De Fiorito al Mundial: el camino de Facundo Medina

Por Santiago Prato

Tuvo que sustituir a Nicolás Tagliafico en el debut de la Selección Argentina por la Copa del Mundo 2026, respondió cuando más lo necesitaban y hoy pelea para meterse entre los titulares. Pero su historia no empieza en Estados Unidos, sino mucho tiempo atrás, en Villa Fiorito, a apenas ocho cuadras de la primera casa de Diego Armando Maradona.

Facundo Axel Medina se crió en la localidad lomense rodeado de dificultades económicas. Su infancia, enfocada más en sobrevivir que vivir, lo obligó a trabajar como cartonero con el fin de ayudar a sus padres.  “Un laburo familiar”, así definió la actividad, ya que la realizaba de lunes a viernes junto a sus tíos.  “Estábamos todos, nos cagábamos de risa, mirábamos algún pajarito por ahí y la pasábamos bien a pesar de todo”, recordó. Su jornada comenzaba a las 4 o 5 de la tarde y finalizaba a las 10 de la noche.

En medio de esa realidad, una pasión lo atravesaba: el fútbol. A los 11 años tomaba el colectivo y caminaba siete calles rumbo a los entrenamientos de Lanús. La preocupación de Mónica, su madre, por la zona y el peligro al que se exponía en ese viaje hizo que empezara a jugar al baby en Villa Luro Norte, de Moreno, más cerca de su barrio. Ahí fue donde un captador de River lo vio, le consiguió una prueba y terminó quedando. “Yo entrenaba, jugaba e iba al colegio, así que lo hice hasta los 12 o 13, después me encerré en la pensión de River”, contó.

Al principio, los recorridos hacia el predio no fueron fáciles. Le robaron monedas, su celular y la mochila con los botines. Ante la reiteración de esos episodios, su familia pidió ayuda y el club le ofreció una solución: quedarse en la residencia y continuar sus estudios allí. “Le estoy muy agradecido a River. Me sacó de la villa, me formó como persona y eso tiene mucho valor para mí”, expresó el defensor de 27 años.

En su paso por las inferiores del Millonario declaró que su mayor sueño era hacerle un gol a Boca. Aún no pudo cumplirlo, ya que, aunque disputó un amistoso contra Olimpia de Paraguay, no llegó a debutar de manera oficial. En 2018 fue presentado en Talleres de Córdoba, donde dio sus primeros pasos en primera división. Casualmente, el 12 de agosto de ese año, se estrenó frente al Xeneize. 33 apariciones y un tanto bastaron para despertar interés en Europa.

Durante su etapa en La T tuvo su primer roce con La Albiceleste. Llamó la atención de Lionel Scaloni y Pablo Aimar, quienes dirigían las juveniles del seleccionado nacional. Comenzó a ser convocado y terminó logrando un subcampeonato en el Sudamericano Sub 20, la clasificación olímpica en el Preolímpico de Colombia 2020 y  la medalla de oro de los Juegos Panamericanos de Lima 2019.

En 2020, Racing Club de Lens, de la Ligue 1 de Francia, compró su pase por aproximadamente cuatro millones de dólares. Tras 160 partidos oficiales en cinco temporadas, fue cedido a su actual equipo, el Olympique de Marsella. Seis años compitiendo en el país galo le permitieron formar parte de los 26 convocados que disputan la justa mundialista y competir de igual a igual por un puesto dentro de los once con Tagliafico, quien cubre el lateral izquierdo argentino desde 2017. Medina ya jugó cuatro de los cinco encuentros (tres de ellos como titular) de la máxima cita internacional.

Estar en un Mundial parecía una quimera para aquel chico que juntaba cartones. Tan lejana como la distancia que separa Fiorito de Marsella. Aunque hubo algo, o alguien, que hizo posible ese camino antes de que él pudiera imaginarlo. No tuvo que ver con el dinero, sino con esa figura indispensable que todo niño o niña debería agradecer tener: su mamá. Llevó adelante un sacrificio descomunal con el objetivo de que su hijo cumpliera su meta. Lo acompañaba a la madrugada a la estación, donde emprendía su traslado, y luego se iba al trabajo. Quizás esta trayectoria forjó esa personalidad destacada que hace que, entre tantos campeones del mundo, parezca entender mejor que nadie cuánto cuesta llegar. 

 

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