Por Diego Kviatek
Zoe Morella Gorski todavía no termina de asimilar que está a punto de competir en unos Juegos Olímpicos. La atleta argentina de 16 años se prepara para representar al país en los 3000 metros de Dakar 2026, después de una temporada en la que consiguió dos medallas en los Juegos Suramericanos de la Juventud de Panamá.
Antes de descubrir su pasión por el atletismo, Zoe jugaba al hockey y ni siquiera imaginaba que algún día se dedicaría a correr. Una profesora de Educación Física que descubrió su talento, momentos de frustración y una firme decisión de mantener su alimentación vegana marcaron el recorrido de la adolescente, que ahora se prepara para afrontar el desafío más importante de su carrera deportiva.
Una clasificación (in)esperada
La clasificación de Zoe Gorski a los Juegos Olímpicos de la Juventud llegó en cuotas. Su entrenadora, Ariana Urfini, le contó sobre la posibilidad de participar, pero aún no existía la confirmación. Fueron tiempos de incertidumbre para ella y su familia. Zoe, precavida, prefirió no dar nada por seguro para evitar una posible desilusión. “Hasta último momento, cuando me lo confirmaron, no lo tenía tan en cuenta porque no me quería desilusionar”, reconoció la representante argentina en los 3000 metros llanos.
Cuando Urfini recibió la convocatoria oficial y le comunicó la noticia, ambas empezaron a saltar de la emoción. Sin embargo, la reacción familiar fue mucho más tranquila. Sus padres siempre habían confiado en que conseguiría la clasificación y, cuando finalmente llegó la ratificación, la recibieron con menos sorpresa que su hija.
Actualmente, Gorski se encuentra entrenando en Cachi junto a Irene Pernía, otra de las atletas argentinas que participará en los Juegos, y los entrenadores Ariana Urfini y Martín Méndez. “Estoy en Cachi y es como que no sé ni para qué estoy entrenando”, contó entre risas Zoe, que todavía no termina de asimilar que, poco después de regresar a Buenos Aires, viajará a Senegal para vivir su primera experiencia olímpica.
Será la primera vez que la deportista de 16 años viaje fuera del continente y lo hará como representante argentina. Aunque le ilusiona conocer un lugar nuevo, lo que más la entusiasma es la posibilidad de competir contra corredoras de todo el mundo y conocer cómo se preparan. Su objetivo no está centrado en conseguir un puesto específico, sino en mejorar su marca personal y disfrutar de la experiencia.
Un talento descubierto en el colegio
El recorrido deportivo de la adolescente comenzó a los cuatro años, aunque lejos de una pista de atletismo. Jugaba al hockey en la escuelita de su colegio, pero ella misma reconoce que no era demasiado buena. Con el paso de los años, empezó a combinar los partidos con las competencias de atletismo, hasta que las fechas comenzaron a superponerse. A eso se sumaron las dificultades para trasladarse hasta el club Almirante Brown, donde comenzó a jugar su equipo. Finalmente, decidió dejar el hockey y concentrarse en las carreras.
En primer año de secundaria, Zoe conoció a quien se convertiría en una figura clave de su carrera deportiva: Ariana Urfini, su profesora de Educación Física. Al principio se probó en las carreras de velocidad, pero los resultados no la acompañaron. Sus padres la alentaron a pedirle a la profesora que la dejara intentar distancias más largas y, cuando su curso participó en los Juegos Bonaerenses, llegó a la final de mediofondo. “Yo clasifiqué en mediofondo sin entrenar y, como llegué a la final, empecé a entrenar”, recordó la joven deportista sobre sus primeros pasos en el atletismo, cuando Ariana descubrió sus condiciones y comenzó a entrenarla.
Pero no todo fue sencillo desde que comenzó a practicar atletismo. Las frustraciones acumuladas durante algunas competencias llegaron a hacerla dudar de su continuidad. “El año pasado pensé en tomarme un break porque me había frustrado mucho. No me estaba yendo como yo quería en algunas competencias”, reveló Gorski. Sin embargo, la pretemporada de verano fue muy importante y la ayudó a recuperar las ganas de seguir compitiendo.
Este mismo año, en los Juegos Suramericanos de la Juventud de Panamá, la atleta argentina tuvo una de sus actuaciones más destacadas a nivel internacional. Ganó la medalla dorada en los 3000 metros, donde también estableció un nuevo récord de los Juegos. Sin embargo, la carrera que más disfrutó fue la de los 1500, en la que se quedó con la plateada y mejoró su marca personal. Pero, a pesar de haber conseguido su mejor marca, Zoe no pudo evitar exigirse todavía más. “Terminé y esa misma noche dije: ‘¿Y si no lo puedo volver a repetir?’. Es algo que tengo que trabajar”, contó la corredora, quien reconoció que Ariana la ayuda a relajarse y manejar esa presión. Y la frutilla del postre de su gran participación en Panamá fue el reconocimiento por parte del Comité Olímpico Argentino, que la eligió para ser la abanderada de la delegación argentina en la ceremonia de clausura, junto a Valentín Olmos.

El desafío de competir siendo vegana
Pero las dificultades de Zoe no se limitaron a las pistas. A los 10 años comenzó a interesarse por el vegetarianismo, después de investigar y ver videos sobre cómo y cuánto sufrían los animales. “¿Por qué ellos tienen que sufrir?”, se preguntó en aquel momento. Con el tiempo, decidió dar un paso más y se hizo vegana, una elección que mantuvo a pesar de los múltiples cuestionamientos que recibió.
“Mucha gente me cuestionó y me dijo que en algún momento iba a volver a comer carne, pero yo estoy enfocada en que no”, aclaró Gorski con convicción. Incluso contó que muchas personas le ponían como ejemplo a quienes habían sido veganos, luego vegetarianos y finalmente habían vuelto a consumir carne. Sin embargo, esos comentarios nunca lograron hacerla cambiar de opinión.
Durante estos años, la joven atleta tuvo que cambiar de nutricionista varias veces porque algunas no estaban de acuerdo con su alimentación. “Más de chiquita me decían: ‘Al menos una vez por semana comé algo’. Y yo, tipo: ‘¡No!’”, recordó Zoe. Finalmente, encontró una nutricionista especializada en deporte que también es vegana y que la ayudó mucho.
Cuando está en las competencias, no tiene muchas opciones de comida vegana, por lo que debe ingeniárselas para poder seguir respetando su propia decisión. Estas experiencias influyeron directamente en lo que quiere hacer en el futuro: estudiar Nutrición y especializarse en alimentación deportiva y veganismo.
Aquella Zoe de cuatro años que jugaba al hockey difícilmente hubiera imaginado que, doce años después, estaría a punto de representar a Argentina en unos Juegos Olímpicos de la Juventud. “Nunca me hubiese imaginado competir contra otros países”, reconoció la adolescente, que tiempo atrás se sorprendía al ver a otras chicas competir a nivel nacional. Hoy es ella quien se prepara para medirse con atletas de todo el mundo. Y si pudiera volver a encontrarse con aquella pequeña Zoe, le daría un consejo sencillo: que siga haciendo lo que disfruta, sin imaginar hasta dónde puede llegar.





