jueves, mayo 21, 2026
Home Blog Page 2

Luis Enrique: su carácter para lidiar con estrellas mundiales y construir un París Saint-Germain nuevamente finalista desde el juego colectivo

Por Agustín González Sánchez Jauregui

“¿Si voy a mejorar el año que viene? Sí, porque tener un jugador que se mueve por donde quiere, implica que había situaciones de juego que yo no controlaba. El año que viene las voy a controlar todas, sin excepción”, decía Luis Enrique cuando le consultaron sobre la salida de Kylian Mbappé, el jugador franquicia del Paris Saint-Germain que partía rumbo al Real Madrid. Y lejos de quedar en el olvido, esa frase comenzó a marcar el camino posterior.

El PSG en 2022 había logrado juntar nuevamente a Lionel Messi y Neymar Junior para conformar delantera con Mbappé, construyendo así sus proyectos en base a nombres propios. Lograron ganar dos Ligue-1 y una Supercopa como ya es habitual en Francia pero quedaron lejos del objetivo principal del conjunto parisino, obtener su primera orejona, fueron eliminados dos veces en octavos de final de la Champions League. Cuando llegó el entrenador español en julio de 2023 ya sin Neymar ni Messi, buscó dejar de lado esa maña de recostarse sobre el talento de las figuras y comenzó la búsqueda del juego colectivo, algo que le costó en su primer año ya que como ha declarado en reiteradas ocasiones, le era difícil lidiar con el ahora delantero del Real Madrid.

Finalmente cuando terminó la temporada en 2024, el delantero francés abandonó el equipo y quedaba en manos de Luis Enrique constatar si lo que había declarado era cierto. En el año siguiente, el cuadro de París consiguió la primera Champions League de su historia tras aplastar 5-0 al Inter de Milán en la final, con un equipo que ya no dependía de individualidades sino de un funcionamiento más grupal donde hasta los atacantes participaban constantemente de la presión y el retroceso defensivo. Futbolistas como Ousmane Dembélé, quien terminó ganando el Balón de Oro de ese año, pasaron a ser piezas claves dentro de una estructura colectiva. Ahora, con gran parte de esa misma base, volverán a disputar una final de Champions, será frente al Arsenal el 30 de mayo en Budapest, nuevamente bajo la conducción de Luis Enrique.

El carácter del técnico oriundo de Gijón no se dio a conocer recién ahora, entre 2014 y 2017 dirigió al Barcelona de Lionel Messi, Luis Suárez y Neymar Jr, una delantera que para muchos fue la mejor de la historia. Pero aún así no dio el brazo a torcer con las grandes estrellas, incluso llegó a tener un fuerte cruce con el astro argentino por sentarlo en el banco en un partido de liga contra Real Sociedad. Con el paso del tiempo la relación entre ellos se recompuso y el club español terminó ganando nueve títulos bajo su conducción, entre ellos la Champions League de 2015, el Mundial de Clubes y el triplete esa misma temporada.

Donde mejor se ve reflejada su ideología es en el video viral que reaparece constantemente en redes sociales. Allí en una charla mano a mano con Mbappe le pone de ejemplo a Michael Jordan (ídolo del francés), y le explica: “Jordan cogía a sus compañeros y se ponía a defender como un hijo de puta”. Luego remarca que si la estrella presiona y corre, el resto queda obligado a hacerlo también. Según él, así se construye un líder.

Más allá de sus etapas en Francia y España, el entrenador también pasó por la Roma, donde debutó como director técnico, Celta de Vigo y la Selección de España, a la que dirigió en el Mundial de Qatar 2022 quedando eliminado en octavos de final por penales frente a Marruecos. En todos sus equipos sostuvo la misma idea de presión, intensidad y un funcionamiento colectivo por encima de cualquier individualidad. Una ideología que ya había comenzado a construir en su etapa como futbolista, donde vistió las camisetas del Real Madrid y Barcelona, dos de los clubes más importantes del mundo.

Tras la muerte de su hija Xana en 2019, Luis Enrique explicó que nunca se sintió desafortunado, se consideraba “muy afortunado” por los nueve años que pudo disfrutarla. Años más tarde, luego de conquistar la Champions con el PSG, recordó una bandera que ella había clavado en la final que había ganado con el equipo catalán y confesó que sentía que seguía presente. Una persona con una manera de pensar que no parece modificarse ante ninguna situación y que supo trasladar esa convicción al fútbol.

El hincha argentino, cada vez más exigente

Por Martín Aguirre

En el fútbol argentino, la exigencia del hincha siempre fue una característica distintiva. Sin embargo, con el paso de los años, esa vara parece haberse elevado aún más. Lo que antes podía ser tolerado como parte del juego, como una mala racha o un rendimiento irregular, hoy suele derivar rápidamente en cuestionamientos, silbidos, insultos y pedidos de cambios profundos.

