primero de abril. A las 11 de la noche, se dio la primera gran orden de toda la guerra y la que daba comienzo a la Operación Rosario. El comandante de la Flota Naval, Gualter Allara, dio la orden de iniciar las tareas de aproximación a las islas. Y para las 11:30, en el comienzo de la que iba a ser una larga y ardua madrugada, llegaron a Puerto Enriqueta los comandos anfibios, una tropa de aproximadamente 60 hombres que fueron prácticamente los primeros en llegar a las Islas. Si le sumamos 24 horas al reloj de este dueto, quizás también aproximadamente 60 hombres entre ambas delegaciones, estaban por finalizar su partido, el único partido que se disputó si sumamos todas las ligas profesionales de Argentina e Inglaterra.
“De Malvinas en ese tiempo parecía que todo estaba muy lejos, nunca pensé en ese momento que iba a haber una guerra. No recuerdo mucho más”. Nadie lo pensaba realmente. Jorge José “El Chino” Benitez, mediocampista titular de Central Norte esa noche, cuenta que se sentían lejos, y claro que lo estaban. El país se sentía un poco lejos de la guerra, no porque no le importara, sino porque apareció casi de sorpresa, sin mucha preparación para las fuerzas armadas ni para la Argentina como pueblo.
El encuentro estaba pactado para el domingo 4 de abril, pero por algún motivo olvidado por la historia, se pasó para ese viernes histórico. Histórico para el país. El partido no tuvo nada de histórico. En la previa se anticipaba como ese típico partido entre dos equipos que no tienen nada que perder y que por eso dan un buen espectáculo, pero no fue así. Sumado a que parecía tener un favorito: Central Norte. No tanto por mérito propio ya que ganó sólo tres de ocho, sino por Mariano Moreno, que había perdido los ocho partidos que se habían disputado hasta el momento.
Así comenzaba la crónica de El Tribuno, histórico diario salteño que reflejaba claramente el descontento con el equipo local: “Y ahora podemos justificar porque los directivos aceptaron jugar el viernes porque para pasar vergüenza daba lo mismo anoche que el domingo, claro que con esto permiten que el aficionado ocupe el fin de semana para irse de picnic”. Con este fragmento es difícil saber si se está criticando una derrota o un triunfo. Pero fue lo segundo. Central Norte venció uno a cero a Mariano Moreno de Junín en un partido que lo trascendental se lo da su contexto, y lo olvidado que quedó entre tantas historias, fallecidos y recuerdos de la guerra.
Sección deportiva de El Tribuno del 3 de abril de 1982
Las casi 3 mil personas que acudieron al estadio de Gimnasia y Tiro, moderno para esa época, o simplemente algo mejor que el de Mariano Moreno que no hacía de local en el suyo por su mal estado, vieron el gol que convirtió Jorge Airala a los 33 del primer tiempo de cabeza tras un centro de Juan Carlos Prycodko. Y no pasó mucho más como la crónica del Tribuno hace creer. Los de Junín estuvieron cerca de empatar en varias ocasiones y llevarse su primer punto pero eso solo quedó en intentos. Además, a los 24 del primer tiempo fue expulsado Vega por juego brusco. Pero no la misma brusquedad que se manejaba del otro lado del país.
Con la guerra comenzando a tres mil kilómetros de distancia, los hinchas del cuervo salteño no se guardaron nada y silbaron a su equipo a pesar de la victoria. Alguien que se habría sumado a esas casi tres mil personas hubiera sido Patricio Guanca, salteño de la ciudad de Cerrillos, de 24 años. Casi seguro que no llegó a enterarse del cabezazo de Airala ya que estaba en algo más importante. Fue parte de la Operación Georgias, operativo por el que las fuerzas argentinas tomaron las Islas Georgias del Sur el 3 de abril. El cabo primero falleció a bordo del ARA Guerrico tras un ataque de las fuerzas británicas. Sus restos fueron recibidos en su ciudad como lo que es, un héroe de Malvinas.
Portada de El Tribuno del 3 de abril de 1982.
Siguiendo las palabras de “El Chino” Benítez, y teniendo en cuenta el desarrollo del partido, quizás por eso aquella noche quedó perdida en los archivos. Porque la historia recuerda las guerras y olvida estos partidos. Mientras en las Islas Malvinas comenzaba un conflicto que marcaría para siempre a la Argentina, en Salta tres mil personas discutían un resultado, silbaban a su equipo y volvían a sus casas felices por el gol de cabeza de Airala. Ninguno de los presentes todavía podía imaginar la magnitud de lo que estaba ocurriendo a más de tres mil kilómetros de distancia.
Y, sin embargo, ahí reside la paradoja. Mientras la historia grande se escribe con fechas, nombres y batallas, la vida cotidiana sigue su curso entre pequeñas preocupaciones, alegrías y frustraciones. El fútbol no detuvo la guerra, ni la guerra detuvo al fútbol. Durante noventa minutos convivieron dos Argentinas: una que comenzaba a escribir una de sus páginas más dolorosas y otra que, aferrada a la rutina, encontró refugio en una cancha. Porque, al final, la importancia de las cosas no la define la historia, sino las personas que las viven.
Por Matías Recchioni, Franco Loreto y Merlina Lichtenstein
La Copa Mundial de la FIFA 2026 tiene nuevamente a la Argentina como finalista. Los dirigidos por Lionel Scaloni, sin embargo, enfrentan para algunos el resurgimiento de una campaña “antiargentina” que se exacerbó a través de las redes sociales por diferentes motivos, escapando –una vez más– a lo futbolístico. Pero esta no fue la primera vez que la selección sufre un ataque de este tipo durante un Mundial.
En 1978, Buenos Aires transitaba el frío invierno que acontece en los meses de junio en el hemisferio sur, ese mismo clima que se vive hoy con la Copa del Mundo nuevamente en agenda. En el barrio porteño de Nuñez,entre casas bajas y comercios, se alza un estadio de fútbol con las tribunas rojas y blancas, pero ese día, 2 de junio de 1978, tenían otro color. Miles de personas copaban el gigante de ese coqueto barrio, y estaban vestidas de celeste y blanco mientras cantaban al unísono: “Ar-gen-tina, Ar-gen-tina”. El Mundial, ese año se hacía presente y Argentina era el anfitrión. Personas de todos los lugares del mundo aterrizaron en el país sudamericano. Por Buenos Aires, Rosario, Córdoba, y otras ciudades, había franceses, alemanes y hasta tunecinos. A pesar de todo ese ruido en el país, volviendo al barrio porteño, fuera del recinto futbolístico, las calles mantenían un silencio atroz. La más violenta de las dictaduras tenía dos años de vida.
El Mundial de fútbol, en ese sentido, era la excusa perfecta para mostrarle al mundo que Argentina no vivíabajo la represión, la censura y las desapariciones de personas. Para poder hacerlo era necesario tener un cómplice, el perfecto era Burson-Marsteller, una de las agencias de relaciones públicas más grandes y famosas del mundo para ese entonces. La empresa estadounidense –en un documento de 155 páginas– convenció al gobierno argentino, comandado por Jorge Rafael Videla, de que era su aliado perfecto para ayudar a sobrellevar la “Campaña Antiargentina”, que se había instalado por quienes buscaban denunciar lo que pasaba en el país anfitrión del Mundial. En los primeros meses del año mundialista se redujeron los casos de desapariciones, que eran moneda corriente para ese entonces, entre once y dieciocho personas por mes, cuando anteriormente habían sido más de 80 en ese mismo período de tiempo.
