Por Ignacio Aron Pool
Argentina Sub 19 empató 0-0 ante Paraguay en la final de los Juegos Suramericanos de Santa Fe 2026 y cayó 5-4 en los penales. El mismo rival que había derrotado al conjunto dirigido por Diego Placente en el debut volvió a aparecer en el último partido y, otra vez, se quedó con la victoria.
Tan cerca y, a la vez, tan lejos. Ese fue el sentimiento que quedó en los jugadores argentinos. Se perdió por poco, después de dejarlo todo, y la medalla de oro se escapó cuando parecía estar a unos pocos remates de distancia. Una definición tensa, de esas en las que cada suspiro parece eterno.
Había una cuenta pendiente. La Albirroja ya había vencido a Argentina en el debut, en aquel 2-1 en donde comenzó todo. Desde allí, la Selección Sub 19 cambió la cara: venció a Uruguay, empató con Venezuela, superó a Perú en semifinales y llegó a la final con la posibilidad de cambiar la historia.
Y el fútbol volvió a poner a Paraguay en el camino. Pero esta vez, la lucha era por el oro.
El escenario tampoco podía ser cualquiera. Y si se habla de Rosario, ¿qué lugar es mejor que el estadio Marcelo Bielsa? Argentina jugaba en casa, ante su gente, con el cuchillo entre los dientes y con la ilusión de volver a quedarse con una medalla dorada en unos Juegos Suramericanos, algo que no conseguía desde hacía 40 años.
Pero la final fue cerrada. Los minutos pasaban y las imprecisiones aumentaban. Los nervios se sentían desde la tribuna y la tensión crecía a medida que se acercaba el minuto 90. Ninguno de los dos lograba romper la defensa rival. Argentina buscaba el camino hacia el arco paraguayo, pero el partido se consumía sin un ganador.
El pitido final confirmó lo inevitable: después de 90 minutos intensos, pero sin goles, el campeón se definiría desde los doce pasos.
La tanda avanzó golpe a golpe. Argentina convertía y Paraguay respondía. Tres penales consecutivos de cada lado mantuvieron el marcador igualado.
Hasta que llegó Leandro Olima. El joven que había ingresado en el segundo tiempo tomó carrera y remató. La pelota se fue por encima del travesaño.
Después convirtieron ambos seleccionados y el siguiente penal quedó en los pies de Mauro Coronel. El paraguayo no falló, batió a Leguizamón y certificó la medalla de oro para la Albirroja.
La derrota tuvo una particularidad imposible de ignorar: Paraguay fue el único rival que consiguió vencer a Argentina durante todo el torneo. Lo había hecho en el debut por 2 a 1. Y volvió a hacerlo en la final, esta vez después de un empate sin goles y una tanda de penales.
“Quiero que sepan valorar la medalla de plata”, declaró Diego Placente en la rueda de prensa posterior al partido, apoyando a los chicos que se quedaron a las puertas del premio máximo.
Pero la final también cerró un torneo que había tenido un momento incómodo para el seleccionado argentino. En la semifinal ante Perú, parte del público había expresado su disconformidad con el equipo a través de insultos contra juveniles que tienen no más de 19 años, que están dando sus primeros pasos como futbolistas, y que en un futuro capaz representarán al seleccionado mayor del país.
Argentina se quedó con la plata. No hubo revancha. El rival volvió a aparecer en el momento más importante de todos y, otra vez, salió victorioso.





