Ángel “Tito” Deldo: el campeón del Mundial de fútbol para ciegos que aprendió a jugar en la oscuridad 

Por Felipe Campanelli

Los jugadores avanzan detrás de una pelota que lleva cascabeles en su interior y que obliga a convertir el oído en su mirada. Desde afuera de la cancha, puede parecer que alcanza con escuchar, pero desde adentro hay que saber dónde está la pelota, calcular la distancia, reconocer la voz del compañero, anticipar al rival y decidir en apenas un instante. Todo ocurre en una cancha de cuarenta metros de largo y veinte metros de ancho, pero para Ángel Deldo hay algo que empezó mucho antes. Antes de ser el actual capitán de la selección masculina de fútbol 5 para ciegos de Argentina, antes de conseguir sus medallas de plata en Toronto 2015, Tokio 2020 y París 2024, y el bronce en Río 2016, y del campeonato mundial en Birmingham, estuvo Tito.

Ángel Ricardo Deldo García nació el 1 de octubre de 1987 en Barranqueras, Chaco. Creció con una retinopatía que hizo que su visión se deteriorara progresivamente. “Lo que más nos dolía era verlo alejarse del fútbol que había sido tan importante para él, nuestros viejos sentían que habían fallado en su crianza que no era su culpa”, contó su hermano mayor, Diego Deldo. Tenía alrededor de 18 años cuando quedó totalmente ciego. No significó sólo dejar de ver, sino también dejar de hacer muchas cosas que hasta entonces parecían sencillas. Entre ellas estaba jugar al fútbol, como lo había hecho durante su infancia con los chicos de Barranqueras en Don Orione, un club de barrio de la localidad chaqueña. Por un tiempo, el deporte que había formado parte de su vida pareció quedar atrás.

En 2007 se acercó a la Asociación Chaqueña de Deportistas Ciegos (Achadec) y comenzó a jugar fútbol para ciegos. La pelota había cambiado. Ya no era necesario verla para perseguirla, porque ahora tenía un sonido que podía seguirse. También había que aprender una nueva manera de moverse, orientarse y confiar en los demás. Recién entonces empezó a aparecer el futbolista que catorce años después llevaría la cinta de capitán de la Selección Argentina. Deldo llegó a Los Murciélagos en 2010 y la camiseta argentina se convirtió en una parte permanente de su vida.

Deldo ya había aprendido a ganar antes del mundial de Birmingham de 2023. En 2015 consiguió el oro en los Juegos Mundiales IBSA de Seúl. Después llegó el bronce paralímpico en Río de Janeiro del 2016. Y en Tokio 2020 Argentina volvió a subir al podio con una medalla de plata. Pero todavía faltaba una Copa del Mundo. En 2023, el Mundial de Birmingham reunió todo aquello. Argentina eliminó a Italia en cuartos y a Colombia en semifinales, hasta llegar a una final frente a China. Los penales decidieron el Mundial y Argentina ganó 2-1. Los Murciélagos volvieron a ser campeones del mundo y Deldo consiguió la Copa que había perseguido durante toda su carrera.

Pero la fotografía de Birmingham no cuenta la adolescencia en Barranqueras. No cuenta la pérdida progresiva de la visión ni el momento en que el fútbol que conocía dejó de ser posible. Tampoco cuenta aquella primera etapa en la Achadec, cuando una pelota con sonido le permitió volver a acercarse a un deporte que parecía haber quedado atrás. Después de Birmingham, el entrenador Claudio Falco no quiso que la Copa funcionara como punto final. “Ganar el Mundial fue un orgullo y nos dio un respaldo, pero el equipo y el cuerpo técnico mantienen las ganas intactas de seguir creciendo”, dijo el entrenador.

En 2024 volvió a competir en los Juegos Paralímpicos de París. Argentina llegó nuevamente a una final y perdió 3-2 por penales ante Francia, por lo que obtuvo la medalla de plata. Deldo seguía allí, con la misma camiseta y la misma cinta que había llevado durante tantos años. En 2025, con 38 años, continuaba siendo capitán de Los Murciélagos y uno de los referentes históricos de la disciplina.

“Mi hermano es un campeón. No importa si tiene o no medallas: él ya es y será un ganador”, afirmó Diego. En Barranqueras nació Ángel Ricardo Deldo García, aunque para su familia siempre fue Tito. Desde chico, el fútbol estuvo cerca, primero como un juego y después como una parte cada vez más importante de su vida. Mientras su visión comenzaba a apagarse, la pelota seguía presente. Cuando ya no pudo jugar como antes, tuvo que encontrar otra manera de hacerlo sin dejar atrás aquello que disfrutaba. 

La verdadera particularidad de Tito Deldo no es haber perdido la visión ni haber levantado una Copa del Mundo, sino haber encontrado su lugar dentro de una cancha. Durante casi dos décadas cambió de compañeros, recorrió países, ganó medallas y fue capitán de Los Murciélagos, pero la pelota siguió siendo parte de su vida. Hoy, cuando los cascabeles vuelven a sonar, Deldo no necesita verla para saber dónde está. Le alcanza con escucharla y correr detrás de ella, como lo hizo desde que entendió que el fútbol podía seguir siendo suyo, aunque tuviera que aprender a jugarlo de otra manera.

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