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El clásico de Chipre que volverá a enfrentar a un grande ante los rebeldes que se excluyeron

Por Valentino Franco

Con el calor de la fiebre mundialista ya en el pasado, el retorno de las ligas europeas vuelve a concentrar la atención de la escena futbolera. Como todas las temporadas, siempre alguna situación llamativa destaca: ya sea la camiseta extraña, el jugador por el que se pagó una millonada o el equipo que ascendió. Una de las historias a contar será, justamente, sobre un club que subió a Primera, aunque no hablamos de ninguna de las ligas principales del continente. En la conflictiva isla de Chipre, Omonia Nicosia, equipo más popular del país y considerado el del pueblo, deberá enfrentar al ascendido cuadro que sus propios hinchas fundaron cuando les arrebataron el control del club: PAC Omonia.

Chipre, otro Estado donde el deporte tiene cimientos bélico

El fútbol chipriota ha sido, desde su llegada al país en el siglo XX por medio de la ocupación británica, un testigo de lujo hacia todos los embrollos políticos y territoriales que allí se desataron en los últimos 150 años. Chipre es una isla ubicada en el mar Mediterráneo que, por su cercanía tanto a Europa como Asia, agrupó -y enfrentó- en sus tierras a dos grandes etnias: los grecochipriotas y los turcochipriotas (de nuevo, una gresca entre cristianos y musulmanes). La disputa entre las polaridades fue tan feroz que dejó al lugar dividido en dos; hoy en Chipre existe una zona desmilitarizada que divide al norte del sur, al mismo tiempo que Nicosia opera como capital de los dos Estados. Es por esto que la Selección que vemos participar en eliminatorias europeas representa a la República de Chipre. Ergo, la griega. Aunque la República Turca del Norte de Chipre (que sólo es reconocida por sus vecinos turcos) también posee unas marginadas y aisladas liga local y Selección nacional. Pero esa es otra historia.

Entonces, ¿dónde aparece el Omonia? Bueno, al estar la República de Chipre prácticamente anclada a Grecia, quedó sujeta también a todo lo que sucedía allí. En el país helénico, la izquierda y la derecha -que venían de colaborar para expulsar a los Nazis de Grecia- comenzaron a batallar por el vacío de poder que quedó tras la terminada Segunda Guerra Mundial. Todo desembocó en la Guerra Civil Griega de 1948, la cual a su vez fue uno de los primeros capítulos de la Guerra Fría; Estados Unidos se metió para cooperar con el gobierno griego y comenzó a expandirse el sentimiento anticomunista. El mismo, claro, cruzó rápidamente el mar y llegó a Chipre.

Por aquellos años, el equipo más fuerte de la jóven liga chipriota era el APOEL -club política e históricamente asociado con la derecha-, el cual manifestó su deseo de que el motín comunista termine tanto en Grecia como en Chipre. Varios de sus propios futbolistas comenzaron a ser humillados y maltratados, a lo que decidieron apartarse de la institución en un afán de crear un nuevo espacio deportivo sin discriminación. Fue así como el 4 de junio, mediante un pleno y total acto político, los exiliados del APOEL fundaron el Athletic Club Omonia Nicosia.

El Trébol adoptó como clásico al equipo del que surgió: el APOEL, conformando el Derbi de Nicosia. Entre los dos cuadros se han repartido la mayoría de los títulos a lo largo de las décadas, y el establecer cuál de ellos es el más grande de Chipre es un verdadero debate; APOEL lidera el palmarés de ligas 29 a 22, pero logró nueve de ellas en los primeros 15 años del torneo, cuando el Omonia aún no existía.

El PAC Omonia, hijo de una familia que se resquebrajó

Más allá de los resultados deportivos o el saldo financiero, el AC Omonia mantuvo desde siempre los principios de ese club que se convirtió en el más popular de Chipre a razón de no cobrar entradas y recaudar fondos a colaboración. Nunca hubieron dueños ni inyecciones de dinero, y la institución fue propiedad de sus hinchas, que tenían derechos políticos y elegían a la directiva que comandaba al equipo. En cuestión, Omonia jamás dejó de ser una entidad sin fines de lucro… hasta 2018.

A mediados de 2013, los de Nicosia fueron azotados por una crisis que los dejó prácticamente en bancarrota. El club sobrevivió mediante campañas de ayuda, y durante los siguientes años se comenzó a barajar la posibilidad de aceptar a un grupo inversor. Tal destino fue repudiado con vehemencia por parte de la GATE-9, Ultras del Omonia. Este fue el declive final de la relación hinchada-directiva, puesto que los propios ultras venían notando actividad inusual en el club: aquellos que no pertenecían al AKEL, movimiento progresista de Chipre, eran rechazados en la institución. Sí, el mismo Omonia que surgió como un equipo libre de discriminación comenzaba a ejercerla sobre una fracción de su gente.

Parte de la GATE-9 organizó un plan para mantener al club bajo dominio de sus socios, y para las elecciones del 29 de mayo de 2018 presentaron una candidatura. Pero, por séptima década consecutiva, políticos del AKEL fueron electos, y con ello se aprobó la venta del club como ruta de escape a los agobios económicos. Fue ese mismo día que los ultras, con una asamblea de por medio, acordaron no quedarse de brazos cruzados al perder la institución: crearían un nuevo club. Aquel 29 de mayo nació el People ‘s AC Omonia (Club Atlético Omonia de su Gente).

El incipiente cuadro comenzó a competir en ligas regionales jugando en estadios alquilados, los cuales desde el primer partido se tiñeron de los característicos tifos con mensajes antifascistas y símbolos de la hoz con el martillo -es decir, una traslación de la cultura del Omonia-. Todo se mantuvo sobre ruedas pura y exclusivamente con recaudaciones, donaciones y campañas de merchandising. La crecida del PAC Omonia fue meteórica, y para 2021 ascendieron a la segunda división del fútbol chipriota; la cúspide del proyecto de aquellos hinchas del GATE-9 alcanzó su esplendor hace dos años, cuando el equipo cosechó el ascenso y tuvo la dicha de enfrentar al Omonia en la Primera División. Fue un empate a uno en un partido de sensaciones encontradas para más de uno en cancha. Sin embargo, el PAC quedó último aquella temporada, decretando así su retorno a las categorías de ascenso. En esta 2026/2027, el humilde conjunto de Nicosia volverá a la máxima del fútbol chipriota para brindar nuevas ediciones del Derbi de los Tréboles, como así fue catalogado en la isla.

“La historia la hacen aquellos que resisten”, reza uno de los trapos de la hinchada del PAC Omonia.

¿Qué sentirá quien supo ser hincha del Omonia, en cuya piel tal vez se encuentre impregnado el escudo del club o cuyos hijos vistió de verde desde el primer día, cuando le toque visitar la cancha que una vez fue suya? ¿Cómo será volver, ahora, pero en la tribuna visitante? Sea como sea, aquel grupo del GATE-9 que prometió defender con fiereza la identidad del equipo nunca desistió a la hora de mantener viva la llama y los valores de lo que ellos creían que era la vieja esencia del Omonia Nicosia; no pudieron torcer la venta, pero trasladaron los cimientos a un nuevo lugar. Quizá alguno de los fundadores quedó en el camino, conmovido y cautivado por el paso de los de 1948, casi sin transición, de la quiebra a la Champions League producto de la inversión millonaria. Sin embargo, eso no desvió el caudal del agua que finalmente pudo romper la piedra: el PAC Omonia jugará su segunda temporada en la Primera de Chipre. Y, por supuesto, habrá partidos entre dos equipos que comparten colores, escudo, camiseta y nombre, ya que, en realidad, uno surgió por los mismos motivos que el primero, sólo que 70 años después.

Checoslovaquia: la potencia extinta que llegó a dos finales del mundo y conquistó Europa

Por Emanuel Soste

A lo largo de la historia hubo distintas selecciones que dejaron su huella e impronta, como la Italia bicampeona del mundo en los años 1934 y 1938 dirigida por Vittorio Pozzo, el Brasil de 1958 y 1962, siendo el último conjunto que logró el título de forma consecutiva teniendo como su gran figura a Pelé, o la Scaloneta, que consiguió ser bicampeona de América, vencedora de la Finalissima y campeona del mundo en 2022. Pero hay un combinado que también dejó un legado impresionante y que ya no existe: Checoslovaquia.

Checoslovaquia fue un Estado soberano de Europa Central que existió en dos períodos: el primero entre 1918 y 1938 (cuando fue ocupada por la Alemania nazi) y el segundo entre 1945 y 1992. Tras años de tensiones y conflictos internos, el 1 de enero de 1993 se disolvió pacíficamente por decisión del Parlamento, formando dos países completamente independientes: la República Checa y Eslovaquia.

​En 1934 marcaría su gran hito al disputarse el segundo Mundial de fútbol de la historia con sede en Italia (por aquellos años sumergida bajo el régimen fascista). Los checoslovacos vencieron a Rumanía en los octavos de final, a Suiza en cuartos de final y a Alemania en semifinales, logrando así el pase a la gran final frente al anfitrión.

Antes del comienzo del partido, Benito Mussolini envió un mensaje de amenaza a sus propios jugadores: “Vencer o morir”. El marcador recién se quebró a los 71 minutos cuando Antonín Puč convirtió el gol. Mientras un país disfrutaba porque faltaban pocos minutos para consagrarse campeón, los italianos sufrían más por las repercusiones sociales que podía llegar a tener una derrota que por lo deportivo. Sin embargo, la “Azzurra” empató diez minutos después y se impuso 2 a 1 con otro tanto en tiempo suplementario. El máximo artillero del certamen con seis goles fue el delantero checo Oldřich Nejedlý.

