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Dos destinos y una pelota

Télam 23/11/2016 Chapecó, Brasil: Desconsuelo en los jugadores de San Lorenzo tras la eliminación de la Copa Sudamericana a manos de Chapecoenese, al empatar siin goles a en el estadio Arena Condá. Foto: Enviado especial /Alfredo Luna /cf

Por Miguel Souto

Según la mitología griega, los seres más poderosos y respetados de aquellas historias eran las moiras. Temidas incluso por los propios dioses. Eran representadas por tres mujeres de túnicas blancas con el semblante inquebrantable y en cuyas manos se encontraba el destino de todos. Se encargaban de repartir a cada mortal una porción de la existencia al determinar el principio y el final de cada vida. En contraposición, la filosofía entiende al destino como el resultado de una cadena causal. Es decir, que las cosas suceden porque otros elementos del mismo plano las desencadenan, muchas veces sin premeditación ni lógica aparente. Las personas se dirimen entre una existencia donde todos los sucesos ya fueron sellados y son insoslayables o una en la que cada quien es dueño (a medias) de sus acciones y consecuencias. Oscilan así entre el orden de lo establecido o el caos de lo indeterminado. Aunque en general, en el día a día, las personas no se detienen a pensar sobre las diferentes ramas con las que se puede interpretar el flujo universal. En general. Todo cambia cuando un tiro libre, una definición poco certera o un arquero con buenos reflejos, sentencian el final de 71 vidas. 

La mirada de Martín Cauteruccio bailotea indecisa entre la pelota y el área a la que deberá dirigirla. Hacia cualquiera de los puntos cardinales que vea hay una tribuna repleta de mareas verdes. El 1 a 1 en el Nuevo Gasómetro, este 0 a 0 parcial y una polémica regla que desempata por mayor cantidad de goles en condición de visitante, coloca al equipo brasileño en la final. El estadio Arena Condá desafía su límite de 12.800 personas. La gente, hecha bollos unos con otros, se aprieta fuerte de su espíritu como si de eso dependiera que los once jugadores que están en el campo con sus mismas camisetas puedan espantar la pelota que caerá en su área en instantes y aguantar 30 segundos más. Este equipo ignoto del municipio de Chapecó nunca jugó un partido internacional definitorio, ni siquiera ganó jamás el Brasileirao, y esos 30 segundos son todo lo que lo separa de su cielo. Los 30 segundos, y el tiro libre que hará descender a la pelota, vil y traicionera, sobre el punto del penal frente al arco que defienden. 

Agustín Torrico, arquero visitante, tiene el impulso de ir al ataque a sumar una chance más de gol, pero Néstor Ortigoza lo detiene haciendo un gesto con las manos. Con excepción de ellos dos, el resto del equipo espera en el centro del área brasileña. Apurado por el contexto, Cauteruccio da dos pasos hacia el frente y con la cara interna de su botín derecho manda a volar a la pelota con destino de área. Frente al arco defendido por los locales, los 16 jugadores, que hace un instante se arremolinaban entre sí, ahora corren en estampida hacia el punto donde se definirá mucho más que una semifinal. La esfera de cuero sintético viaja rápida en un arco bajo, casi recto. Con la altura suficiente para que no pueda ser despejada con facilidad y esa potencia impresa que hace dudar a las mejores defensas. Es Nicolás Blandi quien con todo su cuerpo a la vez logra frenar el centro y dejar la pelota, y el tiempo, detenidos en el límite del área chica; al alcance de su compañero Marcos Angeleri, defensor de currículum, pero atacante para la ocasión. Bajo los tres palos, Danilo, arquero de los verdes, espera el disparo inminente.

En el Arena Condá hay casi 13.000 hinchas. A esa cifra se le suma la gente que trabaja en el estadio, los encargados de la seguridad, los que venden Coca Cola, los periodistas, los fotógrafos, los alcanzapelotas, los jugadores que miran con impotencia desde el banco de suplentes, los técnicos, sus ayudantes, los médicos, los preparadores físicos, el árbitro, los líneas y el cuarto; los 22 jugadores en el campo. De todos ellos solo importan dos. Dos son los posibles caminos en los que, en este instante, se bifurca el cosmos. Dos son los destinos que se definen por la causalidad de los filósofos o los dictámenes escritos, vaya uno a saber cuándo, por las moiras de la mitología griega. En lo que pueda hacer Marcos Angeleri para enviar esa última pelota entre los tres palos y lo que pueda hacer Danilo para evitarlo. Cinco metros, dos jugadores, una pelota y el caos universal girando como una ruleta.

El defensor, con el cuerpo recto frente al esférico, lo remata con el empeine derecho y lo hace viajar sin colocación ni potencia hacia el arco. El disparo no es bueno, pero la distancia es tan corta que cualquier tiro que intente cruzar la línea de gol desde ese punto será peligroso. Danilo espera con sus dos pies plantados sobre la raya final. Ya no hay lugar para la razón ni el pensamiento. Ahora todo es instinto y reflejos. Una fracción de segundo. Ganar o perder. Morir o vivir. Extiende su pierna derecha y detiene la pelota a centímetros del límite donde termina un destino y comienza el otro. 

Es el final. Lo que sucede en el Arena Condá, ya no interesa. Un defensor que despeja, un árbitro que termina el partido, una hinchada que festeja el pase a la final por primera vez en la historia. Lo mismo da. Cinco días después, el plantel brasileño se tomará un vuelo chárter para viajar a Colombia, donde hubieran jugado la tan deseada final. El avión despegará excedido de peso, con menos combustible del indicado por las normas aéreas, con pilotos negligentes y finalmente se estrellará a las 21:58 de un 28 de noviembre en Cerro Gordo, a cinco minutos de la pista de aterrizaje. 71 personas perderán la vida, entre ellas Danilo, quien con su pie derecho le dió a su club el pase al partido más importante de su historia, el cual nunca jugará. 

Quizás si el centro hubiera caído sobre alguien más familiarizado con la definición, quizás si Angeleri hubiera ajustado un poco más el disparo, quizás si Ortigoza hubiera dejado que Torrico vaya a cabecear, quizás de no haber existido la ley del gol de visitante, quizás si a Danilo le hubieran fallado los reflejos… Es curioso pensar cómo funciona esto que llamamos destino. Que no se sabe si cambia de rumbo con cada capricho del azar o si ya fue escrito hace mucho por seres que habitan en los cuentos. La acción más intrascendente puede torcer el rumbo de muchísimas vidas, o tal vez nuestros intentos más desesperados de hacer un gol no sean capaces de cambiar aquello que inexorablemente será.

Scaloni, el entrenador esponja

Por Felipe Nigoul

César Luis Menotti y Carlos Salvador Bilardo, los dos técnicos campeones del mundo con la selección argentina. Las dos escuelas. Un abismo separa a una de la otra. La obtención del Mundial los une. Uno u otro. Una división acorde a la famosa grieta del país. “Yo soy o blanco o negro, gris no voy a ser en mi vida”, decía Diego Maradona. Un día apareció el “viajero del tiempo”. Nacido en Pujato, Santa Fe, poco antes de que se iniciara el Mundial 1978 en Argentina. Lionel Scaloni, una síntesis. “Es una esponja”, dice Daniel “El Profe” Córdoba, quien dirigió a Scaloni en Estudiantes de La Plata en 1997.

El entrenador de 45 años puede armar un equipo con el clásico 4-3-3, ser ofensivo, con presión alta y larga tenencia de balón pero en el segundo tiempo puede meter un defensor por un delantero, formar una línea de cinco en el fondo y jugar al contragolpe. Como pasó en los octavos de final de Qatar 2022 ante Australia, cuando en el complemento, con el 1-0 a favor, sacó al Papu Gómez (delantero) por Lisandro Martínez (central). Scaloni es pragmático y modifica la manera de jugar dependiendo el rival y el momento del partido. Una forma de vivir su trabajo similar a la de Bilardo. Un loco de la táctica, un enfermo del pizarrón y del sistema defensivo para neutralizar al rival. Pero a la hora de declarar utiliza metáforas y desdramatiza la pasión del hincha argentino, como Menotti. “Mañana sale el sol, ganes o pierdas. Lo importante es cómo hiciste las cosas”, confesó luego de la victoria frente a México por la segunda fecha del Mundial, lejos de amenazar al plantel con estrellar un avión si caían derrotados, como lo hizo el Narigón luego de que la selección argentina perdiera con Camerún en el debut de Italia 1990.

