Por Francisco Catoia
Cada entrenamiento, cada decisión y cada charla técnica dentro de una institución deportiva está atravesada por palabras. Más allá de que el deporte es una actividad física que se rige por reglas y competencia, dentro de esta definición la comunicación cumple un papel protagónico. Pero, ¿se le da la importancia que se merece a la comunicación?
El pasado 17 de septiembre, Lionel Messi, publicó un mensaje dirigido a todos los atletas argentinos que estaban compitiendo en los Juegos Suramericanos 2026. Los felicitó por las medallas obtenidas y les envió ánimo a quienes todavía debían competir. El mensaje fue difundido por los canales oficiales de los Juegos y fue muy motivador para los competidores.
Mucho tiempo antes de que existiera el deporte moderno, hace casi tres mil años, los líderes de los guerreros entendían que antes de dar el primer golpe estaba la palabra, es decir, planificaban y resolvían conflictos a través del diálogo para transformar el ánimo de sus hombres antes de entrar en acción. Hoy, evidentemente, este mecanismo sigue respondiendo. La lógica sigue vigente: la competencia empieza antes del pitazo inicial, porque empieza con la comunicación.
A lo largo de la historia, numerosos acontecimientos han demostrado que la manera en la que se comunica un equipo puede influir tanto en su funcionamiento interno como en sus resultados deportivos y que el silencio puede ser sinónimo de desentendimiento y falta de convencimiento. En un mundo deportivo tan empapado de redes sociales, opinión pública y el acecho de ciertos medios, en muchos casos va a influir en el rendimiento del deportista. Entonces, una conversación, un grito o simplemente una palabra entre compañeros resulta una herramienta útil.
En la semifinal del Mundial de Brasil 2014 entre Argentina y Países Bajos, Javier Mascherano, futbolista del seleccionado albiceleste, arengó al arquero Sergio “Chiquito” Romero, antes de la definición por penales. Le dijo “hoy te convertís en héroe”. Luego de ese mensaje, el arquero sintió una inyección motivadora y efectivamente le terminó dando el pase a la final a su país.
En la final del Abierto de Estados Unidos de 1994, Brad Gilbert le pidió a su dirigido Andre Agassi que dejara de buscar la perfección y confiara en su juego. Horas más tarde, Agassi levantó el trofeo.
En los cuartos de final del Mundial de Brasil 2014, el entrenador Louis Van Gaal sorprendió al hacer ingresar al arquero suplente Tim Krul para la definición por penales. Antes del cambio le dijo: “Hazles sentir que sos el dueño del arco”. Krul atajó en dos ocasiones y clasificó a Países Bajos a las semifinales.
Diez minutos antes de la final del Mundial de Rugby de 1995, el presidente Nelson Mandela ingresó al vestuario de Sudáfrica con la camiseta de los Springboks y les dio un mensaje de aliento a los jugadores. Minutos después derrotaron a los All Blacks y se consagraron campeones.
Sin embargo, muchos entienden a la comunicación como algo secundario, mientras que la preparación física y la táctica ocupan un lugar más visible. Quizás, en los próximos años, habrá más espacio para trabajar el valor de las palabras como tópico fundamental en el armado de un equipo.





