Home Blog Page 2

Thomas Tuchel, el perfeccionista que nunca deja de pensar en fútbol

Por Lisandro Torres Pagani

Hay técnicos que dirigen partidos. Thomas Tuchel parece dirigir hasta el último movimiento de un entrenamiento, el perfil del cuerpo al recibir un pase o el momento exacto para presionar. En el banco de suplentes rara vez permanece quieto: camina de un lado a otro con las manos en los bolsillos o cruzadas sobre el pecho, observa cada detalle con la mirada fija y, cuando algo no sale como lo imaginó, su rostro cambia de inmediato. Gesticula con intensidad y da indicaciones sin descanso. Para él, un error pequeño puede tener la misma importancia que un gol.

Alto, delgado y de aspecto serio, suele vestir ropa deportiva negra o azul oscuro durante los entrenamientos y trajes sobrios en los partidos importantes. Habla con calma frente a los micrófonos, elige cuidadosamente cada palabra y transmite la sensación de que analiza todo antes de responder. Sin embargo, esa serenidad desaparece durante los encuentros: vive cada jugada como si fuera decisiva y no oculta su frustración cuando un futbolista no ejecuta una indicación tal como la había pensado. Los que trabajaron con él, lo describen como un entrenador obsesionado con los detalles y capaz de corregir hasta con qué pie debe controlarse un balón.

Su personalidad genera admiración y desgaste al mismo tiempo. Pierre-Emerick Aubameyang, a quien dirigió en Borussia Dortmund, contó que Tuchel era capaz de detener un entrenamiento para corregir un simple control orientado. Christian Heidel, exdirector deportivo del Mainz, recuerda que incluso inspeccionaba el estado del césped antes de los partidos porque creía que cualquier detalle podría influir en el rendimiento del equipo. 

Pero esa obsesión también tiene un costo. A lo largo de su carrera protagonizó conflictos con dirigentes y futbolistas. En Bayern Múnich y París Saint-Germain se habló de relaciones tensas dentro del vestuario, mientras que en distintos clubes fue considerado un entrenador brillante desde lo táctico, aunque difícil de llevar por su carácter exigente y su necesidad de controlar todos los aspectos del trabajo. La prensa británica llegó a definirlo como un perfeccionista, disciplinario y adicto al trabajo, siempre al borde de perder la paciencia cuando las cosas no salen como esperaba. 

El actual director técnico de la Selección de Inglaterra, Se destaca por imponer un fuerte espíritu colectivo que lo ha llevado a chocar con grandes estrellas en el PSG y el Bayern Múnich, y actualmente tuvo un fuerte cruce con una de las figuras de la Selección Inglesa, Jude Bellingham. “No estoy contento con el rendimiento”, dijo el seleccionador. “Quizá él no sabe lo que es jugar en ese tipo de condiciones contra Haaland, Ødegaard, Nusa y Sørloth. No es un equipo fácil de vencer. Creo que hemos intentado crear un ambiente positivo y deberíamos seguir así de cara a las semifinales”, le devolvió el futbolista.

Su forma de entender el juego tiene raíces profundas. Nació en Krumbach, una pequeña ciudad del sur de Alemania, lejos de los grandes centros futbolísticos europeos. Una lesión en la rodilla terminó prematuramente su carrera como jugador cuando apenas tenía 24 años. En lugar de abandonar el fútbol, pasó de trabajar como barman en los años 90 a convertirse en director técnico. Aquella frustración terminó moldeando a lo que se convirtió hoy: alguien convencido de que el estudio, la preparación y el análisis pueden compensar cualquier limitación. 

Fuera del campo es muy distinto. Él mismo reconoce que espera que lo recuerden como una persona generosa, divertida, testaruda y muy mala para responder mensajes o llamadas. Una prueba de esto es que protagonizó un emotivo gesto al organizar una colecta para comprarle una casa a la mujer que había trabajado durante años como empleada doméstica de su familia en París. Otra cosa que admite es que el fútbol ocupa prácticamente toda su vida: “Puedo respirarlo y vivirlo todos los días sin aburrirme”. 

Sus métodos despiertan opiniones opuestas. Algunos jugadores destacan la confianza que transmite y la cercanía que genera con quienes aceptan sus exigencias. Otros recuerdan una convivencia agotadora por su nivel de perfeccionismo. Él mismo ha reconocido que, con los años, intenta ser menos terco y más flexible, aunque sabe que esa intensidad forma parte de su identidad. 

Hoy, como seleccionador de Inglaterra, mantiene la misma esencia que lo convirtió en uno de los entrenadores más respetados de Europa. No busca caer bien ni ser el protagonista. Su obsesión es otra: encontrar la manera perfecta de jugar un deporte que, para él, nunca deja de estudiarse.

Catalina Borrelli: el precio de un sueño

Por Diego Kviatek

Con apenas 17 años, Catalina Borrelli ya entendió que perseguir un sueño olímpico también
implica renunciar a muchas cosas. Mientras la mayoría de los adolescentes organiza salidas
con amigos o reuniones familiares, ella pasa gran parte de sus días entre entrenamientos,
gimnasio y competencias. Hoy, ese esfuerzo tiene recompensa: será la única representante argentina de esgrima en los Juegos Olímpicos de la Juventud Dakar 2026.

Lo que para cualquier deportista representa un sueño, para ella llegó de la manera más
inesperada. En abril, mientras disputaba el Mundial Junior de esgrima, su entrenador,
Rodrigo Álvarez, la reunió junto a sus padres en el hotel donde se hospedaban y les
comunicó que Argentina había conseguido una plaza para los Juegos Olímpicos de la
Juventud y que ella había sido elegida para ocuparla. La reacción fue inmediata: abrazos,
lágrimas y la certeza de que tantos años de esfuerzo empezaban a tener su recompensa.

Ahora, mientras se prepara para el desafío más importante de su carrera, Borrelli repasa
cómo vivió aquella clasificación, los sacrificios que hizo para llegar hasta acá y los sueños
que todavía le quedan por cumplir.

Número des(conocido)

“Nos enteramos todos al mismo tiempo. Fue muy emocionante. No me lo esperaba para
nada, hubo llanto de todos”, recuerda Catalina sobre el momento en el que supo que
representaría a la Argentina en Dakar 2026.

