miércoles, marzo 18, 2026
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Potrero y gambeta, la devaluación de un estilo

Por Matías Huentelaf

El fútbol argentino históricamente se forjó en los potreros y en los clubes de barrio, llevando consigo ese “estilo criollo” que lo diferenció del resto del mundo. La viveza, la gambeta y el engaño nacieron de esa construcción cultural que llevó a Argentina a formar jugadores de la talla de Diego Maradona, Juan Román Riquelme o Ariel Ortega, entre muchos otros.

Pero hoy, con sistemas cada vez más estructurados y robotizados, ese tipo de futbolistas parece quedar atrapado dentro de esquemas tácticos que muchas veces no favorecen su principal virtud: la improvisación. La gambeta, recurso histórico del fútbol argentino, encuentra cada vez menos espacio. Por eso surge una pregunta inevitable: ¿están los jugadores “mágicos” en peligro de extinción?

Actualmente son contados con los dedos de una mano los futbolistas capaces de hacer algo distinto a lo que vemos cada fin de semana en las canchas. Nombres como Hernán López Muñoz —sobrino nieto de Maradona—, Exequiel Zeballos o Claudio Echeverri (quien ya emigró al exterior) representan algunos de esos jugadores capaces de romper la lógica del sistema con una jugada individual.

Las estadísticas también reflejan esa tendencia. Según datos de SofaScore, futbolistas como Sebastián Villa y Jaminton Campaz —que llegaron al país desde otros rincones de Latinoamérica— lideran las tablas de gambetas completadas con un promedio cercano a dos por partido. Sin embargo, siguen siendo excepciones dentro de un torneo donde cada vez se arriesga menos.

“Se ha perdido un poco también por culpa nuestra, de los entrenadores, por querer que nuestros equipos jueguen en ‘modo play’ por decirlo de alguna forma. Los entrenadores hemos quitado un poco eso, el potrero”, señaló Marcelo Méndez, exentrenador de Gimnasia y Esgrima de La Plata.

La comparación con otras épocas resulta inevitable. El fútbol argentino supo tener en sus canchas a leyendas como Ricardo Bochini, Norberto Alonso, René Houseman o el propio Maradona, jugadores que hicieron de la gambeta una marca registrada de nuestro fútbol.

“El gambeteador, el que tiene regate, es el que de alguna manera te saca esa exclamación y el que te emociona, lo que todos queremos ver, queremos ver algo diferente. Y, además, no solo se queda en lo estético, es productivo para el equipo bien utilizado”, sintetizó Fernando Redondo, en una entrevista para Infobae.

Hoy, en cambio, los talentos parecen ser apenas pasajeros. Un juvenil debuta, juega dos o tres buenos partidos y enseguida llega una oferta imposible de rechazar para clubes con economías debilitadas. Así, el público argentino pierde la posibilidad de disfrutar durante más tiempo de lo más valioso que tiene este deporte: esos futbolistas capaces de hipnotizar a una tribuna o a un televisor con una jugada distinta. ¿Qué sería ideal? Demorar su debut en primera y tenerlos más tiempo con nosotros”, propuso Hugo Tocalli, en una nota con LA NACIÓN.

El fútbol argentino parece vivir una especie de devaluación de su estilo. Los entrenadores muchas veces no logran consolidar una idea de juego: dos derrotas consecutivas los dejan al borde del despido y los murmullos empiezan a bajar desde la tribuna. Ese clima permanente de urgencia termina generando un efecto: el miedo a perder suele imponerse.

Las estadísticas también reflejan esa tendencia. En 114 partidos disputados durante el período 2025-2026, la liga argentina registra el mayor índice de empates sin goles entre las principales competiciones del mundo. Un dato que expone un fútbol cada vez más cauteloso, donde el riesgo parece ser un lujo.

A esto se suma un torneo con 30 equipos, un formato que para muchos diluye la competitividad y baja el nivel de exigencia.

“Somos formadores y por eso tenemos un torneo de 30 equipos”, defendió el presidente de la Asociación del Fútbol Argentino, Claudio Tapia. Pero la realidad muestra un panorama más complejo. En los últimos años, clubes como River, Boca o Vélez, junto con algunas ventas puntuales —como la de Carlos Alcaraz desde Racing al Southampton FC— han sido los principales exportadores de talento hacia las grandes ligas del mundo. 

La estructura del campeonato expone una brecha cada vez más grande entre instituciones consolidadas y otras que apenas logran sostenerse económicamente. En ese contexto, predomina el exilio de talento a edad prematura ante la necesidad monetaria, los sistemas de juego rígidos, la urgencia por ganar y el miedo a perder.

 

Messi y Trump: ¿Puede una imagen bajar a un ídolo?

Por Lola Fariña Villaverde 

Un aplauso, un saludo, una sonrisa o una imagen fueron suficientes para abrir un debate que dejó opiniones fuertemente divididas y puso en cuestión al capitán de la Selección Argentina. El encuentro entre Lionel Messi y Donald Trump, presidente de Estados Unidos, reavivó la discusión sobre el vínculo entre la política y el deporte. 

En medio de la convulsión internacional marcada por la guerra en Medio Oriente, Messi se presentó en la Casa Blanca, junto al plantel del Inter Miami, luego de consagrarse campeón de la MLS (Major League Soccer). La escena circuló rápidamente en redes sociales, en medios de todo el mundo y volvió a poner sobre la mesa si este tipo de gestos deben interpretarse únicamente como parte del protocolo que rodea a los eventos deportivos o si inevitablemente adquieren un valor político.

La Casa Blanca suele recibir a distintos equipos campeones de diversas disciplinas profesionales y universitarias, de los cuales algunos, deciden no presentarse. En ese contexto, la situación invita a pensar qué lugar ocupa Messi en ese encuentro: si se trata del capitán de la Selección Argentina, de una de las máximas estrellas del fútbol mundial, del embajador de UNICEF y fundador de la Fundación Leo Messi o simplemente de un jugador que participa de una tradición institucional del deporte estadounidense. También abre la posibilidad que, frente a ese escenario, haberse presentado pudo haber supuesto un riesgo menor que no hacerlo, sobre todo si se consideran posibles intereses futbolísticos y el hecho de que una de las sedes del próximo Mundial, que iniciará en tres meses, es Estados Unidos. La superposición de estos roles desencadena otra discusión: hasta qué punto es posible separar al deportista del personaje público y del referente social que, voluntaria o involuntariamente, también representa.

