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Baltazar Leguizamón, el primer argentino en llegar a NASCAR

Por Lucas Svaluto Cantore

“Balta”, “Baltazar”, “rayito” o incluso “el de los Reyes Magos”. De chico tuvo varios apodos, pero todos quedaron vinculados a una misma historia: la de un piloto que desde muy pequeño estuvo rodeado por el automovilismo. Nació en Arrecifes y tiene su casa en La Luisa, localidad del partido de Capitán Sarmiento. Allí también construyó vínculos: tiene amigos tanto en Sarmiento como en Arrecifes.

Su relación con las carreras comenzó mucho antes de ponerse un casco. Su abuelo, su tío y su papá fueron pilotos, aunque cuando tiene que señalar a una persona como principal influencia no duda: “Sin dudas, mi papá”. Desde que nació lo acompañaba al autódromo y, cuando salía de la escuela, iba directamente al taller. Entre aprender, jugar con el simulador y hacer sus primeras experiencias alrededor de los autos, el automovilismo se convirtió en parte de su rutina diaria.

A los 9 años llegó una fecha que todavía recuerda con claridad. En Suipacha disputó su primera carrera de karting y consiguió también su primera victoria. El trofeo se lo entregó Emilio Satriano. “Un día hermoso”, recuerda Leguizamón, que ubica ese momento como el comienzo de su carrera automovilística. Después de aquella competencia, nunca volvió a detenerse. Antes de cumplir los 14 años ya había conseguido tres campeonatos y dos subcampeonatos.

El paso siguiente llegó por una combinación de edad, altura y reglamento. En su última carrera de la Copa Rotax se bajó del podio y entendió que el cambio de reglamento podía perjudicarlo por su peso. A los 13 o 14 años decidió que no quería continuar en el karting y se subió por primera vez a un Fórmula 4 Sudamericana. “Yo ya quería competir en auto”, explica. En ese momento, además, su papá se había retirado del automovilismo grande y él comenzó su propio recorrido.

En 2015, con 15 años, debutó en la Fórmula 4 Sudamericana. En siete carreras consiguió una victoria y otros seis podios, además de llegar a liderar el campeonato. Poco después apareció la posibilidad de probar suerte en Europa. Sin embargo, Leguizamón aclara que nunca llegó a competir oficialmente allí: realizó un test de invierno en el que estaban presentes equipos de las Fórmulas 4 alemana e italiana. Compartió pista con otras categorías en las que participaban pilotos como Lando Norris y Max Verstappen.

En Valencia tuvo una de las actuaciones que marcaron aquella etapa. Consiguió el récord de pista y llamó la atención de Motopark, pero una dificultad económica impidió que el proyecto continuara. “Por un problema económico no se dio y al otro año arranqué en Estados Unidos”, cuenta.

Antes de llegar a Estados Unidos, también tuvo que encontrar la forma de combinar su carrera deportiva con los estudios. A los 15 años, cuando comenzó a correr en el exterior, la situación se volvió más complicada. Llegó a asistir a dos turnos escolares en un mismo día para recuperar faltas. A los 16 se mudó solo a Estados Unidos y pasó a rendir todas las materias a fin de año. Así logró terminar la secundaria sin llevarse ninguna asignatura, algo que también atribuye al acompañamiento de sus compañeros.

Estados Unidos se convirtió entonces en el escenario de una nueva etapa. En 2016 debutó en la F4 US. Después de un comienzo complicado por la falta de competitividad del auto, cambió de equipo a mitad de temporada y terminó el año con mayor protagonismo. En 2017 continuó en uno de los campeonatos más competitivos del mundo, con un promedio de 45 autos por fecha. Allí comenzó también una rivalidad que se extendería durante tres años con Kyle Kirkwood.

La disputa entre ambos atravesó desde la Fórmula 4 hasta el final de la Fórmula 3. Leguizamón recuerda que luchar contra Kirkwood era especialmente difícil porque el estadounidense era el favorito. “En pista era muy difícil competirle”, sostiene. Sin embargo, consiguió convertirse en el único piloto que pudo vencerlo durante aquella etapa, cuando Kirkwood llegaba invicto en las distintas categorías. Hoy, ya posicionado como piloto de Indy, sigue siendo un rival al que Leguizamón le gustaría volver a enfrentar.

Cuando se refiere a Kirkwood, destaca principalmente su velocidad y menciona como punto negativo los momentos de roce que tuvieron cuando estaba bajo presión. Para describirse a sí mismo, en cambio, habla de su capacidad de adaptación. También reconoce una característica que en determinados momentos jugó en su contra: nunca se guardaba nada y buscaba llevar todo al límite. “Ser rápido de entrada te desfavorece más de lo que te favorece. Mostrás mucho y después te juega en contra”, analiza.

En esa etapa también llegó su primera victoria en Estados Unidos. El recuerdo está relacionado con una temporada en la que, junto a “Tito” Pérez, habían dominado los entrenamientos y aparecían como candidatos al campeonato. Los problemas de temperatura complicaron el rendimiento hasta que un cambio de motor permitió recuperar competitividad. “Fue un desahogo”, recuerda sobre aquella victoria.

El 2018 fue uno de los años más destacados de su trayectoria. En la Fórmula Atlantic Series ganó 14 de las 16 fechas y se consagró campeón. Ese mismo año compitió en la Fórmula 3 Américas, donde consiguió 14 podios y dos victorias. Sin embargo, los problemas de rendimiento del motor le impidieron luchar por el título y terminó como subcampeón. En 2019 volvió a disputar la misma categoría y consiguió subir al podio en todas las carreras de la primera mitad de la temporada. Ante la falta de competitividad del auto decidió retirarse a mitad de año.

Poco después recibió un llamado para disputar un campeonato de verano con un prototipo de endurance LMP3. Ganó las tres fechas y se consagró campeón, demostrando una rápida adaptación a distintas disciplinas y vehículos. El siguiente cambio fue provocado por un contexto que escapaba de las pistas. Para 2020 tenía previsto competir en Indy Lights, pero la pandemia y la falta de apoyo económico hicieron que el proyecto se suspendiera. La situación económica argentina también influyó en su regreso al país. Según explica, en ese momento las empresas todavía no habían dimensionado el valor que podía tener para ellas respaldar a un piloto que compitiera en el exterior.

De vuelta en Argentina, comenzó a construir una nueva etapa desde su propio equipo, DM Team. Debutó en Top Race Series con una pole position y en sus primeras seis carreras consiguió seis podios y una victoria. Después pasó al Top Race V6, la categoría principal de la especialidad, donde sumó cinco podios y otra victoria.

Al año siguiente llegó a las categorías de la ACTC con una Dodge de su propia estructura. El equipo tuvo que construir el auto desde cero y desarrollar todos los elementos necesarios para competir contra estructuras que ya tenían experiencia y recursos. Para Leguizamón, el problema no estuvo en adaptarse al manejo: en Top Race había debutado con una pole y en TC Mouras había terminado entre los cinco mejores en el primer entrenamiento. La dificultad estaba en contar con los mismos elementos competitivos que los equipos más fuertes.

“Lo terminé pagando yo con lo más caro que es el tiempo”, resume. A pesar de las dificultades, el proyecto consiguió llevar el auto al podio y obtener una victoria en una serie. Durante aquella etapa se convirtió en uno de los referentes de la categoría y recibió el apodo de “Pac-Man”, relacionado con su manera agresiva de correr y su capacidad para avanzar posiciones.

Su paso por Argentina también le dejó herramientas que ahora considera útiles en NASCAR. Leguizamón destaca que el automovilismo del exterior cuenta con una infraestructura más desarrollada, aunque sostiene que en Argentina existe mucha capacidad y desarrollo. Para él, la diferencia no pasa solamente por los autos o los equipos: “La cabeza te cambia mucho cuando estás afuera, tenés otras prioridades”.

 También encontró una herramienta de preparación que lo acompaña desde niño. A los siete años recibió su primer volante y desde entonces nunca dejó de utilizar simuladores. Lo considera fundamental para mantenerse entrenado y conocer circuitos. Actualmente también recibe ayuda de Rondoletto, piloto argentino de simulador vinculado a un equipo de NASCAR.

Después de sus experiencias en Argentina y Estados Unidos, llegó el salto que cambió nuevamente su carrera. Leguizamón recibió la licencia de NASCAR para competir en sus categorías y se convirtió en el primer piloto argentino en obtenerla. En 2025 debutó en la NASCAR O’Reilly Series, anteriormente conocida como Xfinity, y comenzó una nueva etapa dentro del automovilismo estadounidense. Actualmente corre para Young Motorsports. Su adaptación también tuvo momentos difíciles. En COTA sufrió un choque después de quedarse sin frenos. Al recordar aquel episodio, rescata la seguridad del auto y la reacción que tuvo para evitar consecuencias mayores. “Pude zafar físicamente y salvar muchas cosas del auto, fue una reacción positiva, pudo ser peor”, cuenta.

En NASCAR, además, Leguizamón ocupa un lugar particular: es el único sudamericano de su división. Lo vive como una responsabilidad y, al mismo tiempo, como un desafío. “A mí siempre me gustó representar, en este caso me toca en todo el continente”, explica. También observa las diferencias entre el público estadounidense y el argentino. Considera que el fan estadounidense tiene como virtud el respeto y la capacidad de acompañar desde el primero hasta el último piloto. Del público argentino rescata la pasión, la adrenalina y el aliento. Para él, esa intensidad es difícil de encontrar en otro lugar.

La vida cotidiana en Charlotte tampoco está separada del automovilismo. Leguizamón sostiene que su rutina continúa concentrada en el entrenamiento y la preparación, pero destaca la cantidad de talleres que existen en la ciudad y las conexiones que se pueden generar. “Se respira automovilismo en todas partes”, afirma.

Su relación con NASCAR incluso tiene un componente que viene de mucho antes de llegar a la categoría. De chico veía Cars y soñaba con ser el Rayo McQueen. Ahora encuentra una conexión inesperada entre aquella fantasía y su presente: considera que la película está basada en NASCAR y que hoy, como piloto de la categoría, siente que forma parte de ese mundo.

 Fuera de los autos también aparece otra pasión. Leguizamón es hincha de Boca y cuenta que tiene la camiseta del club desde que nació. Siempre que puede va a la cancha, tanto para ver al equipo como a la Selección Argentina.

Dentro de la categoría también tuvo la posibilidad de encontrarse con figuras que exceden al automovilismo. Una de ellas es Donald Trump, que va a ver las carreras según el originario de Arrecifes. Entre otras, Michael Jordan, propietario de un equipo de NASCAR. Leguizamón cuenta que durante los fines de semana de carrera es posible cruzárselo varias veces y que el ex basquetbolista participa activamente de la categoría. La presencia de celebridades, políticos, actores y deportistas forma parte de la dimensión de espectáculo que, según el piloto, caracteriza a NASCAR.

Para Leguizamón, el atractivo de la categoría en Estados Unidos se explica por varios factores. La considera un deporte federal, destaca la pasión de los estadounidenses por los autos y resalta el trabajo de las marcas y el espectáculo que genera la propia organización. “Es un conjunto de cosas que lo hace muy atractivo”, resume.

Ese espectáculo también forma parte de lo que diferencia a NASCAR de otras categorías. Leguizamón considera que los estadounidenses disfrutan especialmente ese aspecto y sostiene que la categoría es permisiva con lo que ocurre dentro y fuera de la pista. En ese contexto, los roces entre pilotos y las situaciones que se producen alrededor de las carreras forman parte de una cultura deportiva diferente a la que se conoce en Argentina.

Su presente también está relacionado con un posible crecimiento internacional de NASCAR. Según cuenta, la categoría busca expandirse a nivel mundial y Sudamérica aparece como una región de interés. En Argentina ya existen conversaciones para llevar un “show car” de NASCAR a Buenos Aires a corto plazo, mientras que también se analiza la posibilidad de que la categoría tenga presencia en el país. El proyecto todavía depende de distintos factores, entre ellos la continuidad y el crecimiento de Leguizamón dentro de NASCAR.

En lo deportivo, uno de los grandes objetivos está relacionado con las 500 Millas de Daytona. Para Leguizamón es una de las carreras más emblemáticas del calendario, junto con las 400 Millas de Indianápolis. Su última actuación registrada fue en San Diego, el 20 de junio de 2026, donde avanzó hasta el top 15 antes de abandonar por una rotura de motor cuando quedaban 12 vueltas. Ese resultado, sin embargo, le permitió obtener la habilitación para competir en óvalos.

El objetivo para lo que resta de 2026 es sumar experiencia en óvalos y consolidar el proyecto. Para 2027, el principal desafío pasa por conseguir el presupuesto que le permita tener una mayor presencia en la categoría. Young Motorsports tiene interés en continuar con él, aunque todavía falta una parte del presupuesto para cerrar el acuerdo. Leguizamón lo tiene claro: “Primero y principal es poder tener la tranquilidad de contar con todo el presupuesto”.