Históricamente, el público local se caracterizó por su pasión y su fuerte sentido de pertenencia. Clubes como Boca Juniors o River Plate construyeron identidades donde el hincha no solo acompaña, sino que también opina y exige. Mientras que en otros equipos era menos habitual la crítica dura del espectador, excepto en situaciones muy malas del club como pelear el descenso o perder un clásico.

Un motivo es la inmediatez. En un contexto atravesado por redes sociales y cobertura mediática constante, el análisis ya no queda limitado al post partido. Cada jugada se discute en tiempo real, cada decisión técnica es debatida y cada resultado tiene repercusiones inmediatas. Esto genera un clima donde la paciencia se reduce y la necesidad de resultados se vuelve urgente.

Además, la globalización del fútbol también influye en la percepción del hincha. El acceso permanente a competencias europeas, como Champions League, Premier League, entre otras, eleva el estándar con el que se evalúan los rendimientos locales. Aunque las realidades económicas y estructurales sean distintas, la comparación es inevitable y muchas veces injusta.

Otro factor clave es la inestabilidad institucional de varios clubes del país. Cambios frecuentes de entrenadores, proyectos deportivos poco sostenidos y dificultades económicas generan contextos adversos que impactan directamente en el rendimiento. Frente a esto, el hincha suele canalizar su frustración en la exigencia constante, muchas veces sin distinguir responsabilidades.

También se modificó la relación entre el público y los protagonistas. Antes, el jugador era percibido como alguien más cercano, con una identificación más fuerte con el club. Hoy, con carreras más cortas en el país y mayor rotación, ese vínculo se debilita. La identificación tarda más en construirse y la tolerancia disminuye.

Sin embargo, esta mayor exigencia no es necesariamente negativa. En muchos casos, impulsa a los clubes a profesionalizarse, a mejorar sus estructuras y a sostener niveles de competitividad más altos. El problema aparece cuando esa presión se vuelve desmedida y termina afectando el desarrollo de proyectos a largo plazo.

En definitiva, el hincha del fútbol argentino no perdió su esencia, pero sí adaptó su forma de manifestarse. Más informado, más conectado y más expuesto a otras realidades, su nivel de exigencia creció. La pregunta que queda abierta es si el sistema está preparado para responder a esa demanda sin caer en la urgencia permanente.

 

Jordania, Jesucristo y Maradona

Por Emanuel Soste

Jordania participará por primera vez en un Mundial de fútbol y compartirá el grupo J con Argentina, Argelia y Austria. Esta nación ubicada en el suroeste de Asia se convirtió en un estado soberano e independiente en 1946, en el que inicialmente se llamaba Reino Hachemita de Transjordania. Su forma de gobierno es una monarquía constitucional que es presidida por el rey Abdalá II, quien ostenta los poderes ejecutivo y legislativo.

El Río Jordán, que fluye por distintos países como Israel, Líbano, Jordania, Siria y Palestina, es el lugar donde todos los años va gente de diversos lugares del mundo para bautizarse allí y conocer su profundo vínculo con lo divino, debido al fuerte origen espiritual que representa. Es visitado por personas de distintas religiones: cristianos (católicos, ortodoxos y protestantes), judíos, musulmanes y hasta personas independientes de su fe que acuden por su valor histórico.

Este río tiene una gran particularidad que relaciona la religión con el fútbol. En la Biblia, en el segundo libro del Nuevo Testamento, conocido como el Evangelio de San Marcos, relata que en el Río Jordán, Jesucristo fue bautizado por Juan el Bautista y a partir de allí, el Hijo del hombre inició su ministerio público de enseñanza en el siglo primero.

Tuvieron que pasar más de 20 siglos para que uno de los personajes más influyentes del mundo se sumergiera en las mismas aguas, ya que Diego Armando Maradona en 2015 se bautizó en el mismo río. El hecho ocurrió después de la visita al Monte Nebo, cuando “Pelusa” se encontraba con su pareja de aquel entonces, Rocío Oliva. También se situaba con ellos el príncipe Ali Bin Al-Hussein, hombre que había sido respaldado por Maradona para ser candidato a presidente de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA).

El crecimiento del fútbol jordano con el correr de los años fue exponencial, ya que en sus primeras clasificatorias para el Mundial y las Copas Asiáticas quedaba rápidamente eliminado. Hasta que en 2023 fue su punto de inflexión, ya que disputó su primera final de la Copa Asiática en la que fue vencida 3 a 1 por otra selección emergente del mismo continente como lo es Qatar. En junio del 2025, tras varios triunfos, el elenco dirigido por Jamal Sellami selló su histórica clasificación al Mundial de fútbol tras derrotar a Omán de local por 3 a 0. El 27 de junio, “Los Bravos” enfrentarán a la Argentina, actual selección campeona del mundo, en el estadio AT&T de Dallas a las 23.

