Por Morena Sola Souto, Matías Ortiz, Nicolás Francolino, Leonel Librandi y Tomás Roselli
La selección haitiana se clasificó a la máxima cita mundialista por segunda vez en su historia, 52 años después de su única participación anterior, en Alemania 1974. En un país marcado por las crisis políticas y la ausencia de instituciones democráticas sólidas desde hace décadas, el fútbol se convirtió en un espacio de unión y encuentro para sus habitantes, ofreciéndoles un respiro frente a una realidad cotidiana atravesada por las dificultades.
El contexto social que atraviesa Haití le da aún más valor a la hazaña conseguida por el equipo dirigido por el francés Sébastien Migné, que se clasificó como líder de su grupo tras perder apenas uno de los seis partidos disputados. La particularidad es que no jugó ni un solo encuentro de la clasificación en territorio haitiano debido a la constante inseguridad que afecta al país y que impide la realización de eventos deportivos internacionales.
Desde 2021, Haití atraviesa una profunda crisis institucional tras el asesinato del presidente Jovenel Moïse. Desde entonces, grupos armados han incrementado su control sobre amplias zonas de la capital, Puerto Príncipe. Incluso el Stade Sylvio Cator, principal estadio del país, permanece inutilizado para la actividad futbolística, mientras que la liga local ha sufrido reiteradas interrupciones en los últimos años.
En este contexto, Migné ni siquiera ha podido visitar Haití desde que asumió el cargo en 2024. El seguimiento de sus futbolistas lo realiza desde Francia mediante videollamadas y herramientas digitales. Las convocatorias suelen definirse pocos días antes de cada fecha FIFA y los encuentros como local se disputan en Curazao y, en algunas ocasiones, en Aruba, países que ceden sus instalaciones para que la selección pueda ejercer una localía relativamente cercana.
Una de las claves del exitoso ciclo del entrenador ha sido el trabajo de scouting realizado en Europa y la incorporación de futbolistas con ascendencia haitiana nacidos en el exterior. Entre ellos se destaca el mediocampista Jean-Ricner Bellegarde, jugador del Wolverhampton inglés. Nacido en Francia e hijo de padres haitianos, disputó 25 partidos en la última temporada de la Premier League y debutó con la selección haitiana en 2025.
Otro caso es el del delantero Wilson Isidor, del Sunderland, una de las incorporaciones más importantes de cara al Mundial. A ellos se suman referentes históricos del plantel como Duckens Nazon, máximo goleador de la historia de la selección con 44 tantos, y el arquero Johny Placide, capitán del equipo, que afrontará el torneo con 38 años.
A los “Granaderos” les espera una zona exigente. La pentacampeona Brasil, la emergente Marruecos y la siempre competitiva Escocia integran el Grupo C del Mundial de Norteamérica. Haití disputará todos sus partidos de la primera fase en Estados Unidos. Debutará el 13 de junio frente a Escocia en Boston, luego se medirá con Brasil el 19 en Philadelphia y cerrará su participación en la fase de grupos el 24 en Atlanta ante Marruecos.
El único aspecto negativo dentro del clima mundialista está relacionado con una medida adoptada por el gobierno estadounidense que afecta a los ciudadanos haitianos. Las restricciones migratorias vigentes complican la posibilidad de que muchos simpatizantes puedan viajar para acompañar al equipo durante la competencia, limitando la presencia de hinchas en las tribunas.
Sin embargo, ni la dificultad de los rivales ni las complicaciones para contar con el apoyo masivo de sus seguidores logran apagar la ilusión. Para el pueblo haitiano, volver a disputar un Mundial representa mucho más que una participación deportiva: es una oportunidad para celebrar, aunque sea por unas semanas, una historia de esfuerzo, resistencia y esperanza en medio de la adversidad.




