viernes, mayo 24, 2024

¿Es posible maternar y ser veloz en las pistas?

Por Azul Berasategui

Como cada fin de semana, pilotos mujeres amateurs de todas las provincias de la Argentina se trasladan a distintos circuitos del país para disputar una carrera por la que se entrenaron y mentalizaron. Pueden variar sus nombres, pero no las rutinas deportivas: trabajan en la semana por la mañana para mantener su hogar y su hobbie, a la tarde alternan entre ejercitarse e ir al taller; viajan el viernes, clasifican el sábado, y el domingo buscan rendir lo mejor posible en la pista. Sin embargo, las fanáticas de la velocidad que siguen esta rutina son la minoría: hay un promedio de tres mujeres sobre cada 20 vehículos en las listas mixtas del deporte motor. Si ya es un grupo reducido, en el automovilismo se puede distinguir otro subconjunto que posee una característica no menor: de ese 15% solo una corredora por grilla es madre.

“Lo que se hereda no se roba”, reza un dicho popular al hablar de las cualidades que los hijos e hijas adquieren de sus progenitores. Tanto es así que, en el ambiente del motociclismo y automovilismo, las mujeres que participan de la mecánica lo hacen desde muy pequeñas gracias a familiares o cercanos que las llevaron a sentir la adrenalina motriz. “Es una pasión que siempre se transmite y se porta de generación en generación”, dice Luisina Pazos, única corredora de la clase GTC de Viedma, quien descubrió el entusiasmo por el deporte desde temprana edad al acompañar al taller a su padre, un amante de las maquinarias que participó de varias carreras automovilísticas a lo largo de su vida.

Desde su primera experiencia en la clase Fiat Uno Pista en 2022, Pazos jamás se había vuelto a subir a un auto de competición. Según Luly le llegó la convocatoria por un conocido dos días antes de la carrera de la Copa Bora y aceptó inscribirse sin dubitar por ser “una oportunidad única en la vida”. Al mismo tiempo, es vendedora de ropa por las mañanas y portadora de un título relevante en su cotidianeidad: es madre de Homero y de Sofía. Desde que dio el “Sí” a animarse por su afición, su familia la acompaña todos los fines de semana al autódromo -de la misma manera que lo hacía ella con su padre- y confiesa ser la mujer más feliz del mundo al poder compartir sus resultados con sus seres queridos.

 

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Pero no siempre se puede cumplir con la compañía de la familia en la trayectoria de las deportistas que maternan y, frente a la imposibilidad, deben despedirse de sus hijos e hijas por un par de días. La salud mental de las pilotos cobra un papel fundamental para perseguir las aspiraciones por fuera del rol materno que ocupan. Ailén Anchordoqui -piloto chubutense miembro de Kosten Racing Team y madre de dos niños y de una niña-, además de viajar para las diversas carreras, entrena toda la semana en su ciudad, Esquel, y cada 14 días viaja 600 kilómetros en tren hacia Comodoro Rivadavia a practicar con su equipo de viernes a domingo, debido a la falta de autódromo en su zona.

Si bien arrancó a competir en 2022 y ya es parte del Campeonato Superbike Argentino, Anchordoqui compartió que no es fácil organizarse y dividir su tiempo entre el trabajo en su comercio de ropa, las carreras, los entrenamientos y el pasatiempo con su familia, sin sentir culpa. A pesar de asegurar que se frustra al no poder cumplir siempre con todas sus obligaciones, la China cuenta con el apoyo de su pareja para delegar roles y trata de dar el máximo de sí al diagramar las jornadas con semanas de anticipación. De igual manera, para Anchordoqui lo más pesaroso de su rutina es el perderse actos escolares, festividades y cumpleaños, lo que la desestabiliza emocionalmente y le impide concentrarse físicamente. Es por este motivo que empezó a tener sesiones con una psicóloga deportiva, que la ayuda a canalizar el sentimiento de irresponsabilidad y abandono que no sólo disminuye su crecimiento profesional, sino que también su desarrollo individual.