Su sueño va más allá de una temporada puntual. Quiere convertirse en piloto full time de un equipo competitivo y permanecer durante mucho tiempo dentro de NASCAR. Después de haber comenzado entre los kartings de Arrecifes, pasar por Europa, competir en Estados Unidos y regresar a construir su propio equipo en Argentina, el objetivo ahora es transformar todos esos años de experiencia en una carrera estable dentro de la categoría estadounidense.

¿Quién es Hannah Schmitz, la genia detrás de las estrategias de Red Bull?

Por Valentino Manganaro

En la Fórmula 1, los pilotos suelen llevarse las cámaras, los festejos y los aplausos. Sin embargo, detrás de cada victoria hay personas que trabajan lejos del volante y que pueden influir en el resultado con una sola decisión. Una de ellas es Hannah Schmitz, la ingeniera británica que pasó de ser una estudiante en prácticas a convertirse en una de las figuras centrales de Red Bull Racing.

Nacida en Inglaterra el 2 de mayo de 1985, Schmitz estudió Ingeniería Mecánica en la Universidad de Cambridge, donde obtuvo una maestría en 2009. Ese mismo año se incorporó a Red Bull como pasante. Comenzó trabajando en simulaciones y modelos matemáticos, pero con el tiempo se volcó al área de estrategia, donde encontró su lugar dentro del equipo. Desde entonces, su recorrido quedó ligado a algunas de las decisiones más importantes de la escudería durante los Grandes Premios.

Uno de los momentos que marcaron su carrera llegó en el Gran Premio de Brasil de 2019. Max Verstappen lideraba la competencia cuando Red Bull decidió llamarlo a boxes para realizar una tercera parada. La maniobra implicaba ceder momentáneamente la punta, pero le permitió regresar a la pista con neumáticos más frescos. Después de la reanudación, el neerlandés recuperó el liderazgo y se quedó con la victoria. Schmitz subió al podio junto al equipo para recibir el trofeo de constructores, en una imagen que la hizo más conocida entre los fanáticos de la categoría.

Aquel resultado tuvo también un significado personal. Schmitz acababa de regresar al trabajo después de tener a su primer hijo y, en una entrevista con Red Bull, contó que aquella experiencia había sido uno de los momentos más importantes de su carrera. También destacó lo significativo que había sido demostrar que podía continuar con su desarrollo profesional después de la maternidad.

Tres años después, volvió a quedar en el centro de la escena durante el Gran Premio de Mónaco de 2022. En una carrera marcada por las condiciones cambiantes de la pista, Red Bull acertó con la estrategia de paradas y Sergio Pérez consiguió la victoria. Después de la competencia, Helmut Marko, entonces asesor de la escudería, reconoció el trabajo de Schmitz: “Todos estuvimos excepcionales, pero si ganamos fue principalmente gracias a Hannah”.

La frase reflejó el reconocimiento que había conseguido dentro de un equipo acostumbrado a pelear por los primeros puestos. Su trabajo exige analizar distintos escenarios, anticipar los movimientos de los rivales y evaluar las posibilidades disponibles en cuestión de segundos. Pero su crecimiento no se explica solamente por los resultados deportivos: también está relacionado con la confianza que logró construir dentro de una estructura en la que cada indicación puede influir en el desarrollo de una carrera.

Ese camino no estuvo libre de dificultades. En una categoría históricamente dominada por hombres, Schmitz también tuvo que ganarse la confianza de sus compañeros. En una entrevista publicada por Red Bull, reconoció: “Como estratega, tenés que decirles a muchas personas qué hacer y ellas tienen que escucharte. Se trata de construir esa confianza y creo que, como mujer, lamentablemente eso fue más difícil. Pero ahora tengo ese respeto y espero que otras jóvenes que quieran entrar en este deporte vean que pueden hacerlo y que haya más diversidad”.

Después de más de dieciséis años en la escudería, Schmitz alcanzó en 2026 el puesto de jefa de estrategia. Su ascenso coronó un recorrido que comenzó con una pasantía y que, con el paso del tiempo, la llevó a liderar un área fundamental para el funcionamiento del equipo.

En el automovilismo, los trofeos suelen quedar en manos de los pilotos, pero las victorias también se construyen lejos de la pista, con el trabajo de quienes analizan, planifican y toman decisiones. Hannah Schmitz forma parte de ese grupo que muchas veces permanece fuera del centro de la escena, aunque su influencia puede ser decisiva. Su historia demuestra que no hace falta estar al volante para cambiar el destino de una carrera.

El fútbol americano en Argentina: desde adentro

Por Mateo Bartolomei

Sin apoyo económico ni instalaciones propias para entrenar, un equipo va dos veces por semana a una plaza para tratar de mejorar y buscar nuevos jóvenes que deseen unirse para fomentar la práctica de esta actividad en el país.

Era una tarde noche depresiva. Un cielo oscuro y una fresca brisa que te obligaba a salir con buzo y campera. En la zona de Belgrano, Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), solo había césped y árboles.

Cerca de la pista de skate seis jóvenes -entre 18 y 22 años- practicaban una actividad poco conocida en Argentina pero muy popular en Estados Unidos, fútbol americano. Formaron dos hileras y los de adelante corrían de frente para intentar atrapar el balón ovalado.

En este deporte hay tres grupos: ofensiva, defensiva y equipos especiales. El primero está conformado por el mariscal de campo quien dirige a los demás, comunica las jugadas y da pases a los receptores. Después está el corredor y los cinco “tackles ofensivos” de gran contextura corporal cuya función es bloquear a los defensores rivales para proteger al quarterback (qb).

Durante quince minutos realizaron aquel ejercicio. A las 19.55 juntaron todas sus pertenencias y se desplazaron a un espacio más abierto. Con el correr de los segundos llegaron varios hombres, entre 18 y 38 años, que cargaban sobre sus espaldas bolsos con cascos y hombreras para protección.

Mientras se preparaban, el entrenador, conocido como coach, los separó de acuerdo a sus posiciones. Cada uno portaba una vestimenta distinta. Algunos con camisetas de equipos profesionales de la NFL como las Águilas de Philadelphia, remeras lisas negras y blancas pero la mayoría usaban una camiseta roja con un tiburón en el pecho.

Antes de iniciar los ejercicios con pelota se reunieron para la entrada en calor. Elongaron gemelos, aductores y cuádriceps. Luego trotaron diez minutos excepto Andrés Periyolo, apodado “riñón”, quien se separó del resto para ajustarse el vendaje de la mano izquierda. Respecto a qué lo motivó a jugar, comentó: “Fue cuando empecé a ver la NFL por la tele y películas basadas en este deporte. Cuando me enteré que se jugaba en Buenos Aires vine sin dudarlo y me encantó”.

La entidad que fomenta la práctica es la FAA (Football americano argentino), fundada en 2004, y cuenta con cinco asociaciones en el país: AEFA (Asociación entrerriana de football americano), FABA (Football americano Buenos Aires), CFA (Córdoba football americano), FAMDP (Football americano Mar del Plata) y ADFA (Football americano Mendoza).

Los seis equipos de la FABA son: Tiburones, Jabalíes, Osos Polares, Corsarios, Legionarios y Cruzados. En la fase regular juegan todos contra todos, en formato de ida y vuelta. Los cuatro primeros clasifican a semifinales y los ganadores disputan la final por el “Tazón Austral”.

Con una brillante pelada, barba prolija y ojos negros Periyolo contó que su gran sueño es volver a salir campeón, pero también que el equipo tenga un lugar propio para entrenar y no tener que ir a una plaza los martes y jueves de 20 a 22. Además, anhela que en algún momento el fútbol americano deje de ser amateur y con ello no pagar entre 400 y 600 dólares por un casco, hombreras, protectores y botines.

Todos los equipos de Buenos Aires entrenan en plazas cerca de la Avenida Figueroa Alcorta y Pampa. Cada fecha se disputa los sábados en el club Champagnat, Pilar, en una cancha de rugby de césped sintético que la liga alquila. Cada uno juega dos partidos, uno a las 13 y otro a las 15:30.

A su vez, todas las plantillas en enero y febrero realizan entrenamientos abiertos para convocar nuevos jugadores y a principio de año, la liga tiene un curso de ingreso para habilitar a los nuevos y así puedan quedar en algún plantel.

Pasaba el tiempo y la temperatura iba en descenso. Los defensores chocaban contra una colchoneta azul simulando el enfrentamiento contra un rival. Luego se dividieron en dos grupos de cinco para entrenar situaciones de partido.

La defensa está compuesta por once jugadores: dos tackles defensivos que defienden el centro, dos alas defensivas que protegen las bandas, tres apoyadores que se ocupan del corredor contrario, dos esquineros que defienden a los receptores más abiertos y dos profundos que quedan como último hombre para interceptar los pases del rival.

Alejados del resto estaban los corredores tratando de eludir los conos del piso en el menor tiempo posible. Los mismos, son los encargados de trasladar el balón por tierra en caso de que el mariscal tenga dificultades para buscar a los receptores. Los tres eran de baja altura pero tenían una increíble agilidad y velocidad de pies.

Uno de los jugadores sostenía un termo Stanley verde con el brazo izquierdo y, con el derecho enyesado, el mate en la mano, se llamaba Daniel Vázquez. Respecto a sus inicios en el deporte, el oriundo de CABA contó: “En julio de 2018 me surgió la posibilidad de empezar en juveniles por invitación de un amigo y la verdad que me encantó. Lo que más disfruto es el contacto físico, chocar con los rivales e ir para adelante con la pelota”.

En el fútbol americano el objetivo del equipo es tratar de llegar a la zona de anotación del contrario pero iniciando desde campo propio. En cada oportunidad el equipo tiene cuatro intentos para avanzar diez yardas y en caso de no hacerlo en el último, deben despejar el balón lo más lejos posible.

En un abrir y cerrar de ojos se hicieron las 21. En los alrededores no quedaba un alma salvo por los Tiburones y los autos que iban y venían sobre Figueroa Alcorta. Ninguno se detuvo a descansar. El mariscal lanzaba el balón hacia los receptores, los defensores chocaban entre sí mientras el entrenador tomaba nota de sus jugadores para plantear alguna nueva jugada.

Minutos más tarde, Tomás Celis tuvo que abandonar el ejercicio para tomar un poco de aire. Extenuado, con algo de vergüenza, rostro pálido y nariz achatada, el oriundo de Avellaneda mencionó: “Empecé hace cuatro años más o menos, mis papás eran los que más veían fútbol americano en la tele y de a poco me interesó. Buscando algún lugar para jugar me salió una publicidad de un equipo para ir a entrenar así que agarré mis cosas y fui”.

El joven de 24 años también dijo que a pesar de haber entrenado con varios equipos, Tiburones es una familia que cuando tiene un problema siempre alguno le da una mano en la semana y, si su cuerpo lo permite, desea jugar hasta ser el más veterano del plantel y obviamente salir campeón.

El fútbol americano en Buenos Aires es de carácter amateur y gratuito. Para los jóvenes de 15 a 21 años existe la posibilidad de participar en la liga de juveniles en la que solo hay tres equipos: Coyotes, Aztecas y Yacarés. Cuando cumplen la mayoría de edad todos van al denominado “draft” que es el evento en el cual los equipos de Primera seleccionan nuevos jugadores.

Otra manera es participar de los campamentos de ingreso que se llevan a cabo cuando finaliza la temporada, en “off season”, allí los nuevos deben cumplir con ciertos requisitos para aprobar y ser elegidos por algún equipo.

Faltaba poco para las 22 y todos mantenían la misma intensidad. Aquellos que veían el entrenamiento desde afuera podrían haber creído que los jugadores se estaban exigiendo al máximo pero la realidad era otra. Cuando están en plena competencia las cargas suelen ser mínimas para evitar lesiones con vistas a los dos partidos del sábado.

Los Tiburones, como los demás equipos, realizan la pretemporada en los meses de marzo y abril, y en mayo afrontan dos partidos de preparación. Durante ese período el entrenador no hace foco en lo táctico sino en la preparación física con ejercicios de explosión, resistencia, velocidad y fuerza.

Tras beber un poco de agua, Tomás Mandeli relató un poco su experiencia personal. “Juego hace 13 años, lo empecé a ver por primera vez en la tele en ESPN y me divertía verlos. Un día busqué en Google “fútbol americano en Argentina” y descubrí que había una liga de seis equipos y el primero que aparecía en el listado era Tiburones. Así que le mandé un mail en ese momento y me dijeron que hacían entrenamientos en febrero, vinimos con un amigo, entrenamos, nos gustó, y desde ahí no paramos”.

El coach sopló el silbato para marcar el final del entrenamiento. En el ambiente reinaban las risas y la buena onda entre los compañeros. Mientras se sacaban los cascos, hombreras y guardaban sus pertenencias, el entrenador mostraba qué jugadas iban a ensayar el jueves de cara al partido contra Corsarios.

