De la tierra de Fiorito a la gloria eterna: La vida del 10 en el aniversario de su nacimiento

Por Paulina Ciezar

El 10 de noviembre de 2001, en una Bombonera repleta, Diego Armando Maradona se ató los cordones de sus botines por última vez. Ante más de cincuenta mil personas y rodeado de figuras del fútbol mundial, se despidió de las canchas con un discurso que marcó el fin de una etapa en activo y resumió veinticinco años de carrera cargados de goles, viajes y episodios que dieron la vuelta al mundo.

El camino que desembocó en esa tarde porteña empezó mucho antes en los potreros de Villa Fiorito. La primera vez que su nombre salió en un diario fue el 28 de septiembre de 1969. En esa nota de Clarín, el periodista Guillermo Blanco hablaba de un chico de ocho años que la rompía en los entrenamientos de Los Cebollitas, aunque en la imprenta cometieron un error insólito y publicaron su apellido como “Caradona”.

Para evitarle las dos horas de viaje en colectivo desde el sur del Gran Buenos Aires hasta La Paternal, la dirigencia de Argentinos Juniors decidió alquilarle un departamento en la calle Lascano. Mientras se formaba en las inferiores del Bicho, Diego hacía de alcanzapelotas en la Primera. El 23 de noviembre de 1971, en un partido contra Vélez, la transmisión de televisión pidió a las cámaras que lo enfocaran durante el entretiempo: ahí arrancaron las famosas exhibiciones donde dejaba a todos con la boca abierta haciendo jueguitos con la pelota.

A lo largo de los años, la camiseta número 10 se volvió inseparable de su figura. La gran excepción fue el Mundial de España 1982, donde la AFA repartió los dorsales por orden alfabético y le tocó la 12. En la Selección mayor jugó 91 partidos y metió 34 goles, dejando una huella imborrable en México 1986: fue el único futbolista en la historia capaz de anotar y asistir en todas las fases eliminatorias de un mismo Mundial.

En territorio mexicano, Diego vivió su momento de mayor esplendor. Siete años después de salir campeón del mundo juvenil en Japón 1979, lideró a la Selección hacia su segunda estrella mayor. Capitaneó al equipo, firmó cinco goles, entre ellos la “Mano de Dios” y el “Gol del Siglo” a Inglaterra y levantó la Copa en el Estadio Azteca. Años después, llevó a la Argentina a otra final en Italia 1990 y cerró su ciclo en la Selección alzando la Copa Artemio Franchi en 1993.

A nivel de clubes, la historia de títulos arrancó con la vuelta olímpica en el Torneo Metropolitano de 1981 con la camiseta de Boca. Al año siguiente dio el salto a Europa: el Barcelona le pagó a Argentinos Juniors 1.200 millones de pesetas, cifra récord para la época. En España sumó tres títulos en 1983: la Copa del Rey, la Copa de la Liga y la Supercopa.

En 1984 volvió a romper el mercado al firmar con el Napoli, donde arrancó un idilio sin precedentes. Maradona cambió para siempre la historia del club del sur de Italia al ganar dos Scudettos (1987 y 1990), una Copa Italia, una Supercopa y el primer título internacional de la institución, la Copa de la UEFA de 1989. Tras su salida, la dirigencia napolitana retiró la camiseta número 10 para siempre, un gesto que la AFA intentó repetir para el Mundial 2002 pero que la FIFA terminó rechazando por cuestiones reglamentarias.

Aquella tarde de noviembre de 2001, al sacarse la camiseta argentina y dejar al descubierto la de Boca, cayó el telón de una trayectoria impresionante: 692 partidos oficiales y 358 goles. Con la vuelta olímpica final y el aplauso de todos los jugadores presentes, se cerró el ciclo del pibe que tres décadas atrás había empezado a dominar la pelota en los descampados de Fiorito.

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