La historia de Agustín Almada y su adicción: “En el restorán con mi novia miraba fútbol con el celular en un servilletero”

Por Paulina Ciezar, Segundo Nemoz, Benjamín Caloia y Farid Esper

Nacido en Uruguay, sufrió graves problemas con las apuestas y el juego por 12 años. Pero en el presente se desarrolla como mentor y creador de contenido en redes sociales para combatir los distintos vicios. 

Agustín Almada tuvo una vida con momentos de superación que puede inspirar a cualquiera que padezca los mismos conflictos que él atravesó. Su ludopatía inició en la adolescencia y se extendió a más de una década de duración, con experiencias particulares y muchos aprendizajes. En los últimos años todo cambió su rumbo y él empezó a dedicarse a ayudar a quien lo necesite, bajo la concepción de que no es chiste ninguna de las adicciones. Su rehabilitación ya es un éxito y es una persona que vivió estas situaciones en carne y hueso. A continuación, aparece presentada la entrevista que -con una gran disposición- nos brindó sobre cómo vivió a lo largo de estos años, estando sometido a esta adicción que cada vez más habitual se convierte.

– ¿Qué fue lo que sentís que te adentró al mundo de las apuestas?

– En los inicios fue todo por curiosidad. Yo era una persona a la cual le encantaban los deportes y que se pasaba mirando todo el fin de semana mucho fútbol y básquetbol. Eso hizo que, una vez que conocí una casa de apuesta local, me dieran ganas de apostar. En mi primera vez tenía 17 años. Me acuerdo que fueron 10 pesos uruguayos que me dieron mis padres, para comprarme la merienda del colegio, que en su momento costaba eso. Fue una apuesta sin ningún sentido, pero en realidad solo buscaba divertirme.

– ¿Eran apuestas online o en casino? ¿Qué tipo de apuestas realizabas?

– En realidad tuve de las dos facetas. En el casino tuve episodios bastante fuertes. Por ejemplo, ir un día a las tres de la tarde y salir a las diez de la noche, habiendo perdido completamente la noción del tiempo. También otros episodios en donde perdía todo, volvía a mi casa con un taxista al cual le pedía que espere abajo, y agarraba más plata para volver a ir. Eso último me pasó dos veces en un mismo día. Otra vez he ido con amigos y cuando una máquina me tiró el mismo número tres veces le pegué a la pantalla de la ruleta, la cual explotó, y por eso me llevaron a la comisaría, en un papelón. Eso fue a los 24, y ahí no pisé nunca más un casino. Pero lo que más aposté fueron apuestas deportivas por mi pasión al deporte. El tipo de apuestas eran combinadas, y después me puse a apostar quién iba a salir campeón del mundo o en partidos de la Copa Libertadores. La verdad me iba muy bien en eso, e incluso fue donde hice mi mayor despegue. Me acuerdo que le aposté a España campeón del mundo en 2010 y a Uruguay en la Copa América 2011. Los montos iban aumentando a medida que yo empecé a crecer. Pero el cambio más grande fue cuando pasé de una casa de apuestas local a una internacional y aposté todos mis ahorros a Alemania en el Mundial 2014, donde gané 14 mil dólares. A partir de eso empecé a hacer análisis de los equipos y sus partidos, y arranqué también a apostar a los córners, llegando a conseguir más de 60.000 dólares.

– ¿Hubo algún momento en el que una ganancia importante te hizo apostar todavía más veces? ¿Recordás la primera vez que sentiste que estabas perdiendo el control? ¿Las apuestas eran algo que ocultabas?

– Sí, siempre las ganancias fueron aumentando. Al principio eran 10 pesos, después con el Mundial de España fueron 1.500. Con Uruguay aposté 2.000 y con Alemania directamente pasé a 2.000 dólares. Incluso llegué a poner en juego 5.000 dólares y ahí es cuando ya estaba yo totalmente consumido por la enfermedad. Cuando llegó el momento que llegué a 66.000 dólares, ahí en ese entonces la plata que ganaba, la retiraba y la utilizaba para irme de viaje, salir a comer bastante seguido afuera o ir a comprarme ropa, pero sin dejar de apostar, por lo que literalmente vivía de eso. Empecé a verlo como un negocio que unía mi hobby (mi pasión por el deporte) y hacer plata, que me gustaba mucho, sintiendo entonces que la estaba haciendo re bien. Y así fue como fui llegando a ese monto, viéndolo así, porque incluso cuando perdía, simplemente esperaba la siguiente oportunidad. Pero un día, en el año 2016 o 2017, aposté cinco mil dólares a los tiros de esquina de un duelo de Newell´s contra Vélez Sárfield. Eso yo lo hacía de forma habitual, pero justo este partido fue en un contexto de mucha expectativa porque estaba cerca de llegar a los cien mil dólares. Esa jugada la perdí, y pensé “no puedo permitirme perderlo”, y entonces seguí arriesgando la plata no sólo hasta intentar recuperar lo perdido, sino que para conseguir la ganancia que anteriormente tenía la expectativa de conseguir. Ese cambio me trastocó porque en menos de tres días yo había perdido dieciocho mil dólares, y derivó en que mi cabeza vaya a mil, imposibilitándome dormir por tres noches seguidas que estuve literalmente despierto. Me giraban todos los pensamientos, y era algo que lo llevaba solo yo, porque decidía no hablarlo con nadie. Es una adicción muy silenciosa que no la compartís con ninguna persona. Por lo general, la gente cuenta únicamente las combinadas ganadas, pero no menciona todas las perdidas. Yo al principio no decía nada porque no veía a nadie que estaba en la misma que yo.