Estas características pueden producir cierta contradicción al verlo afable y complaciente con una de las figuras más controversiales en la conflictiva actual. La imagen de Lionel Messi junto al presidente estadounidense, tensiona las distintas facetas que conviven en un referente público.

A su vez, el episodio puede leerse desde otra perspectiva, en la del modo en que el poder político se vincula con personas de gran exposición y utiliza su visibilidad, y apoyo, para reforzar o legitimar ciertos actos y decisiones, de forma directa o indirecta. 

En ese cruce de interpretaciones aparece, quizás, el núcleo del debate. No solo qué significa ese encuentro puntual, sino también qué tipo de expectativas proyecta la sociedad sobre sus ídolos deportivos y sí un gesto como éste alcanza para cuestionar, o incluso “cancelar”, a una figura pública.

 

La deportista ucraniana que venció las secuelas de Chernóbil

VAL DI FIEMME, ITALY - MARCH 07: Gold medalist Oksana Masters of Team United States celebrates on the podium during the medal ceremony for the Para Biathlon Women’s Sprint Sitting on day one of the Milano Cortina 2026 Winter Paralympic Games at Tesero Cross-Country Skiing Stadium on March 07, 2026 in Val di Fiemme, Italy. (Photo by Luke Hales/Getty Images for IPC)

Por Mariano Centeno

Cuando Oksana Masters nació, habían pasado tan sólo tres años de la tragedia de Chernóbil, el peor accidente nuclear registrado en la historia, ocurrido en 1986. Producto de una lluvia radioactiva que influyó en los habitantes más cercanos, miles fueron desplazados y otros, durante un largo lapso, convivieron con enfermedades, el miedo y la incertidumbre. Y bajo el techo de la casa de la familia de Oksana -porque aún no llevaba el apellido Masters-, nada pasó desapercibido. Su hogar no logró resistir las fugas y como consecuencia sufrió graves malformaciones congénitas: nació con un sólo riñón, sin tibias, la ausencia de pulgares, la presencia de una pierna más corta que la otra y en cada una de ellas con seis dedos en los pies. Esas fueron las primeras batallas que afrontó, pero que, con el pasó de los años, iban a desencadenar en marcas más grandes.

La situación económica tampoco aportó su grano de arena y sus padres biológicos optaron por dejarla en un orfanato para que Oksana tenga un rumbo diferente. En aquel hogar de huérfanos, ya no sólo los efectos de la tragedia azotaban su cuerpo, sino que también iba a ser víctima de abusos físicos y de la escasez de alimento en el lugar. Así vivió en una residencia donde la presencia del frío cortante era normal, hasta cumplir los siete años, cuando despertó la mirada de una terapeuta de Kentucky, Estados Unidos, llamada Gay Masters quien decidió adoptarla. Desde aquel entonces, Oksana había logrado dejar atrás su pasado para comenzar una nueva vida en Norteamérica. Pero aun así tuvo que afrontar más peleas. Primero la amputación de ambas piernas a los 9 años, luego las múltiples operaciones en las manos.

De todas formas, llegó a tener un vínculo con el deporte, una pasión que movió su vida. El primero fue el remo. Con él consiguió clasificar a los Juegos Paralímpicos de Londres 2012 donde obtuvo la medalla de bronce. Fueron años lúcidos hasta que las lesiones en la espalda emergieron y la llevaron a cambiar de rama. Esta vez al esquí y al biatlón. Desde entonces su palmarés creció sin parar. Formó parte de la delegación estadounidense en Río de Janeiro en 2016,  PyeongChang 2018, Tokio 2020, Pekín 2022, París 2024 y Milán Cortina en 2026. Logro tras logro, obtuvo un total de 20 medallas (15 en citas invernales), convirtiéndose en la atleta paralímpica de invierno más laureada de Estados Unidos.

El pasado sábado 7 de marzo revalidó su título como leyenda paralímpica cuando consiguió la medalla número 20 en los Juegos de Milán Cortina. No se trató de constancia, sino del contexto. Los últimos meses de 2025 fueron complicados. Rodeado de desafíos médicos y nuevas cicatrices en su vida. Donde su calendario personal se vio afectado por cirugías, infecciones, pero sobre todo sufrió una conmoción cerebral. Igualmente, fue en busca de la gloria.  Y en la prueba de Biatlón (deporte que consiste en una carrera de esquí de fondo en la que también hay pruebas de tiro) se impuso con un tiempo de 21 minutos y 21,3 segundos por sobre su compatriota Kendall Gretsch y la alemana Anja Wicket.

“Estoy en shock. No me esperaba esto. Solo esperaba pasarlo bien. Para ser sincera, no esperaba subir al podio, y mucho menos ganar el oro”, revela la parabiatleta asombrada, y continúa afirmando que el premio no es sólo de ella, sino que también es para el resto de atletas paralímpicos que fueron ignorados y a quienes les dijeron que nunca podrán alcanzar grandes logros.

Los Juegos Invernales aún no terminaron y Oksana Masters con 36 años tiene la oportunidad de seguir sumando medallas, de enriquecer su carrera deportiva con la bandera de Estados Unidos sobre sus hombros, pero además de seguir expandiendo su legado por él mundo: una referente que peleó ante las adversidades de la vida, un símbolo de superación que persiguió la gloría tras ser víctima de la mayor catástrofe nuclear del mundo.

La Liga Nacional ingresa en etapa de definiciones

Por Tobías Agostinis

La Liga Nacional está en la parte final de la fase regular y se viene una seguidilla de partidos y definiciones importantes como, por ejemplo, la Supercopa de La Liga, la Copa Islas Malvinas y los Playoffs.

Ferro Carril Oeste, Independiente de Oliva, Obras Sanitarias y La Unión de Formosa, son algunos de los mejores equipos de la temporada que se aseguraron un lugar en la Copa Islas Malvinas, ex Super 20, el próximo 1 y 2 de abril en Formosa.

El Supercampeón se definirá entre Boca Juniors, ganador de La Liga Nacional y del Super 20, e Instituto de Córdoba, subcampeón de ambas definiciones, el 5 de marzo en el Estadio Pretensa Atenas.

