Por Juan Pablo Santillán

“Planteamos el tema en la AFA (Asociación del Fútbol Argentino) por las jugadoras que trabajan y tienen que pedir el día. En su momento eran 150 pesos por día, ahí fue, en 2017, cuando la Selección decidió parar. Nos pareció totalmente injusto que se siga con lo mismo sabiendo que todo aumenta en Argentina. Querían dar 200 pesos. Hoy lo que pagan en la Selección es 300 pesos por día, imaginate. Todo el mundo me pregunta si es en serio, y sí, es la triste realidad, cuenta Mariela Coronel, quien dijo presente en las tres citas mundialistas que la Selección femenina disputó (Estados Unidos 2003, China 2007 y Francia 2019) y también lo hará en los Juegos Panamericanos de Lima.

Como dice la santiagueña -38 años y mediocampista del Granada de España-, es una triste realidad la que rodea al fútbol femenino en general, más allá de los innumerables reclamos a la AFA: por la ansiada profesionalización, por un salario digno, por el pago de viáticos, por los problemas con las indumentarias, por inconvenientes con los premios y por la mejora de las metodologías de entrenamiento, entre otros tantos obstáculos que, por supuesto, el masculino no padece ni por asomo. La igualdad, otra lucha a nivel mundial.  

“Cuando voy a España, la gente del club lo dice: ‘Ustedes van a la Selección y vuelven más lentas, con uno o dos kilos de más’. Vengo a la Selección y es una pérdida de tiempo, expresa Coronel con respecto a los entrenamientos y desliza una crítica a la preparación física que plantea el cuerpo técnico que comanda Carlos Borrello,  repudiado en redes sociales por las jugadoras Estefanía Banini, Belén Potassa, Florencia Bonsegundo y Ruth Bravo, quienes acusaron que no han sido convocadas a los Panamericanos (Bonsegundo decidió bajarse de la lista por su cuenta) por haber alzado la voz en pedido de un cambio de entrenador: no consideran a Borrello a la altura de lo que supone el cargo. 

– Tenés puesto el pantalón de la Selección, al igual que tu familia, ¿la AFA no tiene problema en darles la ropa?

– Ahora no. Eso se generó porque se dio la casualidad de que vino una chica de marketing (Verónica Miele) con nosotras a Panamá (al Repechaje, en noviembre de 2018). Volvió a venir en abril, a Las Vegas (gira en Estados Unidos en la previa al Mundial de Francia), y desde ahí estuvo más cercana a nosotras. Las chicas le dijeron las inquietudes que teníamos, ella estaba aislada de todo lo que surgía en el femenino. A los chicos les dan hasta la ropa interior y a nosotras no. Devolvíamos las calzas, los calcetines cortos, los tops, y ella se quedaba asombrada. Preguntaba: ‘¿Cómo que devuelven? ¿Y las cosas para ducharse?’ ‘Cada una trae sus cosas’, le respondíamos, y quedaba aún más asombrada. Empezó a hablar con las marcas para ayudarnos. Ella fue de mucha utilidad solamente con que comentara nuestro tema, le parecía totalmente injusto que no se tratara al femenino como al masculino.

– ¿Ustedes nunca habían planteado estas cuestiones?

– No, porque nosotras también estábamos desentiendas del tema. Íbamos a entrenar y no nos generaba nada. Lo que sí nos sorprendía, era, por qué teníamos que devolver los tops, las calzas, ¡que es algo de uso personal! La utilera decía que esa era ropa de la que no tenía mucha y que solamente se manejaba con eso. Nadie decía nada, cada una usaba su calza porque encima no dejaban ni mojarla, la utilera no quería llevar la ropa así al lavadero, que está ahí mismo, en la AFA. Siempre nos decía: ‘Las calzas no las pueden mojar, los pantalones cortos tampoco’, por eso, la mayoría de las chicas no usaban las calzas de la AFA y cada una se llevaba la suya para poder ducharse. La chica de marketing generó que el femenino se sienta cómodo.

– A todo esto, ¿y el Presidente del Fútbol Argentino, Claudio Tapia?