Sanciones selectivas: el veto a Rusia que expone la doble vara del fútbol internacional

Thiago Nicolás Etchegaray

Mientras la Federación Rusa continúa excluida de todas las competiciones, otras potencias involucradas en conflictos bélicos mantienen su lugar en el calendario internacional. El rol de FIFA y las tensiones políticas detrás de decisiones que exceden lo deportivo.

A principios del 2022 el mundo se paralizó. El jueves 24 de febrero Rusia invadió Ucrania y se convirtió en el mayor conflicto militar en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Rápidamente, federaciones de todo tipo, incluidas las deportivas, manifestaron su repudio absoluto hacia el ataque ruso y su solidaridad con las personas afectadas.

Así fue como el lunes 28 de febrero, 4 días después del estallido bélico, la FIFA no se quedó con los brazos cruzados y, en representación del deporte rey, emitió un comunicado en conjunto con UEFA (Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol) que, en otras palabras, decidieron “suspender a todos los equipos rusos, tanto a sus selecciones nacionales como a sus clubes” de toda competición internacional “hasta nuevo aviso”, incluyendo las eliminatorias del Mundial (NdR: A pesar de haber conseguido un lugar en el repechaje europeo, la selección rusa fue descalificada, y tampoco pudo disputar el clasificatorio rumbo a la Copa del Mundo 2026 en Norteamérica). “El mundo del fútbol está totalmente unido y se solidariza con el pueblo ucraniano”, expresaron en el escrito oficial los entes rectores.

Aquí el cuestionamiento no está dirigido a la magnitud de la sanción que sufrió la Unión Del Fútbol de Rusia (RFS), puede gustar más o menos ya que en este caso quienes pagan los platos rotos de la política de su país son los futboleros que no pueden disfrutar de su equipo o su selección en un torneo internacional. Pero la sanción allí sigue vigente. El debate surge cuando, aproximadamente, a 2000 kilómetros hacia el sur de la frontera entre rusos y ucranianos, persiste una guerra incansable que involucra, entre otros países con mayor o menor relevancia, a Israel, Irán y Estados Unidos. Mientras el conjunto ruso permanece vetado sin excepciones, estas naciones continúan con normalidad su actividad deportiva global.

¿Acaso esta situación expone la doble vara de FIFA? ¿Son sanciones selectivas?

Fuentes oficiales aseguraron que la diferencia de medidas se debe a la imposibilidad del organismo en resolver problemas geopolíticos (conflicto en la Franja de Gaza), pero sí puede sancionar a una nación por invadir de forma directa a otra (caso ruso). Entonces, la FIFA sancionó a Rusia porque la invasión impactó de manera directa en el correcto desarrollo de las competencias deportivas, sumado que algunas selecciones (Polonia y Suecia) y clubes que tenían compromisos previstos anunciaron que no jugarían los partidos, sean o no disputados en tierras rusas, lo que provocó un riesgo real de boicot. La sanción fue exclusivamente deportiva.

Sin embargo, el foco apunta a la ausencia de sanciones hacia Irán y Estados Unidos, cuyo peso político y económico dentro del sistema internacional —y del propio negocio del fútbol— parece actuar como escudo ante posibles medidas disciplinarias. Pero la realidad es otra: el ente dirigido por Gianni Infantino carece de marco jurídico para castigar a los países por sus relaciones exteriores. Mientras la suspensión de Rusia fue una respuesta directa a una invasión a gran escala que provocó una condena internacional unánime, las tensiones entre estadounidenses e iraníes se manejan como disputas diplomáticas y de seguridad, sin irrupciones con fines de apropiación de tierras, manteniendo la FIFA una postura de no exclusión y monitoreo. Sea polémico o no y aunque contrasta drásticamente con la firmeza mostrada en el antecedente ruso, el máximo organismo del fútbol mundial no cuenta con herramientas reglamentarias claras para sancionar a Estados por sus acciones militares.

Un detalle para nada menor pero que le da más peso y argumento a la no sanción, en este caso, a Estados Unidos: el Mundial se disputará en sus tierras, en conjunto con México y Canadá. Hasta el momento, aunque la Federación de Fútbol de Irán solicitó trasladar sus partidos de fase de grupos (disputará el grupo G con Bélgica, Egipto y Nueva Zelanda en Los Ángeles) a otro de los países anfitriones por falta de garantías de seguridad, la FIFA no ha recibido otras solicitudes formales de federaciones para boicotear partidos en territorio estadounidense, ni existe una afectación directa a la logística del torneo.