También, hay que mencionar a Regatas de Corrientes y Oberá Tenis Club, que hoy estarían clasificando a los cuartos de final junto a Ferro e Independiente, de una gran temporada de exigencia e intensidad, con una amplia rotación y jugadores de alto nivel.

En esta ventana de los clasificatorios de Américas rumbo a la Copa del Mundo FIBA 2027, Pablo Prigioni, actual entrenador de la Selección Argentina, citó a siete jugadores de la máxima categoría del básquet nacional: Agustín Cáffaro (Independiente [O]), Gonzalo Bressan (Olímpico [SdE]), Leonardo Lema (Quimsa), Marcos Delía (Obras Sanitarias), Francisco Cáffaro (Boca Juniors), Javier Saiz (Instituto) y Tayavek Gallizzi (Regatas).

Un gran presente de la Liga en sí, que potencia a los mismos basquetbolistas a ir por más y alcanzar el mejor nivel posible dentro de su equipo y que justamente, el premio en este caso es la posibilidad de representar al país.

No solamente jugadores, sino que incluso algunos integrantes del cuerpo técnico son actuales entrenadores de equipos argentinos: Nicolás Casalánguida, del Xeneize; Pablo Faravel, de Gimnasia de Comodoro Rivadavia; Guido Fabbris, de Obras. Completan el resto del staff Herman Mandole y Pablo Albertinazzi.

La Liga Nacional siempre influye en las preselecciones del entrenador a cargo que esté en el combinado nacional, y hay muchos más deportistas que son muy relevantes durante toda la temporada y que se merecen el llamado para la Selección.

Hay grandes deportistas dentro de la Liga que, tarde o temprano, van a recibir el llamado de Argentina. Algunos que dieron y dan que hablar este año en el certamen argentino, son Emiliano Lezcano, figura en el elenco de Caballito; Agustín Brocal, indispensable en Oberá, Martiniano Dato, alero intenso de gran proyección en Gimnasia (CR), entre otros que se llevan todos los flashes en los partidos.

La temporada afronta el parate debido a esta ventana de partidos de la Selección y volverá con la Supercopa, la Copa Islas Malvinas, la definición de la fase regular y del descenso y los Playoffs. Además de que el conjunto de La Boca y La Gloria jugarán los cuartos de final de la Basketball Champions League Américas, máxima competencia a nivel continental.

Fin de ciclo: Gallardo dio un paso al costado

Por Celeste Benítez

Marcelo Gallardo anunció su renuncia como director técnico de River Plate, a través de un sentido video dirigido a los hinchas, este lunes por la tarde, en el predio de entrenamiento. Ocurrió luego de una racha de cuatro partidos sin ganar en el Torneo Apertura –tres de ellos como visitante y uno como local–, resultados que fueron tan solo las últimas gotas que derramaron un vaso cargado de malos desempeños deportivos y un retorno fallido.

“Volver a recorrer el mundo River me hace sentir en casa y eso es una emoción interna que me reconforta y me da felicidad”, había expresado el Muñeco. Con estas palabras daba inicio a su segundo ciclo en la institución, que comenzó el 10 de agosto de 2024 con una igualdad 1-1 ante Huracán y un estadio repleto de fanáticos que lo recibieron con una inmensa euforia y una gran ovación. El panorama no fue cómodo: tuvo que afrontar los octavos de final de la Copa Libertadores contra Talleres a contrarreloj y con un grupo sin juego que había dejado la gestión anterior. Sin embargo, Gallardo formó el equipo y consiguió el pase a la siguiente ronda. La ilusión resurgió en los hinchas millonarios, que una vez más depositaron su confianza y anhelo en la persona que les dio tantas alegrías. 

Para mediados de octubre, nadie hubiera imaginado que el camino hacia la gloria eterna se vería interrumpido con la caída del club de Núñez frente a Atlético Mineiro en la semifinal, a tan solo un paso de poder jugar nuevamente una final internacional en su casa. A partir de ese momento empezó una temporada deportiva irregular, con victorias, empates y derrotas, algunas con mayor impacto que otras. Los dos triunfos en tres Superclásicos fueron un punto a favor dentro de ese proceso; aun así, la participación insuficiente en el Mundial de Clubes, la eliminación ante Palmeiras y la no clasificación a la edición de la Copa Libertadores 2026 no fueron determinantes para poner fin a la dirección del entrenador, pero sí para cuestionar su continuidad.

Con el inicio de un nuevo año, energías renovadas y un mercado de pases a su disposición, el Muñeco armó el plantel que quiso. No obstante, el rendimiento futbolístico no fue el esperado. Luego de un 2025 adverso, fue la ocasión de volver a barajar y tirar las cartas sobre la mesa para arrancar otra competencia con nuevas metas. Los primeros encuentros fueron correctos: los jugadores mostraron un mejor funcionamiento en la cancha y todo parecía indicar que el equipo había encontrado la forma de afirmarse en el campeonato. Hasta que sufrió una inesperada goleada como local frente a Tigre, seguida de dos derrotas consecutivas en la Liga Profesional y un triunfo agónico en la Copa Argentina que dejaron más dudas que certezas y confluyeron en el fin de una etapa.

Las segundas vueltas no siempre son buenas. Los futbolistas no son los mismos, ni siquiera el técnico es el de antes y este último período no estuvo a la altura de las expectativas de los hinchas. Marcelo Gallardo es parte de River y lo ha demostrado en más de una ocasión con palabras y hechos que se vieron reflejados en la obtención de títulos importantes. El futuro no está escrito y quizás haya otra vuelta en el Monumental para el Muñeco, porque el fútbol siempre da revancha.

Ponte Preta, el club apodado “A Macaca” que levanta la bandera de la comunidad negra en Brasil

Por Santiago Peñoñori

La camiseta titular de la Asociación Atlética Ponte Preta es blanca con una franja diagonal negra. Branca e preta. Los orígenes del segundo club de fútbol más longevo de Brasil son blancos y negros. Sin marginaciones.