La noticia llegó el mismo día en el que había competido en el Mundial, por lo que la
sorpresa fue todavía mayor. “Entré por el cupo que recibió el país. En esa competencia yo tenía otras expectativas, así que cuando me enteré estallé de alegría”, cuenta la sablista, que desde noviembre tendrá la responsabilidad de ser la única representante argentina de la esgrima en los Juegos.

Pero el orgullo también convive con otra sensación. Representar al país en el máximo
evento deportivo para atletas juveniles implica una presión distinta a la que sintió en los
Juegos Panamericanos o Suramericanos. “Siento orgullo porque este es un evento mucho más cerrado, donde éramos muchos menos argentinos. Pero también siento miedo. El nombre ‘Juegos Olímpicos’ impone y asusta un poco”, reconoce.

Aunque todavía faltan algunos meses para viajar a Senegal, la joven ya empezó a imaginar
cómo será vivir la experiencia olímpica. “Competir con gente con más nivel que el mío me
emociona muchísimo y también me da curiosidad el lugar, la organización y el ambiente de
unos Juegos Olímpicos”, explica.

Incluso ya comenzó a averiguar cómo será la competencia y habló con la brasileña Beatriz Fraga, otra de las esgrimistas que estará presente en Dakar. Sin embargo, hay algo que espera con especial entusiasmo, la Villa Olímpica: “Me ilusiona muchísimo que vamos a estar todos muy contentos y felices”.

Detrás de la careta

Detrás de una medalla, una clasificación o una foto con la ropa de la Selección, hay una
parte del alto rendimiento que pocas veces se conoce. En el caso de Catalina, ese camino
empezó mucho antes de que aparecieran los resultados y estuvo marcado por decisiones
que, para una chica de 17 años, no suelen ser las más habituales.

“Perdí muchísimas horas de juntadas con amigas, de estudio y de estar con mi familia.
Tengo novio y casi no lo veo porque elijo entrenar y sacrificar todo por el objetivo”, cuenta
con convicción.

Para Borrelli, el alto rendimiento implica aceptar que muchas veces habrá cosas que
quedarán en segundo plano. No lo vive como una obligación, sino como una elección que
renueva todos los días.

“Hay que sacrificar cosas sí o sí para lograrlo. De esto se trata el alto rendimiento y muy
poca gente puede llegar porque a la gente de mi edad le cuesta dejar cosas importantes
para cumplir sus objetivos”.

Esa misma organización también atraviesa su vida fuera del club. Todas las mañanas asiste
al colegio y, apenas termina la jornada, empieza otra completamente distinta. A las tres de
la tarde ya está entrenando. Los martes y jueves dedica tiempo a la preparación física y a la natación, que utiliza como método de relajación, mientras que los lunes, miércoles y viernes realiza combates y clases particulares de esgrima. “Lo tengo muy organizado y hablado con los profesores. Si hay alguna evaluación, ya lo coordinamos previamente”, explica.

Sin embargo, ese esfuerzo constante no significa que todo sea sencillo. Catalina reconoce
que la frustración también forma parte del proceso y que convivir con ella es casi una
obligación para cualquier deportista de alto rendimiento. “Hay mucha frustración, sobre todo durante el proceso. Pero no se le puede sacar la emoción al resultado, que es única. Para llegar a ese momento también hay que frustrarse y enojarse”.

A pesar de eso, asegura que nunca pensó en abandonar la esgrima. Incluso, cuando imagina cómo habría sido su vida sin este deporte, la respuesta es inmediata: “Muchas veces lo pensé. Hubiera sido totalmente diferente, pero no me arrepiento para
nada del camino que elegí”.

Había una vez…

La historia de Catalina con la esgrima comenzó casi por casualidad. Tenía apenas diez años
cuando acompañó a su hermano mayor a una clase. Él estaba decidiendo entre arquería y
esgrima, finalmente eligió esta última y ella quedó fascinada desde el primer momento.

“Tuve el honor de ver una clase suya y me encantó. Me invitaron a participar. Desde 2019
hago esgrima. Estuve en Devoto y pasé por distintos clubes hasta llegar a Harrods &
Chaves”, recuerda.

Hoy compite en sable, una de las tres modalidades de la disciplina. Sin embargo, esa
elección fue mucho más simple de lo que muchos imaginan. “Cuando arranqué solo vi el sable. Después me enteré de que existían otras armas, pero siempre me encantó el sable”.

La velocidad es lo que más la atrapa. A diferencia del florete y la espada, el sable se
caracteriza por la rapidez y la intensidad de cada asalto: “Lo que más me gusta del sable es que, al ser tan rápido y salvaje, te podés desquitar emocionalmente con eso”.

Pero esa misma característica también representa su mayor dificultad: “Todo pasa en un segundo y fuiste. Al mínimo error, en un nivel tan alto, quedás expuesto. Hay que estar permanentemente prestando muchísima atención”.

Con el paso de los años, esa exigencia la llevó a competir cada vez en escenarios más
importantes. Uno de los más recientes fue el Mundial Junior, donde pudo medirse frente a
las mejores sablistas europeas: “Lo que me falta para competir de igual a igual con ellas es alcanzar su ritmo. Ellas constantemente tienen torneos de muy alto nivel. En el Mundial me puse a prueba y entendí que no es tanto la técnica, sino la rapidez mental que tienen.”

Lejos de frustrarse, Catalina aprovecha cada competencia para analizarse y encontrar
aspectos por mejorar. “Siempre, apenas termina una competencia, veo mis videos, saco mis conclusiones y le comento a mi entrenador mis sensaciones y qué quiero practicar”, comenta.

Ese crecimiento también quedó reflejado este año, cuando integró el equipo argentino de
sable femenino que obtuvo, por tercera vez consecutiva, la medalla de plata en el
Panamericano de mayores de Lima. Allí compartió equipo con Belén Pérez Maurice, tres
veces olímpica, una experiencia que, lejos de intimidarla, la ayudó a ganar confianza.

“Mis compañeras me hacen sentir que pertenezco. Es increíble tirar con gente tan grande y
con tanta velocidad. Me ayudan mucho y siempre me dicen que trate de disfrutar lo más
posible.”

