Por Francisco Gomila
“Me encanta, tiene una gamuza en el pie izquierdo”.
Esta frase fue dicha por ni más ni menos que Diego Armando Maradona, cuando en una entrevista realizada por TyC Sports en 2019 se le había preguntado quién era el mejor jugador del fútbol argentino por ese entonces. Había muchos jugadores a quienes pudo haber descrito con esa característica, pero era explícitamente dirigida a quien en ese momento usaba la camiseta número 26 del Club Atlético River Plate, el volante zurdo Ignacio Martín Fernández.
Esa declaración no pesó precisamente poco para el que actualmente, a sus 36 años, porta la cinta de capitán del Club de Gimnasia y Esgrima de La Plata. Desde muy chiquito siente una profunda admiración y devoción por el ídolo popular argentino, al punto de quebrarse la voz y emocionarse hasta las lágrimas cada vez que lo nombra en las entrevistas que brinda. Más teniendo en cuenta el emotivo sentimiento que simboliza Maradona para Gimnasia, tras su paso como director técnico en 2019-2020.
Se podría decir, de igual manera, que Diego se quedó corto para describir a Nacho. Desde sus inicios en Gimnasia en 2010 hasta su vuelta al club en 2025, se observa a un mediocampista con una amplia gama de recursos para generar juego alrededor de toda la cancha, con una visión de juego muy destacada debido a su gran precisión en los pases largos y cortos y su capacidad para aparecer en el área rival y poder retroceder para recuperar pelotas en campo propio.
Su estado físico lo favorece para jugar de esta forma; ya que se trata de un hombre alto de 1,82 metros, de peso ligero de 70 kilos y con una zurda privilegiada, ideal para los remates de larga distancia y la pelota parada; no por nada el tipo con la zurda más emblemática del país lo destacó por su buen pie. Tuvo pasos muy destacados fuera de la institución platense, como en River que fue una figura fundamental para ganar la recordada Copa Libertadores 2018 y el subcampeonato del mismo certámen en 2019; en Atlético Mineiro también dejó una muy buena imagen tras haber conquistado tres títulos nacionales y dos regionales en tan solo dos años en el Galo.
Sin embargo, su vínculo con Lobo es único. Con 36 años, ya con toda la experiencia tras su espalda, es la figura absoluta de un equipo que todas las temporadas mira hacia el horizonte en busca de un tan ansiado título, que siempre termina esfumándose por detalles. Hoy, Nacho es la viva materialización de la ilusión de los hinchas Triperos, y se demuestra cada vez que el tipo pisa el césped del Juan Carmelo Zerillo.
Cada pase en profundidad, cuando retrocede a toda velocidad para defender un contragolpe, sus pegadas desde fuera del área, siempre que va de frente a reclamarle a los árbitros, sus conversaciones con los chicos, a quienes se los ve motivados al escucharlo; y sus festejos besando su cinta con la imagen de Diego, que afirma que los guía, son muestras tangibles del afecto incondicional que posee hacia el fútbol y al club platense. Y amor, con amor se paga; siempre que se acerca a alguna esquina del Bosque a tirar un córner, los fanáticos Basureros lo reciben con una ovación estremecedora llena de coros y aplausos.
Nacho Fernández es uno de esos personajes que empiezan a escasear en un deporte cada vez más invadido por el individualismo, potenciado por las apuestas y las redes sociales. Un jugador de oficio hecho y derecho, respetado hasta por sus propios rivales; y que el recuerdo del Diego lo potencia cada vez que entra en contacto con la redonda, como nutriéndose de lo bien que alguna vez la trató el D10S.





