Por Juan Francisco Testa
Los grupos empresarios expanden sus redes por distintos países y cambian la forma de
gestionar el fútbol. Aunque FIFA y UEFA cuentan con reglas para evitar conflictos de
intereses, la multipropiedad sigue planteando dudas sobre la independencia de los
clubes.
Durante mucho tiempo, lo habitual era que cada club tuviera sus propios dirigentes,
socios o empresarios a cargo de las decisiones. Sin embargo, con el crecimiento del
negocio y la llegada de inversiones internacionales, esta situación cambió. Cada vez
son más los grupos que tienen participación en varios equipos sin discriminar país o
competencia.
Este modelo se conoce como multipropiedad o multi-club ownership (MCO). Consiste
en que una misma persona, empresa o grupo inversor es dueño de varios clubes o tiene
influencia sobre sus decisiones. Esto permite aprovechar recursos, invertir en distintos
mercados y acompañar el desarrollo de los futbolistas dentro de una misma estructura
entre otros beneficios económicos.
Como muestra del crecimiento de éste modelo de gestión, ya había más de 340 clubes
relacionados con estructuras de multipropiedad a finales de 2023.
FIFA y UEFA: ¿Regulación?
La multipropiedad no está regulada por un solo organismo. FIFA y UEFA tienen
reglamentos distintos y actúan en sus propias competiciones, por lo que es importante
diferenciar qué establece cada una.
Uno de los casos más importantes para FIFA ocurrió en 2025, antes del primer
Mundial de Clubes que se disputó con el nuevo formato de 32 participantes. El
artículo 10 del reglamento establecía condiciones relacionadas con la propiedad de los
clubes para definir qué equipos podían participar.
El 21 de marzo de 2025, la Comisión de Apelación de FIFA determinó que Pachuca y
León no cumplían con esos requisitos. Por ese motivo, León quedó excluido del
torneo y su lugar fue ocupado por Los Ángeles FC tras disputar un play in contra el
América de México. El caso dejó en claro que clasificarse dentro de la cancha no
siempre garantiza la participación en un torneo. También es necesario cumplir con las
reglas que buscan evitar que dos clubes estén bajo una misma influencia.
Además dejó en evidencia que cambiar formalmente la estructura de propiedad no
siempre garantiza que dos clubes actúen de manera independiente caso contrario a lo
que sucedió con el Manchester City y Girona.
UEFA, por su parte, aplica el artículo 5 de los reglamentos de sus competiciones. La
norma busca evitar que una misma persona o entidad controle o tenga una influencia
decisiva sobre más de un equipo que participa en el mismo torneo. Para analizar cada
situación, se tienen en cuenta cuestiones como los derechos de voto, la elección de
dirigentes y la participación en las decisiones deportivas y administrativas.
Uno de los casos más llamativos en los que la UEFA intervino es el del Crystal Palace
y el Lyon. En la temporada 2024/2025 ambos equipos clasificaron a la Europa
League, el conjunto francés por quedar 6to en su liga mientras que el equipo inglés
obtuvo su plaza tras ganar la FA Cup.
Ambos clubes pertenecían al mismo grupo y se decidió que el Crystal Palace dispute
la conference league, competición de la cual paradójicamente terminaría
consagrándose campeón por su parte el Lyon disputó la Europa League.
Los mecanismos para cumplir las reglas
Uno de los principales problemas para los organismos reguladores es comprobar si
dos clubes son realmente independientes. No alcanza con observar quién figura como
propietario: también hay que analizar quién toma las decisiones y qué influencia
conserva el grupo inversor.
En 2024, UEFA tuvo que revisar los casos de Manchester City y Girona, vinculados al
City Football Group, y de Manchester United y Nice, relacionados con INEOS. Los
cuatro equipos habían conseguido clasificarse para competiciones europeas, pero sus
vínculos de propiedad generaban dudas sobre si podían participar al mismo tiempo.