Aunque la esgrima le permitió vivir experiencias únicas, Catalina todavía siente que es un
deporte que puede crecer mucho en popularidad: “Se podría hacer más marketing. Es un deporte muy bello, es como una danza. Si lo publicitamos más con videos o fotos, a la gente le va a atraer porque es muy lindo de ver.”

Se hace camino al andar

Durante los Juegos Suramericanos, Catalina tuvo la oportunidad de conocer un emblema
del deporte argentino, la judoca Paula Pareto, una experiencia que todavía recuerda con
entusiasmo.

Pero sus referentes no se limitan a otros deportes. Dentro de la esgrima encuentra
inspiración en la japonesa Misaki Emura, medallista olímpica en París 2024, y en la
española Lucía Martín-Portugués, a quien también pudo conocer. Aunque para encontrar a
una referente suya no hace falta viajar tantos miles de kilómetros, la persona que más la
inspira es Candela Espinosa, compañera en el equipo argentino de mayores: “Le pone toda la garra y me ayuda muchísimo a entrenar”.

Antes de pensar en Dakar, Catalina tiene otra meta entre ceja y ceja: “Por ahora mi sueño es sacar una medalla en el Panamericano que hay dentro de unos meses”.

Aunque ya consiguió resultados importantes y se ganó un lugar entre las mejores sablistas
juveniles del continente, todavía le cuesta dimensionar todo lo que vivió en tan poco tiempo.

Por eso, cuando imagina un encuentro entre la Catalina de hoy y aquella nena que dio sus
primeros pasos en la esgrima con apenas diez años, no duda en la respuesta, que vendría
con un sabio consejo.

“No lo podría creer. Le diría que está muy contenta de verla madura y feliz. Que disfrute de
lo que está viviendo, las juntadas y los cumpleaños, porque en un futuro va a tener que
ocupar mucho de ese tiempo por la esgrima.”

Jayden Adams, la despedida a una historia que invita a mirar más allá de la cancha

Por Ramiro Lordi

Hay carreras que se construyen a partir de grandes irrupciones y otras que crecen de manera progresiva. La de Jayden Adams pertenecía al segundo grupo. Sin hacer demasiado ruido, el mediocampista fue ganando espacio en el fútbol sudafricano hasta convertirse en un habitual de la selección nacional y disputar el Mundial de 2026.

Nacido el 5 de mayo de 2001 en Ciudad del Cabo, creció futbolísticamente en Stellenbosch FC, una institución que apostó por su desarrollo cuando todavía era un adolescente, y se convirtió en el primer futbolista surgido de la academia del club en firmar un contrato profesional. Allí aprendió a jugar con la misma naturalidad con la que fue ganando responsabilidades.

En Stellenbosch no solo se consolidó como profesional, sino que también participó de una de las etapas más exitosas de la historia del club. La conquista de la Carling Knockout Cup en 2023 ante el TS Galaxy confirmó el crecimiento de una institución que empezaba a competir de igual a igual con los equipos más poderosos del país, y Adams fue uno de los grandes responsables de ese salto de calidad.

El siguiente paso llegó de la mano de Mamelodi Sundowns FC. El multicampeón sudafricano decidió incorporarlo a comienzos de 2025 convencido de que estaba listo para afrontar un desafío mayor. La adaptación fue inmediata. En un plantel acostumbrado a pelear por todos los títulos, el volante volvió a demostrar que no necesitaba sobresalir individualmente para convertirse en un futbolista imprescindible.

Su evolución también encontró un lugar en la selección nacional. Hugo Broos, quien fue el DT de Sudáfrica en el Mundial, vio en él a un futbolista capaz de interpretar distintas funciones en el mediocampo y comenzó a darle protagonismo. Sin hacer demasiado ruido, Adams se convirtió en una pieza fija de unos Bafana Bafana que buscaban volver a competir en el certamen después de varios años de frustraciones. El encuentro frente a República Checa tuvo, además, un significado especial. En la previa del compromiso, Adams recibió la noticia del fallecimiento de su abuela, una de las personas más importantes de su entorno. Pese al duro golpe personal, decidió permanecer junto a la delegación y fue titular en los tres partidos de la fase de grupos para que Sudáfrica alcanzara una clasificación histórica a los octavos de final.

Sin embargo, detrás de esa fortaleza también existía una batalla personal. Personas cercanas a su entorno señalaron que la pérdida de su abuela tuvo un profundo impacto en su salud mental. En las semanas posteriores al Mundial, Adams atravesó un cuadro depresivo que derivó en cambios notorios en su comportamiento, entre ellos un creciente aislamiento emocional y dificultades para alimentarse con normalidad.

El 11 de julio de 2026, apenas unos días después de la participación de Sudáfrica en la Copa del Mundo, la noticia de su muerte conmocionó al fútbol africano. Su historia quedó inconclusa cuando atravesaba el punto más alto de su carrera. Sin haber alcanzado todavía su techo futbolístico, Jayden dejó la imagen de un mediocampista que construyó su lugar a partir del trabajo, la constancia y el compromiso.

Aunque las circunstancias de su fallecimiento continúan sin ser esclarecidas oficialmente, su recorrido también dejó una reflexión que trasciende al deporte: detrás de cada camiseta hay una persona que convive con sus propias batallas, incluso cuando el resto solo alcanza a ver lo que ocurre dentro de una cancha.

De quedar libre en Independiente a cumplir el sueño de jugar un Mundial

Por Valentino Brunetti

José Manuel López nació en San Lorenzo, un pequeño pueblo correntino de apenas tres mil habitantes, ubicado a 80 kilómetros de la capital. Su infancia fue sencilla: su madre era ama de casa y su padre trabajaba en buques pesqueros, lo que lo mantenía más de un mes navegando entre los puertos de Ushuaia y Mar del Plata. Cuando José no quería estudiar, su madre lo sentaba con los cuadernos en la vereda para que aprendiera mientras veía a sus amigos correr detrás de la pelota. Para llegar a ser el jugador que es hoy, el delantero tuvo que superar varios obstáculos para hacerse un lugar en el fútbol profesional.