​28 años después, en el Mundial de Chile 1962, Checoslovaquia volvería a disputar la gran final. Tras salir segunda de grupo detrás de Brasil, derrotó a Hungría en cuartos de final y a Yugoslavia en semifinales. Los checoslovacos se enfrentaron nuevamente con la Verdeamarela en la final. Al igual que en 1934, comenzaron arriba en el marcador, pero tan solo dos minutos después los sudamericanos empataron. La jerarquía de Brasil se impuso en el segundo tiempo y el encuentro finalizó 3 a 1.

​Como dice el dicho, “el fútbol da revancha”, y así fue. La Eurocopa de 1976 con sede en Yugoslavia fue la gran alegría del pueblo checoslovaco. Tras terminar primero en su grupo, eliminó a la Unión Soviética en cuartos de final y a los Países Bajos en tiempo extra en semifinales. En la final enfrentó a la Alemania Federal de Beckenbauer (que venía de ganar la Eurocopa en 1972 y el Mundial en 1974). El partido comenzó favorable para Checoslovaquia, que a los 25 minutos ya ganaba por dos goles, pero la garra de los “Teutones” provocó el descuento y un agónico empate en el último minuto. El marcador no se movió más, por lo que se disputó la primera definición por penales en la historia de la Eurocopa. El delantero alemán Uli Hoeneß erró su tiro, dejándole el penal definitivo a Antonín Panenka. El exmediocampista hizo algo nunca antes visto: picó la pelota en la definición para marcar un gol histórico.

Un dato de color es que la peor derrota de la selección argentina en mundiales fue contra Checoslovaquia, ya que los europeos golearon a la “Albiceleste” seis tantos contra uno en el Mundial de Suecia 1958. Tras la aplastante derrota, a ese partido se lo conoce desde entonces como el “Desastre de Suecia”. Sin duda alguna, Checoslovaquia fue un gran seleccionado que se codeó con las demás potencias futbolísticas de igual a igual.

¿Todos tiran para el mismo lado en Independiente? El mensaje de Quinteros y la pista había dejado Vaccari

Por Lucas Grosso

Durante su última conferencia de prensa como entrenador de Independiente, Gustavo Quinteros señaló que él y su cuerpo técnico son responsables de lo que les toca, no de la continuidad de fracasos que el club arrastra hace 10 o 15 años. “Necesitamos de la ayuda de todos para que Independiente salga adelante”. Es un capítulo más de los desgastes que los responsables de dirigir al equipo sufren durante los mercados de pases. Pareciera que los debilita más que un resultado adverso en un clásico. Durante este último mercado de pases, las incorporaciones fueron:

Santiago Mele (cedido, a pedido de Quinteros), Maximiliano Meza (regresó por iniciativa propia al ser separado de River) e Imanol Machuca (quien recién estará disponible para entrenarse con el plantel a partir de noviembre). Sobre el último, el técnico fue consultado y respondió contundentemente: “Fue una contratación del club”. No se tomaron en cuenta sus peticiones, las cuales eran: Mariano Gómez (defensor central diestro del Ferencvaros de Hungría), un 9 para que le compita a Ávalos (en ese puesto bajó al nombre de la dirigencia: Juan Martín Lucero, apellido fijo en los mercados de pases de Independiente) y uno o dos volantes.

Ante las partidas de: Milton Valenzuela, Nicolás Freire, Ignacio Malcorra, Rodrigo Fernández Cedres y Lucas Román; también pidió jugadores que pudieran complementarse con los juveniles que rellenan el banco de suplentes. 

En la goleada 4-0 propiciada por Atlético Tucumán, 7 de 11 variantes de campo no alcanzaban los 10 partidos: Luciano Barros Ayala (0 partidos), Fernando Closter (0 partidos), Juan Arrayago (debutó ese día) Jonathan De Irastorza (7 partidos jugados y acaba de sufrir una lesión de ligamentos cruzados), Facundo Cruz (0 partidos), Facundo Valdéz (7 partidos) y Felipe Tempone (8 partidos). 4 de esos 7 tenían la oportunidad de disputar su primer minuto en primera división. 

Los otros que sí cumplían con la decena de encuentros eran Luciano Cabral, Lautaro Millán, David Martínez y Matías Abaldo.

Mientras en enero de 2023 todos estaban celebrando el Mundial obtenido en Qatar apenas unas semanas atrás; Unidad Independiente se estaba aclimatando a la dirección del club. Aquella lista tenía como rostros identitarios a: Fabián Doman, Néstor Grindetti y Juan Marconi. Este último, pieza clave para que las nuevas generaciones se decidieran por su partido. Más allá de las figuras, la mayoría de sus partícipes forman parte de la institución desde hace varios años; nombres como Daniel Seoane y Carlos Montaña.

 

Leandro Stillitano

El primer mercado fue el más movido, Julio Falcioni terminó su tercer ciclo en el club, Pablo Cavallero fue contratado como mánager y Leandro Stillitano, antes ayudante de Ariel Holan y hoy de Javier Mascherano, fue el técnico designado. Sus incorporaciones fueron:

Kévin López, Mauricio Cuero, Martín Cauteruccio, Rodrigo Rey, Damián Pérez, Luciano Gómez, Agustín Mulet (a préstamo desde Vélez. Tenía una cláusula en la que se estipulaba que si jugaba 10 partidos, Independiente debía desembolsar $150.000 dólares. Ese fue el número exacto de encuentros que disputó) Matías Giménez Rojas ($800.000), Javier Báez, Martín Sarrafiore y Baltasar Barcia ($500.000)

Además se dieron varias salidas: Juan Insaurralde, Gonzalo Asís, Martín Benítez ($1,2M), Facundo Ferreyra, Lucas González (cedido) Lucas Romero ($600.000), Leandro Fernández, Leandro Benegas, Milton Álvarez, Lucas Rodríguez, Alan Soñora y Gabriel Hachen. Todos los que no incluyan su precio tuvieron una salida a coste cero.

Ricardo Zielinski

En junio de ese año, el panorama ya era uno completamente distinto: Fabián Domán ya había renunciado en abril y Néstor Grindetti lo sucedía en la cadena de mando; Stillitano ya no era el técnico (en su lugar asumió Ricardo Zielinski) y desde el club ya era pública la profunda crisis económica. Durante el mismo mes en el que el presidente dejó su cargo, se hizo una acción conjunta con Santiago Maratea para crear una colecta y sanear la economía de la institución, sobre todo la deuda que el club mantenía con el América de México.

En ese marco, Independiente sumó a Felipe Aguilar, Santiago Toloza y Alexis Canelo. Los tres tuvieron un valor de 2,8 millones de dólares en traspasos. En condiciones de libres llegaron: Federico Mancuello y Mauricio Isla. Se vendió a Sergio Barreto al Pachuca ($2,2M). Mientras que sin coste salió Sebastián Sosa.

Carlos Tévez

El 20 de agosto el Ruso renunció tras ser derrotado contra Colón de Santa Fe y con el club en situaciones de riesgo de cara al descenso. Un día más tarde, Pablo Cavallero dejó su cargo. 48 horas transcurridas de la salida del técnico bastaron para que fuera anunciado su reemplazante: Carlos Tévez, casual o no, alineado políticamente con un gran sector de la dirigencia. Luego de asumir, se marcharon Juan Cazares y Nicolás Vallejo (cedido). Con él, llegó Julio Buffarini.

El Apache logró el objetivo de mantener la categoría y siguió en su cargo. En enero, Juan Marconi, una de las caras por las que Unidad Independiente ganó las elecciones, renunció a su puesto de Vicepresidente, dejando a Daniel Seoane (secretario general hasta ese entonces). Durante el primer mercado de pases del año llegaron: Ignacio Maestro Puch, Alex Luna, Gabriel Ávalos ($2M), Adrián Spörle, Jhonny Quiñonez ($1M), Juan Manuel Fedorco ($500.000), Gabriel Neves.

Se les dió salida a: Javier Báez, Agustín Mulet, Tomás Pozzo, Martín Sarrafiore, Martín Cauteruccio, Silvio Romero, Rodrigo Atencio (cedido), Kevin López (cedido), Braian Martínez (cedido), Mauricio Cuero, Baltasar Barcia (cedido) y Ayrton Costa ($2,5M). Sobre este último, fue el primer jugador en 11 años surgido de las divisiones inferiores del club en ser vendido a Europa. El último había sido Oscar Ustari en 2007.

7 de los 11 refuerzos que llegaron en el primer mercado de pases tuvieron salida apenas transcurridos 12 meses desde su llegada.

Julio Vaccari

Para junio, Tévez ya le había plantado cara a la AFA tras el partido contra Barracas Central, el cual generó numerosas críticas al arbitraje. Con el tiempo, eso y los malos resultados forzaron su salida. El próximo técnico en asumir fue Julio Vaccari.

Durante el último semestre del 2024, llegaron: Marco Pellegrino (cedido), Federico Vera ($1,1M), Kevin Lomónaco (cedido e Independiente terminó comprometiéndose a pagar $3M por su pase), Felipe Loyola ($2M), Santiago Montiel ($1,5M).

Salieron: Baltasar Barcia (cedido), Mauricio Isla, Edgar Elizalde, Javier Ruiz (cedido) y Rodrigo Márquez (cedido). Todos ellos a coste 0.

En enero de 2025 se terminó de conformar el mejor semestre de esta dirigencia refiriéndose a resultados, alcanzando las semifinales del torneo apertura y clasificándose a los octavos de final de la Copa Sudamericana en su primer torneo internacional al mando del club.

Para lograr eso, arribaron: Luciano Cabral ($2,2M), Nicolás Freire, Pablo Galdames, Sebastián Valdéz, Rodrigo Fernández Cedres, Lucas Román, Joaquín Blázquez, Franco Paredes ($500.000) y Álvaro Angulo.

A su vez, se le dió salida a varios futbolistas: Alex Luna, Damián Pérez, Lucas González ($1,1M), Thomas Ortega, Joaquín Laso, Jhonny Quiñonez (cedido), Kevin López (cedido), Santiago Toloza, Rodrigo Atencio ($2M), Alexis Canelo, Baltasar Barcia (cedido), Santiago López (cedido), Juan Manuel Fedorco (cedido) y Nicolás Vallejo (cedido). 

