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Julieta Lema: ”Llegue a Boca sabiendo que tenía un equipazo”

Por Valentina Quinteros

Llegar a Boca representa un desafío para cualquier futbolista. La historia del club, la exigencia deportiva y el acompañamiento para las jugadoras del plantel femenino. Vestir la camiseta azul y oro también implica competir por objetivos colectivos y adaptarse a una institución con una identidad propia.

Julieta Lema, delantera de 26 años, llegó al Xeneize el 28 de  julio, después de recorrer distintos equipos y sumar experiencias en el fútbol de Paraguay, Francia y México. En Argentina pasó por Estudiantes De La Plata  en 2018  y  Newell ‘s en 2024. Ese recorrido le permitió conocer diferentes formas de trabajar y, desde su llegada al equipo, encontró un entorno que destaca por sus condiciones de preparación y profesionalismo

-Después de jugar en diferentes países, ¿qué diferencias encontrás en la preparación, la competencia y las exigencias del fútbol femenino argentino respecto de las ligas en las que estuviste?

-Pasé por Paraguay, Francia y México. También estuve en Argentina, en Estudiantes, en Newells y ahora en Boca. Creo que Boca tiene un complejo muy completo. El profesionalismo que vivimos en el día a día, más allá del entrenamiento, es excelente.

La experiencia de Julieta permite conocer una parte del funcionamiento del fútbol femenino del club desde la perspectiva de una de sus protagonistas. Su mirada no se concentra únicamente en los resultados, sino también en el contexto en el que se prepara el plantel para competir. En una institución con una identidad deportiva marcada, el desafío es sostener las exigencias de la competencia y, al mismo tiempo, construir un equipo capaz de responder a sus objetivos. También más allá de los resultados, las condiciones de trabajo y la preparación cotidiana son aspectos que influyen en la experiencia de las jugadoras y en la construcción de un equipo competitivo.

-Llegaste desde el fútbol mexicano con el objetivo de salir campeona. ¿Cómo se transforma esa meta individual en un objetivo colectivo cuando empezás a compartir el día a día con un plantel que tiene su propia historia y sus propias referentes?

–Una como jugadora siempre aspira a salir campeona, porque creo que es por lo que cada una se motiva. La verdad es que llegué a Boca sabiendo que tenía un equipazo, con muchas ganas de sumar. Creo que los objetivos individuales de todas también hacen al colectivo. La competencia es muy sana y se trabaja muy bien en el día a día.

La búsqueda de un título más es la motivación que comparte junto a sus compañeras. En ese proceso, cada futbolista aporta sus características y trabaja para ganarse un lugar, mientras el cuerpo técnico busca las alternativas necesarias para afrontar los diferentes desafíos de la temporada.

-¿Cómo es la competencia interna entre las delanteras de Boca? ¿De qué manera se complementan las distintas características de las jugadoras para encontrar soluciones cuando los partidos se cierran?

-Cada una tiene su estilo para jugar. Yo creo que cada una sabe cuáles son sus puntos fuertes y, en este último tiempo, pude salir un poco más del área y hacer doble nueve con Agus Nos entendimos mucho la una a la otra.

-En un campeonato largo, hay momentos en los que el equipo no consigue los resultados esperados. ¿Cómo se trabaja puertas adentro para que esos partidos no afecten la confianza del plantel?

-Es un campeonato largo y creo que, al ser futbolistas, todas sabemos cómo manejar esos momentos. Fuimos de menor a mayor y ya sabemos a lo que jugamos. También sabemos cómo manejar los tiempos del partido: cuándo vamos ganando, cuándo vamos perdiendo, cuándo tenemos que buscar un resultado y cuándo debemos cuidarlo. Creo que estamos encontrando esa comodidad.

Para la delantera adaptarse a cada partido es lo que destaca sobre el crecimiento del equipo, ya que no solo dependen de una táctica, sino también en saber responder física y mentalmente a la hora de cada partido.

-Llegaron al Superclásico después de una seguidilla de partidos importantes. ¿Qué cambió en el equipo durante el torneo para poder competir de igual a igual con los rivales que pelean arriba?

-Jugamos con mucha confianza. El equipo trabajó toda la semana sabiendo que ese partido lo iba a ganar y que esos tres puntos iban a ser para Boca. Si tengo que decir algo que cambió, no es nada en particular, porque veníamos con mucha confianza, jugando bien y sabiendo a lo que jugábamos. Creo que lo encaramos de esa forma.

La preparación previa fue importante para afrontar un partido que tiene un significado especial para el club y sus hinchas. Sin embargo, la delantera considera que el rendimiento no respondió a una manera de juego, sino a una confianza que el equipo ya venía construyendo durante el campeonato.

—¿Sentís que el equipo ya encontró una identidad de juego o todavía están en una etapa de construcción?

-Yo creo que el equipo ya encontró la forma de jugar, la forma de manejar los momentos y de encontrar esa comodidad que a veces se pierde por circunstancias del partido, pero el equipo está totalmente preparado para recuperarla.

Esa confianza también se puso a prueba en el Superclásico frente a River. En el partido que se disputó en el River Camp, la delantera convirtió de cabeza después de una jugada colectiva que comenzó con una serie de centros y terminó con la asistencia de Celeste Dos Santos. El gol tuvo un valor especial por el contexto en el que se hizo. Para una futbolista que acababa de incorporarse al club, convertir en un partido de esas características significó formar parte de una historia que trasciende el resultado. La importancia del partido también se relaciona con el vínculo entre Boca y sus hinchas, que acompañan al equipo y esperan que las jugadoras estén a la altura de la camiseta.

-¿Qué lugar ocupa este Superclásico en tu carrera hasta ahora y qué significa haber podido dejar tu huella en un partido tan importante para el hincha de Boca?

-El Superclásico pasa a ser uno de los partidos más importantes que tenemos con Boca. Ojalá que tengamos muchos más de ese estilo. Estoy muy agradecida con el hincha de Boca porque recibí mucho cariño antes y después del Superclásico, así que la verdad es que estoy muy contenta de haber sido parte de esa historia.

En Boca, su objetivo es aportar al plantel y trabajar para conseguir un título. La experiencia acumulada no elimina el proceso de adaptación ya que cada institución tiene su dinámica y cada grupo necesita construir sus propias sociedades dentro de la cancha. La experiencia de Lema no se limita solamente a su recorrido como futbolista. Durante su carrera también tuvo la posibilidad de acercarse al fútbol desde otro lugar: el de la formación. En Francia fue parte del cargo de las categorías Sub-10 y Sub-12, y también una experiencia en City Bell, donde había comenzado a jugar. Ese paso le permitió conocer el trabajo con las más chicas y acompañar sus primeros aprendizajes dentro de la actividad.

-También tuviste una experiencia vinculada a la dirección técnica. ¿Cómo influye haber mirado el fútbol desde ese otro lugar en tu manera de interpretar los partidos y entender las decisiones de una entrenadora?

-Era un trabajo más pedagógico, de enseñarles conceptos a las chicas que son el futuro del fútbol femenino. En ese momento no pensaba tanto en lo táctico, pero quizás más adelante pueda volver a hacerlo.

Ese recorrido le permitió sumar otra mirada sobre el deporte y conocer la importancia de la formación desde edades tempranas. Aunque hoy su presente está enfocado en competir y aportar al plantel de Boca, la experiencia como entrenadora también forma parte de su camino dentro del fútbol.

 

Francisco Colombo, Gladiador: “Fue de película, entrar de la nada y salir campeón”

Por Matías Bora

Francisco Colombo estaba jugando un amistoso con los juveniles de la Federación Metropolitana de Balonmano (Femebal), después del partido, tenía previsto comer un asado con sus compañeros en el club. Pero, después de jugar 20 minutos, lo sacaron de la cancha. Uno de los chicos, el encargado de hacer el asado, empezó a dar vueltas alrededor de la parrilla con el celular en la oreja. Colombo no entendía qué pasaba, hasta que le dijeron que tenía que atender al teléfono. Del otro lado estaba Rodolfo Jung, entrenador de la selección argentina. La lesión de un compañero le habría dado una oportunidad inesperada y necesitaban que esté en Santa Fe la mañana siguiente. Dejó el asado, armó un bolso y salió con su papá a la ruta. 

Colombo juega de lateral en Nuestra Señora de Luján y forma parte de la Selección Argentina. Su llegada a la final de los Juegos Suramericanos fue inesperada, pero detrás hubo años de entrenamiento, un cambio de club y un lugar que se fue ganando de a poco.

-¿Qué es el handball para vos?

-El handball es probablemente gran parte de Como me gusta pasar mi vida. Arranqué desde que tengo 6 años, fue el primer deporte que hice y si bien hubo algunos altibajos y tuve muchos días y vueltas, es el deporte que más me gusta.

La elección del deporte fue como la de tantos otros chicos, su papá le propuso hacer un deporte y se acercó porque algunos amigos del colegio ya jugaban. Empezó en el club Afalp de Ciudad Jardín, Lomas del Palomar, donde pasó casi toda su infancia y gran parte de su adolescencia. En el año 2022 decidió cambiarse a Luján, en búsqueda de medirse en un ambiente más competitivo pero a costa de dejar de jugar con sus amigos de toda la vida.

-¿Cómo fue el cambio de Afalp a Luján?

-Si bien en Afalp teníamos un buen equipo, jugábamos más a divertirnos, en Luján había otra competitividad. Se notaba que peleabas un puesto. Los entrenamientos eran más duros y los partidos más peleados. A los dos meses de que llegué ya estaba jugando un Nacional, era algo nuevo para mí. 