Además, el pasado jueves 30 de abril, Gianni Infantino anunció que el conjunto iraní disputará la Copa del Mundo. “Por supuesto, Irán va a jugar en los Estados Unidos de América. El motivo es muy sencillo: tenemos que unirnos y acercarnos a la gente. La FIFA une al mundo. Tenemos que recordar siempre que hay que ser positivos”, afirmó apenas comenzó el 76º Congreso de la FIFA celebrado en Vancouver, Canadá. Curiosamente, la federación de Medio Oriente fue la única ausente en la convención anual de la organización, aunque 9 días después confirmó que negoció ciertas condiciones que aseguren la seguridad para la delegación, el respeto hacia su cultura y la concesión de visados para el público iraní.

Pero así como preocupa la carencia de sanciones hacia los países implicados en el conflicto bélico, ¿quién asegura que la guerra se mantendrá en Oriente Medio y que Estados Unidos, con antecedentes de ataques terroristas no tan lejanos, no será atacado en pleno Mundial? ¿Nadie se cuestiona si las garantías están dadas para realizar la competición más importante del plano deportivo en suelo estadounidense?

Lo cierto es que la FIFA posee un reglamento que se contrasta de cierta manera con su accionar en ambos casos bélicos. Resulta inexplicable cómo un organismo de tal magnitud y relevancia, que aisló con una rapidez ejemplar a Rusia del panorama internacional, no cuenta con las herramientas legales necesarias que le permitan sancionar a los países que se bombardean mutuamente y provocan la muerte de miles de inocentes. No quiere decir que la guerra ruso-ucraniana esté bien o que se festejen los ataques de Medio Oriente, no, pero este caso que se da en simultaneidad pone en jaque a la FIFA y la opinión popular se cuestiona: ¿por qué se da esta disparidad incoherente de represalias? La doble vara, esta vez, quedó al descubierto

Mi nacimiento

Mariano junto a la Dra Claudia Canizzaro, por entonces Coordinadora del Programa de Diagnóstico y Tratamiento Fetal del Hospital Garrahan.

Por Mariano Tarradellas

Mi llegada al mundo no fue un proceso de rutina, sino el resultado de un operativo de alta complejidad destinado a garantizar mi primer aliento. Antes de nacer, mi supervivencia dependía de una intervención científica milimétrica que desafió un diagnóstico que, sin una acción inmediata, no permitía la vida extrauterina.

A través de estudios prenatales, la Dra. Claudia Cannizaro quien en aquel entonces era la Coordinadora del Programa de Diagnóstico y Tratamiento Fetal del Hospital Garrahan detectó que yo padecía el Síndrome de CHAOS. Técnicamente, este nombre describe una obstrucción total de la vía aérea superior; en mi caso, las cuerdas vocales estaban completamente “pegadas”, cerrando el paso al aire.

Esta obstrucción generó un efecto dominó durante mi gestación. Como el líquido que los pulmones producen normalmente no tenía salida, estos se inflaron como globos masivos, lo que se conoce como pulmones hiperecogénicos. La presión fue tan grande que desplazó mi corazón hacia un rincón de mi pecho, dejándolo sin espacio para funcionar correctamente. El escenario era crítico: al momento de nacer y cortarse el cordón umbilical, mis pulmones no tendrían forma de recibir oxígeno por sí solos.

Para salvarme, se coordinó un procedimiento EXIT (Ex Utero Intrapartum Treatment) en la Maternidad Sardá. Esta técnica es una cirugía que se realiza mientras el bebé todavía está conectado a la madre.

El procedimiento consistió en extraerme parcialmente del útero materno, pero manteniéndome unido a la placenta a través del cordón umbilical. Durante esos minutos cruciales, mi madre funcionó como un sistema de soporte vital externo mientras los cirujanos operaban mi cuello. En una maniobra de máxima precisión que duró apenas dos minutos y medio, los doctores Hugo Botto y Hugo Rodríguez realizaron una traqueostomía de urgencia para colocarme una pequeña cánula. Solo cuando verificaron que el oxígeno llegaba a mi sangre y que mis pulmones respondían, se procedió al corte definitivo del cordón umbilical. Una gratitud que trasciende la medicina.

Inmediatamente después de ser estabilizado, fui trasladado al Hospital Garrahan, un lugar que se convertiría en mi segunda casa y al que hoy guardo un respeto profundo. Allí, la complejidad de mi cuadro —que incluía una Malformación Anorrectal (MAR)— encontró respuesta en manos de especialistas como el Dr. Víctor Di Benedetto. No tengo más que palabras de agradecimiento para todo el equipo de la terapia neonatal y los cirujanos que se encargaron de reconstruir mi futuro a través de múltiples intervenciones. A ellos les debo la salud y la estabilidad que disfruto hoy.

