Nacido en Buenos Aires, Matías Rey comenzó su viaje en el hockey a una edad temprana, impulsado por el entorno familiar y una pasión innata por el deporte. “Inicié siendo muy chiquito, desde los 5 años. Primero jugaba mi hermana, yo iba más por el lado del fútbol, y viendo un entrenamiento de ella, le hablé a mi vieja y me metió a jugar; desde ahí empecé”, relata Matías.
A medida que crecía, exploró también el fútbol. Sin embargo, una lesión lo obligó a tomar una decisión. “Tuvo que elegir entre los dos deportes y eligió hockey”, cuenta su mamá Mirtha. Esta elección marcó un punto de inflexión en su vida, llevándolo a dedicarse completamente al hockey en el club de GEBA
Bruno Przygoda, amigo de Matías desde el colegio y en GEBA, añade: “Diría que es un gran amigo. Nosotros nos conocemos desde muy chicos y la verdad que siempre fue alguien que busca incluir a todos en un mismo ambiente. Tal vez el mejor ejemplo es cómo arranqué yo con el hockey. Un día al mediodía, salimos del colegio y fuimos a comer a lo de Mati. En medio del almuerzo, nos ofreció a dos amigos y a mí empezar hockey. Al principio, no sabíamos si era una buena idea, pero hoy reconocemos que fue la mejor decisión posible”.
Su talento no pasó desapercibido, y arranco jugando con el club GEBA, uno de los más prestigiosos del país, hoy en día sigue ligado a esta institución. Allí, Matías no solo continuó desarrollando sus habilidades, sino que también se convirtió en una pieza fundamental para el equipo. El apoyo de su familia fue crucial durante esta etapa. “La verdad tengo la suerte de tener muchos amigos y familiares que me acompañan, me apoyan viniéndome a ver, dándome críticas constructivas. Me ayudan bastante, sobre todo para despejarme de todo el hockey”, comenta agradecido.
Sumadre Mirtha recuerda que cuando Matías fue convocado a Los Leoncitos, él estaba en quinto año del colegio. “La verdad es que me preocupó porque, de un día para el otro, tuvo que dejar el colegio de forma presencial”. Sin embargo, comenta que, a pesar de todo, lo acompañaron y Matías pudo rendir todas sus materias y terminar el secundario. Mirtha considera que él era muy joven para estar ahí, pero admite que el orgullo de verlo representar a Argentina fue inmenso. “Después fue pura emoción y verlo con la camiseta de Argentina es algo inexplicable”, concluye.
El hockista argentino se destaca por su versatilidad en la cancha. Posee una capacidad para leer el juego y anticiparse a las jugadas, lo que le permite hacer interceptaciones cruciales y lanzar contraataques efectivos. “La parte mental es algo que he trabajado mucho. Desde chico era muy calentón, me ponía de mal humor todo el día, y a lo largo de los años lo fui mejorando bastante”. Además, reconoce la importancia del acondicionamiento físico: “Es esencial trabajar en la preparación corporal. Si hoy no estás a nivel en ese aspecto, la diferencia es evidente”. Bruno afirma que Matías es un jugador “distinto” y, aunque no estén en el mismo equipo, cada vez que tienen la oportunidad de verlo jugar, quedan sorprendidos por su capacidad para simplificar lo complejo.
Luciano Borruto, otro amigo del club, expresa su admiración por él de esta manera: “Para mí, Mati es el mejor jugador que he conocido. Es mi mejor amigo y lo considero como un hermano. Su inteligencia y habilidad técnica lo distinguen enormemente; su destreza en el campo marca una gran diferencia”. Luciano comenzó a jugar al hockey gracias a Matías, quien siempre lo alentó a unirse a este deporte. “Yo empecé a jugar de grande. Fue gracias a él; desde chico siempre me insistió y yo nunca quería hasta que un día le di el sí, y la verdad fue la mejor decisión que tomé en mi vida”.
Como con el caso de Bruno, Luciano juega en un equipo distinto al de Matías pero a pesar de eso, han compartido momentos en el club y también en entrenamientos mezclados: “No compartí tanto con él porque cuando está en quinta, yo también lo estoy, pero él juega en el A y yo en el B. Las veces que nos ha tocado entrenar juntos así mezclados, me divertí mucho”.
Fuera del deporte, Matías lleva una vida equilibrada y tranquila. Disfruta de actividades simples como tomar mate, ver televisión, pasar tiempo con su novia y amigos. Su madre añade: “Matías es un chico con muchas metas más allá de lo que es jugar al hockey. Actualmente entrena, ayuda a equipos de hockey y lo hace con mucha responsabilidad y dedicación”.
En cuanto a su formación académica, Matías está estudiando en su primer año de la carrera del profesorado en Educación Física. “A principio de año está el ingreso, y desde ahí se va dando para que cada uno se adapte a sus horarios. Me esforcé bastante en el ingreso para quedar en las posiciones más arriba y poder elegir mis propios horarios”. Aunque intentó estudiar Economía, la carga horaria de entrenamientos y estudios lo llevó a cambiar de carrera. “Era difícil; los tiempos no me daban”, admite.
Bruno resalta la determinación de su amigo: “Siempre supo que quería llegar a donde está hoy, se entrenó y sacrificó para eso. Uno siempre escucha a los deportistas hablar de los sacrificios, y cuesta creerlo, pero cuando los ves en persona, te das cuenta de que así es”. Matías tiene grandes aspiraciones para el futuro. “Uno de los objetivos sería competir con el seleccionado mayor y, a largo plazo, participar en un Juego Olímpico“, declara con determinación. Además, sueña con recibirse y quizás convertirse en entrenador algún día, una meta que muestra su deseo de seguir ligado al deporte.
En cuanto a sus referentes en el hockey, Matías menciona con interés a un homónimo: “Matías Rey, que comparte mi nombre, es un destacado jugador de la Selección y también ejerce como capitán. Es una figura clave en el hockey y un gran referente para mí”.
Los entrenamientos con la selección son estrictos y muy perfeccionistas: “A nivel seleccionado entrenamos por la mañana, te levantás a las seis y media. A las ocho estás en el Cenard ejercitando la parte física del gimnasio una hora y media. Después tienes dos horas de cancha, almorzás y luego tenes la tarde libre para estudiar o trabajar. Los miércoles y viernes me toca entrenar con el club”. Sobre el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (Cenard), afirma que las instalaciones en el hockey están bien, destacando la cancha y el gimnasio en buenas condiciones. “Creo que en todo se puede mejorar, justo ahora por los Juegos Olímpicos se nota un poco más”.
El triunfo en la Copa Panamericana Junior realizado en julio de este año fue un momento especialmente significativo para Matías y para el equipo porque lograron el titulo por segunda vez consecutiva. “Fue hermoso, si bien no es un Mundial y tal vez no estás con los mejores equipos del mundo, creo que representar a Argentina en un torneo Panamericano no es poca cosa. Como experiencia grupal fue increíble porque te llevás un montón de amigos, pero como experiencia hockista también, porque conocés otro ambiente que no es cotidiano”.
“Era con la expectativa de que tal vez íbamos sabiendo que éramos candidatos, pero a veces al saber eso te lleva a tener más nerviosismo. Creo que lo supimos llevar y aprovechar”. Una anécdota que destaca de esa experiencia es el festejo postpartido, donde todo el equipo, tanto chicas como chicos, se reunió en el hotel con los entrenadores para disfrutar de una cena improvisada con pizza. Ese momento de celebración conjunta fue una experiencia especial que el deporte les brindó al salir campeones.
Bruno recuerda un momento divertido del colegio: “Hace cuatro años, justo se jugaban los Juegos Olímpicos en Tokio y Las Leonas jugaban muy temprano, alrededor de las 8. Como nosotros hacíamos hockey, convencimos a la profesora para parar la clase y que suban un televisor al aula para ver el partido”.
Rey es más que una promesa del hockey argentino; es un joven con un futuro brillante, un ejemplo de dedicación y pasión por este deporte. Mirtha concluye con esta valiosa reflexión: “Hoy terminó una etapa que es la de los Leoncitos y ya pasaría a Los Leones. El deporte de alto rendimiento no es fácil y, para ser parte de Los Leones, debería dejar todo lo que hace, ya que es muy sacrificado y full-time, sumado a que es amateur. Si tengo un deseo, es que pueda hacer lo que le hace bien y lo que decida, sea llegar a estar en la selección o dedicarse a otra cosa. Siempre voy a estar para acompañarlo”.
“Tanto los Juegos Olímpicos como Paralímpicos tienen deportistas de alto rendimiento”, declara Luis Cristaldo, quien con tan solo 26 años, participa de su tercer juego paralímpico en París 2024. El quilmeño apunta alto y con precisión en la boccia, en la categoría BC2. Campeón del mundo en 2022, en tierras brasileñas, es una figura que los focos y las cámaras van a seguir de cerca, aunque siempre está con los pies sobre la tierra.
-¿Cuáles son tus metas para los Juegos Paralímpicos de París 2024?
-Yo en otros paralímpicos tenía una excesiva expectativa. Uno sabe que quiere ganar, pero es todo un proceso. Yo tengo 26 años y por ahí no será mi último juego. Entonces, quiero llegar a mi mejor forma, dar lo mejor de mí y tomarlo como un paso a paso. Ganar no es lo más importante.
-¿Trabajás con un psicólogo deportivo?
-Yo trabajo con Gustavo Ruíz (actual psicólogo de la Selección Argentina de Judo) desde Tokio 2020. Creo que todos los deportistas deberían tener un psicólogo deportivo porque a veces uno se siente perdido o muy abrumado, y no lo podés manejar. Ellos te dan las herramientas para manejar las emociones.
-¿Cómo trabajás la presión y la ansiedad?
-En boccia es todo pura cabeza. Es muy difícil si no estás bien con vos mismo, el poder manejar la ansiedad; por más que estés bien físicamente o seas muy talentoso, es imposible. Yo pasé por un momento así y todavía me estoy recuperando.
-¿Algunas veces el talento no alcanza?
-Sí, en Argentina tenemos mucho talento, pero pocos recursos. En otros países que sí tienen recursos es más fácil aunque no sean talentosos. Yo por eso valoro a todos los deportistas argentinos paralímpicos y olímpicos. Con clasificar ya es un montón.
-¿Qué es lo que más te gusta del deporte?
-Me gusta mucho la estrategia, la precisión y todos los valores que te da. El deporte me llevó a un montón de lugares que en mi vida imaginé que iba a estar, conocer gente que nunca imaginé que iba a conocer. El deporte me enseñó que mi discapacidad no es una limitación; y la constancia y disciplina que aprendés, lo podés aplicar en la vida.