Fui con la mentalidad de: yo por lo que vengo es a entrenar. Es difícil dejar el club en el que jugaste de chico y entrenas todos los días con tus amigos. Es una zona de confort. Llegué a un lugar donde prácticamente no conocía a nadie, solo a un chico, y que tenía conceptos del handball que no tenía. Pero, lejos de desmotivarme, pensaba: bueno listo, hoy aprendo algo nuevo. Por lo menos el primer año de entrenamiento me iba con algo.

-¿Cómo te recibió el grupo?

-Me trataron super bien. Era un grupo ya armado de chicos que iban todos juntos al colegio y me recibieron como a uno más, lejos de verme como a una amenaza que venía a sacarles un puesto, eso del “derecho de piso” no existió. 

Con el tiempo, la adaptación se convirtió en pertenencia. Colombo había llegado a Luján para encontrar más exigencia y pelear un lugar, pero encontró algo que hoy considera difícil de reemplazar. 

-¿Qué significa Luján para vos? 

-Si estoy acá en Argentina juego en Luján. El sentido de pertenencia es tan fuerte y me quisieron tanto que soy lujanero. No me iría ni por plata. 

-¿Cómo fue tu camino hasta llegar a la selección? 

-Después de la convocatoria de Femebal de 2022, en 2023 no hubo proceso, ese año fue de mejorar en el club. Ya en 2024, en mi segundo año de juvenil, me convocaron para el proceso de selección para el Sur Centro. Nos mandaron una lista por el club y empezamos a entrenar. Ya conocía a algunos chicos de haber jugado contra ellos.

Colombo llegó a las últimas instancias pero no quedó en la lista definitiva para viajar a Santa Fe. Pensó que ese no era el año, pero estaba seguro de que se le iba a dar en un futuro. Hasta que una baja en medio del campeonato cambió sus planes.

-¿Fuiste como reserva a los Odesur?

-No sé si como reserva, no me lo habían dicho así. Obviamente ante cualquier baja podía llegar a entrar pero no hubo ninguna baja. En mi cabeza dije bueno ya está, lamentablemente tocará en otro momento pero al final se terminó dando. Lamentablemente en parte, No quiero decirlo mal, Pero se me abre la chance debido a la baja de Nico Rodríguez de poder meterme para jugar la final.

-¿Cómo es reemplazar a un compañero?

–Es difícil reemplazar a un amigo. Vos estás emocionado pero no sabes si emocionarte o no porque decís pobre jugó muy bien todo el torneo y no tuvo la chance de entrar en la final, aparte la presión de suplir a un gran jugador como él no es fácil.

-¿Qué pensaste cuando te avisaron que viajabas?

-Al principio no caía. lo llamé a mi viejo y le dije: – “Gordo mirá me pasó esto, mañana tengo que estar en Santa Fe”, él tampoco caía, pensó que lo estaba jodiendo, pero me dijo que fuéramos. Agarré un bolso, dos remeras, un par de zapatillas y alguna que otra cosa y salimos para allá.

Llegaron de madrugada y, como los hoteles estaban llenos por los juegos, tuvieron que dormir esa noche en el auto en una estación de servicio YPF. A la mañana siguiente, con 5 o 6 horas de sueño entrecortadas, salieron para la cancha. Colombo todavía no había visto a sus compañeros, recién los vio en el micro un rato antes del partido. Ahí, le dieron la ropa reglamentaria de la Selección y una credencial provisoria. 

-¿Qué sentiste cuando te dieron la ropa de la selección?

-No caía. Fue todo de película. Kitty, uno de mis entrenadores, me dijo que estuviera tranquilo, que me trajeron para jugar y que iba a jugar.

-¿Y cuando caíste?

-Cuando terminó el partido que empatamos, ya sabía que ganamos la medalla y me largué a llorar, me salió el llanto solo de la nada. Fue muy de película, ver a la gente que se caía el estadio y decís, no puedo creer que estoy acá.

Cuando eras chiquito capaz querías ser futbolista y soñabas con entrar de la nada y salir campeón, eso fue lo que me pasó a mí. Por eso no caía. Realmente cuando ya salió la lista dije bueno ya está, otro año será. Aparte la cantidad de gente que había era una locura, yo que soy defensor juego mucho con la gente, siendo defensor sirve mucho el aliento. O achicas al rival o te agrandas vos. Si la gente te aplaude en la defensa sentís que no te pasa nadie, te sentís un crack, aunque después capaz seas un burro, no importa, vos te sentís un crack.

-¿La medalla la guardas?

-Se la dí a Nico la medalla, no es una crítica a la organización pero me pareció flojo que no habían medallas de más y Nico no pudo subirse al estrado porque no había sido jugador en la final, tenían que subir los 14 jugadores. Ni bien me dan la medalla y me bajo se la dí, todo bien pero el fue el que jugó el torneo pobre no podía no dársela.

-¿Cómo sienten en el handball el desfinanciamiento en el deporte?

–La realidad es que es un deporte amateur, hay cierto gris de algunos clubes que dan plata pero es la minoría. Es una lástima que no sea profesional, en la selección complica mucho, es una lástima que muchos jóvenes que son proyecto tengan que estudiar y laburar y a su vez los grandes también tienen su vida y su laburo, no es que viajaron y listo, tienen que avisar en el laburo pedir la falta, no es tan fácil.

En la selección entrenamos en el Cenard y hay muchos jugadores que hacen un esfuerzo enorme por venir, uno de los chicos de junior es de Campana, tiene 3 horas de viaje para llegar a entrenar, se lo tiene que pagar él y eso lo hace 2 veces por semana, estoy yendo al caso más extremo, algunos capaz estamos más cerca, yo estoy a una hora, no me puedo quejar, pero a lo que voy es que hay esfuerzos muy grandes por el deporte y es todo por amor al arte. 

A futuro, Colombo se imagina jugando en el exterior, aunque antes quiere completar su etapa en las categorías juveniles y aprovechar la oportunidad de pelear por un lugar en el Nacional con Luján

Por ahora, su lugar está en Luján. La posibilidad de irse al exterior sigue presente, pero no quiere apurar una etapa donde todavía tiene objetivos por cumplir. Entre ellos, tratar de jugar el Mundial, clasificar después de años al Nacional con Luján o una eventual revancha con Brasil. La llamada que lo llevó a ser campeón fue inesperada, el camino para llegar a serlo había empezado mucho antes.

 

Juan Rodríguez, capitán de América del Sud: “El futsal es un deporte joven”

Por Valentín Mazzini

En 2021, San Lorenzo le ganó la final de la Copa Libertadores de futsal al equipo brasileño Carlos Barbosa por 4-3 y se convirtió en el primer y único equipo argentino en ganarla. Juan “Gallego” Rodríguez formó parte de aquel plantel y convirtió uno de los goles en la final. Hoy, cinco años después de conseguir el mayor logro de su carrera, juega en el club que lo vio crecer, es capitán y referente del Club de Parque Avellaneda América del Sud.

Rodríguez no se dedica solamente a jugar, también se encarga de dirigir a una categoría del club: todos los martes, miércoles y jueves a la tarde entrena a la quinta división. Termina a las 18 horas, baja dos pisos para ir al buffet, en ese camino saluda a todo el que se le cruce, compañeros, chicos del club, empleados, madres o padres y siempre con una sonrisa. Se sienta con la matera a su lado, pide agua caliente y para comer, granola con yogur. 

-¿Cómo fueron tus primeros pasos en el futsal y qué te llevó a elegir este deporte?

-Arranqué en 2007. Jugaba al baby fútbol en un club de barrio que se llama Flores Club. La mayoría de mis compañeros jugaban acá al futsal, en América. En ese momento el futsal no era lo que es ahora. Yo jugaba en cancha chica y también en cancha de once, pero, por seguir con mis amigos, cuando terminé el baby me sumé a América del Sud. Empecé a entrenar a fines de 2006, aunque todavía no tenía fichaje. Al año siguiente estaba en la Quinta División. América estaba en la B y ese fue mi primer año de futsal. Justo ese año el club ascendió y ahí empecé mi camino. En 2008, el club ya estaba en Primera División.

-Cuando eras chico, ¿sabías que querías dedicarte al futsal profesionalmente o se fue dando con el tiempo?

-A veces uno no sabe bien lo que quiere. Yo era un pibe que acababa de terminar la secundaria y nunca me había planteado ser jugador de futsal. Pero se fue dando y creo que supe aprovechar las experiencias que me tocaron vivir. Hoy muchos chicos lo ven como un posible trabajo, una fuente de ingresos o una oportunidad para irse al exterior. En ese momento era completamente amateur. Los jugadores de Primera no tenían las posibilidades que tenemos nosotros hoy, con las redes sociales, los seguidores y la gente que te pide una foto. El deporte también tiene mucha más visibilidad en la televisión.

A lo largo de su formación en América del Sud, Rodríguez contó con el acompañamiento de su familia y de distintos entrenadores que fueron importantes en su desarrollo. Entre ellos destaca a Mariano Gómez, quien lo hizo llegar a Primera División y a quien considera el mejor técnico que tuvo. No solo lo ayudó en lo futbolístico, sino que también fue importante en su crecimiento personal. Actualmente, Gómez dirige la Selección argentina Sub-18.

Después de sus primeros años en América del Sud y de una experiencia en Italia, Rodríguez llegó a San Lorenzo, donde formó parte de uno de los equipos más importantes de la historia del futsal argentino. En 2021, el Ciclón conquistó la Copa Libertadores tras vencer a Carlos Barbosa en Uruguay. El Gallego fue parte de aquel plantel y convirtió el tercer gol en esa final.

