Por Ludmila Àlvarez, Vito Germán Arusmendi, Julián Barbieri, Matías Salinas y Luca Salvetti
¿El fútbol argentino prepara jóvenes para la vida o solo para el deporte? ¿Es posible
estudiar y competir al máximo nivel al mismo tiempo?
Estas preguntas atraviesan la realidad de muchas familias argentinas que se encuentran
atrapadas en un dilema moral: por un lado existe la posibilidad de triunfar en el deporte
predilecto del país y lograr acabar con las carencias que los atraviesan, mientras que por
otro está la probabilidad de que eso nunca se cumpla a pesar de los múltiples sacrificios
que se hagan. La televisión y las redes sociales muestran la imagen de los futbolistas
como estrellas, personas que viven de patear una pelota y tienen una vida carente de
preocupaciones, sin embargo, esa idealización evita que se ponga en contexto todo lo que
hay detrás de un sistema que según lo que se muestra parece destinado a triunfar.
Muchos jóvenes, cuando todavía transitan la escuela primaria o los primeros años del
secundario, dejan sus hogares para mudarse a cientos o incluso miles de kilómetros de
distancia, y cambian la convivencia familiar por una pensión compartida con otros chicos
que persiguen el mismo sueño: convertirse en futbolistas profesionales. No solo se mudan
de provincia o de país sino que también abandonan por completo su entorno, sus rutinas y a las personas que los contienen, en estos contextos el abrazo de una madre después de un mal día, muchas veces es reemplazado por el acompañamiento de una trabajadora social, un preceptor o un coordinador.
Estas personas son quienes intentan hacer más llevadera la distancia mientras los ayudan a
adaptarse a una vida atravesada por los entrenamientos, la escuela y la presión por rendir
dentro y fuera de la cancha. En este mundo, el papel del sistema educativo está
completamente atravesado por las responsabilidades ajenas al estudio, donde la balanza
parece tirar siempre para el lado de la pelota y todo lo demás acompaña.
CUANDO EL FÚTBOL ABRAZA LA ESCUELA
En los últimos años, compatibilizar la educación con el deporte de alto rendimiento comenzó a ocupar un lugar cada vez más importante en la agenda educativa y política. En ese contexto surgieron iniciativas como el programa Deportistas de Alto Rendimiento (DAR) de la Ciudad de Buenos Aires, que ofrece adaptaciones académicas para estudiantes que
deben combinar la escuela con entrenamientos, competencias y viajes.
Esta resolución asegura que los estudiantes que sean deportistas de alto rendimiento y que
falten a la escuela por representar sus actividades no tendrán conflictos a la hora de
resolver su situación académica, ya que estas faltas no se contabilizarán dentro de las
inasistencias anuales permitidas y los alumnos no serán considerados libres. Además, los
equipos de conducción de cada escuela podrán exceptuar a quienes se ausenten por
compromisos deportivos, lesiones, viajes u otras razones vinculadas a la práctica del
deporte de alto rendimiento.
Además, logra hacer partícipe a la familia sin importar a cuantos kilómetros se encuentre ya que, en todos los casos, los estudiantes y sus familias deberán informar a su establecimiento sobre sus actividades adjuntando la documentación correspondiente. Andrea Landoni, madre de un pensionado de Argentinos Juniors, se muestra profundamente agradecida por el cambio estructural efectuado en los colegios con
orientación deportiva: “En la otra escuela lo tenía que sacar siempre antes de clases.
Parecía que yo estaba repitiendo primaria porque hacía todos los trabajos que le dejaban,
no porque él sea vago sino porque no le daban los tiempos: a la mañana iba al cole, a la
tarde a entrenar y a la noche llegaba muerto”.
Una docente de la EEM N° 2 D.E. 14 Argentinos Juniors; hizo fuerte hincapié en la importancia del Bachiller que se abrió para favorecer a que los chicos tengan estudios no
solamente adaptados a su agenda deportiva, sino también funcionales a futuro. Su grilla
horaria cuenta con todos los básicos de cualquier secundario como lengua, matemática,
ciencias sociales y naturales pero también tienen materias específicas de preparación física,
comunicación y expresión.
