Una década después: el día que los Leones fueron campeones olímpicos

Por Juan Franco Gómez Sacks

Gritos. Corridas. Sonrisas. Banderas argentinas que se agitan. Es el jueves 18 de agosto de 2016. En el campo 1 del Centro Olímpico de Hockey de Deodoro, barrio de la zona oeste de Río de Janeiro, un arco envuelve en gloria a dos jugadores. Son Agustín Mazzilli, quien acaba de convertir el 4-2 decisivo a merced, y Manuel Brunet. La tabla les sirve de asiento. Con sus brazos cruzados cual amigos de primaria y dejando ver sus bucales -azul el del primero, celeste el del segundo-, invitan a los que faltan. El tercero en llegar es Lucas Vila, quien los embiste hacia la red y pierde su palo. Al toque se suman Isidoro Ibarra, Ignacio Ortiz y Gonzalo Peillat. Algunos belgas buscan consuelo con la mirada perdida en el sintético de agua. Otros deciden guardarse en el banco de suplentes, cerrar los ojos y desear que sólo sea una pesadilla. Detrás de mitad de cancha hay una panza que no se quiere perder los festejos. Es la de Carlos Retegui, quien invade el campo de juego y salta tres veces hasta abrazarse con Alejandro Doherty, parte del cuerpo técnico, para luego disculparse ante Björn Isberg, el oficial técnico de nacionalidad sueca, porque le está llamando la atención. El alboroto es total. El reloj marca que quedan 16,9 segundos para que suene la bocina. Pero el destino ya está sellado: los Leones son campeones olímpicos.

“Ahora que se acerca la fecha está pasando lo que decíamos hace diez años, que cuanto más pasara el tiempo, más importancia se le iba a dar. Digo: ‘wow, qué loco, qué grande lo que conseguimos’. Siento alegría, emoción y reconocimiento a semejante logro”, le dice Ortiz -Nano, para el mundo del hockey- a El Equipo, diez años después de la proeza.

Ignacio Ortíz, autor del segundo tanto argentino ante Bélgica.

Los equipos salen al campo de juego con el clásico trote. “No me importa lo que digan / Lo que digan los demás / Yo te sigo a todas partes / Cada vez te quiero más”, es el canto que baja de las plateas para el elenco argentino, que llegó hasta esta instancia tras superar un difícil grupo B, en el que derrotó a Canadá e Irlanda, igualó ante Alemania y Países Bajos -campeón y subcampeón, respectivamente, de la última edición- y cayó con India. En playoff eliminó a España y se aseguró el podio tras golear 5-2 a Alemania. Bélgica, por su parte, sólo perdió ante Nueva Zelanda, mientras que se impuso ante Inglaterra, Brasil, Australia, España, India y Países Bajos. Una campaña que, en términos estadísticos, le da el favoritismo, pero los Leones, con la medalla de bronce lograda en el Mundial de La Haya hace dos años y tras una vida siguiendo la estela de las Leonas, sueñan con hacer historia.

“La verdad que a todos nos gustaría ser como las Leonas a nivel Juego Olímpico porque están acostumbradas a estar con medalla. Siempre fue estar compartiendo el mismo torneo y nosotros en el estadio mirando cómo competían por una”, le declara Mazzilli, a una década de la final de Brasil, a Gol Deportivo. El equipo femenino se consolidó como potencia tras culminar como subcampeón de los Juegos de Sydney 2000 y conquistar el Mundial de Perth en 2002. A esos logros le siguieron dos bronces (Atenas 2004 y Pekín 2008), otra medalla plateada (Londres 2012) y una nueva Copa del Mundo (Rosario 2010). Más tarde, llegaría el segundo y tercer puesto en Tokio 2020 y París 2024, respectivamente. Pero volvamos a Río, porque el plantel masculino está a 60 minutos de conseguir el logro más importante para la disciplina.

Suenan los himnos. Los belgas, pecho erguido, mirada al frente, lo entonan abrazados. Los argentinos también. El sudor ya recorre sus frentes y el canto va en ascenso hasta alcanzar su tope cuando juran con gloria morir. Con todos los actos protocolares finalizados, los referís se acomodan en sus zonas. El alemán Christian Blasch ocupa el sector izquierdo y el sudafricano John Wright el derecho. Los planteles se saludan y se arengan en rondas. Los suplentes corren a sus bancos. La cuenta regresiva suena, en inglés, por altoparlante. Tanguy Cosyns, número 32 del conjunto europeo, es el primero en tocar la pelota. La final está en marcha.

