Por Gerónimo Micheltorena
“Se terminó para mí la Selección. Ya son cuatro finales, no es para mí. Lamentablemente lo busqué, era lo que más deseaba, no se dio, pero creo que ya está”, anunciaba Lionel Messi su retiro de la selección argentina en 2016, luego de perder la final de la Copa América contra Chile en la tanda de penales por 4 a 2, en el estadio MetLife Stadium de Nueva Jersey.

Diez años después, el destino lo ubica en el mismo estadio, pero esta vez para disputar una nueva final del mundo por tercera vez en su carrera. Todos los argentinos sueñan con verlo levantar nuevamente la copa y será especial si lo consigue en ese escenario, donde parecía que sus frustraciones deportivas lo iban a alejar definitivamente de la Albiceleste.
Hace 64 años que no se conoce a un bicampeón del mundo. El último en hacerlo fue Brasil en Suecia 1958 y Chile 1962. Argentina este domingo a las 16 puede romper esa sequía si vence nada más ni nada menos que a España, una selección que junta juventud con experiencia al estilo argentino en 2022. Esta final reemplazará la tan ansiada Finalissima, torneo que enfrenta al ganador de la Copa América con el ganador de la Eurocopa, que se debió haber disputado previo al Mundial 2026 pero no se llevó a cabo debido a las diferencias entre la AFA y la Federación Española para definir la fecha y sede.

Imaginemos esto: Messi entrando a la cancha, la pelota rueda por el verde césped en el MetLife Stadium. Por un momento, Lionel recuerda lo vivido en aquel entonces en 2016, sus palabras y esa final tan maldita que lo desgastó anímicamente y logra que todo eso sea su motivación para encaminar nuevamente a una selección argentina a ser campeona del mundo, y que en los festejos se termine cantando lo que acompañó todo el torneo: “Por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo…”. Soñemos que para eso estamos, viejo.