Esta no es la única escuela que aplica bachilleratos con orientaciones específicas para
futbolistas, en el Club Atlético Vélez Sarsfield los alumnos tienen un curso particular
dedicado a quienes se dedican a la vida atlética y otro con una orientación para los que
busquen ejercer la comunicación deportiva a futuro. Esta institución, no se queda solo con
la educación de nivel secundario y también propone alternativas terciarias como lo son el
profesorado de educación física y la carrera de continuación al bachillerato periodístico, un
nivel superior disponible para todo aquel que quiera cursar ya sea proveniente del círculo
cerrado del club o alguien desvinculado a este.
Carolina Ferreiro, ex alumna del Instituto Velez Sarsfield y actual fotógrafa de las divisiones
inferiores del club, destaca que la mayoría de los futbolistas optan por seguir el profesorado
de educación física por temas de comodidad: “Ellos viven dentro del predio, entrenan por la
mañana y no les cuesta nada acercarse a la tarde para estudiar una carrera. Muchos lo
reconocen como algo que puede abrir puertas y que no les toma mucho viaje ni demasiada
exigencia en los tiempos”.
Esto demuestra una adaptación del sistema educativo hacia las necesidades de los
pensionados y abre la puerta a oportunidades que facilitan no solo la obtención de un título
secundario sino también de un futuro laboral mucho más amplio gracias a la posibilidad de
acceder al nivel terciario.
LAS DESIGUALDADES QUE TODAVÍA PERSISTEN

Sin embargo, una entrevistada del Ministerio de Educación contó una problemática pocas
veces abordada dentro de estos planes de estudio: “Las clases terminan en diciembre y las
pensiones cierran en noviembre, hay todo un programa educativo que queda fuera o tiene
que condensarse por culpa de no tener en cuenta este corto lapso de tiempo donde quedan
en la misma nada”.
Esta situación genera un desfasaje entre el calendario escolar y la dinámica real de las
instituciones deportivas, lo que obliga a los estudiantes a acelerar contenidos, rendir en
plazos reducidos o incluso perder continuidad pedagógica en tramos clave del ciclo lectivo.
En muchos casos, esto termina trasladando la responsabilidad de la adaptación
exclusivamente al alumno, que debe sostener dos exigencias simultáneas sin un
acompañamiento uniforme en todos los establecimientos.
A esto se suma otra desigualdad menos visible: la diferencia entre clubes que cuentan con
estructuras educativas consolidadas y aquellos que no tienen recursos suficientes para
implementar dispositivos de apoyo académico. Mientras algunas instituciones como el Club
Atlético Vélez Sarsfield o Argentinos Juniors avanzan con proyectos educativos integrales,
otros espacios formativos dependen de acuerdos externos o de iniciativas aisladas, lo que
genera trayectorias escolares dispares dentro del mismo universo del deporte juvenil.
Estas diferencias entre instituciones pueden ser interpretadas a partir de lo planteado por el destacado sociólogo Pierre Bourdieu en “Elementos para una teoría en el sistema de
enseñanza” quien sostiene que el sistema educativo tiende a reproducir desigualdades
sociales preexistentes. En este sentido, no todos los jóvenes deportistas acceden a las
mismas condiciones materiales, pedagógicas e institucionales para sostener su formación,
lo que genera trayectorias escolares profundamente desiguales dentro de un mismo
universo deportivo.
Un claro ejemplo es la pensión del Club Atlético San Lorenzo de Almagro que cuenta con un
espacio improvisado tras el cierre de la concentración principal luego de la pandemia del
COVID-19, y que fue viralizada en el último tiempo por un video de Tik Tok que mostraba
las opciones poco nutritivas que tenían a la hora de completar las cuatro comidas. Ahora,
¿qué tiene que ver esta situación con el nivel escolar?
El colegio de San Lorenzo se encuentra justo frente a Ciudad Deportiva y los testimonios de
múltiples ex alumnos construyen una línea bastante similar de testimonios, todos destacan
la ausencia de múltiples profesores, la falta de contenido educativo, y una frase que ya se
vuelve trillada: “seguimos viendo lo mismo desde primer año”.