Menotti, director de Selecciones Nacionales de la AFA desde 2019, mantiene una gran relación con Scaloni. Desde el comienzo el Flaco apoyó al técnico cuando los medios lo defenestraban. Hasta Claudio “Chiqui” Tapia, el presidente de AFA, no tenía plena confianza con el nuevo cuerpo técnico y creía que su paso iba a ser fugaz. Pero el Flaco le dio la tranquilidad a Scaloni de trabajar con tiempo. Y el tiempo le dio autoridad. Menotti siempre destacó el cuerpo técnico del pujatense: “Lleno de juventud y de exjugadores con un gran conocimiento del deporte”, exclamó tras la asunción. Y es justamente donde el menottismo y el bilardismo actúan en conjunto. Dentro del cuerpo técnico está Pablo Aimar (ayudante de campo), admirador del Flaco. “Aunque no lo tuve como entrenador, es fantástico compartir con Menotti. Mi nombre es Pablo César por él. Es como un chiste de la vida poder sentarme con él”, dijo el Payasito. También lo integra Luis Martín, el preparador físico aferrado a la escuela pincharrata que, como dijo Scaloni, “lleva una importante relación interpersonal con el jugador”.

Argentina tuvo planteles repletos de estrellas mundiales pero nunca logró mantener un estilo de juego. No existe un hilo conductor histórico como en Italia, Brasil o Alemania (a pesar de que actualmente vive una transformación de su táctica post Mundial 2014), los máximos campeones. Sin embargo, las selecciones argentinas que se destacaron tienen algo en común: la unión del equipo que contagia al hincha. Los equipos argentinos campeones del mundo fueron los grupos más unidos, los que tenían bien en claro su función. Eso genera en gran parte del apasionado una ilusión y se siente representado. Como cuando Argentina se consagró subcampeón del Mundial Italia 90 y miles de hinchas fueron a recibir al equipo a Ezeiza a pesar de no haberse consagrado campeón.

La selección argentina contiene dos ramas ideológicas muy fuertes. Menotti, referente del Huracán del 73 y campeón del mundo con la selección en el Mundial del 78. El público, los futbolistas, los periodistas que hablaban del fútbol argentino como “la nuestra”, que se basaba en el juego asociado, lírico, con muchos pases y gambetas, que destacaba lo bello y lo estético por sobre el resultado, tuvo finalmente una fuerte representación en la selección del 78. No solo jugaba lindo y estético, sino que era campeón del mundo. Luego del Mundial de España 1982 el Flaco dejaría su cargo de entrenador tras quedar eliminado en la segunda ronda.

Para reemplazarlo, Julio Grondona, el presidente de la AFA en aquel entonces, llamó a Bilardo. La antítesis del Flaco. Referente de Estudiantes. Al principio Don Julio, hincha de Independiente (gran rival del Pincha en las décadas del 70’ y 80’), no le cerraba. Tampoco a Menotti. Ambos técnicos tenían charlas. Discusiones muy largas. Exclusivamente de táctica. El Flaco se centraba en el sistema de juego asociado y el Narigón en recuperar y contraatacar rápidamente. La grieta no se produjo hasta meses después del reemplazo en 1983, cuando la selección perdió 2 a 0 en un amistoso frente al Valladolid, un equipo de tercera línea de la Liga de España. “No podemos regalar prestigio”, dijo Menotti después de la derrota. Siete años más tarde contestó el Narigón a minutos de haber perdido la final del Mundial de Italia 90 frente a Alemania: “El prestigio del fútbol argentino queda muy alto porque ser subcampeón del mundo en Europa es muy importante después de haber sido campeón en América (por el Mundial de México 86)”. Bilardo dejó la selección tras la obtención del segundo puesto.

Luego del menottismo y el bilardismo la selección tuvo 11 técnicos y, cual peronismo contra radicalismo, de izquierda o de derecha, invadía esa necesidad de representación en alguna de las dos escuelas. En cada plantel, desde afuera se lo identificaba con uno (José Pekerman-Menotti) u otro (Alejandro Sabella-Bilardo). No así Scaloni. El inexperimentado técnico que volvió a darle el título mundial a un país con toda su gente dentro. Scaloni impuso rápidamente su esquema de juego. Una mezcla de juventud y experiencia, con recambio generacional en algunas posiciones. Leandro Paredes, de buen pie, gran manejo de pelota pero sin marca, reemplazó a Javier Mascherano. Un cambio drástico. La distinta elección del estilo de los jugadores fue un pilar fundamental. “Lo que nos gusta a los argentinos es intentarlo en todo momento. Confiamos en un biotipo de jugador que nos lleva a tener alegrías. La gente se siente identificada cuando juegan estos chicos”, expresó Scaloni. Al mismo tiempo, se esmera para que la defensa no se desordene. Aunque el juego que plantee sea ofensivo, lo primero que analiza antes de un partido es qué flaqueos provoca cada jugador en la parte defensiva. Corrige y equilibra. Al tener un 5 de poca marca, como Paredes (luego Enzo Fernández en Qatar 2022), la línea de fondo tiene que ser agresiva y anticipar bien adelante para no dejar huecos. De ahí sale Cristian “Cuti” Romero. Si tiene que cortar, no tiene problemas. Tampoco en hacer faltas tácticas. A veces no tan tácticas.

El equilibrio: la pincelada de Ángel Dí María en la final de la Copa América 2019 contra Brasil en el Maracaná y las patadas hacia Neymar para que no avance. La sangre en el tobillo derecho de Gonzalo Montiel. Lionel Messi levantando la Copa. Desde el juego defensivo en aquel maracanazo, con dos remates al arco, hasta el equipo que supo ser protagonista y tomar las riendas del partido contra Francia en el partido definitorio por la Copa del Mundo. Scaloni entiende los momentos y ejecuta; no tiene un 11, tiene un plantel titular. Fab Spina, sociólogo, amante del fútbol e integrante del programa radial “Decime que Se siente”, de UrbanaBA (fana de Scaloni desde Cemento), dice que, a diferencia de los históricos técnicos argentinos que deciden todo y son las figuras principales, “Scaloni plantea lo opuesto, delega mucho en su cuerpo técnico de trabajo”.

Matías Manna, analista de video de la selección y cerebro de la Scaloneta, dijo que no hay que sobreanalizar a los rivales (¿qué más menottista que eso?). “Ya me escribió, ya me mandó todo”, declaró Scaloni minutos después de conocer los rivales de la fase de grupos (¿qué más bilardista que eso?). Mientras que Menotti y Bilardo, hombres de saco y corbata, exponen todo su saber ante las cámaras y son los líderes, Scaloni, que se pasea hasta por su casa con el conjunto de la selección, le habla a Aimar como si en realidad su ayudante fuera su jefe, como tras el gol de Messi a México que le daba los tres puntos fundamentales para seguir en el Mundial. Aimar lloraba. Scaloni quebró en la final. El que desdramatiza la pasión del hincha argentino, el que advierte que el fútbol es solo un deporte, cuando Montiel convierte el penal de la consagración mundial, se tapa la cara con las manos, rompe en llanto y como un niño abraza a cualquier alma que se le cruce.

Scaloni parece tener una balanza al lado de su cama y al levantarse cada día de su vida le pone 100 gramos de bilardismo para un lado y 100 gramos de menottismo para el otro. Con el tiempo es probable que se hable de “scalonismo”, una rama ideológica de fútbol. También, una filosofía de vida. El equilibrio. Escuchar y hacerse oír. Equivocarse y aprender del error. Ensuciarse para limpiar. Una esponja.

El partido fantasma que evitó una invasión

Por Martín Macías

Feliz año nuevo. El primero de enero es un día de festividad; resaca; descanso y alegría, acá y en todo el mundo. Por lo menos en la generalidad, obvio. El cambio de década en el calendario -sea para bien o mal- nos marca a todos: a los que podemos festejar y a los que están lejos de casa, por A o por B. Lamentablemente, no todos los primeros de enero fueron un buen día en la historia. Al menos, durante siete años, entre 1939 y 1945.

La declaración de guerra del Rey Jorge Sexto del Reino Unido a la Alemania comandada por el señor del bigote, el primero de septiembre de 1939, desató calamidades a diestra y siniestra. No hubo terreno segmentado en el mapa europeo que no sufriera las consecuencias de un conflicto bélico a la altura de la antecesora “Guerra Mundial”, producto del asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria. Todos los frentes se vieron afectados; incluso, los que menos tenían que ver en la disputa: el fútbol, por ejemplo.