El oriundo de la provincia de Corrientes dio sus primeros pasos como futbolista a los siete años en el Club El Progreso y, pocos meses después, comenzó a jugar en el Club Atlético Saladas. Allí estuvo durante un año hasta que, a los ocho, llegó Boca Juniors, quien organizó una prueba en Corrientes y lo seleccionó. Le prometieron volver dos años más tarde para seguir su evolución, pero en ese lapso apareció Independiente, que lo reclutó para sus divisiones infantiles y se quedó con el futbolista. Cada dos semanas viajaba a Buenos Aires y pasaba allí diez días entrenando y jugando en la Liga Metropolitana, el segundo nivel de AFA. La familia apostó por su sueño y dejó todo en Corrientes y se mudó a La Plata, donde vivía una hermana de su madre. Desde allí, José viajaba todos los días hasta Villa Domínico, en auto cuando su padre podía llevarlo y en tren y colectivo cuando no, porque ni su mamá ni sus hermanos sabían manejar.

López hizo todas las divisiones juveniles en el Rojo, pero en Sexta División sufrió una dura lesión que lo llevó a pensar en dejar el fútbol durante un tiempo. “Tuve un problema que casi me hizo dejar el fútbol. Tenía una lesión en la cintura, en los huesos, que casi no me dejaba caminar. Pensé en dejar un tiempo, pero las ganas fueron más fuertes”, sostuvo en una entrevista con La Nación. Luego de que Independiente lo dejara libre, Lanús puso sus ojos en él. Lo contactó para realizar una prueba en 2017 y durante ese año jugó para la Quinta División del Granate. Casi sin tener minutos y sin ser considerado, el Flaco fue cedido a Colegiales de Tres Arroyos para disputar un torneo regional gracias a la buena relación entre los presidentes de ambos clubes. “Un amigo, Pablo Garate, era el presidente de Colegiales y me pidió un 9 fuerte para pelear el campeonato regional”, declaró Nicolás Russo, presidente de Lanús.

Allí, López salió campeón con el “Escolar” y además terminó como goleador. “Hoy es grandote, pero en ese momento era flaquito. Lo primero que se notó fue que jugaba muy bien al fútbol. No quiero decir que fuera blandito, pero en esta liga el roce es fuerte. Con el correr de los partidos se fue fortaleciendo, yendo cada vez más al frente y convirtiéndose en líder del equipo. Además, con él fuimos campeones y, por primera y única vez en la historia del club, jugamos el Regional Federal. Ya en Palmeiras volvió de visita a Tres Arroyos y seguía siendo el mismo pibe de siempre: tranquilo, humilde, un genio”, recordó Garate.

Tras ese gran paso, regresó al conjunto del sur, se asentó en la Reserva y tuvo su debut en Primera División el 3 de enero de 2021 en el empate 1-1 ante Patronato por la Fase Complementación de la Copa Diego Maradona. Desde ese momento comenzó a mejorar su rendimiento con buenas actuaciones y se ganó un lugar como titular en el equipo dirigido por Luis Zubeldía. Con 59 partidos, 22 goles y 5 asistencias, fue vendido en junio de 2022 al Palmeiras de Brasil.

Al principio le costó adaptarse, pero con el paso de los partidos fue mostrando una mejora en su juego. Su mejor momento comenzó en la temporada pasada y mantiene ese nivel hasta el día de hoy. Gracias a los 40 goles que convirtió con el conjunto paulista en el último año y medio, tuvo su gran recompensa: fue citado por Lionel Scaloni para disputar el Mundial con la Selección Argentina.

Después de haber quedado libre en Independiente y de tener que volver a empezar para ganarse un lugar, el Flaco López terminó cumpliendo el sueño que tuvo desde chico.

Luis De la Fuente, el plan que llegó a la final

Por Candela Loureiro

Luis de la Fuente atraviesa en este 2026 el ciclo más importante de su carrera. El domingo 19 de julio dirigirá a España en la final del Mundial, la segunda de la historia para el seleccionado y la primera en dieciséis años, luego de eliminar este martes a Francia por 2 a 0 en Dallas. Sin embargo, reducir su nombre solo a ese resultado sería dejar de lado gran parte de su recorrido. De la Fuente llega a la definición después de un camino que comenzó a construir hace más de una década, mucho antes de ser reconocido como uno de los principales entrenadores del fútbol español.

Nació en Haro, La Rioja, el 21 de junio de 1961 y como jugador se desempeñó como lateral izquierdo. Su etapa más importante fue en el Athletic Club, donde ganó dos títulos de LaLiga, una Copa del Rey y una Supercopa de España, antes de pasar por Sevilla y cerrar su carrera en Deportivo Alavés. Después de retirarse inició su recorrido como entrenador y, desde 2013, trabajó con los juveniles de la Real Federación Española de Fútbol, varios años antes de asumir al frente del seleccionado mayor.

Fue allí donde comenzó a consolidar su carrera como técnico. Dirigió a la Sub-19 que ganó la Eurocopa de la categoría en 2015 y tres años más tarde obtuvo la medalla de oro en los Juegos Mediterráneos de 2018. Ese mismo año asumió al frente de la Sub-21 y volvió a conseguir un título europeo, el quinto de España en esa categoría. Durante ese recorrido también conoció de cerca a una generación de futbolistas con la que años después volvería a trabajar.

Los casi diez años que pasó en las juveniles fueron fundamentales para entender su posterior llegada al equipo mayor. De la Fuente conoció y dirigió a varios de los jugadores que hoy integran el plantel español, entre ellos futbolistas que se convirtieron en piezash importantes del equipo. Por eso, cuando asumió el seleccionado en diciembre de 2022, como reemplazante de Luis Enrique después de la eliminación en el Mundial de Qatar, ya tenía un amplio recorrido dentro de la federación y conocía la manera de responder de muchos de los nombres que luego tendría a su cargo.

Los resultados tampoco tardaron demasiado en llegar. Con poco más de un año en el puesto, España ganó la UEFA Nations League 2023 y en 2024 consiguió el título más importante de su gestión hasta ese momento: la Eurocopa. El seleccionado consolidó un funcionamiento basado en la posesión y el juego asociativo, una idea que el entrenador sostuvo desde sus primeros años de trabajo y que luego trasladó al plantel mayor. La Real Federación Española de Fútbol respaldó su ciclo con una renovación de contrato hasta 2028, una muestra de confianza para un técnico que llevaba años trabajando dentro del fútbol español.