El bajo nivel de la institución afecta principalmente a aquellos jugadores con puestos que
tienen menor posibilidad de llegar velozmente a primero, no es casualidad que los
testimonios que resuenan como más afectados son los de los arqueros a los que le soltaron
la mano a mitad de camino y dejaron sin herramientas para salir al mundo real. Un guardameta que disputó dos mundiales sub 17 declaró que le pedían el título secundario
para jugar en primera pero que el club no ponía mucho foco en la educación: “Mi
representante me falsificó el título para que pueda entrenar con la máxima categoría y nadie lo puso en duda. Cuando era chico me creía un genio por hacer eso pero hoy en día no entiendo como una institución de tanto renombre pudo ignorar un documento que no
contaba con el aval indicado”.
Mismo es el caso de otro arquero que debió cambiarse de club múltiples veces tras la
rescisión de su contrato en San Lorenzo y abandonó todos sus objetivos académicos
debido a no creerse capaz de afrontar los estudios: “Antes soñaba con ser kinesiólogo, pero
desde que salí de la pensión empecé a deambular en distintos clubes del interior y todos
tenían escuelas con poca dedicación académica. Me terminé resignando a ser arquero
suplente toda la vida, porque para lo otro no me da la cabeza”.
Esta brecha demuestra que no solo se trata de políticas públicas sino también de factores
vinculados a su aplicación y los puestos en los que se desempeñan los muchachos. Si bien
parece algo banal, muchas veces ciertas posiciones tienen mayor capacidad de lograr
objetivos futbolísticos, mientras que aquellos resignados a lugares con poca adaptación y
prácticamente cero recambio son los más rezagados.
¿QUÉ PASA CON LOS REZAGADOS?
Cuando el sueño termina, la educación que recibió cada uno empieza a tomar un rol de
mayor importancia y deja en claro la diferenciación entre aquellos que el fútbol preparó solo para ser jugadores y a los que les dió las herramientas necesarias para afrontar la vida
fuera de la cancha.
El arquero de San Lorenzo que rascó con sus propios guantes la gloria mundialista se
desempeña como repositor de Carrefour, y utiliza su título falsificado para acceder a un
curso de director técnico que le permite seguir vinculado al fútbol y cumplir su sueño del otro lado de las líneas blancas.
En su historia de vida se ve reflejado un sistema que le hizo probar el sabor de la victoria, le mostró que tenía todas las capacidades para cumplir sus sueños y de un momento a otro le quitó todo dejándolo a la deriva. Pasó de ser una jóven promesa a ser un padre desempleado viviendo lejos de su familia y tratando de rebuscarselas como podía, porque el sistema educativo afecta a los chicos de hoy pero también a los adultos del mañana.
Ante esto, aparecen trayectorias que muestran otra cara del mismo sistema, donde la
formación educativa no desaparece cuando el fútbol ocupa el centro de la vida, sino que
funciona como un soporte paralelo.
Benjamín Krom es un jugador de la quinta división de Estudiantes de La Plata y ex
pensionado de River, y pasó por las instituciones educativas de ambas instituciones y
sostiene que la escuela nunca estuvo completamente disociada de su desarrollo deportivo:
“Las escuelas no son tan diferentes a las normales, solo cambian un poco con lo flexibles
que son con las faltas o los trabajos, al fin y al cabo saben que se nos complica. La escuela
de Estudiantes estaba más enfocada en la educación física, al ser un bachillerato era más parecido a una escuela común pero todo enfocado en educación física; los huesos, biología,
rutinas de entrenamiento que hoy me sirven para el gimnasio, dar clases. En River hacían
mucho hincapié en la oratoria, nos hacían dar charlas TED”.
Gracias a estas oportunidades que le presentaron las escuelas deportivas, hoy en día
decidió estudiar abogacía en la UAI, además declaró que le hubiese gustado empezar
psicología a principios del año pero quería concentrarse plenamente en su presente
futbolístico: “Voy a empezar de a poco con 2 o 3 materias para ir adaptándome y poder
hacerlo. Después más relacionado con el deporte me gustaría videoanálisis de fútbol o
psicólogo deportivo”.