El deporte rey en su tierra natal, Gran Bretaña, sufrió el golpe más duro: varios de los jugadores de toda la isla tuvieron que abandonar la cancha para tirarse a la fría tierra de las trincheras aliadas y enemigas, acompañados de metal caliente y un cementerio de esquirlas a sus pies. Los pocos suertudos que no viajaron para arriesgar su vida en un conflicto de intereses hicieron lo posible para que la pelota no se desinfle. Aún con todo el panorama desolador, cada una de las conglomeraciones independientes entre sí optó por organizar torneos de nivel regional con el fin de calmar al público. Sacarlos del trance, incluso, en una fecha tan potente y significativa.

Arrancó el año 1940. La Liga Escocesa de Emergencia por la Guerra -Scottish War Emergency League- empezó casi a la par del conflicto global. El primero de enero, como es costumbre en el Reino Unido, hay fecha. Se juega. El torneo, dividido en dos zonas -Este y Oeste- nos regaló de entrada un clásico: Edimburgo, capital de Escocia, se paralizó -no solo por la guerra- para presenciar un electrizante partido entre el Hibernian Football Club y el Hearts of Midlothian. 15 minutos de viaje en auto separan a ambos equipos entre sí; una rivalidad eterna los une en vida y muerte.

El río Forth acolcha con sus aguas al distrito de Leith, uno de los tantos que componen a Edimburgo. El puerto es un punto clave de desembarco de máquinas acuáticas para la ciudad, el país y cualquier comerciante externo. La Luftwaffe, fuerza aérea del ejército alemán, tenía un plan perfecto de invasión a través de la boca del puerto, donde yace el antiguo yate de la Corona Británica, el “Real Britannia”: la capital conecta al resto de ciudades del Reino Unido; por ende, la rentabilidad de ingreso para los alemanes y sus tropas era ideal a través de la segunda ciudad más grande de Escocia.

Las coincidencias del anuncio-amenaza alemán; la accesibilidad del puerto de Leith y la casualidad de disputar un clásico de nivel nacional parecen sacadas de un cuento de Fontanarrosa. La fecha 12 de la Zona Este de la Liga Escocesa abrió el lunes -y el año- a las 14 horas con un Easter Road, estadio del Hibernian, recibiendo un estimado de 14.000 personas -2000 más que el aforo general-. Un día ideal.

El remanente de entradas pudo haber sido mayor si no fuera por el conflicto bélico, que obligó a hinchas de los Hibs y los Jambos -también a los neutrales- a combatir en las trincheras. Con tal de acompañar a todos los que no estaban, la cadena BBC decidió transmitir el partido por radio. Esto iba a ser un arma de doble filo para el transcurso del partido e, incluso, de la historia: por un lado, había que asegurarle a los hinchas una cobertura acertada y englobada; por el otro, la desdicha de la amenaza germana al pie del cañón. Cualquier general de alto rango podría escuchar las indicaciones del encuentro y atacar Forth Lock, en el puerto, a menos de 15 minutos de viaje del estadio. La Wehrmacht lo tenía todo para inclinar a sus pies a Gran Bretaña entera si llegaba a las vías del ferrocarril de Edimburgo.

Situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas. La tradición del clásico a principio de año no iba a ser interrumpida por un problema climático ni por una guerra. Nada de nada. Acá es donde Leo Hunter, Redactor en Jefe de la BBC, designó al relator Bob Kinsley para brindarle un servicio especial a los radioyentes pendientes al partido; no sin antes demandarle, con lujo en el énfasis, una pequeña condición: recalcar, desde que inicia hasta que termina la transmisión, que en Edimburgo había un sol que rajaba la tierra. La Luftwaffe no atacaría en esas condiciones, lo que arruinaría el efecto sorpresa de las tropas.

Bob, con más dudas que certezas, saltó a la cancha -de manera retórica-, se puso los botines y empezó a jugar su partido. La tarea comandada por Hunter, aunque fuese más que vital, no iba a ser nada fácil. Edimburgo amaneció tapado, de pies a cabeza, por un sinfín de nubes que, lejos de premonizar una tormenta, marcaban la agenda de lo que iba a ser el resto del día: un nubarrón británico, se podría decir, característico de la isla. Espeso como un pote de dulce de leche. Un smog atroz que dificultaría el relato y, también, la visión de Kingsley.

Minutos previos a que el árbitro Peter Craigmyle esforzara la garganta para dar el silbatazo inicial, todas las nubes que sobrevolaban las 14 mil y pico de cabezas en el estadio empezaron a bajar, como si de un ascensor antiguo se tratara, lentamente sobre el verde y desteñido césped del Easter Road, para hacerle “marca en sombra” a los jugadores. El público alrededor solo podía confiar en dos fuentes: el silbato del árbitro y el grito de alguna de las almas empilchadas con la ropa de su equipo. El tercero era Bob, que se encontraba en la misma situación que ellos.

Consternado desde la tribuna de relatores, nuestro encargado empezó a transpirar frío: ni él ni Hunter, que se encontraba a su lado para corroborar que todo saliera bien, podían creer su mala suerte. La niebla era tal que, aún con las formaciones confirmadas, solo podían reconocer a dos jugadores en todo el terreno: al 11 del Hibernian, John Donaldson, y al 7 del Hearts, John Gilmartin. Cuando los silbidos de las gradas comenzaron a aturdir a propios y extraños, el comentarista se percató de que, quiera o no, tenía que empezar el relato.

El terreno de juego era un telón de pura niebla. Acá, donde las papas queman y el fuego arde como nunca, es donde hay que sobreponerse a la adversidad. Ni aún estando a dos metros de la cancha se podía divisar lo que por dentro se vivía. La transmisión, ya empezada, no podía dar marcha atrás. A Bob, quizá, se le prendió la lamparita en el momento exacto: de entrada, tenía que destacar el soleado día que acompañaba el partido en Edimburgo, lo cual era un invento para despistar a las fuerzas alemanas . Entonces, ¿por qué no inventar, por completo, un relato de fútbol?

Los únicos atentos a lo que pasaba en cancha eran los jugadores y Craigmyle. Ni la vista forzada del mejor oculista de la ciudad podía enganchar alguna jugada en ese momento. Poco a poco, entre los hinchas presentes en el estadio que escuchaban el relato, empezaron a palpitar más y más el partido: Bob, salido de sí, le agregó un condimento especial y transformó la incertidumbre en un partidazo. “¡Falta del equipo local y tiro libre para el Hearts!”; “¡Gran atajada de James Kerr!” -el arquero visitante-; “¡Hay gol del Hibernian, señoras y señores!”. Todo pasó en su cabeza. Y sí, en todo momento recalcó que el soleado día era inmejorable para la ocasión. Los ojos de 14 mil hinchas escoceses eran los de un hombre de traje igual de ciego que ellos.

La vida misma decidió que, aún con el clásico más importante del país jugándose en simultáneo -el Old Firm entre el Celtic y el Rangers de Glasgow- el año nuevo comience con un verdadero partidazo que nadie, ni el propio relator, vio en verdad. Bob, exaltado, cerró la transmisión a la par de un hecho casi que inimaginable: paró con la emoción en el momento que vio a Donaldson, el 11 de Hibernian y su única referencia en el campo, irse al vestuario. El problema es que lo sacaron sus propios compañeros de equipo, porque el partido había terminado hacía, aproximadamente, diez minutos.

Hay dos puntualidades que, por culpa del clima más británico nunca antes visto, Bob se perdió: en primer lugar, Craigmyle -el árbitro- terminó el primer tiempo dos minutos antes de llegar a los 45 minutos, y fue a buscar a los dos equipos para que vuelvan a jugar lo que faltaba; por el otro, es que en el éxtasis de su partido ficticio, no pudo divisar el verdadero resultado final. En su cabeza, el Hibernian y el Hearts empataron 3 a 3; en la planilla oficial, el visitante ganó 6-5, en lo que significó uno de los encuentros más apasionantes en la historia del clásico de Edimburgo. Ah, y Donaldson -nuestro gran amigo- metió tricota, pero no se llevó la pelota a casa.

La cortina de humo funcionó. Kingsley le dio una cucharada propagandística a los alemanes, con un partido que no existió y unas condiciones climáticas de fantasía. Sin saberlo, Bob salvó a Escocia y al Reino Unido con su habilidad. Pero, vamos a ser sinceros: qué partidazo que se perdió, viejo.

En la planilla figura que el Hearts empezó a la cabeza gracias a Donaldson, con un gol a los 15’ del primer tiempo; en menos de dos minutos, empató el local. Así, sucesivamente, hasta llegar al entretiempo con un 4-3 en ventaja para los visitantes, que ampliarían en el complemento. El Hibernian lograría empatar con un doblete de John Cuthbertson. Finalmente, Tommy Walker marcó el sexto de su equipo a falta de cinco para ir a las duchas. Una locura, en absoluto. Aún así -sin miedo a equivocarme- creo que todos los oyentes hubiesen preferido que el partido se diera tal cual lo inmortalizó Bob con su maravilloso y emocionante relato.