-¿Qué significó San Lorenzo en tu carrera y qué recuerdos te quedaron de tu paso por el club, especialmente de la Copa Libertadores de 2021?

-Un muchacho que había trabajado como entrenador de arqueros en América estaba en San Lorenzo, me conocía y me había recomendado. Entonces me llamaron. Desde el principio, el proyecto me resultó seductor y tenía ganas de ir. En ese momento el club venía apostando a la disciplina, con la idea de ganar algún título. Después fue una historia que superó todas las expectativas que uno podía tener. No esperaba que se diera todo lo que pasó a nivel colectivo ni que yo pudiera tener el nivel y el rol que tuve dentro de un equipo lleno de jugadores importantes. Ser el único equipo argentino que ganó la Copa Libertadores es algo muy importante. Ya pasaron cinco años y nadie más pudo conseguirlo. Ganamos la semifinal y la final contra equipos brasileños, y creo que eso terminó de demostrar que ese equipo marcó una época. No quiero ponerlo a la misma altura que un campeonato del mundo, pero son hitos que demuestran que el futsal está creciendo y que somos capaces de competir y ganar. Creo que sigue siendo el título más importante de mi carrera.

Pero para llegar a lograr todo lo que hizo no fue solamente por talento o ser un buen jugador. A lo largo de su carrera, Rodríguez tuvo que aprender a organizar su vida alrededor del futsal, entre los entrenamientos, los partidos y los viajes. Aunque desde chico disfrutaba jugar a la pelota, con el tiempo entendió que para dedicarse a este deporte tendría que dejar cosas de lado.

-¿Qué sacrificios tuviste que hacer para llegar a donde estás hoy?

-El otro día escuchaba una nota en la que decían que, si querés ser tenista, tenés que saber que tu cumpleaños no lo vas a festejar. Si cumple un amigo tuyo y cae en determinado momento, vas a llegar más tarde. En el futsal pasa lo mismo. Nosotros entrenábamos a la noche y te perdías cosas con tus amigos. Si se juntaban a comer un jueves, no podías ir. Si era el cumpleaños de tu tía y se juntaba toda tu familia, tenías que decirles que ibas a llegar después. Pero tampoco lo viví como un sacrificio, porque amaba jugar a la pelota. Es lo más lindo que sé hacer en mi vida.

Rodríguez encontró en el futsal una forma de vida que, con el tiempo, también se convirtió en su fuente de ingresos. Sin embargo, el camino tuvo sus dificultades, especialmente cuando le tocó dejar el país para continuar su carrera en el exterior.

-Más allá de lo futbolístico, ¿tuviste algún bajón durante tu carrera? ¿Cómo trabajaste esa parte mental?

-Hubo momentos difíciles que me costaron personalmente. Uno fue cuando me fui solo al exterior. Había hecho una muy buena temporada, clasificamos con América a la Copa Libertadores, tuve la suerte de hacer muchos goles y me llamaron de Europa. Me fui a jugar a España con 22 años. En mi casa, con mis viejos, no tenía que preocuparme por muchas cosas y, de repente, estaba solo en otro país, donde jugaba por plata y había otros 14 tipos que también lo hacían. Ya no era el jugador más importante del equipo ni tenía a alguien que me bancara si un día jugaba mal o si estaba cruzado y me comportaba mal. Tenía que ser profesional y mantener esa mentalidad, tanto para el deporte como para la vida. Son momentos en los que tenés que adaptarte. A veces perdés un poco el foco y empezás a hacer las cosas mal como deportista: descansás mal, comés mal y, lógicamente, cuando llegás a un nivel deportivo más alto, eso termina afectándote.

Hoy, mientras sigue compitiendo y buscando nuevos objetivos con América del Sud, Rodríguez también piensa en el futuro desde otro lugar: el de entrenador. Trabaja con chicos de las inferiores y le gusta transmitir sus valores y el conocimiento que aprendió a lo largo de toda su carrera como jugador. Aunque todavía quiere seguir jugando algunos años más, ya tiene una idea de cuándo le gustaría ponerle punto final a su etapa como futbolista.

-¿Qué objetivos tenés hoy? 

-Creo que el día de mañana voy a ser entrenador. Me gusta, me gustaría seguir vinculado al deporte y no soy una persona a la que le cueste venir a entrenar o estar en el club. Estoy acá todo el día y no me desgasta. Pero todavía falta. Quiero seguir jugando. El año pasado jugamos los playoffs y perdimos en semifinales. Ahora vamos a volver a jugarlos y tenemos buenos jugadores. América siempre tuvo buenos jugadores. Hoy trabajo con chicos de la categoría 2011 y ya les dije que no me voy a retirar hasta que lleguen a Primera. Así que esa es más o menos la idea: jugar un par de años más, hasta poder compartir la cancha con alguno de los chicos que formé.

Jeremías Bus, extremo de Ferro: “Contra Brasil se juega con el corazón”

Por Mateo Barerio 

Jeremías Bus, extremo derecho de Ferro, fue uno de los tres jugadores de la categoría Junior que se desempeñan en el medio local y formaron parte de la Selección Argentina que disputó los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026. Con la medalla de oro como resultado de la competencia, el jugador de la camada 2006-2007 continúa su desarrollo entre los entrenamientos en su club, las convocatorias nacionales y la carrera de Ingeniería Industrial en la UBA. Mientras busca consolidarse en el handball argentino, mantiene el objetivo de dar el salto al profesionalismo europeo.

-¿Qué es el handball para vos?

-Ocupa gran parte de mi vida. Entreno bastante, tanto en Ferro como en la Selección, y gran parte de mis amigos son de ese ambiente. Por eso, gran parte de mi vida gira en torno al handball.

-¿Cómo empezaste a jugar?

-Arranqué a los cinco o seis años en el club, en una actividad que se hacía a la tarde. Empecé con mis amigos y recuerdo que me becaron durante un año, así que no tenía que pagar la cuota. Eso fue un incentivo. A la par también jugaba al fútbol, pero llegó un momento en el que tuve que elegir una actividad y me quedé con el handball. El ambiente del fútbol me parecía muy hostil y competitivo, y no me gustaba tanto.

-¿Cómo fue tu llegada a Ferro?

-Llegué en 2022, para el torneo Clausura. Tenía un amigo en Ferro que me dijo que les faltaba un zurdo para el extremo derecho y me preguntó si quería ir a probar. Le dije que sí, fui, me gustó y arranqué.

-¿Cómo viviste tu llegada a la Selección?

-Mi primera participación fue en 2022. Los entrenadores hacen una convocatoria grande y van eligiendo jugadores por zonas. Después entrenás durante todo el año hasta llegar al torneo, aunque en el medio van recortando la lista. Cuando te dicen que quedaste, sentís un alivio enorme y mucha felicidad, porque hay mucho esfuerzo y sacrificio detrás.

Ese camino lo llevó a compartir entrenamientos con jugadores de la Selección mayor y a vivir una experiencia que todavía recuerda con claridad. La convocatoria llegó después de una práctica que mezclaba tanto la categoría juniors y la mayor, cuando el entrenador Rodolfo Jung reunió al grupo y comunicó quiénes viajarían. Entre los convocados había dos juniors(sub 21): Bus y Bautista Torossian. Para el extremo de Ferro, aquel momento significó un nuevo paso en su crecimiento deportivo.

-¿Cómo fue cuando te avisaron que ibas a viajar con la Selección mayor?

-Estábamos entrenando, creo que era miércoles o jueves. Terminó el entrenamiento y Rodolfo reunió a los mayores y a dos juniors, que éramos Bauti Torossian y yo. Nos llamó aparte y nos dijo que íbamos a viajar. Ahí nos comentó que estábamos en la lista.

-¿Qué sentiste cuando te colgaron la medalla?

-Una alegría enorme, sobre todo porque estaba mi familia. Tuve la suerte de que fueran a verme y mi viejo ocupa un lugar muy importante porque me apoya mucho. Creo que ahí es cuando realmente caés en lo que lograste: estás escuchando el himno, hay un montón de gente y se vive un ambiente increíble. Ahí tomé dimensión de lo que habíamos conseguido.

La medalla de oro fue uno de los puntos más altos de su recorrido. Pero, para Bus, los partidos contra Brasil tienen un significado especial, sobre todo por la historia reciente de su camada y la búsqueda de una victoria que todavía siente pendiente.

-¿Qué significa jugar contra Brasil?

-Yo creo que contra Brasil se juega con el corazón. Cuando las piernas ya están cansadas, se juega con la cabeza y con el corazón. A esta camada 2006-2007 no se le viene dando desde 2022. Siempre estamos ahí, pero no terminamos de conseguirlo. En el Sur-Centro de 2024 también nos tocó perder. Es como decir: “Se tiene que dar sí o sí”. Ganar una final contra Brasil. Jugarla bien y poder ganarles sería soñado.

Más allá de los resultados deportivos, el crecimiento de Bus está atravesado por una realidad que comparten muchos jugadores argentinos: el handball todavía es amateur y obliga a compatibilizar la competencia con otras responsabilidades. En su caso, el desafío es sostener los entrenamientos en Ferro y con la Selección sin abandonar sus estudios universitarios. Una organización que requiere constancia y que, según cuenta, muchas veces deja poco margen para el descanso.

-¿Cómo hacés para combinar el handball con la Ingeniería Industrial?