Sin embargo, debo un gran reconocimiento es para mis padres. Pese a la incertidumbre y el peso emocional de aquellos años, ellos fueron mi sostén incondicional, permaneciendo a mi lado en cada internación y cada paso de este largo proceso. Su fortaleza fue el motor que impulsó mi recuperación, demostrándome que, más allá de la técnica médica, el amor y la presencia constante son los que terminan de sanar. Gracias a la experiencia de esos médicos y a la entrega inagotable de mi familia, hoy puedo estar aquí, estudiando la carrera que quiero y contando mi historia.

Nociones fundamentales sobre la nutrición deportiva

Por Luciana Gamarra

La nutrición deportiva cumple uno de los roles más importantes en el rendimiento físico y mental de cualquier persona que practique actividad física, pero su impacto es aún más significativo durante la etapa juvenil. En este período, el cuerpo no solo entrena, sino que también crece, se desarrolla y consolida hábitos que pueden acompañar toda la vida. Por eso, una alimentación adecuada es el principal sostén para la salud, el rendimiento y la prevención de lesiones.

En los jóvenes, una buena nutrición aporta la energía necesaria para sostener entrenamientos, mejorar la concentración y favorecer el desarrollo muscular. Consumir una combinación equilibrada de carbohidratos, proteínas y grasas saludables permite que el cuerpo funcione correctamente. Los carbohidratos brindan energía inmediata, las proteínas ayudan a la recuperación y construcción muscular, y las grasas saludables cumplen funciones hormonales y de protección. Además, vitaminas y minerales como el calcio, el hierro y el magnesio son claves en esta etapa, ya que intervienen en la formación de huesos fuertes y en la prevención de fatiga. A su vez, la alimentación también está directamente relacionada con la disciplina. Seguir un plan nutricional requiere organización, constancia y compromiso, valores que se trasladan al entrenamiento y a otros aspectos de la vida. Un joven que aprende a cuidar lo que come y respetar horarios, desarrolla hábitos que fortalecen su responsabilidad y su autocontrol. Esto no solo mejora su rendimiento deportivo, sino también su bienestar general.

Otro punto muy importante es el sueño. Una buena nutrición favorece el descanso, ya que ciertos alimentos ayudan a regular los ciclos de sueño. Por ejemplo, consumir comidas equilibradas y evitar excesos de azúcares antes de dormir contribuye a un descanso más profundo y reparador. Dormir bien es fundamental para la recuperación muscular y la prevención de lesiones.

En cuanto deportistas profesionales, la nutrición tiene un rol aún más importante. A niveles de alta exigencia, una mala alimentación puede aumentar el riesgo de lesiones, retrasar la recuperación y afectar el rendimiento. Un cuerpo mal nutrido tiene menos capacidad de regenerar tejidos, lo que puede terminar en desgarros, fatiga crónica o problemas articulares. En cambio, una dieta adecuada fortalece músculos, tendones y ligamentos, reduciendo significativamente estos riesgos.

En cuanto a los suplementos, su uso en deportistas juveniles debe ser cuidadoso. En la mayoría de los casos, no son necesarios si se lleva una alimentación equilibrada. El cuerpo joven, bien alimentado, puede obtener todos los nutrientes que necesita de los alimentos. El uso de suplementos sin supervisión puede ser innecesario e incluso perjudicial. Solo en situaciones específicas, y siempre bajo la indicación de un profesional de la salud o un nutricionista deportivo, podrían considerarse.

En conclusión, la nutrición deportiva no solo influye en el rendimiento, sino también en la salud, la disciplina, el descanso y la prevención de lesiones. En la juventud, establece las bases para un desarrollo saludable, y en el profesionalismo, se convierte en una herramienta clave para sostener el alto rendimiento. Aprender a alimentarse es, sin duda, una de las decisiones más importantes para cualquier deportista.

El perfecto culpable: cómo la prensa inventó al árbitro como enemigo

Por Luca Albornoz

Antes del VAR y las repeticiones en alta definición, el fútbol argentino ya tenía un culpable recurrente. No era un jugador ni un dirigente: era el árbitro. Pero no siempre fue así. En las primeras décadas del siglo XX, su figura apenas aparecía en las crónicas. El partido se narraba desde los equipos y el juez era un detalle menor, casi invisible.

El cambio comienza en los años 20 y se consolida en los años 30, cuando el fútbol se vuelve un espectáculo de masas. Más público, más dinero y más competencia generan también más conflicto. En ese nuevo escenario, la prensa deportiva empezó a transformar al árbitro en personaje. Medios como Crítica lo nombran cada vez más. Ya no es solo quien dirige, sino quien se equivoca, influye o define.