-También la concentración y la precisión son clave…
-Los partidos duran 40, 45 minutos en los que tenés que estar constantemente enfocado en el juego. Siempre se van armando estrategias. Eso me encanta. También tenés que reconocer tus virtudes y las de tu rival.
-¿Cuando empezaste a practicar boccia?
-Empecé a los 12 años. Iba a una escuela especial y a una escuela convencional por la tarde. Me uní a los juegos bonaerenses y te iban probando en distintos deportes. Me mostraron primero atletismo, pero por mi discapacidad (parálisis cerebral) no podía y me derivaron a boccia. En alto rendimiento llevo 10 años compitiendo.
–¿Cómo fue ese proceso de ir a la escuela y competir al mismo tiempo?
–Al principio era raro porque no faltaba al colegio, pero con las concentraciones y los viajes tenía que faltar una semana o más. A mí me gustaba competir, con mis compañeros, y en el colegio empezaban a reconocer lo que hacía. Eso estaba buenísimo porque podía inspirar a los demás.
¿Alguna vez escuchaste hablar del hockey sobre hielo en Argentina?
Es uno de los deportes, originado en Canadá en 1875, en el que el país tiene representación y que crece poco a poco bajo las sombras de los deportes convencionales. En un país donde se respira en gran mayoría solo fútbol, hay otras actividades que no tienen visibilidad, de las que muy pocas personas hablan y únicamente son nombradas en medios masivos cuando ganan un título. Luego, vuelven a la solapa.
Jorge Dicky Haiek, uno de los creadores de la Asociación Argentina de Hockey sobre Hielo y en Línea (AAHHL) y el director técnico de la selección argentina masculina, afirmó lo que sucede con la difusión del deporte: “Es complicado porque acá todo es fútbol, fútbol y fútbol. Por suerte, ahora salieron las redes sociales. Nosotros hicimos un TikTok y uno de los videos tuvo 3 millones de reproducciones. Así que la verdad es que eso difunde mucho más que los medios tradicionales. De igual manera, yo estuve en el Congreso y dijeron que la semifinal la vieron 3 millones de personas en televisión, pero en los diarios salís cuando salís campeón. Entonces es complicado pero nos compromete a salir campeones de nuevo”.
“Estábamos en Bratislava para un torneo”, agregó Haiek, “caminando por el centro y vimos a un chico con una camiseta de Argentina de hockey. Era uruguayo y nos dijo: ‘Uy, ustedes son de la selección con la camiseta re fachera’. Lo había visto en las redes. Es increíble”.
El seleccionado masculino, en este último tiempo, obtuvo su primer título en el Dallas Spring Classic en 2022, salió segunda en la LATAM Cup 2022 y en la IIHF Development Cup 2023, y alcanzó su segundo título al ganar la LATAM Cup 2023. Sin embargo, no es algo que se tenga en cuenta.
“La verdad que no es fácil jugar un deporte en un país en donde no es tan conocido. Siempre soy el tema de conversación, lo van a decir todos mis compañeros. Cuando uno menciona lo que hacemos, sos el tema de conversación en la mesa en algún momento. Pero nosotros como jugadores lo vivimos un poco con la intensidad que vive otra gente el fútbol, lo vivimos con la misma pasión. Nuestro lado futbolero sale cuando estamos dentro de la cancha”, dijo el jugador Andrés Iannicelli Traczuk sentado en una mesa con un buzo del merchandising que tiene la selección de hockey para poder recaudar plata, ya que el deporte es amateur, y que los que no pueden pagar los viajes, puedan competir internacionalmente de igual manera.
“Es un deporte que no aporta. Es una rueda básicamente. Si no aportan, no generan, no generan, no te dan. Entonces es difícil salir de esa rueda y empezar a generar, más en un deporte que sabemos que por lo menos acá en Argentina, con lo que representa luz, la infraestructura y muchas cosas, va a ser muy difícil lograr desarrollarlo o instalarlo. Entonces sí estaría bueno que haya un apoyo, quizás a partir de ese apoyo, por más que sea pequeño, y según resultados y un montón de cosas, vaya creciendo que es como debería ser”. concluyó Iannicelli.
La mayor parte de los jugadores comenzaron desde muy chicos, Andrés empezó a entrenar luego de haber visto la película The Mighty Ducks con 10 años y obsesionarse con la misma, como cualquier niño pequeño hace cuando le gusta mucho algo en particular. “Fue algo que quise empezar a conocer más, tuve la suerte de viajar afuera y traerme mi primer palo. Vi que el deporte, por el hielo, acá no era muy grande así que descubrí que existía el roller hockey y entré por ese lado. Empecé a jugar roller hockey y paralelamente aprendiendo a patinar sobre hielo”.
Tomás Del Gesso, otro miembro del seleccionado argentino, también comenzó a los 10 años. Su mamá, su gran apoyo, quería que empezara un deporte en equipo para que se relacione con otras personas, y al no ser fanático del fútbol, iniciaron una travesía en busca de lo que terminaría siendo su gran pasión. “Teníamos que buscar una solución, y toda mi familia, familia de mujeres, hicieron o hacen hockey sobre césped. Entonces mamá me llevó, probé, porque ella jugaba. Fui un ratito y no me gustó. Probé con el hockey tradicional, el que son los patines de cuatro ruedas, en San Juan y tampoco me gustó. Un día, mi mamá vio chicos entrando con bolsos y palos en Flores sobre Yerbal, donde hay una pista que en ese momento se llamaba Winter, y me dijo: ‘Che Tomi, ¿por qué no vas a probar? Entonces, creo que fue el domingo de mi cumpleaños número 10 en el que fui a entrenar por primera vez. Desde ahí empecé y nunca paré”, recordó Del Gesso con alegría.
Similarmente a la historia de Tomás, que fue su mamá quien lo introdujo al deporte, Owen Haiek, capitán del equipo e hijo de Dicky Haiek, directamente nació con los patines en los pies gracias a su padre. “Básicamente desde los tres años que me pusieron los patines por primera vez y que patino. La verdad que de chiquito siempre fui muy activo y jugué muchos deportes, jugué al fútbol, al hockey, hacía de todo, pero la verdad no hubo nada que me enganchara tanto como el hockey. Fue algo que nunca tuve las ganas de dejarlo, siempre quise jugar más. Yo creo que también es porque como empecé de tan chico y tan constante todo el tiempo, ya que teníamos la cancha, no pude parar. Yo creo que haber patinado tanto, hizo que me quiera quedar con este deporte”.
Dicky, mientras tanto, lo escuchaba atentamente con el amor que un padre le tiene a un hijo: “Es muy lindo compartirlo con Owen y también Iara, mi hija. La mamá de Owen también juega, así que los cuatro estamos viajando por todos lados, jugando y compitiendo. La verdad que es muy lindo, se engancharon y juegan re bien todos, así que representamos bien al país. Además, como papá, estoy orgulloso, la verdad que lograron muchísimas cosas. Todos nos esforzamos para que jueguen y ellos se sacrificaron para ser los mejores. Hay que sacarse el sombrero porque hay veces que no quieren entrenar y sin embargo van y entrenan. La verdad que un orgullo tremendo de cómo juegan los chicos”, dijo con emoción en sus ojos.
Como se nombra anteriormente, los jugadores que viven en Buenos Aires entrenan normalmente en rollers ya que las reglas son muy parecidas y la única cancha de hielo en la que pueden practicar se encuentra en Ushuaia, donde solo tres meses al año tienen hielo. Por esa razón, siempre viajan una semana antes para que los chicos que no viven en Estados Unidos, Canadá o Europa, puedan hacer la adaptación con un poco más de tiempo para los torneos. El arquero de la selección Augusto Copello explica que las personas normalmente se sorprenden al enterarse de esto, como le pasó en el torneo que ganaron en Dallas. Los competidores de otros países se sorprendían al saber que había salido como MVP cuando él desarrolla el hockey sobre hielo a través del roller, ya que para el purista del deporte, el roller no es ni siquiera considerado como una actividad recreativa.
Pero esto no pasará por mucho más tiempo porque, luego de que cerraran la mayoría de canchas de hielo a causa de la pandemia y en específico Alpinas, donde se hacían los torneos, en Devoto actualmente se construyó Fantasy Skate, una pista de 40 por 20 para todos los deportes que la necesiten. Por estas razones, muchos jugadores anteriormente buscaban diferentes maneras para habituarse a las canchas de los campeonatos internacionales. En el caso de Tomás, él implementó ir a la pista de hielo Margal y acostumbrarse nuevamente a la sensación, lo que le sirvió para la última competencia que tuvieron, la Development Cup, torneo internacional anual, en español conocido como la Copa de Desarrollo, sancionado por la Federación Internacional de Hockey sobre Hielo (IIHF) y que está diseñado para equipos nacionales que no compiten en el Campeonato Mundial IIHF.
Este año se disputó en Trofa, Portugal, del 21 al 26 de abril, en donde Argentina cerró su participación quedando en el cuarto puesto con un sabor amargo luego de los logros obtenidos.
“Nos faltaron jugadores claves para armar tres líneas fuertes, pero bueno, lo hicieron bien. Además, tuvimos un poco de mala suerte porque el partido que teníamos que ganar, que era contra Portugal, perdimos por 8 a 9, así que si metes 8 goles, en general no perdés nunca, pero se dio que nos ganaron sobre el final. Después en el tercer puesto contra Colombia también nos echaron a uno de los mejores jugadores, que era el goleador, por un golpe a la cabeza que no fue intencional, fue sin querer. Quedamos con una línea menos, sin uno de los mejores jugadores del team y lo perdimos faltando 30 segundos, mala suerte. Pero la verdad es que se aprende más de la derrota que de la victoria”, contó Dicky sobre el camino de la selección en la copa. “Fue un torneo que nos faltaban algunos jugadores” –añadió Owen- “y la verdad que teníamos que jugar bastantes minutos de partido y eso llega a un punto que para el final del torneo te agota un poco. No se sintió mucho el cansancio, pero mentalmente sí se siente”.
El deporte es conocido mundialmente por la cantidad de golpes que se dan entre los contrincantes. Los partidos en los campeonatos suelen durar 2 horas y los participantes juegan todos los días. Muchas lastimaduras aparecen recién días después, y de igual manera compiten sin quejarse. Andres Ianiccelli cuenta que la preparación física ayuda a que el desgaste lo sientan en menor medida y a que el cuerpo resista más los golpes. Después de jugar realizan desde baños de hielo, trabajos de elongación hasta trabajos regenerativos para poder al día siguiente estar lo mejor posible. Algo que hizo que el equipo lograra todo lo que obtuvo en los últimos años fue la evolución que tuvieron desde la parte física. Anteriormente de los 20 que viajaban, 10, que quizás eran los mejores, terminaban muy desgastados.