-Trato de organizarme con los tiempos. Aprovecho mucho los fines de semana: como tengo uno o dos partidos los sábados, intento dedicarle todo el domingo al estudio. Es una carrera pesada, con mucha matemática y física, y si no estás al día te perdés.

-¿Sentís que la falta de profesionalización afecta el nivel del handball argentino?

-Sí, totalmente. Si mirás a Brasil, tiene mucho más protagonismo del Estado en el deporte. No es que haya una diferencia enorme en cuanto a las medallas, pero es un bajón que nosotros no recibamos tanto apoyo.

La falta de recursos también condiciona las posibilidades de proyectar una carrera en el exterior. En Europa, el handball ofrece un nivel de competencia y una estructura profesional que despiertan el interés de muchos jugadores argentinos. Bus no es la excepción, aunque entiende que la posibilidad de emigrar depende de varios factores y que, antes de dar ese paso, debe seguir creciendo dentro de la cancha.

-¿Te gustaría jugar en el exterior?

-Sí, es algo que me encantaría. Soy consciente de que acá el handball es amateur y también tengo que estudiar. Además, está el tema de la ciudadanía, que complica las posibilidades. Pero sí, me gustaría irme en un futuro. Generalmente, los argentinos se van a Italia o España. Me gustaría ir a Europa, más que nada por la experiencia y por tener un ingreso a través del equipo. No sé si vivir exclusivamente del handball, pero sí poder tener un ingreso extra. Es otro nivel y sería una experiencia muy linda.

Con la medalla de oro como uno de los recuerdos más importantes de su carrera, Bus todavía tiene objetivos por cumplir. La posibilidad de jugar en Europa aparece como un horizonte, pero el presente sigue marcado por los entrenamientos, el estudio y la búsqueda de nuevas oportunidades en la Selección. Mientras tanto, el extremo de Ferro tiene claro qué partido le gustaría jugar y qué resultado espera conseguir: una final frente a Brasil, con la posibilidad de cambiar la historia de una camada que lleva años persiguiendo esa victoria.

-¿Cómo te imaginás dentro de diez años?

-Me gustaría estar jugando afuera, en algún club importante, como el Barça. Pero también soy consciente de que hay que ir paso a paso, entrenar y mejorar día a día. Cuando llegue la oportunidad, quiero estar preparado para aprovecharla. Sería un sueño.

Con el oro suramericano en sus manos como punto de partida, Jeremías Bus sigue persiguiendo nuevos desafíos. Entre el handball, la facultad y el sueño europeo, mantiene una cuenta pendiente: ganarle una final a Brasil.

Claudia Burkart, de Leona a kinesióloga de la Selección: “El Mundial de 2026 fue como revivir Perth 2002”

Por Julieta Juárez

8 de diciembre de 2002. Australia. Perth Hockey Stadium. Claudia Burkart, de apenas 22 años, caminó hacia el punto de penal con una certeza: había entrenado para ese momento. Estaba a punto de disputar una de las definiciones más importantes de su carrera y de la Selección. Argentina y Países Bajos empataban 1-1 en la final del Mundial y el título se resolvería desde los penales.

Antes, su entrenador Sergio Vigil se acercó y le preguntó: “¿Estás para tirar?”. Su respuesta fue afirmativa. No lo pensó demasiado: confiaba en lo que había practicado durante los entrenamientos previos. Tomó la decisión, ejecutó y convirtió. Luego, la arquera argentina Mariela Antoniska hizo lo suyo y atajó un penal a las neerlandesas. Argentina ganó 4 a 3 y levantó por primera vez la Copa del Mundo.

– Después de retirarte, ¿fue difícil encontrar tu lugar fuera del hockey?

– No me costó tanto. Lo pensé y ya en un momento estaba cansada del alto rendimiento, fueron 10 años de Selección y quería dedicarme más a mi carrera (Universitaria), quería formar una familia. Ya lo tenía todo procesado. Lo tenía pensado desde Rosario 2010, ahí me dije: entreno estos seis meses y me retiro de la Selección.

Su recuerdo más especial es el mismo Mundial de Rosario 2010, donde Argentina venció, otra vez, a Países Bajos en la final y Claudia se consagró campeona del mundo por segunda vez. Para ella, fue un torneo inolvidable, marcado por el acompañamiento del público y por una conexión con la gente que se mantuvo durante toda la competencia. “Fue un torneo increíble y ese partido en particular, como que cerraba mi carrera. Se dio todo perfecto”, evocó. El festejo en el Monumento a la Bandera y el himno compartido con miles de personas quedaron entre las imágenes más valiosas de aquella consagración.

De todas formas, su retiro en 2010 no significó el final definitivo de su vínculo con la albiceleste. En 2015, con 35 años y después de convertirse en madre (En 2011), Burkart recibió una nueva convocatoria a Las Leonas para disputar la final de la World League. Las dudas sobre su estado físico hicieron que la decisión no fuera sencilla. Antes de aceptar, conversó con su familia, porque sabía que el regreso también requería una red de apoyo para acompañarla en esa etapa.

“Lo que me costó decidir fueron más que nada dudas mías en cuanto a la parte física, si iba a estar a la altura de las circunstancias, si iba a poder”, confesó. Finalmente, aceptó el desafío, aunque el regreso duró apenas unos meses. Durante ese período sufrió varias lesiones y una fractura de muñeca la llevó a replantearse la continuidad. “Como kinesióloga trabajo con las manos. Me hizo reflexionar y tomar la decisión de que lo había intentado, pero no estaba para continuar”, agregó.

La lesión también modificó su manera de pensar el cuidado físico. Hasta entonces, no había sufrido lesiones graves y una fractura podía cambiar sus planes. A partir de ese episodio, empezó a prestar más atención a su futuro profesional y a la importancia de cuidar su cuerpo para poder seguir trabajando.

Pese a que el regreso no tuvo el desenlace que esperaba, Burkart no se arrepiente de haberlo intentado. La maternidad había traído nuevas prioridades y, como ella misma reconoció, la cabeza ya no estaba puesta al ciento por ciento en el hockey. Aun así, considera que su experiencia podía aportar algo a las jugadoras más jóvenes

24 y 16 años después de haber levantado la Copa del Mundo, Burkart volvió a experimentar una sensación parecida. Esta vez no estaba dentro de la cancha ni tenía un palo en las manos. Desde su lugar como kinesióloga de Las Leonas, acompañó a una nueva generación que también tuvo que atravesar la tensión de una definición por penales ante Países Bajos para alcanzar la gloria mundial. La espera de esa ejecución final le devolvió los recuerdos de aquella tarde en Perth. “Estar ahí, esperando ese último penal, fue muy parecido. Me revivió todo. Una alegría enorme, salir corriendo con mucha euforia, como que no podíamos creer que finalmente lo habíamos logrado”, recordó.

Países Bajos siempre fue el rival a vencer para Las Leonas. La selección europea, con una liga profesional y una infraestructura superior, se convirtió en una referencia para el hockey argentino. La rivalidad se fortaleció con los cruces decisivos entre ambos equipos, incluidas las finales mundialistas de Perth 2002 y Rosario 2010, en las que en ambas Argentina se quedó con el título. “Es un clásico porque sabemos que son las mejores y siempre queremos ganarles”, resumió Burkart sobre una rivalidad que atraviesa distintas generaciones del seleccionado.

– ¿Qué cosas permitieron compensar esas desventajas de infraestructura y profesionalización?

– Cuando nosotras les ganamos en 2002, las holandesas no lo podían creer. Cuando vinieron a la Argentina (Para Rosario 2010), se preguntaban cómo habíamos hecho para ganarles. Allá, los clubes tienen cuatro o cinco canchas de agua, mientras que acá recién ahora hay algunos con dos, y son muy pocos. Si hablamos de infraestructura, estamos muy lejos. Además, ellas ya son profesionales. Todo eso hace que lo nuestro salga de otro lado: del corazón, de la garra, de la entrega y de esa lucha que tiene el argentino de ir contra todos los pronósticos. 

Mientras que era Leona, Claudia estudió Kinesiología. Empezó la carrera en 2001 y se recibió en 2007. Llevar las dos cosas al mismo tiempo no fue nada fácil: terminaba de entrenar, se bañaba y salía con el bolso directo a la facultad. En ese momento no existían las clases por internet y la carrera exigía ir presencial, así que cuando no tenía competiciones y estaba en Buenos Aires, no podía faltar a ninguna clase.

Como sus profesores veían que ella siempre cumplía y se esforzaba, la ayudaron cambiándole las fechas de los parciales cuando tenía que viajar a jugar. Claudia reconoce que fue un camino difícil y de mucho esfuerzo, pero demostró que con ganas, disciplina y organización se puede estudiar y ser deportista de alto nivel al mismo tiempo.

Claudia Burkart encontró otra manera de seguir ligada al seleccionado. Desde su lugar como kinesióloga, acompaña a las nuevas generaciones y comparte una experiencia que comenzó mucho antes de su trabajo fuera de la cancha. El contacto cotidiano también le permite intercambiar vivencias con las jugadoras. Algunas se interesan por conocer cómo eran los entrenamientos durante su época o le consultan sobre distintas situaciones del juego. Para ella, esa posibilidad de transmitir lo aprendido es una forma de seguir aportando al equipo.

– ¿La garra y el corazón son características que tienen en común las tres generaciones de Las Leonas campeonas del mundo?

– Sí, totalmente. Creo que lo que se pudo transmitir de generación en generación son los valores de Las Leonas. Este equipo también los transmitió y las chicas hablan todo el tiempo de la unión, de la entrega. Creo que eso es lo que las hace distintivas. Las condiciones nunca son las ideales: siempre corremos de atrás, con problemas para entrenar (En Argentina), buscando canchas y yendo de acá para allá. Eso hace que saquemos algo distinto, algo que te da un plus.