Nombrar fue el primer paso. Incluir su apellido en la crónica, aislar decisiones puntuales, destacar jugadas polémicas. Luego vino algo más decisivo: interpretar. Una falta cobrada dejaba de ser un hecho para convertirse en “dudosa”, “rigurosa” o “determinante”. La prensa no solo informaba, también traducía el partido para el lector. Y en esa traducción, el árbitro empezó a cargar con sentido.

Con el profesionalismo, la sospecha encontró terreno. Los errores, inevitables en cualquier juego, comenzaron a leerse como posibles injusticias. No hacía falta una acusación directa, bastaba con sugerir. Un titular, una frase ambigua, una repetición en el relato. Así se instaló una lógica persistente: cuando el resultado no convencía, el árbitro entraba en escena.

Al mismo tiempo, su figura se fue individualizando. Dejó de ser función para convertirse en personaje. Tenía estilo, reputación y antecedentes. Algunos eran “permisivos”, otros “estrictos”; algunos “inseguros”, otros “protagonistas”. Incluso en revistas más moderadas como El Gráfico, la selección de qué jugadas analizar o qué errores remarcar contribuía a esa construcción.

Con el tiempo, el margen de tolerancia se redujo. La expectativa de imparcialidad absoluta convivió con una presión creciente. Y entonces el árbitro terminó de ocupar un lugar clave: el de culpable estructural. No tiene hinchada, no puede responder públicamente y queda expuesto a la interpretación ajena. Es, en términos narrativos, el antagonista ideal.

La prensa no inventó los errores arbitrales, pero sí ayudó a darles forma, a jerarquizarlos y a convertirlos en eje del relato. Lo que comenzó como un cambio en el lenguaje terminó consolidando una figura central en la cultura futbolística.

Hoy, con tecnología y análisis en tiempo real, esa lógica persiste. El árbitro sigue siendo el punto donde se concentra la frustración. La diferencia no está en su rol, sino en la intensidad con que se lo observa.

El enemigo no siempre estuvo ahí. Hubo que construirlo. Y en esa historia, los medios tuvieron mucho que decir. O, mejor dicho, mucho que señalar.

Récord histórico de Argentina y ausencia inédita de Brasil en el Mundial 2026

Por Ana Ameijeiras

El mapa del fútbol global sorprende con una ausencia inesperada de cara al Mundial de Fútbol 2026. Mientras las selecciones de cada país ajustan los últimos detalles y proyectan sus planteles, hay un dato que llama la atención y rompe con una tradición histórica: la inasistencia de entrenadores brasileños en la próxima Copa del Mundo. Un dato que, más allá de lo estadístico, invita a revisar el presente de una de las escuelas futbolísticas más influyentes del mundo.

Durante décadas Brasil fue sinónimo no solo de talento dentro de la cancha, sino también de una identidad reconocible por su impronta desde el banco. El jogo bonito caracterizado por su creatividad, esencia y técnica, trascendió generaciones y fronteras, instalando una forma de entender el juego que combina estas habilidades con un protagonismo ofensivo. Esta huella se vio tanto en futbolistas, como en entrenadores que supieron llevar ese sello a distintas selecciones del mundo. Nombres históricos lograron posicionar al técnico brasileño como una figura respetada en el mapa global.

Carlos Alberto Parreira junto a Cafú, en su etapa como DT de la selección de Sudáfrica durante el Mundial 2010.

Brasil ganó 5 Copas del Mundo y todas con DTs locales: Vicente Feola (1958), Aymoré Moreira (1962), Mário Zagallo (1970), Carlos Alberto Parreira (1994) y Luiz Felipe Scolari (2002). La Verdeamarela sostiene una identidad histórica muy marcada: nunca fue dirigida por un entrenador extranjero en una cita mundialista. Desde su primera participación en 1930 hasta las más recientes siempre confió en técnicos nacidos en su propio país. Sin embargo, este paradigma comienza a modificarse con la designación de Carlo Ancelotti como entrenador para este mundial. Por primera vez, la selección pentacampeona del mundo, quedará bajo la conducción de un técnico extranjero, en este caso italiano, que rompe con una tradición de más de 90 años y marca un posible punto de inflexión en su historia.

Carlo Ancelotti al frente de la selección de Brasil, de cara al Mundial 2026.