Esto demuestra que el estereotipo que pone a los futbolistas como estudiantes poco
dispuestos a la vida académica se diluye con la presencia de oportunidades que barajan
posibilidades de crecimiento y formación por fuera del fútbol, incluso demostrando que la
pasión por el deporte no toma forma solamente dentro de las canchas sino también en
disciplinas afines.
LA IDEA DEL “VAGO”
A este punto, resulta imposible ignorar el estereotipo común creado alrededor de la figura
del futbolista joven que lo encasilla como “vago” o poco interesado hacia las clases y el
rendimiento académico. Esto se debe a que donde muchas personas ven un alumno poco
dedicado, el mundo del atleta está atravesado por miles de factores externos que evitan que se concentren o que pongan toda su energía en el desempeño escolar.
Desde una mirada crítica de la educación, el sociólogo y pedagogo Paulo Freire sostiene
que no es posible analizar el aprendizaje sin considerar el contexto social del estudiante, ya
que las condiciones de vida inciden directamente en su capacidad de sostener los procesos
educativos. Su marco teórico puede bajarse a tierra con la declaración de Benjamín Krom
sobre esta problemática: “Los martes y jueves que eran cuando más nos exigen llegábamos muy cansados a las clases; había compañeros que se dormían y no podían prestar atención. Había uno que siempre se quedaba dormido en la última hora que llegaba
filosofía, pero es entendible, a esa hora estás muy matado como para concentrarte”.
Esta situación no deja en ningún momento la idea de que los alumnos no deseaban prestar
atención sino que simplemente se les imposibilitaba mantener el foco después de un día
cargado de exigencias. También demostró que esto ocurre fuera del ámbito secundario y se
traslada a aquellos que quieren cursar estudios de nivel superior mientras van en búsqueda
del sueño futbolístico.
“Mi mejor amigo dentro del club estudiaba marketing deportivo pero se le dificultó mucho
continuar estudiando y entrenando, casí que no tenía tiempo para nada”, declaró Krom
sobre la dificultad de mantener esta doble vida incluso después de finalizar el secundario. En ese sentido, la dificultad para sostener la atención en clase no aparece necesariamente
como una falta de interés, sino como el resultado de una rutina marcada por la exigencia
física y la falta de descanso. Esa dinámica no se limita al nivel secundario, sino que se
extiende incluso a quienes intentan sostener estudios superiores en paralelo a su carrera
deportiva, donde los tiempos y las energías vuelven a entrar en conflicto constante entre el
aula y la cancha.
En esa línea, el fútbol puede entenderse no sólo como un deporte, sino como un fenómeno
social y cultural que organiza expectativas, identidades y proyectos de vida. Tal como
plantea el antropólogo francés Christian Bromberger en sus estudios sobre el fútbol como
visión del mundo,este deporte funciona como un espacio donde se condensan dimensiones
económicas, simbólicas y emocionales que exceden ampliamente el juego en sí mismo. No
se trata únicamente de una práctica competitiva, sino de un sistema de significados que
estructura aspiraciones individuales y colectivas desde edades tempranas.
En ese sentido, la construcción del “ser futbolista” no se limita al rendimiento dentro de la
cancha, sino que se vincula con imaginarios de ascenso social, reconocimiento público y
transformación de la propia realidad. Así, las decisiones de estudio, residencia y trayectoria
personal quedan muchas veces atravesadas por ese horizonte de expectativas que el fútbol
habilita, pero que no siempre garantiza.
¿QUÉ SOLUCIONES ENCONTRARON EN OTROS PAÍSES?
La tensión entre educación y deporte no es exclusiva del fútbol argentino. Sin embargo,
distintos países desarrollaron modelos donde la formación académica dejó de ser un
complemento para convertirse en una obligación dentro del proceso formativo. La
experiencia internacional demuestra que la formación académica de los jóvenes futbolistas
puede ocupar un lugar mucho más central dentro de los proyectos deportivos.
En Alemania, por ejemplo, las academias de los clubes que integran el sistema de
formación de la Bundesliga deben cumplir una serie de requisitos establecidos por la
Federación Alemana de Fútbol, entre ellos, tienen que garantizar que los deportistas
continúen sus estudios y reciban acompañamiento pedagógico durante todo el proceso
formativo. En esta visión, la educación no aparece como un complemento del entrenamient sino como una condición para el desarrollo integral del jugador, y se sintetiza en la frase del
entrenador y director deportivo Robin Dutt: “primero está la escuela, después el fútbol”.