Tras este semestre, se vivió uno de los mercados de pases más tensos entre estos dirigentes y su técnico. Durante este se contrató a: Walter Mazzanti ($3M), Leandro Godoy ($1,9M), Ignacio Pussetto, Milton Valenzuela, Facundo Zabala ($2,3M) y Matías Abaldo.

Quienes partieron fueron: Santiago Hidalgo ($2,5M), David Martínez (cedido), Matías Giménez ($2M), Adrián Spörle, Braian Martínez (cedido), Santiago Salle (cedido) y Álvaro Angulo ($1,5M). 

El enojo de Vaccari se vió provocado porque no reforzaron en puestos que él consideraba importante que se hiciera: traer un central, no haber traído al lateral izquierdo que pidió en reemplazo de Angulo (Cristian Borja) y un extremo más para afrontar las tres competencias que se les venían. Esas tres necesidades las remarcaba cada vez que se le consultaba sobre el mercado en conferencia de prensa. Otra novela fue la de Juan Portillo, quien pasó de Talleres a River mientras Independiente también quiso hacerse de sus servicios. Julio declaró: “Me encantaría contar con Portillo, pero lo tiene River. Por eso ellos son candidatos y nosotros no”.

Es ineludible que la salida de Álvaro Angulo también fue motivo de pelea entre dirigentes y técnico. Tras avanzar de ronda de Copa Argentina contra Gimnasia de Mendoza con un gol agónico del colombiano al 89’, Julio Vaccari se refirió a los dichos sobre su salida y un sector del periodismo que alegaba que el lateral estaba desesperado por irse: “Siempre estuvo a la altura del club, en todos los sentidos. Parte del periodismo ha hablado cosas sobre Álvaro. Seguramente alguien lo mandó a decirlo. Invito a la gente a que se pregunte por qué y debido a qué se comunican ciertas cosas”. La información que circulaba era que la comisión directiva estaba interesada en la llegada de Ignacio Pussetto, quien estaba en Pumas UNAM y fue parte de la transferencia por Álvaro Angulo.

Luego de una derrota con Talleres por el campeonato local, al hacérsele una pregunta por la ventana de transferencias, respondió: “Ni idea. Tendrías que preguntarle a los dirigentes y ver qué te pueden aportar ellos”.

Gustavo Quinteros

Durante el torneo clausura del 2025 se vió un equipo completamente opuesto al del primer semestre, seguramente causado por el mal clima durante la ventana de transferencias y la fatídica descalificación de la Copa Sudamericana ante la Universidad de Chile. El encargado de apagar el fuego fue Gustavo Quinteros.

En enero del presente año se contrató a: Santiago Arias, Ignacio Malcorra y Maximiliano Gutiérrez (cedido con una obligación de compra de $2M). También volvieron otros tantos de sus préstamos, pero únicamente David Martínez y Juan Manuel Fedorco fueron tenidos en cuenta.

Se le dió salida a: Nicolás Vallejo ($800.000), Ignacio Maestro Puch (cedido), Santiago López (cedido), Santiago Salle (cedido), Federico Vera (cedido), Enzo Taborda (cedido), Pablo Galdames, Franco Paredes (cedido), Javier Ruiz ($1,7M), Diego Tarzia ($200.000+ obligación de $2.3M), Walter Mazzanti (cedido) y Felipe Loyola ($7M, de los cuales le quedó la mitad).

El ciclo electoral del Club Atlético Independiente termina a fines de este año. Todavía no hay listas oficiales, pero algunas de las caras que se esperan son las de: Luciano Nakis; alineado con la AFA y Claudio Tapia, Gastón Gaudio; acompañado por los fondos qataríes y la idea de las sociedades anónimas; y Claudio Rudecindo en la lista: Gente de Independiente.

Cecilia Dieleke: a 200 metros de Dakar

Por Diego Kviatek

A los 16 años, Cecilia Dieleke todavía tiene muchos sueños por cumplir. Récord argentino absoluto en los 100 metros espalda y múltiple medallista internacional, la joven nadadora se prepara ahora para afrontar el desafío más importante de su corta carrera: representar a la Argentina en los Juegos Olímpicos de la Juventud Dakar 2026, donde competirá en los 200 metros espalda.

Detrás de las marcas y las medallas aparece una adolescente que todavía intenta dimensionar todo lo que consiguió en tan poco tiempo. Entre el orgullo de representar al
país y la ilusión de vivir por primera vez una experiencia olímpica, Cecilia se prepara para
llegar a Senegal con un objetivo claro: dejar al país en lo más alto.

Chocolate olímpico

La noticia más importante de su carrera llegó lejos de una pileta. No fue después de una competencia o mediante algún anuncio oficial de la Confederación Argentina de Deportes Acuáticos, sino tomando un helado. Fue su entrenador Walter Rodríguez quien, entre cucharada y cucharada, recibió un mail con la confirmación.

La alegría apareció enseguida, aunque la verdadera dimensión de la noticia tardó unos minutos más en llegar. Recién cuando Walter le dijo que iba a ser olímpica comprendió realmente lo que acababa de lograr.

“Les conté a mis papás que iba a ser olímpica y me abrazaron. Mi mamá se puso a llorar, mi papá no porque él nunca llora, pero estaba muy feliz. No lo podían creer. Yo no lloré, pero casi”, recuerda Cecilia.

La atleta nacida en la localidad de San Martín buscará defender la bandera en Senegal, y eso le genera distintas sensaciones. “Es un honor muy grande y muy emocionante escuchar el himno, sea yo quien esté en el podio o no. Intentar llevar a la bandera a lo más alto posible es muy lindo y me da un poco de escalofríos. Siento más orgullo que miedo o presión”, reconoce la nadadora.

Y es que Cecilia ya sabe lo que es escuchar el ‘Oid mortales’ en un evento grande; en los Juegos Suramericanos de la Juventud de Panamá 2026 conquistó tres medallas doradas y, si bien sueña con repetir la hazaña en África, tiene sus objetivos claros: “Mi objetivo principal es poder bajar mi tiempo y dejar al país en lo más alto”.

 

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De la colonia a la selección

La natación no apareció en la vida de Cecilia como un sueño olímpico. Llegó casi por casualidad, cuando sus padres la anotaron junto a su hermana en la colonia de la Sociedad Alemana de Gimnasia de Villa Ballester. Allí descubrieron que ambas tenían condiciones y las invitaron a formar parte del equipo.

Con apenas 11 años, Walter Rodríguez ya veía algo distinto en ella. El entrenador le repetía que tenía condiciones para llegar lejos, aunque todavía faltaba mucho para empezar a competir en los grandes escenarios. Recién a los 13 años Dieleke disputó su primer torneo internacional, y le fue tan bien que con sus marcas se clasificó a los Sudamericanos, lo que para ella era un Mundial en ese momento.

“Me di cuenta de que nadaba muy bien a los 11/12 años. En realidad Walter me hizo darme cuenta (se ríe). Después de mi primer torneo internacional me di cuenta del nivel que podía llegar a tener”, recuerda.

Años después, en los Juegos Suramericanos de la Juventud 2026, llegó otro momento inolvidable en la creciente carrera de Cecilia. Una vez finalizada la prueba, vio el tablero y se encontró con un tiempo de 1:00,42, que para ella significaba apenas un nuevo récord juvenil. Todavía no sabía que acababa de romper un récord argentino absoluto.

“Cuando vi la placa decía 1:00. Era la primera vez que lo lograba. No sabía que era récord absoluto. Walter me dijo que era récord argentino y me puse muy feliz”, cuenta Cecilia.

Pero detrás de esos logros también hay una rutina que poco tiene de adolescente. Cambiar de colegio para entrenar doble turno fue una de las decisiones más importantes de ese camino.

“El mayor esfuerzo fue cambiarme de colegio para poder entrenar doble turno. Me levanto a las 5:20, entreno, voy al colegio, vuelvo a entrenar, llego a mi casa alrededor de las diez de la noche. No veo tanto a mi familia. Ellos lo entienden y son los que más me apoyan”, explica.

 

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Debajo de la superficie

La competencia en la natación puede resultar más “objetiva” que en otros deportes. Aquí no hay una decisión técnica que determine quién merece un lugar: el cronómetro habla por sí solo. Quien registra la mejor marca clasifica y los nadadores saben que, aunque compartan equipo, también compiten permanentemente por un lugar.

Pero, lejos de convertirlos en enemigos, Cecilia asegura que la amistad dentro del equipo es más fuerte y que todos entienden las reglas del juego: “La competencia empieza y termina cuando estás en el agua, después no lo ves como rival. Incluso, cuando vemos que alguno está mal, vamos todos a ayudarlo, es lo más valioso del deporte”, destaca Dieleke.

Mientras los espectadores miran permanentemente el cronómetro, Cecilia simplemente piensa en respirar y tratar de no ponerse nerviosa, una presión que con el tiempo aprendió a manejar y hasta convertir en un impulso para alcanzar sus mejores tiempos: “Trato de pensar nomás en contar bien las vueltas”, cuenta entre risas.

Pero antes de la nadadora que sueña con hacer historia en el agua, hubo una chica a la que le encantaba otro deporte y que debió elegir qué camino seguir. “Hasta los 12/13 años hacía gimnasia artística. Me encantaba, pero tuve que elegir. Por suerte elegí bien”, reconoce Cecilia.

A los seis años, una chica “hiperactiva” a la que sus padres mandaron a una colonia junto a su hermana conoció un deporte que, sin saberlo, le cambiaría la vida. Una década después, aquella nena está a punto de cumplir el sueño de vivir unos Juegos Olímpicos desde adentro.