El 11 de agosto de 1872 se inauguró en la localidad de Campinas la Estación Central construida por la Compañía Paulista de Ferrocarriles, que buscaba extender la línea ferroviaria de San Pablo hacia el interior del Estado. Al igual que como sucedió en Argentina, el desarrollo de este medio de transporte decantó en la creación de barrios y de clubes. Para unir la ciudad fue necesario hacer un puente y para que los gases del tren no erosionaran la construcción, se la cubrió con alquitrán. El puente se tiñó de negro y el barrio que nació alrededor se apropió del nombre: Ponte Preta.

Es difícil imaginar una barriada feliz en esos años, ya que Brasil aún no le había puesto fin a la esclavitud (fue el último país americano en hacerlo) y era uno de los países que más esclavos había importado en el mundo. En 1888, la Ley Áurea decretó la abolición, pero el país no trabajó en políticas de inclusión e hizo que la inserción de los oprimidos fuera lenta y resistida.

Nueve años más tarde, alumnos de una escuela del barrio Ponte Preta comenzaron a jugar al fútbol en un descampado y dieron el puntapié para que tres años después se fundase la Asociación Atlética Ponte Preta. ¿Qué día? El 11 de agosto, en homenaje a la inauguración de la Estación Central.

Entre los jóvenes pioneros estaba Miguel do Carmo. Un partícipe fundamental en la creación del club, señalado como el primer futbolista negro del país. Puesto en contexto, este hecho tiene una gran fuerza, ya que la lucha contra el racismo aún hoy se mantiene a más de 130 años de la abolición. El club, anfitrión de toda actividad que la población negra organizaba como consecuencia de los vetos que sufría por parte de los blancos, llegó a presentar documentación a FIFA para pedir un reconocimiento internacional por considerarse la primera democracia racial del fútbol brasileño y un ejemplo de lucha contra la discriminación.

Ponte Preta se convirtió para sus hinchas en un club popular de resistencia y tuvo que hacer de lo que la sociedad consideraba como sus defectos, sus principales símbolos. “Ahí viene la macacada”, decían los torcedores de los clubes que recibían la visita de los camiones que trasladaban a los hinchas del club blanquinegro a inicios de los 40. Lejos de ofenderlos, les cedieron un elemento identitario que al día de hoy se mantiene. Las mascotas del club son “La Macaca” y “El Gorila” y sus hinchas cantan cada fin de semana que “los macacos han vuelto”.

El club de Campinas tiene una historia muy rica y no por sus títulos, ya que no ha cosechado ninguno de relevancia en el fútbol brasileño. Estuvo cerca en 2013 cuando perdió la final de la Copa Sudamericana contra Lanús, en lo que fue su primera participación en un certamen internacional. La medalla que sí puede colgarse habla una vez más del amor de su comunidad, la que se encargó de construir el estadio Moises Lucarelli. Con capacidad para 18.000 personas, El Majestuoso fue inaugurado en 1948 gracias al trabajo de hinchas, jugadores y dirigentes, que a través de donaciones y aportando su mano de obra lo pudieron cimentar en poco más de un año.

Entre los hechos más destacados, El Majestuoso fue considerado Patrimonio Cultural de la Ciudad y fue testigo de la incondicionalidad de Donana, una hincha negra que acompañó al club desde 1938 hasta su muerte. Una cristiana devota distinguida como la primera socia colaboradora de la Torcida Jovem da Ponte Preta, que cada fin de semana rezaba y custodiaba la capilla que tiene el estadio en su interior y que con orgullo se hacía llamar Macaca.

Carlos Tevez: el oro entre plomo y delincuencia

Por Gabriel Milian Scuri

Se escuchan estruendos que despiertan al joven Carlos. Despega la cabeza de su almohada y mira a su alrededor. No hay más que oscuridad. Logra salir del sueño y darse cuenta de que aquellos fuertes ruidos no eran otra cosa que una noche más de balaceras en el barrio. Algún ajuste de cuentas.

Sacude la cabeza, chequea nuevamente su precaria habitación, pero que sirve, más que nunca, como hogar, y acomoda su nuca en la cama para volver a descansar. 

Carlos abre los ojos. La mirada en el techo. Le duelen las rodillas y hay algo en particular que lo extraña. El material que cubre su casa ya no es una chapa. Algo había cambiado entre una noche y otra. Primero, los pinchazos que siente en sus piernas. Y, segundo, el techo reluce. Es como en las iglesias. Alto. Lujoso. Se refriega los ojos y vuelve a dormirse. Carlitos estaba convencido de que todo aquello era un sueño. La vida de él, y la de quienes viven en sus condiciones, muy pocas veces le permite volar dentro de la imaginación.

Una multitud lo despierta. Miles de voces al unísono resuenan en su cabeza. Carlos tiene la piel erizada. En sus ojos solo se refleja el cielo, raramente despejado, de Manchester. Aparece una persona uniformada. Un árbitro de fútbol. Le ofrece la mano y Tevez, que ya no era ni Carlos ni Carlitos, la acepta. Se levanta y ve Old Trafford. El Teatro de los Sueños. Lugar que no llegó a estar en la mente de un pequeño que convivía con la muerte. Con la delincuencia. Pero que, a su vez, portaba en su cuerpo un hambre sin igual. De la que vence al talento. Picardía. De la que solo se aprende en el barrio.

Acto siguiente, el número 32 del Manchester United ya está metido en el partido. Esos recuerdos de la infancia fueron como una especie de despertador.

La pelota viene hacia él. La coloca bajo la suela y siente en su espalda cómo un defensor rival se le cuelga. Es gigante. No hay forma de que Carlitos salga de esa.

El esférico sigue en sus pies. Los brazos de Tevez ya están en el pecho del defensor. De aquella torre humana. Le da un pequeño empujón hacia atrás al contrincante y gira con pelota dominada.

El zaguero lo va a buscar. Con ganas de irle a los pies. De romperlo. “¿Cómo un enano me va a mover a mí?”, pensaría el altote.

El oriundo de Fuerte Apache lo ve venir y le mete un caño. Entra al área y, como si fuera una coreografía, arquea el cuerpo, abre el pie e incrusta la pelota en el ángulo. En el estadio se reproduce una sinfonía. “Yeeeeees”, grita el público mancuniano.
Carlos se enloquece. Mira al defensor que lo marcaba, que se muere de bronca por dentro, le saca la lengua a modo de burla y corre hacia el córner. Mira en las plateas. Lo ve a su viejo. A Segundo Tevez. Le tira un beso a su admirador número uno y se da vuelta. El juego sigue.