Nora Köppel, ex atleta olímpica argentina, sobre el levantamiento de pesas y la discriminación: “Llegué a no querer ponerme una malla”

Por Guillaumet Muzzio

¿Quién diría que esa pequeña niña nacida en Tucumán podía llegar a tanto? ¿Quién diría que esa adolescente que hasta los 15 años pesaba 50 kilos y se dedicaba a la gimnasia artística hoy iba a tener semejante carrera? Nora Köppel, deportista que practica la halterofilia y que representó a Argentina en dos Juegos Olímpicos (octavo puesto en Sídney 2000 y noveno en Atenas 2004), hoy tiene 51 años y el pasado 26 de agosto se consagró en el Campeonato Mundial Master 2023 para mayores de 35 años.

-¿Qué tan importante fue para vos ese último título logrado en Polonia?

-Fue una experiencia hermosa. Poder viajar a un país tan lindo, competir con gente muy profesional y con un gran nivel. Si bien no estuve muchos días, estuvo todo muy bueno.  

-Para alguien que no conoce la disciplina, ¿qué es la halterofilia?

-El objetivo es levantar el máximo peso posible por encima de la cabeza y con la técnica adecuada. Aunque suene muy fácil, tiene muchas complicaciones y entrenamiento de fondo.

-¿Cómo es la rutina de una persona que se consagra campeona del mundo a los 51 años? ¿Cuántas horas y cuántos días a la semana entrenás? 

-Hoy estoy entrenando de dos a tres horas por día. Normalmente lo hago cinco días a la semana aunque a veces agrego un día más. Si descanso suelo hacerlo o los jueves o los domingos, que doy clases.

-¿Desde qué edad hacés ejercicio? 

-Toda la vida entrené. De más chica hacía gimnasia artística. Es más, la musculación la empecé mientras hacía gimnasia, a eso de los 14. 

-Estuviste desde los 14 entrenando y recién debutaste a los 25. Para la halterofilia, ¿esa edad está bien?

-En realidad no, más para ser mujer, que por lo general debutamos más jóvenes. Vos pensá que si hubiera seguido con la gimnasia artística, a esa edad posiblemente ya hubiese estado retirada.  

-En algunas entrevistas contaste que a lo largo de tu carrera sufriste discriminación, ¿cómo repercutió eso en vos?

-La verdad, a esta altura y con mi edad ya no me afecta, pero al principio era bastante feo. Llegué a no querer ir a la playa y ponerme una malla. La discriminación con inseguridades es algo muy feo y la podés llegar a pasar muy mal. 

-¿Por qué pensás que te burlaban o te discriminaban de esa manera?

-Para mí no es tanto por tener el físico que tengo, sino por ser diferente, porque no solo discriminan a alguien que es muy musculoso, también lo hacen si sos gordo o si sos flaco, o lo que sea, te molestan en general por ser diferente. 

-Además de la gimnasia artística y la halterofilia competiste como profesional en crossfit, ¿cómo fue esa experiencia? 

-Fue muy linda. Me reclutó un tipo de Estados Unidos por videos que yo hacía entrenando y me llevó a competir para allá. Tuve la suerte de poder recorrer todo el país. 

-¿Qué es lo que te enamoró de ese deporte? 

-Lo más lindo es el superarse día a día y ver cómo tu esfuerzo tiene sus frutos, además del ambiente de equipo que se forma en los gimnasios con tu coach o con los que están al lado tuyo. No es un deporte tan individual como parece.  

-¿Qué se siente representar al país en un Juego Olímpico? Vos lo hiciste dos veces y casi que tres, ya que en Beijing 2008 te dislocaste un hombro un día antes de que comenzara la competencia y no pudiste participar…

-Más allá de esa lesión fue una experiencia hermosa, pude cumplir un sueño. La primera vez me sentí totalmente realizada, no lo podía creer. Si bien nunca logré entrar al podio estoy muy contenta con lo que conseguí.  

Iván Marcone: “El objetivo es pasar a cuartos de final del torneo para clasificar a una copa internacional”

Por Aramís Sturba

Iván Marcone llegó a Independiente en el 2022 en medio de un panorama económico desalentador y envuelto en una situación compleja desde el plano institucional. El oriundo de Sarandí nunca ocultó su fanatismo por el Rojo y siempre reconoció que su sueño era llevar puesta esa camiseta.

Cuando alguien se refiere al conjunto de Avellaneda, por lo general usa términos como “El Paladar Negro” o “Rey de Copas”, aunque la actualidad y los años recientes demuestran otra cosa. Las últimas generaciones vieron al club hundido en deudas millonarias, inhibiciones y pálidas tras pálidas -descenso en 2013 en el medio-. El mediocampista surgido de Arsenal tuvo breves pasos por Cruz Azul de México y el Elche de España y  se consagró campeón de la Primera División del fútbol argentino con Lanús y Boca. 

-¿Qué análisis hacés del rendimiento de Independiente en los últimos partidos?

-En líneas generales es positivo. Si bien empezamos perdiendo la primera fecha de la Copa de la Liga, con la llegada de Carlos Tevez el equipo se pudo renovar y pudimos entender rápido lo que quería proponer él y se está viendo reflejado en la cancha, así que estamos contentos. 

-¿Y en lo personal?

-Creo que también es bueno. La mayoría de los jugadores teníamos desconfianza e inseguridades pero gracias al cuerpo técnico pudimos encontrar nuestra mejor versión y los buenos rendimientos  individuales hacen que colectivamente el equipo funcione bien.

-Recientemente ganaron el clásico de Avellaneda por 2-0. ¿Cómo manejaron la presión de jugar este partido en el contexto actual? 

-Sabemos que los clásicos son partidos aparte y que todos quieren ganarlo porque son finales. El hincha lo quiere ganar y lo vive de forma especial, así que de nuestro lado como futbolistas tenemos que manejarlo con tranquilidad y soltura. Por suerte salió todo bien. 

-¿Y vos cómo sostenés lo anterior, siendo hincha del club?

-En mi caso lógicamente es más grande la ansiedad y las ganas de querer jugarlo y ganarlo, pero hay que estar con la cabeza fría para que no te juegue en contra. Sobre todas las cosas, hay que confiar en el trabajo que uno hace día a día.

-Sobre Carlos Tevez, ¿pensás que se adaptó bien a la situación?

-Es muy cercano al futbolista y siempre te escucha y está atento a todo. Se nota que se adaptó al club y el grupo lo recibió con los brazos abiertos. Me animaría a decir que éste es recién su comienzo como entrenador porque la verdad tiene un futuro enorme por las ganas que le pone a su trabajo.

-¿A qué aspiran como equipo? ¿Sueñan con el ingreso a una copa internacional?

-La idea es sumar la mayor cantidad de puntos posibles para despegarnos de la zona de abajo, lo que nos permitirá no pelear por el descenso de categoría. Después tenemos que pasar a los cuartos de final del torneo y logrando eso podremos estar más cerca de clasificar a una copa.

Brenda Fontana, la basquetbolista de la selección que juega en EE.UU. y está a punto de recibirse de psicóloga

Por Uriel Qualizza

Brenda Fontana es una basquetbolista argentina de 22 años que está a punto de arrancar su cuarta temporada en la División I de la NCAAW, liga universitaria de baloncesto femenino en Estados Unidos, para la Universidad de Old Dominion Monarchs en Norfolk, Virginia. Fontana es la única hispanohablante del equipo, juega de pívot y mide 1.85 metros. Ella hizo inferiores en Argentina, en Los Indios y en Vélez Sarsfield, y también jugó en la selección desde U14 hasta U19. La nacida en Moreno no para de romper barreras y llegó a debutar para Argentina en la AmeriCup 2023. Sin dejar de lado el estudio, está a un año de recibirse de psicóloga y terminar sus cuatro años universitarios.

El Draft de La Women’s National Basketball Association (WNBA) funciona como el de la NBA. Se hace anualmente y las franquicias eligen entre basquetbolistas universitarias de EE.UU o ligas del exterior. Pero en la WNBA, las jugadoras de las universidades domésticas deben tener al menos 22 años durante el año en que se lleva a cabo el Draft y no poseer elegibilidad universitaria restante o renunciar a cualquier admisión futura. Por lo tanto, Fontana podría anotarse al Draft del 2024.

-¿Qué se sintió debutar con la Selección Argentina de Básquet en la AmeriCup 2023?

