sábado, mayo 30, 2026

Arsenal, lo bueno se hace esperar 

Por Catalina García

A tan solo horas de poder consagrarse campeón de Europa, el Arsenal ya respira el clima de festejos tras ganar la Premier League por primera vez en 22 años. Un proyecto que tardó ocho años en construirse, que fue posible porque el club confiaba en lo que podía lograr Mikel Arteta, a pesar de que era su primera vez en la vida dirigiendo. 

La falta de tolerancia a la derrota y una sociedad cada vez más resultadista, suelen provocar el despido de entrenadores tras apenas unas fechas sin buenos resultados. Sin embargo, tanto Pep Guardiola, Arteta, y Unai Emery son el ejemplo de que los logros pueden tardar años, y que los proyectos exitosos requieren de un proceso para construir una identidad de juego. Lo bueno se hace esperar. 

Entonces, ¿por qué no se toma como ideal el modelo de crear un equipo sólido que lleva tiempo, en vez de esperar a que en tan solo dos partidos este sea puntero de la liga? Guardiola tardó dos años desde que asumió como entrenador del Manchester City para conseguir títulos, y siete para salir campeón de la Champions. El caso del “Míster” sigue una lógica parecida, quien desde 2019 proyectó salir victorioso en cada torneo al que se presentaba, y en ocasiones obtenía resultados, como la FA Cup de 2020, y en otros no podía estar más cerca de conseguirlo quedando en las puertas del título. 

Sin embargo, no todos los procesos pueden sostenerse indefinidamente, eventualmente deben finalizar. Existen casos, como el de Frank de Boer cuando lo contrataron en el Crystal Palace y fue despedido tras 77 días al mando por no haber marcado en las únicas cuatro fechas que disputaron. Aunque su propuesta era cambiar el estilo de juego, las dificultades para implementarlas provocaron su salida. La continuidad no garantiza, a veces, el éxito. Existen propuestas, incluso con tiempo, que no logran mostrar una evolución futbolística ni resultados que justifiquen su permanencia. Su situación fue categorizada por los medios como “impaciencia y pensamiento a corto plazo” de parte de los directivos de Las Águilas. 

Por otro lado, Emery también se encuentra en el camino a la gloria, mientras va recogiendo trofeos para demostrar que con dedicación y tiempo se puede llenar una vidriera. Su llegada al Aston Villa fue en 2022, relativamente poco tiempo, pero suficiente para sentar las bases de un grupo que trabaja en equipo para avanzar hacia un mismo objetivo. Consiguió la clasificación a la Champions League en 2024, torneo del que los Villanos no participaban desde la temporada 1981/82. 

Y no es coincidencia que los tres técnicos sean españoles. Sus improntas, por más distintas que sean, quedan reflejadas en cada partido, los números respaldan el impacto de sus métodos. En el caso de Guardiola, es el único entrenador en haber ganado la Premier League cuatro veces seguidas, además de convertir el equipo en el más goleador (903 en su trayectoria con el Manchester), más victorioso (269), y menos derrotado (52). Logros que no podría haber conseguido si lo hubiesen despedido tras diez partidos con el conjunto citadino. 

Porque 10 partidos no alcanzan para formar un vínculo con un plantel, y transmitir una idea o concepto. Un claro ejemplo es Rafa Benitez, que llegó en 2004 al Liverpool, con un comienzo tumultuoso, y aun así alcanzó la gloria máxima, esa misma temporada, cuando vencieron en Estambul al Milan. Su situación demuestra que no se puede juzgar un proceso únicamente por los primeros partidos.   

Y es por eso que uno se cuestiona: ¿por qué en Argentina no confían en los técnicos y los despiden por una derrota que no podría estar más lejos del descenso? ¿Se debe a un tema de dinero, o simplemente el hincha, y un club, no puede concebir la idea de un fracaso? Es una obviedad que para mantenerse entre los mejores tienen que ganar, pero no siempre se puede llegar. 

Uno de los casos más reconocidos en el país es el de Marcelo Gallardo, cuando asumió en River. Una apuesta por parte del Millonario, ya que contaba con poca experiencia en el cargo. Su primer ciclo terminó durando ocho años con 14 galardones que lo posicionan como el entrenador más ganador de la historia del club. Y a pesar de pasar años con títulos y otros no, su plan constaba en el crecimiento del equipo. Fue así que terminó convirtiéndose en un emblema. Más allá de las críticas que recibió, siempre sostuvo una idea. 

No obstante, la realidad argentina está muy lejos de ser parecida a la europea. Los clubes dependen de la remuneración de las clasificaciones a torneos internacionales, o incluso de las competencias locales, además de la venta de jugadores. Es por eso que una mala campaña afecta masivamente a la economía del club, y si el entrenador no mejora el rendimiento, seguramente el taxi lo esté esperando en las puertas de la institución.  

Probablemente, no sea cuestión de elegir entre proceso y resultado, si no encontrar un equilibrio entre ambos. Los ejemplos de Guardiola, Arteta, Emery, y Gallardo demuestran que la paciencia es fundamental para que los equipos den frutos. La pregunta es si el fútbol argentino es

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