Pese a que es un deporte amateur los jugadores lo practican y juegan como si fuesen profesionales y afrontan las adversidades que se presentan como no tener un campo propio y solventar ellos mismos los gastos del equipamiento. Todos los sábados, 240 deportistas disputan una nueva fecha en busca de alzarse con el “Tazón Austral” y a la vez con la ilusión de que el fútbol americano crezca cada día más en el país.

Santiago García: “Me siento muy orgulloso de representar estos colores” 

Screenshot

Por Valentín Ariza

Santiago García, deportista neuquino de 28 años, disputará el campeonato mundial de pump track, este viernes 16 de octubre a las 8.30 en el distrito de Mentougou de Beijing, China.

El pump track es una disciplina que viene de la rama del BMX Race, consiste en completar un circuito cerrado de asfalto, con lomas, saltos y peraltes, en el menor tiempo posible. La particularidad es que no se puede pedalear, solamente está permitido impulsarte con brazos y piernas. Esta disciplina también puede practicarse en longboard, skate o rollers, aunque el campeonato mundial es exclusivamente en bicicleta. 

Santiago logró la clasificación tras quedar 4° en las clasificatorias sudamericanas, las cuales fueron realizadas el 28 y 29 de agosto en la Ciudad Deportiva de Neuquén. Será el único argentino en el certamen. Clasifican los cuatro mejores ciclistas de las 23 pruebas clasificatorias que se organizan en 19 países. 

Esta competencia es regulada por la UCI, Unión Ciclista Internacional y organizada por Velosolutions, la cual sólo financia los gastos de los ganadores de cada clasificatoria, por lo tanto, Santiago tuvo que salir a buscar patrocinadores que lo ayuden a poder viajar. 


Desde muy joven es fanático de los deportes extremos, empezó a correr en carreras de Motocross en 2018 y carreras de auto en 2019, pero su gran pasión logró encontrarla en 2020 a raíz de la pandemia: La bici.

-En 2018 te compras tu primera moto y al poco tiempo empezas a correr en carreras de motocross ¿Cómo fueron tus sensaciones en esas primeras carreras?

-Fue todo un proceso, de chiquito siempre consumí mucho las competencias de X Games, miraba mucho a Travis Pastrana, carreras de Rally, motocross, bici. Siempre tuve ganas de hacer esta rama de deportes extremos. Lo primero que hice apenas me compré la moto fue empezar a entrenar y competir. Competi un año y medio hasta que deje por una cuestión económica, ya que es un deporte caro para mantener. El campeonato que yo corrí era un campeonato patagónico. Habían carreras que por ahí tenías que viajar 400, 500 km, además tenías que considerar lo que era el viaje, el hospedaje, la inscripción a la carrera, no romper nada.

Santiago con su primera moto, previo a una carrera.

-Ese mismo año visitaste el Dirt World Fly Park, un circuito adaptado al Dirt Jump, disciplina donde hay rampas y montañas de tierra y se realizan trucos y acrobacias en el aire. ¿Fue ahí donde te enamoraste del Dirt Jump o ya lo conocías?

-El Dirt Jump me llamaba la atención por lo que es el freestyle, de poder mostrar tu estilo haciendo algo en el aire. Pero esa vez fui como espectador y me encantó, no me imaginaba haciendo eso en un futuro. Fue más disfrutar como espectador con amigos. Pero en 2020 me picó el bichito de decir: “Bueno, ahora quiero probar yo a ver hasta dónde puedo llegar”. Y ahí empecé a tener contacto con la bici.

Foto con Mike Clark, ciclista estadounidense.

-En 2019 te lanzas a las carreras de auto ¿Cómo fue la experiencia de correr en otro vehículo?

-Ese año fui solamente una vez, los Track Days son más que nada ir a disfrutar de un día de pista con tu auto todos los días. Es poder tener la experiencia de meterte en una pista de carreras en un entorno lo más seguro posible. Es un lugar donde te podes divertir mucho y ponerte a prueba sin poner en riesgo a nadie más. Mi auto era un Honda Civic año 2000. 

Por subirse a su auto para la carrera en el Track Day.

-En 2020 llega la pandemia ¿Tenías la bici o te la compraste justo ahí?

-Fue una sumatoria de cosas. En 2020 me había comprado el auto y me sobraron unos pesos, vi una bici publicada y la compré para no dejar la plata estacionada. Empieza la pandemia y me quedo sin trabajo, trabajaba en una oficina para unas aseguradoras de auto. No era algo que yo haya elegido, fue la oportunidad que tenía. Cuando anuncian la cuarentena la gente salía a caminar o correr para despejarse, yo empecé a usar la bici en las bardas de Neuquén. Las bardas son terrenos irregulares con desniveles, empecé a ir todos los días, dos o tres horas y volvía contento. Descubrí que tenía cierta facilidad y me motivaba a hacer cada vez más. Así fui progresando. Con el correr del tiempo empecé a tener mucho tiempo libre y aproveché. Llegó un momento que eran de 4 a 6 horas por día en bici.

-¿Cuándo fue tu primera carrera en bici?

-En junio de ese año, hubo una carrera en la barda, me anoté y me fue bien. Después empecé a ir a hacer un poco de Dirt Jump. Combiné un poco de lo que era saltar y hacer trucos con correr carreras en la barda, y ahí se fue formando mi estilo. En esas carreras conozco el pump track.

Volando por las bardas de Neuquén.

-¿Cómo funcionan los entrenamientos de alguien que practica esta disciplina? ¿Qué buscas trabajar y mejorar? 

-Es un conjunto de cosas. Lo principal es el aire, porque es un ejercicio muy anaeróbico. Las vueltas pueden rondar de los 18 a los 25 segundos, pero tenés que dar el 130%. Busco desarrollar resistencia y mantener un tiempo parejo, entre 19 y 20 segundos. Después trato de hacer vueltas seguidas sin parar, practicando saltar más o apretar más en un sector, hasta encontrar la vuelta perfecta. Generalmente voy con mi hermano que también practica, o con amigos. No tengo entrenador. Lo complemento con gimnasio para tener fuerza en las piernas y explosividad.

-¿Sufriste muchas lesiones a lo largo de tu carrera? 

-Hubo varias. Empezó con la moto, se me cortaron los ligamentos de la clavícula, se me salió el hombro, contusiones. Con la bici me quebré la clavícula, se salió el hombro. Y en marzo tuve un golpe fuerte en el Pump Track que me dejó en terapia intensiva. Me pinché un pulmón, me quebré las costillas, el pómulo en tres, se me desplazó la mandíbula y me quebré el cráneo. Todo en una sola caída. Pero me recuperé rápido.

-Después de todas estas lesiones ¿No pensaste en dejar?

-La verdad que no, me sigue llamando, es mi cable a tierra, es mi pasión. Todavía no le agarré ese miedo de decir “no me vuelvo a subir”.

-En 2022 participas en tus primeras pruebas clasificatorias para el Mundial en Bariloche ¿Cómo te sentiste al participar de unas pruebas de semejante magnitud?

-Me sentí muy bien, en las clasificatorias se anotan, por ejemplo, 100 personas, hacen dos vueltas y se toma el mejor tiempo. Solo 16 clasifican al evento, y el resto queda afuera después son eliminatorias uno contra uno y de ahí se define al ganador. En Bariloche clasifiqué entre los 16, pero quedé décimo y eliminado. Si salís primero clasificás a la final con todo pago; si salís segundo, tercero o cuarto vas por tus medios.

-En 2023 se iban a desarrollar en Neuquén pero se canceló ¿Qué tanto te afectó esa cancelación teniendo en cuenta que era en tu ciudad? 

-Fue un baldazo de agua fría porque era mi objetivo en el año, desde enero estaba entrenando a full y faltando menos de un mes por cuestiones de la organización y la provincia se canceló el evento. Por esta misma cuestión, en 2024 y 2025 no hubo clasificación en Argentina 

-Llegamos a la actualidad, las clasificatorias de este año donde salis 4° y logras clasificar a la final mundial en China ¿Cómo fue toda la preparación tuya para ese día?

-La verdad nos sentíamos muy confiados con mi hermano, él también participó. Cuando faltaban pocos días para el evento empezaron a llegar gente de afuera Brasil, Chile, de otras partes de Argentina, gente que se dedica exclusivamente al BMX Race o pump track hace muchos años, queríamos ver donde estaba la vara, donde estaba nuestro nivel. La verdad que me sentí muy cómodo, no me sentí para nada presionado. Me lo tomé como un día de entrenamiento más. Por suerte se dio así. Llegue a la semifinales y quedó eliminado por Sebastián Méndez de Chile que es el que salió 1°, tiene varios campeonatos sudamericanos, hace bastante años que corre, pero me dejo muy motivado porque no fue mucha la diferencia, contento de haber visto mi nivel al lado de él. 

Feliz con su premio por clasificar a la final mundial de pump track.

-Teniendo en cuenta que vas a representar al país y a la Provincia de Neuquén recibiste algún tipo de apoyo del Estado o la Provincia? 

-Sí, apenas fue lo de Neuquén empezamos a ver para presentarme en provincia y pedir algún aporte desde la provincia. Por suerte, tuve una respuesta favorable, apenas me presente me prestaron atención y se interesaron, agradecerle a la ministra de deportes, Josefina Codermatz y todo su equipo. Por el lado del sector privado una empresa de tráilers de Neuquén del rubro petrolero me dio una mano enorme. También familiares y conocidos que se sumaron al proyecto e hicieron posible este sueño.

-¿Sentís que se puede vivir del pump track en Argentina?

-Es un deporte muy nuevo en Argentina, imaginate qué hay pistas recién a partir del 2019. En Argentina hay dos, la de Bariloche y la de Neuquén. Es un deporte que  está creciendo, desarrollándose. Yo creo que hay mucho potencial. Me parece importantísimo que haya pistas en Argentina para motivar y que la gente pueda entrenar en una pista al mismo nivel donde después  se realiza una final del mundo.

-¿Cómo van a ser tus días en China antes de la final del viernes 16?

-Llego el lunes 12, una vez que llego me pasa buscar la organización por el aeropuerto, el martes es día de descanso y te llevan a recorrer la ciudad, un poco de turismo. A partir del miércoles te llevan a entrenar a la pista, también jueves y viernes. Los días de entrenamientos voy a tratar de juntar toda la información posible y trazar la línea ideal de rendimiento, para ir bien preparado a la final y hacer lo mejor que pueda.

-¿Por dónde se puede seguir la transmisión del evento?

-Se va a transmitir por la página de la organización  https://velosolutions.com/es/events/ y por el canal de Youtube @Velosolutions. En mis redes voy a estar compartiendo fotos y videos de mi entrenamiento y preparación @santi_garcia17. 

-Para cerrar ¿Qué se siente saber que vas a representar a Argentina del otro lado del mundo?

-Es algo hermoso, es un orgullo poder hacer algo que a uno le gusta, y representar los colores de la bandera de uno, sentir el apoyo de la gente es algo  muy lindo también, todos te hacen el apoyo, te acompañan. Estoy muy agradecido con la gente, desde los que postean, comparten, ponen me gusta, hasta los que te felicitan, se interesan, te hacen una entrevista, la verdad que es hermoso, me siento muy orgulloso de representar estos colores.

Su bici, lista para viajar a China.

ENTREVISTA COMPLETA:

ENTREVISTA CON SANTIAGO GARCIA|| ARIZARG #2

Gabriel Fernández y el camino hacia la Generación Dorada

Por Valentina Quinteros

Antes de ser campeón olímpico en Atenas 2004 y subcampeón mundial en Indianápolis 2002, Gabriel Fernández fue un chico de Burzaco que creció mirando a su padre jugar en el Club Lanús. Rúben Fernández, ex basquetbolista que llegó a vestir la camiseta de la selección argentina, entre los años 1977 y 1984, fue uno de los primeros referentes para su hijo dentro de la disciplina. En su casa, el básquet no era solamente un deporte: era parte de la familia.

“Por las conversaciones que hemos tenido, a él siempre le gustó muchísimo el básquet desde chico y lo apasionaba, al igual que al resto de mi familia”, cuenta Julia Fernández, su hija mayor. Para Gabriel, además, estaba la figura de su padre: “Mi abuelo Rubén también tuvo la oportunidad de estar en la Selección, así que seguramente mi papá lo veía como un ejemplo a seguir. Siempre me contó que lo aconsejaba mucho y que lo acompañaba a todos lados para verlo jugar”.

Gabriel, junto a su padre y hermana.

Gabriel debutó como basquetbolista profesional en 1995 en el Club Ferro Carril Oeste, con apenas 18 años. Luego, fue jugador de Boca Juniors, donde consiguió su primer título de la Liga Nacional en la temporada 1996/97, y en 2000/01 jugó en Estudiantes de Olavarría. Allí se convirtió en protagonista y logró, en un mismo año, la Liga Nacional de Básquet, Liga Sudamericana de Clubes y la Liga Panamericano de Clubes. Más tarde llegó el salto a Europa, con pasos por Saint Thomas Basquet Havre de Francia, Tau Cerámica de España, actualmente llamado Saski Baskonia, y el Pallacanestro Varese de Italia.