El United gana 1-0 y no falta nada para el pitazo final. Carlitos cuida la bocha como si estuviera en el barrio. Donde vale todo. La pisa, le pone el culo a los defensores. Los fastidia. Es una pulguita al lado de la prominente estatura de un britanico promedio. Pero nadie se la puede sacar.

Se dice que se juega como se vive y las dificultades de la vida le enseñaron a Carlos a ponerle el cuerpo a todo. Por más grande que sea la tragedia. Y por más chico que sea su porte.

En una de aquellas jugadas finales, una patada en sus dos piernas lo levanta por los aires. El Apache cierra los ojos del dolor. Los silbidos lo aturden, pero cada vez los escucha menos. Hasta que ya ni los oye y despierta en un auto. Había vuelto a la niñez. 

En el coche en el que estaba hacía un calor bárbaro y las ventanas no podían bajarse. Si lo hacía, no podría volver a subirlas. Adelante va su padre, que, mientras maneja, su pareja Adriana, la mamá de Carlos, le alcanza un mate.

Carlitos relojea por las afueras del vehículo y ve el escudo de Boca. El club de sus amores.

Estaba por arribar al predio para hacer una prueba. Todo eso ya era un sueño para el chico. Ponerse la ropa azul y oro era muchísimo para él.

Comienza la práctica. Quienes están afuera se deslumbran con aquel pibe de rulos. 

Luego del silbatazo final, el chico se acerca a sus padres, ya duchado y listo para irse. Pero a lo lejos lo llama un muchacho que viste un conjunto del Xeneize. Se arrima a la familia Tevez y les da la noticia de que su hijo quedó seleccionado. Que Boca quiere que Carlos juegue para ellos. El hombre los felicita y se va.

El pibe, que no da más de la emoción, se funde en un abrazo con sus padres. Saben lo que han sufrido para llegar hasta ahí. Saben que Carlitos es un chico simple. Que las ha pasado todas. Y, principalmente, que triunfará. Que pisará los lugares más caros pero que volverá a su barrio cada vez que pueda. Que ganará muchísimo dinero pero que lo invertirá en el lugar que lo vio crecer, para que haya más pibes como él. 

Y, fundamentalmente, son conscientes de que El Apache vive para los suyos. Para quienes contribuyen a que sea como es. Y por eso mismo, el día que su viejo parta no jugará más al fútbol.

Leonardo Gentili, hacer del gol un arte en plena batalla cultural

Por Conrado Maguna Martorell

Leo Gentili es uno de los relatores de fútbol más destacados del país. Conecta rápidamente lo que ven sus ojos con lo que dice por la boca a un ritmo cautivante; a eso le agrega descripciones completas y le da el sabor principal con sus toques poéticos. El plato fuerte de sus narraciones son sus pinceladas que juegan con el contexto político y social. Su desempeño lo llevó a ganar el Martín Fierro de Radio a Mejor Relator Deportivo en 2024. Si bien se lo pudo ver en ESPN y escuchar en algunos partidos de la transmisión oficial, su micrófono estrella es el de Radio La Red: allí es el más destacado en su rol y a quien le asignan los encuentros más atrapantes de cada fecha. Sintonizar la señal AM910 y escuchar que suena “Dias distintos” de Andrés Calamaro solo puede significar una cosa: relata Gentili.

-¿Cuál fue esa chispa que encendió tu ser periodista? ¿Con qué te ibas encontrando en tu casa? ¿Hoy volverías a elegir la profesión?

En mi casa escuchaban mucho la radio tanto mis papas como mi abuelo. Eran fanáticos. La radio era una integrante más de la familia. Escuchaban a Enrique Mancini, Alejandro Dolina, José María Muñoz. Eso me fue llevando hacia el mundo radial. Incorporé esa pasión por el medio y se transformó en mi vocación. Hoy elegiría lo mismo porque entiendo que el periodismo es un lugar para poder contar, fijar postura. Y más en tiempos como estos en los que es muy importante marcar posiciones y tender puentes con la gente, con más razón que nunca volvería a hacer periodismo.

-¿Por qué elegiste esta forma de relatar? ¿De sumar lo meramente descriptivo con lo poético? ¿De dónde lo sacaste y por qué es así?

A mí me parece que la transmisión de un partido de fútbol es el pretexto ideal para poder llegarle al oyente por diferentes lugares más allá de lo que se está contando. Desde la cita de un autor, hacer hincapié en lo que está ocurriendo; desde lo social y político. Eso es lo que me gusta escuchar cuando soy oyente. Preparo el partido que me va a tocar desde el día que me lo designan. Empiezo a pensar a pergeñar ideas con respecto a los jugadores, el contexto. Algunos con un poco más de humor y apuntando a lo social, por ejemplo: “En tiempos de changuitos vacíos, el Changuito Zeballos le llena el alma a los hinchas de Boca”. Cosas que tienen que ver, desde el fútbol, con otras cuestiones y que entiendo que sirven para mejorar la narración. Me considero relator las 24 horas, si voy al teatro, al cine, leo una novela, biografía o escucho música, todo eso lo incorporo y sé que me va a servir para embellecer un relato, mejorar la apertura de una transmisión o para darle mejor forma a una idea.

¿Hay miedo de hacer periodismo con todo lo que está pasando?

Personalmente, no tengo miedo. Sí sé que pagás consecuencias cuando marcás un posicionamiento, fijás una postura. Yo podría tener más plata, trabajar en más medios, estar en más lugares, ser menos insultado, si opinase diferente o callase algunas cosas.  Sé cuáles son los riesgos y las reglas del juego. No me arrepiento porque estoy en una radio que es la más escuchada en transmisiones deportivas, porque en ESPN relato fútbol también, pero evidentemente, cuando atacás ciertos intereses o estás en contra de ciertos poderes te lo hacen pagar, no solo por agresiones en redes sociales, sino también en ciertos marginamientos.

-¿Qué opinás de los periodistas que promocionan las apuestas deportivas? ¿Cuál es el peligro de que comunicadores, ídolos deportivos e influencers promocionen las apuestas?

