Cuando la apuesta juega contra el fútbol

Por Martín Aguirre

Una deuda que se multiplica, una sanción que deja a un jugador fuera de las canchas o una acción sospechosa que pone en duda la legitimidad de un partido. Las apuestas deportivas son un nuevo riesgo para el fútbol: los protagonistas ya no solo conviven con la presión de competir, sino también con un negocio capaz de comprometer sus carreras, sus vínculos personales y la credibilidad del deporte.

El fenómeno tiene diferentes caras. Algunas están relacionadas con futbolistas que apuestan pese a las prohibiciones reglamentarias; otras, con la adicción al juego y las consecuencias económicas que puede generar. También existen casos en los que se investiga o denuncia la manipulación de acciones deportivas para beneficiar apuestas. Aunque se cruzan, son problemas distintos y deben ser analizados por separado.

Una historia que expuso al fútbol argentino

En marzo de 2022, El Porvenir quedó en el centro de un escándalo que trascendió los resultados de la Primera C. El club denunció a cuatro futbolistas por presuntas maniobras destinadas a perjudicar al equipo en partidos oficiales. La investigación periodística describió ofrecimientos de dinero vinculados con goles en contra, penales y tiros de esquina deliberados. La Asociación del Fútbol Argentino anunció que investigaría los hechos denunciados y que intervendrían sus órganos disciplinarios.

Comunicado de El Porvenir luego de la denuncia hacia los jugadores involucrados en 2022.

El caso mostró una de las amenazas más delicadas para una competencia: cuando una acción que debería responder a una decisión deportiva puede estar condicionada por un interés económico externo. No se trata solamente de perder un partido, sino de comprometer la confianza de compañeros, rivales, hinchas y espectadores en aquello que sucede dentro de la cancha.. El Porvenir se convirtió así en un ejemplo de cómo las apuestas pueden dejar de ser un asunto individual para transformarse en una crisis colectiva.

El club quedó vinculado con dos episodios separados por tres años. En 2022, una denuncia del propio club expuso presuntas maniobras para perjudicar al equipo a cambio de dinero relacionado con apuestas, los jugadores involucrados terminaron rescindiendo su contrato y hubo una causa judicial que terminó con la condena del representante, Brian Simone, a seis meses de prisión en suspenso . En mayo de 2025, el caso volvió a ocupar la agenda: la AFA suspendió provisionalmente por 90 días a cuatro futbolistas brasileños de la institución y restringió la actividad de un representante serbio, en el marco de otra investigación por posibles arreglos de partidos. Dos episodios diferentes que volvieron a poner bajo la lupa la vulnerabilidad del fútbol de ascenso frente al negocio de las apuestas.

Sandro Tonali: una sanción que frenó su carrera

En el fútbol europeo, uno de los casos más resonantes fue el de Sandro Tonali. El mediocampista italiano, que había llegado al Newcastle United en 2023, recibió una suspensión de diez meses impuesta por las autoridades deportivas italianas por infracciones relacionadas con apuestas. La medida lo apartó de la competencia durante una parte sustancial de la temporada y tuvo consecuencias deportivas y profesionales.

Sandro Tonali, mediocampista de la selección de Italia.

Más tarde, la Federación Inglesa también sancionó al futbolista por 50 infracciones a sus reglas de apuestas, relacionadas con partidos de fútbol entre agosto y octubre de 2023, que él admitió. La resolución de mayo de 2024 estableció una suspensión adicional de dos meses, dejada en suspenso hasta el final de la temporada 2024/25, además de una multa de 20.000 libras y una advertencia.

Su historia permite plantear una pregunta incómoda: ¿qué sucede cuando un jugador que alcanzó la élite del fútbol queda involucrado en una conducta prohibida por las reglas de su profesión? Las consecuencias no se miden únicamente en dinero. También aparecen la ausencia de competencia, la pérdida de continuidad y la obligación de reconstruir la confianza en su entorno deportivo.