“Jugamos con lo que tenemos. Si estamos esguinzados, nos vendamos. Si estamos rotos, nos tomaremos tres pastillas para no sentir dolor. Lamentablemente es así porque no hay tiempo físico, no hay tiempo para recuperarse. Tenés que jugar, salvo que haya algo en el medio que vos digas bueno, puedo darme el lujo de no jugarlo porque este partido quizás es más tranquilo. Sé que el equipo va a estar bien y te tomás un día, pero no mucho más que un día. Son 48 horas que hay golpes que en 48 horas recién empiezan a florecer. Siempre cuando terminás el torneo, ahí es cuando pega todo el bajón, todos los dolores aparecen realmente porque uno viene con toda la vorágine y la adrenalina. Entonces terminás el torneo y ahí es donde caes muerto. También, cuando ganás el torneo, se suma toda la satisfacción que te agarra“, explicó Iannicelli.
Uno de los torneos más importantes que ganaron y en los que pudieron sentir esa satisfacción fue en la LATAM Cup en 2023.
La LATAM Cup es un torneo que congrega a equipos de diferentes países que no tienen acceso a mundiales o eventos organizados por la Federación Mundial de Hockey, por no contar con pista techada. Además, la meta principal del evento era servir de plataforma para que el deporte se desarrollara en los países latinoamericanos.
El camino de la selección en la Copa el año pasado había comenzado con una victoria en un todos contra todos por 7 a 2 ante Grecia, con el que días después se enfrentarían nuevamente en una final exhaustiva. Podría decirse que a simple vista fue un partido fácil, pero no. El equipo tuvo que remontar un 2 a 0 luego del primer período.
Su segundo partido fue contra Líbano, uno de los encuentros más complicados que tuvieron a lo largo del torneo ya que llegaron a perder por 3 a 0, pero los hinchas y los mismos jugadores sabían que nada era imposible para el seleccionado argentino cuando el partido terminó 5 a 4 a favor de ellos.
El cierre del grupo se convirtió en una goleada para el equipo nacional al ganarle a México por 9 a 1, dándoles así el pase a las semifinales.
En las semifinales se enfrentaron con un viejo conocido, ellos sabían que tenían que dejar el corazón en la cancha para poder pasar a la tan ansiada recta final que anteriormente habían alcanzado en 2022 y buscar su revancha. Argentina le terminó ganando por 3 a 1 al equipo libanés y así volvió a jugar la final de uno de los campeonatos más importantes para el hockey sobre hielo nacional.
Ese 27 de agosto el Ice Den, arena de práctica de los Florida Panthers, estaba repleta de hinchas vestidos de celeste y blanco, eufóricos por querer otro triunfo de la selección sin importar la baja temperatura que había en el lugar. No solo había argentinos, muchos eran de otros países, pero a todos los unía la misma pasión y el mismo deseo de querer verlos campeones de la tan esperada copa.
“Estaba lleno. Yo siempre digo que para mí nos detestan cuando estamos alentando, realmente nos detestan, porque la cantidad de ruido que hacemos es increíble. Imaginate que estaban la selección de mujeres, juniors, los padres, familias, argentinos que vivían en Miami, todo. O sea, tres cuartos de la grada la veías vestida de Argentina”, detalló Del Gesso con una sonrisa de oreja a oreja.
El partido fue muy largo, no solo duró tres tiempos sino que ni siquiera les alcanzó con un tiempo extra para definir el ganador. La albiceleste estaba muy cerca pero siempre corría desde atrás, no llegaban a tener la ventaja sobre el equipo griego. Un gol anulado les había sacado la esperanza temprana de sentir el frío del trofeo en sus manos. Pero nada más faltaba un pequeño empujón del capitán Owen Haiek para plasmar el 3 a 2 y volverse los campeones por primera vez de la LATAM Cup desde que se creó en 2018.
Entre gritos y festejos, abrazos y felicitaciones, Los Leones se llenaron de gloria entre su gente más querida al canto de la canción Muchachos del Mundial de Fútbol 2022.
“Fue hermoso poder vivirlo con mi familia porque también me han visto desde el momento en el que me quedaba sentado en el banco. Porque un año no jugué en todo el torneo ya que estaba fuera de forma. Es hermoso ver a tu mamá llorando porque vos tenés una medalla de oro colgada, es una de las cosas más lindas que hay”, contó Del Gesso emocionado.
Seis años después de su creación, el campeonato se convirtió en una insignia del deporte a nivel internacional, superando las fronteras de Latinoamérica. Los partidos son cada vez más fuertes, intensos y requieren el doble de desgaste al competir muchas veces con equipos que son semiprofesionales.
“No es que trabajan ocho horas y entrenan unas horas como nosotros, sino que son equipos que por ahí entrenan ocho horas y trabajan poco tiempo o no trabajan, y tienen todo un apoyo a nivel nacional que de repente hoy por hoy nosotros no lo tenemos. Salvo el fútbol que tiene un aparataje y un andamiaje infernal, después el resto de los deportes, por más que a veces sí recibimos apoyo, no es el mismo que en otros países que tienen al hockey como deporte nacional”, aclaró Copello con un deje de tristeza en su rostro.
En este momento, los jugadores ya viven la previa de la próxima LATAM Cup que se llevará a cabo entre el 21 y 25 de agosto en la ciudad de Coral Springs en Florida, Estados Unidos, en la que se enfrentarán a Armenia, Colombia, Cuba, Grecia, Líbano, México Warriors y Puerto Rico. Este año los tiempos van a ser como los de la NHL, liga canadiense y estadounidense. Serán 3 tiempos de 20 minutos cada uno y no, como el año pasado, que eran 3 de 15. Así que los jugadores tendrán que entrenar aún más.
La mayoría de los que viven en Buenos Aires esperan que la cancha en Devoto abra en junio para poder entrenar por lo menos dos meses sobre el hielo y que el cambio no sea tan brusco.
Por un lado, Augusto Copello, que vive el deporte desde un sitio diferente al de los chicos, comenta que lo fundamental es el trabajo psicológico para poder ser arquero porque es el que nunca sale del partido. Si comete un error, no tiene compañeros que lo puedan ayudar como al resto. “En ese momento trato de soltar, de no pensar en nada. Si me meten un gol tengo un procedimiento para olvidarme rápido de ese tiro y ya pensar en el siguiente. También lo aplico de repente cuando hago una mega salvada en el partido, es decir ‘Listo, me olvido rápido de eso y pienso en el próximo tiro’. Trato de concentrarme y desprenderme emocionalmente dentro del partido, o sea, si mi equipo mete un gol es muy raro que yo lo festeje. Estoy disociado emocionalmente, inclusive de mis compañeros también. Si de pronto veo a uno que lo están golpeando, es muy probable que los propios compañeros vayan a ayudarlo y se metan en esa pelea, pero yo solo los voy a estar mirando. Se pueden estar matando al lado mío y voy a salir para el otro lado para que no se me tiren encima y no me lastimen”.
Algo curioso de su preparación es que no tiene un entrenador de arqueros. Augusto confiesa que cuando empezó a jugar, aprendía con los videos que veía en la plataforma Youtube de la NHL. Miraba y copiaba. Con un grupo de amigos que también atajaban, se corregían entre ellos y se ayudaban mutuamente. En la actualidad, ninguno de ellos sigue, así que se concentra mayoritariamente en el trabajo físico ya que los movimientos son diferentes que en cualquier otro deporte. Las rodillas giran de manera antinatural, lo que provoca practicar más la técnica para no lastimarse, en específico, los ligamentos cruzados.
Por otro lado, Tomás Del Gesso, quien se está por recibir de Ingeniero Bioquímico, una carrera completamente diferente a su pasión deportiva, tiene la cabeza dividida en dos partes. Sus decisiones se basan principalmente en la facultad pero trata de seguir con los entrenamientos. Lo que más está haciendo es físico porque la liga de roller ya concluyó.
El caso de Andrés Iannicelli ante las preparaciones es diferente al resto a causa de un nervio que tocaron en la operación de su pierna. Ahora tiene un problema para recuperar la movilidad y espera poder llegar al torneo. Trabaja entre tres y cuatro veces por semana con la rehabilitación, y trata de hacer lo mejor posible limitado por la dificultad que tiene a la hora de entrenar al no poder ponerse los patines. De igual manera una pizca de esperanza tiene al enterarse que si no puede jugar, el entrenador lo unirá al equipo como asistente en el cuerpo técnico. Si pueden llegar a lograr lo mismo que en el 2023, podrá estar presente con sus compañeros y ser parte del equipo.
En general, quieren repetir la historia y volver a ganar la Copa. No solo por el trofeo y la sensación de volver a sentirse campeones, sino porque los jugadores tienen una beca a través de la Secretaría de Deportes que la pueden mantener logrando objetivos. Por esa razón, desde el día que anuncian los rivales, llevan adelante una investigación, una especie de “espionaje”, sobre sus contrincantes gracias a internet. Tratan de aprender, ver, anotar números de ciertos jugadores que saben que son mejores y prepararse de todas las maneras posibles.
“Es toda una presión, no solamente de lo deportivo, sino también de lo económico para seguir manteniendo cosas y para poder después pedir más cosas. Sí o sí tenemos que tener resultados”, explicó Copello.
Ante tantos triunfos y derrotas, lo que más esperan a futuro es que las próximas generaciones lleguen a ser Olímpicas, pueda crecer más el deporte en el país y que todos los jugadores puedan viajar independientemente de su situación socioeconómica. Lo primero que necesitarían para poder participar de los Juegos Olímpicos es una cancha de 60 por 30, por ende, la posibilidad más cercana sería el 3 contra 3 que se está integrando a la competencia poco a poco. Puede ser que no suceda en un futuro cercano ya que la selección tendría que ingresar entre los 14 mejores equipos del mundo y clasificarse luego de jugar 3 series contra países que jugaron toda su vida.
“Lamentablemente, en nuestro deporte para que nosotros podamos llegar a ser Olímpicos, faltan muchos años luz. Hay que cumplir requisitos mínimos de infraestructura y hay que pasar por una clasificación olímpica. Creo que es un camino muy largo, se puede hacer, sí, difícil, dificilísimo, pero creo que hay que estar un poco loco y apostar a veces a algo distinto y no siempre a lo mismo. Quizás, de esa manera, uno gana mucho más de lo que se puede imaginar”, reflexionó Iannicelli con esperanza en sus ojos.