Cuando estuvimos en la Copa América de Chile (2018), el señor Tapia fue, pero no se acercó a saludarnos en el hotel. Cuando fuimos a retirar la medalla, él estuvo alejado de nosotras porque estaba dolido, pero más dolidas estábamos nosotras porque en ese momento lo teníamos a Ricardo Pinela de Presidente (de la Comisión de Fútbol Femenino de la AFA), pero él estaba muy desactualizado de lo que era el femenino, lo que era la Selección. Antes de un viaje afuera, las capitanas se juntan, o la que quiera, con el Presidente de la delegación para debatir el tema de los premios. Pinela no estaba al tanto de nada. Cuando lo planteó en AFA le dijeron que ellos nunca habían pagado premio. Era mentira, estuve en el 2003 y en el 2007, y cuando clasificamos al Sudamericano y de ahí al Mundial, AFA nos dio un premio. Que se lo diga a las nuevas sí, pero que se lo diga a las viejas, que hemos estado, no. Pasaban los días y no teníamos una respuesta de Tapia. Empezamos a mover las redes sociales, armamos quilombo, en el buen sentido, y la gente se empezó a enterar de lo que pasaba. En ese torneo, Tapia quería echar a las jugadoras que salieron a contar lo que había pasado, era como decir: ‘¿Ahora vienen a hablar?’ Levantamos el furor de todo el mundo en las redes sociales y él se sintió tocado. No le planteamos algo que no era. En la segunda ronda, a la Selección de Chile le habían dado 3000 dólares para cada jugadora por haber pasado. Nosotras pensábamos: ‘Bueno, vamos por esa cantidad’, pero por haber pasado la primera ronda, la segunda y con posibilidades de ir al Mundial, por todo eso, nos dieron: 1500 dólares y 750 de viático, o sea, 50 dólares por día. A nosotras no nos interesa el dinero, jugamos porque nos gusta, pero es el reconocimiento. Notamos que ellos pensaban: ‘Si no dicen nada, mejor’. Se dio cuenta de que había mucho movimiento, lo perjudicaba y trató de apaciguar las cosas. 

– ¿Hoy en día cómo están las cosas entre ustedes y Tapia?

– Cambió muchísimo con nosotras: se acerca a hablar y tiene mucha confianza con algunas. En el Sudamericano nadie lo conocía, no sabíamos quién era. Habrá estado dos minutos, dijo unas palabras (antes de viajar a Chile) y allá no nos dio bola; en realidad no sabíamos que había ido. Nosotras nos teníamos que haber reunido con él por el tema del premio y nos decían que llegaba otro día y no nos pudimos juntar, siendo que él estaba ahí. Todas esas cosas, que no le importe nada, nos dejó dolidas. Que hayamos ido en representación del país y que el Presidente de la federación no haya dado la cara en ningún momento, nos hizo sentir solas. Desde ese Sudamericano, al día de hoy, las cosas con Tapia cambiaron mucho, está más cercano a nuestras necesidades. Antes, hablar con él era imposible, ahora no hay problemas, quedamos tal día y viene tranquilamente y habla, está más accesible. No sé si lo hace para convencernos y dejarnos tranquilas o sí de verdad quiere, en un futuro, mejorar el viático de la Selección y las cosas que le plantean las chicas.

– Teniendo en cuenta todos estos problemas, ¿dan ganas de ir a la Selección o es más bien un compromiso?

– Y sí porque al final las jugadoras, sobre todo las más antiguas, seguimos haciéndolo porque nos gusta. No gano millones, gano para vivir. Ir a la Selección es una recompensa a todo el trabajo que hace una. Creo que a todas nos genera eso. No gano, pero una siente una satisfacción personal. Ya no pensás en que estás perdiendo dinero o tiempo de estar con la familia. Cuando ves que hay resultados, que hay gente que quiere a la disciplina y que está dispuesta a que esto crezca, a la jugadora la motiva. Del 2003 al 2017 la Selección seguía igual, estaba estancada, entraban y salían los técnicos, no se clasificaba a nada, no había entusiasmo: la Selección no generaba ganas de ir. En estos dos años ha cambiado muchísimo, esto tiene que seguir para mejor. No hablo a nivel económico, no quiero que esto se convierta como con los chicos y que nos digan mercenarias, que jugamos por plata. Quiero que la jugadora siga jugando y tenga la pasión porque le gusta, porque le encanta la Selección y quiere mejorar.