Bélgica domina y Argentina espera. Cuando los del Chapa recuperan la posesión, buscan conectar rápido con los delanteros mediante el uso del flick. Uno de ellos cae en el número 19 de los rojos, el defensor Feliz Denayer, quien abre hacia su derecha e inicia una jugada memorable. Loïck Luypaert envía el undécimo pase hacia el semicírculo y es desviado por Cosyns. La bocha pega en la protección de la pierna izquierda del arquero Juan Manuel Vivaldi y termina contra la red. Es el peor arranque posible para los argentinos, que en tres minutos ya están abajo. Con el pasar del tiempo, el partido se iguala en términos de control. A los 12, Gauthier Boccard juega con el pie: es el primer corto para los de celeste y blanco. Lo hace Mazzilli y recibe Rossi. Peillat, quien lleva diez tantos -todos ellos como arrastrador-, parece que va a tirar. Sin embargo, con una habilidad sublime, pasa la bocha por detrás de su cuerpo hacia donde está el capitán, Pedro Ibarra, quien la envía con dirección al arco. Aquí aparece, por primera vez, un rival que tomará un protagonismo vital en el desarrollo del partido.

Florent Van Aubel, nacido el 25 de octubre de 1991 en Gante, la tercera ciudad en cuanto a densidad de población belga, es jugador de hockey desde 2006, cuando debutó en el Royal Orée de Bruselas, la capital. En Río de Janeiro está disputando su segundo Juego tras haber culminado en el séptimo lugar en Londres 2012. Luego acudiría a dos citas más, en las que obtuvo una presea dorada en Tokyo 2020. Lleva el número ocho en la espalda y se ubica, con su máscara protectora, a escasos metros de la línea de fondo. A pesar de ser delantero, es el último bastión belga de los cinco que defienden los cortos. La pelota viaja hacia su rostro y, como gesto de protección, pretende cubrirse con su palo. Logra su cometido, pero al voltearse, Argentina ya está 1-1.

Los dirigidos por Shane McLeod reaccionan rápido: el diez, Cedric Charlier, hace un gol que es anulado porque su pie había interferido en la jugada. Quedan 40 segundos. Los sudamericanos tienen un largo a favor. Brunet mueve para Rossi, ubicado detrás de la línea de 23 metros, quien barre en búsqueda de algún rebote que altere la secuencia. Lo consigue porque el mismísimo Van Aubel inclina su palo de manera perfecta para que tome vuelo y Vila controle y asista a Ortiz. Nano la cruza y, tras un pequeño desvío en Simon Gougnard, marca el 2-1.

“El otro día me puse el partido después de mucho tiempo. Fue, wow, hacer un gol en la final para pasar a ganar. A medida que va pasando el tiempo, el reconocimiento a haber hecho un gol en una final olímpica es más grande de lo que fue en el momento. Todos me recuerdan eso. Cada vez que alguien me habla de la final, dicen ‘además hizo un gol en la final olímpica’. Siempre me demuestran la importancia. A medida que vaya pasando el tiempo, más importante va a ser”, señala Ortiz sobre su tanto, el primero en Río.

Instantes después, una pegada de Gougnard pasa cerca del palo derecho de Vivaldi. Final del primer cuarto.

“Argentina, hoy te vinimo’ a ver / Ponga huevo, hoy no podés perder / Te llevamos dentro del corazón / Esta hinchada se merece ser campeón”, cae ahora desde las tribunas, colmadas, en su mayoría, por hinchas albicelestes y por los trapos de sus barrios o provincias. A los 17 minutos, Luypaert envía el primer corto de Bélgica por el costado derecho. Un claro aviso para Argentina. A los 20, Vivaldi tapa el segundo, esta vez tras un remate de Tom Boon. Uno más tarde, el capitán del seleccionado europeo, John-John Dohmen, toca la bocha con el pie y el umpire Blasch señala un nuevo penalti córner para los de celeste y blanco. La escena se repite: Mazzilli sirve para Rossi y éste acomoda para Peillat, quien arrastra y sentencia el 3-1. Desahogo enorme por una ventaja de dos goles. Entre gritos, Retegui mantiene la calma. Está sujeto con ambas manos al cartel publicitario de su banco de suplentes.

Peillat renunciaría a la selección en 2018 por conflictos con Retegui, dirigentes y jugadores. En 2022, tomaría la decisión de representar a Alemania. “Yo siento que me traicionaron, que me mintieron en la cara, me faltaron el respeto y me dejaron expuesto a situaciones inmanejables”, le diría en 2024 a ESPN. Ese mismo año, en el marco de los Juegos de París, volvería a verse las caras con su país y, luego de convertirle un gol, le echaría más leña al fuego con sus declaraciones a Televisión Pública: “La decisión, cuando la tomé, supe que iba a haber un 50 % de gente que no le iba a gustar y un 50 % de gente que sí. Pero, al final, es mi vida. Al que le guste, bien, y al que no le guste, sorry. Como dijo Maradona: ‘que la sigan chupando’”.