Se nota en su juego dinámico y vertical, en su vagancia al retroceso defensivo, en su sonrisa… El 17 que entró en el Bajo Belgrano ante Excursionistas, sí, ese, es brasilero. Su ídolo de chico es Dener, definitivamente hay algo ahí. Pequeño físicamente, volante ágil y habilidoso para los afortunados que lo vieron jugar al “Sucesor de Pelé”, como se lo denominaba a comienzos de la década de los ‘90.
Comenzó a los cinco años jugando en una escuelita en Cabo Frio, ciudad de Río de Janeiro, hasta que a los diez llegó a las inferiores del Vasco da Gama, instancia donde llegan las responsabilidades. La fortuna de que un micro lo pase a buscar por el barrio de Santa Cruz, a una hora del predio “Moacyr Barbosa”, le den la posibilidad de comer y dormir allí, hizo que para Gabriel da Conceição el club de Regatas sea “su segunda casa”. El agotamiento de esta misma rutina lo fue desgastando y le hizo preguntarse si valía la pena: “Fue un descanso de la rutina. Soy muy chico, no estoy disfrutando nada de mi juventud ni de mis amigos. No quiero más”, fue el descargo y motivo de aquel niño de 14 años para “tomarse un respiro”.
Finalmente, a los 17, decidió retomar su camino futbolístico: “Como dicen acá: uno tiene que ‘ponerse la diez’ para que le vaya mejor en su futuro”. Esa característica brillaba en aquel volante central… podía mejorar su quite, su ida y vuelta, el control orientado, etc. Pero dejó maravillados a todos en otro aspecto. Siempre con su buena onda y su sonrisa, no pareciera sorprender que su círculo confiara en Gabriel debido a la confianza que emana al recordar esos tiempos.
Arribó a la Argentina en 2017 junto a otros tres compañeros brasileños y su representante en busca de oportunidades. Ya había tenido un contacto con el país cuando Independiente le ofreció probarse en el club a sus 15 años, pero debido al papeleo por ser menor y no tener la nacionalidad se bajó esa opción. Volvieron a aparecer los fantasmas cuando las pruebas en otras instituciones como San Telmo y Colegiales también se desestimaron por problemas con los trámites.
Deportivo Español, club que milita en la Primera C, alojó a los cuatro cariocas, aunque seguía habiendo desafíos y paredes que derribar para da Conceição, quién confesaba que “la adaptación costó mucho por la comida, el clima y las costumbres”. Sumándole que su entrenador le aconsejó un cambio rotundo de posición: “En Argentina me dijeron ‘vos sos brasileño, de color… ¿qué haces jugando de cinco?, anda a jugar de delantero o de volante por afuera’”.
Hoy, ya en Acassuso desde enero de 2024, convive con algo común que es el cambio de técnicos. Da Conceição es dirigido por su tercer entrenador en lo que va del año y el comienzo de aquellos ciclos — con Alejandro Friedrich, Facundo Arguello y, actualmente, Juan José Serrizuela — es un borrón y cuenta nueva con la adaptación que requieren estos procesos.
Con 23 años se lo ve muy cómodo en el país y valorando lo que tuvo que pasar para llegar donde está, consciente de que aún falta un largo trecho: “Estoy feliz de la vida, uno a veces no está conforme con las cosas que pasan pero después termina creciendo en esos pequeños detalles”. Como dice su lema: “Dios te escuchó, solo sé paciente”, y él de verdad lo fue.
La Cámara Federal de Casación dispuso que se mantenga la sentencia al exdirector argentino de la empresa televisiva Torneos y Competencias, Alejandro Burzaco, por delitos en su propio país que se vinculan con el FIFA Gate investigado por el Departamento Judicial de Estados Unidos, según una fuente judicial.
La justicia rechazó las intenciones de la Corte Suprema de sobreseer al empresario en la causa que lo acusa de evasión tributaria y asociación ilícita fiscal con el fin de encubrir activos provenientes de actividades ilícitas. Dentro de ellas se encuentran pago de sobornos y ganancias marginales obtenidas producto de las televisaciones de torneos CONMEBOL y FIFA.
El acusado decidió colaborar con la justicia norteamericana y delatar a dirigentes de la FIFA de alto nivel jerárquico. En su arrepentimiento, admitió su culpabilidad frente a un tribunal neoyorquino. Su cooperación le permitió esquivar una condena de 60 años en prisión, y en 2017 el sistema judicial estadounidense le dictaminó su libertad.
¿Qué fue el FIFA-GATE?
El FIFA-GATE fue el mayor escándalo de la historia del futbol. Si uno quiere considerar que del deporte en general no estaría tan errado: el ente madre del juego mas popular envuelto en corrupción.
El hotel Baur Au Lac de Zurich víctima de una redada. Dirigentes detenidos. Dinero en juego. Ajo y agua. O pan y agua.
“Corrompieron el futbol”, señaló la jueza estadounidense Loretta Lynch en conferencia de prensa. El país norteamericano y denunciante se quedó sin su sede para los mundiales de 2018 y 2022. Perdió ante unas sorpresivas candidaturas rusas y cataríes.
Sorpresivas por su poca relación cultural con el futbol. Aunque para Juca Kfouri, periodista brasileño, ambas postulantes son ideales para el máximo ente regulador del fútbol: “Democracias incipientes, poco control social y mucha corrupción, en todos ellos. Le interesa a la FIFA ese terreno”.
Para entender como nace la investigación del caso, el testimonio de la periodista “yankee” Mary Papenfuss: “Estados Unidos estaba furioso porque la Copa del Mundo fue comprada por debajo de ellos”.
Ezequiel Fernández Moores, periodista y autor de un documental sobre el revuelo en cuestión comenzó su trabajo bajo la clave de que “la verdadera ganancia se llama gol, ¿Lavado de dinero? ¿Corrupción? ¿Sobornos? ¿Fraude? ¿Qué extraño idioma es ese?”.
Y es que el colega de 66 años no se equivoca. Un deporte donde lo importante es la llegada a la meta rival, el ganar, la pasión, nunca puede ser superpuesta por un “maletín”.
Según éste, la organización que comandaba Joseph Blatter había tenido déficit en Sudáfrica 2010 y sabía que la cita mundialista en Brasil sería un calco de ello. Ante esto, la casa suiza recurrió a un manotazo de ahogado para obtener un gran margen de ganancias: una Copa del Mundo con sede al mejor postor.
El periodista francés Phillippe Auclair resumió en un “yo voto por tí, tu vota por mí” el mecanismo de arreglo a la hora de elegir las próximas 2 sedes. Una frase que resume el accionar de quienes asistieron a aquel congreso el 2 de diciembre de 2010.
Entre quienes concurrieron, lógicamente estuvo una de las mayores cabezas y trajes del futbol mundial: Julio Grondona.
“Don Julio” se caracterizaba por su viveza. A modo de broma y a la vez no, se dice que lo fué a la hora de morir: su partida física se dio 1 año antes de que estalle la polémica.
El Director de Comunicaciones de la AFA en ese entonces, Ernesto Cherquis Bialo, declaró que el de Avellaneda le confesó que “están todos locos, van a ir todos presos”. A su vez, al periodista le llamó la atención que “los únicos coimeros de la historia del futbol fueran sudamericanos”. En ésto último coincidió Kfouri: “La corrupción siempre parece ser latinoamericana, africana o asiática, pero no europea”.
¿Cómo se conseguían los votos? Esta pregunta la pudo responder el periodista alemán Thomas Kirstner: “Suiza es para las federaciones deportivas un escondite. Un paraíso fiscal, y un escondite”. De ésta manera era mucho mas fácil obtener votos, que “no habia manera de conseguir si no era comprandolos” según Cherquis Bialo. El ida y vuelta de “verdes” era libre, sin regulación o seguimiento alguno.
“Algo” mal salió, pues “el FBI entró en la FIFA”. Este fue el resultado del negocio según el autor del libro “FIFA MAFIA”.
Para que las fuerzas de seguridad ingresen en Zurich, alguien tuvo que ventilar. Y ese “ventilador” fue Chuck Blazer. El co-conductor de la CONCACAF en aquellos tiempos fue increpado en un hotel de Nueva York: “Estas acabado. O colaboras con nosotros, o vas a la carcel por el resto de tu vida y te quitaremos todo”, fue lo que le habría dicho el FBI al dirigente.
Ademas de éste, Sergio Jadue, presidente de la Asociación Nacional de Futbol Profesional de Chile, se entregó ante la justicia de Estados Unidos bajo la misma premisa.
Hubo una segunda redada al Hotel Baur Au Lac. Inesperada. Como la otra. “Nunca nadie pensó que iba a venir alguien de afuera a sacar de los pelos o tocar a una organización como la FIFA”, sentenció el periodista argentino Federico Teijeiro.
Pues como declaró éste último, interceder en la máxima institución deportiva sería un hito, una utopía. Debería ser un plan ideal, sin fallos. Y así fue. “Era un operativo de la policia de Suiza con el FBI”, declaró el egresado de la UCA Facundo Pastor.
Esta segunda redada puso en aprietos a, según Pastor, quien era “el segundo personaje mas poderoso del futbol argentino”, Alejandro Burzaco. ¿Como definir a éste último? Con mencionar su cargo alcanza: el dueño de Torneos.
Torneos es una de las mayores productoras de televisión a nivel mundial. Posee derechos para transmitir citas nacionales, continentales y mundiales.
Pero, ¿Qué tendría que ver dicha empresa en el FIFA-GATE? Pues la respuesta está en que “los que les dieron de comer a los corruptos de la FIFA fueron poderosas cadenas y productoras de televisión”, afirmó Fernandez Moores.
El dueño de la marca en cuestión se encontraba desayunando en el hotel y notificado del operativo, se dió a la fuga. Italia su escondite, su escala. Estados Unidos, donde se asentaría despues.
El colega argentino Alejandro Casar hizo mención de unas planillas a cargo de Eladio Rodriguez, empleado de Burzaco, donde “todas las cuentas de Torneos, las blancas y las negras, estaban allí”. Estas cuentas, en el ojo de la tormenta.
Burzaco no tenía otra opción que no fuese hablar. Era eso o prisión. Tantos dolares manchados por derechos con presidentes del fútbol global tenían su consecuencia. Para la justicia, que Burzaco se arrepienta era clave para el trabajo que había planificado inicialmente el FBI. Y así fue: el prófugo fue el máximo confesor del caso.
