Por: Emma Bara
Racing y Lanús lograron tocar el cielo con las manos al conquistar la Copa Sudamericana y la Recopa. Sin embargo, hoy atraviesan realidades deportivas muy diferentes y sus hinchas reaccionan de maneras opuestas ante un presente futbolístico que no cumple con las expectativas.
Luego de 36 años sin conseguir ningún título a nivel internacional, en noviembre de 2024 la Academia se consagró campeona de la Copa Sudamericana. ¿Quién diría que tan solo un mes más tarde empezaría una época que hasta hoy le está costando muy caro al club?
En diciembre se realizaron las elecciones presidenciales. En aquel momento el cargo
estaba ocupado por Víctor Blanco. Pero los hinchas decidieron que, luego de once años, haya un nuevo mandatario: Diego Milito, uno de los ídolos del club.
En 2025 Racing volvió a celebrar. Esta vez, una Recopa ante Botafogo. Sin embargo
la alegría se desvaneció poco a poco, en consecuencia de malas decisiones dirigenciales y cambios en el plantel de aquel equipo campeón.
La paciencia de los socios parece agotarse ante los resultados adversos y se
manifestaron en las tribunas a través de silbidos y cantos en contra de la nueva gestión. El pedido de los hinchas es claro: que la grandeza y la historia del club se respeten.
Por otro lado, Lanús en 2025, tras haber ganado la Sudamericana frente al Atlético
Mineiro, dirigido en aquel momento por Jorge Sampaoli, le otorgó nuevamente una alegría a su gente mediante la obtención de la Recopa contra Flamengo . Asimismo, no logró mantener la regularidad que lo caracterizaba y afrontó eliminaciones y resultados lejanos a lo deseado por sus fanáticos.
Sin embargo, ahora vuelve a dar batalla en el torneo argentino para poder clasificar a
una copa el próximo año. Al pie del cañón siempre estuvieron sus hinchas, acompañando al equipo en todo momento y siempre agradeciendo a los jugadores y a su técnico, Mauricio Pellegrino, por esas dos históricas conquistas que quedarán en la historia del club para la eternidad.
Entonces, después de la gloria ¿qué sigue? Ambos equipos nos demuestran que
alcanzar lo máximo es difícil, pero mantenerse allí puede ser aún más complicado. Los títulos pasan a ser un recuerdo, las vueltas olímpicas se guardan en el corazón de quien lo vivió.
Mientras tanto, la pelota sigue rodando en la cancha, los jugadores parten a otros destinos, los entrenadores también se van. Pero el hincha está en las buenas y en las malas, acompañando al equipo contra todo pronóstico y cualquier destino y luciendo la camiseta de su equipo con orgullo.