En este Mundial, esa continuidad volvió a ser una de las principales fortalezas del equipo. España llegó a la Copa del Mundo entre los favoritos, con Lamine Yamal, Pedri y Nico Williams como algunos de sus principales nombres y una base de futbolistas que comparte una misma idea de juego. De la Fuente volvió a encontrarse en el plantel con jugadores a los que ya había dirigido años atrás y consiguió mantener una identidad que se refleja en el funcionamiento del seleccionado.

El recorrido español en el torneo también permitió romper una barrera histórica. Luego de eliminar a Bélgica, el seleccionado consiguió superar los cuartos de final de un Mundial por apenas segunda vez en su historia, algo que anteriormente solo había logrado en Sudáfrica 2010. En semifinales esperaba Francia, que llegaba invicta al encuentro y tenía a Kylian Mbappé como uno de los máximos goleadores de la competencia, pero el equipo español volvió a responder en uno de los partidos más importantes del ciclo.

Mikel Oyarzabal abrió el marcador de penal a los 22 minutos y Pedro Porro amplió la ventaja a los 57, después de una jugada que terminó con asistencia de Dani Olmo. España controló el desarrollo del encuentro, no permitió que Francia encontrara una reacción y cerró el 2 a 0 que aseguró su lugar en la final del domingo. Será la segunda definición mundialista de su historia y la primera desde aquella consagración en Johannesburgo, hace dieciséis años.

La última vez que España llegó a una final mundialista fue en Sudáfrica 2010 y terminó levantando la Copa del Mundo. Luis de la Fuente está ahora a un partido de repetir esa historia, aunque el camino hasta esta instancia comenzó mucho antes de este Mundial. Más de una década de trabajo y el conocimiento de una generación de futbolistas explican parte del presente de un entrenador que hoy tiene la posibilidad de volver a llevar al seleccionado español a lo más alto del fútbol mundial.

Compañeros en la Premier y rivales en el Mundial

Por Florencia Rodríguez Sánchez y Tomás Sarlanga

A 20 años de su último encuentro, la histórica rivalidad entre Argentina e Inglaterra sumará un nuevo episodio. Sin embargo, este enfrentamiento tendrá una particularidad, varios de los protagonistas dejarán de ser compañeros de equipo por un día para convertirse en rivales.

El último antecedente entre ambos seleccionados fue un amistoso disputado el 12 de noviembre de 2005, que terminó con victoria inglesa por 3-2. Aunque ninguno de los 52 futbolistas convocados para la semifinal estuvo presente en aquel partido, muchos se conocen muy bien porque comparten vestuario durante la temporada. Esto se explica porque 21 de los 26 convocados de Inglaterra juegan en la liga local, mientras que seis futbolistas de la selección argentina integran clubes ingleses. Además, un argentino y un inglés comparten plantel en un equipo de Alemania.

Uno de los casos se da en el Manchester United, Lisandro Martínez llegó en julio de 2022, mientras que Kobbie Mainoo  hizo las categorías juveniles en el club y ascendió al primer equipo en la temporada 2022-2023 para debutar oficialmente el 10 de enero de ese año. Juntos conformaron el plantel campeón de la Copa de la Liga Inglaterra, Carabao Cup, 2022-2023 tras derrotar 2-0 al Newcastle. 

La misma situación se repite en el Tottenham, Cristian “Cuti” Romero forma parte del conjunto de Londres desde agosto de 2021, mientras que Djed Spence fue incorporado en julio de 2022. Aunque el inglés pasó por distintos préstamos antes de regresar al club, ambos integran actualmente el plantel del Tottenham. Romero, además, fue una de las figuras de la conquista de la UEFA Europa League 2024-25, título que terminó con una extensa sequía del club. Solo un año después de la conquista, ambos integraron el plantel que se salvó en la última fecha de descender a la segunda división, aunque finalmente lograron mantenerse en la categoría. 

Otro de los cruces entre compañeros incluirá al Aston Villa, Emiliano Martínez llegó al equipo en septiembre de 2020 y comparte plantel con tres futbolistas ingleses; Ezri Konsa, incorporado en 2019, Ollie Watkins en 2020 y Morgan Rogers en febrero de 2024. El arquero argentino formó parte del histórico cuarto puesto en la Premier League de 2023-2024, que le permitió al equipo disputar la Champions League luego de 42 años. 

Por el lado de Chelsea, Enzo Fernández se sumó al club en febrero de 2023 y desde ese momento conquistó la Conference League 2024-25 y el Mundial de Clubes 2025. Del lado inglés están Reece James, integrando el equipo desde 2019 y capitán desde 2023, y Trevoh Chalobah, quien regresó al Chelsea a mediados de la temporada 2024-25. La próxima temporada, 2026-2027 se unirá a ellos Valentin Barco quien ya se despidió del Racing de Estrasburgo, donde juego 43 partidos con 3 goles y 9 asistencias en la temporada ya finalizada. 

Pero el vínculo entre argentino e ingleses no solo se ve en Inglaterra, también ocurre en Alemania, Exequiel Palacios y Jarell Quansah comparten plantel en el Bayer Leverkusen. El mediocampista argentino llegó a fines de 2019 y desde ese momento ganó la Bundesliga 2023-24, la Copa de Alemania 2023-24 y la Supercopa de Alemania 2024. Mientras que el defensor inglés se incorporó en julio de 2025. 

De esta manera la histórica rivalidad entre Argentina e Inglaterra tendrá un nuevo enfrentamiento, en lo que será la sexta semifinal para los sudamericanos y la cuarta para los europeos en Mundiales. Para esta oportunidad, además, la AFA solicitó a la FIFA que Argentina dispute el encuentro con la camiseta alternativa, azul y negra, la cual está relacionada a los antecedentes mundialistas frente a Inglaterra. Ya que, la Albiceleste vistió de azul en los últimos dos cruces entre ambos en Copas del Mundo: la victoria por 2-1 en los cuartos de final de México 1986 y el triunfo por penales, tras el 2-2, en los octavos de final de Francia 1998. 