El presente parece contar otra historia. A diferencia de otras épocas mundialistas, donde estos entrenadores tenían una participación significativa como referentes en el fútbol, hoy se observa cómo otras escuelas comienzan a ocupar ese espacio. No se trata solo de una cuestión numérica, sino de una señal que podría reflejar transformaciones más profundas: cambios en los modelos de gestión, nuevas corrientes tácticas y una creciente competencia en la formación de DTs a nivel internacional. Para esta Copa del Mundo, Argentina lidera el podio con 6 directores técnicos en la competencia, segundo Francia con 5, seguido de Alemania y España con 4.

 

Argentina tendrá más técnicos que ninguna otra selección del mundo

En contraposición a Brasil, nuestro país se consolida como gran protagonista, dentro y fuera de la cancha. El contraste resulta contundente, ya que Argentina se encamina a marcar un récord histórico con la presencia de seis directores técnicos proyectados para dirigir este próximo Mundial: Lionel Scaloni (Argentina), Marcelo Bielsa (Uruguay), Gustavo Alfaro (Paraguay), Sebastián Beccacece (Ecuador), Néstor Lorenzo (Colombia) y Mauricio Pochettino (Estados Unidos). Todos ellos reflejan un proceso de consolidación en la formación y exportación de talento. La actual selección campeona del mundo se afianza como una de las principales usinas de entrenadores del fútbol internacional. La cifra no es casual, sino que responde a un proceso sostenido en el tiempo, que combina formación, experiencia competitiva y una fuerte inserción en ligas extranjeras. Desde hace años, muchos entrenadores argentinos desarrollaron sus carreras en el extranjero, entre los que se destacan: Diego Simeone (Atlético de Madrid), “El Mago” Helenio Herrera (Barcelona y el legendario “Grande Inter” de Milán), “Yiyo”Luis Carniglia (Real Madrid), Mauricio Pochettino (Tottenham, PSG, Chelsea), Marcelo Bielsa (Athletic Bilbao, Leeds United), Héctor Cúper (Mallorca, Valencia, Inter).

Resulta una construcción progresiva en el tiempo. No es casual que la Argentina haya sido el país con más directores técnicos en los últimos dos Mundiales, Rusia 2018: Jorge Sampaoli (Argentina), Néstor Pékerman (Colombia), Ricardo Gareca (Perú), Juan Antonio Pizzi (Arabia Saudita) y Héctor Cúper (Egipto), y Qatar 2022: (Lionel Scaloni (Argentina), Gerardo “Tata” Martino (México) y Gustavo Alfaro (Ecuador). Se suman a esta estadísticas las eliminatorias sudamericanas: 7 de 10 equipos fueron dirigidos por DTs nacidos en casa. Hasta ahora, ninguna selección del mundo igualó este número.

Se podría pensar que la consagración de la Selección Argentina en Qatar 2022, bajo la conducción de Lionel Scaloni significó un respaldo internacional a una forma de trabajo. El “joven inexperto” al que no le tenían fe, reforzó el prestigio a partir de la sumatoria de títulos y confianza, la figura del entrenador argentino ganó aún más peso en el mercado global por su capacidad de adaptación y lectura táctica. El scouting que realizó el cuerpo técnico, conformado junto a Pablo Aimar, Walter Samuel y Roberto Ayala, incorporó nombres que en el país no se habían escuchado nombrar hasta el momento, por ejemplo: Emiliano “Dibu” Martínez o Cristian “Cuti” Romero. La versatilidad y capacidad de adaptación posiciona hoy al DT nacional como uno de los perfiles más buscados.

El contraste con Brasil nos deja algunos interrogantes: ¿Se trata de un fenómeno circunstancial o del inicio de una tendencia? Mientras Europa se distingue desde la profesionalización y lo organizativo, Sudamérica redefine su lugar como semillero con nuevas dinámicas. En ese contexto, la tradicional influencia brasileña parece ceder terreno frente a modelos más pragmáticos y adaptables.

En este escenario, la Selección Argentina no solo buscará defender su título dentro de la cancha, sino también consolidar su influencia desde el banco de suplentes. Dicho esto, el Mundial 2026 no solo pondrá a prueba a los equipos dentro del campo de juego. También expondrá, una vez más, qué países marcan el terreno desde el banco. Y hoy, en ese terreno, Argentina pisa fuerte.

La década ganada: Max Verstappen y sus 10 años en Red Bull

Max Verstappen
Max Verstappen

Por Mateo Vegezzi

Se cumplieron diez años de la llegada de Max Verstappen a Red Bull Racing, en un movimiento que cambió la categoría para siempre. En una de las decisiones más controvertidas de los últimos tiempos, Verstappen, con apenas 18 años, dio el salto al equipo principal en reemplazo de Daniil Kvyat, quien había subido dos veces al podio con la escudería de la bebida energizante. Fue el 5 de mayo de 2016.