A ocho mil cuatrocientos kilómetros del evento que se celebraba en Buenos Aires, en un escritorio de madera del Salón Oval de los presidentes de Estados Unidos se sentaba, desde hace un año, un hombre con canas, de traje y con una sonrisa de incomodidad: Jimmy Carter. Ese año, el país norteamericano se encontraba en una dura guerra sin armas ante un enemigo invisible, que no combatía con soldados, sino líderes políticos asociados a su máximo exponente, Rusia. Carter y sus allegados no querían que este enemigo se expandiera por los países sudamericanos. El apoyo a las distintas dictaduras que sucedían en América Latina permitió que los ideales soviéticos se mantuvieran a raya. Pero detrás de esto se escondía otra verdad.
Las puertas de la Embajada de los Estados Unidos se abrían y cerraban en 1978, mientras Buenos Aires vivía uno de los momentos más oscuros de su historia. El país norteamericano no estaba conforme con las acciones de Videla al mando de Argentina, por lo que a través de una red de informantes, distribuida en los distintos sectores del poder argentino, intercambia información clasificada en cables, documentos de su confidencialidad que intercambian los servicios de inteligencia y los gobiernos. Estos fueron revelados por el gobierno noteamericano en 2002, por un proyecto conjunto entre Abuelas de Plaza de Mayo, el CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales) y Memoria Abierta, con el nombre de “Desclasificados”.
Raúl Hector Castro era el hombre designado para comandar esta tarea de espionaje, que implicaba traer y llevar información al margen de los canales oficiales. Los cables con destinatario a Washington revelaban que algunos de estos informantes laboraban en el Ministerio de Relaciones Exteriores, otros mantenían vínculos con las Fuerzas Armadas y unos pocos hasta accedían a la intimidad del Gobierno, por medio de vínculos familiares. Todos estos lugares eran los que alimentaban el flujo de información continuo: cifras de desaparecidos, conversaciones entre funcionarios, intercambios de cartas entre Videla y Carter, pedidos particulares de ciudadanos norteamericanos por desaparecidos puntuales e incluso evaluaciones sobre oficiales militares y el comportamiento de quienes desobedecían órdenes.
El 1 de junio de 1978, el Monumental estaba listo para la fiesta inaugural del Mundial. Mientras las tribunas celebraban el comienzo del torneo, el periodista alemán Thomas Reimer, enviado por la cadena ARD para cubrir el debut de su seleccionado, tomó el micrófono desde una de las cabinas de transmisión. El periodista eligió contar otra postal de la Argentina que había encontrado durante su estadía. “No he visto correr sangre por las calles. Hemos leído en un diario una lista de 2.500 desaparecidos. Hemos visto a las Madres de Plaza de Mayo reclamar por sus hijos. Hemos visto solicitantes que le piden al jefe de Estado saber dónde están sus familiares. Hemos visto informaciones sobre personas detenidas por hombres armados que descendían de vehículos sin identificación”, relató al aire, mientras se preparaba para el primer cotejo del torneo. Sus palabras no quedaron encerradas en aquella sala de transmisión. La repercusión llegó hasta la embajada de Alemania, que reaccionó de inmediato. El cuerpo diplomático envió un comunicado a las autoridades argentinas para despegarse de las declaraciones del reportero. El documento circuló rápidamente y terminó publicado, de manera íntegra, por el diario La Nación. Sin embargo, los documentos desclasificados por Estados Unidos no registraron ese episodio. Entre los cientos de cables intercambiados durante aquellos días no aparece ninguna referencia a las declaraciones de Reimer, ni a la respuesta de la diplomacia alemana. Este fue el primer indicio de lo que tanto odiaba la Junta, y que quería erradicar con mensajes como: “Los argentinos somos derechos y humanos”.
Uno de los máximos agitadores de la campaña que el gobierno de Videla buscaba deshacer con Burson-Marsteller era Francia, y Estados Unidos lo sabía.
El sexto día del mes de junio Argentina debía afrontar su segundo partido en la Copa del Mundo ante el país europeo, cuyas caras largas eran notorias en la previa del encuentro. Días antes en las tediosas oficinas de Videla y compañía llega una carta con el símbolo de un Gallo sobre un rectángulo con tres letras: “F.F.F”. En ella el ente máximo del deporte en el país europeo quería información, pero no información sobre seguridad ni nada relacionado al partido. Quería saber el paradero de los 22 ciudadanos franceses desaparecidos en la Argentina. Además, 2.337 periodistas franceses se sumaron a los reclamos. Reclamos que, según la carta, eran para evitar las protestas durante los partidos. Esta carta no se hizo pública nunca, Estados Unidos se enteró de su existencia por un hombre que nunca dio a conocer su nombre. Lo que sí se sabe es que a partir de ese momento el gobierno se negó a consultar información de desaparecidos con doble nacionalidad.
Durante la transmisión, antes del inicio del encuentro, por Canal 13 la imagen fue interrumpida. Sonó la marcha peronista y, enseguida, la voz de Mario Firmenich, líder de Montoneros, irrumpió en la pantalla. La interferencia duró pocos instantes, pero sirvió para que Estados Unidos notificase el suceso. Luego del discurso volvió la transmisión. Argentina ganó 2 a 1 y aseguró la clasificación a la siguiente ronda. Los festejos eclipsaron el episodio, aunque no para todos: al día siguiente, diarios como el Buenos Aires Herald y La Nación dedicaron breves recuadros a contar lo ocurrido.
El domingo 2 de julio de 1978, las veredas del centro de Buenos Aires amanecieron cubiertas por una alfombra gris de papel picado sucio y pisoteado. Era el rastro apagado que había dejado, exactamente una semana antes, la consagración de la Selección Argentina en la cancha de River. El invierno soplaba con saña sobre la avenida San Martín. Allí, donde la Junta Militar pretendía congelar el tiempo bajo el festejo, la realidad se movía en voz baja: pequeños grupos de hombres de civil deambulaban con las manos hundidas en los bolsillos de sus sobretodos, metiéndose apurados en las financieras para intentar colocar fajos de billetes en una plaza asfixiada por la devaluación y las altas tasas de interés. El 30 de junio, en pleno estruendo de los goles oficiales, había vencido el congelamiento de las leyes de alquileres. De un día para otro, un millón de inquilinos argentinos pasaron de gritar campeones a revisar los bolsillos ante la amenaza directa del desalojo. Ajeno al desamparo de las veredas, el Almirante Emilio Massera, integrante de la Junta Militar se asomó por un ventanal oficial hacia la calle. Abajo, los cronistas estiraron los brazos desesperados, calzando los pesados grabadores de cinta y los micrófonos hacia el balcón. Massera sonrió con esa suficiencia felina que lo caracterizaba, se acomodó la solapa de su uniforme blanco impecable y soltó ante las cámaras lo que el Buenos Aires Herald calificaría en su edición de esa mañana como “verdades caseras”. Frente al frío de los movileros, el marino advirtió con cinismo que el carnaval del fútbol se había terminado y que ahora tocaba pagar el impacto económico.
Mientras Massera actuaba su comedia de compadrito en la vereda, los lectores del Herald desayunaban con las páginas centrales exponiendo el verdadero partido que la dictadura jugaba a puertas cerradas. El diario detalla el debate sobre si el dictador Jorge Rafael Videla convocaría a un plebiscito político para medir su popularidad frente a las denuncias de Amnistía Internacional. Pero el verdadero golpe estaba en la columna económica, bajo un título que hacía crujir los dientes en la Casa Rosada: “Derechos humanos y préstamos bancarios para Argentina”. El artículo revelaba que la administración de Jimmy Carter le estaba aplicando un torniquete silencioso al régimen, manteniendo bajo estricta revisión cada crédito solicitado por el país en los bancos multilaterales de desarrollo. Con las cuentas en rojo y la amenaza de un freno económico total, la soberbia de la Junta se quebraba puertas adentro. Los emisarios militares, desesperados por divisas en plenos festejos de la Copa del Mundo, habían iniciado gestiones comerciales secretas, arrastrándose a ofrecer un canje humillante: acelerar la liberación de prisioneros políticos a cambio de destrabar los fondos internacionales que necesitaban para sobrevivir.