No voy a juzgar lo que hacen mis colegas, te respondo por mí: a mí me han ofrecido hacer promociones de apuestas. Me he negado porque mi postura al aire va en contra de las apuestas deportivas. Le hace daño no solamente a los pibes que apuestan, a la gente que sufre de ludopatía, sino que al deporte en general, al fútbol en particular. No estoy de acuerdo con las apuestas, es un daño para muchos chicos y personas adictas, y también para el espíritu deportivo.

-¿Sentís que eso puede llegar a ser un factor de que los pibes estén despolitizados? Porque se vienen generaciones totalmente alejadas a la política y consumen lo contrario.

Tiene que ver un poco con esta época que nos toca vivir, las redes, el efecto rápido. Antes para conocer o saber de algo tenías que involucrarte o leer, tener alguna formación. Hay muchas maneras de enterarse de algo que no son los mejores porque un zócalo no tiene contenido; un tuit no alcanza, una historia tampoco, pero incide en las ideas y pensamientos no solo de los chicos sino en la de gente más grande. Tiene que ver con la batalla cultural. Humberto Eco decía en su última novela “Número Cero”: “Las noticias no hacen al diario, el diario hace a las noticias”. Es decir, si hay un accidente en una esquina, y uno más en la otra, es el jefe de redacción el que decide cuál va a publicar, y vos te vas a enterar lo que él quiere, no de lo que pasó. Así funcionan los medios, las redes y tienen una incidencia muy particular y especial en la gente.

-Creciste viendo a un ídolo muy popular y valiente como era Diego. Actualmente hay un vacío de referentes que hablen. Por ejemplo, en las últimas elecciones hubo un bajo porcentaje de votantes, ¿creés que con la ausencia de Maradona se perdió un dispositivo de sentidos que desde los medios difundía los intereses de las clases populares y a su vez desde allí les hablaba?

Los procesos no se dan de un día para el otro. Llevan tiempo. Para que los vecinos te digan que los políticos son todos iguales, chorros, no es que se les ocurre de un día para el otro. Hay trabajo de los grandes grupos de poder representados en los grandes medios hegemónicos para que a la gente les quede eso en la cabeza, denigrar la clase política, que como en todo ámbito hay buenos, malos, honestos, deshonestos, decentes y chantas. Para muchísima gente, la política es la única herramienta que le puede cambiar un poquito la vida. Sin embargo esa misma gente adopta ese discurso. Hay una falta de interés que aporta a que se vote menos, que la gente no se involucre tanto. ¿Cuál es el interés? Que aparezca alguien que no tenga nada que ver con la política. Lo hicieron con Macri y lo repitieron con Milei. Claramente se demostró que no por venir de afuera vas a hacer mejor las cosas o más honesto. Antes cuando no hubo políticos, hubo militares y 30.000 desaparecidos. Por supuesto Maradona es el reflejo de una persona que iba más allá de lo que hacía en una cancha de fútbol. Desde el compromiso, el revalorizar los orígenes, algo que habitualmente no se ve. Hoy hay poco compromiso, los deportistas no se quieren involucrar y si lo hacen es a favor de aquellos políticos o partidos que van en contra de los intereses de su propia clase. Por eso la imagen de Diego se agiganta más: por su valentía, compromiso y esa voz que era, precisamente, la de aquellos que no tenían.

-Bueno, uno de ellos propone las sociedades anónimas deportivas en los clubes. ¿Qué significan las asociaciones civiles, el club de barrio y social para una comunidad?

Tiene que ver con esta construcción de sentidos de los medios para que la gente diga “son todos iguales, ladrones y no sirven para nada” e impongan figuras de afuera afines; con las SAD pasa lo mismo. Hay una construcción de sentido alrededor del dirigente deportivo que “es chorro, deshonesto”, pero detrás de esto hay una realidad muy angustiante y asfixiante sobre todo para los equipos chicos y del ascenso, que tiene que ver con los impuestos. Le han quitado exenciones impositivas a clubes que entran en grandes crisis económicas porque no les pueden pagar a los jugadores o reforzarse. No quita que haya sinvergüenzas como Moretti. Pero en todos los ámbitos hay buenos, malos, chantas y deshonestos. Por carácter transitivo si el dirigente “no sirve para nada”, aquel espectador, u oyente desprevenido, la primera conclusión que saca es “si los dirigentes no sirven para nada, los clubes están mal, habrá que recurrir a otra cosa”. El tema es que a los clubes los están empujando a la crisis. El hincha verá a su club con riesgo de bajar la persiana, y ese mismo va a decir “intentemos con otra cosa, que venga alguien, ponga guita y nosotros podemos seguir yendo a la cancha”. Eso no es casualidad, de un día para el otro: es producto de los vientos que corren por estos tiempos e impulsados por Mauricio Macri, el oficialismo, que apuestan por las SAD. Por lo tanto, hay que estar atentos y no noto que los socios lo estén.

-Hay clubes que tienen déficit cada vez que abren la cancha, ¿por qué?

Te repito, al sacarle esa exención de impuestos, los clubes van a estar cada vez peor. En Boca, River tal vez no se note. Pero en clubes del ascenso sí y va a llegar un momento en el que no van a poder abrir las puertas. Ahí va a aparecer un mecenas para decir “bueno muchachos entonces aporto, vamos a abrir las puertas, traer jugadores”. Lamentablemente están llevándonos a esa situación ante la pasividad de los hinchas que ven pasar la historia como si nada.

¿Es medio un reflejo del país, no? ¿Por qué en la política nacional hay pasividad, individualismo, desinterés por la historia, cultura?

Exacto. Sí, eso también está instalado. Conozco gente que vota en contra de sus intereses o defiende ajenos que le son contrarios o dañinos. En el fútbol puede pasar lo mismo. A veces me confunden Tapia y la AFA porque pregonan esto de los clubes tienen que ser asociaciones civiles pero por otra parte no noto con mucha claridad la participación de la AFA en el tema San Lorenzo, los arbitrajes tan escandalosos y bochornosos. Tambien le hacen el caldo gordo a aquellos que quieren otra cosa y que ahí tienen otro pretexto. El discurso de AFA lo comparto pero no es acompañado con la acción. No sé por qué.

-Encima aparecieron murales del seleccionado argentino tachados por la gente. Se están quemando figuras. Messi, por ejemplo, no se da cuenta que es un actor político y que lo están usando.