– ¿Llegaste a modificar tus rutinas, horarios o relaciones para poder apostar?

– Sí, obviamente. Recuerdo que cuando salíamos a cenar con mi novia de aquel entonces yo miraba los partidos en el servilletero del restaurante. Encima un encuentro que, perdón la palabra, me chupaba un huevo la verdad. Un partido de la liga mexicana, pero que lo estaba mirando porque le había apostado mil quinientos dólares. Claro, a mi novia que no entendía nada de fútbol, le decía que era un partido re importante. Y así me pasaba, era una locura. Hasta dejaba de hacer planes. Yo entrenaba en un gimnasio con un amigo por lo general a las tres y media de la tarde, y me acuerdo que, si había un partido importante, yo me quedaba en mi casa, encajándole una excusa a mi compañero para no ir con él. Lo mismo en los fines de semana: cuando mi familia se juntaba a almorzar o a cenar, si había una apuesta significativa que ver, no asistía al encuentro o sí iba, pero me quedaba pendiente al teléfono o incluso mirándolo. Todas situaciones en las que vos te preguntás, “¿cómo llegás hasta ahí?”

– ¿Qué estrategias utilizabas para conseguir dinero cuando ya no tenías disponible?

– Mirá, yo al principio, como te dije, me fue bastante bien, entonces las pérdidas se iban consumiendo únicamente de las ganancias que había conseguido. Después, más sobre 2019 o 2020, empecé a tener negocios, y ahí fue cuando paré de apostar un poco por estar cien por ciento enfocado en éstos. Pero como me empezó a ir bien, mi cabeza empezó a extrañar esa dopamina y esa adrenalina de ser parte del juego, y entonces nuevamente arranqué a apostar, pero esta vez jugándome el dinero de los negocios. Esto me provocó muchos problemas con la sociedad, teniendo que dejar de lado mi parte de ella. Más adelante, en 2022, me pasó que recibí una herencia de un departamento junto a mi hermano y a mi prima. Y entonces ese tercio del total que me había ingresado me lo terminé jugando todo. Además, también tuve deudas con amigos. Porque quieras o no lo que te pasa es que a medida que te vas enroscando, es como que, si tuvieras que ir tapando cada vez más agujeros constantemente, y en ese punto le pedís prestada plata a la persona que sea.

– ¿Cuál fue la primera consecuencia que te hizo darte cuenta de que el problema era serio y necesitabas ayuda? ¿Qué tipo de ayuda te resultó útil para dejar de hacerlo?

– La primera fue que realmente yo no me podía controlar. Me decía y me prometía a mí mismo que iba a dejar, que iba a parar, que ésta apuesta sería la última… pero siempre volvía. Tenía una dependencia muy salada. Incluso me acuerdo que en una gran parte mi vida giraba en torno a los calendarios deportivos, y hacía cosas durante el día solo para que pasara el tiempo más rápido. Estaba completamente consumido. Cuando me separé, en su momento, de la primera sociedad del negocio que tenía, sentí que toqué fondo, por el hecho de que no entendía cómo había pasado lo que me acababa de pasarme. Ahí fue cuando ingresé en el mundo del espiritualismo y del autoconocimiento, empezando a su vez a acudir de un montón de terapias de auto sanación y retiros espirituales. Eso me ayudó un montón, para dejar no sólo esa adicción, sino también otros vicios que yo ya tenía, y para conocerme un poquito más a mí. En 2022 entré a una terapia de PNL que me hizo muy bien, y justo a mediados de ese año me entero que oficialmente iba a ser padre, hecho el cual significó un clic para mí, porque dije “yo no puedo seguir así, no puedo mostrarle esta versión a mi hijo. Tengo que sanar y dejar todo esto atrás porque es una mierda”. Le pedí la tarjeta de crédito a mi madre para invertir 1750 dólares en dos mentorías con dos españoles para trabajar sobre mi mentalidad y mis creencias, ya que me había dado cuenta que, si quería resultados diferentes, tenía que tomar medidas distintas y caminos nuevos. Entonces ahí me enfoqué más en mis partes de heridas traumas y vacíos emocionales. Me ayudó un montón. En paralelo, me aislé cien por ciento de mi entorno y quedé solo con mi pareja. A su vez, logré cambiar mis hábitos: me empecé a levantar a las seis de la mañana, a leer (yo, que nunca había tocado un libro ni de casualidad), a meditar, a entrenar con una gran disciplina. Todas esas cosas fueron lo que a mí me transformaron por completo y que dejaron atrás esa etapa de mi vida.

