Por Candeja Guijo
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, cuestionó el negocio de las apuestas deportivas online y prepara una medida provisoria que podría prohibirlas en el país. La iniciativa generó una fuerte reacción de los clubes brasileños, que advierten por el impacto económico que tendría la pérdida de los patrocinios de las casas de apuestas, mientras el Gobierno pone el foco en el crecimiento de la ludopatía y el endeudamiento. Además, Lula analiza acompañar la medida con una línea de crédito para reducir el impacto de la pérdida de esos ingresos.
El debate expone hasta qué punto el fútbol quedó vinculado con esta industria. Las casas de apuestas patrocinaron a 18 clubes de la Primera División brasileña y aportaron alrededor de 1.142 millones de reales, unos 223 millones de dólares. Aparte de los equipos, las empresas tienen presencia en medios de comunicación, transmisiones y competiciones. Las instituciones deportivas sostienen que una prohibición podría afectar su sostenibilidad económica, en cambio, desde las autoridades se plantea que el fútbol brasileño existía y era exitoso antes de la llegada de las apuestas legalizadas.
El caso permite mirar lo que ocurre en Argentina, donde estas plataformas forman parte del negocio del fútbol. La AFA incorporó a Betano como sponsor de la Selección Argentina en abril de 2026, mientras que BetWarrior ya había sido patrocinador oficial desde 2022. En el ámbito local, Bplay llegó a ser sponsor de la Liga Profesional, Boca Juniors tiene a Betsson y River Plate incluyó a Betano.

La presencia de esta actividad no se limita a las camisetas. Durante el Mundial de 2026, las marcas de apuestas tuvieron una exposición constante alrededor de los partidos, con publicidad en las transmisiones y en los espacios vinculados al campo de juego. Esa presencia plantea una discusión que excede los contratos comerciales: ¿cuánto espacio debería ocupar la promoción de esta industria dentro de un deporte seguido masivamente por jóvenes y qué medidas pueden tomarse para reducir la normalización del juego?
Argentina, al igual que Brasil, enfrenta el desafío de encontrar un equilibrio entre los recursos económicos que las apuestas aportan al fútbol y los problemas asociados al juego compulsivo y al endeudamiento. La discusión abre una pregunta para el fútbol argentino: si se considera necesario limitar la publicidad y el patrocinio de las apuestas, ¿debería avanzar el país hacia medidas similares que reduzcan su presencia en camisetas, transmisiones y estadios?