UEFA aceptó la participación de los cuatro clubes después de que se realizaran
cambios en sus estructuras de propiedad, gobierno y financiación. Entre las medidas se utilizó un mecanismo conocido como blind trust, en el que las acciones quedan bajo
la administración de responsables independientes.
Además, los inversores dejaron de tener representación directa en los órganos de
dirección de los clubes involucrados y tuvieron límites para intervenir en las
decisiones deportivas o aportar financiación adicional. También se establecieron
restricciones para las transferencias de jugadores entre esos equipos, los acuerdos de
cooperación y el uso compartido de información de scouting durante el período que
fijó UEFA.
Estas condiciones fueron aceptadas para la temporada 2024/25 y no significan que
cualquier grupo pueda controlar varios clubes sin restricciones. En algunos casos, las
normas no obligan a vender una institución, pero sí exigen que el propietario deje de
intervenir temporalmente en determinadas decisiones.
La duda es si estos cambios alcanzan para garantizar una independencia real. Para
comprobarlo, hay que observar cómo funcionan los clubes, quién toma las decisiones
y si se cumplen las condiciones establecidas.
Una red de clubes bajo una misma estructura
Uno de los ejemplos más conocidos es City Football Group, el grupo relacionado con
Manchester City que también participa en clubes como Girona, New York City FC y
Melbourne City. Otra estructura importante es la de Red Bull, que incluye a RB
Leipzig, Red Bull Salzburg y Red Bull Bragantino, entre otros equipos.
Estas redes pueden servir para detectar talentos y darles oportunidades de crecer. Un
jugador puede debutar en un club, sumar experiencia y después pasar a otro equipo de
la misma estructura para competir en una liga más exigente. Además,como ya se
mencionó anteriormente los clubes pueden compartir conocimientos, tecnología,
recursos comerciales y planificación.
El modelo también permite a los grupos invertir en distintos mercados y repartir sus
riesgos económicos. Sin embargo, aparecen algunas preguntas: ¿qué pasa cuando los
intereses de dos clubes del mismo grupo se enfrentan? ¿Cómo se garantiza que los dos
compitan con independencia?
La multipropiedad no significa que exista una irregularidad en todos los casos. El
conflicto puede aparecer cuando la relación entre los clubes incumple las reglas, afecta la competencia o pasa por alto los intereses del club para priorizar los del grupo
en general.
Conflictos de transferencias: Chelsea y Estrasburgo
La relación entre Chelsea y Racing Club de Estrasburgo permite ver otro aspecto de la
multipropiedad: el movimiento de jugadores entre clubes que tienen el mismo
propietario. Los dos forman parte de BlueCo, el consorcio que compró Chelsea en
2022 y tomó el control del equipo francés en 2023.
Desde entonces, hubo excesivos movimientos de futbolistas entre ambas instituciones,
tanto a través de préstamos como de transferencias definitivas. Algunos ejemplos son:
Andrey Santos, Valentín Barco, Diego Moreira, Emmanuel Emegha, Mamadou Sarr
hasta el técnico Liam Rosenior tras un buen pasar por el club francés llegó al conjunto
de Londres.
Si bien este tipo de operaciones puede ayudar a que los jóvenes tengan más minutos y
experiencia en distintas ligas, el problema aparece cuando un club sirve como cantera
del otro, es cierto que el Racing de Estrasburgo se ve beneficiado al recibir jugadores
del Chelsea a préstamo (Anselmino, Kendry Páez etc) o en condición de libre (caso
Ben Chillwell) pero si sus jugadores o incluso directores técnicos tras una buena
campaña son sistemáticamente transferidos al Chelsea esto no permite que el club se
desarrolle de manera natural. ¿hasta qué punto Estrasburgo puede construir un
proyecto propio si sus jugadores y entrenadores pueden terminar en Chelsea?
Al grupo empresarial esto no le importa mucho ya que económicamente es un recurso
muy útil pero ¿cuál es la postura de los fanáticos ante esta situación?