-Increíble, fue una forma de poner todo mi trabajo y mi conocimiento a prueba. Sentí que volví a un lugar al que ya pertenecía y había una pasión que no vivía hacía mucho. Fue muy lindo y nutritivo.

-¿Cuál es la mayor diferencia entre el básquet universitario y el FIBA? ¿Se hace difícil esa transición?

-Hoy no, capaz al principio. Siempre que vuelvo a Argentina juego en Vélez, así que estoy acostumbrada. Aunque en Estados Unidos se juega más físicamente en algunos aspectos y más técnicamente en otros, pero no me molesta.

-¿Y en relación al básquet de Estados Unidos con el de la Argentina? 

-En Estados Unidos son más fríos pero más profesionales. Se le da mucha importancia al básquet femenino y está mucho más avanzado. Se entrena todos los días, hay recursos, están todas las herramientas. Aunque sea básquet universitario se lo trata con más profesionalismo que equipos de la Primera de Argentina.

-Sos una de dos extranjeras en el equipo, ¿crees que tu formación en el básquet argentino te da alguna ventaja?

-Sí, es un básquet distinto al que aprendemos en Argentina. Hay un tipo distinto de juego y de lectura de defensa en general, tanto en el uno contra uno como en el cinco contra cinco.

-¿Y alguna desventaja?

-También, ellos practican mucho más el ataque y el predominio del uno contra uno en todos los escenarios. Ellos definen qué tan bueno sos mirando, qué tan bien jugás en ataque. Y yo no le puse tanto énfasis a eso ya que en Argentina no se le da tanta importancia a ser excepcional en el uno contra uno.

¿Qué es lo que más extrañas de Argentina?

-El día a día, la cultura argentina y cómo nos manejamos. Las amistades y construcciones sociales son distintas a las de acá, siento que pertenezco a Argentina y eso no va a cambiar. Extraño la rutina.

-Aquellos días en Los Indios o en Vélez, ¿te imaginabas llegar a dónde estás hoy?

-En Los Indios era muy chica pero nunca imaginé llegar a donde estoy hoy. Inclusive en Vélez no había firmado con la universidad hasta después de mi último Mundial en U19 y tardé un año en decidir venir a Estados Unidos. Si soy honesta, nunca imaginé llegar acá.

-¿Seguís disfrutando de jugar tanto como en inferiores? ¿Qué es lo que más te gusta del básquet?

-Sí, aunque en inferiores era otra mentalidad. Al ser un “trabajo” no tengo todo el tiempo las mismas ganas que antes. Aun así me gusta más ahora y no puedo pasar mucho tiempo sin entrenar. Lo que más disfruto al jugar es que estoy concentrada en básquet y nada más.

-¿Qué fue lo más difícil de mudarse a Estados Unidos cuando fuiste a jugar a Utep Miners en Texas? 

-Más allá de extrañar a mi familia y a mis amigos, lo más difícil fue la cultura. Yo estudié inglés en un colegio bilingüe y también di exámenes internacionales de Inglaterra, pero cuando vine acá, la informalidad del idioma me costó mucho.

¿El traspaso a Virginia fue más fácil? ¿Cómo se dio?

-Fue distinto. Esta universidad es distinta a la otra, es mucho más seria y la perspectiva es más profesional. Tuve que madurar cuando me cambié acá. Si bien estoy agradecida con UTEP por todo lo que me dio, deportivamente buscaba más profesionalismo.

-¿Continuás dándole mucha importancia al estudio? ¿Aplicás algo del mismo al deporte?

-Más que nunca, este año me recibo. Todo lo que aprendo lo aplico al deporte y a mi vida en general.

-El 7 de noviembre empieza tu cuarta temporada en la División I de la NCAAW, ¿qué esperás?

-Mi expectativa es tener un mejor rol que el año pasado y tener más protagonismo tanto en defensa como en ataque.

-¿Tu mira sigue en la NCAAW o te imaginás en alguna otra liga?

-Quiero terminar esta temporada. El año que viene es opcional si continuar y hacer un master o irme a otra liga. Va a depender mucho de cómo se desarrolla este año.

Kiki Vaporaki: “El crecimiento del futsal está a la vista con la cantidad de chicos y chicas que lo empezaron a jugar”

Por Ramiro Carrillo 

Nacido en Ushuaia, Tierra del Fuego, Constantino Vaporaki es uno de los jugadores de futsal más reconocidos en Argentina. Bicampeón de la Copa América con la Selección en 2015 y en 2022, Kiki forma parte de ese reducido grupo de gente que pudo consagrarse campeón del mundo del deporte que más ama, con la particularidad de que lo hizo con su hermano Alamiro en Colombia 2016.

En 2017, luego de ser campeón del mundo, abrió una academia de futsal junto a su hermano con el fin de enseñar, promocionar y desarrollar el deporte que estaba en crecimiento. Y en el 2020 pasó a llamarse formalmete Club Social y Deportivo VK Asociación Civil.

En la actualidad, Kiki está disputando el futsal de Letonia, en el Riga FC, y es uno de los referentes de la selección argentina de fútbol de salón, que está pasando por un momento de recambio de jugadores, luego de la época dorada de títulos, y se prepara para las eliminatorias del mundial, que se disputará en septiembre de 2024 en Uzbekistán.

-¿Qué opinás del crecimiento que tuvo en los últimos años tanto el futsal masculino como el femenino?

-El crecimiento de nuestro deporte está a la vista con la cantidad de chicos y chicas que están practicando futsal. Cambiaron la mentalidad de los jugadores y de los entrenadores, que ya son más profesionales. Lamentablemente no es un buen momento del país económicamente y eso no ayuda a que la liga se potencie más porque muchos chicos están jugando en otras ligas ya que en Argentina está difícil poder vivir del futsal, pero aun así las divisiones inferiores tienen buenos entrenadores y gente capacitada para trabajar, y creo que es el mejor logro que tuvimos en los últimos años.

-¿Que la selección femenina haya llegado a la final de la última Copa América forma parte de este proceso que mencionás?

-A las chicas las veo muy bien, están siguiendo el proceso que nosotros hicimos hace unos años con la llegada de Diego Giustozzi, donde empezamos a tener muchas mejores condiciones para entrenar, para competir y empezamos a cambiar la mentalidad del amateurismo al profesionalismo.  Entendimos que con trabajo, mentalidad y con nuestra esencia podemos competirle a Brasil y a cualquiera. Las chicas jugaron realmente bien, disfrutando de competir en casa y haciéndose fuertes.

-Vos fuiste campeón de ambas competencias, Copa América y Mundial, ¿qué consejos les das a los chicos de las nuevas generaciones que llegan a la Selección?

-Siempre que hay algo para aportar para los chicos lo hacemos, es un grupo muy sano, muy bueno, nosotros los necesitamos y ellos a nosotros. Tratamos de hacerles las cosas más fáciles para que ellos disfruten de estar en ese plantel, que requiere una gran responsabilidad.

-¿Cómo ves a Argentina de cara a la próxima Copa América y al próximo Mundial de 2024? 

-Argentina está en un momento bisagra, hay muchos chicos de la camada nuestra o anterior a la mía que están haciendo sus últimos partidos con esta camiseta, por un tema lógico de edad o de exigencia. Por otro lado, hay muchos jóvenes que se suman al proceso y pasan a integrar un equipo que ganó mucho y tiene mucho prestigio. Necesitamos trabajar y competir lo máximo posible antes de las eliminatorias porque es un torneo que requiere mucha exigencia física-mental. En diciembre tenemos una gira en Japón, así que hay que aprovechar al máximo para juntarnos, competir y prepararnos para lo que se viene.

-¿Cómo fue tu llegada al Riga? Compartís equipo con Ricardinho, uno de los mejores jugadores del mundo…

-La negociación fueron varias propuestas, al principio lo vi un poco más complicado porque es un lugar más exótico, donde ningún argentino había venido, una liga de menor nivel y una cultura muy distinta. Fueron varias reuniones debatiendo condiciones hasta que nos pusimos de acuerdo. Por suerte se pudo sumar Dylan Vargas (ex jugador de San Lorenzo futsal) conmigo y también tuvimos la llegada de Ricardinho que le suma prestigio y hace que todo sea más fácil y profesional.

-¿Cómo es vivir en un país como Letonia? 

-Mi día a día en Letonia la verdad que es muy lindo, estoy muy contento, me sorprendió para bien la ciudad, es un lugar con mucha vida, con mucha gente, con muchas cosas para hacer y con mucho espacio verde, que es algo que a mí me gusta. En cuanto a lo deportivo estamos entrenando mucho y preparándonos para la segunda parte de la temporada.

