Entre la frustración y el desahogo

Por Giuliana Ludovico

El fútbol argentino trasciende lo deportivo. Es un terreno apasionado, pero, sobre todo, un canalizador de tensiones donde la emoción habita en estado puro.

Como señala el psicoanalista Gabriel Rolón, el enojo desmedido aparece casi siempre como una respuesta directa a una frustración no digerida. Para el hincha, la cancha deja de ser un espectáculo para convertirse en un escenario de descarga, donde se olvidan las presiones, las insatisfacciones y los vacíos de la vida cotidiana. Cuando el equipo pierde o una jugada sale mal, el insulto al árbitro o al jugador funciona como un atajo.

El caso de Santiago “Tano” Pasman durante la Promoción que River jugó en 2011 refleja con exactitud la pérdida del control y el choque contra la realidad. Frente a la pantalla del televisor y sin posibilidad de incidir en la cancha, el hincha descarga en insultos una impotencia insostenible. La frase “No, no, ¡estamos en la B!”, repetida compulsivamente, deja en evidencia cómo una pérdida deportiva se vive como una amenaza directa al mundo interior del hincha. En ese momento, la angustia individual de la vida cotidiana queda tapada por el dolor del resultado futbolístico.

El hincha se queda con la bronca del resultado, pero en el fondo lo que no tolera es la impotencia de no tener el control. Por eso hasta busca dar indicaciones desde la tribuna sobre cómo tiene que jugar el equipo. La frustración aparece en ese choque frontal entre el deseo individual de triunfar y una realidad que no responde a él, porque depende de los que están dentro de la cancha.

La hinchada es el refugio de la gente: la furia colectiva alivia la responsabilidad individual. Y aunque es verdad que un partido no soluciona los problemas de fondo, en medio del desgaste del día a día el fútbol aparece como esa última ilusión a la que nos aferramos para salvar la semana. Ganar no arregla la vida, pero da una tregua sagrada: un domingo de alegría alcanza para aliviar el peso de todo lo demás y juntar impulso para volver a empezar.

Más notas