Por Teo Ríos
Leandro Paredes se convirtió en la bandera de un Boca Juniors que lleva tiempo en levantada, algo que, sin la presencia del mediocampista campeón del mundo, sería muy difícil de imaginar. Sin embargo, la mayor muestra de identidad y compromiso con la institución aparece cuando pone en riesgo su integridad física con tal de darlo todo por el club que lo formó. Su voluntad de acortar los tiempos de recuperación de las lesiones, incluso a la mitad de lo pronosticado, es una prueba de ello, como ocurrió recientemente en la remontada frente a Vasco da Gama en suelo brasileño.
Desde lo táctico, Paredes se convirtió en una especie de técnico dentro de la cancha. Llegó durante el segundo semestre de 2025, con un inexperimentado Claudio Úbeda al mando y un plantel golpeado por malos rendimientos deportivos, en plenitud tanto física como de edad, tras un recorrido de once años en Europa, donde vistió la camiseta de clubes de talla mundial como Juventus, PSG y Roma, entre los más destacados. El objetivo fue claro: hacer todo lo posible para levantar un título con el club de sus amores.
Desde su debut frente a Unión —ingresó con el equipo en desventaja y dio una asistencia para rescatar un punto—, la presencia de Paredes impuso una forma de juego en la que él marca el ritmo de los partidos y la velocidad a la que debe jugar Boca. Rápidamente encontró una sociedad con Milton Delgado, con quien hasta hoy compone el mediocampo junto a Santiago Ascacibar, con la idea de tener un juego de posesión.
La precisión de pases y la lectura de cada partido son las herramientas con las que logra sacar diferencia sobre el rival. Paredes es el encargado de que Boca tenga la pelota y domine los encuentros, especialmente cuando dispone de espacios para encontrar líneas de pase. También tiene como herramienta la imprevisibilidad para generar ocasiones de peligro con pases filtrados, sobre todo cuando tiene a Miguel Merentiel como centrodelantero. En el uruguayo encontró una compañía que se fue puliendo con el correr de los partidos, hasta alcanzar un entendimiento mutuo para generar situaciones de gol.
Pero un ídolo no se forja solo con rendimientos, sino también con hazañas y con su predisposición para defender los colores que porta. A poco más de un año de su vuelta al Xeneize, hizo lo imposible para estar disponible cada vez que el club lo necesitó. Por ejemplo, jugó desgarrado frente a Universidad Católica por la Copa Libertadores, cuando pocos días después debía sumarse a la concentración de la Selección argentina para jugar el Mundial. Una vez terminado el torneo, podía tomar la decisión de parar unas semanas para recuperarse físicamente, algo que no ocurrió: tan solo cuatro días después de disputar la final del mundo frente a España, fue titular en la ida de los 16vos. de final de la Copa Sudamericana frente a O’Higgins.
El acto de predisposición más reciente fue todavía mayor: acortó a la mitad la recuperación de un desgarro grado dos para darle al equipo la clasificación a la final de la Copa Sudamericana frente a Vasco da Gama. Días antes de la ida, el capitán ingresó ante Instituto, pero tuvo que ser sustituido a los pocos minutos por un pinchazo en el aductor. En la semana se informó que necesitaba un mes de recuperación, por lo que debía perderse los dos partidos de la serie. Pero tras la derrota 1-0 en La Bombonera, el capitán hizo lo imposible para estar en el banco en Brasil. El riesgo de agravar la lesión terminó en milagro: ingresó a los 65 minutos y, a falta de cinco para el final, le dio la clasificación al equipo con un golazo de afuera del área.
El hincha siente la figura del nacido en San Justo como el peldaño del que agarrarse para seguir escalando hacia el futuro, porque Boca no se cayó de ninguna competición y el barco está muy bien direccionado. El equipo es superior a sus rivales y sabe reponerse ante las adversidades que se le presentaron en este último período: muchas lesiones por la cantidad de partidos, resultados sacados adelante con la confianza de jugadores que sueñan con salir campeones y un capitán que trabaja para que no se estanquen en el camino hacia los objetivos.





