La tercera para Las Leonas

Por Lola Fariña

Porque parece que sufrir no es una regla exclusivamente del fútbol en Argentina. Las Leonas también saben de finales que se juegan con el corazón en la mano.

En una cancha que por momentos parecía completamente naranja, la ilusión argentina tiñó la historia de celeste y blanco. En frente estaba Países Bajos, el gran candidato, líder del ranking mundial y dueño de una localía que hacía todavía más imponente el desafío.

No era, además, un rival desconocido. El país sudamericano y el europeo ya habían protagonizado cuatro definiciones mundialistas antes de volver a encontrarse en ésta. Pero el equipo dirigido por Fernando Ferrara llegaba con el deseo claro de repetir la historia de 2002 y 2010, las dos veces en las que habían logrado imponerse ante las neerlandesas para levantar la Copa del Mundo.

Con ese antecedente empezó el partido y el gol de las locales llegó al cierre del segundo cuarto. Pero no derrumbó a Argentina. Al contrario: Las Leonas siguieron buscando. Y cuando los minutos finales empezaban a pesar, ese tiempo en el marcador, que en el hockey suele ser una eternidad pero cuando hay que remontar un partido los segundos vuelan, jugaba en contra. Hasta que llegó la recompensa a tanta insistencia. Después de un nuevo córner corto, la jugada generó una serie de rebotes dentro del área y María José Granatto apareció en el momento justo para convertir el empate.

Sonó la chicharra y llegaron los shootouts, ese momento en el que un país se olvida de respirar y los nervios tocan su punto más alto. Cristina “China” Cosentino daba la impresión de vivir otra historia. Bajo de los tres palos no había desesperación, sino diversión, y así es como logró que la bocha no entrara en su arco en tres oportunidades.

Con la calma de quien parece estar jugando en un entrenamiento más de su club, las jugadoras argentinas se acercaron a la bocha sin achicarse. Victoria Granatto, Brisa Bruggesser y Sofía Cairó convirtieron sus tiros. Y fue Cairó, al igual que en París 2024, la encargada de ponerle el punto final a la definición.

Las Leonas provocaron el desorden de las naranjas, resistieron cuando todo parecía inclinarse hacia el otro lado y encontraron en el caos una forma de ganar. Y al final, entre tanto ruido, fue su rugido el que se escuchó más fuerte.

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