Pero su carrera empezó a crecer cuando vistió por primera vez la camiseta celeste y blanca: a los 20 años tuvo su debut con la Selección argentina en el Sudamericano de 1997, en Maracaibo. También ese mismo año disputó el Premundial de Montevideo, en el que Argentina logró la clasificación al Mundial de Grecia 1998. En ese momento, Gabriel Fernández todavía estaba construyendo su nombre dentro de aquella selección que empezaba a transformarse; encontró un lugar que terminaría siendo fundamental. No era el que se llevaba todos los aplausos ni tampoco concentraba el protagonismo ofensivo. Su tarea estaba en otro lado: defender, luchar por cada pelota y hacer el trabajo que el equipo necesitaba.

La Generación Dorada no se construyó sólo con las grandes figuras, sino que se fue formando detrás de los puntos, las asistencias y las jugadas que quedaron en la memoria. También estuvieron aquellos jugadores capaces de sostener el funcionamiento colectivo. Fernández fue uno de ellos; su forma de entender el juego estaba ligada al sacrificio y a aceptar el rol que le tocara.

“Él siempre me habla mucho de los roles dentro de un equipo, del orgullo que significa representar a la Selección, y de que, cuando te toca entrar a la cancha, tenés que darlo todo”, explica Julia, actual jugadora de básquet femenino de Boca Juniors. También agrega: “Mi papá siempre entendió muy bien cuál es su rol; sabía que no importaba si le tocaba jugar un minuto o veinte. Cuando entraba, tenía que hacerlo con la misma intensidad y jugar como si fuera el último partido”.

En 2002, la Selección Argentina llegó al Mundial de Indianápolis con un equipo que empezaba a demostrar que podía competir contra las potencias. El subcampeonato mundial fue una señal. Argentina había dejado de ser una selección que soñaba con estar entre las mejores para convertirse en una que podía enfrentarse a cualquiera. Dos años después llegó Atenas. En los Juegos Olímpicos de 2004, aquella generación alcanzó el punto más alto de su historia. Argentina dejó en el camino a Estados Unidos en semifinales y se quedó con la medalla de oro, tras vencer a Italia en la final. Fernández fue parte de ese grupo que cambió para siempre la historia del básquet argentino.

“Siempre que hablamos de esa época, creo que Indianápolis y Atenas aparecen como dos momentos muy relacionados”, cuenta Julia. Para ella, lo ocurrido en 2002 sirvió para que el equipo entendiera que podía ir por más: “Eso les dio todavía más confianza y hambre para lo que vino después”. La medalla de oro fue la confirmación de una idea que aquel grupo había construido: competir juntos, confiar en el compañero y entender que cada integrante tenía una función.

Después de Atenas, Gabriel continuó en la Selección hasta su despedida en el Mundial 2006 de Japón. En total disputó 86 partidos oficiales con la camiseta argentina. Doce años después, en agosto de 2018, decidió retirarse del básquet profesional jugando para San Martín de Burzaco, el club de sus amores. El fin de su carrera no significó alejarse del deporte: actualmente continúa vinculado al básquet como entrenador del equipo femenino de Boca, donde transmite a las nuevas generaciones parte de aquello que aprendió durante sus años como jugador.

Aquel chico que creció viendo jugar a su padre, terminó recorriendo su propio camino dentro del básquet. Del club de Burzaco a la Selección Argentina, de los primeros años como profesional a la medalla de oro en Atenas, Gabriel Fernández construyó una carrera marcada por el esfuerzo y, sobre todo, por entender que no todos los jugadores tienen que ocupar el mismo lugar para ser importantes. Gabriel es el ejemplo de que la gloria no le pertenece solo a los genios, sino que también a los que están dispuestos a dejar todo por su equipo como lo hizo él.

Inyecciones para el sobrepeso

Por Pedro Freire

Una forma de adelgazar que no convence a todos

Paula Fallotico comenzó un tratamiento hace más de un año y asegura estar conforme con los resultados. Su hija Chloe, en cambio, nunca estuvo de acuerdo con la decisión y todavía cuestiona que continúe con el tratamiento.

Para su hija, no había una razón que justificara que su mamá comenzara a inyectarse para bajar de peso. No existía un problema de salud que hiciera necesario recurrir a ese tratamiento. Simplemente, no estaba conforme con su cuerpo. Por eso, desde el principio, intentó convencerla de buscar otra alternativa.

“Siempre se lo cuestiono porque para mí no es la solución”, mencionó. Su postura se mantuvo incluso después de que Paula comenzara el tratamiento y los resultados empezaran a hacerse visibles. Para ella, antes de recurrir a las inyecciones había otras posibilidades, una mejor alimentación y una rutina de ejercicio.

La decisión de su mamá, sin embargo, tuvo otro punto de partida. A los 50 años y atravesando la menopausia, cuenta que tenía dificultades para bajar de peso y que además atravesaba un período de mucha ansiedad. En ese contexto decidió consultar a la médica de cabecera de la familia para saber si podía comenzar con el tratamiento.

No comenzó directamente. Primero se realizó los estudios que le indicó la médica y, una vez que tenía los resultados, recibió la autorización para empezar. Desde entonces pasó más de un año y, según cuenta Chloe, nunca dejó de hacerlo.

Durante ese tiempo, Paula utilizó siempre la dosis mínima, de 0,25 ml, y nunca necesitó aumentarla. También asegura que no tuvo efectos adversos, ni cuando comenzó ni durante el tiempo que lleva con el tratamiento. Al hablar de cómo se siente actualmente, su respuesta fue breve: “Hoy me siento muy bien”.

Chloe observa la situación desde otro lugar. No señala haber visto un efecto inesperado después de que comenzara a inyectarse, pero sí reconoce que el cambio físico fue muy evidente. “Me sigue dando un poco de impresión verla tan cambiada físicamente”, explica.

La diferencia no está solamente en la cantidad de peso que perdió, sino en cómo la ve actualmente. Según cuenta, Paula quedó “mucho más chiquita y como caída”. También considera que el resultado no estuvo acompañado por otros cambios que, para ella, eran importantes. Su mamá no incorporó una rutina constante de ejercicio ni modificó de manera significativa su alimentación.

Según Chloe, actualmente come menos cantidad, pero mantiene hábitos similares a los que tenía antes de comenzar. “No come más saludable, ni menos dulce. Sigue con sus mismos hábitos nada más que come en menor cantidad”, cuenta.

Ahí aparece una de las principales diferencias entre las dos miradas. Para Paula, el proceso tuvo dos objetivos. Cuando se le preguntó si buscaba solamente bajar de peso o también modificar sus hábitos de alimentación, respondió: “Los dos motivos”. Para su hija, en cambio, la pérdida de peso fue siempre lo principal.

La discusión sobre qué significa realmente el tratamiento también forma parte de la convivencia familiar. Chloe nunca estuvo de acuerdo con la decisión y reconoce que intentó varias veces convencerla de que no continuara. No fue solamente una preocupación del comienzo ya que todavía mantiene la misma postura.

“Siempre intenté y sigo intentando convencerla de que no se inyecte más”. Sin embargo, mencionó que no consiguió hacerla cambiar de opinión. La describe como una persona “muy terca” y considera que no suele aceptar los consejos de los demás.

Tampoco cree que la opinión de la familia haya tenido demasiado peso al momento de decidir. Para Chloe, Paula priorizó lo que pensaba sobre sí misma. De hecho, sostiene que hasta que su médica no le indique que debe frenar, va a seguir con el tratamiento.

La situación tampoco quedó limitada al ámbito familiar. Paula no tiene inconvenientes en contar que se inyecta y, según explica Chloe, muchas veces ni siquiera hace falta que ella saque el tema. El cambio físico es tan visible que otras personas terminan preguntándole. Cuando sucede, cuenta cómo comenzó el tratamiento y explica que siempre mantuvo la misma dosis.

Chloe no buscó informarse demasiado sobre este tipo de tratamientos. Su posición opuesta hizo que prefiriera no saber nada de información para no sobre pensar. “Si ella no entra en razón o si en un futuro le pasa algo, se va a tener que hacer cargo de las consecuencias de sus propias decisiones”.

A pesar de las diferencias, hay algo que ambas coinciden en reconocer: el tratamiento produjo un cambio visible. Pero la discusión aparece en otro lugar. Mientras Paula está conforme con el resultado y asegura sentirse bien, su hija considera que el cambio físico debería haber estado acompañado por otras modificaciones y continúa cuestionando que siga adelante.

Más de un año después de haber comenzado, la situación permanece abierta. Paula continúa con el tratamiento y sostiene que el resultado fue positivo para ella. Chloe, en cambio, mantiene la misma postura que tuvo desde el comienzo: cree que había otras alternativas y sigue intentando que lo abandone.

Dos personas de una misma familia observan el mismo proceso desde lugares completamente distintos. Para una, las inyecciones forman parte de una decisión personal con la que está conforme. Para la otra, representan una elección que nunca consideró necesaria y que todavía le genera preocupación. Entre ambas miradas queda expuesto cómo una decisión vinculada al propio cuerpo también puede transformar la manera en que una familia atraviesa el día a día.

La historia de Agustín Almada y su adicción: “En el restorán con mi novia miraba fútbol con el celular en un servilletero”

Por Paulina Ciezar, Segundo Nemoz, Benjamín Caloia y Farid Esper

Nacido en Uruguay, sufrió graves problemas con las apuestas y el juego por 12 años. Pero en el presente se desarrolla como mentor y creador de contenido en redes sociales para combatir los distintos vicios. 

Agustín Almada tuvo una vida con momentos de superación que puede inspirar a cualquiera que padezca los mismos conflictos que él atravesó. Su ludopatía inició en la adolescencia y se extendió a más de una década de duración, con experiencias particulares y muchos aprendizajes. En los últimos años todo cambió su rumbo y él empezó a dedicarse a ayudar a quien lo necesite, bajo la concepción de que no es chiste ninguna de las adicciones. Su rehabilitación ya es un éxito y es una persona que vivió estas situaciones en carne y hueso. A continuación, aparece presentada la entrevista que -con una gran disposición- nos brindó sobre cómo vivió a lo largo de estos años, estando sometido a esta adicción que cada vez más habitual se convierte.

– ¿Qué fue lo que sentís que te adentró al mundo de las apuestas?

– En los inicios fue todo por curiosidad. Yo era una persona a la cual le encantaban los deportes y que se pasaba mirando todo el fin de semana mucho fútbol y básquetbol. Eso hizo que, una vez que conocí una casa de apuesta local, me dieran ganas de apostar. En mi primera vez tenía 17 años. Me acuerdo que fueron 10 pesos uruguayos que me dieron mis padres, para comprarme la merienda del colegio, que en su momento costaba eso. Fue una apuesta sin ningún sentido, pero en realidad solo buscaba divertirme.

– ¿Eran apuestas online o en casino? ¿Qué tipo de apuestas realizabas?

– En realidad tuve de las dos facetas. En el casino tuve episodios bastante fuertes. Por ejemplo, ir un día a las tres de la tarde y salir a las diez de la noche, habiendo perdido completamente la noción del tiempo. También otros episodios en donde perdía todo, volvía a mi casa con un taxista al cual le pedía que espere abajo, y agarraba más plata para volver a ir. Eso último me pasó dos veces en un mismo día. Otra vez he ido con amigos y cuando una máquina me tiró el mismo número tres veces le pegué a la pantalla de la ruleta, la cual explotó, y por eso me llevaron a la comisaría, en un papelón. Eso fue a los 24, y ahí no pisé nunca más un casino. Pero lo que más aposté fueron apuestas deportivas por mi pasión al deporte. El tipo de apuestas eran combinadas, y después me puse a apostar quién iba a salir campeón del mundo o en partidos de la Copa Libertadores. La verdad me iba muy bien en eso, e incluso fue donde hice mi mayor despegue. Me acuerdo que le aposté a España campeón del mundo en 2010 y a Uruguay en la Copa América 2011. Los montos iban aumentando a medida que yo empecé a crecer. Pero el cambio más grande fue cuando pasé de una casa de apuestas local a una internacional y aposté todos mis ahorros a Alemania en el Mundial 2014, donde gané 14 mil dólares. A partir de eso empecé a hacer análisis de los equipos y sus partidos, y arranqué también a apostar a los córners, llegando a conseguir más de 60.000 dólares.

– ¿Hubo algún momento en el que una ganancia importante te hizo apostar todavía más veces? ¿Recordás la primera vez que sentiste que estabas perdiendo el control? ¿Las apuestas eran algo que ocultabas?