Si pudiera encontrarse con aquella Ceci que recién empezaba a nadar, hoy tendría un consejo para ella: “Le diría que siga nadando y haciendo lo que le gusta. Que todo termina dando sus frutos y que, cuando las cosas estén mal, intente no pensar en eso porque todo pasa”, reflexiona.

¿Y qué le diría aquella nena a la Cecilia de hoy? Probablemente no le daría ningún consejo. Solo tendría dos preguntas: “Me preguntaría cómo llegué tan lejos y qué lugares conocí”, imagina la joven nadadora.

El recorrido de la Selección Argentina al Bicampeonato del Clasificatorio Sudamericano

Por Magalí Robledo y Luana San Martín

Primero fue el silencio. Después, el abrazo. Y finalmente, el festejo. En el Espacio DAM de Zárate, la Selección Argentina Mayor femenina de básquet volvió a levantar un trofeo y confirmó que Sudamérica sigue teniendo un lugar reservado para ellas. El 53-44 ante Venezuela no fue solamente una victoria: fue el cierre perfecto de una campaña invicta, el resultado de semanas de trabajo y el premio para un equipo que atravesó un proceso de recambio sin perder de vista el objetivo.

Hubo caras nuevas, entrenamientos, ajustes, partidos cerrados y una confianza que creció partido a partido. Cinco encuentros, cinco victorias y un mismo destino: el bicampeonato del Clasificatorio Sudamericano y la clasificación a la Americup El Salvador 2027. Argentina volvió a ser campeona en casa, como ya lo había hecho en 2024, y escribió un nuevo capítulo en la historia del básquet femenino argentino.

Pero como todo final hubo un inicio de esta campaña: cinco partidos, con todas victorias y ninguna derrota. 

Argentina formó parte del grupo A donde compartió zona con Colombia, Uruguay y Paraguay. El primer partido, las dirigidas por Gregorio Martínez, DT que asumió en 2020, salieron victoriosas por 66 a 42. 

Fue un partido que comenzó parejo, con una Argentina que fue de menos a más, creciendo desde el ataque hasta ajustar la defensa y marcar solidez. Una vez que la albiceleste pudo plasmar su estilo de juego en la cancha, el partido estuvo más a su favor. Esa noche tuvieron su estreno con la camiseta en la mayor cuatro jugadoras: Sofía Lombardero, Dalmi Pili, Julia Fernández y Paula López. La máxima anotadora fue Diana Cabrera con 16 puntos, 11 rebotes y 2 asistencias, seguida de Florencia Chagas con 13 puntos, 3 rebotes y 1 asistencia.

 

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El segundo partido del grupo tuvo a la Argentina con goleo alto y terminó con victoria para las locales ante Paraguay por 81 a 48. Hasta el tercer cuarto estuvo ajustado en el marcador y en el juego. A la Selección le costó entrar en ritmo pero una vez que mejoró la marca y la defensa, metió un parcial 12-0 que le permitió entrar en confianza y sacar ventaja. El cuerpo técnico de Gregorio Martínez nuevamente optó por darle rodaje a todas las jugadoras disponibles. Esta vez, la máxima anotadora fue Julia Fernández con 11 puntos y 4 rebotes.

Ya con las dos victorias, el seleccionado nacional se aseguró la clasificación a la Americup El Salvador 2027. Este torneo es de alto prestigio, ya que no solo otorga el título de campeón continental de baloncesto de las Américas, sino que además da un boleto para el Mundial de básquet y para los Juegos Olímpicos 2028.

La Selección Argentina cerró el grupo frente a Uruguay consiguiendo su tercera victoria consecutiva pero esta vez por 64 a 45. Así se aseguró el primer puesto y un lugar entre los mejores cuatro del torneo. Fue un partido trabajado desde lo físico ya que el equipo visitante mostró resistencia en ataque. La primera parte la albiceleste se hizo fuerte desde la ofensiva, controló el juego y pegó en los momentos justos. Distinto de la segunda mitad, donde las uruguayas plantearon mayor intensidad para llegar a marcar un parcial 11-8, pero que sin mucha solvencia terminaron cediendo la pelota nuevamente en los últimos partidos. La máxima anotadora fue Florencia Chagas con 12 puntos, 4 rebotes y 1 asistencia, seguida de Melisa Gretter con 7 puntos, 1 rebote y 9 asistencias.

Al terminar como primeras del grupo A accedieron directo a las semifinales y se midieron ante Brasil. 

Una nueva edición del clásico sudamericano. Así como en la final del Clasificatorio en 2024, las gigantes se midieron contra un conocido, Brasil, pero por las semifinales. Un partido trabado e intenso desde el comienzo. Argentina que buscaba hacerse fuerte desde la defensa y las verdeamarelas no solo intentaban sobrepasar a la selección con tiros acertados, sino que además también desde la defensa y una marca personal a Melisa Gretter, la referente del equipo, quien fue la máxima anotadora con 20 puntos, 2 rebotes y 9 asistencias. Sin embargo, no pudieron ser superiores y las albicelestes nuevamente ganaron el duelo por 72 a 66 y accedieron a la final del Clasificatorio sudamericano por tercera vez consecutiva.

Sin descanso, llegó el domingo y la pelea por el título ante Venezuela. Una vez más el principal rival para las argentinas era el nivel físico de sus contrincantes. Tal así que iniciaron perdiendo el primer cuarto. Para darlo vuelta, Argentina recurrió a empezar jugando desde la defensa y los rebotes para encontrar fluidez en ataque, generando el manejo de la pelota de un lado al otro. La vinotinto por momentos volvió a complicar a los locales en la segunda mitad, que rápidamente se acomodaron para sacar una ventaja de 43-36. 

Con la victoria por 53-44, la Selección Argentina se consagró campeona del Clasificatorio Sudamericano de manera invicta. Para el país es el cuarto título después de las conquistas en Buenos Aires 1948, Tunja 2018 y Chile 2024. Melisa Gretter, también MVP, y Florencia Chagas formaron parte del quinteto ideal del torneo. 

 

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Con el recambio de jugadoras, la campaña contó con el debut de 4 jugadoras: Julia Fernández, Dalma Piri, Sofia Lombardero y Paula López. Con más o menos minutos, cada una aportó su grano de arena cuando les tocó ingresar desde el banco o arrancar de titular para ayudar a mejorar el juego y llevar a Argentina y el básquet de nuestro país a la cima de Sudamérica. En total aportaron 62 puntos, 36 rebotes y 24 asistencias. 

 

Las figuras de la Selección Argentina:

Melisa Gretter

Base y líder del equipo. A sus 33 años, fue determinante durante todo el torneo para conducir a las chicas y conseguir un nuevo título. Fue el motor desde el juego y la actitud para sobreponerse a las adversidades y sacar lo mejor de ella y el equipo. En la victoria de Argentina ante Paraguay rompió su propia marca personal y con 12 asistencias anotó el mejor registro de su carrera con la Mayor femenina.

Con su lectura de juego, en las semifinales frente a Brasil elevó todavía más su nivel y sumó 20 puntos y 9 asistencias.

La experimentada armadora fue elegida como la Jugadora Más Valiosa (MVP) del Clasificatorio Sudamericano luego de sumar 17 puntos, 8 rebotes y 4 asistencias.

Florencia Chagas:

La escolta de 25 años que apareció como una de las principales referentes en la ofensiva, y con una gran capacidad defensiva, logró contrarrestar a sus rivales. 

Fue una de las goleadoras del torneo con un promedio de 11.6 puntos por partido, 2.6 rebotes y 2.6 asistencias, lo que también le permitió estar en el quinteto ideal junto a Melisa Gretter.

Diana Cabrera:

La dueña de los tableros. La entrerriana, pívot de 1,83 metros, fue fundamental para la construcción del equipo y el juego de la defensa. Frente a Brasil sumó 13 rebotes y en la final 9. Terminó el torneo con promedio de 10.6 puntos, 10.2 rebotes y 1.4 asistencias.

El plantel campeón estuvo compuesto por: Dalma Piri, Julia Fernández, Laila Raviolo, Diana Cabrera, Julieta Mungo, Agostina Burani, Melisa Gretter, Paula López, Sofía Lombardero, Florencia Chagas, Victoria Gauna y Sol Castro, bajo la conducción técnica de Gregorio Martínez.

“Estamos muy contentos porque dieron un paso adelante las que tenían que dar un paso adelante y las que venían de antes ratifican todos los días porque son las líderes del equipo y porque son las mejores”, ratificó el coach.

Son un grupo de chicas que estuvieron 24 días juntas y que lucharon para representar al país y conseguir el objetivo de la clasificación a la Americup 2027 y el título del Clasificatorio Sudamericano. “Esto se construyó hace seis años así que no hay que olvidarse de todas las que hoy no están”, agregó Martínez.

Más allá del título de Argentina en el Clasificatorio Sudamericano una parte muy importante fue el acompañamiento del público esta semana. En pleno crecimiento del básquet femenino en el país, el Espacio DAM de Zárate fue el escenario de un torneo histórico para las chicas. El marco de personas que asistieron fue creciendo con el correr de los partidos marcando así un precedente en el país.

Y todo no termina acá. Argentina cerrará el mes de agosto disputando el Torneo Preclasificatorio a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028 que se llevará a cabo del 17 al 23 de agosto en la ciudad de Guadalajara (México). El ganador obtendrá la clasificación directa a los torneos preolímpicos.

Jorge Messi: “Vos hacé lo que sabés: agarrá la pelota y andá directo al arco”

Por Tiziano Moreira

Dicen que un verdadero padre es aquel hombre que, cuando el partido se pone difícil y todos los demás se van, siempre se queda cerca para devolverte la pelota. El amor entre un padre y un hijo se forja en la primera mirada al nacer; cuando le enseña a caminar, a comer o en la inocencia del juego infinito. Es un vínculo con sacrificios, silencios protectores y paciencia. Hoy, el fútbol dedica un minuto de silencio al primer creyente del mejor jugador de la historia de la pelotita.