Porque el hincha se cansa. La AFA muchas veces es funcional a aquellos intereses dañinos que quieren imponer una estructura diferente y no entiendo por qué.

Gentili, estos últimos meses, formó parte del proyecto teatral La Cena de las Emociones, en conjunto con el colega Pablo Ladaga.

-¿Cómo es esta faceta teatral tuya?

Me han contactado gente de teatro. Ni más ni menos soy yo, con Pablo Ladaga, básicamente dos relatores, que contamos nuestras historias, pasiones compartidas, como fuimos creciendo abrazando una pasión por el relato, el periodismo y a partir de nuestras historias tendemos puentes que nos llevan a ídolos y momentos de la cultura popular que nos identifican a nosotros y espectadores

-¿Qué les dirías a los estudiantes de periodismo deportivo, a quienes quieren ser relatores? ¿Qué consejo les darías? ¿Por qué camino tienen que ir?

Primero hay que formarse. Leer, de todo. No solamente bibliografía que tenga que ver con el fútbol. Ensayos, poesías, novelas. Eso te va a dar una formación y llevar a un determinado lugar de acuerdo a lo que y como pensás, alguna ideología, una búsqueda. Hay que ir en búsqueda de la excelencia. El hecho de buscarla no te asegura encontrarla, pero sí te asegura ser un poco mejor. El mayor éxito para mí no es un Martín Fierro, trabajar en una radio importante o en una cadena internacional muy vista: para mí el éxito, y creo que a eso es a lo que hay que aspirar, es irse a dormir cada noche sabiendo que no te traicionaste durante el día.

Pablo Batalla, el argentino que se volvió estatua en Turquía

Por Matías Moroni y Tomás Orlando Ramírez

Hay una estatua en Bursa, Turquía, que no pertenece a un político ni a un héroe nacional: es de un futbolista argentino, bajito, diestro y discreto que cambió la historia del club. Se llama Pablo Martín Batalla y su leyenda todavía respira. 

El café se enfría sobre la mesa mientras Pablo recuerda sus primeros pasos entre Córdoba, Río Negro y Buenos Aires. Habla con serenidad, como si cada ciudad hubiera dejado una huella distinta en su voz. “Mi viejo es de Córdoba, mi vieja del sur. Nací en Córdoba, pero me crié en General Roca”, dice, y en ese repaso hay más que geografía: hay un mapa afectivo.

En un Bonafide casi vacío, en una tarde soleada pero fría, afuera el sol se asoma por los ventanales y dibuja reflejos dorados sobre las tazas. Batalla habla sin apuro, como si contara su historia por primera vez.

De chico, el fútbol era un juego heredado. Su padre y su abuelo también habían sido futbolistas y él, sin proponérselo, siguió el mismo camino. Alguien que ya podía ver su futuro era su padre: “Él me decía que yo iba a ser un gran 10, que los chicos corrían con la pelota y yo jugaba a dos toques”, recuerda felizmente.

En marzo volvió de dirigir en aquel país y ahora se encuentra en Quilmes disfrutando de su familia. Tuvo ofertas de varios equipos para ser director técnico, pero este año lo terminará en Argentina. Sin embargo, si una propuesta acorde llega a sus manos, la analizará para seguir con su historia en el fútbol, que comenzó mucho antes.

A los 14 se fue solo a Quilmes, a la pensión. Fueron tres años de aprendizajes, de ropa colgada en camas cucheta y de sueños compartidos entre mates y entrenamientos. En ese momento, en el que parecía que todo iba encaminado para ser una linda historia entre el club del sur y él, todo se opacó por el gerenciamiento del “Cervecero”, que se vio obligado a vender a Pablo. “Para mí fue una gran decepción lo que me hicieron en Quilmes, yo me quería quedar”, expone sin rencor, pero con la calma de quien aprendió que el fútbol no siempre respeta los afectos.

En un club nuevo, con compañeros nuevos y esperanzas renovadas, Pablo comenzaba su aventura en Vélez Sarsfield. El 7 de julio de 2003 se produjo su debut como profesional en un partido contra Newell´s Old Boys y lo recuerda como uno de los momentos más felices de su carrera. Su paso por el “Fortín” fue breve, al igual que toda su estadía en el fútbol argentino. Fue de préstamo en préstamo por clubes como Pachuca, Quilmes, Gimnasia y Deportivo Cali. “Es duro para un jugador salir a préstamo. Sentís que estás a prueba en todo momento y sabés que podés llegar a irte al poco tiempo, aunque te da muchos aprendizajes”, dice.

En su último préstamo, en Colombia, sentía que había encontrado su lugar. “Estaba muy cómodo, la gente me quería, estaba jugando bien y la ciudad era muy linda. Además, terminás de entrenar y te la pasabas abajo del sol”, recuerda entre risas, mientras bebe un sorbo de café.

Al contrario que la mayoría de los futbolistas, Pablo tomó una decisión que cambiaría el rumbo de su carrera: elegir a su padre como representante, aun sabiendo que sin un agente profesional perdería contactos. En Cali había encontrado una paz que el fútbol pocas veces concede. Sol, afecto y una camiseta que lo hacía sentirse en casa. Por eso, cuando decidió que su padre sería su representante, lo hizo desde la confianza y no desde la estrategia. No buscaba negociar mejor, buscaba cuidarse.

Un día sonó el teléfono desde Turquía. El club era Bursaspor, un nombre casi desconocido, pero que escondía un desafío mayor: competir en Europa, jugar en otra dimensión del fútbol. Pablo lo sintió como una oportunidad para crecer.

Sin embargo, en Colombia muchos no lo entendieron. Algunos dijeron que se iba por dinero, que era un destino exótico, que a ese tipo de ligas se iba a “hacer diferencia”. A él le dolió. No por lo que decían, sino porque sentía que lo juzgan sin saber. “No era por plata, era por ambición”, sostiene convencido.

En 2009 su avión aterrizó en Bursa lleno de ansiedad y dudas, pero con el mismo nivel de ilusión por dar un gran paso en su carrera, aunque nunca imaginó lo que le deparaba el destino.