Un modelo similar se observa en Inglaterra, donde el Elite Player Performance Plan (EPPP)
obliga a las academias profesionales a ofrecer programas educativos, tutorías
personalizadas y seguimiento académico permanente dividido en etapas acorde a las
distintas edades: la formación base se lleva a cabo entre los 9 y 11 años, el desarrollo
juvenil desde los 12 a los 16, y el crecimiento profesional recién aparece como prioridad a
partir de los 17 y continúa hasta los 23 años.
Para garantizar el adecuado funcionamiento de las academias, estas son auditadas de
forma independiente y se les asigna una categoría del 1 al 4, siendo la primera la de mayor
prestigio. Para la clasificación se tienen en cuenta hasta 10 factores diferentes, entre ellos
los índices de productividad, las instalaciones de entrenamiento y los programas de
formación, educación y bienestar.
En Francia, los centros de formación autorizados por la Federación Francesa de Fútbol
(FFF) funcionan en articulación con instituciones educativas. Los jóvenes combinan
entrenamientos con jornadas escolares obligatorias y reciben apoyo específico para
sostener ambas trayectorias. La continuidad educativa constituye un requisito para
permanecer dentro del sistema y forma parte del proceso de formación del deportista. El
mayor ejemplo es el INF Clairefontaine, que es el centro de formación de élite de la FFF y
prepara a jóvenes de entre 13 y 15 años. Los chicos viven en el predio, entrenan varios días por semana y asisten obligatoriamente a una escuela pública de la zona. El rendimiento académico es monitoreado de manera permanente y es una condición indispensable para continuar dentro del programa, esto refleja cómo la educación y el desarrollo deportivo pueden ir de la mano. El programa Clairefontaine, implementado desde 1988, hizo que el fútbol francés avanzara a pasos agigantados, figuras como Kylian Mbappe, Thierry Henry, Nicolas Anelka, Blaise Matuidi o Marcus Thuram, por mencionar algunos.
Por su parte, España también avanzó en esa dirección mediante academias que desarrollan
convenios con escuelas y universidades. Uno de los casos más conocidos es La Masía, del
Fútbol Club Barcelona, donde la formación deportiva convive con un fuerte acompañamiento educativo y humano. La Masía incorpora la educación como una política
transversal del proyecto deportivo. El seguimiento académico, el acompañamiento
psicológico y la formación en valores no aparecen como servicios complementarios, sino
como condiciones necesarias para el desarrollo de cada futbolista. De hecho, el club
incentiva el aprendizaje de distintos idiomas, el uso responsable de tecnología, educación
financiera y desarrollo de habilidades comunicativas. Bajo esta lógica, el éxito de la
academia no consiste únicamente en producir futbolistas de élite, sino también por la
capacidad de formar personas capaces de desenvolverse dentro y fuera del deporte.
En el continente americano, Estados Unidos presenta una clara articulación entre el deporte
y el sistema educativo universitario, la National Collegiate Athletic Association es el ente
encargado de regir el modelo de student-athlete en el que los deportistas deben cumplir
requisitos académicos para mantener su elegibilidad deportiva, lo que implica conservar un
determinado rendimiento en sus estudios mientras representan a sus respectivas casas de
estudio.
Las becas deportivas son clave en el desarrollo académico de muchos jóvenes cuyas
familias no tienen los ingresos necesarios para pagar las altísimas cuotas de las
universidades estadounidenses. Sin embargo, este modelo va más allá del financiamiento
económico ya que las instituciones ofrecen tutorías académicas, apoyo psicológico,
orientación vocacional y programas de desarrollo personal, entendiendo que esta formación
constituye un componente tan importante como el rendimiento competitivo. De este modo,
el modelo busca preparar a los jóvenes tanto para una carrera en el deporte profesional
como para su inserción laboral una vez finalizada su trayectoria deportiva.
