España, un justo campeón ante una Argentina que bailó su último tango con Messi

Por Luján Pantano

La emoción de una final del mundo. Lágrimas, banderas, caras pintadas y dos camisetas: la española y la argentina.

Una selección española que confiaba en las coincidencias que se repetían entre el Mundial ganado en 2010 y lo que podía ser su próximo título en 2026. Los argentinos colmaron los estadios y las calles, desde Buenos Aires hasta cada rincón del país, empujando por la última de Leo. Una final en el MetLife Stadium, el lugar donde, hace diez años, había firmado el final de su ciclo en la Selección; un final que, en realidad, fue solo un comienzo.

Una batalla que empezó desde el primer minuto, con Lamine Yamal gambeteando y lanzando centros, pero con un guerrero que logró contrarrestarlo: Nicolás Tagliafico. Con el transcurso del partido, España entendía los espacios que su rival dejaba y por dónde podía lastimar. Pero el partido seguía igual: 0 a 0.

El segundo tiempo llegó sin goles, aunque con la selección europea más cerca de convertir gracias a sus remates al arco. Allí, Emiliano Martínez se hizo gigante defendiendo su valla y se transformó en una muralla que mantuvo viva la ilusión durante largos minutos.

Un partido encaminado al alargue. Con los once jugadores argentinos defendiendo dentro del área, mientras España controlaba la pelota y mantenía la circulación que había exhibido durante los 90 minutos.

Pero un color podía empezar a desgastar esa ilusión argentina: el de una tarjeta roja. Enzo Fernández fue expulsado tras recibir la segunda amarilla. Fue el momento de inflexión del partido.

Aun así, la historia seguía. Con un jugador menos, Argentina continuó corriendo detrás del objetivo: la última de Leo.

Hasta que la ilusión empezó a desgastarse un poco más. Tras un cabezazo de Nico Williams, la pelota le quedó a Ferran Torres, que remató al arco para el 1-0 en el minuto 106. Pero todavía quedaba tiempo.

Los tiros de esquina favorecían el juego de la Albiceleste. Los jugadores buscaban a Leo, y Leo buscaba el arco que tantas alegrías y tristezas le dio. El desgaste empezaba a hacerse visible en los titulares, pero seguían intentando encontrar el empate para llevar la definición a los penales. Un milagro, nada más. La ilusión volvía a estar intacta cuando faltaban apenas unos minutos.

El milagro no llegó. España se consagró campeona del mundo, como 16 años antes. Lionel Messi, en su último tango mundialista, con la medalla de plata colgada del cuello, miró hacia la hinchada argentina y llenó sus ojos de lágrimas de agradecimiento.

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