La primera vez que reconocí que tenía dicha adicción, fue con esta terapeuta de PNL en 2022. Le dije, con una voz muy temblorosa y muerto de miedo: “mirá, tengo un problema serio con la ludopatía que me da hasta vergüenza y no sé cómo hablarlo por tantas cosas que tengo en la cabeza. Yo había acumulado mentiras, y un montón de cosas durante muchos años que me hicieron sentir culpa y arrepentimiento, y en situaciones así no podés ni abrirte con tus más cercanos. Así que cuando dije eso se sintió como sacarme una mochila de mil kilos, y fue el momento en el que empecé a trabajar fuerte. Yo creo que dejar todo atrás fue por fuerza de voluntad y también por el hecho de tener una razón o un por qué para mejorar. Fue importante sumar los hábitos que no tenía: hoy la gente quiere, pero no está dispuesta a cambiar su forma de pensar, a trabajar, a incomodarse. Esto es lo más difícil de todo, porque la gente quiere lo fácil, cómodo, rápido, pero para mejorar opino que se necesita todo lo contrario.

– ¿Cómo empezaste a ayudar a otras personas que sufren ludopatía después de haber atravesado vos mismo esa experiencia?

– En realidad no era mi intención en sí acompañar procesos. Lo que yo sí sentía era que quería contar mi historia de vida. Escuchaba una voz interna que me lo decía y que me motivó a compartir todo lo que me había ocurrid. Y al principio realmente me daba mucha vergüenza, no me imaginaba hablando frente a una cámara y tenía mucho miedo al qué dirán. Pero esa voz era muchísimo más fuerte, y yo al estar tan conectado con el mundo espiritual y con la intuición, pensé que si estaba recibiendo estas señales tenía que hacerlo. En los inicios de 2026 entonces di a conocer mi historia a través de videos en redes. Desde el primer video ya había empezado a recibir un montón de mensajes, porque es infinita la cantidad de gente que está con este problema. Y como te dije anteriormente, al ser una adicción silenciosa, abrazás a la primera persona que sentís que te puede mirar y escuchar sin juzgar. Entonces así la gente comenzó a pedirme que los ayude y a preguntarme que cómo podía colaborarles. Yo aprendí algo en mis mentorías, desde que arranqué en el 2022 y todos los años siguientes, ya que a día de hoy sigo todos los años invirtiendo en mí (siento que esa es la única forma de crecer). Una de mis mentores me recomendó que todo lo que hiciera yo lo cobrara, no solo por tu tiempo, sino para que el receptor lo valore. Lo que das gratis la gente no te lo valora. Incluso los consejeros más caros de todos (los high ticket), te dicen que las sesiones no se graban, para que la atención y energía del paciente estén puestas en las dos o tres horas en las que el mentor está hablando. Si podés tener la grabación, quizás estas distraído con el celular sin estar enfocado en lo importante. En cambio, si vos tenés solamente una oportunidad para escuchar y retener no te queda otra que focalizar ahí, y eso trato de trasladarle a la gente que me escribe.

– Por haber pasado 13 años apostando, ¿hay situaciones o comportamientos que reconocés rápidamente en las personas que ayudás?

– Algo que me destacan mucho es la claridad con la que manejo las cosas y el cómo logro entender a las personas, porque yo creo que está el psicólogo, el psiquiatra, que pueden acompañar estos procesos porque estudiaron, pero en realidad ellos sólo tienen la teoría, el librito. No hay nada como la experiencia y haberlo vivido en carne propia para entender cada proceso, cada etapa de la adicción. Entonces yo ya sé, cuando alguien me escribe, si me escribe porque realmente quiere cambiar o porque siente culpa, vergüenza y arrepentimiento. Yo ya sé las excusas que va a poner posteriormente. Sé cómo es su forma de pensar, sé cómo piensan antes de una recaída, y absolutamente todo. Entonces se me hace muy fácil entender los patrones de comportamiento porque, en realidad, aunque los casos no sean exactamente siempre los mismos, los patrones son claramente muy repetitivos.

En una época llena de publicidad relacionada al juego y con casinos y casas de apuestas a mano para cualquiera que desee participar, cada uno debe cuidarse, no sólo actuando con precaución, sino que también conociendo ejemplos como estos. Agustín Almada y su actual rol como acompañante en procesos de recuperación pueden ser de gran ayuda para personas que estén conociendo este mundo, o que ya estén ingresados con naturalidad. 

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