Finalmente, tras años de tratar el asunto, la mayoría de los trajes se encuentran tras las rejas. Algunos otros fallecieron y unos muy pocos, quedaron libres por falta de pruebas.
El escándalo trae consecuencia a estos dias, a estas tierras: en Argentina, la transmisión de espectáculos deportivos estan casi monopolizados mediante firmas estadounidenses. La Copa América 2015, con FIFA-GATE recién horneado, fue una gran incognita desde las pantallas. La edición actual del torneo que organiza CONMEBOL también lo es: la mayoría de partidos van por la señal DirecTV. Esto dificulta enormemente la posibilidad de que las masas accedan al entretenimiento. Volviendo a lo cotidiano, ¿quién transmite la Primera División? ESPN (Fox incluído) y Turner. No más preguntas.
Otra de las consecuencias es organizativa y estructural, que así como marca el presente, dejará huella en el futuro: el torneo mas antiguo a nivel continental se está disputando en Estados Unidos. ¿Para qué? ¿Por qué? Ensayo para dejar todo listo rumbo a la próxima Copa Mundial en…Estados Unidos. Finalmente este último logró su cometido. Copa América 2016, misma competición en 2024, y cita mundialista en 2026.
El actual torneo deja en evidencia que no fue una decisión “cultural”, sí económica. Una promesa. Una deuda. Espectadores cómodos, espectáculo a medias. Canchas chicas, campos de juego falsos, donde la pelota, la protagonista, no se divierte con fluidez
Según Teresa Thompson, autora del libro American, “la adjudicación de la Copa del Mundo de 2026 a Estados Unidos, tiene el potencial de mejorar enormemente la posición de dicho país en el mundo del fútbol”.
Paréntesis: Messi y su fichaje por Inter Miami fue el gran paso rumbo a ello.
A partir de dicha cita habrán 48 selecciones, y para Kirstner “la FIFA va mucho peor con Infantino”. Para Fernández Moores esto tiene una explicación: “Más selecciones, mas mundiales, significan mas votos”.
Para cerrar, quien actualmente redacta para La Nación sentenció: “El futbol es demasiado deporte para ser solo negocio, y demasiado negocio para ser solo deporte”.
Máximo ganador de Grand Slams, Masters 1000 y más semanas cómo número uno. Es innumerable la cantidad de estadísticas que rompió Novak Djokovic en toda su carrera. Aquella que había comenzado en la devastadora década del 90, marcada para siempre por el bombardeo de la OTAN en 1999. “Vengo de Serbia, un país devastado por la guerra, y enfrenté mucha adversidad. Hemos pasado por dos guerras durante cuatro años”, recordaba Nole en los inicios de su carrera. Su mayor objetivo siempre fue obtener una medalla de oro. Esto no sólo significaba el éxito tenístico, sino haber representado con orgullo y coraje la bandera de su país, la que siempre levantó y defendió cada vez que tuvo la oportunidad.
La primera experiencia de Djokovic en los Juegos Olímpicos fue, por muchos años, la más fructífera. Corría el año 2008 y llegaba a Beijing como la revelación de la temporada, habiendo ganado el Abierto de Australia de ese año, su primer Grand Slam. El número 3 del ranking llegó tranquilamente a las semifinales, donde lo esperaba el vigente campeón de Roland Garros y Wimbledon, Rafael Nadal. El de Manacor atravesaba su mejor momento y lo hizo saber, derrotándolo en tres sets. Al serbio le quedaba la chance del bronce, que obtuvo tras ganar con comodidad al estadounidense James Blake. Nole lograba un hito para el tenis de su país y su futuro se vislumbraba brillante.
Para Londres 2012 ya había explotado. Ya había ganado cinco Grand Slams y alcanzado el número uno. El césped de Wimbledon le sentó cómodo y nuevamente llegó a estar entre los cuatro mejores. Sin embargo, allí se encontró con el ídolo local Andy Murray, que jugando un partido sobresaliente se metió en la final. La decepción era grande, aunque estaba la
posibilidad de repetir la presea del 2008. Enfrente estaba Juan Martín Del Potro. El argentino había jugado un match memorable ante Roger Federer, el más largo a tres sets de la Era Abierta. Lo que parecía un partido sencillo terminó siendo una enorme muestra de coraje de Delpo, que venció por 6-4 7-5 a Nole y esta vez lo dejó afuera del podio.
Si para Londres Djokovic era uno de los candidatos, para Río 2016 casi no había chances de que no salga campeón. Arribó a tierras cariocas siendo el ganador de cuatro de los últimos cinco Grand Slams y el mejor de la clasificación ATP por mucha diferencia con el resto. El sorteo le trajo un rival sorprendente: Del Potro. No obstante, el tandilense no era el mismo del 2012. Había estado más de un año sin jugar por una lesión en la muñeca izquierda y entró al torneo con ranking protegido. Eso no evitó que aquel 7 de agosto se escribiese una de las páginas más increíbles de la historia del tenis argentino, donde Delpo, jugando prácticamente sin revés y tirando cañonazos con su derecha, venció a Nole por doble 7-6. Mientras que en nuestro país se festejaba semejante triunfo, Djokovic agarraba su bolso y se iba de la cancha con lágrimas en los ojos, como nunca se lo había visto antes. Según él, fue la derrota más dura de su carrera.
La pandemia del COVID-19 retrasó los juegos de Tokio por un año, por lo que cinco fueron los que tuvo que esperar para intentar tener revanchas. Djokovic viajó a la capital japonesa al límite de lo físico, pero seguía siendo el máximo candidato cuando avanzó a semifinales
con un cuadro accesible y victorias holgadas. El sueño de la final olímpica estuvo más cerca que nunca cuando se adelantó por 6-1 ante Alexander Zverev. Y allí todo se derrumbó: el alemán le remontó el partido y un Nole totalmente agotado veía como se le escapaba su tercera semi. Esto lo afectó mentalmente para el partido por el bronce contra el español Carreño Busta, donde incluso rompió una raqueta y nuevamente se quedó sin medalla.
La actualidad del nacido en Belgrado antes de París 2024 no ilusionaba. Aterrizó en la capital francesa sin ningún título en el año, con una lesión en los meniscos que le obligó a usar un vendaje en la rodilla y habiendo sido superado ampliamente por Carlos Alcaraz en la final de Wimbledon. Además, el escenario iba a ser el polvo de ladrillo, quizás la superficie que menos cómoda le resulta.
Tras pasar la primera ronda en la segunda tendría su primer gran desafío, ni más ni menos que Nadal, su eterno rival, y en la Phillipe Chatrier, donde se coronó 14 veces. La que probablemente fue su última batalla no cumplió con las expectativas, ya que Rafa estuvo lejos de tener su nivel de antaño y Djokovic lo sacó adelante en dos sets. Djokovic avanzó en el torneo sin ceder mangas pero con partidos duros. Koepfer, Tsitsipas y Musetti fueron sus víctimas. Ante el italiano se lo vio con un temperamento difícil, discutiendo con su propio staff, lamentándose demasiado sus errores y festejando por demás los puntos. Y es que allí logró lo que parecía imposible, jugar una final olímpica.
Con 37 años le llegó su gran y última oportunidad, y su rival no podía ser más complicado. Carlos Alcaraz: el mejor tenista del año, el que con solo 21 años ya sabe lo que es dominar el mundo del tenis y está llamado a ser su sucesor. El murciano partía como claro favorito después de tener una racha implacable y haber iniciado un “cambio de guardia”. Nole afrontó esta final como el partido más importante de su carrera, y por momentos minimizó a su contrincante, que no fue el que venía siendo en los últimos meses. Se llevó el primer set en el tie break después de tener múltiples break points en contra.
Ya en el segundo el partido continuó siendo parejo, impredecible. Otra vez hubo un desempate, y el punto clave llegó cuando estaban 2-2. Después de un intenso peloteo, Carlitos cruzó una drive que parecía lapidaria, pero Djokovic golpeó la pelota con todas sus fuerzas y la Chatrier festejó como un gol en el fútbol. A partir de eso el partido se inclinó para él, ganó los siguientes cuatro puntos y con otra derecha formidable consiguió lo impensado. Llorando y temblando se acostó en el polvo de ladrillo parisino mientras el estadio lo ovacionaba. Novak era campeón olímpico.
Lo que vino después se asemejó al final de una película. Subió a la tribuna y entre lágrimas se fundió en un eterno abrazo con sus hijos Steffan y Tara.. El camino del héroe, que había comenzado en la oscuridad del refugio antibombardeos, terminó en el escalón más alto del podio con una luz dorada que brillaba en su pecho.
****inte1Argentinian's Luis Alberto Scola and team mates, wearing their gold medals, celebrate following the Olympic Games men's basketball finals 28 August 2004, at the Olympic Indoor Hall in Athens. Argentina won the gold and Italy the silver. AFP PHOTO/ADRIAN DENNIS****
Por Mateo Videla y Facundo Boquín
El básquet no es un deporte dominante en Argentina. No es tan común verlo en cada ciudad o barrio como en el caso del fútbol. Sin embargo, de a poco fue construyendo su espacio con aquellos sucesos de ensueño, como la palomita de Ginóbili a Serbia y Montenegro o la victoria ante Estados Unidos en el Mundial de Indianápolis. Momentos que quedaron grabados en las retinas de millones de jóvenes, que luego transmitieron su amor por la naranja a las generaciones venideras. Una serendipia intratable que tiene el deporte. En la actualidad, hay un panorama adverso en el que la selección mayor no ha podido destacar. Esto quedó reflejado tras no clasificar al mundial del año pasado ni a los Juegos Olímpicos de París 2024.
Argentina, en la historia reciente, participó de cinco ediciones consecutivas de los Juegos Olímpicos (2004-2020). Su período con mayor cantidad de apariciones. Sacando esas asistencias, solo compitió en tres oportunidades: Londres 1948 (15°), Helsinki 1952 (4°) y Atlanta 1996 (9°). En el caso de los mundiales, clasificó a todos desde 1986 en adelante, la última vez que no había asistido fue en 1982. Por lo que, al no entrar al de 2023, rompió una racha de 37 años concurriendo al torneo que ganó en 1950.