Los simpatizantes belgas intentan recuperar el ánimo de sus compatriotas con aplausos coordinados. La hinchada albiceleste responde con el clásico “no tengas miedo, podés cantar”. A los 29 minutos, Charlier se excede en fuerza al cuerpear a Rossi, quien termina fuera del límite de cancha. El número 10 recibe tarjeta verde y su equipo permanecerá con un jugador menos por los próximos dos minutos. A menos de 20 segundos para el bocinazo, Dohmen intenta corregir una barrida de Luypaert, aunque se va ancha. Final del primer tiempo. Entre ovaciones, ambos planteles se van a los vestuarios tras un primer tiempo en el que Argentina, si bien no dominó, aprovechó su efectividad en los cortos. Quedará media hora para defender el sueño.

La noche ya es una realidad en Río de Janeiro. Ahora los jugadores argentinos se ubican en el sector izquierdo. En menos de cinco minutos, el equipo de Retegui solicita dos video ref por dos señalizaciones de corto para los belgas y en ambos recibe la derecha del umpire que está en la cabina, el sudafricano Deon Nel. El entrenador de los Leones comienza a cambiar de fase. Estaba tranquilo, pero se exalta por una falta cobrada a Joaquín Menini en un contragolpe. “Es increíble, boludo”, suelta al golpear el techo del banco. El partido gana tensión. Y el público albiceleste entiende que es momento de brindar más aliento.

“Y ya lo ve / Y ya lo ve / Somos locales otra vez”. A los 41, la bocha cruza todo el semicírculo de Vivaldi, quien mueve su armatoste para patearla bien lejos. Acto seguido, Van Doren hace una pegada que se cuela bajo los tres palos, pero no suma al tanteador porque la realizó fuera de la zona permitida. Con 120 segundos por disputarse del tercer período, Mazzilli ve la tarjeta verde por haber derribado en mitad de cancha a Emmanuel Stockbroekx. Cuando apenas restan ocho, Gauthier Boccard recibe sobre la derecha de la línea punteada y elude a tres argentinos. Define de volea cruzado y le pone suspenso a la final, que se definirá en los últimos 15 minutos.

Bélgica logra su tercer córner corto en el compromiso. Pero, otra vez, Van Aubel va a interferir a favor de los de celeste y blanco. Luypaert arrastra en dirección al arco y el número ocho, señal del destino, se desliza sobre el césped y despeja la pelota. En las gradas ya no hay compostura. El agite de casacas y el salto de los hinchas es otra forma más de aguantar el resultado. Sólo faltan cinco minutos para la gloria. Facundo Callioni, el número siete de Argentina, la toca con el pie y el umpire alemán no lo detecta. Sebastien Dockier pide video ref, herramienta que coincide con la solicitud y otorga otro penalti córner a favor del conjunto que viste de rojo. “Todo el torneo nos mataron”, reclama Chapa. Sin embargo, Boom se enreda y toca la pelota con su pie. Hay tiro libre y salida para los  -ya nadie tiene dudas con esto- locales.

McLeod toma una decisión que cambiará el rumbo del partido. Con el reloj acorralando a su equipo, voltea y encuentra la mirada de Cosyns, quien se levanta de su asiento y se coloca una pechera verde. El arquero Vincent Vanasch sale por la línea de fondo mientras se quita su máscara. ¿El objetivo? Jugar con un hombre más. La pelota llega al punto penal argentino. Quien recibe y remata es Dockier, pero Vivaldi y sus piernas vuelven a salvar a los Leones. El rebote le cae a Van Aubel, quien no llega a pensar ante la gran recuperación de Rossi. Quedan 40 segundos para que Argentina esté en lo más alto del podio. Retegui pierde toda su compostura y abandona su posición. Ahora está pegado al lateral.

La platea ya es popular. Menini conduce por el costado derecho. En términos futboleros: la guarda en la esquina. Cosyns lo marca y logra que la bocha toque en su zapatilla. Hay salida para Bélgica. El de la pechera cambia para -a esta altura ya podemos considerarlo un amigo de la nación- Van Aubel, quien pierde en la carrera con Mazzilli. El número 26 argentino va a la disputa con Denayer y gana. No hay oponente. ¡Estás solo, Agustín! ¡Argentina es campeona olímpica! Gana 4-2 y no va a quedar tiempo para más.