En su primera carrera con el equipo, logró un triunfo en Barcelona, aprovechando el choque de los dos Mercedes en la primera vuelta. Aquel día dejó en claro que era un piloto especial, destinado al éxito. A lo largo de esta década compartió garaje con Daniel Ricciardo, Pierre Gasly, Alex Albon, Sergio Pérez, Liam Lawson e Isack Hadjar.

Max Verstappen
Max Verstappen

El momento culminante del neerlandés llegó en la temporada 2021, cuando batalló ferozmente contra Lewis Hamilton por el título de pilotos. Ese año estuvo marcado por las polémicas, como el choque en Monza y el toque con Hamilton en Silverstone. En esa temporada, Max consiguió 10 victorias y se llevó su primer campeonato mundial.

El 2023 fue otro momento histórico: a bordo del RB19 consiguió 19 victorias en 22 Grandes Premios, en una temporada en la que Red Bull logró los campeonatos de pilotos y constructores. Se recuerda especialmente el GP de Miami, donde Verstappen remontó desde la novena posición y cruzó la meta señalando el número 1 de su monoplaza. En Monza logró su décima victoria consecutiva, rompiendo el récord de Sebastian Vettel, y en Qatar selló su tercer título consecutivo.

Sus números con Red Bull:

  • 236 Grandes Premios disputados.
  • 4 títulos mundiales consecutivos (2021, 2022, 2023 y 2024).
  • 71 victorias.
  • 127 podios.
  • 48 pole positions.

Sus principales récords:

  • Más victorias en una temporada: 19 (2023).
  • Más victorias consecutivas: 10 (Miami-Monza 2023).
  • Mayor porcentaje de victorias en una temporada: 86,4% (2023).
  • Más podios en una temporada: 21 (2023).
  • Más puntos en una temporada: 575 (2023).
  • Ganador más joven de un Gran Premio: 18 años y 7 meses.

Joaquín Panichelli: el viaje de la joya incómoda y un sueño interrumpido

Por Tiziano Moreira

“En el fútbol, como en todo lo demás, el éxito es un viaje, no un destino”. Eduardo Galeano, en su libro El fútbol a sol y sombra (1995).

Joaquín Panichelli parece haber traducido esta frase. Aunque no se está hablando de un exjugador, el cordobés entendió temprano que la redonda es una apuesta grande. Lejos de los focos de Buenos Aires, en un rincón de Alsacia, Francia, apostó por el frío para madurar rápidamente, impulsado por el rechazo de quienes no vieron en él una luz que expresara algo.

La identidad del categoría 2002 está marcada por la herencia, ya que es hijo de Germán Panichelli, exdelantero que se destacó en Instituto, tanto que César Luis Menotti lo pidió para River en 1988. Esa genética goleadora convivió con el rechazo de las inferiores de Boca Juniors. Una herida que sanó yéndose a la vereda del frente para convertirse en la joya que Marcelo Gallardo subrayaba con insistencia. Esperaba tener una oportunidad para demostrar su talento en el primer equipo, ya que su nombre sonaba entre las columnas del Monumental, pero nunca llegó.

Su decisión de abandonar River Plate en 2023, tras haber anotado 12 goles en 24 partidos con la Reserva y sin haber debutado oficialmente en el ciclo de Martín Demichelis, fue buscar rigor en el Deportivo Alavés, cuadro de la Segunda División de España. Un movimiento que muchos consideraron necio porque “iba a ser suplente natural”. El cordobés, con frialdad, aceptó.

Su paso por Racing de Córdoba, Belgrano y la posterior formación en Deportivo Atalaya le dieron la técnica necesaria para ser más que un simple finalizador de jugadas. Un 9 moderno, capaz de asociarse y pivotear, que parecía haber encontrado el equipo perfecto para desarrollarse. Luego de un año, armó las valijas para marcharse al Deportivo Mirandés, club de la misma categoría de la que venía.

El jugador de 1,93 metros saltó a la Ligue 1 con el Racing de Estrasburgo, donde metió 16 tantos en 27 encuentros, y había un eco en el horizonte que entonaba la voz de Lionel Scaloni, entrenador de la Selección Argentina. Sin embargo, la rotura del ligamento cruzado anterior de su rodilla derecha en un entrenamiento en Ezeiza, durante marzo pasado, cambió todo. En estos momentos, su resiliencia controla el juego.

Con la mirada puesta en los tiempos de recuperación y el hipotético grito de gol con la camiseta albiceleste como materia pendiente, Panichelli entiende que la vida todavía le debe cosas. Quizás su gol más importante sea su capacidad de gestionar la frustración. Ante todo, Joaquín sabe que el triunfo no era llegar a la cima como si nada, sino haber transitado el camino. Y aunque hoy le toque esperar, sigue confirmando que el éxito es un viaje, no un destino.