La regularidad alcanzada no ocurrió por casualidad. En gran parte fue la consolidación de un proyecto ambicioso encabezado por León Najnudel, el padre de la Liga Nacional de Básquet. Este entrenador buscaba con ella establecer una fuerte competencia a nivel interno, con un calendario que incremente el crecimiento local. Su visión abarcaba una idea a futuro, que daría sus frutos luego de algunos años de desarrollo. Acompañado de Osvaldo Ricardo Orcasitas, periodista de El Gráfico, comenzó a promocionar su idea y a romper barreras. En la revista, dio a conocer el 17 de septiembre de 1982, en una serie de charlas, la Liga Nacional de Básquetbol (LNB). Allí empezó su campaña para cautivar a las personas y convencer a los dirigentes, quienes se oponían a la idea debido a los costos que abarcaba. Finalmente, luego de una ardua lucha, el 26 de abril de 1985 se inauguró el torneo. En el salto inicial del primer partido quedó inmortalizada la imagen de León con la pelota en sus manos, con los ojos en la cámara y con la cabeza en el futuro. La competición sería el hogar de desarrollo de icónicos jugadores como Emanuel Ginóbili, Juan Ignacio Sánchez, Luis Scola, Fabricio Oberto, Andrés Nocioni, entre otros.
Los logros comenzaron a llegar. El primero que adquirió mayor resonancia fue la clasificación a los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, luego de 40 años de ausencia en el certamen. Posteriormente, llegó el subcampeonato del Mundial de Indianápolis 2002, que tuvo como añadido un triunfo ante Estados Unidos, que sufrió su primera derrota con jugadores NBA desde Barcelona 1992. En Atenas 2004 ocurrió una proeza indomable: Argentina logró el oro tras vencer en semifinales a los norteamericanos y en la final a Italia. Esta victoria adquirió mayor relevancia cuando se tiene en cuenta que la Albiceleste se sumó a un grupo exclusivo de campeones olímpicos de la disciplina. Entre los que figuran, el ya mencionado Estados Unidos, con 16 oros, la Unión Soviética con 2 y Yugoslavia con 1. El suceso paralizó al país, que incluso dejó de lado por un momento a otros deportes como el fútbol. Recordadas imágenes como lo ocurrido en el partido entre Newell’s y Colón por el campeonato nacional, donde el público se frenó para aplaudir a los campeones, recorrió el mundo. En Pekín 2008, Argentina se mantuvo en el podio con un tercer puesto. Mientras que en Londres 2012, permaneció entre los cinco mejores equipos de la edición.
Pero todo lo bueno tiene su final. Previo al mundial de España 2014, la selección nacional tuvo una serie de conflictos con el expresidente de la Confederación Argentina de Básquetbol (CABB), Germán Vaccaro. Entre lo que se destaca la falta de pago a integrantes del plantel, malas condiciones en las concentraciones, deuda de más de 33 millones de pesos y falta de trofeos, como réplicas de medallas doradas o la Copa del Mundo de 1950. Con Luis Scola a la cabeza, el plantel demostró su descontento y resonaron sus palabras: “¿Qué me importa si salimos campeones mundiales y en dos años la CABB se funde y nos desafilian de la FIBA? No serviría de nada ganar un Mundial”. Como un presagio fúnebre, este fue el comienzo de la inevitable caída. Aunque con el subcampeonato del Mundial de 2019, intentaron mantener a flote su rendimiento, de a poco la llama se fue apagando. Los jugadores envejecieron y el tiempo culminó su trabajo.
La Generación Dorada acostumbró a los argentinos al éxito, a las clasificaciones, a las victorias y a los trofeos. Su trabajo en equipo derribó a los individuos. Cada uno cumplió con su labor y aportó al grupo lo que necesitaba, dejando atrás los reconocimientos o aplausos individuales. No existía el yo, solo el nosotros. Probablemente, Estados Unidos seguirá conservando una notoria superioridad en el básquet a comparación de los otros países del mundo. Sin embargo, hace poco tiempo, una bandera celeste y blanca logró lo imposible. Convirtió el polvo en oro, venció a los invencibles y cultivó un legado.
No es la primera vez que Héctor Bellerín lo hace. Que sus declaraciones abren el foco y dejan ver que el fútbol sobrepasa los límites de la cancha y del espectáculo.
El lateral español –ex Arsenal y Barcelona– no dudó por ejemplo en apoyar la denuncia de su compatriota Jenni Hermoso hacia el entonces presidente de la Real Federación Española de Fútbol, Luis Rubiales, cuando el último la besó sin consentimiento mientras ella y sus compañeras eran coronadas campeonas del Mundial Australia-Nueva Zelanda 2023.
Tampoco le tembló el pulso para hablar sobre lo que lo volvió noticia esta vez: la disparidad salarial entre el fútbol masculino y femenino de selección.
Fue el pasado 21 de julio en el podcast En clave de Rhodes, de la Cadena Ser: “Lo que deseo y lo que es justo es que todos ganemos lo mismo, que seamos igual de profesionales, que tengamos los mismos derechos y que exista igualdad. ¿Cómo hacemos eso? Aún no sé. Lo que sí sé es que desde el fútbol masculino tenemos que ser los primeros en ayudar”. Una semana más tarde, en la conferencia de prensa previa al amistoso de pretemporada entre su Real Betis de España –equipo del cual será uno de los capitanes– y el Manchester United, defendió esas palabras ante un batallón de medios que amplificaron sus dichos frente a millones: “Si lo hacen en otros sitios, aquí es cuestión de hacerlo”.
Uno de esos otros sitios es Dinamarca.
El 14 de junio la selección de fútbol danesa arrancaba el sueño hacia la deseada Eurocopa 2024. Pero también dio inicio a algo más duradero que una aspiración que desvanece al abrir los ojos en la mañana: un proyecto, más profundo que cualquier título o campeonato. Ese mismo día, la Federación Internacional de Asociaciones de Futbolistas Profesionales (FIFPro) anunció que seis estrellas del máximo equipo —Andreas Christensen, Thomas Delaney, Christian Eriksen, Pierre-Emile Hojbjerg, Simon Kjaer y Kasper Schmeichel— habían firmado un acuerdo de cuatro años con la Asociación Danesa de Fútbol (DBU), en nombre de sus compañeros de selección y con el apoyo del sindicato de jugadores de su país —Spillerforeningen—. La búsqueda más importante: “Ayudar a arreglar condiciones laborales igualitarias para el equipo nacional femenino”.
La DBU —la “AFA” danesa, pero con casi un tercio de su ganancia (un total de 13 millones de dólares según la página RocketReach)— ya había confesado el deseo de igualar los salarios de sus dos conjuntos mayores, aunque su idea era recortar el presupuesto del masculino para levantar el piso de las mujeres. Ninguna de las dos selecciones estaba conforme y sentenciaron que “así no se crea la equidad”, según contó Michael Sahl Hansen, el director del gremio de fútbol de Dinamarca. Como resultado de la negociación, los jugadores se rehusaron a aceptar un aumento de sus propios salarios para alcanzar esa equiparación, por lo que ambas selecciones cobrarán la misma remuneración básica, sin contar premios y bonificaciones. Además, se mejoraron las coberturas de los seguros y se fijó la creación de una casa común para los equipos y la de un fondo de desarrollo, financiado en conjunto por la asociación y por los jugadores de la selección masculina.
Pero no es una filosofía que surgió de la nada. El máximo organismo danés trabaja en planes integrales y a largo plazo desde hace años, como así lo refleja en su web principal. Su lema lo condensa: “DBU, parte de algo más grande”. Así, más allá de la información tradicional que suele encontrarse en este tipo de páginas, relacionada a torneos, estatutos y formalidades, el espacio cuenta con distintos apartados que profundizan sobre la “responsabilidad social” que el mismo organismo alza como bandera.
“El fútbol es mucho más que un juego con una pelota. Puede ayudar a marcar la diferencia, crear comunidades y unidad, y el fútbol puede unir a la gente y entusiasmarla. Sobre esta base DBU asumirá su responsabilidad y contribuirá positivamente a la sociedad. El juego puede ayudar a fortalecer la salud, la integración, la inclusión y la diversidad en Dinamarca, porque creemos que el fútbol es un lenguaje universal. El fútbol es y debe ser para todos, independientemente de quién seas y de dónde vengas.”
Dos semanas después del anuncio, el sábado 29 de junio a las cuatro de la tarde, gran parte de la patria futbolera argentina se amuchó frente al televisor para atender cómo daneses y germanos se rifaban el pase a los Cuartos de Final de la Eurocopa 2024, torneo que junto a la Copa América se turnó para acaparar las miradas del público durante un mes. Dinamarca luchó pero cayó por 2-0 en el Signal Iduna Park —estadio de la mítica hinchada del Borussia Dortmund— y la aspiración a un título se esfumó para los escandinavos, pero no así su proyecto a futuro, que entraba en rigor al terminar la competencia.
Los jugadores daneses en los octavos de la Euro 2024|Foto:fútbol.dk
A unos 11.500 kilómetros, un partido se disputaba en simultáneo, en una cancha igual de glorificada por su gente y en un club que también mira a largo plazo. Era una tarde de historia para el deporte femenino argentino. Las gladiadoras —la primera división de Boca Juniors— dieron una función de juego en La Bombonera y vencieron a Rosario Central ante casi 20 mil almas, cifra inédita en la máxima categoría del fútbol de mujeres. Con ese triunfo, el Xeneize dio uno de los últimos pasos hacia el pentacampeonato, que consagró días después.
De los 18 clubes que militan en la primera categoría del fútbol local femenino, solo Boca tiene a todas sus jugadoras contratadas este 2024. La página de la AFA –dividida en un índice de noticias, estadísticas, desarrollo y documentos– es donde se encuentra la normativa anual que regula dicho torneo, la cual nació en 2019 con la declaración de la semi profesionalización del fútbol femenino gracias al empuje de Macarena Sánchez y muchas más. Profesional porque obliga a las instituciones a contratar a sus futbolistas; semi porque demanda que un piso de 15 jugadoras tengan un acuerdo escrito de las 35 inscriptas en el plantel, con salarios que no siempre alcanzan para vivir solo del deporte.
Boca es de los que más se comprometió con la disciplina. Así lo declaró su directora técnica, Florencia Quiñones, luego de conseguir el pentacampeonato: “El secreto es el trabajo que hace un montón de gente detrás nuestro y que el club apuesta por nosotros. Ahí está la clave, más allá de que tenemos jugadoras de selección en la mayor y las juveniles. El club invierte, nos da comodidades, el poder entrenar y estar bien alimentadas. Algunas chicas tienen su sueldo, pero tampoco pueden vivir al 100. Es un camino largo”
Sin embargo, Lorena Benítez, Julieta Cruz, Eliana Stábile y Laurina Oliveros —cuatro de esas jugadoras que eran de selección hasta principios de este 2024— renunciaron a su convocatoria albiceleste para las fechas FIFA a fines de mayo, cuando el combinado argentino estaba por enfrentar a Costa Rica en dos amistosos en Buenos Aires.