Ese trueque de detenidos-desaparecidos por dólares cobraba forma física a pocas cuadras de los kioscos de diarios, tras las persianas americanas y los ventanales blindados de la Embajada de los Estados Unidos. Allí, lejos de las luces del Mundial, los funcionarios de la diplomacia norteamericana operaban con la frialdad de los carniceros. En los despachos confidenciales, entre el humo denso de los cigarrillos y el sonido rítmico y metálico del tecleo, los analistas yanquis medían el impacto del apriete de Washington en hojas de papel membretado y copias al carbónico. El cable secreto del miércoles 21 de junio dejaba registro de que el bloqueo financiero funcionaba como un engranaje de precisión. El informe, transmitido de forma confidencial al Departamento de Estado, no celebraba una rendición definitiva, sino que desnudaba el repliegue calculado de los represores locales, obligados por la diplomacia de Carter a moderar temporalmente su conducta represiva durante los días de la Copa para cuidar los fondos internacionales. El frío inventario de la embajada confirmaba este retroceso táctico de la Junta Militar: el analista tecleaba que, desde el 21 de mayo, el régimen se había visto forzado a conceder 56 liberaciones de prisioneros políticos bajo el control del Poder Ejecutivo Nacional y 11 autorizaciones urgentes hacia el exilio. En las oficinas silenciosas del ojo del águila no había lugar para la ingenuidad ni la épica deportiva; el reporte final advertía que los objetivos de fondo del régimen seguían intactos y que, bajo la mirada vigilante de Washington, cada preso político liberado tenía el valor exacto de un balance bancario.
La tensión de esa doble realidad —la farsa pública frente al chantaje financiero— se trasladaba en simultáneo a miles de kilómetros de Buenos Aires, en el salón de la Asamblea General de la OEA en Washington. Frente al estrado y ante las delegaciones extranjeras, el Canciller de la Junta, Almirante Oscar Montes, se acomodó los anteojos, impostó su voz de mando militar y, amparado en la pantalla de prensa que todavía ofrecía la Copa del Mundo, declaró ante los micrófonos internacionales que en la Argentina no se violaban los derechos humanos. Con un cinismo absoluto, Montes llegó al colmo de invitar audazmente a la Comisión Interamericana (CIDH) a realizar una inspección en el país, convencido de que la fachada del Mundial taparía las fosas.
Mientras el Canciller ensayaba su actuación en los atriles de Washington, el resto de la Junta saboreaba la impunidad de la pantalla mundialista puertas adentro. En los salones de la Quinta de Olivos, Jorge Rafael Videla se desplazaba entre copas de champagne y mozos de guante blanco, estirando la mano militar para estrechar la de los futbolistas que acababan de consagrarse campeones del mundo. Con una sonrisa rígida bajo el bigote, el dictador posaba ante los flashes de los fotógrafos oficiales mientras colgaba distinciones doradas en los pechos de los jugadores, buscando fundir el bronce de las medallas con el prestigio de su propio régimen. Al mismo tiempo, en Europa, la cúpula naval se exhibía sin fisuras ante las cámaras internacionales: el Almirante Emilio Massera se mostraba relajado y de civil asistiendo a las tribunas del torneo de tenis de Wimbledon en las afueras de Londres, tras coronar una gira oficial por Bucarest donde se había reunido con el dictador rumano Nicolae Ceaușescu. Sin embargo, detrás del bronce de los agasajos en Olivos y las postales sofisticadas del tenis británico, el archivo secreto de la diplomacia norteamericana ya había dejado asentado el verdadero balance de la temporada: bajo la mirada vigilante del águila, cada sonrisa oficial se pagaba con el frío recuento de los prisioneros liberados.
Más de un año después de la consagración de la selección de Cesar Luis Menotti, el 6 de septiembre de 1979, integrantes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) llegaron a Buenos Aires para investigar las múltiples denuncias por torturas y desapariciones en todo el país.
La “campaña antiargentina” que el terrorismo de Estado instaló para desviar la opinión pública ante las reinteradas violaciones a los derechos humanos no pudo sostenerse más. En 1980, el informe final de la CIDH apuntó directamente a la cúpula militar de entonces como responsable de crímenes de lesa humanidad.
Hoy, 48 años después de su primer campeonato, Argentina enfrentará el desafío de disputar una nueva final, ahora, en el país de Donald Trump. Sin embargo, el contexto político no varió: el gobierno de Javier Milei se mantiene alineado en su totalidad con la Casa Blanca, mientras desde Estados Unidos, se incentiva la persecución a países con ĺideres de izquierda, como Venezuela y Cuba. La historia, como siempre, se repite.
De la mano de su capitán, Lionel Messi, la Selección Argentina volvió a clasificarse a una final del mundo y buscará defender el título conseguido en Qatar 2022 frente a España. Sin embargo, la historia pudo haber sido muy distinta.
Corría el año 2003 cuando en España empezaron a hablar de un joven rosarino que brillaba en las inferiores del Barcelona y sin dudarlo, lo querían para su selección. Ginés Meléndez, coordinador en ese entonces de la Roja, hizo hasta lo imposible por ver a Messi con la camiseta española pero siempre obtuvo la misma respuesta: un rechazo, a la espera de un llamado argentino que tardaría en llegar, porque a pesar de su corta edad, ya había decidido representar a su país. No fue hasta unos meses después, en el Mundial Sub 17 de aquel año, donde Meléndez se cruzó con Hugo Tocalli para decirle: “Si tenías al chico del Barsa, eras campeón”.
Aquellas palabras despertaron la preocupación en la Asociación de Fútbol Argentino (AFA), mientras que el sueño español, si bien seguía vigente, empezó a desvanecerse. El siguiente en enterarse sobre Lionel fue Claudio Vivas, ayudante de campo de Marcelo Bielsa, y cada vez su deseo de jugar con la camiseta argentina empezó a volverse una realidad.
Hasta que finalmente en junio de 2004 ocurrió: Julio Grondona se puso al tanto de la situación del joven Lionel Messi y del interés español e inmediatamente actuó para organizar un amistoso y convocar a la promesa de aquel entonces. Leo recibió el llamado que tanto anhelaba y esta vez ni lo dudó.
Fue un partido de la selección sub 20, el rival Paraguay, y la sede el estadio de Argentinos Juniors, para que en una fría noche donde se encontraban no más de 500 espectadores, con la camiseta número “17” e ingresando desde el banco hiciera su debut con Argentina la Pulga. Los compañeros apenas conocían su nombre, en aquel momento no había redes sociales y lo único que sabían de él eran rumores sobre su juego, rumores que terminaron confirmando horas después.
El amistoso terminó con una goleada por 8 a 0 donde el protagonista de la noche convirtió el séptimo gol. El encuentro no fue más que una excusa para blindar a Leo en Argentina y de una vez por todas ponerle fin al sueño español, los presentes en las tribunas estaban al tanto de eso y cada vez que la pelota llegaba al número “17” se llevaba toda la atención.
Veintidós años después, el resto fue historia y aquel joven rosarino se transformó en el mejor jugador de la historia.
Fue un camino difícil, en el que muchas veces perdió, recibió insultos, tragó bronca e incluso llegó a retirarse de la Selección antes de regresar. Cuatro finales perdidas, tres consecutivas y una del mundo que fue sentir el dolor más grande. Pero esperaba algo aún más grande y luego de tanto sabor amargo, va a cerrar su carrera habiendo ganado un Mundial, dos Copa América, una Finalísima y llevando a su equipo a jugar otra final del mundo más.