Lucas Paquetá: la diferencia entre una sospecha y una sanción

El caso de Lucas Paquetá, mediocampista brasileño del Flamengo, en ese entonces jugador del West Ham, aporta otra dimensión y exige una distinción fundamental. En 2024 fue acusado por la Federación Inglesa de intentar recibir deliberadamente tarjetas amarillas en cuatro partidos de la Premier League para influir en mercados de apuestas y beneficiar a terceros, ya que había apuestas relacionadas al jugador desde su isla natal en Brasil.

Paquetá negó las acusaciones. En julio de 2025, una comisión independiente determinó que los cuatro cargos principales no estaban probados. Sin embargo, sí consideró probados dos cargos relacionados con presuntos incumplimientos de sus obligaciones de colaborar con la investigación. La federación terminó advirtiendo al jugador por no responder preguntas ni proveer información del caso, además de tener que pagar el 10% de los costos legales del caso.

El desenlace de los cargos principales es importante: una acusación no equivale a una culpabilidad demostrada. Al mismo tiempo, el caso expuso la vulnerabilidad de mercados que permiten apostar sobre acontecimientos puntuales de un partido, como una tarjeta amarilla. Una acción aparentemente menor puede adquirir un valor económico ajeno al desarrollo deportivo y generar sospechas sobre la transparencia de la competencia.

Jonatan Gómez: cuando el juego deja de ser un negocio

En Argentina, la historia de Jonatan Gómez muestra otra cara del problema. El mediocampista, con pasado en Rosario Central y Racing, entre otros equipos, relató en 2026 las consecuencias personales de su adicción al juego. Según su testimonio y las denuncias difundidas públicamente, acumuló una deuda de 50.000 dólares vinculada con una plataforma clandestina de apuestas y denunció amenazas y exigencias económicas que habrían escalado hasta cifras mucho mayores.

Gómez habló del deterioro de sus vínculos personales y del impacto que la situación tuvo en su vida. “¿Si me asumo ludópata? Si… Yo hoy perdí todo. Estoy en un proceso con mi familia en la cual está casi destrozada”, dijo el jugador sobre el momento que vive con su familia. Su caso debe diferenciarse de los expedientes disciplinarios por apostar sobre partidos: el eje es la ludopatía, las deudas y la presunta extorsión denunciada, cuestiones que también requieren atención y seguimiento judicial. También dio una advertencia sobre cómo afecta esto: “Esto es una droga. Quiero que la gente también tenga claro que esto es como una droga silenciosa.”

Su experiencia rompe con la idea de que un futbolista profesional, por tener ingresos elevados, está protegido frente a los riesgos del juego. La disponibilidad permanente de plataformas digitales, la posibilidad de apostar a cualquier hora y la expectativa de recuperar el dinero perdido pueden alimentar una espiral difícil de detener. El acceso al dinero no elimina la vulnerabilidad ni garantiza que una persona pueda controlar una conducta compulsiva.

Un problema que excede los nombres propios

Los casos de Tonali, Paquetá, Gómez y El Porvenir no son idénticos. En uno hay sanciones por infracciones a las reglas de apuestas; en otro, acusaciones principales que no fueron probadas; en otro, un testimonio sobre adicción y presuntas extorsiones; y en el último, denuncias de posibles maniobras para perjudicar a un equipo.

Precisamente en esas diferencias está la dimensión del problema. La discusión no puede reducirse a castigar a un jugador cuando aparece un escándalo. También exige prevención, educación sobre las reglas, canales de ayuda para quienes sufren adicción y mecanismos eficaces para detectar posibles intentos de manipulación.

El fútbol convive, además, con una presencia comercial cada vez más visible de las apuestas, lo que vuelve necesario discutir qué mensajes reciben los jugadores y los hinchas, y qué controles existen para proteger la competencia. Cuando el interés por ganar dinero empieza a condicionar decisiones que deberían tomarse exclusivamente en función del juego, lo que está en riesgo no es solo una carrera profesional: es la confianza que sostiene al deporte.

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