-¿Extranás algo de Argentina?

-Argentina se extraña siempre, es mi lugar en el mundo, disfruto estas experiencias, pero mi futuro es en Argentina. La idea siempre es volver a vivir en mi país y disfrutar de mi familia, mi cultura y de todas las cosas lindas que tenemos.

-En el Riga ya ganaron los primeros tres partidos de la fase de grupos de la Champions, imagino que las expectativas son muy altas…

-Pasamos la primera fase y no fue nada fácil, pero nos hicimos fuertes de local y pudimos ganar bien todos los partidos. Ahora preparándonos para la segunda fase, que es a fines de octubre en República Checa, donde de un grupo pasa uno solo y no podemos fallar, hay que ganar todos los partidos para asegurarnos la clasificación. Después viene la parte más difícil que es clasificar al final 4 donde ya te enfrentás con equipos grandes de Europa. 

-¿Qué equipo considerás que puede llegar a consagrarse del torneo de AFA?

-La verdad que no veo muchos partidos de la liga argentina, veo solo los resúmenes porque tengo seis horas más de diferencia y los partidos suelen caer a las 3/4 de la mañana, y al otro dia tenés partido, entrenamiento o simplemente no aguantás hasta esa hora, que es lo que me suele pasar (entre risas). Los candidatos son Boca, San Lorenzo como siempre, veo muy fuerte a Hebraica, pero la liga argentina es muy competitiva y en los play off cualquiera le planta cara a cualquiera y por más de que un equipo tenga más recorrido o jerarquía siempre esta liga tiene un final abierto.

-¿Qué recuerdos te llevás del Mundial 2016 y de la Copa América 2022? 

-Recuerdos de esos títulos tengo un montón. El mundial en 2016 tuvo la particularidad de que fue en sudamérica (Colombia) y un montón de familias pudieron viajar. Yo tenía a mi mamá y a mi hermano en la tribuna, y mi otro hermano jugando conmigo (Alamiro), lo que fue espectacular. Después venían a visitarnos en el hotel, pasamos tiempo juntos, lo que hacía todo un poco más fácil. La sensación apenas sonó el silbato y que eramos campeones del mundo fue un poco de incredulidad ya que lo que acabábamos de hacer era una hazaña y quizá no caímos, pero hoy y a medida que pasa el tiempo toma más valor, al igual que la Copa América.

-¿Y del subcampeonato mundial en Lituania 2021? ¿Qué faltó para coronar?

-Nos dio la sensación de que lo que hicimos en 2016 podría pasar nuevamente y lo demostramos, cosa que no es fácil, llegar a las finales del mundo consecutivas, teniendo en cuenta la cantidad de selecciones competitivas y de jugadores top que hay en el mundo. La sensación era de que no había sido casualidad haber ganado un mundial y volvimos a jugar una final, que la perdimos por muy poquito, por algunos detalles. Nos tocó la llave más difícil (Paraguay, Rusia, Brasil y Portugal). 

 

La historia de Gracia Sosa, la Messi de Las Murciélagas campeonas del mundo

Por Valentina Conversano

Cualquiera puede soñar con ser Messi. Muchos de los chicos y chicas de esta generación salen a la calle con una camiseta, unas medias, una cartuchera o hasta la funda del celular con la cara del mejor jugador del mundo. Pelotean con sus amigos, hermanos o con gente que se encuentra en la plaza o en el potrero. 

Pero… ¿y si la persona que lo sueña toca lo más alto como lo hizo él en el 2022? Ese es el caso de Gracia Sosa, pero no sólo en el fútbol, porque sus comienzos fueron en el atletismo, brilló en los Parapanamericanos 2007 (con medalla de bronce en 100 metros llanos), en los Juegos Paralímpicos Pekín 2008 y en torneos nacionales y mundiales. Cambió rotundamente al remo, en el que también representó a la Argentina, pero jamás se separó del fútbol. 

“Siempre lo seguí mucho a Messi, lo veía como el mejor del mundo y decía: ‘¿Y si alguna vez me toca?’, expresa hoy a sus 33 años la campeona y mejor jugadora del único mundial de fútbol femenino para no videntes disputado en agosto en Birmingham.

– Sabiendo que Europa era terreno desconocido, ¿cómo se prepararon para el mundial que fue postergado tantas veces? 

-Comenzamos a hacer más concentraciones, el año pasado era una por mes. Se iba a hacer la Copa América pero resultó que los países no formaban los equipos. Vinieron chicas de Colombia, dos de México, era como el resto de América contra nosotras. En Europa se hacían torneos entonces ellos sí se conocían. Nosotras fuimos al mundial sin saber a quién nos íbamos a encontrar, qué tipo de jugadoras eran.

-¿Pudieron ir acompañadas por sus familiares?

-Estábamos solas con el cuerpo técnico. Solamente estuvo el novio de una de las chicas porque era parte de Los Murciélagos, pero no se veían casi nunca.

-¿Y tuvieron algún apoyo psicológico?

-Hasta el mundial teníamos a nuestra psicóloga, pero no nos pudo acompañar a Inglaterra, aunque la que quería podía hablar con ella por teléfono.

-¿Qué sentiste cuando convertiste el primer gol de Argentina, el cual fue apodado “Gol Maradoniano”, en la primera edición de un Mundial?

-Fue todo tan rápido que dije: “Dios, por favor dejame una o a alguna de mis compañeras, que entre una”. Queríamos empezar bien porque sabíamos que no teníamos muchos partidos para demostrar. Cuando me describen el video del gol no lo podía creer, no sabía que se habían caído dos, que había esquivado a una, pero arranqué y dije: “Ésta es mía”.

-En la final contra Japón se fueron al entretiempo perdiendo 1-0 ¿de qué se habló en esos minutos?

-Con las chicas agradecimos que el gol fuera al final del primer tiempo, porque si hubiese sido de entrada nos derrumbaba. Yo salí con mucha bronca, pensé que nos iban a matar los entrenadores, pero no, nos alentaron, nos dijeron que estábamos jugando bien y que el gol había salido de una falta (por eso me sentía culpable).

-¿Cómo fue su recibimiento en la vuelta al país?

-Desde el primer partido ya la gente nos seguía. DeporTV movió mucho. Llegamos acá y empezamos a hacer notas por todos lados. También nos hicieron reconocimientos clubes como Instituto, Belgrano, Talleres, y las municipalidades de Córdoba y de Avellaneda.

-¿Qué podés decir como la mejor jugadora del mundo?

-No me lo esperaba, no fui con esa intención. Veía el mundial del año pasado y yo quería eso, quería ganar esa copa, quería estar con la gente, pero siempre digo que una busca ser la mejor pero para el equipo, no para una misma.

-¿Cómo fueron tus inicios en el deporte? 

-Yo arranqué con el atletismo en el 2004 porque un compañero de la escuela me invitó al Club Güemes, donde jugaban a la pelota los varones. Por estar con ellos, su técnico me había visto correr y me dijo: “Che, mirá, no hay fútbol femenino, pero hacé atletismo”. No me imaginé que iba a terminar en la selección ni él apuntaba a eso.

-¿Y el cambio a Las Murciélagas? 

-Estuve en la selección de remo de 2014 a 2019 y en 2016 me metí al fútbol porque Gonzalo Abbas, técnico de Las Muerciélagas, había armado el equipo de Las Guerreras en 2012, el primer equipo de fútbol para ciegas en el mundo. Me buscó y yo le dije que no porque vivía y entrenaba en Buenos Aires, lo mismo en 2014. Y en 2016 lo fui a buscar yo. Arreglé los horarios y terminé haciendo ambos deportes hasta 2019. Pero con el primer cuerpo técnico que armó la selección (fútbol) tenía que dejar remo porque no podía competir en los dos.

-¿Qué se siente representar al país?

-Es una felicidad enorme, con atletismo siempre estuve muy cerquita de la medalla pero no podía y decía: “Se me tiene que dar en algún deporte”. Para este mundial fuimos con esa idea, al menos llegar al podio.

-¿Qué le dirías a las personas que no se animan a practicar algún deporte por miedo?

-Que se animen a todo. Yo nací vidente, pero al ser prematura me colocaron en una incubadora y un problema técnico me afectó los ojos. Creo que si no le ponés actitud, ganas o no tenés fe y no confiás en vos, nadie va a hacerlo por tu cuenta. Con la discapacidad se pueden hacer las cosas, con sus limitaciones, pero hay todo tipo de deporte adaptado. La familia tiene que hacer que vuelen, acompañar, pero dejarlos ser felices. 