Y como si el destino hubiera querido cerrar el círculo, el último obstáculo vuelve a ser España, el país que hizo todo lo posible por convencerlo de vestir su camiseta y que nunca logró apartarlo del sueño que Lionel Messi tuvo desde chico: ser campeón del mundo con la Albiceleste
El fútbol entre Argentina y España nunca se limitó a los partidos entre selecciones. Durante décadas, jugadores y entrenadores construyeron una relación que atravesó generaciones, clubes y océanos. Cada llegada abrió una nueva historia: argentinos que encontraron en España el escenario ideal para convertirse en leyendas y españoles que dejaron una huella imborrable en el fútbol argentino. Historias diferentes, pero unidas por una misma idea: el talento no reconoce fronteras cuando la pelota empieza a rodar (Por Juana Lusin Santafé)
1- SERGIO AGÜERO
Por Santiago Jozame
Sergio Agüero llegó al Atlético Madrid con 17 años y muchas expectativas. 23 millones de euros desembolsaron para que el joven delantero de Independiente se ponga su camiseta, el fichaje más caro del club hasta el momento.
Rápidamente, Agüero respondió con goles el monto pagado y con tan solo 19 años ya era el goleador del equipo, formó una dupla con el delantero uruguayo Diego Forlán y juntos destrozaron el fútbol español con sus goles.
En la temporada 2009-2010 los rojiblancos llegaron a la final de la Copa del Rey, donde perdieron ante el Athletic Bilbao, pero días después tuvieron su recompensa al vencer al Fulham y alzar la Europa League. El objetivo estaba cumplido, eran campeones. Unos meses después, con un gol del Kun le ganaron al Inter y fueron campeones de la Supercopa de Europa.
Sin embargo la relación con los hinchas se rompió un año después, cuando Agüero trató de forzar su salida al Real Madrid, el clásico. A lo que el presidente del club intervino y le negó su partida al merengue, haciendo que el delantero arribe en el Manchester City.
2- PABLO AIMAR
Por Emanuel Soste
Tras su paso por River, Pablo Aimar fue incorporado por Valencia en 2001 a cambio de 24 millones de euros. Con el equipo Che obtuvo dos campeonatos: una Europa League y una Supercopa de Europa. Además, en 2006 recibió el trofeo EFE al mejor futbolista iberoamericano. El “Payasito” disputó 238 partidos, convirtió 38 goles y dio 42 asistencias. Dado que su contrato finalizaba en 2007, el Valencia tomó la decisión de venderlo al Zaragoza. Su marcha no fue comprendida por gran parte de la afición, ya que veían en él a un símbolo de una de las etapas más gloriosas del club.
En el verano de 2006 fichó por Zaragoza por 11 millones de euros, siendo uno de los pases más caros en la historia del club. Aimar marcó un total de 5 goles durante su etapa en el Real Zaragoza, con 57 partidos oficiales entre las temporadas 2006 y 2008. Todos sus goles con el club “Maño” los anotó en su primera campaña. En abril de 2007 se le concedió la nacionalidad española por residencia.
3- ROBERTO AYALA
Por Juan Cruz Gaona
Roberto Ayala es uno de los integrantes del cuerpo técnico de la Selección que vivirá de manera especial el enfrentamiento ante España. El ex defensor argentino construyó una importante parte de su carrera en el fútbol español, donde defendió las camisetas de Valencia y Zaragoza. Ayala llegó a España en el año 2000 para incorporarse al equipo Che, club en el que se convirtió en una de las grandes figuras defensivas de la época.
El paranaense también cuenta con el título de entrenador, aunque hasta el momento no dirigió ningún club de manera oficial. Desde enero de 2019 forma parte del cuerpo técnico de la Selección argentina como ayudante de campo de Lionel Scaloni. Junto a este, el “Ratón” conquistó la Copa América 2021, la Finalissima 2022, el Mundial de Qatar 2022 y la Copa América 2024.
4- MARCELO BIELSA
Por Faustino Licursi
Marcelo Bielsa dirigió al Athletic Club durante 2011 y 2013. Con su llegada, el equipo vasco adquirió un estilo de juego vistoso y en su primera temporada llegaron a la final de la Copa del Rey y de la Europa League tras 35 años. Sin embargo, los dirigidos por Bielsa no estuvieron a la altura y perdieron ambos títulos por 3 a 0 frente al Barcelona y al Atlético de Madrid respectivamente. En la liga española finalizaron en el décimo puesto y se clasificaron nuevamente a la segunda competición europea más importante.
En su segunda temporada a cargo, Bielsa no pudo mantener el nivel y los “Rojiblancos” fueron eliminados tempranamente de las competiciones a las que habían llegado a la final. Pese a no obtener ningún título, el “Loco” dejó un legado en los hinchas del club y en entrenadores como Luis de la Fuente, actual técnico de la Selección Española, quien declaró su fanatismo por el argentino: “Soy un gran admirador suyo. Estuve meses yendo a Lezama a ver y grabar todos sus entrenamientos en el Athletic”.
5- ÁNGEL DI MARÍA
Por Ámbar Pereira
Ángel Di María es uno de los futbolistas argentinos que dejó una huella imborrable en el fútbol español. Llegó al Real Madrid en 2010, luego de su paso por el Benfica, y durante cuatro temporadas se consolidó como una pieza clave del equipo. Gracias a su velocidad, habilidad y capacidad de asistir a sus compañeros, fue protagonista de una de las etapas más exitosas del club. Su actuación más recordada fue en la final de la Champions League 2014 frente al Atlético de Madrid, donde fue elegido el mejor jugador del partido tras liderar la jugada que terminó en el gol decisivo para conquistar “La Décima”, el décimo título europeo del Real Madrid.
En España disputó más de 190 partidos oficiales, marcó 36 goles y conquistó seis títulos, entre ellos una Liga, dos Copas del Rey, una Supercopa de España, una Champions League y una Supercopa de Europa. Más allá de sus estadísticas, Di María se ganó el reconocimiento de los aficionados por su entrega y desequilibrio en los momentos importantes.
Su paso por el fútbol español consolidó su carrera internacional y lo proyectó como una de las máximas figuras de la Selección Argentina, con la que años más tarde levantaría la Copa América 2021, la Finalissima 2022, el Mundial de Qatar 2022 y la Copa América 2024, título con el que se consagró bicampeón continental.
6- ALFREDO DI STÉFANO
Por Iara Pérez
Cuando se habla de las historias que unen al fútbol argentino con el español, el nombre de Alfredo Di Stéfano aparece casi de manera obligada. Su carrera representa, como pocas, el puente entre los dos países. Después de sus comienzos en River y de destacarse en Millonarios de Colombia, encontró en el Real Madrid el lugar donde terminó de convertirse en una leyenda.
Su llegada al club español marcó un antes y un después. Con Real Madrid ganó ocho Ligas, cinco Copas de Europa consecutivas y una Copa Intercontinental. Además, fue uno de los máximos goleadores de la historia del club y, desde el año 2000 hasta su fallecimiento en 2014 se desempeñó como presidente de honor. Pero su mayor legado estuvo dentro de la cancha. No era un delantero que esperaba la pelota: participaba del juego, recuperaba, asistía y definía. Esa forma de entender el fútbol lo convirtió en un jugador adelantado a su época y en uno de los grandes responsables de que el equipo comenzara a construir su prestigio internacional.
Di Stéfano también dejó una particularidad que refleja el vínculo entre ambos países: nació en Argentina, pero terminó representando a la selección de España. Esa doble pertenencia explica por qué su figura sigue siendo un símbolo de la relación futbolística entre argentinos y españoles. Más de medio siglo después, su legado continúa vigente cada vez que se habla de los futbolistas que cambiaron la historia del deporte.