 

La Brujita Verón, de ídolo a ser señalado por la derrota ante Inglaterra

Por Thiago Moyano

Juan Sebastián Verón, un mediocampista exquisito, con un pase largo privilegiado,
una carrera inolvidable y una enorme cantidad de títulos en su haber. La
descripción de esta carrera encaja con la trayectoria de un jugador que, en su país
natal, debería ser considerado uno de los mejores. No obstante, la Brujita se ganó el repudio de una parte de la Argentina como consecuencia de algunas acciones.

La antesala del caos

Para entender las críticas nos tenemos que remontar al año 2002, marcado por la disputa del Mundial de Corea del Sur y Japón. La Argentina llegaba como una de las máximas candidatas luego de haber terminado primera en las Eliminatorias Sudamericanas. Su juego vistoso era la gran obra del técnico albiceleste de aquellos años, Marcelo Bielsa. Gran parte de los jugadores militaba en clubes europeos, lo que hacía pensar que realizarían un buen papel en la Copa del Mundo.

Tras la lesión de Roberto Ayala, el capitán del seleccionado pasó a ser Verón, posiblemente el argentino con mejor presente en Europa. Su gran nivel en Lazio había llevado al Manchester United a contratarlo por una cifra récord.

En el sorteo, Argentina quedó emparejada con Nigeria, Inglaterra y Suecia. El
debut fue con una victoria por 1-0 ante los africanos, pero todas las miradas
estaban puestas en el encuentro frente a los ingleses. La histórica rivalidad
convertía ese partido en una verdadera prueba de fuego para cada uno de los
futbolistas. En el túnel de salida, Verón y David Beckham —grandes amigos por
compartir plantel en el Manchester United— se dieron un cálido abrazo e incluso
intercambiaron algunas sonrisas. Nadie imaginaba que esa escena sería la
antesala de uno de los partidos más recordados de la historia de la Selección
argentina.

El origen de la grieta

En ese encuentro, el capitán argentino disputó solamente 45 minutos y tuvo un
rendimiento muy por debajo de lo esperado. Eso hizo que muchos lo acusaran de no rendir al máximo. Durante ese primer tiempo estuvo muy impreciso con los pases largos, su principal virtud, e incluso falló entregas sencillas de pocos metros.

Ese flojo desempeño le valió el apodo de “Sir Verón”, una etiqueta que muchos hinchas mantuvieron durante años. Tras la derrota frente a Inglaterra, la Selección terminó eliminada en la primera ronda al no poder vencer a Suecia en el último partido del grupo, encuentro en el que La Brujita ni siquiera fue titular.

Con el paso del tiempo, numerosos periodistas le consultaron al propio Verón si realmente había jugado mal a propósito. Su respuesta siempre fue contundente: “No tengo que explicar nada. El que crea eso es un estúpido”.

El después del caos

Otro aspecto de la carrera de Verón que generó rechazo entre algunos argentinos
fueron sus constantes enfrentamientos con Diego Maradona. De hecho, fue una
de las pocas figuras del fútbol con las que “El Diez” nunca logró reconciliarse
antes de su fallecimiento.

Más cerca en el tiempo, La Brujita se involucró de lleno en la dirigencia deportiva y hoy es presidente de Estudiantes de La Plata. Desde ese lugar impulsó distintas transformaciones institucionales y se mostró abierto al debate sobre las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD), un tema que continúa generando fuertes divisiones entre quienes las apoyan y quienes las rechazan.

Para terminar, podría decirse que Verón construyó una carrera repleta de títulos, que lo convirtieron en una figura histórica del fútbol argentino. Sin embargo, algunas de sus decisiones y, especialmente, aquellos 45 minutos frente a Inglaterra hicieron que una parte de los hinchas lo mirara con desconfianza.

Lo que resulta innegable es que fue un futbolista extraordinario, capaz de ofrecer actuaciones individuales cercanas a la perfección. Parece el argumento de una película, pero no lo es: en la carrera llena de éxitos del máximo ídolo de Estudiantes de La Plata, para muchos todavía pesa más aquella mitad de partido en los que nada salió como se esperaba.

La tarde de los caños de Ortega

Por Román Novas

El fútbol nació en Londres, Inglaterra en el año 1863, pero 135 años después, Ariel “Burrito” Ortega le enseñó a los propios ingleses a cómo jugar este deporte. Por qué Ortega es el sinónimo de “fútbol de potrero” en su máxima expresión y le tiró encima “el barrio” que portaba el 10 de la selección argentina. 

Una clase de fútbol en Saint – Étienne, oriunda de la provincia de Jujuy, ante una Inglaterra con “poca calle”. 30 de junio, Mundial de Francia 1998 y el primer tiempo de los octavos de final. Un hombre argentino de 1,70 de altura, porta la 10 en la espalda y tiene una derecha “mágica”. Su rival?… Un equipo ordenado y repleto de grandes figuras como David Beckham, Michael Owen y Alan Shearer que quedaron chiquitos al lado del “portero” argentino.

Porque como sucedió con “El Diego” en México 1986, “El burrito” lo homenajeó, no con goles sino con caños. Porque un “caño” es la acción más bella de “bailar” psicológicamente al rival, pero a su vez, le suma elegancia al realizar este fenómeno cuatro veces en un mismo partido. 

“El mejor primer tiempo de mi vida. Porque jugué como yo jugaba en mi barrio, tiré cuatro caños y si hubiese hecho un gol; sería el mejor partido de mi vida”, expresó el protagonista de esta historia.

Una actuación 10/10 y del propio “10”, pero como manda la historia argentina: si no se sufre, no vale. Un empate 2-2 en 120 minutos de juego, una victoria 4-3  en los penales y una histórica clasificación a cuartos de final. Una noche que quedará en los libros de fútbol argentino y como un “Burrito” le enseñó a los creadores de este deporte cómo se lo debe jugar.