La leyenda comenzó mucho antes de los ocho Balones de Oro. En el barrio Las Heras de Rosario, el destino cruzó a dos jóvenes vecinos. Jorge Messi era apodado como “Peluca”, por una tupida cabellera, algo así a lo “rolinga”; Celia Cuccitini, “Puchi”. Ambos se casaron el 17 de junio de 1978. Formaron una familia de clase trabajadora, sostenida a base de esfuerzo. “Peluca” fabricaba tornillos y se recibió de técnico químico, labor que le permitió ingresar como inspector de control de calidad en la metalúrgica Acindar. Un oficio de albañil que heredó de su padre, Eusebio.

Los tiempos difíciles abundaban. En 1985, con dos hijos en tierra y Celia a la espera del tercero, un 300% de inflación azotó al país. Sin empleo, la idea de emigrar a Australia se instaló en las discusiones de la pareja. Optaron por resistir en Argentina y el 24 de junio de 1987 nació Lionel Andrés Messi. El chico que pudo tener otra nacionalidad y darnos miedo si lo enfrentábamos en un Mundial creció en la casa del pasaje Lavalleja.

El talento del niño deslumbraba en cada partido. Pero no todo era perfecto. Los entrenadores de “La Pulga” se dieron cuenta que era el más pequeño en estatura, y no crecía al mismo tiempo que sus compañeros. Aquí apareció el obstáculo mayor con el costo del tratamiento con hormonas de crecimiento, algo que “La Lepra” no podía pagar. Volaron a Buenos Aires y ocurrió la famosa prueba en River Plate. Lionel aguardaba su turno en el último lugar de la fila. El tiempo pasaba sin un llamado; por tal motivo, Jorge le sugirió a su hijo que se acercara al alambrado para ganar visibilidad. El oriundo de Rosario ingresó, tocó dos pelotas y forzó la estirada del arquero. El responsable de la prueba preguntó de inmediato por el padre. “Peluca” levantó la mano y escuchó la propuesta de fichaje para el club de Núñez, a lo que respondió con firmeza: “Si ustedes manejan la situación y hablan con Newell ‘s para manejar el pase, ningún problema”.

Ante la negativa de los clubes locales de asumir el gasto, la familia Messi cruzó el Atlántico en el año 2000. El sacrificio fue tan monumental que Celia retornó a Argentina con tres de sus hijos. Jorge se quedó solo con Lionel en España. Los meses iniciales en Barcelona fueron de pura incertidumbre. La angustia quedó expuesta en una carta redactada para Joan Gaspart, presidente de la institución en aquel entonces: “La situación de mi familia es gravísima. He hecho todas las previsiones económicas para sustentarme hasta el corriente mes… y hoy me encuentro sin previsiones de nuevos cobros”.

“Peluca” sintió el desdén y la desesperación de un club asaltado por las dudas. El elevado costo médico de Lionel y las finanzas alicaídas de la entidad azulgrana en aquel año demoran la decisión. Horacio Gaggioli, exrepresentante del Diez, recordó aquella prueba inicial con palabras exactas: “Tocaba la pelota como nadie y, pese que existían ciertos nervios, Lionel pronto las disipó”. Sin embargo, los despachos no avanzaban. “Si esto no se arregla pronto, nos vamos. Tengo que volver a Buenos Aires y no veo nada” le dijo Jorge por teléfono a Carles Rexach, en ese entonces secretario técnico del Barcelona que descubrió el talento del diez.

Esa presión rindió frutos. El 14 de diciembre de 2000, en el restaurante de La Reial Societat de Tennis Pompeia de Montjuïc, la historia del deporte cambió para siempre. Jorge, de 42 años, se ancló al sueño de su hijo de 13. Bajo la mirada atenta de Gaggioli y el cazatalentos Josep Maria Minguella, Rexach convenció a la familia de quedarse en España. A falta de papel membretado, el secretario técnico pidió una servilleta a un camarero. Con tinta y convicción, redactó un texto de 52 palabras para calmar tu angustia. El escrito detalla el compromiso, bajo su responsabilidad, de fichar a Lionel Messi para el FC Barcelona.

Aquel trozo de papel, validado una semana después por un escribano y subastado en 2024 por casi un millón de dólares, bastó para asegurar el destino. En febrero de 2001, una carta formal invitó a toda la familia a Cataluña y, el 16 de noviembre de 2003, luego de jugar en La Masía y entender la filosofía del jugar a dos toques, Lionel Messi debutó con el número catorce en la espalda ante el Porto de Mourinho.

El rol de protector tuvo que amplificarse a niveles insospechados cuando la camiseta de la Selección argentina se volvió una carga pesada. Las críticas impiadosas tras las finales esquivas lastimaron a todo el núcleo familiar. Lionel expuso en varias ocasiones el dolor profundo al ver a sus padres sufrir por los ataques desmedidos. Jorge absorbió esos golpes en silencio, convirtiéndose en un escudo de hierro para que él pudiera reponerse y que no piense en hundirse, tirado en sus propios pensamientos. 

Ese niño obedeció y conquistó el mundo. Detrás de las cuatro Champions League, los récords y la gloria en Qatar, persistió siempre el mismo lazo primario. Lionel jamás olvidará los sacrificios de Jorge durante sus primeros años: “Mi viejo se levantaba a las 4 de la mañana y volvía a las 9 de la noche para cenar casi todos los días… Yo lo disfrutaba muchísimo porque lo extrañaba y esperaba que llegara para poder abrazarlo”.

El “Peluca”; el hombre de Acindar; el estratega de la servilleta; ; el que dijo que se anime en River; el que resistió la incertidumbre económica; el profeta que reconoció al elegido por el Mesías. Simplemente él. La huella de Jorge derivó en sonrisas placenteras de ver jugar a Lionel, ser contemporáneo a su magia. Pero su legado no solo está del lado del fútbol, sino también del hombre que educó. Un ser con muchísima simplicidad, humildad y timidez pocas veces vista en deportistas. Ese es el trofeo más valioso que puede exhibir un padre. Perdurará el alma de aquel chico rosarino que contaba las horas para recibir un abrazo al final del día. El planeta despide al constructor del mito; el hijo, en cambio, dice adiós a su mayor certeza.     

 

45 minutos para ganar: el peculiar formato que pone a prueba la pretemporada europea

Por Valentino Manganaro

En una pretemporada acostumbrada a los amistosos tradicionales y las giras internacionales, Udine recuperó una modalidad que parecía haber quedado en otra época. Barcelona, Nottingham Forest y Udinese disputaron la primera edición de la Friuli Venezia Giulia Cup, un triangular que redujo los partidos a 45 minutos y concentró toda la competencia en una misma noche.

La iniciativa surgió de la colaboración entre Udinese y la región autónoma de Friuli-Venezia Giulia. Menos de un año después de que la ciudad recibiera la Supercopa de Europa, el objetivo fue volver a colocar al territorio bajo la mirada del fútbol internacional y utilizar el deporte como una herramienta de promoción. La presencia de equipos de La Liga, la Premier League y la Serie A ayudó a darle al evento la proyección internacional que buscaban sus organizadores.

El reglamento fue uno de los puntos que hizo diferente al torneo. Cada club debía enfrentarse a los otros dos en encuentros de 45 minutos. Una victoria otorgaba tres puntos y, en caso de empate, el duelo se resolvía directamente por penales: el ganador de la tanda recibía dos unidades y el perdedor, una. De esta manera, cada equipo completaba un total de 90 minutos durante la jornada, aunque repartidos entre dos adversarios.

Cuando la pelota comenzó a rodar, la reducción del tiempo también se hizo visible en el desarrollo. Los partidos mostraron por momentos un ritmo frenético para tratarse de amistosos de pretemporada. Con apenas 45 minutos disponibles para conseguir los tres puntos, hubo poco margen para especular y los equipos parecieron tener una mayor urgencia para buscar el arco rival.

Nottingham Forest fue uno de los que mejor reflejó esa dinámica. Frente al conjunto dirigido por Hansi Flick jugó con verticalidad, generó situaciones y llegó a estrellar un remate en el palo. El Barcelona también debió insistir hasta el cierre para conseguir la victoria: Raphinha convirtió de penal el 1-0 cuando el encuentro estaba a punto de terminar. Más tarde ocurrió algo similar, aunque con los catalanes del otro lado. Udinese derrotó al conjunto culé por la mínima gracias a un gol de Vakoun Bayo sobre el final.

La duración reducida hizo que situaciones que normalmente forman parte del desarrollo de un primer tiempo pasaran a ser decisivas. Llegar igualados a los últimos minutos significaba estar cerca de una tanda de penales y no del descanso, mientras que recibir un gol dejaba prácticamente sin margen para reaccionar. Los dos encuentros del Barcelona terminaron resolviéndose de esa manera.

El formato también mostró una ventaja pensando en la preparación de los planteles. En el equivalente a la duración de un amistoso tradicional, los entrenadores pudieron repartir minutos, cambiar futbolistas y probar variantes en escenarios diferentes, sin aumentar la carga total de competencia de sus equipos.

Udinese se convirtió en el primer campeón de la Friuli Venezia Giulia Cup después de imponerse por 1-0 ante Nottingham Forest y repetir el resultado frente al Barcelona. El conjunto italiano terminó con seis puntos, los catalanes ocuparon el segundo lugar y el equipo inglés cerró la jornada sin unidades. De todas formas, el resultado quedó en un segundo plano: la principal novedad de la noche estuvo en el formato.

El certamen recuperó una fórmula que tuvo mayor presencia en las pretemporadas europeas de otras décadas y la trasladó al fútbol actual. Partidos más cortos, rotaciones y un sistema de puntuación que obligaba a definir todos los encuentros permitieron desarrollar un triangular completo en una única noche.