“El primer motivo, una situación que desde los 14 años cuando formaba parte del SUB 17 no me tocaba vivir, que fue no tener la posibilidad de un desayuno o almuerzo en las citaciones de entrenamiento con la preselección del día martes y miércoles pasado”. Benítez fue la que más se extendió en la explicación sobre la decisión tomada. Alegó que solo se les ofreció “una banana y un sánguche de jamón y queso” tras finalizar las dos prácticas en el predio Lionel Andrés Messi. También mencionó que el día de los amistosos no tendrían viáticos y que sus familias deberían pagar entradas, a lo que ironizó: “¿La respuesta de siempre? NO HAY PLATA”, una frase que hace eco en el país. La AFA no tardó en dar su versión: sostuvo que la vianda se entregó de manera excepcional porque había un evento FIFA en el campo de Ezeiza y estaba colapsado, que para ninguna selección se cubren los gastos de los partidos en el país y que las entradas siempre se entregan a las jugadoras para que asistan sus familiares.
Pero el punto es que tanto ellas como “las que deciden luchar desde adentro” —como definió el entrenador de la mayor femenina Germán Portanova a las jugadoras que integran su convocatoria— lejos están de demandar paridad salarial con el equipo de los campeones del mundo. Las palabras de las cuatro futbolistas de Boca sonaron a desgaste, más allá de los avances alcanzados en la última década en el fútbol femenino. En el centro del reclamo descansa una lucha de años que permite abrir la calle a las muchas que —por suerte— caminan atrás. Oliveros —arquera con la valla menos vencida del Torneo Apertura argentino— resumió su sentir en pocas líneas: “Con el corazón partido y mil ilusiones que se esfuman de a poco… ¿Mi deseo para este año y los que siguen? Que las generaciones que vienen puedan disfrutar y ser felices corriendo atrás de la redonda, como quizás en algún momento lo fuimos nosotras”.
Y es que cada vez son más las niñas que se ponen los botines y saltan a la cancha para dejar el puesto de espectadoras, potenciadas por la (semi) profesionalización de 2019 y por los efectos de Qatar 2022. Solo basta con entrar a cualquier club grande o de barrio para ver esta realidad, cruzarse a mujeres de todas las edades con la 10 o la 23 en la espalda, y que no sean solo los varones quienes puedan soñar que en esa celeste y blanca se lea algún día su nombre.
Los Juegos Olímpicos pueden cambiar de sede, disciplinas, formatos y selecciones presentes; pero un elemento que asiste independientemente de todas las variables: La Tea Olímpica, ícono alumbrante simboliza paz, esperanza y amistad. Sin embargo, ha olvidado de iluminar el deporte y periodismo argentino en 1980, extraviando los valores que pretende representar.
Al complot político se le sumó un boicot mediático, y en consecuencia censuró para la Argentina el evento deportivo más importante del mundo, lo hizo casi imperceptible para los medios de comunicación nacionales y olvidando a aquellos deportistas clasificados para disputar los Juegos Olímpicos de Moscú 1980; prohibiéndoles llegar a la cumbre de sus carreras. El país, inmerso en la dictadura cívico-militar, decidió adherirse al boicot capitaneado por Estados Unidos para diezmar a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas por no desocupar Afganistán a pedido de James Carter, presidente estadounidense, quien le impuso un ultimátum a la URSS para que se retire del país asiático, o como represalia boicotearían ¨en nombre de la paz¨ las Juegos que se festejarían en Rusia. Un total de 66 países se ausentaron y se estima que entre 45 y 50 apoyaron a los estadounidenses; uno de ellos es la Argentina perjudicada por un proyecto de represión política y de terrorismo de Estado con el objetivo de alejar al comunismo de América del Sur ideado por Estados Unidos denominado Plan Cóndor.
De todas maneras, los países que alguna vez supieron ser parte de las potencias aliadas, como Gran Bretaña y Francia, le dejaron la decisión de si asistir o no a sus deportistas. Finalmente para algunos resultó ser una decisión económica, más que meramente política.
“Ya estaba designado, decidimos ir con todo el peligro que implicaba”
No obstante, sí hubo un argentino con presencia activa en los Juegos Olímpicos de 1980: Roberto Fernández, periodista y profesor de Tea & Deportea. En una entrevista, reveló que fue considerado el indicado para cubrir los Juegos Olímpicos porque era el secretario de redacción a cargo de la sección polideportiva de la revista Goles Match. Si bien, el presidente del Comité Olímpico Argentino, Antonio Rodríguez, no aprobaba el boicot, en mayo se anunció que la Argentina estaría ausente en el torneo. “El resto de los medios desistió de ir a Moscú, pero nosotros debatimos mucho el tema y como era una revista transgresora decidimos ir pese a que al Gobierno no le gustó nada que ratifiquemos la acreditación”, expresó el periodista rebelde. También, agregó que cuando se armó el equipo ya tenían la idea de cubrir la mayoría de eventos deportivos y la línea editorial se apoyaba en el conocimiento y valores propios de los miembros, por lo que ya habían asumido que en esta situación iban a ir en contra de los que estaban en el poder y los medios hegemónicos que lo obedecieran. Asimismo, resaltó que el presidente de la COA dificultó el trámite de la acreditación pero, aun así, se la otorgaron cuatro días antes de viajar a Rusia.
Fernández, en su nota para Página 12 “Moscú 1980, los Juegos de la Guerra Fría”, mencionó que al llegar a Rusia un coronel soviético, que hablaba castellano perfecto, le comentó: “Ayer llegó otro argentino, juez de boxeo, creo. Primero lo confundí con un chileno, por el acento, ¿Chile y Mendoza están cerca, verdad?”. Por lo que en el intercambio le pregunté si había podido tener contacto con él u otro argentino: “Si, además había un juez de voley o handball, el basquetbolista argentino Juan Domingo De La Cruz quien jugó para España, el ciclista que representó a Italia Ottavio Dazzan, y una noche descubrí a una argentina que hablaba muy mal castellano porque emigró joven”. Igualmente, concluyó: “Era el único de mi medio así que no podía ir a todos los deportes, todas las mañanas me levantaba y hacía una agenda de qué disciplina cubría. Nunca logré cruzarme ni con el basquetbolista, el ciclista,el juez de boxeo o con la periodista”.
Estos Juegos Olímpicos del 80´ fueron una página oculta de la historia del deporte nacional. Así lo reprocha César Torres, doctor en filosofía e historia, en su nota “A 40 años del boicot olímpico de la última dictadura cívico-militar”: “En la Argentina, las/os olímpicos de 1980 fueron rápidamente olvidados. Incluso en democracia no recibieron un reconocimiento adecuado por su clasificación a los Juegos y por la frustración que representó el boicot. En un país que aún sigue trabajosamente recuperando la memoria de su pasado reciente esta circunstancia es llamativa”. Los juegos no fueron televisados ni transmitidos por radio, por lo que la exclusividad del contenido era de la revista Goles Match, lo suficientemente desobediente como para enviar a un periodista. Por eso mismo, Roberto Fernández cumplió y cumple un rol relevante en la historia porque es el único testimonio cien por cien argentino en primera persona del evento celebrado en Moscú.
Por penales, con el equipo justo y después de haber pedido donaciones para poder viajar. Así fue como la selección argentina femenina juvenil de polo acuático eliminó a Estados Unidos del Panamericano, a fines de mayo.
Las Tiburoncitas, el seleccionado nacional femenino juvenil de polo acuático, compitieron en el Panamericano U-19 de El Salvador y fueron subcampeonas de América, pero estuvieron muy cerca de ni siquiera viajar.
El pasado 25 de marzo, la Confederación Argentina de Deportes Acuáticos (CADDA) anunció que todos los eventos que no fueran cubiertos por el Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (ENARD), deberían ser financiados de forma privada.
Tras recibir esta noticia, las atletas tomaron la decisión de pedir donaciones para conseguir los fondos necesarios de cara al viaje. El 28 de marzo publicaron un posteo en su cuenta de Instagram, donde especificaban el alias y la cuenta que utilizarían de fondo común.
Si bien la convocatoria oficial de cara a El Salvador fue publicada el 16 de abril, las jugadoras ya habían tenido un aviso previo. Semanas antes, en una reunión de Zoom, autoridades y deportistas definieron si iban a viajar o no.
Ahí se presentó la lista por primera vez, así como el precio total del torneo. Había un total de 15 atletas, cuyos nombres no iban a poder ser modificados. En caso de que menos de 11 (el mínimo permitido para participar) dieran el sí, Argentina debería darse de baja.
Al final, 12 deportistas confirmaron su presencia. El equipo final fue: Avril Parada, Maylen Sampedro, Emma Sophia Riley, Juana Masini, Carolina Policastro, Isabella Mastronardi, Agostina Cataldo, Julieta Arce, Excelsa Montes, Bianca María Perasso, Anahí Bacigalupo y Faustina Escola. El cuerpo técnico estuvo integrado por Fabio Lombardo y Verónica Grieco. De esas 12, un total de 9 jugadoras habían estado en el Sudamericano Juvenil Buenos Aires 2023.
Los equipos que iban a competir en El Salvador fueron definidos la temporada pasada. Cada subcontinente tenía su propio clasificatorio, y Argentina era local en su chance. Este certamen tuvo lugar entre el 16 y el 21 de septiembre, en el Jeanette Campbell (natatorio del Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo).
Las Tiburoncitas, en la ceremonia previa al partido con Paraguay.
Consistía de dos etapas: la fase de grupos y las eliminatorias. Las rioplatenses no tuvieron ningún tipo de problema durante la primera etapa. Se clasificaron a las semifinales como las segundas mejores (las cariocas fueron las primeras) y debían jugar contra Colombia.
Las Tiburoncitas llegaron al partido justo después de que jugara Brasil, que despachó a Chile por más de 10 goles de diferencia y se convirtió en el primer finalista confirmado.
El último enfrentamiento contra las cafeteras había sido tan solo 4 días atrás, y terminó 17 a 8 a favor del combinado albiceleste. Esta nueva batalla no pudo llegar a su final debido a un conflicto que descalificó a ambos equipos.
La CADDA publicó un comunicado en su Instagram donde anunciaba la desafección de ambos equipos. Ese post aún está en pie y tiene 36 comentarios, una cantidad inusual para sus propios parámetros.