– Sí, siempre las ganancias fueron aumentando. Al principio eran 10 pesos, después con el Mundial de España fueron 1.500. Con Uruguay aposté 2.000 y con Alemania directamente pasé a 2.000 dólares. Incluso llegué a poner en juego 5.000 dólares y ahí es cuando ya estaba yo totalmente consumido por la enfermedad. Cuando llegó el momento que llegué a 66.000 dólares, ahí en ese entonces la plata que ganaba, la retiraba y la utilizaba para irme de viaje, salir a comer bastante seguido afuera o ir a comprarme ropa, pero sin dejar de apostar, por lo que literalmente vivía de eso. Empecé a verlo como un negocio que unía mi hobby (mi pasión por el deporte) y hacer plata, que me gustaba mucho, sintiendo entonces que la estaba haciendo re bien. Y así fue como fui llegando a ese monto, viéndolo así, porque incluso cuando perdía, simplemente esperaba la siguiente oportunidad. Pero un día, en el año 2016 o 2017, aposté cinco mil dólares a los tiros de esquina de un duelo de Newell´s contra Vélez Sárfield. Eso yo lo hacía de forma habitual, pero justo este partido fue en un contexto de mucha expectativa porque estaba cerca de llegar a los cien mil dólares. Esa jugada la perdí, y pensé “no puedo permitirme perderlo”, y entonces seguí arriesgando la plata no sólo hasta intentar recuperar lo perdido, sino que para conseguir la ganancia que anteriormente tenía la expectativa de conseguir. Ese cambio me trastocó porque en menos de tres días yo había perdido dieciocho mil dólares, y derivó en que mi cabeza vaya a mil, imposibilitándome dormir por tres noches seguidas que estuve literalmente despierto. Me giraban todos los pensamientos, y era algo que lo llevaba solo yo, porque decidía no hablarlo con nadie. Es una adicción muy silenciosa que no la compartís con ninguna persona. Por lo general, la gente cuenta únicamente las combinadas ganadas, pero no menciona todas las perdidas. Yo al principio no decía nada porque no veía a nadie que estaba en la misma que yo.

– ¿Llegaste a modificar tus rutinas, horarios o relaciones para poder apostar?

– Sí, obviamente. Recuerdo que cuando salíamos a cenar con mi novia de aquel entonces yo miraba los partidos en el servilletero del restaurante. Encima un encuentro que, perdón la palabra, me chupaba un huevo la verdad. Un partido de la liga mexicana, pero que lo estaba mirando porque le había apostado mil quinientos dólares. Claro, a mi novia que no entendía nada de fútbol, le decía que era un partido re importante. Y así me pasaba, era una locura. Hasta dejaba de hacer planes. Yo entrenaba en un gimnasio con un amigo por lo general a las tres y media de la tarde, y me acuerdo que, si había un partido importante, yo me quedaba en mi casa, encajándole una excusa a mi compañero para no ir con él. Lo mismo en los fines de semana: cuando mi familia se juntaba a almorzar o a cenar, si había una apuesta significativa que ver, no asistía al encuentro o sí iba, pero me quedaba pendiente al teléfono o incluso mirándolo. Todas situaciones en las que vos te preguntás, “¿cómo llegás hasta ahí?”

– ¿Qué estrategias utilizabas para conseguir dinero cuando ya no tenías disponible?

– Mirá, yo al principio, como te dije, me fue bastante bien, entonces las pérdidas se iban consumiendo únicamente de las ganancias que había conseguido. Después, más sobre 2019 o 2020, empecé a tener negocios, y ahí fue cuando paré de apostar un poco por estar cien por ciento enfocado en éstos. Pero como me empezó a ir bien, mi cabeza empezó a extrañar esa dopamina y esa adrenalina de ser parte del juego, y entonces nuevamente arranqué a apostar, pero esta vez jugándome el dinero de los negocios. Esto me provocó muchos problemas con la sociedad, teniendo que dejar de lado mi parte de ella. Más adelante, en 2022, me pasó que recibí una herencia de un departamento junto a mi hermano y a mi prima. Y entonces ese tercio del total que me había ingresado me lo terminé jugando todo. Además, también tuve deudas con amigos. Porque quieras o no lo que te pasa es que a medida que te vas enroscando, es como que, si tuvieras que ir tapando cada vez más agujeros constantemente, y en ese punto le pedís prestada plata a la persona que sea.

– ¿Cuál fue la primera consecuencia que te hizo darte cuenta de que el problema era serio y necesitabas ayuda? ¿Qué tipo de ayuda te resultó útil para dejar de hacerlo?

– La primera fue que realmente yo no me podía controlar. Me decía y me prometía a mí mismo que iba a dejar, que iba a parar, que ésta apuesta sería la última… pero siempre volvía. Tenía una dependencia muy salada. Incluso me acuerdo que en una gran parte mi vida giraba en torno a los calendarios deportivos, y hacía cosas durante el día solo para que pasara el tiempo más rápido. Estaba completamente consumido. Cuando me separé, en su momento, de la primera sociedad del negocio que tenía, sentí que toqué fondo, por el hecho de que no entendía cómo había pasado lo que me acababa de pasarme. Ahí fue cuando ingresé en el mundo del espiritualismo y del autoconocimiento, empezando a su vez a acudir de un montón de terapias de auto sanación y retiros espirituales. Eso me ayudó un montón, para dejar no sólo esa adicción, sino también otros vicios que yo ya tenía, y para conocerme un poquito más a mí. En 2022 entré a una terapia de PNL que me hizo muy bien, y justo a mediados de ese año me entero que oficialmente iba a ser padre, hecho el cual significó un clic para mí, porque dije “yo no puedo seguir así, no puedo mostrarle esta versión a mi hijo. Tengo que sanar y dejar todo esto atrás porque es una mierda”. Le pedí la tarjeta de crédito a mi madre para invertir 1750 dólares en dos mentorías con dos españoles para trabajar sobre mi mentalidad y mis creencias, ya que me había dado cuenta que, si quería resultados diferentes, tenía que tomar medidas distintas y caminos nuevos. Entonces ahí me enfoqué más en mis partes de heridas traumas y vacíos emocionales. Me ayudó un montón. En paralelo, me aislé cien por ciento de mi entorno y quedé solo con mi pareja. A su vez, logré cambiar mis hábitos: me empecé a levantar a las seis de la mañana, a leer (yo, que nunca había tocado un libro ni de casualidad), a meditar, a entrenar con una gran disciplina. Todas esas cosas fueron lo que a mí me transformaron por completo y que dejaron atrás esa etapa de mi vida.

La primera vez que reconocí que tenía dicha adicción, fue con esta terapeuta de PNL en 2022. Le dije, con una voz muy temblorosa y muerto de miedo: “mirá, tengo un problema serio con la ludopatía que me da hasta vergüenza y no sé cómo hablarlo por tantas cosas que tengo en la cabeza. Yo había acumulado mentiras, y un montón de cosas durante muchos años que me hicieron sentir culpa y arrepentimiento, y en situaciones así no podés ni abrirte con tus más cercanos. Así que cuando dije eso se sintió como sacarme una mochila de mil kilos, y fue el momento en el que empecé a trabajar fuerte. Yo creo que dejar todo atrás fue por fuerza de voluntad y también por el hecho de tener una razón o un por qué para mejorar. Fue importante sumar los hábitos que no tenía: hoy la gente quiere, pero no está dispuesta a cambiar su forma de pensar, a trabajar, a incomodarse. Esto es lo más difícil de todo, porque la gente quiere lo fácil, cómodo, rápido, pero para mejorar opino que se necesita todo lo contrario.

– ¿Cómo empezaste a ayudar a otras personas que sufren ludopatía después de haber atravesado vos mismo esa experiencia?

– En realidad no era mi intención en sí acompañar procesos. Lo que yo sí sentía era que quería contar mi historia de vida. Escuchaba una voz interna que me lo decía y que me motivó a compartir todo lo que me había ocurrid. Y al principio realmente me daba mucha vergüenza, no me imaginaba hablando frente a una cámara y tenía mucho miedo al qué dirán. Pero esa voz era muchísimo más fuerte, y yo al estar tan conectado con el mundo espiritual y con la intuición, pensé que si estaba recibiendo estas señales tenía que hacerlo. En los inicios de 2026 entonces di a conocer mi historia a través de videos en redes. Desde el primer video ya había empezado a recibir un montón de mensajes, porque es infinita la cantidad de gente que está con este problema. Y como te dije anteriormente, al ser una adicción silenciosa, abrazás a la primera persona que sentís que te puede mirar y escuchar sin juzgar. Entonces así la gente comenzó a pedirme que los ayude y a preguntarme que cómo podía colaborarles. Yo aprendí algo en mis mentorías, desde que arranqué en el 2022 y todos los años siguientes, ya que a día de hoy sigo todos los años invirtiendo en mí (siento que esa es la única forma de crecer). Una de mis mentores me recomendó que todo lo que hiciera yo lo cobrara, no solo por tu tiempo, sino para que el receptor lo valore. Lo que das gratis la gente no te lo valora. Incluso los consejeros más caros de todos (los high ticket), te dicen que las sesiones no se graban, para que la atención y energía del paciente estén puestas en las dos o tres horas en las que el mentor está hablando. Si podés tener la grabación, quizás estas distraído con el celular sin estar enfocado en lo importante. En cambio, si vos tenés solamente una oportunidad para escuchar y retener no te queda otra que focalizar ahí, y eso trato de trasladarle a la gente que me escribe.

– Por haber pasado 13 años apostando, ¿hay situaciones o comportamientos que reconocés rápidamente en las personas que ayudás?

– Algo que me destacan mucho es la claridad con la que manejo las cosas y el cómo logro entender a las personas, porque yo creo que está el psicólogo, el psiquiatra, que pueden acompañar estos procesos porque estudiaron, pero en realidad ellos sólo tienen la teoría, el librito. No hay nada como la experiencia y haberlo vivido en carne propia para entender cada proceso, cada etapa de la adicción. Entonces yo ya sé, cuando alguien me escribe, si me escribe porque realmente quiere cambiar o porque siente culpa, vergüenza y arrepentimiento. Yo ya sé las excusas que va a poner posteriormente. Sé cómo es su forma de pensar, sé cómo piensan antes de una recaída, y absolutamente todo. Entonces se me hace muy fácil entender los patrones de comportamiento porque, en realidad, aunque los casos no sean exactamente siempre los mismos, los patrones son claramente muy repetitivos.

En una época llena de publicidad relacionada al juego y con casinos y casas de apuestas a mano para cualquiera que desee participar, cada uno debe cuidarse, no sólo actuando con precaución, sino que también conociendo ejemplos como estos. Agustín Almada y su actual rol como acompañante en procesos de recuperación pueden ser de gran ayuda para personas que estén conociendo este mundo, o que ya estén ingresados con naturalidad. 

¿Qué priorizan las nuevas generaciones a la hora de buscar empleo?

Por Julieta Nicodemo, Lucas Svaluto y Solange Pizarro

El salario sigue siendo un factor central, pero el crecimiento, la flexibilidad, el tiempo libre y la posibilidad de independizarse también pesan al momento de elegir un trabajo. Especialistas en recursos humanos y una jóven que estudia y trabaja, cuentan cómo cambiaron las expectativas de quienes ingresan al mundo laboral. 

Actualmente, se suele escuchar que “los jóvenes no quieren trabajar”. Esta idea abrió una discusión entre generaciones: mientras algunos consideran que los jóvenes tienen menos compromiso, otros creen que buscan establecer un equilibrio entre la vida laboral y personal. El home office, los horarios flexibles y la posibilidad de desarrollar proyectos propios transformaron las formas en las que las nuevas generaciones buscan empleo y piensan su futuro laboral.   

Paola González tiene 61 años y trabaja en una empresa Internacional. Hace 25 años se desempeña en el área de Recursos Humanos (RR.HH) y en 2020 se convirtió en gerenta de RR.HH. Su experiencia le permitió observador todos los cambios del mercado laboral a lo largo de los años y las nuevas demandas de generaciones que ingresan hoy en día al mundo del trabajo. 

–Desde tu experiencia en Recursos Humanos, ¿qué diferencias notas entre los jóvenes que hoy ingresan al mercado laboral y las generaciones que lo hicieron hace diez o veinte años atrás?

–Los chicos de hoy ingresan al mercado laboral con una mayor valoración del equilibrio entre vida personal y trabajo. También suelen tener más acceso a información sobre salarios, beneficios y cultura organizacional, lo que los vuelve más selectivos en sus decisiones.

–¿Qué es lo que más suelen priorizar los jóvenes cuando reciben una propuesta de trabajo? ¿Qué aspectos preguntan o quieren conocer antes de aceptar un puesto?

–Principalmente salario competitivo, flexibilidad, posibilidades de desarrollo profesional, clima laboral y modalidad de trabajo. Antes de aceptar una propuesta suelen preguntar por home office, capacitación, crecimiento y beneficios.