Para Burkart, ser Leona no depende de seguir jugando ni de ganar títulos. Es una identidad que permanece más allá del tiempo y desde el lugar que le toque ocupar. “Ser Leona es un orgullo muy grande. Es algo que lo guardás para siempre, porque sos Leona para siempre”, afirmó. Claudia ya no busca un título con el palo en la mano, sino que ahora acompaña a quienes persiguen el mismo sueño que ella cumplió dos veces.

 

Bautista Torossian: “Haberle ganado a Brasil es sacarte un peso de encima”

Por Lautaro Palavecino

Bautista Torossian, jugador de la Sociedad Alemana de Gimnasia de Almirante Brown (SAGAB), fue uno de los tres jugadores del medio local que formaron parte de la Selección Argentina Mayor de handball en los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026. Con la medalla de oro como resultado de la competencia, el jugador de la camada 2006 continúa su desarrollo entre los entrenamientos en su club y las convocatorias con Los Gladiadores, mientras mantiene el sueño de dar el salto al profesionalismo europeo.

-¿Qué es el handball para vos y porque arrancaste?

-El handball para mí es medio un embudo. Desde chiquito que arranqué jugando y me aportó muchos valores, amigos, familia. Estoy muy contento de aprender a jugar desde muy chiquito. Arranqué por mi hermano. De más chico yo era más del palo del fútbol. Fuimos a jugar al Club Alemán de Burzaco. Yo arranqué jugando al fútbol y, de a poco, me fui metiendo en el deporte. Al principio fue fútbol y después handball.

-En los Sudamericanos ¿Cómo fue el momento en el que estás en la lista y te dicen que vas a viajar?

-En el momento, la lista la dieron después del entrenamiento y la verdad que fue una alegría inmensa. Yo no me la esperaba para nada. Veníamos entrenando duro. Veníamos en conjunto los chicos de Junior y la Mayor y se armó un lindo grupo porque nos retroalimentábamos. La lista fue inesperada, así que cuando la dijeron estaba ilusionado.

-Hablamos con Francisco Colombo y Jeremías Bus. Los dos nos dijeron que prefieren ganarle a Brasil y perder los Sudamericanos antes que ganar los Sudamericanos y perder con Brasil. ¿Qué postura tenés vos?

-Estoy completamente de acuerdo. Voy cuatro duelos mano a mano en Brasil, tres en inferiores y ahora este, y haberle ganado es sacarte un peso de encima que venís arrastrando de años anteriores. Sin dudas, es una alegría inmensa. Es el clásico rival que todos quieren ganar.

-¿Cómo fue el momento de subirse a recibir la medalla?

-Una locura. Vino y nos entregó la medalla la Peque Pareto y ese momento queda grabado de por vida. Un recuerdo inolvidable. Pesa un montón. Estoy muy contento. Muy linda medalla.

-Si pudieras definir el torneo en una imagen o en un momento muy puntual, ¿en cuál lo definirías?

-Hay muchos, la verdad. Ese momento cuando le ganás a Brasil es un momento donde rebalsás e alegría y felicidad. El momento donde te das cuenta de que sos campeón, que fue contra Chile en este caso. Esos dos momentos son inolvidables y, obviamente, el momento de subirse al podio. Yo caí una semana después en mi casa. Ahí te das cuenta de todo lo que fue, pero esos momentos son los que no me voy a olvidar nunca. La semana siguiente vas cayendo de todo lo que pasó y lo que conseguimos.

-¿Es muy distinto jugar con tanta gente?

La verdad que las veces que jugué un torneo con la Selección fue de visitante, en Nicaragua y Egipto, y el público eran algunos padres que tuvieron la posibilidad de ir a alentarnos. Así que venir acá y tener 3500 o 4000 personas, estadio lleno, todos alentando para un mismo lugar, es una locura.

-¿Cómo llevás el hecho de jugar con tanta gente?

-Previo al partido, quizás la noche anterior, es una ansiedad bastante grande que hay que saber llevarla. Sin embargo, yo siempre digo que es una adrenalina buena. Pero después, cuando entrás adentro de la cancha, ya es distinto. Te sentís como una pelota atrás de la otra e intentás concentrarte en eso. Si te desconcentrás un minuto, intentás volver a la cancha como para que no te invada. Esa energía que tiene la tribuna te hace sentir medio a prueba, pero eso es la base.

-Jeremías Bus nos decía que tanta gente lo abrumaba o trataba de no pensar tanto en eso, y Francisco Colombo todo lo contrario. ¿Vos de qué lado te parás más?

-Yo creo que soy un intermedio. Fran necesita eso, es nafta para él, lo cual me parece excelente. Me encantaría que me pase de esa forma, pero a veces uno tiene sus dudas, sus temas que quiere disolver para que no salga mal y toda esa gente, en vez de tirar para adelante, empiece a criticarte. Siempre está ese miedo, aunque no sea verdad. Yo creo que Jere es más tranquilo, entonces tiene la posibilidad de hacerlo desde lo interior.

-¿En la Selección les ponen un psicólogo?

-La verdad que el cuerpo técnico de la Selección es muy completo. Tenemos médico, kinesiólogo, preparadores físicos y los DT. Pero, en el caso de la salud mental, no abarca eso. Siempre nos sentimos contenidos con el cuerpo técnico, siempre nos están hablando. Esa psicología deportiva está en todos lados. No hace falta un profesional, quizás en un futuro para el equipo, pero individualmente te sentís siempre contenido.

-¿Te gustaría irte a jugar a Europa en algún momento?

-Bueno, sí. Es un sueño que me gustaría cumplir. Yo tengo la suerte de ir tras los pasos de mi hermano y sé en qué no caer. Lo tengo de ejemplo a él para tomar decisiones en un futuro. Por ahora estoy bien, esperando opciones, pero sería una linda experiencia.

-¿En qué cosas no querrías caer?

-En apresurarme e irme de más chico a un equipo que no me ayude a mi juego o como persona. Llevarme para un lado que no quiero.

-¿Cómo es jugar con tu hermano?

-La verdad que es un sueño, lo dije siempre. Desde que nos tocó jugar en la primera del club, en la Liga Oro, estamos muy contentos porque fue siempre lo que soñamos. Él tiene cuatro años más que yo, así que en inferiores nunca coincidimos, fue solo en la Mayor. Y nada, tiene una posición completamente distinta a la mía, pero nos llegamos a conectar con jugadas y ahora ir juntos a la Selección es un sueño completamente.

-¿Lo ves como un guía a él?

-Siempre lo vi como mi ídolo de más chico. Hoy, jugando como un compañero, pero no deja de ser mi ídolo. Me marcó el camino y me sigue marcando. No sé si él me considera así porque somos compañeros en la Selección y en el club, pero se concentra mucho en el hoy.

-¿Estás estudiando?

-Estoy estudiando Derecho en la UNLZ. Mi hermano estudia Derecho ahí también, sigo sus pasos en todos lados.

-¿Tenés la intención de ejercer en algún momento?

-Sí, obviamente. Yo, por una cuestión de tiempo en el día a día y con los entrenamientos, no estoy dando la carrera en el tiempo ideal. No me preocupa tampoco recibirme tan tarde, pero me gustaría recibirme en un tiempo no tan prolongado. Sigo metiendo materias de a poco, sin quedarme atrás. Me gusta mucho el Derecho. Tengo pensado seguir la carrera junto con el handball.

-¿Cómo es viajar con la Selección?

-Viajar con la Selección es una experiencia hermosa. Primero, representar los colores es un sueño y cualquier persona, cualquier deporte que inicia, quiere representar a su Selección desde el lugar que sea. Y bueno, vos estás concentrado día a día para pasar esos partidos y, además, tenés objetivos en el día para hacer video, que es analizar al rival. Sacando toda la carga que lleva, el día a día es increíble: hacés amigos, conocés muchas cosas, te cagás de risa, es muy lindo.

-Una vez que volviste al club siendo campeón, ¿tenés otra jerarquía o te miran distinto?

-No, no. Yo siempre fui muy sociable en el club, siempre fui amigo de los más chicos y los más grandes. La verdad que nos tratamos de igual a igual en el club porque siempre fuimos amigos y es así. Muchas felicitaciones, que eso me llena el corazón, porque siempre es lindo recibir felicitaciones, pero nadie te trata con más jerarquía porque somos todos del mismo club.

-¿Sentís que llegaste o todavía falta?

-No, falta un largo camino, por suerte. Por suerte quedan muchos caminos por delante.

-¿Cómo ves al Bauti dentro de diez años?

-Tendría 30 años. Espero que no haya bajado los brazos en ningún momento, que se haya esforzado mucho y que, más allá de conseguir o no los objetivos, haya dado todo. En cuanto a objetivos, no puedo decir mucho porque puede pasar o no puede pasar, como formar parte de la Selección Mayor en un futuro o jugar afuera, y no me molestaría que no pase. Lo importante es que haya dejado todo por lo que viene.

En este momento, Torossian sigue los pasos de su hermano Tobias pero sueña con jugar en Europa en algún momento de su carrera. Desde la infancia hasta ahora, Bautista siempre lo tuvo de ídolo a su hermano aun coincidiendo tanto en la selección como en el SAG de Almirante Brown. Bautista Torossian es un chico común, trabaja, estudia, va a entrenar y vuelve a su casa. El handball es amateur y a día de hoy no puede vivir del deporte pero la medalla Sudamericana está en su casa, y el honor es impagable.