Una sola edición no alcanza para saber si la propuesta puede convertirse en una alternativa habitual para las pretemporadas. Lo ocurrido en Udine, sin embargo, dejó una primera muestra de su funcionamiento: encuentros de mayor urgencia, posibilidades de rotación y una competencia concentrada en apenas unas horas. La continuidad de la Friuli Venezia Giulia Cup determinará si el formato encuentra un lugar en futuras preparaciones o queda como la particularidad de su primera edición.

Fernando Signorini: “El grado de estupidización social que lleva el fútbol es realmente alarmante”

CABA 20/01/22 Fernando Signorini, ‘el profe’ es preparador fisico de futbolistas. Foto: Veronica Bellomo

Por Juan Romano Mancuso

Fernando Signorini, histórico preparador físico de la Selección Argentina y de Diego Armando Maradona, remarcó la pérdida de protagonismo mostrada por los jugadores en la introducción de nuevas reglas y conformación de calendarios tras el Mundial 2026. “Una copa de 64 equipos sería un mamarracho”, afirmó.

La Copa del Mundo disputada en Estados Unidos, México y Canadá presentó un cambio de reglamento polémico que parece haber llegado para quedarse: la “pausa de hidratación”. Fernando Signorini, uno de los preparadores físicos más reconocidos de Argentina, no dudó: “El cooling break me hace reír y hay que tomarlo a risa, porque esto es todo un mamarracho. Todo porque son varios minutos más de publicidad. Son tan voraces, que tienen un apetito que realmente a mí, esto ya me está dando risa. Le están tomando el pelo a todo el mundo, la gente sigue pagando la entrada, sigue peleándose y sigue comprando camisetas. El grado de estupidización social que lleva el fútbol es realmente alarmante.”

Esta nueva medida que aplicó la FIFA se realiza obligatoriamente a los 22 minutos de cada tiempo, con el objetivo de preservar la integridad física de los futbolistas, debido a las temperaturas extremas. Asimismo, cuenta con una duración fija de tres minutos cronometrados por el árbitro del encuentro.

La cuestión es que durante el desarrollo del campeonato, a pesar de contar con canchas cubiertas y con aire acondicionado que mantienen un clima agradable, estas pausas se realizaron de igual manera, ya que se calcula que cada publicidad transmitida durante ese lapso generó, aproximadamente, entre 170.000 y 270.000 dólares, según Workweek. Si se toma el valor de un solo anuncio por corte durante los 104 partidos del torneo, se llegaría a una recaudación de entre 35 y 56 millones de dólares. Cifras que doblan las de Qatar 2022. Al mismo tiempo, según Global Data, la FIFA mantiene un contrato con Coca-Cola hasta 2030 con un valor de 400 millones de dólares.

“Por eso los jugadores tendrían que tener participación. Porque seguramente si ellos lo hacen, no le darían lugar a estos estúpidos que están haciendo este tipo de cosas. El otro día, en el partido de Boca ante O’Higgins (16vos de la Copa Sudamericana), con la baja temperatura que hacía hubo un cooling break. Entonces yo digo… ¿le estarán dando té caliente?”, comentó irónicamente Signorini.

Manolo Zubiria, el director de Torneos de Estados Unidos para el Mundial 2026, argumentó que la intención de esta medida, es garantizar que los futbolistas puedan competir en las mejores condiciones posibles. Sin embargo, para el ex integrante del cuerpo técnico de la Selección Argentina, la preparación física del plantel para el torneo no fue la mejor: “Las condiciones seguramente no fueron óptimas, porque ya venían de calendarios sumamente recargados. Se han acortado y reducido muchísimo el tiempo de trabajo. Menotti estuvo cuatro meses para preparar el Mundial 78. En México (1986) estuvimos 44 días previos al inicio. Pero ya en Sudáfrica (2010), con Diego, arribamos 9 días antes. Ahora los jugadores llegan prácticamente el día anterior, en seleccionados con calendarios absolutamente recargados. Pero por eso digo que no se quejen los jugadores, que se jodan”.

“Se acepta que los que mandan, los jerarcas, estén fumándose un habano en palcos con aire acondicionado, y ellos reventando de calor y sosteniendo el negocio.  Bueno, si no se deciden a ser parte de las decisiones, que se jodan. Lo lamento, pero es así. Que no se quejen. Si deciden ser ovejas ellos también, que se hagan cargo”, agregó fastidiado.

Tal fue el cansancio físico que sufrió Argentina durante la competición, que en la final ante España, la zaga central titular debió ser reemplazada por lesiones musculares.

A los 40 minutos del primer tiempo, Lisandro Martínez -el defensor que anotó un gol ante Cabo Verde- cortó el juego con una falta en tres cuartos de cancha, sobre el delantero español Mikel Oyarzábal que iniciaba el contraataque. La infracción no solo le costó la tarjeta amarilla, sino que provocó una lesión en su aductor derecho. Tres minutos después de la acción tuvo que pedir el cambio, y en su lugar ingresó Nicolás Otamendi. Más tarde, a los 68 minutos del encuentro, con el resultado aún igualado en cero, Cristian Romero se vio afectado por una molestia que arrastraba previo a la competencia y fue sustituido por Facundo Medina.

“Son cosas que pasan, el fútbol es muy extraño. Todo puede pasar, como en la vida.

Fue una coincidencia, pero ya Romero venía tocado antes del comienzo del Mundial, después la acumulación de partidos. Lamentablemente, puede pasar eso y mucho más. Puede pasar que un jugador de fútbol erre tres penales en un mismo partido y después haga un gol de cabeza en la mitad de la cancha, como le pasó a Martín Palermo. Siempre se buscan esas excusas cuando se pierde. Porque si se gana, aunque sea con un gol con la mano, ahí nadie dice nada. Entonces, hay que calmarse un poco”, explicó.

La próxima edición, para la que se especula con la participación de 64 selecciones, se disputará en Argentina, Paraguay, Uruguay, Marruecos, Portugal y España. Seis países diferentes a lo largo de toda la competencia, lo que sería un hecho histórico.

“Es un mamarracho, simplemente apunta a sumar más países por las cuestiones de las ingentes ganancias. Este Mundial con 48 países, dejó 9 mil millones de utilidades a la FIFA, ¿cuánto va a dejar el otro con 64? Siempre que se haga; porque ahora con esta decisión de la UEFA -a la que se suma la CONCACAF- de no aceptar la privatización del Mundial, que aparentemente tomó la FIFA, creo que hay un cisma en la misma cima del poder mundial. Porque se están disputando y tironeando de un producto tan valioso como es el fútbol, cada uno defendiendo sus propios intereses”, analizó críticamente Signorini.

La inmediatez sacudió a la memoria: la impaciencia del hincha y la intolerancia a la derrota

Por Juana Enrico y Gabriel Milian Scuri

En el fútbol -como en la vida- no hay nada escrito o, bueno, en realidad algo sí: se gana, se empata o se pierde, no más. Pero lo extraordinario es que ningún final es jamás una certeza, nunca, y ahí reside lo hipnótico. Sin embargo, el hambre de victoria, de éxito, de alcanzar la cima una y otra vez es, sin dudas, algo muy propio del hincha del fútbol argentino quien, muchas veces, parece confundirse con la necesidad de abolir la derrota. Como si esta no fuera parte del juego. Como si esta, en un deporte que no abraza a la lógica, fuera un detonante para la violencia y una sentencia sobre lo mal que puede estar un equipo.

Lo cierto es que la vida está atravesada por las derrotas. Tanto que, por momentos, hasta puede aparecer la sensación de no haber ganado nunca. Quien no sabe perder siempre estará más lejos de ganar, porque el traspié también forma parte del recorrido. Creer que una caída convierte a alguien en el peor es desconocer la naturaleza misma de cualquier proceso. No se trata de una mirada mediocre ni conformista, sino de una certeza profundamente terrenal: ninguna construcción perdurable prescinde de los tropiezos. Jamás.

¿A qué se debe esto? ¿De qué lugar viene la impaciencia del fanático? 

Para intentar responder esa pregunta, primero hay que detenerse en la manera en que el hincha siente el fútbol. Quien mira a su club lo hace con la pasión que caracteriza al argentino en su afán de ser parte del mismo. Casi como una representación de lo propio. Y quizá no hay mejor forma de explicar ese vínculo que a través de lo identitario. Pocas veces una persona pronuncia la frase “yo soy”. Apenas en la carta de presentación, que suele incluir el nombre y, algunas veces, el club del que uno es. No como un fanatismo sino como parte de su persona. No hay muchas cosas capaces de responder a una pregunta tan profunda como la propia identidad. Y, para el argentino, ser de un equipo es una de ellas.

Esa misma intensidad también atraviesa los códigos de una época signada por la inmediatez y la exposición permanente. La problemática se hace presente cuando la pasión se traslada a la irracionalidad, pero en el plano de lo peligroso. Las redes sociales potenciaron un escenario en el que la frustración encuentra un canal de descarga casi ilimitado: detrás de un arroba, el anonimato funciona como una máscara que diluye los límites y permite decir aquello que difícilmente se sostendría cara a cara. La paradoja pisa fuerte en cuanto todo se traslada a la vida. A la calle. La puteada deja de ser entonces una reacción momentánea para convertirse, muchas veces, en el lenguaje cotidiano del desencanto. 

El fútbol es un espejo de su tiempo. La reacción impaciente del público frente a esa obra cada vez más espectacularizada no es más que la traducción, sobre el césped y en las tribunas, de la lógica que también gobierna las calles. La urgencia por el resultado inmediato termina por condicionar la cabeza de un futbolista, que siente que un centro errado puede convertirse en una sentencia, o la de un entrenador que parece no tener permitido perder dos partidos consecutivos en un deporte en el cual, conviene recordarlo, también hay un rival que compite por ganar.