7- ALEJANDRO GARNACHO
Por Morena Politi
Alejandro Garnacho nació en Madrid el 1 de julio de 2004, pero su historia futbolística quedó marcada por un puente permanente entre España y Argentina. Hijo de padre español y madre argentina, dio sus primeros pasos en las divisiones inferiores del Getafe y luego continuó su formación en el Atlético de Madrid. Allí construyó las bases de un talento que, con apenas 16 años, lo llevó al Manchester United, donde terminó de consolidarse como una de las grandes promesas del fútbol europeo.
Su vínculo con España también se reflejó a nivel internacional, ya que integró la selección española Sub-18. Sin embargo, cuando Lionel Scaloni lo convocó, decidió representar a la Argentina, el país de su madre y de gran parte de su identidad familiar. Debutó con la Selección Mayor en 2023 y un año más tarde integró el plantel que se consagró campeón de la Copa América 2024 en Estados Unidos.
Su recorrido resume el cruce futbolístico entre ambos países: un futbolista nacido y formado en España que eligió defender los colores argentinos, demostrando que la identidad también se construye a partir de las raíces y el sentido de pertenencia.
8- ANDER HERRERA
Por Lucas Catalano
Ander Herrera siente desde pequeño una gran fascinación por Boca. El Vasco es ídolo en Athletic de Bilbao, fue figura en Manchester United, y compartió plantel con los jugadores más top, pero aun así, él sentía que le faltaba algo, y eso era ser jugador de Boca.
Desde chico, su padre le hacía escuchar CDs con las canciones de La 12 y le regalaba camisetas del club de la Ribera, además de que pudo lo pudo ver en una de las épocas más gloriosas del club.
En 2023 pudo visitar el estadio Xeneize en un partido de Copa Libertadores y declaró: “Ir a La Bombonera es uno de los sueños que he tenido siempre. Mi padre, que venía mucho a Argentina, porque trabajó en la dirección deportiva del Zaragoza y del Celta, me hablaba de La Bombonera”.
A principios de 2025, Ander logró cumplir su sueño y fue presentado como jugador de Boca. Durante su etapa en el Xeneize no pudo estar al 100% físicamente, por lo que decidió dar un paso al costado e irse del club. A pesar de su corto paso, logró convertir un gol en Libertadores y ganar dos Superclásicos ante River.
9- HELENIO HERRERA
Por Federico Chanique
Helenio Herrera, hijo de inmigrantes andaluces, nació en Buenos Aires en 1910, pero su destino quedó marcado por un viaje. Siendo apenas un niño, su familia regresó al viejo continente y dejó atrás una Argentina que nunca volvería a ser su escenario futbolístico.
Sin embargo, aquel oriundo del río de la plata inventaría una manera de entender el juego que terminaría influyendo en el resto del mundo en los años venideros. Ya en su etapa como entrenador, Herrera encontró en España el lugar donde empezó a construir su leyenda, primero en Valladolid, que aplicó a 9 años más en el fútbol español. Posteriormente, ganó dos ligas con Atlético de Madrid y otras dos con Barcelona, imponiendo una disciplina inédita y una obsesión por los detalles que revolucionó el oficio. Más tarde alcanzó la inmortalidad en Inter de Milán, donde perfeccionó un equipo que dominó Europa y convirtió su nombre en sinónimo de innovación táctica.
Nunca dirigió en Argentina, pero su influencia también cruzó el océano. Sus métodos, su liderazgo y su forma de preparar los partidos inspiraron a generaciones de entrenadores argentinos, mientras que en España quedó para siempre como uno de los técnicos más influyentes de la historia. Herrera fue, en definitiva, un argentino que encontró en España el punto de partida para cambiar el fútbol mundial, un puente perfecto entre dos países unidos por mucho más que la redonda.
10- MARIO KEMPES
Por Matias Moroni
Mario Kempes no solo conquistó el Mundo siendo el máximo goleador y elegido el mejor jugador del Mundial de 1978, sino que se quedó con los corazones de los aficionados del Valencia Fútbol Club. Rosario Central vendió su ficha por 30 millones de pesetas, 300 mil dólares, al club español a mediados de 1976. El “Matador” ostenta el récord de ser el único jugador que ganó el Trofeo Pichichi, galardón otorgado al máximo goleador de la liga española, en sus primeras dos temporadas consecutivas.
Pero el cordobés no sólo aportó goles, 149 en 246 partidos oficiales, en la temporada 1978-79 obtuvo la Copa del Rey. En la final, venció a nada más ni nada menos que al Real Madrid por 2 a 0, ambos tantos convertidos por el oriundo de Bell Ville. Aquella gesta histórica derivó al conjunto “Che” a disputar la Recopa de Europa, extinto torneo internacional al cual se clasificaba ganando la copa doméstica, en la cual en la final batieron al Arsenal a través de la tanda de penales en 1980. En ese mismo año, para sellar su triunvirato de trofeos, el Valencia venció al Nottingham Forest por 2 a 1, convirtiéndose en el mejor equipo europeo de ese momento.
En 2020, el “Matador” fue elegido en una encuesta por 100.000 hinchas del Valencia como el máximo ídolo en la historia de la institución.
11- JAVIER MASCHERANO
PorRamiro Lordi
Cuando Javier Mascherano llegó a Barcelona en 2010 proveniente del Liverpool lo hizo como uno de los mejores mediocampistas defensivos del mundo. Sin embargo, la fuerte competencia en la mitad de la cancha y las necesidades del equipo llevaron a Pep Guardiola a proponerle un desafío inesperado: convertirse en defensor central.
Aunque no era su posición natural y medía apenas 1,74 metros, el argentino aceptó sin dudar. Entendió que era la mejor manera de aportar al equipo y comenzó un proceso de adaptación basado en el estudio del puesto, la lectura del juego y el perfeccionamiento de aspectos tácticos.
Con inteligencia para anticipar, agresividad en la marca y una destacada salida con el balón, Mascherano terminó transformándose en una pieza clave de una de las etapas más exitosas del club: “Los mejores años de mi carrera no los jugué en la posición que más me gusta”.
Su reconversión no solo lo hizo perdurar en la liga española, sino que también se convirtió en un ejemplo de compromiso, capacidad de adaptación y de poner las necesidades colectivas por encima de las individuales.
12- JOSÉ LAGOS MILLÁN
Por Abigail Quiroz
Cuando se habla de los pioneros en el deporte argentino, el nombre de José Lagos Millán sigue ocupando un lugar especial. Nacido en Pontevedra, España, en 1893, llegó a la Argentina muy joven y rápidamente se destacó como profesor de educación física, impulsando métodos de entrenamientos innovadores.
Entre 1923 y 1926 dirigió a la selección argentina de atletismo, donde promovió una preparación física inédita hasta entonces. En 1927 asumió como entrenador de la Selección Argentina de fútbol y se convirtió en el primer director técnico extranjero del combinado nacional. Ese mismo año conquistó el Sudamericano disputado en Perú y, en 1928, obtuvo la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Ámsterdam, tras perder la final frente a Uruguay.
También dirigió a Boca Juniors en 1932 y fue asistente técnico de Manuel Seoane en la selección. Su legado trascendió los resultados: fue una figura clave en la modernización y profesionalización del entrenamiento deportivo en la Argentina.
13- ISIDRO LÁNGARA
Por Nicolás Vitale
Cuando estalló la Guerra Civil Española en 1936, Isidro Lángara se encontraba de gira por América con el seleccionado de Euzkadi. El “Tanque” era jugador del Real Oviedo, con el que había ascendido a la Primera División en 1933 y fue el máximo goleador de las siguientes tres ediciones del torneo español. Sin embargo, ni él ni sus compañeros quisieron volver a una España consumida por la guerra.
