Por Santiago Peñoñori Gaona
Diego Milito, presidente e ídolo de Racing, aseguró que el fútbol argentino estaba roto, tras la caída de la Academia contra Rosario Central por los cuartos de final del Torneo Apertura 2026. La principal figura del Canalla, Ángel “Fideo” Di María, defendió el trabajo hecho por su equipo y dio por tierra la idea de que hayan sido favorecidos por el arbitraje. “Los del interior siempre tuvimos que callarnos, pero no nos callamos más, el interior crece y eso duele, eso incomoda y molesta”, señaló en una parte del descargo que realizó por Instagram.
Más allá de que plantear la disputa de clubes porteños y clubes del interior pueda interpretarse como una manera de desviar el eje del debate, resulta interesante pensar cuál ha sido el lugar de los equipos del interior en nuestro fútbol a lo largo de la historia.
Según los registros de la AFA, el primer campeón del fútbol argentino fue un equipo de la escuela escocesa Saint Andrew’s en 1891, en un torneo que disputaron solo cinco equipos. Dos años más tarde, Alejandro Watson Hutton, educador escocés considerado “El Padre del Fútbol Argentino”, fundó la Argentine Association Football League. Esta asociación sufrió diversos cambios de nombre hasta 1934, tres años después del inicio del profesionalismo, donde se quedó con su nombre definitivo: Asociación del Fútbol Argentino. El amateurismo fue porteño. En él se consagraron 51 campeones nacionales, todos pertenecientes a la Ciudad de Buenos Aires o sus alrededores. El único caso en el que podría haberse dado algo distinto fue en 1894, cuando Rosario Athletic participó en el torneo.
Tras más de 40 años de una liga que en la práctica estaba restringida a Buenos Aires, en 1939 se afiliaron a AFA y se sumaron al torneo Rosario Central y Newell ‘s Old Boys. El empuje federalista de los equipos rosarinos permitió que en la década del 40 obtuvieran la afiliación otros dos equipos de la ciudad de Santa Fe: Unión y Colón.
Valentín Suárez, interventor de la AFA designado por la dictadura de Juan Carlos Onganía en 1966, tuvo un rol clave en la expansión territorial del fútbol argentino, gracias a la reestructuración de los campeonatos que llevó a cabo. En 1967 se jugó por primera vez el Campeonato Nacional con participación de cuatro clubes del interior del país, que clasificaron mediante un torneo selectivo de carácter regional. Estos se enfrentaron a 12 equipos de Primera División de AFA clasificados a través del Campeonato Metropolitano, disputado en la primera parte de la temporada. La apertura a instituciones “no tradicionales” en el fútbol profesional resultó definitiva y tendió a ampliarse sucesivamente en ediciones posteriores.
Más allá de la dispar cantidad de equipos “tradicionales” y del interior en esa primera edición, la importancia que pretendió dársele a dicho certamen quedó reflejado en el premio que otorgó: la clasificación a la Copa Libertadores de América. Cabe aclarar que la participación al Torneo Nacional de los clubes del interior no significaba su incorporación a la primera división, ya que para jugarlo había que clasificar en cada edición.
En 1971 se dio un hito histórico: Rosario Central ganó el Nacional y se convirtió en el primer equipo campeón en el fútbol argentino que no pertenecía a Buenos Aires. En marzo de 1975 el director técnico de la selección argentina Cesar Luis Menotti armó la recordada “selección del interior” para disputar un torneo amistoso en Brasil. Esta experiencia permitió vestir la celeste y blanca a cuatro jugadores (Luis Galván, Miguel Oviedo, José Valencia y Osvaldo Ardiles) que tres años después serían campeones del mundo. En esos años, también, brillaría en Rosario Tomás El Trinche Carlovich y en Mendoza Victor El Victor Legrotaglie, dos personajes elevados a la categoría de leyenda y comparados incluso con Diego Armando Maradona. Según cuentan los relatos de época, ambos fueron figuras irrepetibles de un fútbol menos globalizado, que aún permitía amagues en el anonimato de las ligas locales.
Nueve años después, con Julio Humberto Grondona como presidente, la AFA habilitó (mediante la resolución 1309 publicada en el boletín de AFA N°682) la incorporación a primera división de los clubes que alcanzaran las semifinales del Campeonato Nacional, por lo menos, en dos temporadas. Fue así como sucesivamente iban a llegar a esta situación Talleres, Instituto y el Club Atlético Racing, los tres de la capital cordobesa.
Más allá de ese cambio, la gran reestructuración llegó en 1985 y cambió el paradigma del fútbol nacional: todos los clubes comenzaron a contar con pleno derecho para jugar en la Primera División. ¿Qué significó esto? Se terminaron los Campeonatos Nacionales y se creó el Nacional B, donde los clubes del interior pasaron a jugar los campeonatos de ascenso junto a representantes de la histórica Primera B conformada por clubes directamente afiliados. Sucesivamente se crearon nuevos torneos de ascenso a esta nueva categoría, los que sumaron masivamente equipos del interior e hicieron perder peso a las ligas locales.
En la actualidad, más allá de que la gestión actual de la AFA se autoproclama federal, las diferencias siguen existiendo. La entidad presidida desde marzo de 2017 por Claudio Chiqui Tapia se embandera detrás de la idea de un fútbol en el que nadie queda afuera. Algunos de los peones que pone sobre el tablero para defenderla son el torneo de Primera División de 30 equipos, con 13 del interior; la Primera Nacional de 36 equipos, con 17 del interior; la creación de la Copa País, certamen interligas que en su presentación prometía un cupo a la Copa Argentina que nunca llegó; la recuperación (sic) de los derechos televisivos de los clubes del ascenso, que derivó, por ejemplo, en la decisión de que los equipos de la B Metropolitana y el Torneo Federal A puedan por primera vez cobrar el mismo canon; y la creación del Torneo Argentino del Interior (viejo Federal B) que se llevará a cabo entre abril y noviembre de 2027 con 64 clubes.
En los pasillos de la AFA, nada está exento de polémicas. Al mirar la otra cara de la moneda, se pueden interpretar a todas estas acciones como meros ejercicios populistas de construcción de poder. En la última nómina de delegados autorizados a votar en AFA, los 50 equipos directamente afiliados de la B Metropolitana y la C Metropolitana contaron con ocho delegados y los más de 350 equipos indirectamente afiliados del Torneo Federal Regional Amateur y el Federal A tuvieron solo siete representantes.
Milito trató de llevarse la marca y el Fideo puso en valor su trabajo. Lo hicieron toda su carrera. La conspiración es siempre el camino más fácil. La disputa por un bien tan preciado en nuestro país no va a cesar. Ni el fútbol está roto ni Rosario Central es tan del interior. Pará, ¿del interior de qué?



