Por Diego Kviatek
A los 16 años, Agustín Hoffmann ya se prepara para vivir el momento más importante de su corta carrera. El campeón argentino juvenil de iQFOiL ya cuenta con experiencia en competencias internacionales y ahora tendrá por delante el mayor desafío de su carrera: representar a la Argentina en los Juegos Olímpicos de la Juventud Dakar 2026, donde competirá en la clase Techno 293.
Detrás de la tabla aparece un adolescente que combina entrenamientos, viajes y colegio mientras persigue un sueño que lo acompaña desde que decidió dedicarse al windsurf. Entre los sacrificios propios del alto rendimiento y la presión que él mismo se impone, Agustín se prepara para llegar a Senegal con una premisa por encima del resultado: disfrutar la experiencia y dejar a la Argentina lo más alto posible.
Un nuevo rumbo olímpico
Agustín estaba a punto de volver a su Mendoza natal cuando recibió un mensaje que esperaba desde hacía años. El último día de concentración en Buenos Aires, mientras se preparaba para subirse al auto y emprender un viaje de más de mil kilómetros, el director técnico nacional juvenil, Hernán Vilá, le comunicó la noticia que desató su euforia.
“Me escribió Hernán Vilá y me dijo: ‘Prepará la valija que nos vamos a Senegal’. Lo primero que hice fue tirar todo lo que estaba haciendo, correr, saltar y darle un abrazo a mi viejo”, recordó Hoffmann.
Desde que Agustín decidió dedicarse al windsurf en 2024, tuvo un objetivo en la mira: los Juegos Olímpicos de la Juventud. El abrazo con su padre no fue algo casual, sino el resultado de años de preparación y esfuerzo tanto de él como de toda su familia.
“Nos emocionamos los dos mucho porque han sido muchos años de viajar y viajar, meterle huevos, muchas horas en el agua y tener la oportunidad de ir a unos Juegos Olímpicos Juveniles es una locura”, reconoció el mendocino.
La clasificación a Senegal le permitirá cumplir un deseo que tiene desde chico: vestir el uniforme argentino en una competencia olímpica. Además, el mendocino reconoció que no esperaba vivir esta experiencia a tan corta edad.
“Es todo lo que quise siempre, poder representar a mi país. Siempre quise llevar a la Argentina a lo más alto”, aseguró Hoffmann, que reconoció a Carlos Espínola, Santiago Lange, Mateo Majdalani y Eugenia Bosco como algunos de los grandes referentes de la vela nacional.
El representante argentino en la categoría Techno 293 tiene como principal objetivo disfrutar la competencia y no “comerse la cabeza” por la presión. Si tiene que poner en números lo que para él sería un buen resultado, apunta a terminar entre los mejores 10 o 15.

Un cambio optimista
“Un día vi un barquito y dije ‘qué divertido, quiero navegar ahí’”, recordó el argentino sobre sus primeros pasos en la vela.
A los 8 años, Agustín comenzó a navegar en la clase Optimist, un tipo de embarcación ligera. El mendocino fue campeón de su provincia en 2019, 2022 y 2023. Por un tema de edad, debió dejar la clase y comenzó a dedicarse de lleno al windsurf.
“El cambio fue muy drástico. Fueron muchas caídas de por medio, pero al día de hoy digo que fue de las mejores decisiones que tomé pasar del Optimist al windsurf. No lo dudé tanto porque por un tema de edad tenía que dejar la modalidad y el windsurf siempre me gustó desde chiquito”, explicó Hoffmann.
Desde el comienzo, lo que lo enamoró del windsurf fue la sensación de planear e ir mucho más rápido en el agua, chocándose con las olas.
“Pasar de un barco que va a 8 km/h a una tabla de windsurf que alcanza 40/50 km/h es una locura”, aseguró el mendocino.
Su padre navegaba en Optimist cuando era chico, aunque no le gustaba demasiado. Sin embargo, el legado familiar en la vela no viene solo de una generación, sino de dos: su abuelo fue campeón sudamericano en la clase Penguin.
“La vela siempre estuvo en mi familia, solo que yo no lo sabía”, reconoció Agustín.
Actualmente compite en la clase iQFOiL, en la que, según explicó, la tabla “vuela” sobre el agua. Pero en Dakar, el argentino lo hará en una clase completamente distinta: Techno 293, en la que la tabla navega apoyada sobre el agua.
Este cambio de clase también le requerirá un cambio físico importante: en iQFOiL necesita más peso y fuerza, mientras que para Techno necesita ser más liviano. Hoffmann explicó que lo más importante en su preparación física será bajar de peso y mejorar el cardio para poder adaptarse a las condiciones de la regata.
Pero el Techno se parece mucho al Optimist en la forma de correr las regatas, por lo que aquellos seis años en Optimist le servirán como experiencia para afrontar el gran desafío en los Juegos.
Navegar la presión
Agustín tiene 16 años, pero competir en el alto rendimiento hace que se pierda parte de la vida adolescente que sus amigos sí disfrutan.
“Yo me pierdo muchas juntadas. Capaz vuelvo de un viaje y hay un chiste que no entiendo. Pero al mismo tiempo termina dando frutos todo el esfuerzo puesto”, contó Hoffmann.
Sin embargo, ese sacrificio no es en vano. En noviembre competirá en los Juegos Olímpicos de la Juventud y, en diciembre, hará lo mismo en el Mundial juvenil, dos competencias que inclinan la balanza y reafirma su idea de que “vale totalmente la pena”.
Hoffmann va al mismo colegio desde los 4 años y recibe apoyo por parte de sus profesores cada vez que viaja por el windsurf. Incluso, cuando lo necesita, entrega los trabajos más tarde. En su casa hay una regla de oro: si no aprueba en la escuela, no viaja.
“Anoche trasnoché porque tenía que entregar un montón de trabajos hoy, por suerte llegué a entregar todo”, contó entre risas el mendocino.
“Yo me pongo mucha presión a mí mismo. A veces me digo: ‘Te tiene que ir bien, si no todo lo que hiciste es al pedo’”, reconoció el windsurfista, que dejó en evidencia su autoexigente a la hora de competir, luego de tantos años de entrenamientos y sacrificios
Sin embargo, él mismo reconoce que ese pensamiento no es del todo justo. En los momentos en los que los resultados no son positivos, entiende que todo el trabajo previo lo ayuda a crecer como deportista y como persona.
En el reciente Sudamericano, tuvo una presión concreta: finalizar como el mejor argentino para clasificarse al Mundial Juvenil, y decidió tomarse la competición de otra manera más sana.
“Yo me lo tomé mucho más a la ligera y disfruté muchísimo el campeonato. Le puse muchas pilas, me cagué de risa en el agua. Por suerte me fue muy bien”, recordó Hoffmann.
A los ocho años, un chico que vio un pequeño barco y decidió probar suerte en el Optimist dio el primer paso de un camino que todavía desconocía. Ocho años después, aquel nene está a punto de representar a la Argentina en unos Juegos Olímpicos de la Juventud. Si pudiera volver a ese momento, Hoffmann no dudaría en recomendarle tomar la misma decisión.
“Le diría que lo haga, que siga para adelante y no frene nunca. Que se divierta y disfrute el proceso porque todo termina llegando”.