Jude Bellingham, el hombre de los momentos decisivos

Por Valentín Gerez

“Quizás él no sabe lo que es jugar en esas condiciones frente a Haaland y otras estrellas”, dijo Jude Bellingham luego del enfrentamiento ante Noruega, y su frase no pasó desapercibida. Fue la respuesta a Thomas Tuchel, entrenador de Inglaterra, quien había manifestado su disconformidad con el rendimiento de su selección en el Mundial 2026. En cuestión de minutos, la declaración recorrió el mundo y volvió a poner sobre la mesa una característica que acompaña al mediocampista desde sus primeros pasos: una personalidad tan competitiva como desafiante. Bellingham no esquiva la presión ni el conflicto. Los enfrenta con ese mismo coraje con el que pide la pelota cuando el partido parece escaparse.

A los 23 años, el inglés ya no solo es una de las figuras del Real Madrid, sino también el principal referente futbolístico de su selección. Su actuación en el Mundial respalda ese lugar. Con seis goles, se ubica entre los máximos artilleros del torneo y ya ocupa el tercer puesto entre los goleadores históricos de Inglaterra en las Copas del Mundo, solo por detrás de Harry Kane y Gary Lineker. Sin embargo, las estadísticas explican solo una parte de su impacto. Lo que realmente distingue a Bellingham es su capacidad para aparecer cuando el margen de error desaparece.

 

Ver esta publicación en Instagram

 

Una publicación compartida de Jude Bellingham (@judebellingham)

Lo demostró frente a México, donde convirtió un doblete decisivo para conducir a Inglaterra a la siguiente instancia. Pero fue ante Noruega cuando terminó de construir una de las imágenes más representativas de este Mundial. Inglaterra perdía y estaba quedando eliminada cuando el reloj marcaba el primero de los cuatro minutos adicionados del primer tiempo. Bellingham recibió cerca del área, dejó a tres rivales en el camino y, tras inventar un espacio donde no lo había, sacó un potente zurdazo al segundo palo para igualar el encuentro antes del descanso. Cuando el partido parecía encaminarse directamente al segundo tiempo del complemento, volvió a aparecer a los 92 minutos para empujar el rebote que dejó Örjan Nyland tras un remate de Morgan Rogers y darle a Inglaterra el pase a las semifinales. Dos goles que resumieron una de las principales virtudes del mediocampista: aparecer cuando todos los focos apuntan hacia él.

Aquella actuación tuvo un mérito adicional. Durante el encuentro volvió a mostrar molestias en el hombro izquierdo, una lesión con la que convivía desde hacía tiempo y por la que decidió postergar una operación para no perderse el Mundial. Meses antes, cuando el dolor empezaba a hacerse cada vez más difícil de soportar, confesó: “He llegado al punto en que el dolor no es tan malo. Estaba harto de jugar con el cabestrillo. Estoy perdiendo mucho peso de sudar tanto. Llevo tiempo esperando y se me está agotando la paciencia, pero los fisios y los médicos están siendo increíbles y quiero sentirme libre”. Finalmente, pasó por el quirófano a mediados de 2025, aunque aquellas palabras dejaron al descubierto el nivel de exigencia con el que transitó uno de los períodos más importantes de su carrera.

Esa mentalidad comenzó a forjarse mucho antes de que el mundo hablara de él. Nacido en Stourbridge, dio sus primeros pasos en el Birmingham City, donde debutó con apenas 16 años y se convirtió en el futbolista más joven de la historia del club. Su impacto fue tan grande que, tras ser transferido al Borussia Dortmund, la institución decidió retirar la camiseta número 22. No fue un homenaje únicamente al talento de un adolescente. También fue un reconocimiento a su profesionalismo, liderazgo y al ejemplo que representaba para las futuras generaciones en el club que lo vio nacer.

Con apenas 17 años tomó una decisión poco habitual para una de las mayores promesas del fútbol inglés: rechazó el camino más cómodo y se marchó a Alemania para continuar su formación en el Borussia Dortmund. Allí terminó de moldearse como un mediocampista total. Recuperaba, organizaba, llegaba al área y convertía. Ese crecimiento llamó la atención del Real Madrid, donde asumió responsabilidades desde el primer día y confirmó que estaba preparado para competir bajo la presión constante que exige uno de los clubes más grandes del mundo.

Detrás del futbolista aparece una familia que fue determinante en su desarrollo. Su padre, Mark, expolicía y goleador del fútbol amateur inglés, le inculcó la disciplina y la cultura del esfuerzo a él y a su hermano, Jobe Bellingham, otro futbolista profesional. Su madre, Denise, dejó Inglaterra para acompañarlo durante su adaptación en Alemania y luego en España. Ese respaldo explica, en parte, la madurez con la que afrontó decisiones que pocos futbolistas toman siendo adolescentes.

Su carácter, sin embargo, sigue dividiendo opiniones. Para algunos, sus gestos y declaraciones reflejan arrogancia. Para otros, simplemente exponen a un competidor obsesionado con ganar y dispuesto a asumir responsabilidades incluso cuando el contexto es adverso. La respuesta a Tuchel no fue un hecho aislado, sino una muestra más de esa personalidad que lo convirtió en líder antes de cumplir los 25 años.

Ahora tendrá una nueva prueba. Inglaterra buscará un lugar en la final del Mundial frente a Argentina, la vigente campeona del mundo. Del otro lado estará una de las selecciones más fuertes del torneo; del suyo, un país que vuelve a depositar en Bellingham la ilusión de seguir avanzando. Si algo dejó claro a lo largo de este Mundial es que los escenarios de máxima presión no lo intimidan. Al contrario, parecen ser el lugar donde mejor sabe jugar.

Messi y los ingleses, el partido más esperado

Por Thiago Maison y Sofía Sedeño

Desde aquel debut fugaz con expulsión ante Hungría que lo privó de estar en el amistoso ante los Tres Leones en 2005, hasta el 2026 con su último baile en mundiales por delante. Una historia que ya tiene entre sus páginas los más grandes logros posibles en la carrera de un futbolista de élite, pero que aún, tal vez, le quede algo por contar.

A sus 19 años, Lionel Andrés Messi Cuccittini jugó por primera vez en la selección argentina frente a Hungría, partido en el que el astro disputó tan solo un minuto de su ingreso debido a un golpe artero con la mano a Vilmos Vanczák que derivó en una tarjeta roja, que lo obligó a ausentarse a la hora de disputar el siguiente partido frente a Inglaterra en el que la Albiceleste cayó 3-2 con goles de Hernan Crespo y Walter Samuel, y por el lado de los Tres Leones Wayne Rooney y doblete de Michael Owen.

