El otro partido de Leandro Lozano

Por Matías Cohen

Leandro Lozano volvió este martes al Morumbí. Dos años habían pasado desde la última vez que el defensor uruguayo había pisado ese estadio con la camiseta de Nacional de Uruguay, aunque no todo lo que ocurrió aquella noche había quedado atrás.

El estadio era el mismo. Las tribunas, las mismas. El rival, también. Pero Lozano ya no llevaba la camiseta de Nacional. Esta vez vestía la de Boca y volvía a San Pablo por una historia completamente distinta.

Para entender lo que significó este regreso hay que volver al 22 de agosto de 2024.

Aquella noche, Nacional había llegado al Morumbí para enfrentar a San Pablo por los octavos de final de la Copa Libertadores. Lozano era titular. Y en el banco del bolso esperaba Juan Izquierdo.

El partido llegaba a su final cuando Juan, ingresado en el entretiempo, cayó al césped a minutos de terminar el encuentro. El defensor uruguayo se desvaneció en mitad de cancha y la preocupación ocupó rápidamente el lugar. 

Lozano estaba ahí.

San Pablo terminó ganando 2-0, pero el resultado quedó relegado a un segundo plano. Aquella noche, el fútbol dejó de ser lo importante.

Izquierdo fue trasladado a un hospital de San Pablo. Cinco días después, el 27 de agosto, murió a los 27 años a causa de un paro cardiorrespiratorio asociado a una arritmia cardiaca. 

Lozano había compartido cancha con él aquella noche. También había compartido vestuario, viajes y años de fútbol. Juan era su compañero, su amigo. Y aquella terminó siendo la última vez que lo vio.

El Morumbí quedó asociado para siempre a ese recuerdo.

Pasaron dos años hasta que Lozano volvió a caminar por los mismos pasillos, a salir por el mismo túnel y a pisar el mismo césped. El 15 de septiembre de 2026, el fútbol volvió a ponerlo frente a San Pablo, pero esta vez con la camiseta de Boca.

Había algo distinto, aunque el escenario no hubiera cambiado.

En medio de ese regreso, Lozano marcó su primer gol con la camiseta azul y oro. Se arrodilló y mandó un beso hacia el cielo.

Después del partido, explicó el motivo de ese gesto y volvió a hablar de aquella noche.

“Quiero mandarle un saludo a la familia de Juan Izquierdo. En esta cancha hace dos años perdí a un compañero”, dijo Lozano.

No hacía falta explicar demasiado. 

El Morumbí había sido el escenario de una noche que Lozano nunca hubiera querido vivir. Dos años después, también fue el lugar de uno de los momentos más importantes de su carrera, metiendo a Boca en una nueva semifinal de Copa Sudamericana. Aunque cómo había sucedido dos años antes, para él, no fue un partido cualquiera.

Entre una noche y la otra Lozano cambió la camiseta y el motivo de la visita. El estadio, en cambio, siguió siendo el mismo.

Y el recuerdo de Juan Izquierdo siguió estando ahí.

 

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