-¿Sabés que vas a quedar en la historia, no? 

-Es algo inentendible, ganamos el primer mundial, hice el primer gol oficial de la historia de Las Murciélagas, somos las primeras de todo. ¿Quién ganó el primer mundial? Argentina. ¿Quién salió mejor jugadora? Una argentina. ¿Quién salió goleadora? Una argentina.

Fabricio Fuentes: “El club está peleando el descenso porque su política de fichajes fue errónea y tuvo que recurrir a los chicos”

Por Santiago Encinas 

Nacido en Las Acequias, un pueblito de Córdoba, Fabricio Fuentes fue el capitán del Vélez campeón 2005, compañero de Juan Román Riquelme y de Diego Forlán en la época dorada del Villarreal, y hasta llegó a disputar un partido con la Selección Argentina. Actualmente, con 46 años, sigue interesado por el fútbol e informado sobre la actualidad de El Fortín.

-La última vez que Vélez descendió fue en 1940, ¿qué opinás de la situación que está atravesando? ¿Dónde creés que se origina?

-Vélez tuvo una política de fichajes errónea, se trajo gente que no rindió y se recurrió a los chicos de inferiores, que son buenos jugadores, pero no es fácil para ellos jugar en una situación como ésta. Es un club grande, que tiene una institución extraordinaria y tiene que estar peleando siempre arriba.

-Te tocó pelear el descenso con el Atlas de México, ¿cómo se juega en ese contexto?

-No es para muchos, hay que tener mucha fortaleza mental y mezclar líderes y experimentados con jóvenes. Es todo muy cambiante y muy delicado: si ganás sacás la nariz de abajo del agua y si perdés te volvés a meter en el problema.

-Mencionaste a los pibes que les toca entrar a la cancha en una situación difícil, ¿qué podés decir del caso de Gianluca Prestianni? ¿Sentís que se depositó mucha confianza y presión en él?

-Con ese chico sucedieron varias cosas. Había una imperiosa urgencia de parte de los representantes de venderlo al exterior, pero los intereses del club no acompañaban esa decisión porque era un jugador importante para afrontar esta situación. Hubo una guerra entre ambos bandos y el perjudicado fue el jugador.

-¿Y del apriete de la barra hacia el plantel?

-La realidad es que los barras en los clubes existen. Hay una convivencia directa con los dirigentes. Yo la vi, la sufrí y la pasé. Lamentablemente las dirigencias les van dando cada vez más poder y más lugar, y estos pasan los límites. Lo único que hace esta convivencia es generar un gran malestar institucional que agrava la situación. Tuve algunas experiencias difíciles tanto en Velez como en Newell ‘s, porque era el capitán. Los encontronazos están. Siempre, cuando tenés un rol donde trabajás, en este caso el fútbol, sabés lo que te jugás. Hay que tener mucho temple, corazón e inteligencia.

-¿Considerás que Vélez está siendo perjudicado por el arbitraje?

-Contra Independiente fue muy notorio que la decisión del árbitro no fue la correcta. Contra Tigre también fue dudoso. Pero lo que realmente importa es que si estás sumergido en un problema y encima no están saliendo las cosas como querés que salgan, es muy difícil. Tiene un gran entrenador y muchos jóvenes con ganas, pero no tiene esa cuota de suerte que se necesita.

-¿Cuál creés que es el motivo por el que a las instituciones grandes como Racing, en su momento, y actualmente San Lorenzo, Vélez e Independiente les tocó atravesar estas crisis?

-Creo que tienen mucho que ver las malas decisiones de las diferentes comisiones directivas, que son las que determinan el éxito o el fracaso de una institución. Racing, quieras o no, ha hecho las cosas muy bien y ha obtenido buenos resultados y títulos, e Independiente todo lo contrario, viene en una agonía de buenas decisiones.

-Formaste parte del Vélez que salió campeón en 2005 después de siete años sin títulos, ¿la gente te lo sigue reconociendo en la calle?

-Fue un orgullo bárbaro, hicimos un año extraordinario en el cual hubo grandes picos de rendimientos individuales y gracias a muchos jóvenes y algunos experimentados logramos conseguir el campeonato local. La verdad que sí, cuando me cruzo con algún hincha siempre me dan palabras de aliento y de agradecimiento. Es un lindo reconocimiento al gran sacrificio que hemos hecho.

-Jugaste en dos clubes que sacan a muchos chicos de inferiores como lo son Newell´s y Vélez, ¿qué creés que es lo que los lleva a ser tan eficaces?

-La clave es que ambas instituciones apuestan e invierten mucho en eso. Tienen captadores en todo el país y le dan mucha importancia a que los chicos puedan debutar en Primera. Son clubes exportadores de jugadores que viven económicamente de esas ventas.

-Participaste en varios clásicos rosarinos y en uno de ellos convertiste un gol con una linda particularidad, ¿tiene un sabor especial para vos? ¿Qué significa jugar este partido?

-Desde chico en Rosario te van mentalizando con que es el partido más importante de tu vida. A mi criterio, después del Superclásico es el clásico que se vive con más pasión. El día que convertí mi mujer estaba en el parto de mi primer hijo. Por suerte pude hacer el gol del empate, que mantenía los 20 de años de hegemonía invictos de visitante, y pude asistir al nacimiento. Es un día que quedó marcado en mí.

-Llegaste al Villarreal en su época dorada y compartiste vestuario con Juan Román Riquelme y Diego Forlán, ¿qué aprendiste de tu paso por el club y particularmente de ellos?

-Cuando llegué al club teníamos la gran tarea de conseguir objetivos importantes porque ya se había demostrado que el equipo podía conseguirlo. Por suerte salimos subcampeones e hicimos un gran campeonato. Ellos son otra clase de jugador con una gran trayectoria y un gran liderazgo. Fueron cuatro años únicos, conocí una liga muy competitiva, un gran país y una institución con intenciones de competir.

-Todas estas actuaciones que fuiste nombrando te llevaron a jugar en la Selección, aunque tuviste un pequeño infortunio…

-No es fácil llegar a la Selección. Tuve la oportunidad sabiendo que atrás había grandes jugadores. Me tocó debutar con un gol en contra, pero fuera de eso, fue un partido bastante bueno. La experiencia ameritaba cualquier riesgo y cualquier situación. Para nosotros, los jugadores, la Selección es prioridad, es una sensación totalmente distinta a la de jugar en un club.

-¿Qué recordás de tu paso por el Ea Guingamp de Francia?

-Fueron nueve meses duros, no se hablaba español y el equipo no anduvo bien. Nunca logré adaptarme.

-Lionel Messi también declaró que no la pasó bien en París, ¿qué tan importante es que el jugador se sienta cómodo donde está jugando?

-Es como cualquier trabajo el fútbol: si no tenés los medios necesarios y confortables para llevar adelante tu vida familiar y laboral, se complica. Es un trabajo en el que el estilo de vida, la relación con los hinchas y la adaptación son protagonistas.

-Y en lo que respecta al futuro… ¿pensás seguir vinculado al fútbol?

-Hice el curso de director técnico, soy entrenador. Busqué la posibilidad durante mucho tiempo para dirigir pero no se me dio. Desistí de seguir buscando, pero capaz que en algún momento me incline por el lado amateur para estar con los chicos.

 

Lamar Hunt: la copa que no pudo ser de Messi, vinculada con el asesinato de John Kennedy y el padre del Super Bowl

Por Santiago Rubio Laucella

En el DRV PNK Stadium, un lesionado y atónito Lionel Messi observaba desde la grada,  junto a su esposa, Antonella Rocuzzo, la derrota de su equipo. El Inter Miami había caído ante el Houston Dynamo en la final de la Lamar Hunt US Open Cup y el astro rosarino no había podido sumar el título número 44 de su carrera. Emocionados, los jugadores de Houston levantaron la copa del torneo que se disputa ininterrumpidamente desde 1914 y que -desde 1999- recibe su nombre en honor a un poderoso empresario de los Estados Unidos. Un hombre, que no sólo promovió el fútbol en el país anglosajón, sino que también supo codearse con altas esferas del poder y las mafias: lo que lo llevó a estar involucrado en la muerte del presidente John Kennedy y ser investigado por el Estado americano.

¿Quién fue Lamar Hunt?

Nacido el 2 de agosto de 1932, criado en el Estado de Texas y heredero de Haroldson Hunt -magnate de petróleo-, utilizó su influencia y riqueza para invertir en el mercado deportivo. 