Luego de un tiempo en México, llegó a Buenos Aires y, en mayo de 1939, fue presentado en San Lorenzo, que sumaba solo 2 triunfos en 9 fechas de torneo. Su debut llegó el 21 de ese mismo mes ante un River que peleaba la punta del campeonato y superó incluso las expectativas más altas. Fueron 4 goles en 35 minutos de juego, la gente del Gasómetro no entendía de dónde había salido tal goleador.
En su primer año con el Ciclón, marcó 34 goles en 25 partidos y, en el segundo, se erigió como goleador de la liga. Vistió la camiseta hasta 1943, marcando una época, sin títulos pero con 110 goles en 121 partidos. Volvió unos años a México y terminó su exilio en España para retirarse en su querido Oviedo. A día de hoy, figura como el 14° máximo goleador de la historia del fútbol.
14- DIEGO MARADONA
Por Valentino Brunetti
Diego Maradona tuvo su primera experiencia en el fútbol europeo cuando el FC Barcelona le compró la totalidad del pase a Argentinos Juniors en 8,1 millones de dólares, nueve días antes del inicio del Mundial de España 1982. Se recuerda su participación en aquel Mundial por la tarjeta roja que recibió ante Brasil en la Segunda Fase del campeonato y por conseguir el récord de recibir 36 faltas en todo el torneo.
Al finalizar su participación con la selección, El Diego volvió a la ciudad catalana para arrancar su aventura en el fútbol español. Maradona jugó en el Barcelona por dos temporadas que deportivamente estuvieron marcadas por una hepatitis y una fractura en el tobillo izquierdo. Uno de los episodios más oscuros en la carrera de Diego ocurrió en la final de la Copa del Rey que el Barcelona perdió 1-0 ante el Athletic de Bilbao. Maradona le encajó un violento rodillazo a Goikoetxea, quien lo había lesionado anteriormente, desatando una pelea masiva entre ambos planteles. Durante su estancia en el club ganó una Copa del Rey, una de la Liga y una Supercopa.
Luego de irse del Barcelona, jugar ocho años en el Napoli y cumplir sanciones disciplinarias durante ese tiempo, Maradona volvió a España para jugar en el Sevilla. En el club andaluz jugó una temporada en la que disputó 30 partidos, marcó siete goles, no ganó ningún título y lo dirigió Carlos Salvador Bilardo.
15- CÉSAR MENOTTI
Por Mariano Menevichian
Mucho antes de que el “cruyffismo” fuera religión y el tiki taka una marca registrada, César Luis Menotti sembró en el Camp Nou la semilla de la posesión como un derecho inalienable. En 1983, encontró un fútbol español que todavía se debatía en el barro de la fuerza física y la furia. Con su estampa de prócer y su hablar pausado, “El Flaco” propuso un pacto diferente, la pelota no se revienta, se acaricia, no se regala, se custodia como el tesoro más preciado.
Para Menotti, la pelota era el único vehículo legítimo de la felicidad. Su revolución catalana consistió en convencer a gigantes como Schuster o Maradona de que el juego asociado era un deber moral ante la tribuna. Bajo su mando, el Barça empezó a tejer una red de pases que exasperaba a los rivales y enamoraba a una afición habituada al sufrimiento. Les enseñó que el espacio se conquista con el engaño y la técnica, jamás con el choque.
Aquel cruce cultural de 1983 dejó copas en las vitrinas, pero sobre todo grabó una huella genética en el club. Menotti demostró en España que la lírica del potrero argentino era exportable y que la pelota, tratada con el respeto que exigía su romanticismo, era la música más bella de Europa.
16- LIONEL MESSI
Por Tomás Orlando
Con apenas 13 años, Lionel Messi dejaba parte de su familia, de sus amigos, sus costumbres y su cultura para no solo perseguir un sueño sino también para jugar un partido contra su propio cuerpo. A los diez años a Messi le diagnosticaron un déficit de la hormona del crecimiento, una enfermedad que no le iba a permitir desarrollarse con normalidad. Newell ‘s, club en el que jugaba cuando era chico, se negó a costear el tratamiento al igual que otros clubes argentinos.
En septiembre del 2000 Lionel y su padre viajaron a España, Barcelona. Gracias a Horacio Gaggioli, un agente argentino que conocía su situación y trabaja con representantes del FC Barcelona, les ofreció la oportunidad de probarse en el club. Después de una prueba que duró minutos en convencer a los entrenadores y dirigentes, el club catalan accedió a pagar el tratamiento para quedarse con la que en su momento parecía ser un diamante en bruto. Pasaron unos meses hasta que el Barcelona fichó oficialmente a Messi, debutó el 7 de marzo del año 2001 con el número “9” en su espalda e hizo un gol contra el Amposta.
El resto es historia. EAse chico que llegó con miedo a un país que no conocía y sin saber si iban a poder pagarle su tratamiento se convirtió en el mejor jugador de fútbol que haya pisado tierras españolas.
17- IKER MUNIAIN
Por Santino Teysseyre
Quien diría que el sueño de uno de los máximos ídolos del Athletic Club de Bilbao no era jugar en las grandes potencias de Europa, sino hacerlo en el fútbol argentino. Ese hombre era Iker Muniain y su deseo tenía un nombre propio: River Plate. Se confesó hincha del “Millonario” a mediados del 2012 mientras el club militaba la segunda división y en una nota con ESPN demostró su apoyo: “Bajamos porque, como se suele decir, es el único título que nos queda por ganar. El año que viene estamos otra vez en Primera”. En 2024, a 12 años de su confesión, hizo todo lo posible para llegar y cumplir su sueño, pero no todo sería color de rosas.
Tras consagrarse campeón de la Copa del Rey ante el Mallorca en 2024, el nacido en Pamplona se despidió de “Los Leones” luego de 15 años consecutivos defendiendo esa camiseta y se consideró jugador libre con el pase a su favor. ¿Su prioridad? River Plate, en caso de no poder ser, otro club de Argentina, Brasil o la MLS, respetando ese orden.
“Respecto a qué jugadores traemos a River, traemos cuando el técnico nos pide a un jugador. No cuando un jugador desea jugar en River”, confesó Jorge Brito, presidente del club. Tras la negativa del club de sus sueños, San Lorenzo aprovechó la oportunidad, lo contrató, le dio la “10”, la cinta de capitán y se retiró como profesional en el “Ciclón” tras 26 partidos, cuatro goles y ningún trofeo.
18- NICOLÁS PAZ
Por Tomás Rodríguez
Nico Paz nació en Santa Cruz de Tenerife, España, pero su corazón es celeste y blanco. Hijo del ex futbolista Pablo Paz, quien jugó el Mundial 98 con la selección argentina y le inculcó el amor por el deporte desde chico.
Se formó como enganche en el CD Tenerife hasta que con apenas 11 años la rompió en la Danone National Cup disputada en Maspalomas. Varios clubes grandes de España lo pretendían. Los ojeadores del Real Madrid lo ficharon para sus divisiones inferiores, obligándolo a dejar su Tenerife natal para mudarse a la capital española.
El punto de inflexión en esta historia transcurre en 2022, cuando tenía apenas 17 años y jugaba en la reserva del Merengue. Lionel Scaloni implementó una estrategia de scouting intensiva en Europa para detectar jóvenes talentos con raíces argentinas. Al ver su nivel, lo incluyeron de forma sorpresiva en una prelista de convocados para la Selección Mayor.
En 2026, jugando para el Como 1907, fue seleccionado para jugar la Copa del Mundo y así representar a la albiceleste como siempre quiso: “Yo nací en España. Amo a los dos países, pero al final decidí representar a Argentina. Creo que es el país que más me representa, por cómo se vive el fútbol y por mi padre, que es un orgullo seguir sus pasos” sentenció.