Ese enfrentamiento delimitó el último cruce entre argentinos e ingleses, pero tres años antes ambos combinados nacionales se habían visto las caras en un Mundial por segunda justa consecutiva. En aquel duelo por la fecha dos del grupo F, los dirigidos por Marcelo Bielsa cayeron por la mínima con un gol de penal de David Beckham, quien había sido expulsado ante Argentina en los cuartos de final en 1998 y que, paradójicamente, es el dueño del club en el que milita Messi actualmente.

Desde allí nunca se volvieron a cruzar en una Copa del Mundo. Hasta que en Kansas Leo tenga la chance de reeditar una jornada épica como la de Diego Armando Maradona, a 40 años de aquella ocasión en el Azteca. Esta vez en semifinales y en búsqueda de cortar la mala racha que está vigente desde 1990, cuando Argentina eliminó por última vez a un campeón del mundo en los 90 minutos.

Casi como si estuviera escrito y en su última participación en una cita máxima, la Pulga tendrá en sus manos la chance de que una nueva noche fría caiga en Inglaterra. Porque, en un enfrentamiento que nunca fue solo un partido, el 10 argentino podrá llenar de ilusión los corazones de la hinchada albiceleste con una gambeta corta, con su característico recorte hacia su perfil izquierdo y posterior remate o, quizás, simplemente con su liderazgo y el apoyo de 47 millones de personas que lo alientan y empujan a que su hambre de ganar nunca se sacíe. 

A su vez, el seleccionado argentino se presentará con la camiseta azul, la suplente, al igual que en el ‘86 y el ‘98 cuando la Albiceleste derrotó a Inglaterra, el primero con “La Mano de Dios” y el “Gol del Siglo”, ambos marcados por Diego Armando Maradona; y en el segundo triunfó en tanda de penales luego de que Carlos “Lechuga” Roa le arrebatara el penal a David Batty.

Por otra parte, en la fase de grupos de 1962 y en los cuartos de final del ‘66, Argentina cayó en ambos encuentros ante los ingleses. En la edición en la que los Tres Leones fueron locales, la Albiceleste fue catalogada como la perjudicada debido a la expulsión de Antonio Rattín a los 36 minutos del primer tiempo, ya que el árbitro alemán no hablaba español y entendió que el capitán argentino lo había insultado.

En 2014, el combinado nacional argentino se formó en la foto previa al amistoso frente a Eslovenia con una bandera que exhibía un título llamativo: “Las Malvinas son Argentinas”. Por eso, el diario inglés Daily Mail publicó que el cuerpo técnico le indicó a sus jugadores que no respondieran nada acerca del archipiélago. La FIFA sancionó a la Albiceleste con una multa de $33.200 dólares por dar un mensaje político.

También, en el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá, los aficionados ingleses intentaron ingresar, sin éxito, con una bandera que tenía una imagen del Club Barrow FC, que lleva un submarino en su escudo, por lo que la entidad madre del fútbol internacional consideró esta acción como apología a elementos militares.

A su vez, en la previa del duelo que definirá quién será el segundo finalista del Mundial 2026, Gary Lineker, histórico delantero inglés, hizo referencia a las Islas Malvinas por su nombre en español y también como Falklands, como se las conoce en el país europeo, por lo que fue azotado por las críticas de los hinchas, que reavivaron un debate que todavía permanecía en silencio.

En 1986, Maradona encabezó el plantel argentino que combatió futbolísticamente ante Inglaterra bajo la premisa de vengar a su manera a los jóvenes que pusieron en riesgo su vida en la Guerra de Malvinas y tantos otros que la perdieron. Por su parte Mario Alberto Kempes, cuando era un incipiente delantero de 19 años en 1974, protagonizó el 2 a 2 amistoso y se quedó a las puertas de sellar la revancha de la polémica caída en la Copa del Mundo 1966, que motivó aquel encuentro no oficial.

Ahora le toca a él. A Lionel Andrés. El ídolo de distintas generaciones que fueron mal acostumbradas por él mismo a tener una figura que durante 20 años sea capaz de convertir más de 30 goles por temporada, producto de su abismal nivel que impidió -y aún impide- la evaluación de su rendimiento como la de cualquier otro atleta, lo que causa que un altísimo desempeño parezca una hormiga ante el gigante que siempre supo ser.

Quizás el destino tenía preparadas dos copas del mundo para él. Pero tal vez también escribió que en esta ocasión el astro argentino emule al que parecía insuperable. Al que siempre lo consideró intocable en la selección, Diego Armando Maradona. Además, por si fuera poco, Lionel Scaloni pareció seguir al pie de la letra la escuela del “Doctor” Bilardo.

Al igual que el “Narigón” hace cuarenta años, declaró que es sólo un partido más. Sin embargo, cada uno de los 47 millones de argentinos reconoce que no es así. Por la sed de gloria, sí. Pero también por ese plus placentero que le otorga vencer a Inglaterra tras aquel enfrentamiento bélico en 1982.

Capaz Lionel tiene preparada una función del mejor nivel para que su gente delire. O quizás las últimas páginas del libro contengan el final feliz tan anhelado, aunque tal vez aún no se conozca y este estuvo aguardando toda una trayectoria para salir a la luz en el momento perfecto y desenmascarar un suceso que podría marcar para siempre la novela sagrada de Messi, que ya incluye botas de oros de mundiales, récord histórico de goles y asistencias en tal competencia y, entre otras cosas, competir cabeza a cabeza con la generación que disfrutó su infancia viéndolo jugar.

“Por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo”, dice el hit de la hinchada argentina en la Copa del Mundo en Estados Unidos, México y Canadá. Ese pequeño fragmento podría verse reflejado en 90 -o 120- minutos de fútbol total. Porque el deporte rey podrá vestirse de diablo de vez en cuando, pero cuando D10S aparece, no hay Satanás que valga para frenar su magia y evitar que derrumbe todas las paredes que intentaron ponerle durante más de 20 años.

Contra todo y todos, Lionel Andrés Messi Cuccitini tiene en su poder un arma de doble filo que podría cavar definitivamente la tumba de todos aquellos que pretendían sepultarlo.