–¿Qué expectativas tienen los jóvenes cuando ingresan por primera vez a una empresa y cuáles de ellas suelen ser difíciles de cumplir?

–Esperan recibir acompañamiento, feedback frecuente, oportunidades de crecimiento y un ambiente colaborativo. Lo más difícil de cumplir suele ser la expectativa de crecimiento rápido o ascensos en plazos muy cortos.

–Actualmente se usa mucho el home office. ¿Qué peso tiene esto para un joven a la hora de aceptar o rechazar una propuesta laboral?

–Creo que tiene bastante peso y es un aspecto que los candidatos suelen querer conocer. La modalidad de trabajo forma parte de las condiciones que evalúan al considerar una propuesta y, en general, el home office es percibido como un beneficio. De todas formas, por lo que observo, no suele aparecer como el único factor para decidir, sino junto con otras cuestiones como las tareas, el horario, el crecimiento y la propuesta en general.

–¿Y crees que tiene más pro que contras o por qué afirmas que influye mucho?

–Porque los jóvenes valoran mucho el tener tiempo libre, y el home office al no tener que gastar tiempo en viaje hace que puedan realizar varias actividades extra laborales, como ir al gimnasio, realizar alguna actividad artística o estudiar.

–¿Hasta qué punto estas nuevas formas de trabajar pueden convivir con las necesidades de una empresa? ¿Dónde aparece el límite entre ofrecer flexibilidad y mantener la productividad?

–La clave está en el equilibrio. La flexibilidad funciona cuando existen objetivos claros, herramientas adecuadas y responsabilidad individual. El límite aparece cuando afecta la coordinación, la atención al cliente o los resultados del negocio. 

–A veces se dice que los jóvenes “no quieren trabajar” o que tienen menos compromiso con las empresas. Desde tu lugar, ¿qué hay de cierto en ese pensamiento?  

–No es algo que vea reflejado en las entrevistas. Por el contrario, muchos jóvenes manifiestan ganas de aprender, adquirir experiencia y desarrollarse profesionalmente. Lo que sí noto es que hoy prestan más atención a las condiciones en las que van a trabajar y se permiten preguntar por horarios, modalidad, entre otras cosas. Creo que eso puede interpretarse como una menor disposición a aceptar cualquier condición, pero no necesariamente como falta de ganas de trabajar o de compromiso.

– Y yendo para lo salarial. ¿Notas que las expectativas están relacionadas con el costo de vida y con la posibilidad de independizarse? ¿O cómo se plantea esta cuestión durante las entrevistas laborales?

–Si, claramente. Muchos chicos analizan cuánta plata necesita más o menos para independizarse, para poder alquilar o para cubrir gastos personales. Es un tema que se da frecuentemente durante los procesos de selección. 

–¿Crees que los salarios actuales permiten que un joven que recién comienza su carrera laboral pueda proyectar cuestiones como mudarse solo, alquilar o sostener sus propios gastos? ¿Cómo influye esa realidad en sus decisiones laborales?

–No podría generalizar porque no solemos indagar sobre la economía personal de los candidatos ni sobre si pueden independizarse con determinado salario. Sí creo que la remuneración es una variable importante en sus decisiones laborales, pero cuánto condiciona sus proyectos personales depende de la situación particular de cada persona.

–¿Qué lugar ocupan hoy los emprendimientos y los proyectos personales?

–Cada vez tienen más relevancia porque los jóvenes apuestan a los emprendimientos por dos razones: una porque es una salida laboral más rápida, y la otra porque cada vez desean menos tener jefes. 

–¿Notas que hay jóvenes que prefieren trabajar por su cuenta antes que construir una carrera dentro de una empresa?

–Hay muchos que ven el emprendimiento como una alternativa complementaria y quizás tienen mayor rapidez en los ingresos. Ya no consideran que estar mucho tiempo en una empresa sea beneficioso para su desarrollo profesional. 

–¿Qué pensás que buscan cuando piensan en su futuro laboral? ¿Estabilidad, crecimiento económico, tiempo libre, independencia, experiencia, posibilidades de viajar?

–Generalmente buscan el conjunto de todo eso que se menciona en la pregunta, tener crecimiento económico, desarrollo profesional, conseguir una estabilidad razonable y poder independizarse. Y además, que todo eso sea lo más rápido posible, en estos tiempos donde la inmediatez es lo más relevante. 

–¿Cuál creés que es el principal error que cometen las empresas cuando intentan atraer a empleados de esta generación?  

–Yo veo que el error está en que crean que solo el salario es suficiente y no comunicarles de manera clara las oportunidades de desarrollo, cultura y propuesta de valor que pueden llegar a tener a la larga. 

–Y ahora al revés, ¿qué errores suelen cometer quienes se postulan cuando buscan su primer empleo o cuando se presentan a una entrevista?

–Algo que sucede mucho es que se presentan sin investigar la empresa a la que se están postulando, no preparan ejemplos concretos de sus experiencias o van con expectativas poco alineadas con su nivel de experiencia.

–Si tuviera que darle un consejo a una persona de 20 o 23 años que está buscando trabajo y quiere construir un futuro, ¿qué le recomendaría priorizar?

–Les aconsejaría, desde mi lugar, que prioricen el aprendizaje, que desarrollen habilidades blandas, como la buena comunicación y la empatía, y que mantengan una actitud flexible y elijan oportunidades que les permita crecer profesionalmente más allá del salario inicial.

Para sumar una mirada diferente sobre este tema, Sofía Velasco aporta una perspectiva desde otro punto de vista. Tiene 29 años y trabaja en la misma compañía que Paola González. Ingresó a Intertek en 2019 como analista de RR. HH. y participa en los procesos de selección.  Por su edad y su experiencia más reciente en el área, permite ver las nuevas demandas desde un lugar distinto. 

–¿Qué es lo que priorizan los jóvenes cuando reciben una propuesta de trabajo? ¿Qué aspectos preguntan o quieren conocer antes de aceptar un puesto?

–Depende mucho de cada candidato, pero se repiten bastante las posibilidades de aprendizaje y crecimiento, la modalidad y los horarios. En estudiantes también es muy importante que puedan compatibilizar el trabajo con la facultad. Además, suelen interesarse por el equipo y el ambiente de trabajo.

–¿Crees que cambió la idea de lo que significa tener un “buen trabajo” para las nuevas generaciones? ¿Qué características tiene ese concepto hoy en día?

–Por lo que observo, hoy un buen trabajo no parece definirse solamente por el salario. En las entrevistas aparecen mucho el crecimiento, el aprendizaje, un buen clima laboral, el respeto y la posibilidad de tener un líder cercano que acompañe y dé feedback.

–¿Qué observas respecto de los horarios? ¿Buscan jornadas más cortas, horarios flexibles o la posibilidad de organizar su tiempo de otra manera? ¿Cómo reciben las empresas esas demandas?

–En los perfiles que entrevistamos, especialmente cuando todavía están estudiando, el horario tiene bastante importancia. Buscan poder compatibilizar el trabajo con la facultad y por eso suelen consultar sobre la jornada y la flexibilidad. No veo necesariamente que busquen trabajar menos, sino poder organizar ambas responsabilidades sin que una les impida continuar con la otra.

–Más allá de la flexibilidad y los beneficios, ¿qué lugar ocupa hoy el salario en las decisiones de los chicos a la hora de elegir un trabajo?

–El salario sigue siendo una parte importante al momento de evaluar una propuesta. En los procesos de selección solemos consultar la remuneración pretendida y ahí podemos ver si existe una diferencia importante entre las expectativas del candidato y lo que la empresa puede ofrecer. De todas formas, no parece ser el único factor: también se evalúan las tareas, la modalidad, los beneficios y las posibilidades de aprendizaje y crecimiento.

–¿Qué ocurre cuando un joven tiene una expectativa salarial que la empresa no puede ofrecer? ¿Es habitual que rechace una propuesta aunque el puesto tenga otros beneficios?

–Cuando la diferencia de plata es importante, puede hacer que una persona decida no continuar con el proceso, independientemente de que la propuesta tenga otros beneficios. También hay candidatos que evalúan el paquete completo y pueden darle mayor valor a otros aspectos, como la experiencia que van a adquirir, la modalidad o las posibilidades de desarrollo. Depende bastante de las prioridades y del momento profesional y personal de cada persona.

–¿Qué importancia tiene para ellos la posibilidad de crecer dentro de una empresa? ¿Buscan construir una carrera a largo plazo o tienen una mirada más de corto plazo sobre los trabajos?

–Por lo que suelo ver, tiene mucha importancia. En las entrevistas aparece frecuentemente el interés por aprender, adquirir experiencia y tener posibilidades de desarrollo. Incluso en perfiles que buscan una primera experiencia o una pasantía, muchos quieren saber si existen oportunidades de continuidad o crecimiento dentro de la empresa. No sé si necesariamente proyectan toda su carrera en una misma compañía, pero sí buscan que cada experiencia les aporte herramientas para seguir desarrollándose.

–¿Es habitual que cambien de trabajo rápidamente si encuentran una propuesta que consideran mejor? ¿Cómo ven las empresas esa rotación?

–Es algo que vemos bastante seguido en los CV. Creo que hoy cambiar de trabajo forma parte del desarrollo profesional y no necesariamente se interpreta de manera negativa. De todas formas, cuando hay muchas experiencias de muy corta duración, sí solemos indagar durante la entrevista cuáles fueron los motivos de esos cambios para entender mejor el recorrido del candidato.

–¿Qué factores hacen que un joven decida quedarse en una empresa durante varios años? ¿El salario alcanza para retenerlo o hay otros elementos que resultan igual o más importantes?

–Creo que el salario es importante, pero no alcanza por sí solo. Por lo que escucho en las entrevistas, también tienen mucho peso el ambiente laboral, el vínculo con el equipo y con el líder, las posibilidades de crecimiento, el aprendizaje y sentirse valorados. Son aspectos que los candidatos mencionan mucho cuando les preguntamos qué esperan de una empresa y del lugar en el que les gustaría trabajar. 

–¿Cómo cree que van a ser las relaciones entre empleados y empresas dentro de diez años si estas tendencias continúan?

–Es difícil proyectarlo, pero creo que la relación va a ser cada vez más recíproca. Así como las empresas evalúan qué puede aportar una persona, los candidatos también evalúan qué puede ofrecerles la organización en términos de desarrollo, condiciones de trabajo, y crecimiento. Probablemente las empresas tengan que prestar cada vez más atención a estos puntos para atraer y retener talento. 

–En las entrevistas que realizas, ¿hay alguna pregunta o pedido que hace unos años hubiera sido impensado y que hoy sea completamente normal entre los jóvenes?

–No podría compararlo directamente con hace muchos años porque mi experiencia haciendo entrevistas es más reciente. Hoy sí es totalmente natural que los candidatos pregunten por la modalidad de trabajo, los días de home office, la flexibilidad, los beneficios o las posibilidades de crecimiento y continuidad. Son temas que forman parte de una entrevista y que también les permiten evaluar si la propuesta se ajusta o no a lo que buscan.

–¿Qué habilidades pensás que van a ser cada vez más importantes para los jóvenes que ingresen al mercado laboral en los próximos años?

–Creo que la capacidad de adaptación, la comunicación, el trabajo en equipo y la predisposición para aprender van a seguir siendo fundamentales. También saber pedir ayuda, recibir feedback y poder desenvolverse frente a situaciones nuevas. En las entrevistas buscamos bastante estas competencias porque los conocimientos técnicos pueden adquirirse, especialmente en una primera experiencia, pero la actitud frente al aprendizaje también es muy importante.

–Si tuviera que darle un consejo a una persona de 20 ó 23 años que está buscando trabajo y quiere construir un futuro, ¿qué le recomendarías priorizar?

–Le recomendaría que al principio priorice las oportunidades que realmente le permitan aprender y sumar experiencia, y que no tenga miedo de empezar desde las tareas más básicas. También que investigue antes de una entrevista, pregunte, muestre interés y sea sincero respecto de lo que sabe y lo que todavía necesita aprender. La primera experiencia no tiene que definir toda su carrera, pero sí puede darle muchas herramientas para empezar a descubrir hacia dónde quiere desarrollarse.

A los 22 años, pensar en el futuro también implica ver qué lugar va a ocupar el trabajo en la vida que cada persona quiere construir. El salario, la posibilidad de independizarse, el tiempo libre y estabilidad aparecen como  factores principales a la hora de elegir un trabajo. Desde su experiencia como joven que estudia y trabaja como profesora de danzas, Iara Nicodemo cuenta que es lo que busca actualmente en una propuesta laboral, cuanto pesa el aspecto económico en sus decisiones y cómo imagina su futuro. 

–¿Qué priorizas a la hora de de recibir una oferta laboral?

Hoy en día es difícil poder tomarte tiempos libres porque en eso también necesitas dinero, por ejemplo ir a merendar. Pero está bueno poder equilibrar ambas.