Un estudio realizado por WIN Américas, empresa internacional de investigación de opinión pública a nivel continental, asegura que el 71% de las madres argentinas considera que tiene poco o nada de tiempo libre para ellas debido al papel que cumplen en su hogar y las horas dedicadas a su trabajo. Por otro lado, una encuesta realizada en 2022 por la cuenta de Instagram “Mami Tasking” establece que nueve de cada diez mujeres se siente “mala madre” en alguna ocasión por llevar a cabo una actividad personal. Según María Isabel Caldú, académica de la Universidad Ibero de México, el sentimiento de culpa presente en muchas madres se relaciona con una neurosis provocada por no cumplir con las expectativas sociales. “Dentro del imaginario colectivo, ellas son las responsables de la crianza, de la educación y de todo aquello referente a los hijos”, explica la terapeuta.

Así, la carga de conciencia jugó un punto crucial en la carrera de Jorgelina Daporta, directiva de la Asociación Argentina de Volantes, quien en 1999 decidió interrumpir su camino deportivo durante una década para dedicarse a criar a su hijo. Jorgelina empezó a anotarse en las carreras a sus 30 años -una edad grande, según ella- a causa de la falta de apoyo que tuvo por parte de su familia, ya que en la década del 70 era inusual ver a las mujeres cruzar la bandera a cuadros. Al estar siempre pendiente de los fierros, se enteró en 1993 que se realizaba una convocatoria para pilotos femeninas que quisieran correr en el Autódromo Roberto José Mouras. Las 200 aspirantes que se presentaron no tenían ningún tipo de experiencia, solo ganas e ilusión por tener un espacio en el que pudieran desenvolverse. Después de pasar la instancia chica en La Plata y la decisiva en el Autódromo de Buenos Aires, Daporta quedó tercera en las pruebas selectivas para disputar en 1994 la Copa Damas, categoría argentina en la que participaron sólo mujeres con autos Nissan Sentra 1.6 que tuvo lugar desde ese año hasta 1999.

Al volver del período de descanso post parto, Jorgelina se encontró con el panorama más complicado para cualquier piloto: la falta de sponsors. Los patrocinadores siguen siendo un tópico indispensable por los gastos fijos que acarrean los deportes motores, ya sean por los repuestos, el combustible, los neumáticos y el pago de licencias médicas, entre otros elementos que componen la lista obligatoria que debe ser seguida a rajatabla por los equipos. A la complejidad que trae el conseguir financiamiento en un ambiente no profesional, se le suma el hecho de ser mujer y de tener menos reconocimiento y convocatoria. Esto se debe a que al ser una categoría no tan difundida y conocida como las masculinas, más aún las profesionales, las empresas no siempre se interesan en brindar sus productos o servicios y darles la oportunidad de seguir creciendo.

El costo económico presupone no sólo conseguir patrocinadores, sino adaptarse a sus requisitos, que también traen su complejidad. Así lo vive la piloto de karting Fiamma Tabella, quien dio a luz a su hija Malaika en mayo de 2023. Para no dejar de lado el automovilismo en su tiempo de reposo, la corredora de la Copa Bora se abocó a trabajar en el área de Seguridad Vial y a concentrarse de lleno en su licenciatura de Economía. Frente a las distintas responsabilidades, Tabella cuenta con el apoyo de su padre a la hora de conseguir financiadores. Según ella, su padre tiene una de las labores más difíciles por el tiempo que lleva concretar sus pedidos de líquidos y repuestos. Los corredores deben vender una cierta cantidad de productos que los sponsors les brindan y, una vez que llegan al número acordado, los auspiciadores invierten un porcentaje de lo recaudado a los deportistas. Por el contrario, antes los pilotos pedían publicidad a los financiadores y los mismos le daban dinero a cambio de resultados.

“Que mis hijos vean el sacrificio que hago para poder hacer lo que me gusta creo que es una de las mejores enseñanzas que les puedo dar”, enfatiza Anchordoqui con orgullo. Las corredoras que maternan son peones difíciles de encontrar por el bajo porcentaje que hay en pista, ya sea por mandatos sociales, por culpa, por prioridades, por falta de apoyo o por querer ser un sostén para su familia. Poco -o nada- se habla de su amor por el deporte motor y los altibajos que deben sobrellevar para poder disfrutar de su pasión: el dejar de lado creencias impuestas y el luchar por los sueños de las niñas que alguna vez fueron. Tal como dice Luisina Pazos: “¿Cómo me voy a arrepentir? Si cuando estoy corriendo es cuando más humana soy”.

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