Vilas-Spinetta: una amistad unida por mil cuerdas

Por Matías Moroni

Entre los finales de la década de los sesenta y los inicios de los setenta, mientras uno soñaba un sueño despacito entre sus manos, las que sostenían una acústica, que le dio forma a un rock argentino que perdura hasta cada alba. El otro comenzaba a forjar una carrera deportiva que le dio color a una cultura tenística en Argentina. Pero, sin saberlo, ambos compartían un elemento intrínseco: las cuerdas. Spinetta con su guitarra y Vilas con su raqueta. 

La unión comenzó unilateralmente en Mar Del Plata, ciudad donde se crió el tenista, cuando Vilas asistió a uno de los shows brindados por Pescado Rabioso, banda formada por el “Flaco” cuyo nombre se le ocurrió justamente en “La Felíz” años atrás. Allí, El rockstar del tenis internacional quedó fascinado por el virtuosismo de ese crudo, psicodélico y experimental Rock, género que antes le parecía aburrido, y comenzó a admirar al músico.

El nudo fundacional para esta relación se ató inicialmente desde el lado del tenista, quien tocó la puerta de la casa del Spinetta de manera imprevista en Belgrano: “Hola, Luis Alberto. Soy Guillermo Vilas”, se introdujo el campeón. “¡Ya sé quien sos! Vení pasa”, respondió el rockero. Esta fue la génesis de una amistad con una entrecruzada de pensamientos y herramientas: Spinetta recibió una raqueta y Vilas una guitarra. 

Como resultado de este primer encuentro, Spinetta vio en acción a las cuerdas de Vilas en un entrenamiento en el Buenos Aires Lawn Tennis a mediados de los años setenta, cuando se preparaba para un exhibición en el Luna Park, casualmente uno de los templos del rock nacional. En la práctica, el “Flaco” quedó maravillado por el juego de Guillermo, quien peloteaba con su histórico entrenador, Ion Tiriac.

“La sensación que tuve es casi inexplicable. Parecían una banda de Rock And Roll en su mejor noche”, describió Spinetta. Además, comparó el sonido que hacía la pelota al desprenderse de la raqueta con el histórico baterista de Led Zeppelin: “Me pareció que era John Bonham tocando al mango en un escenario”.

Aunque Luis Alberto y su esposa, Patricia Salazar, no eran católicos, Guillermo les insistió hasta el cansancio para ser el padrino de su primer hijo, Dante. La idea del bautismo nunca se había cruzado por la cabeza del matrimonio. Pero “Willy” fue tan tenaz como en pista y los terminó convenciendo. Dante Spinetta nació el 9 de diciembre de 1976 y fue bautizado en una modesta iglesia en un pueblito de la Provincia de Buenos Aires.

En 1979, las cuerdas de una amistad ya bien afinada se extendieron a Nueva York, donde Vilas, gracias a su fama y contactos, consiguió un contrato con la CBS, Columbia Broadcasting System, para que el músico grabara un disco por completo allí. El contrato fue firmado y la cantidad de presupuesto era muy seductora para el guitarrista. Sin embargo, una cláusula del contrato exigía que el idioma de las canciones sea el inglés por lo que se convirtió en el único LP de Spinetta en ese idioma. Su nombre es “Only Love Can Sustain”, en español se llamaría “El Amor puede sostener”.

La guitarra y la raqueta sonaron al unísono en “Childrens Of The Bell”, tema que compusieron juntos. En la canción suena una bella guitarra acústica, un saxofón y unos arreglos orquestales de primer nivel que reflejan el poderío de producción de los norteamericanos. Sin embargo, el disco no tuvo éxito y Spinetta no se contentó con el resultado. A su parecer, la estricta organización le quitó injerencia en la mezcla y opinaba que no sonaba como un disco suyo. 

Luego de colgar su raqueta, Vilas encordó su carrera como músico. Publicó “Mil Nueve Noventa 1990” en ese año. Guillermo no sólo fue trascendente en el tenis, sino que también en la música argentina. El ya mencionado disco fue el primero del género House en Argentina. Años más tarde formó su propia banda: Dr Silva, un anagrama de su apellido. El conjunto apuntaba a un rock más pesado y publicó un LP homónimo. 

La raqueta y la guitarra continuaron marcando el ritmo de dos vidas gigantescas que transformaron la cultura argentina para siempre. Se fue el “Flaco”, “Willy” se alejó del ruido, pero en el aire aún resuena el eco de ese encuentro. Dos locos lindos y dos artistas de universos opuestos que se reconocieron de inmediato, porque, en el fondo, estaban hechos de la misma cuerda.

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