–¿Vivís sola? 

No.

–¿Cuánto crees que necesitás ganar aproximadamente para poder vivir sola?

Aprox 1.900.000/2.000.000 para estar en un lugar lindo, cómodo y seguro.

–¿Sentís que con los salarios de los trabajos a los que podés acceder hoy podrías independizarte?

Podría, pero tendría que trabajar mucho más y eso quizás hace que no tenga tanta libertad para darme algunos gustos o tener momentos de ocio.

–¿Qué gastos tendrías que afrontar si te mudaras sola?

Principalmente el alquiler, las provisiones necesarias para vivir, expensas si tiene e impuesto, transportes y gastos de clases que tome.

–¿Preferirías ganar más y trabajar más horas o ganar menos y tener mayor flexibilidad?

Prefiero ganar más.

–¿Qué significa para vos tener estabilidad laboral?

Hoy en día es importante para poder mantenerse en condiciones que para uno sea accesible y dónde pueda vivir en términos de una estabilidad coherente, dónde no implique tener que hacer de más para poder estar tranquilo económicamente.

–¿Qué cosas no estarías dispuesta a resignar por un trabajo?

La sociabilidad por estar sumergido en un trabajo donde el horario es impredecible y tenes que estar siempre disponible en cuanto a horarios y otras cuestiones.

–¿Qué lugar ocupa el trabajo dentro del futuro que imaginás para vos?

Todo, es lo principal. 

–¿Sentís que el mercado laboral actual te permite proyectar la vida que querés tener?

No, la verdad es que conseguir un trabajo estable y que también te guste es difícil dentro de un mundo capitalista y dónde el sistema laboral es escaso. Dónde no hay ofertas laborales que se reediten y por el contrario está cada vez más presente los despidos, cierre de negocios o empresas y los no aumentos de sueldo.

Hoy en día los más chicos se enfrentan a un mercado en el que el salario convive con otras demandas, como la posibilidad de crecer, aprender y organizar los tiempos mayor. Quienes aportaron su punto de vista en estas entrevistas, muestran que las decisiones laborales están atravesadas tanto por las condiciones de cada empleo como por el proyecto de vida que cada persona busca construir.

Hiperconexión y soledad: el costo invisible del trabajo frente a las pantallas

Exhausted man sits at desk with hand on head, working on laptop, low battery icon above, flat style, blue background, concept of burnout. Vector illustration

Por Nacho Mazzo, Tomás Santilli y Nicolás Giulietti

La psicóloga social, creadora de contenido y community manager Fiorella Juliana Ramos reflexiona sobre la tiranía de las métricas, la inmediatez y la búsqueda de límites sanos en el entorno digital. 

En un ecosistema donde la economía de la atención exige presencia constante y la inmediatez dicta las reglas de convivencia, la gestión de contenidos digitales plantea complejos dilemas éticos y emocionales. Vivir conectados se ha vuelto la norma, pero ¿qué ocurre cuando el trabajo diario consiste precisamente en capturar el tiempo ajeno mientras se intenta resguardar el propio? A través de la mirada analítica de la Psicología Social, esta entrevista explora las tensiones internas de la profesión: la trampa de la hiperconexión, la tiranía de las métricas, el impacto del aislamiento tras la pantalla y la imperiosa necesidad de establecer límites sanos para que la tecnología no termine por dirigir la vida cotidiana. 

-¿En qué momentos sentís el choque entre “lo que recomendás a un paciente sobre pantallas” y “lo que te exige el algoritmo cómo CM”? 

-Primero haría una aclaración: mi formación es en Psicología Social, no clínica, así que no trabajo haciendo recomendaciones a pacientes. Mi mirada está más relacionada con los vínculos, los grupos y las dinámicas entre las personas, precisa. Dicho eso, sí noto una contradicción. Las redes te piden atención constante, publicar, generar interacción y lograr que la gente se quede mirando. Y sabemos que estar conectados todo el tiempo puede agotarnos. 

Al abordar la célebre frase “en casa de herrero, cuchillo de palo” y ser consultada sobre si se descubre cayendo en bucles de hiperconexión sabiendo el impacto que tienen, la entrevistada reconoce que le ocurre. Explica que a menudo entra a las redes para responder algo laboral y termina media hora después mirando cualquier cosa. Señala que en esos momentos advierte que no siempre utiliza la red por deseo consciente, concluyendo que a todos les pasa esa trampa de saber que deberían dejar el celular pero pensar que cinco minutos más no cambian nada. 

-¿Tu formación en psicología te sirve como escudo contra el tecnoestrés o el trabajo de CM termina sobrepasando la teoría? 

-Me sirve para registrar algunas cosas, pero no funciona como un escudo. Me ayuda a preguntarme qué me está pasando, por qué estoy tan pendiente o por qué algo me está generando ansiedad. Pero después soy una persona más; si estoy cansada y tengo el celular al lado, también caigo en la hiperconexión. Además, mi trabajo hoy no es 100% como CM. Tengo otras tareas y no paso todo el día gestionando redes, pero igual hay momentos en los que el trabajo digital se mezcla bastante con el resto de la jornada. 

Frente a la encrucijada de cuidar la salud mental propia y ajena mientras el trabajo requiere pasar horas frente a gestores de redes, la entrevistada sostiene que intenta separar el estar conectada de estar disponible. Comenta que existen momentos donde necesita usar la pantalla para trabajar, responder o revisar contenido, pero el problema surge cuando termina esa tarea y sigue pendiente de las

notificaciones o de la vida digital. Pese a admitir que no siempre lo maneja perfecto, enfatiza que procura poner un horario claro de desconexión. 

-¿De qué manera influye tu mirada clínica a la hora de diseñar estrategias de contenido o responder comentarios en una comunidad? 

-En mi experiencia, te puedo hablar de una mirada más humana y social. Cuando respondo un comentario trato de acordarme de que del otro lado hay una persona. Parece algo obvio, pero cuando ves muchas interacciones es fácil empezar a pensar solamente en usuarios o métricas. También me sirve observar cómo interactúa un grupo. Hay conversaciones en las que conviene intervenir y algunas que es mejor no seguir profundizando. 

Al analizar la diferencia real entre la comunidad digital que se construye en redes y la red de contención que requiere una persona, la Fiorella marca una clara distinción. Indica que una comunidad digital puede generar compañía, permitir compartir experiencias y hacer sentir que alguien entiende al otro, pero no reemplaza una red de contención auténtica. A su criterio, una red de contención implica otro nivel de vínculo, presencia y reciprocidad, concluyendo que las redes pueden acompañar, pero no deberían cargar con todo el sostén emocional. 

-¿Qué patrones de soledad, ansiedad o búsqueda de validación ves repetirse en las casillas de mensajes privados de las cuentas que administrás? 

-Muchas veces aparece la necesidad de ser escuchado. Me pasó que alguien escribiera por una consulta concreta y terminara comentando algo personal. Creo que las redes se volvieron un lugar bastante accesible para decir cosas que quizás cara a cara cuestan más. Igualmente, muchas veces una persona simplemente quiere hablar y sentirse escuchada. 

En relación con el motivo por el cual estar expuesta a miles de interacciones diarias en la gestión de comunidades suele profundizar el aislamiento en lugar de aliviarlo, la entrevistada sostiene que tener muchas interacciones no significa tener vínculos. Plantea que se puede pasar varias horas respondiendo mensajes, interactuar con otros y terminar el día con la sensación de no haber hablado realmente con nadie. Para ella, esto representa una contradicción muy clara de las redes: es posible tener una cuenta con miles de seguidores y sentirse sola igual. 

-¿Cuál considerás que es la trampa emocional más peligrosa del scroll infinito desde la psicología del comportamiento? 

-En mi opinión, el scroll infinito te lleva a la inmediatez, de ver todo y no ver nada al mismo tiempo. No sabés qué viene en el próximo video, entonces seguís y seguís. Y cuando te querés dar cuenta pasaron horas. Lo complicado es que muchas veces no decidís conscientemente seguir mirando. Simplemente continúas porque siempre aparece algo nuevo. 

Sobre cómo la exigencia de inmediatez digital altera la tolerancia a la frustración y a la soledad en el mundo presencial, la profesional observa que nos acostumbramos a que todo sea inmediato. Ejemplifica que mandamos un mensaje esperando respuesta rápida, buscamos información en segundos o acudimos a la pantalla al aburrirnos. Recalca que la vida real no funciona así, ya que requiere esperar, transitar silencios, afrontar conversaciones incómodas y convivir con momentos de no hacer nada sin culpa, indicando que cuesta atravesar esos instantes sin buscar distracciones. 

-¿Cómo ponés límites a la exigencia de disponibilidad 24/7 sin sentir que estás fallando como profesional de la comunicación?

-”Tratando de entender que estar disponible todo el tiempo no significa ser más profesional. Para mí, ser responsable es cumplir con lo acordado y responder dentro de los tiempos razonables. Además, como mi trabajo actualmente no es exclusivamente de CM, intento ordenar las tareas y no vivir pendiente del celular o la compu todo el día”. 

Al indagar si le tocó moderar o contener a una comunidad virtual en días en que se sentía profundamente sola o agotada, la profesional confirma que le ha sucedido. Considera que se trata de algo bastante común en cualquier trabajo que implique estar conectada a otras personas, asociándolo a la clásica tarea de atención al público. Señala que es posible tener un mal día y aún así responder con amabilidad y profesionalismo, aunque rescata que con el tiempo aprendió que cuando algo la sobrepasa, necesita hacer una pausa. 

-Al mirar tu Screen Time al final de la semana, ¿qué diagnóstico hacés como psicóloga y qué emoción experimentás como trabajadora? 

-No sé si haría un diagnóstico, jajaja. Lo primero que pienso es si todo ese tiempo fue realmente trabajo. Hay una parte que corresponde a tareas laborales, pero también hay momentos en los que entrás a mirar algo y terminás en cualquier otra cosa. Trato de tomarlo como información y no como una razón para sentir culpa. Me sirve para revisar cómo estoy usando el tiempo y qué podría ordenar mejor en mi rutina. 

Respecto a lo que provoca en la mente de un creador o CM el vaivén constante de métricas que alteran el valor de su trabajo en segundos, la especialista sostiene que puede ser desgastante estar pendiente de las tendencias. Explica que el público cambia todo el tiempo: se dedica tiempo a algo, se publica y se miran los números, y si no funciona como se esperaba, es fácil sentir que se falló. No obstante, remarca que con el tiempo entendió que una métrica es tan solo un dato y no debe condicionar el trabajo, aunque en el momento cueste separar ambas cosas. 

-Cuando apagás las pantallas al terminar la jornada, ¿cuánto tiempo le toma a tu cabeza bajarse de la sobreestimulación digital? 

-Depende del día. Hay días en los que cierro la computadora y puedo desconectar bastante rápido. Otros días sigo pensando en algo que tengo que hacer o en una respuesta que quedó pendiente. Creo que una de las partes más difíciles del trabajo digital es que la jornada puede terminar físicamente, pero la cabeza sigue ahí mucho más. 

En cuanto al uso o evitación de recursos como el FOMO para captar la atención de la audiencia, la entrevistada opina que generar urgencia o pertenencia puede funcionar, pero enfatiza que hay una diferencia entre informar y manipular al público. Manifiesta que prefiere que el interés aparezca porque el contenido es bueno o aporta algo útil, pensando con más frecuencia en dar una solución a lo que el público pide y no al revés, señalando que muchas consultas terminan convirtiéndose en contenido de venta para redes. 

-¿Notás que los usuarios usan las cuentas de marcas o creadores como un espacio de catarsis improvisado ante la falta de escucha en su vida cotidiana? 

-Sí, seguro. A veces una cuenta empieza hablando de un producto o de un tema y alguien termina contando algo completamente diferente. Muchos creadores de contenido saben marcar un límite sano con la vida privada y otros exponen absolutamente todo. Lo que hay que tener muy presente es que una cuenta puede escuchar o acompañar, pero no reemplaza una red de apoyo.

Al abordar cómo afecta la deshumanización de la pantalla al gestionar agresiones en comunidades digitales, la profesional remarca que influye muchísimo y se nota cada vez más. Explica que detrás de la pantalla es fácil olvidarse de que hay un ser humano. Destaca la relevancia de no tomarse todo personal y diferenciar entre un reclamo, una crítica y alguien enojado que lo convierte en agresión constante, concluyendo que no todo merece la misma respuesta y que responder a veces hace crecer el conflicto. 

-Si pudieras rediseñar el trabajo de un CM desde la salud mental, ¿qué pautas o reglas éticas impondrías de manera obligatoria? 

-Pondría horarios claros de trabajo y disponibilidad. También pausas reales durante el día y más razonables. No me parece sostenible que una persona tenga que estar pendiente de varias plataformas al mismo tiempo durante todo el día. Esa persona que gestiona una cuenta no tiene que resolver emocionalmente todo lo que llega a un inbox. 