Por su parte, Las Tiburoncitas hicieron un descargo en su cuenta oficial de Instagram y dieron su versión de los hechos. Allí, además de declarar que habían sido testigos de un juego agresivo por parte del rival, aseguraban que en todos los videos se observaba como las acciones violentas venían exclusivamente del lado colombiano.
Por motivos de protección, el servicio de streaming pago que transmitía el torneo fue suspendido temporalmente durante el encuentro, eliminando así todo registro audiovisual de la revuelta entre ambos equipos.
Existe un video grabado por el público donde se puede visualizar desde el inicio hasta el final de la pelea. Sin embargo, como este no es parte de la transmisión autorizada, fue desestimado a la hora de presentar las apelaciones.
El torneo había terminado. El podio quedaba entonces con Brasil a la cabeza, Chile como subcampeón, Perú como bronce y Paraguay en el 4º puesto. En un principio, las dos selecciones descalificadas ni siquiera fueron parte de la tabla final de posiciones, decisión que terminaría por revertirse y dejaría a las locales en el 5º lugar.
Ese cambio fue fundamental para que las juveniles argentinas pudieran tener su pasaje a El Salvador. Es cierto que les había quedado la espina de la medalla, pero había una luz de esperanza dentro de tanta oscuridad. Después de todo, tanto Brasil como Colombia iban a estar presentes en el Panamericano también.
Las Tiburoncitas, antes de viajar a El Salvador.
Era momento de viajar a El Salvador. El formato del torneo era extremadamente sencillo, todos contra todos o “round robin” en la terminología oficial del campeonato (difícil de explicar debido a que 5 de los 7 contendores utilizaban el español como idioma oficial).
La primera parte estaba adentro. Las tablas comenzaban a definir los candidatos al título, y el Sol de Mayo brillaba dentro de las posibilidades. Quedaban dos partidos: Brasil y Estados Unidos, en ese orden.
El abrazo entre Isabella Mastronardi (6) y Bianca Perasso (10), tras vencer a Canadá.
El clásico sudamericano se lo llevó Brasil, con un resultado de 14-11. Esto generaba, al menos de forma artificial, una semifinal para las argentinas. En caso de ganar el próximo partido, volverían a quedar empatadas con el país vecino y definirían el título en una final.
A todo o nada, contra las barras y las estrellas.
La certeza que manejaban las jugadoras era la misma que la de aquel que vive consciente de que su destino depende exclusivamente de sí mismo.
Además, estaba el agregado de la fecha. Con motivo del 25 de mayo, en el camino a la pileta las jugadoras cambiaron su cábala. Dejaron de lado, al menos por un rato, al tema “Para la selección” al cual escuchaban en bucle, y pusieron el himno y la marcha de San Lorenzo.
El grito de guerra previo al partido también tuvo su modificación. En lugar de gritar “1, 2, 3, ¡Argentina!”, se pudo oír un “Viva la patria”. Hoy jugaban por ella.
El seleccionado, después de vencer a México.
El encuentro fue extremadamente parejo. Las Tiburoncitas crearon una ventaja de un punto en el primer periodo y la sostuvieron hasta el cuarto, donde las norteamericanas consiguieron su tan ansiado empate. Cuando sonó la chicharra, el marcador iba 15-15.
Era el momento de los penales.
Arrancaban las yankis, que mandaron a Kirra Pantaleón, máxima goleadora de su equipo durante el encuentro, a definir ante el arco defendido por Avril Parada.
Después del tiro el marcador seguía en cero, pero Argentina lo había festejado como un gol. Fue obra de Parada, que bloqueó el disparo.
La primera Tiburoncita en tirar fue Maylén Sampedro. Las del sur se ponían por delante.
Charlotte Raisin empató el partido, tras colocar la pelota fuera del alcance de la arquera argentina, y Agostina Cataldo recuperó la ventaja para las albicelestes.
El tercer penal para ambos equipos siguió con esa tónica. Mia Fabros anotó para el seleccionado norteamericano e Isabella Mastronardi, máxima goleadora de su equipo durante el encuentro, hizo lo propio para el suyo.
La racha se cortó. Estados Unidos había convertido de la mano de Natalie Whitfield y a la argentina Bianca Perasso le habían atajado el penal.
Otra vez, por segunda vez en el encuentro, las yankis recuperaban la igualdad. Quedaba un tiro para cada equipo. Las número cuatro de cada equipo eran las destinadas a cerrar la tanda.
Parada, que venía de tocar los últimos tres tiros, atajó el penal de la estadounidense y las dejó en jaque. ¿Cómo hizo para adivinar todos los palos? No fue magia negra, sino un minucioso estudio estadístico por parte del banco argentino.
Todo quedaba en manos de Juana Masini.
Decir que su penal fue festejado porque valió una clasificación a la final del Panamericano es faltar a la verdad. Cuando el tiro de la jugadora porteña golpeó el interior de la red, se concretó la épica de una selección que necesitaba redimirse.
Porque no tuvo la oportunidad de medirse ante Brasil en casa y con su gente, porque fue descalificada y tildada de irresponsable, porque tuvo que pedir ayuda económica para poder competir, pero sobre todo, porque le habían faltado el respeto.
Estados Unidos no llevó a sus mejores jugadoras a El Salvador. En cambio, presentó un combinado de edad menor, como si este torneo fuera poca cosa para ellos.
Esa fue la provocación que motivó a las “Tango Girls” (cómo las apodó la página de PanamAquatics). ¿Qué derecho tenían las norteamericanas de no jugar a toda máquina? ¿Por qué habían dejado a sus estrellas en casa? ¿Qué acaso eran demasiado buenas como para medirse ante la nación del fin del mundo?
Se equivocaron. Las argentinas desmitificaron a la parte norte del continente en el partido contra Canadá y el partido contra Brasil no las había podido tumbar. Estaban de pie, y habían olido sangre. Eran conscientes de que el deporte sólo a veces daba revancha, y prácticamente nunca con tanta rapidez.
Esta era la chance definitiva de gritarle al mundo que el espíritu argentino pesaba más que cualquier centro de entrenamiento de alto rendimiento. Que la pasión jugaba más que la plata, y que el sentimiento sigue sin poderse comprar.
Y ahora era el turno de ella, de la número 4 argentina.
Ella, que había sido parte del plantel descalificado en Buenos Aires 2023. Que la habían contado como parte del tumulto con Colombia, aunque solamente había ido a rescatar a una amiga y compañera.
Ella, que en un principio no sabía si iba a poder viajar a ese torneo, ahora tenía el boleto a la final, en sus manos.
Afuera, la tensión de todo el torneo. Las cariocas miraban atónitas, porque ni ellas habían podido vencer a Estados Unidos. Las estadounidenses, porque no podían creer que las iba a eliminar una selección latinoamericana (que seguramente no podrían ubicar en el mapa).
Las demás naciones alentaban por esta David del sur, que estaba por tirar un último hondazo. Todos estaban cautivados por este batacazo inaudito, hasta los relatores, que demostraban un dejo de fanatismo por la albiceleste en sus palabras.
Las únicas tranquilas eran las argentinas, que sabían que las esperaba algo grande. Porque sabían todo lo que había costado esto. Porque habían contado cada una de las lágrimas derramadas en el vestuario del Jeanette Campbell, y conocían perfectamente el gusto de la bronca que tanto habían masticado durante estos meses.
No podía ser coincidencia, tanta coincidencia, que justo tenían esa chance un 25 de mayo. El destino las estaba citando, y ellas le iban a contestar.
El disparo de Masini rebotó en el agua y se clavó en un ángulo. La arquera no llegó a manotearla, y la final estaba definida. Fue 4-3 por penales, para Argentina. Por todo eso, es injusto decir que esa tanda de penales fue sólo una semifinal panamericana.
El post-partido fue un espectáculo. Los teléfonos de las chicas reventaban de tantas llamadas. Entre ellas estuvo la de Guillermo Setti, entrenador principal de la selección femenina mayor, quien disfrutó el show en compañía de un whisky.
El padre de Emma Riley, la Tiburoncita que usa el gorro número 3, es de origen estadounidense. Tras ver el encuentro, prometió hacerse una lágrima con los colores de la bandera argentina por la emoción que le había generado el triunfo de las chicas.
Entre festejo y festejo, la final las esperaba. No habían tenido tiempo de asimilar lo que habían hecho, que al otro día debían volver a medirse con Brasil.
La final fue un tanto más complicada. El arranque del partido puso a las cariocas en ventaja por 4 goles, y se volvió muy difícil darlo vuelta. El marcador final fue 15-9 a favor de las brasileñas, que sumaban otro título a su vitrina. La verdeamarela era la única selección que no había hincado la rodilla ante las rioplatenses.
En cuanto al partido por el tercer puesto, Estados Unidos venció a Canadá por 4-2 en los penales, después de empatar 10-10 en el reglamentario y se quedó con el bronce.
Las jugadoras, después de vencer a Estados Unidos.
El torneo había terminado y Las Tiburoncitas se habían hecho un hueco en la historia del polo acuático argentino. Fue por eso que a la vuelta, en el aeropuerto de Ezeiza las aguardaba una sorpresa.
Entrenadores, jugadores y familiares estaban allí, el domingo 26 a la madrugada, esperando por sus heroínas. Porque eran eso, atletas que habían reivindicado la bandera, y todos los fanáticos del deporte les querían demostrar su agradecimiento.
No es necesario conocer las reglas del polo acuático para estar emocionado. Es más, es muy difícil no emocionarse al ver la tanda de penales y el festejo posterior, aún si quien lo ve no sabe diferenciar una marca boya de una boya.
Cada jugadora fue festejada de alguna manera. Hubo quien recibió una torta donde se la comparaba con Belgrano, estuvieron las que fueron aplaudidas en sus colegios por orden de alguna profesora, y ninguna se quedó sin celebración tras la vuelta al entrenamiento.
¿Qué sigue? Lo mismo de siempre. Después de este enorme resultado, Las Tiburoncitas se ganaron el pasaje al Mundial U-20, que se disputa en Tailandia.
Si bien el ENARD aún no dio su determinación, es decir que no se sabe a ciencia cierta si va financiar el viaje o no, es difícil creer que va a dar la positiva para los aéreos para Asia, cuando no la dio para centroamérica. Por eso, y como forma de anticiparse a cualquier tipo de imprevisto, las chicas ya comenzaron a buscar auspiciantes y fondos.
Porque la vida del deportista amateur argentino es así. Y quizás, después de vender suficientes empanadas y buzos, Las Tiburoncitas viajen a tierras Tailandesas y derroquen algún otro Goliat, quién sabe.