Juan Antonio Pizzi representa como pocos el puente futbolero entre Argentina y España. Nacido en Santa Fe en 1968, dio sus primeros pasos como profesional en Rosario Central, donde comenzó a destacar como delantero. Sin embargo, fue en el fútbol español donde construyó gran parte de su carrera y alcanzó reconocimiento internacional. Defendió las camisetas de Tenerife, Valencia, Barcelona y Villarreal, entre otros clubes, y en la temporada 1995/96 fue el máximo goleador de La Liga con 31 tantos jugando en Tenerife. Ese rendimiento lo llevó a ser convocado por la selección de España, país cuya nacionalidad obtuvo durante su etapa en Europa.
Tras su retiro también dejó su huella como entrenador en ambos lados del Atlántico. Dirigió a Rosario Central, San Lorenzo y Racing Club en Argentina, mientras que en el exterior condujo a Valencia, León, Universidad Católica y a las selecciones de Chile y Arabia Saudita. Su mayor logro llegó con Chile, al conquistar la Copa América Centenario en 2016 frente a Argentina. Aunque nació en suelo argentino, Pizzi desarrolló buena parte de su historia futbolística en España, convirtiéndose en uno de los casos más representativos de la relación deportiva entre ambos países y en un protagonista ideal para una final que vuelve a cruzarlos.
20- FERNANDO REDONDO
Por Jonás Basin
Hay futbolistas que parecen jugar un deporte distinto. Mientras el resto corre detrás
de la pelota, ellos parecen detener el tiempo. Fernando Redondo hizo de esa pausa
su propio lenguaje. Cada control orientado, cada giro y cada pase llevaban la
naturalidad de quien entendía el fútbol un instante antes que los demás. No
necesitaba gambetas interminables: su talento aparecía en la simpleza, en la
decisión correcta, en la belleza de lo preciso.
Nacido futbolísticamente en Argentinos Juniors, fue España la que terminó de
revelar al mundo su talento. En Tenerife comenzó a escribir su nombre y en el Real
Madrid alcanzó el pico máximo. Allí conquistó dos Champions League y dejó una de
las escenas más recordadas de la historia del torneo: aquel taco en Old Trafford
frente al Manchester United, una acción tan inesperada como elegante, que todavía
hoy se recuerda como perfecta. Redondo cruzó el mundo sin perder su identidad.
Entre Argentina y España construyó un puente de fútbol pensado, de liderazgo y de
una clase que desafió el paso del tiempo. Porque algunos jugadores ganan títulos y
otros, como él, terminan convirtiéndose en una manera de entender el juego.
21- JUAN ROMÁN RIQUELME
Por Lautaro Díaz
Juan Román Riquelme llegó a mediados del 2002 al Barcelona por una cifra cercana a los 13 millones de dólares. Su estadía en el club catalán no fue buena. Él mismo cuenta cómo Van Gaal, entrenador del “Barca” en esos momentos, le dijo que “Con la pelota era un jugador fantástico y sin ella era un jugador menos”. Además lo hizo jugar como extremo izquierdo, una posición que no era natural. Solo jugó una temporada ahí, donde convirtió 6 goles en 42 partidos.
En la temporada siguiente, el Villarreal lo fichó y aquí fue donde recuperó su estilo de juego, se hizo dueño del equipo, y junto a Diego Forlán condujeron al “Submarino Amarillo” al tercer puesto en la liga española en la temporada 2004/05. Además le otorgaron el premio al mejor jugador extranjero.
En la temporada que siguió, en la primera participación del Villarreal en la Champions, el equipo llegó a las semifinales. El partido más recordado de Román fue en los cuartos de final ante Inter. Riquelme falló un penal clave en las semis frente al Arsenal, pero siempre es muy bien recordado por los hinchas del Villarreal, y lo consideran uno de los ídolos del club, ya que fue el mejor jugador en uno de los mejores momentos del equipo.
22- DIEGO SIMEONE
Por Lucas Catalano
Diego Simeone es el entrenador del Atlético de Madrid desde hace más de 15 años, pero su historia con el club no comenzó como técnico. En septiembre de 1994 el Cholo fue vendido del Sevilla al Atlético y desde ese día comenzó a escribir su historia dentro del club.
Hizo su debut en un partido de Liga frente a Valladolid. Desde su llegada al Colchonero demostró la garra y corazón que representa al equipo. Obtuvo un doblete histórico, siendo el capitán y referente, durante la temporada de 1995-1996 para ganar La Liga y la Copa del Rey.
A mediados del 1997 se iría del club para volver 5 años después (2003- 2005) y darle un cierre en su etapa como jugador dentro del club, en donde jugó 197 partidos e hizo 30 goles.
En 2011 Simeone volvió al equipo pero esta vez como director técnico y ya ganó 8 títulos: 2 Ligas de España, 2 UEFA Europa League, 2 Supercopas de Europa, 1 Copa del Rey, 1 Supercopa de España. Una de las máximas leyendas del club.
23- JORGE VALDANO
Por Juana Lusin Santafé
Hay futbolistas que cambian de camiseta. Jorge Valdano cambió de país sin dejar de pertenecer al suyo. Nació futbolísticamente en Argentina, donde debutó con Newell’s y levantó la Copa del Mundo en México 1986. Pero fue España la que terminó convirtiéndose en su segunda casa. Allí encontró el escenario perfecto para que su historia trascendiera mucho más allá de los goles.
Después de su paso por el Alavés y el Zaragoza, Real Madrid lo transformó en una referencia del club, primero como delantero y años más tarde como entrenador, director deportivo y dirigente. Sin embargo, su legado nunca se limitó a los títulos. En España también construyó una identidad desde la palabra. Convirtió al fútbol en un espacio para pensar, escribir y debatir, defendiendo una idea del juego donde el talento y la creatividad siempre estuvieron por encima del resultado.
Valdano logró ser profundamente argentino sin dejar de sentirse parte del fútbol español. En un deporte acostumbrado a dividir por banderas, él eligió tender puentes. Por eso su nombre aparece como uno de los mejores ejemplos de una historia compartida. Porque además de rivales, ambos países también saben encontrarse en futbolistas que hicieron del océano apenas un detalle.
15.00. La Fan Fest de Buenos Aires ubicada en la Plaza Seeber de Palermo es el escenario que mucha gente eligió el miércoles último para vivir el partido entre Argentina e Inglaterra. Mientras la cuenta regresiva se va acercando a su fin, la organización del lugar preparó una previa con música para todos los presentes de la mano de Cande Domínguez, quien fue la encargada de que los momentos previos se vivieran con menos estrés y ansiedad.
Aunque todavía falta una hora para el encuentro, la gente va copando los espacios frente a la pantalla grande, algunos terminan de comer, ya que después ni una gota de agua les va a pasar. Muchos están desde muy temprano viviendo la previa y disfrutando de los carritos de comida y de los stands de juegos que ofrecía el lugar.
15.30. Los jugadores terminaron la entrada en calor y entraron al vestuario. En la Fan Fest se puede ver de todo, niños y niñas con sus remeras y banderines, los más grandes empilchados de color celeste y blanco, familias enteras que vinieron para vivir este partido, que para todos es más que solo un partido.
Los minutos se van achicando y llegan los primeros cánticos en el evento: “El que no salta es un inglés”, se revolean banderas y algún que otro cartel con la cara de Messi y Diego.
16.00. Suena el himno y la imagen que se vivió fue para encuadre, miles de argentinos gritando al unísono de los jugadores “¡OH JUREMOS CON GLORIA A MORIR!”, más de uno por dentro pensó: “Hoy ganamos”. El árbitro pitó el inicio y todos se quedaron mudos mirando la pantalla.