 

Tomás Pescio: “Espero que me recuerden como una buena persona”

Por Felipe Campanelli 

Nació en Ushuaia, conquistó la Copa Libertadores de futsal con San Lorenzo y continuó su carrera en España. Hoy juega en Independiente y busca volver a la Selección argentina, mientras recuerda los sacrificios que acompañaron su recorrido. Tomás Pescio aprendió que perseguir un sueño también significa dejar cosas atrás. Construyó una carrera que lo llevó a competir en el máximo nivel del futsal. En el camino hubo títulos y nuevas oportunidades, pero también distancia, salidas pérdidas y momentos lejos de las personas que lo acompañaron desde el comienzo. Hoy, en Independiente, todavía tiene objetivos por cumplir.

– En tu etapa en San Lorenzo, ¿Además de la Libertadores, qué es lo que más te marcó?, ¿qué es lo que sentiste en San Lorenzo que te ayudó bastante? 

– Para mí, que soy un chico de muy lejos, me sirvió mucho lo que es el club. Es decir, la verdad que la calidad de la gente que está dentro del club, más allá de lo que es el plantel de futsal, me sirvió un montón, porque me ayudaron un montón, la gente del Poli de Roberto Pando. También, más que nada, mis compañeros, que me atraparon, me ayudaron, me enseñaron un montón y, dentro de lo que se puede llamar, es una familia, porque me hacen sentir en casa estando muy lejos de ella. Y para mí eso fue un sostén muy grande y, nada, también un golpe de realidad de lo que era todo lo que es el amateur para ser profesional.Tuve muy grandes compañeros, como Damián, como Gonzalo Paolo, como Galle, como Ninja también, que jugué el otro día contra él, que son grandísimos profesionales, que yo los miraba por la tele. Y, nada, compartir no sólo cancha, sino el vestuario y el día a día con ellos fue, fue la verdad que una experiencia muy linda.

-Claro, pero después de San Lorenzo saliste campeón de la Libertadores y ahí te llamaron en España, en el Wanna Pigs.

-Sí, sí, en el Wanna Pigs salí. Nosotros ganamos la Libertadores en el 2021, en Uruguay. Un año más tarde, en 2022, ganamos la Copa Argentina y la liga, Torneo Nacional. Y ahí, en enero, me fui. El primero de enero salí para España.

– ¿Cuando fuiste para Zaragoza, fuiste solo o con algún familiar?  

-Solo, solo, por suerte me pasó más o menos parecido que en San Lorenzo. Caí en un grupo de personas muy buenas. Justo, me tocó compartir y vivir, convivir, en realidad, con uno de los chicos con los que estoy jugando ahora en Independiente, que es Mateo Flores Iengo, y otro chico que al día de hoy lo considero uno de mis más amigos también. Le tengo mucho cariño, que es Adrián Rivera, que es un jugador del Porto Murcia. Yo conviví con ellos en la primera etapa que llegué a Zaragoza y, la verdad, me hicieron la vida mucho más fácil y me ayudaron a adaptarme a la ciudad, al país y a lo que es el futsal español.

- Cuando llegaste a Zaragoza, ¿te instalaste en una residencia o en el plantel ahí o cómo fue?

-En una casa. Me mandaron a un departamento muy lindo, muy cerca del club también, en el que estábamos los tres: Mateo Flores, Adrián Rivera y yo.

-¿Y cuál es la diferencia principal que notás en el futsal de allá con el de acá?

-A nivel torneo, es la infraestructura y la organización, creo yo. Vos viajas a jugar, los fines de semana jugás de visitante, jugás de local, te trasladas en colectivo o en tren. Los estadios también, yo creo que hay una mejor infraestructura a nivel estadios y todo. Si bien acá hay estadios muy lindos también, yo creo que allá se ve más, y yo creo que a nivel infraestructura se nota bastante eso. Y a nivel de juego, yo creo que es un poco más pausado, que se puede llegar a jugar más. Acá el futsal es muy, muy intenso, que eso está bueno también, es mucho más friccionado, todos los equipos te presionan. Allá pasa que no hay tanta presión y se exprime más el juego, te dejan jugar más. Lo que sí pasa en España, por ejemplo, capaz que hay ocho o siete equipos que son muy buenos y ahí se nota mucho la diferencia, que son todos, tienen catorce jugadores que son muy buenos, que marcan mucho la diferencia y mantienen un nivel de intensidad y de calidad dentro de la cancha casi todo el partido. Entonces, como que ahí es muy difícil presionar.

-¿Por qué  jugador de futsal?

-Pasa que, al ser de Ushuaia, se practican mucho los deportes de indoor, todo lo que es cerrado, de techo. El fútbol 11 se juega, pero capaz que se juega pocos meses en el año y, encima, no es muy competitivo. Capaz el futsal es más chico, hay muchos equipos, competís, sabés que hay muchos equipos a lo largo del país. Está bueno y, bueno, desde ahí empecé a jugar al futsal. Igualmente, mi deporte favorito es el básquet.

-¿Vos qué pensas que hubieses sido si no eras jugador de futsal, hubieras estudiado alguna carrera o trabajo?

-Yo había empezado a hacer el CBC de Abogacía en la UBA y, nada, tuve que dejar porque se me cruzaban mucho los horarios. Bueno, también tenía mucho en la cabeza estudiar para ser profesor de Educación Física, pero después se me complicó mucho con el tema horario y me fui afuera, así que se me pasó. Era bastante chico. Ahora me arrepiento y pienso que lo podría haber hecho también.

-¿No te dijeron nada en casa por dejar?  

-Sí, sí, se enojaron un poco, pero bueno, nada, me apoyaron. Eso es algo que tengo que agradecerle mucho a mis viejos, que siempre me apoyaron en todo.

-¿Ellos son tus sustentos más que nada? 

-Sí, sí, obvio. Ellos son los que siempre me dijeron que le dé para adelante. Con sus buenas y malas, ellos siempre estuvieron ahí.

-¿Crees que un jugador de futsal en Argentina puede vivir de eso exclusivamente de este deporte?

-Yo creo que sí, que se puede y todavía se puede seguir mejorando. Ese es el tema, porque es un deporte muy lindo y se puede seguir dándole visibilidad.

-¿Qué le dirías a un chico que recién está empezando a jugar al futsal y piensa que no va a poder llegar a ser profesional?

-Yo le diría que busque ejemplos, que se agarre de alguien o de algún camino que crea de sí mismo y que, si él le pone voluntad, le pone profesionalismo, se entrena, él va a poder llegar a donde él quiera. Obviamente, viene mucho de las condiciones, pero si está arrancando y tiene la posibilidad de arrancar, es porque tiene algo para estar ahí. El tema también es, cuando vos llegás, seguir perfeccionándose y seguir entrenando, seguir mejorando, escuchar a los más grandes, escuchar a los entrenadores, absorber conocimientos. Entonces, yo le diría que sea inteligente, que escuche, que aprenda, que se perfeccione y que, nada, que se puede y que va a tener un lindo trayecto si él se lo propone.

-¿Cuál sería tu próxima meta en el futsal, sacando este campeonato con Independiente?

-Ahora mi objetivo de este año es ganar algo con el Rojo. Se nos escapó el otro día la Copa Argentina. Y nada, trabajar para ver si llega algo de la Selección, siempre ese es el objetivo más grande. Seguir trabajando, tratar de buscar un hueco y nada más que tratar de volver a Europa ahora.

-¿Y un sueño, alguna copa que quisieras ganar?

-Y me encantaría poder ganar algo con la Selección y, nada, ganar algo ahí. La copa más linda es el Mundial, pero bueno, primero, paso a paso: entrenar, hacer las cosas bien en tu club y a ver si llega otra citación.

-¿Cómo recordas tu debut con la camiseta de la selección Argentina?

-Mi debut fue algo espectacular. Fue el mismo día de mi cumpleaños, el 17 de julio de 2022. Me acuerdo que estaba todo tímido, ni siquiera dije que era mi cumpleaños. Fue un día hermoso, la verdad, en Rosario, en la cancha Provincial de Rosario. Es lo mejor que hay, creo que es el sueño que todo jugador tiene desde que arranca a jugar.

-¿Cómo quisieras que las personas recuerden a Tomas Pescio?

-La verdad, como una buena persona. Yo me considero un buen amigo que siempre trata de estar para cuando necesitás ayuda, para lo que me necesiten. Así que, nada, espero que me recuerden como una buena persona, como un buen amigo.

Noel Barrionuevo, ex Leona campeona del mundo en 2010: “Mi psiquiatra me salvó la vida”

Por Jazmín Macoretta

Durante casi diez años, Noel Barrionuevo convivió con un trastorno de la conducta alimentaria mientras competía con la Selección argentina de hockey. Detrás de los logros, atravesó una lucha que requirió tratamiento profesional. Tras su retiro, recuerda su recuperación y las dificultades de su carrera.

Empezó a jugar al hockey a los cuatro años, siguiendo los pasos de sus cuatro hermanos. Lo que comenzó como un juego se transformó en una carrera que la llevó a vestir la camiseta argentina, compartir equipo con referentes históricas y convertirse en una de las integrantes de Las Leonas que conquistaron el Mundial de 2010. 

-¿Cómo fue pasar de jugar en tu club a formar parte de Las Leonas?

-Arranqué en 2005, jugando el Mundial Junior con Las Leoncitas. Ahí fueron mis primeros pasos con la Selección. A partir de ahí, empecé con la mayor y no paré más, gracias a Dios, siempre estuve en proceso de Selección, sin irme a jugar afuera.