Finalmente, sobre la advertencia o consejo que se da a sí misma cuando siente que la hiperconexión laboral la aleja de sus vínculos reales fuera de la pantalla, la entrevistada reflexiona sobre el equilibrio cotidiano. Manifiesta que se diría que sí tiene energía para responder a muchas personas en redes pero no para hablar con la gente que quiere al terminar el día, probablemente necesite frenar un poco. Concluye recordando que las redes son una herramienta y parte del trabajo, pero que el objetivo principal es usar la tecnología sin sentir que esta maneja su vida. 

Las plataformas digitales y las redes sociales continuarán siendo canales indispensables para la comunicación y el trabajo, pero su peso emocional depende de la capacidad individual y colectiva para marcar límites firmes. Recordar que del otro lado de la pantalla siempre hay un ser humano y comprender que la disponibilidad permanente no es sinónimo de profesionalismo constituyen premisas fundamentales para habitar el entorno virtual de forma sostenible. En última instancia, el desafío central estriba en aprender a utilizar la tecnología como una herramienta al servicio de los vínculos, garantizando que el verdadero encuentro con los demás mantenga siempre su lugar fuera de la pantalla.

Agustina Reides: “No hay que esperar a tocar fondo para pedir ayuda”

Por Brooke Peluffo, Joaquín Chilo Díaz y Juan Romano Mancuso

En Argentina, entre 2017 y 2025, la cantidad de suicidios registrados aumentó de 3.304 a 5.209 casos, lo que representa un incremento del 57,7%. Una psicóloga explica qué puede observar el entorno, cómo acompañar y aborda la importancia de sostener los tratamientos de salud mental.

Durante 2025, el país registró una tasa de suicidios de 11,8 casos cada 100 mil habitantes, la cifra más elevada de su historia. La situación adquiere mayor dimensión al compararla con el promedio mundial, que se ubica en 9,2 casos cada 100 mil habitantes. De esta manera, la tasa argentina supera en casi un 30% a la registrada a nivel global.

Cada 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, una fecha promovida por la Organización Mundial de la Salud junto con la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio. El día se encuentra enmarcado en Septiembre Amarillo, una campaña que busca visibilizar la problemática, reducir el estigma y promover la búsqueda de ayuda.

Para profundizar sobre prevención, señales de alerta, acompañamiento y acceso a la atención en salud mental, la psicóloga Agustina Reides (MP. 63835) explica qué significa realmente prevenir, qué señales pueden advertirse en el entorno y cómo acompañar a alguien que atraviesa una crisis. También aborda una de las discusiones que atraviesan la salud mental en la actualidad: el acceso a los tratamientos, la importancia de su continuidad y el uso cada vez más frecuente de la inteligencia artificial como espacio para expresar aquello que muchas veces cuesta contarle a otra persona.

—¿Por qué creés que es importante que exista un “Mes Amarillo” y que se hable públicamente de la prevención del suicidio?

—Creo que es importante porque durante mucho tiempo fue un tema tabú rodeado de estigma, y cuando algo no se habla muchas veces las personas que están sufriendo sienten que tampoco pueden pedir ayuda. El Mes Amarillo permite visibilizar que el sufrimiento psíquico puede atravesar a cualquier persona y que pedir ayuda no es un signo de debilidad. 

—¿Qué significa realmente prevenir el suicidio? ¿Es posible detectar señales antes de que una persona llegue a ese punto?

—Prevenir no significa necesariamente poder evitar todas las situaciones ni detectar siempre de antemano lo que va a suceder. Significa generar condiciones para que una persona pueda pedir ayuda antes de sentirse completamente sola, sin salida o sin alternativas. Muchas veces existen señales previas y cambios en la forma de comportarse, de relacionarse o de expresar el sufrimiento. Pero es importante mencionar que no todas las personas muestran las mismas señales y ninguna señal aislada permite predecir lo que va a ocurrir.

—¿Cuáles son algunas señales de alerta que el entorno puede detectar y que muchas veces pasan desapercibidas?

—Algunas pueden ser cambios importantes en el estado de ánimo o en la conducta. Por ejemplo aislamiento, pérdida de interés por actividades que antes disfrutaba, desesperanza, sentimientos intensos de culpa, de ser una carga o de no encontrar sentido a la vida, entre otras. A veces una persona puede seguir funcionando “normalmente” hacia afuera. Puede trabajar, estudiar, salir y relacionarse, y al mismo tiempo estar atravesando un sufrimiento enorme. Por eso no siempre es evidente.

—¿Por qué a algunas personas les cuesta tanto reconocer que necesitan ayuda?

—Porque pedir ayuda implica, muchas veces, reconocer que algo nos está superando. Vivimos en una sociedad que suele valorar mucho la idea de que tenemos que poder con todo. También pueden aparecer vergüenza, miedo a ser juzgados o la sensación de que “lo mío no es para tanto”.

—¿Creés que todavía existe la idea de que ir al psicólogo significa “estar mal” o “estar loco”?

—Sí, aunque creo que esa idea se ha ido transformando. Todavía existen prejuicios, pero cada vez hay mayor reconocimiento de la salud mental como parte de la salud integral. Ir al psicólogo no significa estar “loco”. Una persona puede consultar porque está atravesando una crisis, una separación, dificultades vinculares, ansiedad, problemas de autoestima, un duelo o simplemente porque quiere comprenderse mejor y desarrollar nuevas herramientas. Para mí, hacer psicoterapia también puede ser una forma de prevención… no hace falta llegar al límite para pedir ayuda.

—¿Qué pasa cuando alguien sostiene durante mucho tiempo que “puede solo” y posterga pedir ayuda?

—El problema es que el sufrimiento no necesariamente desaparece porque no lo nombremos. Muchas veces se va acumulando y la persona comienza a desarrollar estrategias para sostenerse que quizás funcionan a corto plazo, pero terminan teniendo un costo. Por ejemplo, puede empezar a aislarse, evitar determinadas situaciones, consumir más sustancias, desconectarse de lo que siente o simplemente acostumbrarse a vivir sintiéndose mal. Por eso creo que pedir ayuda a tiempo no significa reconocer que no tenemos por qué esperar a estar completamente desbordados para permitirnos acompañamiento.

—¿Cómo se le pregunta a una persona si está pensando en suicidarse? ¿Preguntarlo puede “incitar” a hacerlo?

—Preguntar de manera clara y sin juzgar puede ser muy importante. Existe el mito de que hablar sobre suicidio puede instalar la idea o incitar a una persona a hacerlo. Preguntar no genera por sí mismo una conducta suicida. Lo que puede hacer es abrir una puerta para que alguien pueda decir algo que quizás venía ocultando. Considero que la clave está en cómo preguntamos… debe ser desde la preocupación genuina y la escucha, no desde el interrogatorio ni el juicio.

—¿Qué debería hacer una persona si un amigo o familiar le cuenta que está teniendo pensamientos suicidas? 

—Lo primero es tomarlo en serio. Escuchar, permanecer disponible y evitar respuestas como “tenés que ponerle ganas”, “pensá en todo lo bueno que tenés” o “hay gente que está peor”. No es necesario tener una solución. A veces ayudar significa justamente escuchar, comprender y acompañar a la persona a buscar ayuda profesional.

—¿Y qué debería hacer si siente que no tiene las herramientas para ayudar?

—Si existe un riesgo de vida inmediato, la prioridad es buscar asistencia urgente. Es importante saber que las guardias de los hospitales y centros de salud también son un recurso ante una crisis de salud mental; no es necesario esperar a conseguir un turno con un psicólogo o psiquiatra para pedir ayuda. Si la persona está en riesgo, se puede acudir a una guardia acompañado, explicando claramente lo que está sucediendo para que puedan evaluar la situación y orientar los pasos a seguir.

—¿Qué tan importante es que la salud mental sea accesible y no quede como un privilegio para quienes pueden pagarla?

—¡Sin lugar a dudas es fundamental! La salud mental forma parte de la salud y, por lo tanto, el acceso a tratamientos de calidad no debería depender exclusivamente de la capacidad económica de una persona.  Por eso creo que es necesario seguir trabajando para que existan más espacios de atención accesibles, de calidad y que permitan sostener los tratamientos en el tiempo. También es importante que las personas conozcan los recursos disponibles dentro del sistema de salud y que pedir ayuda no se convierta en una decisión que dependa de cuánto dinero tienen disponible en ese momento.

—¿Cómo afecta la falta de continuidad en los tratamientos? Por ejemplo, cuando una persona tiene que dejar a su profesional porque ya no puede pagarlo.

—La continuidad del tratamiento es muy importante ya que permite construir un vínculo terapéutico, profundizar en determinadas problemáticas y acompañar los cambios a lo largo del tiempo. En relación al ejemplo que me brindas puede ser muy difícil y lamentablemente sucede a menudo… tener que interrumpir un tratamiento por una cuestión económica puede generar frustración, sensación de retroceso o incluso dejar a la persona sin un espacio de contención en un momento importante. Por eso, creo que es importante que los profesionales podamos pensar alternativas que se adecuen a cada tratamiento para evitar que esto suceda. 

—Si pudieras cambiar algo del sistema de salud mental, ¿qué cambiarías?

—Me gustaría que hubiera mayor accesibilidad, pero también mayor continuidad y articulación entre los distintos dispositivos de salud. También considero importante fortalecer la prevención y la promoción de la salud mental, especialmente en escuelas, espacios comunitarios y ámbitos laborales. Y algo que considero fundamental es que la salud mental no aparezca únicamente cuando existe una urgencia. Necesitamos trabajar mucho más en prevención.

—Cada vez más personas utilizan ChatGPT u otras inteligencias artificiales para contar lo que sienten. ¿Qué opinión tenés de que alguien utilice una IA como si fuera su terapeuta?

—Creo que la inteligencia artificial puede ser una herramienta útil para determinadas cosas… por ejemplo buscar información o encontrar recursos. Pero hay una diferencia muy importante entre una herramienta de apoyo y un proceso psicoterapéutico. La psicoterapia implica un vínculo humano, una evaluación clínica, conocimiento del contexto de la persona y una responsabilidad profesional. Es poder encontrarse con alguien que no solamente recibe lo que uno dice, sino que puede registrar cómo lo dice, sus silencios, sus emociones y lo que sucede en ese vínculo. Por eso me parece que una IA puede complementar determinados recursos, pero no debe reemplazar el espacio terapéutico bajo ningún término.

—¿Qué riesgos existen cuando una persona empieza a confiar en una IA para tomar decisiones relacionadas con su salud mental?

—Uno de los principales riesgos es que la persona empiece a tomar decisiones importantes basándose únicamente en respuestas que no reemplazan una evaluación clínica. También puede ocurrir que la IA valide una interpretación equivocada o que utilice la conversación para evitar pedir ayuda humana. Y hay algo especialmente importante en situaciones de riesgo… una IA no puede asumir el rol de una red de contención real. Si alguien está atravesando una crisis necesita poder acceder a personas y servicios que puedan intervenir de manera concreta y acorde al nivel de riesgo.

—Si alguien que está atravesando un momento muy difícil está leyendo esta entrevista, ¿qué te gustaría decirle?

—Le diría que no tiene que esperar a tocar fondo para pedir ayuda. A veces, cuando estamos sufriendo mucho, nuestra mente nos hace creer que lo que sentimos va a durar para siempre o que no hay alternativas. Pero estar atravesando un momento así no significa que esa vaya a ser nuestra realidad para siempre. Si hoy no podés imaginar una solución, no significa que no exista. Quizás ahora mismo no necesitás encontrar todas las respuestas, sino poder dar un primer paso y contarle a alguien cómo estás. Pedir ayuda no te hace débil, ni una carga, ni significa que no puedas solo. Somos seres humanos y, en determinados momentos, necesitamos que otro nos ayude a sostener aquello que solos se vuelve demasiado pesado.

La prevención del suicidio requiere atención, acompañamiento y acceso a los servicios de salud. Ante una situación de riesgo inmediato, Reides señala que se debe recurrir a una guardia hospitalaria o de un centro de salud, incluso cuando todavía no se haya conseguido un turno con un profesional de salud mental. La recomendación es no dejar sola a la persona y explicar claramente al equipo de salud lo que está sucediendo para que pueda evaluar la situación.

“Septiembre Amarillo” busca instalar esta problemática en la agenda pública y promover la prevención. Para la psicóloga, ese trabajo debe sostenerse durante todo el año mediante mayor accesibilidad a los tratamientos, continuidad en la atención y espacios de prevención en escuelas, ámbitos laborales y comunidades.

La prevención también implica saber dónde recurrir ante una situación de crisis. El Centro de Asistencia al Suicida brinda atención en el 135 para CABA y Gran Buenos Aires, en el (011) 5275-1135 y en el 0800-345-1435 desde todo el país. Ante una emergencia inmediata, también se puede llamar al 911 o al 107.