Los procesos fueron desplazados por la vorágine de una época que parece haber extraviado toda vocación de espera. Bajo esa premisa, los dirigentes suelen administrar la coyuntura antes que el proyecto y, acorralados por una crítica que exige soluciones instantáneas, terminan sacrificando entrenadores como si allí residiera el origen de todos los males. Como si un puñado de semanas bastara para edificar una idea, consolidar un equipo o conquistar títulos. Como si el tiempo, ese insumo silencioso e irremplazable de cualquier construcción colectiva, pudiera comprimirse al ritmo de la impaciencia.

¿Dónde habita la frontera entre la exigencia y el reclamo? ¿Qué tan débil es esa línea y cuándo se convierte en algo disruptivo?

El ganar coloca el humor del fanático en un estandarte de alegría que se abraza con el éxito deportivo. Éxito que se vende muy barato por televisión, aunque los intereses se pagan muy caros en la derrota. Porque endiosar a los planteles y una seguidilla de triunfos genera expectativas en los hinchas que revuelven los cajones de su historia en busca de alguna migaja de gloria pasada: la nostalgia de una era vencedora que construye los grandes pasajes de los clubes.

Platense, que transita los mejores años desde su fundación, ha logrado, en poco tiempo, su primer torneo de Primera División, se clasificó a la Copa Libertadores y triunfó ante los grandes equipos. Incluso, ha avanzado de fase, cosa que no han logrado ni Boca ni River, que ambos disputan la Sudamericana.

Aún así, cuatro partidos sin ganar (dos empates y dos derrotas) fueron suficientes para pedir la cabeza del técnico, Walter Zunino, que tres días después dejó el Calamar tras 28 partidos. Nada. Unos pocos encuentros en los que los socios se engolosinaron y enterraron su pasado a tres metros bajo tierra. Una institución que ha llegado a jugar la tercera división del fútbol local y que ha retornado a la máxima luego de 22 años en 2021. Hoy, compite. Pero dentro de la competencia se ve que no vale perder, ya que las exigencias se vuelven estúpidas y la memoria comienza a fallar.

Se torna más fácil entonar la icónica canción que hace alusión a las madres de los jugadores y unos silbidos que funcionan como el coro perfecto. Al igual que en Racing, que tras la llegada de Juan Pablo Vojvoda como nuevo entrenador y algunos resultados no deseados, la gente se revuelve en insultos para Diego Milito, presidente de la Academia, justo en la calle, aledaña al estadio, que lleva su nombre.

La capacidad de recordar de dónde vinieron y hacia dónde van la pierden absolutamente todos, o su mayoría, en la euforia de un estadio con gargantas que se rasgan de gritos furiosos. Desde el niño que comienza a vivir la pasión heredada hasta el viejo que ha visto todo. Absolutamente todo. Descensos, goleadas y crisis económicas. Trofeos, clásicos gozados y el nacimiento de los ídolos.

Pero, ¿qué lugar le cabe al fanático para la queja? ¿Es parte de su rol y razón de ser? O, ¿qué es ser hincha? 

Las cosas y las maneras de ejercer cualquier tipo de acción no son, sino que están siendo constantemente. Pasa con todo en la vida, y los modos de ser hincha no están por fuera de esa lógica propia de la condición humana, que no es natural, sino una construcción. Todo el tiempo se está siendo, en un proceso atravesado por una multiplicidad de variables que se presentan, se cruzan y transforman. 

Quizá no haya un rol que cumplir, sino apenas una manera de encarnar esa pertenencia. Quizá se trate de aprender a vivir el fútbol con la pasión que lo vuelve tan propio y con la dosis justa de desdén para no dejar que ese fervor lo devore. Quizá ser hincha sea una de las maneras más genuinas de sentir algo profundamente argentino: esa vehemencia y pasión que hicieron del fútbol el nuevo tango.

Juega hockey sobre hielo y será la primera argentina en la historia en competir en la NCAA: ¿Quién es Alma Ameigeiras Mina?

Por Julieta Landriel

La sonrisa, sin dudas, la caracteriza. Alma Ameigeiras Mina hace parte de su previa a un partido de la Liga Argentina de Hockey sobre Hielo 2026 (LAHF), una entrevista que la destaca por el titular de lograr una primera vez para el país. Ese sueño, de muchas personas, desde cualquier ámbito, de ser pionero en su distintivo. Esta vez abrir caminos le tocó a ella, y se va a convertir en la primera argentina en competir para la Liga Universitaria de Estados Unidos (NCAA).

A sus 19 años, la oriunda de la Ciudad de Buenos Aires, es parte de la selección nacional de hockey sobre hielo y en línea (sobre rollers). Cuando cuenta sobre su vida y mira fijo a los ojos, su experiencia hace dudar al resto, porque la mentalidad le dobla la edad. Y en un deporte caracterizado por la velocidad y la adrenalina, hasta su madre, Adriana Mina, la describe como una persona “tranquila y racional, tanto dentro como fuera de la cancha”.

Antes de empezar, un empleado de Fantasy Skate apareció con una torta de rocklets y dejó dos porciones que habían sobrado de un cumpleaños. Por lo que, además de la nota de interés, fue el momento de la merienda. O en este caso, del “pre entreno”. La pista de hielo techada más grande de Sudamérica, donde un rato después la defensora estaría portando una camiseta amarilla y marcando un gol, fue el mejor lugar para entrar en cassette. Se estaba por llenar de personas que irían a verla jugar. Ya conoció en 2024 lo que es ganar un título con la camiseta de su país, y en el escenario congelado que está detrás suyo, fue subcampeona el año pasado de la IIHF 3×3 Women’s Series.

Sentada en la cafetería calefaccionada, con la camiseta argentina de mangas largas y el corte textil correspondiente a su deporte, Alma asiente a la pregunta y acepta el primer mate.

—¿Cómo empezó tu historia con el hockey? Siempre hay un referente, un familiar o incluso una casualidad que termina marcando el camino.

—Arranqué a los 10 años con Roller Hockey. Con mi papá nos habíamos mudado a un barrio que tenía distintos deportes y pensé “¿Qué puedo arrancar?”. Yo ya sabía patinar y cuando vi esa disciplina quise probar. Había una escuelita en una cancha de básquet, de cemento. La mayoría, al ser una comunidad tan chica, arranca porque tiene familiares que juegan. Pero yo no conocía a nadie, fue casualidad. Y me encantó. Un día el entrenador habló con mi papá y le dijo: “Che, esta chica está para más que entrenar acá una vez por semana”. Entonces me invitaron al Club 7, en San Isidro, que ahora está cerrado lamentablemente. Y ahí me metí de lleno.

—¿Y cómo llegaste al hielo?

—Acá había canchas chiquitas que después se cerraron por la pandemia, como Alpina o Polar City. Un día me invitaron a sumarme a la selección de menores. Entrenábamos en rollers y viajábamos a jugar torneos en hielo. Íbamos cuatro días antes para acostumbrarnos y después jugábamos.

 

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 —Entonces no entrenaban sobre la superficie de la competencia.

—No. Me gustaba, pero no podía hacer en hielo lo que hacía sobre ruedas. “Yo quiero ver hasta dónde puedo llegar si realmente entreno hockey sobre hielo”, pensaba. Sabiendo que está mucho más desarrollado en el mundo que el roller hockey, que es el deporte de verano, para cuando se derrite el hielo en Estados Unidos y Europa. Y bueno, apareció un showcase en Miami. Me anoté para ver qué onda. Fue un Camp de tres días para mostrarte ante entrenadores. Y ahí el organizador me ofreció sumarme a un nuevo proyecto, una academia en Canadá: “¿Por qué no venís?”. Y acepté. La idea era irme a mitad de año, porque allá la temporada va de agosto a mayo. Pero era mi último año del colegio y se juntaba con Bariloche, la entrega de diplomas… “¿Me lo pierdo o me voy?”. Al final decidí irme en noviembre. Adelanté todos los exámenes para poder viajar sola.

—¿Pudiste hacer el viaje de egresados?

—Por suerte sí, nos fuimos en agosto. Cuando volví, no llegaba la visa de estudiante y terminé viajando a Canadá en enero de 2025. Hice media temporada y me gustó tanto que quise hacer una completa. Así que volví otro año más, de agosto a mayo, con un grupo nuevo de chicas, y me fue muy bien. Volví hace un mes y medio. Cuando empezamos a jugar, tuvimos torneos, me contacté con el entrenador, él también se contactó conmigo y así fue como llegué a la universidad. “Lo estoy logrando”, pensaba. Todo pasó muy de golpe.

—¿En algún momento caíste en que estabas cumpliendo el sueño que tenías de chica?

—Sí, pero tarde. Siento que no voy a caer hasta que esté allá. Estoy con esa ansiedad de querer irme ya y, al mismo tiempo, pensando que son mis últimos meses en Argentina. La primera vez que hice el tour por el campus fue una locura. Ahí mis padres cayeron antes que yo, me decían: “Alma, ¿te das cuenta de lo que vas a hacer?”.

—¿Pensás llevar tu sentido de pertenencia a Estados Unidos? Decime, por favor, que vas a argentinizar al plantel.

—Obviamente. Soy de Boca y antes de firmar con la universidad pregunté si estaba libre la 12. Una chica se gradúa este año y deja libre ese número, así que lo agarro yo. Me guardo mi taza azul y amarilla siempre que viajo. Antes que el dorsal “10”, el “12”. Y voy a llevar Chocolinas porque paso mi cumpleaños allá y no hay cumpleaños mío sin chocotorta. Además de la receta de milanesas de mi abuela, el mate… Todo, todo, todo.

—¿Qué carrera elegiste en la Universidad Estatal de Nueva York?

—Tenía ganas de Relaciones Internacionales, comunicación, incluso marketing, pero justo esta universidad no las tiene. Y me reclutó para el hockey. Entonces elegí Administración de Empresas, que lo puedo direccionar a donde quiera.

En Canadá entrenaste con la ucraniana Valeriia Manchak. ¿Cómo fue esa experiencia?