17.09. Luego de un primer tiempo peleado entre ambos equipos, llegó el gol de Inglaterra de la mano de Anthony Gordon. El silencio se hizo presente.
17.39. Luego de 6 oportunidades de gol, llegó el córner para Leo Messi, quien la jugó por el área y cuando parecía que Spence le iba a robar la pelota, el Diez le hizo un pase a un Enzo Fernández, los presentes alzaron la cabeza, Enzo que este estaba preparado para rematar desde fuera del área, remató con la derecha y le rompió el arco a Pickford.
“¡¡¡GOOOOOL!!!”, se gritó en todos lados, se desató la fiesta en la Fan Fest: abrazos, corridas desaforadas, unos hermanos que se abrazaron mientras saltaban, un gol que la gente necesitaba para revivir esa llama interior. 90 minutos y el partido está empatado. Muchos se agarran la cabeza y esperan lo peor: los penales.
El árbitro Ismail Elfath indicó 9 más y ya todos comenzaron a sentir revoltijos en la panza, un grupo de amigos se miró entre sí y dijeron: “Y bueno siempre nos toca sufrir”.
17.46. Mac Allister remató al arco, pero pegó en el palo y los miles de argentinos que estaban ya saltando para gritar el gol se agarraron la cabeza lamentándose de que la pelota no entró. Sin embargo, la jugada no terminó ahí, la pelota cayó en el área inglesa y quién estaba ahí para cuidarla…si el Astro del fútbol, Lionel Andrés Messi, quien encaró dentro del área y metió un centro para quien nada más ni nadie menos que Lautaro el Toro Martínez con un cabezazo logre hacer el 2 a 1.
Lo que sigue es una escena de película: un señor se tiró sobre sus rodillas al suelo y gritó GOL al unísono, un niño fue revoleado por los cielos, una niña en los hombros de su papá levantó la bandera bien alto, los amigos se abrazaron mientras gritaban desaforadamente.
Solo quedaban menos de 3 minutos, pero los argentinos, acostumbrados a lo inesperado del fútbol, no se permitieron relajar.
Los once jugadores vistiendo la camiseta azul, como en aquel enfrentamiento de la selección en el 86 dieron batalla hasta lo último.
“¡Terminalo juez dale!”, gritaron varios. El árbitro no cantaba el final ya con el tiempo cumplido. Finalmente, a las 18.40 se escuchó el pitido final indicando que Argentina disputará una vez más una final del Mundo.
La escena que se vivió a continuación fue la misma en la Fan Fest, en Atlanta y en los miles de lugares donde hay un argentino, una imagen conmovedora, los abrazos característicos, besos, sonrisas de oreja a oreja, todos saltaron y gritaron al compás “¡VAMOS DE NUEVO UNA FINAL!”. Más de 30.000 hinchas presenciaron el 2 a 1 frente a Inglaterra en el Fan Fest.
Un partido que sin dudas fue más que solo un partido. Fue revivir mientras pasaban los minutos aquellos encuentros del 66, del 86 y que más de uno recordó a los caídos de Malvinas.
19.10. Cada uno de los presentes en el evento se retiró con una alegría inmensa y sintiéndose invencibles, porque si hay algo que este equipo demostró es que aún en los momentos más difíciles no abandonan, siguen para adelante, demuestran ser invencibles para cualquiera.
El domingo la Plaza Seeber será testigo por última vez de un partido de Argentina, pero no cualquiera, sino que de la final entre Argentina y España. Una vez más estará repleta de argentinos y argentinas con el sueño de ser bicampeones, con el sueño de la cuarta estrella y con el sueño de ver a Lionel Messi levantar una última vez la Copa del Mundo.
¿Quién dijo que ya estás hecho? “Ya está, ya está”, gritó Messi tras la consagración frente a Francia mientras buscaba a su familia en el palco del estadio Lusail. Tres años y medio después, cuando todos pensaron que fue el broche de oro perfecto para cerrar su historia, el cuento es otro: ya está nada. Aún restan capítulos por vivir. Sólo el tiempo le puede dar un cierre a una historia en la que el autor sigue luchando por escribir. Y ahí está, dándole batalla, poniendo su honor en juego para volver a ganarlo, jugando con el corazón en la mano y echando patria por los poros, plantado en una nueva final de la Copa del Mundo.
La subestimación lo acompañó en todo momento durante toda su carrera. Lo subestimaron los rivales y hasta de sus más fieles creyentes. Sí, porque quienes pensaron que por ser (probablemente) su último Mundial lo iba a jugar más relajado, con dos cambios menos, estaban equivocados. Cuando parte del mundo cree que no tiene nada más que dar, una y otra vez, Messi te recuerda que esta historia no acaba hasta que él diga basta. Se niega a partir y se aferra a su vigencia. Su hambre competitiva sigue intacta y su ambición parece ser interminable, aún más cuando defiende la camiseta celeste y blanca.
En un audio dirigido a Messi que nunca se animó a enviarle y que se hizo público tras su fallecimiento, el pasado 5 de junio, el Indio Solari decía: “Dios y el diablo te dieron una destreza inimaginable”. Razón no le faltó. Mientras baila sus últimos tangos mundialistas con 39 años, el 10 lleva 8 goles y 4 asistencias en 7 partidos disputados. También rompió varios récords (como de costumbre) que reafirman su pericia: máximo goleador de los Mundiales con 21 festejos, máximo asistidor con 12 pases de gol, más partidos y minutos jugados; el único en haber convertido en todas las instancias y en haber marcado al menos un tanto en 9 partidos consecutivos. Incluso de los negativos: el jugador con más penales errados (3) en los Mundiales, marca que lo hace aún más humano. Además de seguir siendo el emblema clave en el juego de la Selección con 39 años (valga la redundancia). En fin, una bestialidad digna del mejor jugador de la historia del fútbol.
El capitán festejando la clasificación a la final del Mundial.
En Qatar se sacó la mochila más pesada que pudo llevar alguna vez un deportista y las ganas de levantar la copa más deseada de todas. Hoy, con la serenidad de no cargar con el peso de un país entero en su espalda, quiere alzarla de nuevo. El pibe de Rosario que nunca se rendía llegó a su tercera final del mundo y demostró que el que abandona no tiene premio. El desafío es contra el mismo, no le queda más nada por demostrar.
Qué ironía del destino, así como muchas veces resulta divino, tantas otras es cruel: la final de la Copa del Mundo se disputará en el Metlife Stadium de Nueva Jersey, Nueva York. Sí, Messi volverá este 19 de julio al estadio donde, hace poco más de 10 años, se retiró de la Selección Argentina tras perder la final de la Copa América Centenario frente a Chile. Pero esa crueldad es caprichosa, porque después de tanto daño, parece empeñarse en ser justa. Hay ciclos que se deben cerrar. Y dónde mejor que en el escenario que marcó un punto de inflexión enorme en la carrera de Leo, acompañado de un equipo embanderado de gloria que lleva el juego en la sangre, convierte la adversidad en identidad y deja el alma en la cancha por su estandarte.
¿Y si el domingo es el último concierto? Festejemos, porque demostraste que tu excelencia es únicamente comparable con el tiempo. Porque atravesaste derrotas, llantos y desilusiones en tu camino hacia la cúspide del Olimpo, donde te mantenes y aún allí luchas por seguir agrandar el legado de tu leyenda. Porque todavía esta historia no está terminada. Quedan bellos milagros por ocurrir. No estás hecho.
¿Y si el fútbol le debía dos? Te espera la final de la Copa del Mundo frente a España, el país que tanto anheló por tenerte vestido de rojo, pero al que rechazaste por defender los colores argentinos. Con la 10 en la espalda y la bandera en el hombro, con la yapa de campeón en el pecho, con fútbol para dar batalla y corazón para ganarla.