El cuerpo cambia, el deseo de entrenar permanece

Por Jonás Basin

Hay cosas que hacemos sin pensarlas demasiado. Salir a correr, patear una pelota, ir al gimnasio o encontrarnos con amigos para jugar. Son parte de la rutina, hasta que un día dejan de serlo. No siempre sabemos cuánto significa algo para nosotros hasta que nuestra vida cambia y tenemos que aprender a relacionarnos con eso de otra manera.

Abril Alfaro tenía 14 años cuando sufrió un infarto medular que la dejó en silla de ruedas. Después vino la rehabilitación, un proceso largo en el que tuvo que adaptarse a una realidad que no había elegido. Con el tiempo, el entrenamiento empezó a ocupar un lugar importante en su vida. Y ahí aparece una pregunta que no se termina en su historia: ¿cómo vuelve a encontrarse con el deporte alguien cuyo cuerpo ya no responde como antes?

Para muchos, entrenar es más que hacer actividad física. Es una rutina, pertenencia, una manera de despejar la cabeza o una parte de la identidad. Cuando aparece una discapacidad, todo eso puede ponerse en juego. Cambian los movimientos, los tiempos y los objetivos. A veces hay que dejar atrás lo conocido y empezar de nuevo, sin tener muy claro cómo va a ser el camino.

Pero volver no siempre significa hacer lo mismo que antes. Puede ser aprender un movimiento, probar una disciplina diferente o descubrir que todavía hay un lugar para aquello que parecía perdido. El deporte también está ahí, en esas primeras veces, en los avances que quizás nadie más nota y en las ganas de seguir intentando.

Claro que no todo depende de las ganas. Contar con espacios accesibles, entrenadores preparados y actividades adaptadas puede hacer una diferencia enorme. Las oportunidades para entrenar no deberían depender de que cada persona tenga que encontrar, por su cuenta, la manera de hacerlo.

La historia de Abril también nos lleva a pensar en algo que solemos dejar para después: nadie sabe qué puede pasar mañana. Hoy nuestro cuerpo nos permite hacer cosas que parecen garantizadas, pero la vida puede cambiar de un momento a otro. No se trata de vivir con miedo, sino de dejar de dar por sentado lo que tenemos y aprender a valorar las posibilidades que nos da el movimiento.

Abril es un ejemplo para el mundo porque su historia nos invita a mirar más allá de lo que una persona ya no puede hacer. Nos obliga a preguntarnos qué caminos siguen abiertos, qué cosas pueden descubrirse y cuánto nos falta entender sobre las distintas maneras de vivir el deporte.

Quizás entrenar no sea siempre correr más rápido, levantar más peso o volver al nivel de antes. A veces, se trata simplemente de encontrar una forma propia de seguir en movimiento. Y eso también merece ser contado.

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