En su primer año logró un hecho histórico en el fútbol turco y para su equipo. Era la última fecha de la liga turca, el Fenerbahçe solo con sumar 3 puntos conseguiría el campeonato, pero empató y el Bursaspor, que iba segundo por dos puntos debajo del líder, ganó su partido con un icónico gol de Pablo Batalla que quedaría en la retina de todos los hinchas del Bursa. Tras el triunfo se desató la locura en el Timsah Arena. Más de 20.000 fanáticos invadieron el terreno de juego para festejar su primer título en la historia del club. “Ganar el campeonato fue increíble, no pudimos festejar en la cancha por la invasión y la locura de la gente”, recapitula.

250 partidos, 67 goles, una liga y su calidad para jugar a la pelota le alcanzaron para que en el 2021 le hicieran una estatua en las instalaciones del club. Los chicos, jugadores profesionales o directivos entran a la institución y lo primero que ven es la figura de Pablo Batalla. A pesar de haberse convertido en una figura dentro del equipo, nunca disfrutó de que las luces apuntaban hacia él. Ni en su mejor momento como profesional ni ahora, en la tranquilidad de su vida cotidiana. Siempre eligió el perfil bajo, lejos de la exposición, sin redes sociales ni declaraciones grandilocuentes. “Me da un poco de vergüenza la estatua, no creo que la merezca”, dice. 

Pablo no solo vivió buenos momentos en Turquía, en su vuelta al club tras haber jugado dos años en China, tuvo que pelear la permanencia en primera división siendo el 10 y el capitán del equipo. Ese año, la salvación llegó en la última fecha. “Vivíamos semana a semana con mucha presión y la gente no lo entendía. No éramos el equipo de antes, todos los clubes habían mejorado menos nosotros”, expone con tristeza.

En 2018 puso fin a su vínculo con la institución turca como jugador profesional y se alejó del fútbol de alto nivel para jugar con Deportivo Roca​, su club del pueblo de Río Negro..

En un gesto de amor y profesionalidad, volvió a la institución donde más brilló para ser director técnico, pero se enfrentó a una realidad completamente diferente a la que él había vivido como jugador: el Bursaspor se encontraba en la cuarta división del fútbol turco. Pablo dirigió 27 partidos y estaba puntero en la liga, pero luego de conflictos personales y profesionales con la Comisión Directiva, terminó su paso como DT y nunca perdió el amor de la gente.

Así fue como un chico del interior, que alguna vez sintió que no encontraba su lugar en Argentina, terminó llamando hogar a una ciudad que pocos podrían ubicar en el mapa. Y si hoy volviera a pisar el césped donde alcanzó la gloria eterna, más de veinte mil voces turcas volverían a corear su apellido, como si el tiempo nunca hubiera pasado. 

 

29 años después, no nos olvidamos de Cabezas

Por Agustín Costa Litwak

A 29 años del asesinato de José Luís Cabezas, su figura sigue presente en las memorias de los argentinos. Al mítico reportero se lo recuerda por su labor periodística y es un símbolo de lucha por la libertad de prensa. Sin embargo, no muchos conocen su faceta relacionada al deporte. Independiente de Avellaneda, Maradona y la Fórmula 1 eran algunas de las aficiones del famoso periodista gráfico que son desconocidas por el público.

Cabezas era un gran aficionado de Independiente, veía los partidos junto a su colega -y gran amigo- Gabriel Michi, y se autodenominaba como fanático de Ricardo Bochini, quien casualmente cumple años el mismo día del asesinato de José Luis. El Rojo formaba gran parte de su vida. Una vez fallecido, el equipo de sus amores rindió homenaje en su estadio. Un dato curioso es que hasta 2021 la sala de prensa del club tenía su nombre, pero, se lo quitaron durante la gestión de Doman.

José Luis Cabezas y Gabriel Michi.
Maradona con un afiche en homenaje a Cabezas.

Diego Armando Maradona fue uno de los símbolos que hizo eco de la lucha por la justicia y la memoria de Cabezas. Anduvo por la Rambla de Mar del Plata con reporteros gráficos con una imagen del periodista y la mítica frase “No se olviden de Cabezas”. Además, ha salido a la cancha de Boca Juniors con afiches en su memoria. Es una barbaridad, no se puede creer que haya un hecho tan aberrante. Los argentinos tenemos que decirle al Presidente y a todas las autoridades, que se tiene que esclarecer”, había expresado el jugador de Boca en aquel entonces.

Tiempo después, Michi y compañía honraron su memoria en un Superclásico en el Estadio Monumental largando globos. “La gente se paraba y ovacionaba. Y hablaba también de cómo el caso Cabezas se había metido en el sentimiento popular”, recuerda el periodista. “Había una comunión de sentimientos populares en un reclamo que muchos interpretaron que él era un laburante de una familia de laburantes y que lo asesinó el poder”, aseguró. Asimismo, afirma que, en el mundo del fútbol, siempre se encuentra presente la figura de José Luis.

El deporte fue la forma en la que se enteraron los padres de Cabezas sobre su fallecimiento. Aquel trágico 25 de enero de 1997 se estaba jugando un Independiente vs Boca. En el entretiempo, la transmisión comunicó que un periodista de la Revista Noticias había sido asesinado. Ellos inmediatamente sabían que a quien mataron fue a José Luis.

Por otro lado, él y Michi tenían una buena relación con Juan María Traverso, que, paradójicamente, era alguien muy cercano a Yabrán y además, era quien ponía el sponsor de su auto. “El Flaco” contaba que su amigo estaba loco. El automovilismo no era algo secundario en la vida de Cabezas, pues, era común ver las carreras de la Formula 1 y el TC con sus hijos. 

Igualmente, la conexión entre el deporte y el reportero no fue color de rosas. Cuenta su colega que dos de los que participaron de su asesinato eran barrabravas de Estudiantes de La Plata. Ambos hacían laburo sucio para el club y para los punteros políticos del lugar. Ellos fueron reclutados por el policía Gustavo Prellezo. A partir de lo que ellos “boquearon” fue que se pudo llegar a toda la red que había por detrás.

“Yo sabía, yo sabía, que a Cabezas lo mató la policía” fue el cántico que resonó en todas las canchas del fútbol argentino durante esa época. Es hasta hoy, a casi dos meses de el vigésimo noveno aniversario del hecho, que no nos olvidamos de José Luis Cabezas.

Fotografía de Maradona tomada por Cabezas.