De un momento a otro, Noel pasó de ser una joven que jugaba al hockey a compartir entrenamientos, vestuarios y competencias con algunas de las referentes que habían marcado la historia del seleccionado. 

“Nunca se me cruzó por la cabeza pensar que iba a compartir vestuario o cancha con Mechi Margalot, Magui Aicega, Lucha Aymar, entre muchas otras. Abrazarse con ellas en el himno es algo demasiado fuerte, todavía se me sigue poniendo la piel de gallina”, recuerda.

Sostener ese lugar durante tantos años también implicó organizar su vida alrededor del deporte. Los entrenamientos, las concentraciones y los viajes formaron parte de una rutina que muchas veces la obligaba a perderse momentos importantes. 

“Uno va resignando muchas cosas por la pasión y la convicción con la que hace el deporte. Me he perdido el casamiento de mi hermano, cumpleaños y eventos importantes de la familia porque estaba de viaje o de gira. Pero lo vas eligiendo en algún punto y no me arrepiento”, cuenta.

En ese recorrido, sus compañeras ocuparon un lugar fundamental. Compartir tantas horas dentro y fuera de la cancha hizo que los vínculos trascendieran lo deportivo. Las concentraciones y los viajes permitieron construir amistades que se convirtieron en una parte importante de su vida, incluso después de dejar el seleccionado.

“El hockey es un deporte en equipo, y para mí es un bonus extra porque tenés a tus compañeras, que son amigas. Viajamos un montón, para competir afuera y entrenar, y terminan siendo tu familia. Volvería a pasar todo lo que pasamos por esto que logramos como equipo, tan fuerte”, explica.

Pero detrás de los títulos, había una dificultad que no siempre era visible. Durante la adolescencia, la comparación con otras chicas comenzó a afectar la forma en que Barrionuevo veía su cuerpo. Mientras avanzaba en su carrera deportiva, su relación con la comida se convirtió en un problema que atravesó durante años.

-¿Cómo fue tu relación con la comida durante los años en los que jugabas al hockey y cuándo te diste cuenta de que necesitabas ayuda?

-Desde adolescente, empecé a tener problemas con la comida. Estaba en el colegio y toda mi familia se vio alertada con estos cambios abruptos de actitud, físicos y emocionales. A los 15 años ya me veía mal con el cuerpo; me comparaba con mis compañeras, que eran más chiquitas, y quería ser como ellas. Eran períodos de anorexia con bulimia, era un mix. Por momentos te restringís las comidas, en otros no, te das atracones.

A los 17 años, sus padres buscaron ayuda profesional y comenzó un tratamiento. Reconocer lo que le pasaba y aceptar que necesitaba acompañamiento fue parte de un proceso que no resultó sencillo. Al principio, se resistía a la terapia grupal, pero el compromiso con los profesionales y con otras personas que atravesaban situaciones similares la ayudó a continuar.

Con el tiempo, comprendió que estos trastornos no debían minimizarse ni interpretarse como una cuestión de voluntad. Su experiencia le permitió reconocer la importancia de contar con un equipo de profesionales y de entender que la recuperación requiere acompañamiento.

“Nadie tiene que subestimar a una persona que tiene trastornos de la alimentación. Se escucha mucho decir que ‘es un capricho, después se le pasa’. No, realmente necesitás ayuda nutricional, psiquiátrica y psicológica para poder curarte. Esa terapia me salvó, porque al principio no quería saber nada. Mi psiquiatra me salvó la vida”.

-¿Dudaste en algún momento de dejar el tratamiento o dejar Las Leonas?

-Sí, mucho. Aunque el tratamiento no había forma de dejarlo porque tenía a mis viejos encima y también el grupo, tenías el compromiso con la compañera que la estaba peleando igual que vos y los terapeutas. No podías aflojar. Muchas veces dije: ‘Dejo el hockey, no me interesa, estoy cansada’. Pero Héctor, mi psiquiatra, me prohibió dejar el deporte.

Años más tarde, otro desafío apareció durante la preparación para los Juegos Olímpicos de Tokio. La pandemia modificó los planes y obligó al equipo a adaptarse a una rutina diferente, con entrenamientos en aislamiento y elementos para mantener la actividad física. 

A esa situación se sumó el contagio de COVID-19, que afectó su estado físico a pocos meses de los Juegos. La recuperación se convirtió en una preocupación mientras se acercaba una de las citas más importantes de su carrera.

-¿Qué significó para vos la medalla de plata de Tokio?

-Yo me contagié para Semana Santa, la pasé muy mal: perdí el gusto y el olfato y sentía que no tenía fuerzas en las piernas. Todo el tiempo pensaba en que faltaba muy poco para los Juegos Olímpicos, en cómo iba a hacer para recuperarme. Y en medio de todo eso, haber llegado a una final olímpica y poder tener esta medalla, para nosotras fue como oro.

La medalla de plata representó otro logro para Las Leonas, llegar a la final después de las complicaciones que había vivido durante la pandemia hizo que el resultado adquiriera un significado especial. 

La idea inicial era retirarse después de los Juegos Olímpicos de 2020. Sin embargo, la pandemia postergó la competencia y modificó sus planes. Cuando finalmente llegó el momento de dejar el seleccionado, después de tantos años de entrenamientos, viajes y concentraciones, la decisión estuvo acompañada por la tranquilidad de haber cumplido una etapa.

-¿Cómo viviste la decisión de retirarte de Las Leonas después de tantos años?

-Cuando apenas me retiré fue difícil. Mi rutina era entrenar doble turno, las concentraciones, los viajes, y de golpe todo eso se terminó. Fue duro, pero estaba tranquila y feliz porque fue una decisión consciente. Quería cerrar en 2020, después del Juego Olímpico, pero con la pandemia y la postergación se me hizo cuesta arriba. Ya estaba muy cansada físicamente, venían chicas muy jóvenes con más ganas, y al seleccionado tenés que dedicarle más que tu ciento por ciento. Representar a Las Leonas fue el máximo orgullo de mi carrera.

El retiro significó despedirse de una rutina que había organizado gran parte de su vida. Después de tantos años de exigencia, tuvo que acostumbrarse a una realidad diferente, sin los mismos horarios ni la presión de competir por resultados. Aunque extraña la adrenalina de la alta competencia, reconoce que hoy puede disfrutar del deporte desde otro lugar, sin las obligaciones que implicaba representar al país.

La historia de Barrionuevo no se explica solamente a través de los títulos, las finales o las medallas. Su recorrido también habla de las dificultades que pueden atravesar los deportistas mientras sostienen una carrera de alto rendimiento y de la importancia de contar con una red de apoyo para enfrentarlas. En su caso, la familia, las compañeras y los profesionales que la acompañaron tuvieron un papel fundamental.

Hoy, lejos de la exigencia cotidiana de Las Leonas, puede mirar su trayectoria con la tranquilidad de haber cerrado una etapa que marcó su vida. Su testimonio pone en primer plano una parte del deporte que muchas veces queda fuera de la escena pública: aquello que sucede detrás de los resultados y que no siempre se ve cuando una selección sale a la cancha.

 

Chivo Pavoni: “Independiente es mi hogar y estoy agradecido que así sea”

Por Emiliano Le Voci

 El reloj marca las 9 de la mañana cuando en el predio de Villa Domínico comienza una nueva jornada. Primero, con la llegada de trabajadores, familiares de los pibes de las inferiores y, por supuesto, con el arribo de los autos de los jugadores de primera división. Luego sigue la entrada en calor, para el posterior entrenamiento, de varias categorías, con la vista puesta en una larga lista de objetivos, a corto, mediano y largo plazo, que varía según el equipo, división y jugador.

Alrededor de las 9:30 Ricardo “Chivo” Pavoni llega en Uber al predio para dar inicio a su labor como acompañante y formador de las divisiones inferiores. Primero, todavía algo soñoliento, se acomoda en su despacho dentro de las instalaciones, pone el termo, yerbera y mate sobre la mesa, agarra el celular para avisarle a su esposa que llegó y que no podrá contestarle por algunas horas, y, por último, chequea su casilla de mails. Después, se sienta y afirma estar listo para charlar y responder preguntas acerca de su vida como futbolista y la gloria deportiva en Independiente que lo inmortalizó como uno de sus mayores ídolos.

El Chivo disputó 495 partidos oficiales, convirtió 76 goles y conquistó 12 títulos, entre ellos cinco Copas Libertadores. Todo esto con la camiseta de Independiente a lo largo de 12 temporadas. Mérito más que suficiente para ser considerado leyenda por el resto de su vida.

–Jugabas en Defensor Sporting y hasta habías empezado a trabajar en un casino cuando apareció el llamado de Independiente. ¿Qué recordás de ese momento en el que tu vida cambió prácticamente de un día para el otro?

-Yo era muy pibe, pero el fútbol no alcanzaba. La aparición de Independiente me vino como anillo al dedo, porque las cosas en el casino no iban muy bien, varios fueron detenidos por la policía poco tiempo después que me fui, me salvé jaja. Mi pase cñostó 28 mil dólares, no es que fuera un monto escandaloso, pero era significativo en esa época. La verdad es que no lo podía creer cuando me dijeron que me iba a Buenos Aires.

-Cuando mirás hacia atrás y ves que ganaste cinco Copas Libertadores, ¿en qué momento te diste cuenta de que aquel equipo estaba construyendo algo que iba a quedar para siempre en la historia de Independiente?

