Selección Sub 19: cada día veo menos, cada día creo menos

Por Malena Mendoza Venier

La Selección Argentina Sub 19 de fútbol, subcampeona de los Juegos Suramericanos, tuvo que jugar su partido opacada por lo que ocurría en las tribunas del estadio de la Lepra: en el marco de un certamen disputado en Santa Fe que celebra el deporte, la integración regional y el desarrollo de nuevas generaciones, la violencia de la cultura barrabrava volvió a ser protagonista, en situaciones que desdibujan los valores del hinchismo.

El primer suceso ocurrió en el partido ante Venezuela el lunes, cuando la camiseta canalla de un hincha llamó la atención de cuatro barrabravas que fueron a agredirlo físicamente y se quedaron con su remera. El modus operandi incluyó un hombre de campana que dio el aviso para que los otros tres culminaran con la agresión. Cuatro adultos contra un menor. ¿Alguien advirtió el hecho? ¿Intervino la seguridad del estadio en ese momento? ¿El hincha agredido hizo denuncia? Me pregunto, también, por qué me enteré por un usuario de X y no por un medio de comunicación.

El segundo hecho, en el mismo escenario, se dio en el encuentro del miércoles ante Perú, a los 80 minutos, cuando los dirigidos por Diego Placente igualaban sin goles por el pase a la final. Las tribunas respondieron con “Jugadores”, esa canción popular del fútbol argentino que aparece ante derrotas consecutivas del club del que cada uno es hincha y que agrede verbalmente al plantel. Muchos de los futbolistas que disputaban ese partido estaban representando a la Selección por primera vez; pienso en cuántos de ellos, siendo tan chicos, seguirán todavía en el secundario, o si llegarán a jugar profesionalmente. Probablemente quienes cantaban ni siquiera supieran sus nombres. Pero bastaba con que no hubieran abierto el marcador para decidir cantar contra ellos.

Como decía Bianchi cuando un plateísta de Boca reclamaba por el rendimiento de Miguel Caneo ante Independiente en 2003: “tiene 19 años el pibe, si no te gusta, andate.”

Además, se puede mencionar el detalle —no menor— de que ambos episodios tuvieron lugar en el Estadio Marcelo Bielsa, el hombre que dejó una escuela entera en Newell’s y que sostenía que las evaluaciones no deben hacerse en función de lo que se obtiene, sino de lo que se merece. Para el Loco, un equipo se analiza por la fidelidad a un estilo y por las llegadas al arco, nunca solo por el resultado. Y advertía, además, sobre el riesgo de premiar lo casual como si fuera mérito.

Por eso, si bien no todos los que cantaban esa tarde eran hinchas rojinegros, esos cantos representan una traición a los valores que el Loco dejó en la institución que hoy lleva su nombre. Un motivo más para ver, y creer, cada día menos.

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