Identidad sin fronteras: Marruecos, el plantel con más extranjeros

Por Tomás González

Doha, diciembre de 2022. El universo futbolístico contemplaba con asombro cómo una selección africana eliminaba de forma consecutiva a las principales potencias de Europa. España cayó en octavos de final; la selección portuguesa, donde brillaba Cristiano Ronaldo, se despidió en cuartos.

Detrás de aquella estructura defensiva inquebrantable, del rigor táctico y del profundo sentido de pertenencia que transmitía el equipo, se escondía un indicador estadístico que desafiaba los paradigmas convencionales: Marruecos competía en Qatar con el mayor número de futbolistas nacidos fuera de sus fronteras territoriales en la historia de las Copas del Mundo.

De los 26 futbolistas convocados por el director técnico Walid Regragui, 14 habían nacido en suelo extranjero. Esta cifra representaba el 61,5% de la nómina total. Ninguna selección en la historia de los mundiales había alcanzado las semifinales del torneo con una mayoría tan evidente de atletas desarrollados profesionalmente lejos de la bandera que representaban.

La distribución geográfica de aquel plantel constituía un fiel reflejo de la diáspora marroquí en el continente europeo. Achraf Hakimi, pieza fundamental en el lateral derecho, nació y creció en los suburbios de Madrid, donde se formó en las categorías inferiores del Real Madrid. Hakim Ziyech y Sofyan Amrabat, ejes de la creación y el equilibrio en el mediocampo, nacieron en los Países Bajos bajo las pautas del modelo formativo neerlandés. Yassine Bounou, guardameta y figura en las tandas de penales, nació en Montreal, Canadá, antes de trasladarse a Marruecos y, posteriormente, consolidar su carrera en España. Otros pilares, como Sofiane Boufal o Romain Saïss, se instruyeron competitivamente en Francia, mientras que Selim Amallah hizo lo propio en Bélgica.

Este escenario no obedeció a la casualidad ni a un proceso de nacionalización apresurado por intereses coyunturales. Fue el producto de una planificación estratégica de la Real Federación Marroquí de Fútbol, institución que durante años desplegó una red de captación en Europa con el objetivo de persuadir a los hijos de inmigrantes marroquíes de que representar al país de sus ancestros constituía una prioridad identitaria.

 

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La fórmula demostró una alta efectividad al conjugar la disciplina táctica, la velocidad y la infraestructura de las principales academias europeas con la determinación y el arraigo cultural africano.

Cuatro años después de la histórica campaña en Qatar, las diferentes federaciones internacionales han asimilado el modelo marroquí, mientras que los propios Leones del Atlas debieron gestionar la transición hacia la Copa del Mundo 2026. Lejos de mitigar esta política de reclutamiento, las autoridades deportivas profundizaron la tendencia de manera drástica.

Si el 61,5% registrado en 2022 representaba un hito sin precedentes, para el Mundial 2026 la proporción de futbolistas nacidos en el exterior se incrementó hasta alcanzar el 73% del plantel definitivo.

En la lista oficial de 26 convocados presentada por el entrenador Mohamed Ouahbi, un total de 19 jugadores nacieron y se formaron fuera de Marruecos, reduciendo la presencia de futbolistas nativos a una estricta minoría de apenas siete integrantes.

La federación capitalizó el prestigio internacional obtenido en el torneo anterior para atraer a talentos biculturales de primera línea que inicialmente dudaban entre aguardar un llamado de las potencias del Viejo Continente o inclinarse por sus raíces familiares. El exponente más claro de esta dinámica es Brahim Díaz, nacido en Málaga y futbolista del Real Madrid, quien se incorporó para liderar el frente de ataque del seleccionado.

A la estructura base que permaneció desde el proceso anterior se le acopló una nueva generación de futbolistas desarrollados en el fútbol europeo de élite. Esta masiva incorporación de jugadores formados en el extranjero relegó a las opciones del ámbito doméstico, consolidando para el Mundial 2026 un modelo en el que Marruecos ratifica su dependencia y confianza en el talento cultivado por su diáspora en Europa.

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