-Uno no se da cuenta, no toma conciencia hasta mucho después. Porque no salís a jugar pensando “si ganamos hoy vamos a ser ídolos por siempre”. Solo pensás a corta distancia en el tiempo. Con los años, ya retirado, ahí ves realmente lo que esos títulos significaron para tanta gente. Muchas veces estoy en la calle y me reconocen, me saludan con mucho cariño. Los hinchas me recuerdan los tiros libres y los penales. Siempre es muy lindo recibir el afecto de la gente de Independiente, pasan los años y me sigue emocionando.

– ¿Cuál fue la clave para no perder la motivación luego de tantos triunfos? Es cierto que está en el ADN de los deportistas la sed de la victoria, pero una vez que lo ganás todo, ¿cómo buscás más?

-Era otra época. No digo que no hayamos sentido esa sensación. Supimos disfrutar y celebrar de la manera adecuada cada copa. Pero luego volvíamos el lunes al entrenamiento y ya había un nuevo objetivo, y nosotros queríamos estar a la altura de ese nuevo objetivo. Además, teníamos bonos por cada título internacional. No estoy diciendo que fuera la única motivación, pero también era importante. Quizás podías comprarte un auto, o una casa, permitirte algunos lujos.

– ¿Pensás que hoy cambió un poco el sentido de pertenencia de los jugadores? Porque muchas veces a la primera de cambio se van, algunos incluso siendo muy chicos todavía.

– Por el avance de la tecnología, del mundo, hay muchos factores. Hoy se gana mucha más plata por el fútbol, por la televisión, por los sponsors. También suelen ser más años de carrera, por el avance de la preparación física. Yo creo que los pibes intentan hacer esa diferencia económica desde la primera oportunidad que tienen. No me parece mal eso. Es más, yo creo que beneficia a los clubes, porque significa un importante ingreso de dinero. Y hoy por hoy, a Independiente le conviene vender jugadores.

– ¿Creés que Independiente sigue formando jugadores del más alto calibre? Porque mucha gente solo habla de la cantera Boca y de River.

– Claro que sí. Ahora mismo la reserva está puntera del campeonato, eso habla por sí solo. Tenemos muchos pibes, mucho material. No solo de Buenos Aires, también de varias provincias. Hay mucho talento, el desafío está en trabajar con eso y que mejoren, que crezcan. Pero no solo como jugadores, también como personas.

El Chivo se prepara un mate, vuelve a mirar el celular, quizás esperando haber recibido un mensaje, o simplemente para constatar la hora. Sale de su despacho en busca de una botella de agua, y al regreso viene un ayudante, vestido con una gorra, buzo y pantalón del club, a recordarle a Pavoni que en un rato lo necesitan para ayudar y aconsejar a una categoría. Luego de un trago de agua, se dispone a seguir con la charla.

-Fuiste capitán de uno de los equipos de Independiente más emblemáticos de la historia. Qué significa realmente ser líder de un vestuario: ¿hablar, dar el ejemplo, exigir a los demás o saber cuándo quedarse callado?

-Es una responsabilidad que te asignan los demás porque son ellos quienes te elijen. Uno tiene que afrontarlo con madurez y creo que en mayor o menor medida lo hice bien. Comenzás a ver al equipo de otra manera, porque ya no sos un jugador más. Es algo lindo, porque también significa que los demás ven en vos esa capacidad de liderazgo. Coincidió con una etapa muy exitosa del club, pero más allá de eso ya era muy lindo ser el capitán.

– Enfrentaste a jugadores como Pelé y Johan Cruyff y también compartiste cancha con grandes futbolistas de tu época. ¿Qué aprendiste, si es que aprendiste algo, de enfrentar a jugadores que parecían estar un escalón encima del resto?

-No es que haya aprendido algo de ellos. No discuto la calidad inigualable, pero al enfrentarlos no estás pensando en las cosas que el otro puede hacer. Tampoco es conveniente pensarlos como inalcanzables, por más que lo sean, ya que puede jugarte en contra en un partido por los puntos. No hay que tenerles miedo, respeto sí, pero miedo no.

-Después de tu retiro en 1976 podrías haberte alejado del fútbol, pero decidiste seguir vinculado a Independiente durante décadas. ¿Qué encontraste en el trabajo con los chicos que hizo que quieras seguir dentro del club?

-Al principio tuve que ir a la psicóloga para dejar atrás al Pavoni futbolista. También entré a trabajar en un banco, pero no por necesidad económica, sino para ser tratado como alguien normal y eso me ayudó bastante. Extrañaba el club, así que comencé a ir a la mañana a Independiente y a la tarde al banco. Es el amor al club, a las instalaciones, a los hinchas, a los que trabajan ahí y claro, a los jugadores, a las nuevas camadas, eso me mantuvo ligado todos estos años.

-Hoy, con 83 años, ¿qué sentís que todavía podés aportarle al club?

-Experiencia. Sabiduría. Conocimientos. Me gusta poder aconsejar a los más jóvenes, como también me hubiera gustado a mí tener a alguien, un adulto mayor que me aconsejara y no solo sobre fútbol, sobre la vida en general. Cuando veo los resultados en las inferiores, y también veo que los chicos están cómodos, me doy cuenta que hago bien mi trabajo. Independiente es mi hogar, y estoy agradecido que así sea.

Pavoni bebe un último vaso de agua, se despide cordialmente y avanza hacia la puerta. Sabe que lo espera otro día de trabajo. Pero él es feliz. Lo disfruta. Se encuentra con los ayudantes, hablan, analizan, destacan. Se puede apreciar la concentración cuando está inmerso en el trabajo. Y a su vez, es inmenso en la historia de Independiente, que lo recordará por siempre.

 

El nacimiento de un mito: la historia del primer título como profesional de Roger Federer

Por Emiliano Le Voci

A 27 años del primer título como tenista profesional de Roger Federer. ¿Qué tan a menudo se atestigua el nacimiento deportivo y profesional de una leyenda? Esos atletas que trascienden su disciplina. Que son una fuente de inspiración para millones de personas alrededor del mundo. Que agrandan su figura con cada aparición pública. Hay un puñado nomás de esta clase de deportistas de élite, que formarán parte de manera eterna en la cultura popular, y que viven y vivirán por siempre en los corazones de la gente. En el recuerdo.

Federer, de apenas 18 años, venía de en 1998 alcanzar la cima del ranking júnior. Salió campeón de Wimbledon juvenil y del Orange Bowl, el torneo para menores de edad más prestigioso del mundo. Ya era toda una promesa, pero había llegado la hora de la verdad. Su transición al profesionalismo. Un limbo en el que muchos jugadores se han quedado estancados, por motivos de madurez o de adaptación al ritmo frenético de juego de los adultos.

Arrancó la temporada de 1999 fuera del Top 300. Comenzó a alternar triunfos en torneos de categoría Challenger y ATP. Le ganó a Carlos Moyá (número 5 del mundo ese momento) en el torneo de Marsella. En abril debutó con una victoria en la Copa Davis frente al italiano Davide Sanguinetti. Sin embargo, perdió en primera ronda de Roland Garros, Wimbledon y ni siquiera llegó al cuadro principal del Us Open. Y, por un momento, aparecieron las dudas sobre el futuro. El miedo que daba vueltas en la cabeza del suizo era no poder dar el salto de calidad definitivo.

El 25 de octubre de 1999 el helvético fue a Francia a jugar el Challenger de Brest, en busca de poder conseguir su primer título profesional y así dejar atrás las dudas y el mote de promesa, para ser realidad, presente. El sorteo dictaminó que el suizo tendría un camino con rivales de poca monta hasta la final. En primera ronda enfrentó a Lionel Roux y fue victoria para el futuro campeón de 20 GS por 6-3, 4-6 y 6-4. Luego, en los octavos de final, le ganó a Rodolphe Gilbert por 6-4 y 6-3. En cuartos de final, venció sin problemas a Michael Llodra por 6-3 y 6-3. En semifinales, luego de derrotar a tres jugadores locales, venció por 6-3 y 7-6 al checo Martin Damm, quien unos años después construiría una respetable carrera.

El 31 de ese mes se disputó la final. Federer logró ese día su primer título como tenista profesional. En la final le ganó al bielorruso Maxim Mirny con un sólido 7-6 y 6-3. El inicio de la leyenda. Entre tres mil a cuatro mil personas asistieron ese día a la final: ¿Cuántas de ellas habrán pensado que estaban en presencia de un crack? Lo más probable que varias, pero ¿alguien habrá imaginado todo lo que lograría? Fue el único título Challenger en la carrera de “Su Majestad”, ya que con los 80 puntos que sumó, llegó al puesto 56, lo que le permitió afianzarse en los mejores torneos del año siguiente. El resto es historia: 103 torneos ATP ganados, 310 semanas como número 1 (237 de forma consecutiva, récord), 1.251 victorias en toda su carrera con apenas 275 derrotas.

La frase “no hay nadie, pero nadie más grande que Roger Federer”, dicha por primera vez por el periodista venezolano Luis Alfredo Álvarez representa a muchos fans del tenis, y en específico a los admiradores del tenista europeo. Un superhéroe que no vuela y no tiene capa, pero sí clase, elegancia, talento y, sobre todas las cosas, tenis: ¿es el mejor tenista de todos los tiempos? Nadie podrá saberlo a ciencia cierta, debido a sus dos rivales históricos, con quienes el tenis vivió su mejor época: Rafael Nadal y Novak Djokovic. Lo que sí es posible afirmar es que ese día en Brest hace ya 27 años nació una de las trayectorias deportivas más prolíficas de la historia. Nació el mito.