El problema para los hinchas de Estrasburgo no pasa solamente por la llegada o salida
de jugadores, sino por la sensación de que las decisiones más importantes del club
pueden estar condicionadas por las necesidades de Chelsea. Uno de los casos que
generó mayor malestar fue el de Emanuel Emegha, una de las figuras del equipo y
capitán, cuya llegada al conjunto inglés fue anunciada para 2026. Para una parte de los
aficionados, esto representa un límite a las aspiraciones del club francés: desarrollar a
un futbolista, convertirlo en una figura y después verlo partir hacia otra institución de
la misma estructura.
Conflictos económicos: Lyon y Botagofo
La multipropiedad también puede generar problemas cuando los intereses económicos
de los clubes de una misma red dejan de coincidir. Esto ocurrió en la relación entre
Olympique Lyonnais y Botafogo, dos instituciones vinculadas a Eagle Football, el
grupo liderado por John Textor.
El 24 de junio de 2025, la Dirección Nacional de Control y Gestión del fútbol francés
(DNCG) decretó el descenso administrativo del Lyon a la segunda división por su
situación financiera. La medida evidenció las dificultades del club para cumplir con
las exigencias económicas del organismo y generó dudas sobre la capacidad del grupo
para sostener a sus distintas instituciones. Lyon anunció que apelaría la sanción.
El problema no se limitó a las cuentas del club francés. Eagle Football tenía acuerdos
de cooperación financiera y circulación de recursos entre sus instituciones. En agosto
de 2025, Botafogo comunicó que buscaría recuperar dinero prestado a otras entidades
de la red y que podía tomar medidas legales si esos pagos no se concretaban.
Esta situación mostró una de las mayores debilidades del modelo, compartir recursos
puede ayudar a financiar proyectos y facilitar inversiones, pero también puede hacer
que los problemas económicos de un club afecten a los demás. Si una institución
atraviesa una crisis, el dinero de otra puede quedar comprometido por acuerdos que
van más allá de sus propias necesidades y aquí nuevamente surge la misma cuestión
sobre los hinchas, el dinero que genera su club deja de estar destinado únicamente a
sus propias necesidades. Los ingresos por ventas de jugadores, premios deportivos o
acuerdos comerciales son recursos que podrían utilizarse para reforzar el equipo,
mejorar las instalaciones o sostener el proyecto deportivo pero cuando existen
compromisos financieros con otros clubes del mismo grupo esto puede dejar de ser
así.
Además en abril de 2026, Botafogo inició acciones judiciales para reclamar al Lyon
sumas vinculadas a operaciones realizadas dentro de la estructura de Eagle Football.
Nuevas interrogantes
La multipropiedad se convirtió en una parte importante del negocio del fútbol. Para
quienes la defienden, permite atraer inversiones, mejorar la formación y darles más oportunidades a los jugadores. Para quienes la cuestionan, puede concentrar
demasiado poder económico y deportivo, reducir la autonomía de los clubes y generar
conflictos difíciles de controlar.
Mientras los grupos siguen expandiéndose, FIFA, UEFA y las autoridades de cada
liga tienen el desafío de adaptar sus reglas a una estructura cada vez más compleja.
Los casos de Pachuca y León, Chelsea y Estrasburgo, y Lyon y Botafogo muestran
que la multipropiedad puede tener consecuencias que van mucho más allá de la
administración de los clubes. Un equipo puede quedarse afuera de una competición,
perder a sus principales figuras o quedar involucrado en disputas económicas con otra
institución de la misma estructura. En todos esos casos, los perjudicados son los
hinchas y los que se enriquecen son los empresarios.
La multipropiedad puede generar inversiones y nuevas oportunidades, pero también le
quita principios fundamentales al fútbol como la identidad y la autonomía de los
clubes: ¿qué lugar ocupan los hinchas cuando los intereses de su institución pasan a
formar parte de una estrategia empresarial que incluye a otros equipos? Porque un
club no es solamente una inversión ni un activo dentro de una red internacional. Los
clubes económicamente son tratados como empresas pero no se debería dejar de lado
que también representan una historia, unos valores y una identidad que no siempre
coinciden con los objetivos de sus propietarios.