“Me acuerdo patente el momento. Yo venía hablando con Agus (por Mazzilli) de una forma en que podíamos presionarlos para no meternos tan atrás. Me acuerdo que estábamos presionando por derecha, perdemos la pelota y juegan para el otro lado y yo estaba cerca. Cuando levanto la cabeza, veo que Agustín está corriendo como para interceptar. Fue un momento de mucha alegría y de desahogo porque estábamos a un gol y Bélgica se estaba viniendo bastante”, desliza Ortiz. Mueven los europeos y un envío de Stockbroekx se pierde por el fondo. Vivaldi se deja caer y el plantel albiceleste se aprieta en un abrazo. En las tribunas se mueven hasta banderas de Chile y Uruguay. Es, también, un triunfo sudamericano. La primera presea dorada en la disciplina para un país de este continente.

“Ojalá sea el principio de unos grandes años de este deporte”, le comenta Ibarra a Televisión Pública. “Es el premio a trabajar, a entrenar, a no bajar los brazos y a no darnos por vencidos nunca. Esto es la gloria total”, amplía Rossi. “Ser campeón olímpico es increíble. Mucha gente se entrena y se esfuerza para llegar a esta situación y hoy nos toca a nosotros. Hay que disfrutarlo mucho”, sentencia Juan Ignacio Gilardi. Retegui, con una bandera que le cruza el cuello, declara: “Estoy muy orgulloso porque sé que le alegramos el día a mucha gente y lo quiero compartir con toda la Argentina”. Mientras su voz se va quebrando, le agradece a todos: desde el Comité Olímpico hasta los cocineros. “El oro es de todos”, cierra.

Carlos Retegui lleva en hombros a Matías Paredes, enyesado tras una fractura sufrida en semifinales

Dos hombres ayudan a un jugador a llegar al pogo. Son Doherty, el asistente técnico que había invadido el terreno de juego con Chapa, y Javier Blanco, que levantan a Matías Paredes, el delantero que tiene el pie derecho enyesado por una fractura sufrida en semis. Otro que no pudo decir presente, pero que es tan campeón como los que sí lo hicieron, es Matías Rey, quien sufrió una fractura en su muñeca derecha también con Alemania. Retegui, al ver que Paredes hacía de dos palos sus muletas, lo lleva a dar la vuelta olímpica en sus hombros. Ya pasaron las premiaciones a Alemania, que se quedó con el tercer puesto, y Bélgica. Ahora suena el himno argentino. A la par, la bandera sube por el mástil. Es un momento legendario, la tercera dorada de esta edición para el país porque Paula Pareto se la colgó en judo y Santiago Lange y Cecilia Carranza la conquistaron en el Nacra 17 mixto.

“Se nos dio por todo el camino recorrido, por toda la preparación que habíamos hecho, por la mentalidad de ese equipo, por lo unido que estaba ese grupo y todo lo que había trabajado. Creo que fue la frutilla del postre porque habíamos dejado muchas cosas de lado para ir a competir. El equipo tenía mentalidad, juego y físico. Estaba todo dado y a medida que iban pasando los partidos cada vez teníamos más confianza”, finaliza Ortiz.

Los Leones se suben al podio y celebran la medalla de oro, la única del hockey argentino.

Diez años no parece mucho, pero si analizamos todo lo que transcurrió, se torna una eternidad. Carlos Retegui decidiría ponerle fin a su ciclo como entrenador. Sin embargo, al mes, regresaría con una doble función: sería el head coach de ambos seleccionados, lo que provocaría la renuncia de dos pilares como Peillat y Mazzilli. “Los campeones olímpicos están en mi corazón, no me importa si están enojados conmigo por algo. Yo mal no les hice, estoy tranquilo. Los miro a los ojos. Hay muchos que se portaron mal conmigo. Ellos lo saben y lo sabe el grupo, pero eso muere todo ahí”, le confesaría Chapa al periodista Juan Pablo Varsky en 2024. Internas fueron y vinieron. Lo cierto es que, ni en mundiales ni en Juegos Olímpicos, los Leones pudieron volver a subirse a un podio, pero sí obtuvieron el subcampeonato de la Liga Mundial 2016-17 y cosecharon dos Juegos Panamericanos y tres Copas Panamericanas. En el continente son muy difíciles de vencer. Ha pasado una década de la jornada más gloriosa de este deporte. El equipo, ahora bajo las órdenes de Lucas Rey, afronta el Mundial de Bélgica y Países Bajos con dos objetivos: volver a figurar en los primeros puestos y, por qué no, regalarle otra gran alegría como aquella de Río de Janeiro a su pueblo.

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