—Es una crack. A mí me encanta que me exijan o me desafíen. Hay entrenadores que, si te cuesta algo, te dicen: “Bueno, no lo hagas”. Ella no. Con Val era entrenamiento militar. Tiene una gran preparación encima. Muchas chicas se quejaban y yo estaba fascinada. Las primeras dos semanas fueron durísimas. Después de entrenar con ella no me podía ni sentar. Y al mes, ya tenía las piernas más fuertes. Te cambia la cabeza. Sus entrenamientos son particulares: muchos saltos y trabajo agachada. Pero me cambió la forma de patinar y me ayudó con la transición del roller al hielo.

 

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 —¿Qué cambia entre un patín y el otro?

—En hielo tenés que agacharte mucho más para aprovechar la patada. El equilibrio está sobre cuchillas y el freno cambia. Es otro deporte. 

—Es un deporte muy físico. ¿Cómo es tu preparación? ¿Tenés un equipo de trabajo?

—Hago todo. Voy al gimnasio tres veces por semana, los otros dos salgo a correr, y los findes juego los partidos de la liga de Roller. Tengo a mi preparador físico, Jorge, y SUNY (State University of New York) nos manda los planes físicos. En 2024 tuve un problema porque me faltaba mucha energía. Me sentía caída. Fui a la ginecóloga y cuando le conté mis horarios de entrenamiento me dijo: “No estás comiendo lo suficiente”. Y me derivó a una nutricionista deportiva. Con ella, en medio año, noté la diferencia. Me cambió el cuerpo y la fuerza. Y desde 2020 hago terapia. Sería mucho más difícil vivir todo esto si no lo hiciera, es mi psicóloga de la vida, pero también deportiva.

—Cuando conocés a alguien nuevo y le decís que jugás hockey sobre hielo, ¿cuál es la reacción más común?

—Primero reaccionan con un: “¿Qué? ¿Cómo? ¿De verdad?”. Y al instante me dicen: “¿Se cagan a piñas?”. No, no nos cagamos a piñas, jajaja. Es la pregunta que me hacen siempre. Después les empiezo a contar cómo es el deporte y cuando les muestro fotos les encanta.

—¿Con el frío cómo te llevás?

—Me re acostumbré. Si hace frío afuera, hace más frío en la cancha. Particularmente en Canadá entrenábamos en una pista media antigua. Y son mucho más frías que las modernas. Ahí literalmente te curtís.

—¿La universidad era una meta o ahora aparecen nuevos sueños?

—Sí, era una meta. Primero quiero tener un título universitario. Y después me encantaría poder jugar profesionalmente. Vivir del hockey sería épico. Y si no se puede vivir de eso, al menos poder jugar en una liga de Europa donde me den las comidas, un lugar donde vivir y yo poder trabajar de otra cosa, pero seguir jugando.

—¿Y con la Selección?

—Sueño con jugar un Mundial con las chicas. La verdad que sería impresionante.

De fondo, como parte de la decoración, es imposible desviar la mirada de los banners. Carteles gigantes de lona con los símbolos de varias ediciones de los Juegos Olímpicos de Invierno: desde Lake Placid 1980 hasta Milano-Cortina 2026. Y se relaciona perfectamente con la curiosidad de si Argentina podría competir en uno. O en el Mundial.

—¿Es posible o todavía faltan cosas para que Argentina pueda participar?

—El único requisito que nos falta es tener una cancha grande con techo. Tenemos la de Ushuaia, que tiene las medidas olímpicas (60×30), pero no está techada. Y Fantasy lo tiene, pero es más chica de lo requerido. Es lo único que falta. Porque la asociación está, los torneos están, la gente está y las ganas nos sobran.

 

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—¿Qué sentís que le hace falta al hockey sobre hielo en Argentina para crecer, además de infraestructura?

—Hace falta conocimiento. Y referentes también, puede ser. Los que estamos somos jóvenes. Iara (Haiek), que estuvo viviendo afuera y es la capitana de la selección, tiene 25 años. Yo también espero ser una. Con la difusión junto a la Asociación, en TikTok nos está yendo muy bien (@argentinaicehockey). En Instagram pasamos los veinte mil seguidores (@hockeysobrehieloarg). Y siempre hacemos entrevistas, vamos a escuelitas, subimos contenido. Es lo mejor que tenemos. Con Fantasy Skate fue increíble la cantidad de gente que empezó a llamar y conoció el deporte. También pasó con Off Campus, la serie de Prime Video. Parece una boludez, pero fue un boom. Muchas personas se enteraron de que existe una selección argentina. 

—Entonces, ¿ustedes mismas también hacen el trabajo de difundir el hockey?

—Sí, total. Este fin de semana hicimos una feria en La Lucila con la selección. Vendimos camisetas para juntar plata para viajar. Y a la vez intentamos conseguir patrocinios, porque ahora no tenemos ninguno. Nos ayudaría un montón. Se ve el interés que hay por otros deportes. Para el fútbol hay sponsors hasta para un torneo de nenes de ocho años, que me parece perfecto. Pero tenemos un equipo nacional femenino y las marcas no se interesan. Se trata de que empiecen a confiar en el potencial que tenemos.

—¿Tienen algún apoyo del ENARD?

—Sí. Hemos tenido becas del ENARD que nos ayudaron a solventar costos para algunos viajes. Sé que están en contacto con ellos.

—¿Los más chicos ya te reconocen como referente? ¿Te piden fotos?

—Me pasó cuando fui a la escuelita donde arranqué, en El Encuentro, en Pacheco. Fui a dar una clínica y algunos niños me pidieron fotos. Después, cuando tuvimos el torneo acá en noviembre, vinieron a verme. Los veía alentándome y yo los había conocido hacía una semana jajaja. Pasan esas cosas que decís: “Qué lindo”.

—¿Qué es lo que más disfrutás del hockey sobre hielo?

—La adrenalina del deporte. La velocidad. Lo físico que es. Y aprender a usar esa fisicalidad inteligentemente es una parte clave. Me gusta muchísimo.

—¿Qué le puede aportar un argentino a este deporte?

—La garra. Estando en Canadá yo sabía que no era de las mejores, porque literalmente era mi primera temporada entrenando en hielo. Pero sobresalía en todo lo que había hecho en Argentina (gimnasio, preparación física, alimentación). Hay chicas que tuvieron todos los recursos desde siempre. Y sin la disciplina y la dedicación que requiere el deporte, el talento solo te lleva hasta cierto punto. Miraba a algunas compañeras y pensaba: “Si yo hubiera tenido las posibilidades que tuvieron para jugar, ¿sabés cómo las aprovecharía?”. Las ganas son un privilegio. Hay días en los que uno no las tiene, pero igual va a entrenar. El argentino lo posee. Nos destacamos en deportes donde no nos ponen un peso, pagamos los pasajes, hacemos ese esfuerzo enorme y aun así somos de los mejores. Imaginate si dispusiéramos de ese apoyo y esa infraestructura. La famosa garra de la que se habla es verdad. Y los ovarios, en nuestro caso, que le ponemos a las cosas.

 

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Adriana, su mamá, la cordobesa que entre otras cosas es profe de educación física, posteriormente llegó a la cancha a ver el partido y se sentó sola en las gradas. En el mediotiempo charlaba con desconocidos, y se sorprendía de que, aquellos que veían el deporte por primera vez, estuvieran hablando de su hija: “Vinieron a verla a Alma pero ni yo ni ella los conocemos jajaja”. Casi al final del encuentro, gritaba frenéticamente el gol de Ameigeiras, que no alcanzó para ganar pero descontó y cerró la derrota 2 a 1 contra el equipo azul aquel 5 de julio.

—¿Cómo tomó tu familia la decisión de irte? ¿Con quién compartiste primero la noticia y quiénes sentís que son tu mayor sostén?

—Realmente mi papá y mi mamá son los que más me apoyan siempre. Soy hija única de padres separados y, poniéndome en su lugar, debe ser muy difícil. Pero los dos son deportistas y siempre me metieron en el deporte. No conocían el hockey sobre hielo, no tenían idea de nada ni de nadie, pero me bancaron. Creo que son los que más sufren, que más lloran, que más ríen conmigo. Los que más viven las alegrías. Me impulsaron a tener mi libertad e independencia. Y es algo que súper agradezco de los dos. Dejaron muchas cosas de lado para darme las posibilidades a mí.

—Y tampoco te cortaron las alas cuando apareció la posibilidad de irte.

—Totalmente. Ya se acostumbraron. Primero me fui tres meses. Después seis. Ahora me voy cuatro años. Ellos de a poco fueron construyendo el camino conmigo. Mi mamá siempre me dice que cada vez que vuelvo de un viaje soy otra chica: “Volvés más madura”. Es re lindo tenerlos conmigo.

 

Amerigol Latam Cup

Del 1 al 9 de agosto en la Amerigol Latam Cup, la selección femenina va a competir contra Líbano, Egipto y el Caribe, con Owen Haiek como entrenador y Jorge Fortunato Haiek como su asistente (más conocido como Dicky). Se disputará en Florida, Estados Unidos, y participarán también dos selecciones masculinas y dos junior (U16 y U14). Es la tercera edición del certamen que Ameigeiras va a jugar y es una gran preparación para su viaje a SUNY Canton.

Las representantes argentinas para la Latam Cup: GUTIERREZ Florencia (#35) – APO TSANG Uma (#11) – DATTORE Delfina (#16) – LUTTERAL Mila (#22) – HAIEK Iara (#21) – AMEIGEIRAS Alma (#12) – CARUSO Ornella (#20) – AVIÑON Melina (#25) – LACH Luciana (#8) – MENDOZA Janine (#50) – NIEVAS Agostina (#23) – MARTINEZ Kayla (#99) – MARTINEZ Corrin (#41) – MARTINEZ Kirsten (#26) – BUSTOS Angelina (#19) – VIBOUD Ana (#9) – FREER Alyssa – GIULODORO Martina (#40).