En América Latina, la articulación entre educación y deporte presenta un desarrollo más
desigual y depende en gran medida de las iniciativas de cada club, federación o programa
estatal. En Brasil, la Ley Pelé establece que los clubes formadores deben garantizar la
escolarización de los jóvenes futbolistas y promover su desarrollo integral. En otros países,
como Chile, Colombia y Uruguay, existen convenios entre clubes e instituciones educativas,
programas de tutorías y acompañamiento académico que buscan facilitar la continuidad de
los estudios mientras los deportistas transitan su etapa formativa. Sin embargo, estas
experiencias suelen ser aisladas y no responden a una política regional unificada, por lo que
el acceso al acompañamiento educativo continúa dependiendo, en muchos casos, de los
recursos y el compromiso de cada institución.
Estas comparaciones permiten abordar la educación desde un enfoque comparado que
contrapone el modelo europeo con el americano, evidenciando cómo las políticas
educativas en el deporte se estructuran en función de las prioridades estatales y los
recursos disponibles en cada contexto. En el caso de Argentina, su situación no difiere
significativamente del resto de América Latina, donde el desarrollo educativo de los
deportistas depende en gran medida de las capacidades institucionales y económicas de
cada club, más que de un sistema regulatorio unificado a nivel nacional.
Desde la perspectiva de Pierre Bourdieu, esta desigualdad puede explicarse a partir del
concepto de capital, al señalar que “el volumen global del capital, entendido como el
conjunto de recursos y poderes efectivamente utilizables, determina las posibilidades
objetivas de los agentes”. En este sentido, los países con mayor disponibilidad de recursos
pueden implementar políticas educativas específicas para el ámbito deportivo, mientras que
en otros contextos estas iniciativas tienden a ser fragmentarias y dependientes de esfuerzos institucionales particulares, lo que reproduce desigualdades estructurales entre regiones.
Desde esta perspectiva, la diferenciación entre el Sur Global y las políticas europeas o
norteamericanas no debe entenderse como un desinterés o una falla en su implementación,
sino como una brecha estructural en la que los recursos económicos y capacidades
institucionales juegan un papel esencial.
CONCLUSIÓN
En el recorrido de estas experiencias aparece una tensión constante entre dos proyectos
que muchas veces se presentan como incompatibles, pero que en la práctica conviven de
manera desigual: la formación académica y la carrera deportiva. Las pensiones, los
programas educativos adaptados y las escuelas vinculadas a clubes intentan construir un
puente entre ambos mundos, aunque ese puente no siempre logra sostenerse de manera
homogénea, lo que revela que no se trata solo de una cuestión organizativa sino de una
problemática estructural más profunda.
Los testimonios reunidos en esta investigación muestran que el problema no pasa por elegir entre el aula y la cancha, sino por la forma en que el sistema termina empujando a muchos jóvenes a priorizar una sobre la otra. También interpelan a los clubes, al poner en discusión qué modelo de formación elige sostener y cuánto está dispuesto a invertir en el futuro de esos chicos más allá del rendimiento inmediato.
Formar jugadores no debería limitarse únicamente al desarrollo deportivo, también implica
preparar a esos jóvenes para el momento en que el fútbol deje de ser una posibilidad,
brindándoles herramientas para construir un proyecto de vida más allá del deporte. Por eso, la discusión no pasa únicamente por preguntarse si el fútbol prepara o no para la vida, sino por cómo el sistema deportivo y educativo asumen esa responsabilidad.
En estos casos, se debe comprender que lo que está en juego no es solamente la
formación de futuros futbolistas, sino la de personas cuyo futuro no debería depender
exclusivamente de la siempre incierta posibilidad de llegar a primera división. Es por eso
que quizás el mayor desafío sea revisar la forma en que se mide el éxito de las instituciones formativas, ya que durante años ese reconocimiento estuvo asociado casi exclusivamente a la cantidad de futbolistas que lograron llegar a la máxima categoría.
Sin embargo, las historias reunidas en esta investigación invitan a ampliar esa mirada: una
pensión también debería ser evaluada por la cantidad de jóvenes que egresan con
herramientas para construir un futuro, porque el mayor logro de una institución no debería
ser únicamente formar futbolistas, sino también formar personas capaces de afrontar el
futuro cuando el fútbol deje de ser una posibilidad.