Cuando aún el béisbol monopolizaba como entretenimiento deportivo los televisores de las familias americanas semana tras semana, incursionó en el por entonces poco popular fútbol americano, en 1959. Hunt trató de crear su propia franquicia dentro de la National Football League, pero su propuesta fue rechazada por los directivos de la liga. No conforme, intentó comprar a los Chicago Cardinals con el objetivo de mudarlos a Dallas, su tierra natal; pero otra vez su propuesta fue declinada. 

Frente a la imposibilidad, se juntó con otros siete grandes empresarios para conformar “El Club de los Tontos” – denominado así por sus competidores – y fundó un circuito de competencia paralelo llamado American Football League. En la AFL, Hunt por fin tuvo su tan ansiada franquicia: los Dallas Texans, luego reconvertidos en los Kansas Chiefs. El proyecto fue un éxito financiero y de popularidad, por lo que los dirigentes acordaron con el comisionado de la NFL Pete Rozelle la realización de un torneo anual a partido único entre las dos asociaciones. Aquella competencia culminó siendo el Super Bowl, que fue bautizada luego de una recomendación de L.Hunt. Al magnate se le ocurrió el nombre tras ver jugar a su hija con una pelota de hule llamada “Super Ball”.

Años más tarde, la AFL finalmente se fusionó con la NFL y los Kansas Chiefs llegaron a ganar tres veces el “Super Tazón”, que terminó transformándose en el evento deportivo más visto de los Estados Unidos hasta la actualidad.

Tenis y fútbol: el mito de un “Super” Dirigente

Ya con fama de ser un exitoso dirigente, Hunt se enamoró del fútbol luego de ver la Copa del Mundo de 1966 y presenciar un partido del Dundee United en Irlanda. Promovió el balompié y fue uno de los padres fundadores de la NASL, donde jugarían Pelé y Cruyff, y luego de la MLS. Creador de 3 franquicias (Dallas Tornado, Columbus Crew y Kansas City Wizards), el texano también fue uno de los promotores y principales inversionistas del Mundial 1994, que se disputó en EE.UU.

A su vez, creó el Campeonato Mundial de Tenis y dio inició a la profesional “Era Abierta” del deporte blanco. Por todos sus logros cosechados, fue incluido en el Salón de la Fama del Tenis, del “Soccer” y del Fútbol Americano. Con estatus de leyenda directiva, y siendo la única persona en formar parte del “Hall of Fame” de tres diversos deportes en Estados Unidos, falleció el 13 de diciembre de 2006; llevándose consigo varios secretos a la tumba.

La Familia Hunt y la “Conspiración” contra John F.Kennedy 

12:31 horas del 22 de noviembre de 1963; Dallas, Texas. Del Fusil Carcano M91 sale eyectada la tercera bala, disparada por Lee Harvey Oswald, que impacta en el cráneo del entonces presidente de los Estados Unidos John Kennedy. El auto presidencial se tiñe color sangre y el jefe de Estado muere en el acto. Había ocurrido uno de los magnicidios más importantes de la historia en la tierra de los Hunt. 

El asesinato impactó a todo la nación y una pregunta invadió la opinión pública: ¿quién y por qué mató a Kennedy? Lyndon B. Johnson, hasta entonces vicepresidente del joven de 46 años, asumió la presidencia y armó la Comisión Warren para investigar el homicidio. Tras miles de entrevistas y testimonios, la investigación dio una única respuesta y cerró el caso: Lee Harvey Oswald había actuado en soledad. Sin embargo, con el paso de las décadas y la publicación de nueva información, el 70% de la población estadounidense comenzó a descreer de la versión oficial y a opinar que Kennedy había sido víctima de un complot, según una encuesta de la cadena ABC.

La interna demócrata y la traición de Kennedy al “poder”:

Luego de una feroz interna partidaria, John F.Kennedy -línea interna progresista del Partido Demócrata- inesperadamente venció a Lyndon B. Johnson, quien para 1960 tenía 52 años y por más de una década había liderado el sector conservador demócrata y al bloque opositor del congreso. Tras la derrota, Johnson acompañó a Kennedy como compañero de fórmula; y juntos derrotaron a Richard Nixon en las elecciones de 1960.

Con apoyo del movimiento de los derechos civiles y una clase media acomplejada por una economía recesiva, Kennedy asumió con una agenda reformista y un masivo sostén popular. No obstante, a las espaldas del público, también había acordado con los sectores de poder: Joe Kennedy, su padre, tenía una cercana relación con la mafia de Chicago y banqueros de Wall Street, que financiaron la campaña de su hijo.

El político oriundo de Massachusetts, rápidamente se opuso a las “estructuras” que le aseguraban su gobernabilidad:

Primero, criticó internamente el accionar de la CIA y después, públicamente, el método del Complejo Militar Industrial y su influencia para incentivar invasiones a países extranjeros. Luego, con su hermano Robert, rompió su relación con las mafias y encarceló a más de 288 personas relacionadas con el crimen organizado, en cuestión de meses. Y para finalizar, con el objetivo de poner fin a las crisis económicas, propuso una reforma -posteriormente rechazada por el Capitolio- de reducción de impuestos para gente de ingresos bajos, estímulo fiscal y aumento del gasto social. Por lo que, para financiar estas políticas, le retiraría subsidios y cobraría impuestos mayores al sector petrolero. El cual era principalmente conformado por texanos y miembros de la red política denominada “Grupo Suite 8-F”, de la que el vicepresidente Johnson y ricos empresarios conservadores formaban parte.

Uno de esos poderosos magnates perjudicados era el octavo hombre más rico de Estados Unidos y padre de Lamar Hunt, Harodlson Hunt. Quien no solo era opositor a Kennedy por su afinidad con Johnson y por la posibilidad de ser perjudicado financieramente, sino también por sus posturas sociales. Ya que, según varios periodistas y el mismo Malcolm X, el petrolero había financiado múltiples veces a organizaciones de “extrema derecha” y “segregacionistas”. H.L.Hunt terminó siendo el investigado número 367 de la Comisión Warren y no tuvo mayores complicaciones. 

Quien sí quedó muy cercano al magnicidio fue Lamar (investigado número 368). El 21 de noviembre de 1963, Jack Ruby -dueño de un prostíbulo y persona relacionada con la Mafia de Chicago en su juventud- manejó junto a Connie Trammell Penny (exposición de la Comisión número 2270) hasta las oficinas de Hunt. La joven, que buscaba trabajo y había conseguido una entrevista con el heredero del imperio petrolero, le pidió a Ruby que la acompañara. Arribaron al lugar, Penny se fue a su entrevista y el hombre se fue; según sus propias declaraciones jamás ingresó al edificio.

El 22 de noviembre, el presidente fue asesinado. Y el 23, la familia Hunt quedó involucrada indirectamente en el hecho: Lee Harvey Oswald, quien había declarado no haber disparado el arma y haber sido inculpado, recibió un disparo por Ruby a quema ropa a la salida de la Jefatura de Policía de Dallas. Oswald murió en el acto y jamás llegó a testificar, oscureciendo aún más el caso. Una nueva investigación es realizada: Ruby había actuado en soledad. Teoría que actualmente es considerada falsa según gran parte de la población americana. Sin embargo, investigaciones oficiales realizadas décadas más tarde, continúan estableciendo que Kennedy no fue víctima de ninguna conspiración; a pesar de las cientas de pruebas que inculpan desde empresarios hasta a su vicepresidente.

Opositor o amigo, la historia juzgó a Lyndon B.Johnson como la persona que llevó a cabo la agenda de Kennedy (salvo la relacionada con la reducción de subsidios al sector petrolero). Incluso, a pesar de su estrecho vínculo con sectores ultraconservadores. Pero, a pesar de ser oficialmente inocente, la duda de su relación con la magnicidio todavía es una incógnita: documentos desclasificados de la KGB lo apuntan como el “cerebro intelectual” del atentado y Madeleine Duncan Brown, una mujer quien proclamó ser su amante ante la Justicia, declaró en libros y múltiples revistas: “En la noche del 21 de noviembre, en una fiesta en la que estaban personas ricas y famosas como Richard Nixon y H.L.Hunt, Johnson se acercó y me dijo que a partir de mañana esos malditos Kennedy jamás lo volverían a avergonzar”.

Verdad o no, casi 60 años más tarde y a tan solo 1,773.00 kilómetros de distancia, Lionel Messi observó desde la grada  la derrota de su equipo y al Houston Dynamo levantar la Lamar Hunt US Open Cup. Un torneo que recibió su nombre en honor a un hombre vinculado con un crimen que aún es un misterio y que involucra al padre del Super Bowl, la MLS, la era abierta del tenis y la copa que no pudo ser de Messi.