viernes, febrero 20, 2026
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“Es importante que las instituciones les den a los chicos herramientas emocionales”

Por Agustina Lamenti

A las 9.15 de una mañana primaveral, Fernando Langenauer, excoordinador de la pensión de Independiente (2015-2021) y fundador de la ONG Validando, le pide a la moza un agua sin gas en un café de especialidad de la Avenida Warnes al 100, que es su “segunda oficina”, ya que se encuentra en la planta baja del edificio en el que vive. Cada tanto, algún perro pasea por la cafetería pet friendly y lo iluminan los rayos de sol que entran por la ventana que da al pasaje Bravard. Tiene un vaso junto a la botella, pero todavía no se sirve, y empieza a recordar su gestión en Independiente, durante la cual detectó y denunció los abusos a juveniles del club. 

-Cuando entraste a trabajar como coordinador de pensión en Independiente, ¿ya conocías el lugar? 

Soy hincha de Independiente y llegué en 2015 a través de una subcomisión de pensión, así que ya había ido con ese grupo un año antes de empezar, a charlar con los coordinadores.

-¿Seguiste trabajando en Vélez en simultáneo?

Venía de dos años en Vélez donde crecimos un montón. El proyecto estaba en su mejor momento. Convencí a los dirigentes de ambos clubes de poder trabajar en los dos. No sé ni cómo hice. Arrancaba a las cinco de la mañana y volvía a mi casa a las nueve de la noche. Entendí que era imposible seguir ese ritmo y hablé con los directivos de Vélez. Les dije: “Esto es absolutamente por amor, yo tengo que estar allá”. Me dijeron que estaban las puertas abiertas para volver cuando quisiera. Lo entendieron.

¿Qué necesidades detectaste en Independiente?

El gran problema que había era el 95% de repitencia, había que levantar a ese muerto. En el hotel Constitución Palace, al que fuimos cuando se remodeló la pensión durante la gestión de Pablo Moyano, iban a ser dos meses y terminaron siendo cinco. Lo primero que pedí fue una sala de estudio, a la que al principio no iba nadie, así que la hicimos obligatoria. Fuimos muy directos: el que repite se va. Hubo que crear el hábito de que los pibes estudien, pero hubo un cambio drástico. En un año, de 74 pibes que había, repitió uno solo. 

 –¿Cómo tomaron los chicos eso de que “el que no pasa de año se tiene que ir”?

 -Al principio hubo mucha resistencia, hubo que cambiar hábitos. Cuando llegué pedí que todos tuvieran ropa del club y la usaran todos los días. Se la afanaban entre ellos. Tuvimos que echar a muchos chicos de la educación del club. Era más que un tema de estudios. De a poco tratamos de meter salidas, charlas para que los pibes se diviertan y la pasen bien. Al final se creó un ambiente lindo, de familia. 

Club Atlético Independiente . Noticias sobre Club Atlético Independiente | Página|12

-Más allá del rol importantísimo de la educación, ¿sentís que con esas iniciativas los chicos pudieron despejar la cabeza de las presiones del fútbol?

-Uno lo intenta, yo no te puedo afirmar si eso sucedió. Lo que te puedo asegurar es que los pibes en ese lugar fueron felices. Han disfrutado sus años en la pensión, sobre todo por la compañía que tuvieron. Pibes que en su vida pensaban que terminarían el colegio se fueron con títulos secundarios. Depende de cada uno porque hay pibes para los que el fútbol es todo y si quedan libres no ven otra salida.

-No es casualidad que los abusos hayan salido a la luz en el momento que la pensión empezó a funcionar mejor. ¿Pensás que pudieron generar esa confianza a los chicos de que puedan contarlo confiando en que los iban a ayudar?

Creo que no es casualidad que hayan confiado en nosotros para decirnos lo que sucedía. Que un chico se haya acercado al psicólogo preocupado por un compañero me parece de as cosas más nobles que existen. 

-Sí, pero también es noble lograr que él se acercara porque confiaba en que iba a ser escuchado.

-Fue importante estratégicamente lo que hicimos de escuchar. Hicimos una ronda con 60 pibes diciéndoles: “Nosotros sabemos que está pasando esto”. En esa ronda había pibes que se reían, que les parecía gracioso, y otros que estaban incómodos con la situación. A partir de ese espacio hubo varios que se acercaron a contar sus experiencias. Lo primero que les dijimos fue que ninguno hizo nada malo, pero que hubo personas que cometieron un delito que está penado por la ley. Entonces queríamos que confiaran en nosotros, que los íbamos a cuidar y a proteger como lo veníamos haciendo. Esto pasaba en el fútbol argentino hacía 30 años y nadie lo denunció. 

La nueva apuesta en la pensión de Independiente: desarmar lo peor del folklore del fútbol

-¿Cómo fue tratado el tema por los medios?

-Independiente fue muy vapuleado por la prensa, lo mataron aunque haya hecho las cosas bien. Fue muy vanguardista en hacer una denuncia de ese tipo, que terminó con gente presa. Se trató el tema con mucha irresponsabilidad. Que les daban calzoncillos, carga para la SUBE, es todo mentira, siempre era plata. Por eso sigo dando notas, para que un día escriban la verdad.

-¿Cómo surgió Validando?

En 2023 empecé a colaborar con una ONG de mujeres que habían sufrido violencia sexual y un día mi tutora me dijo: “¿sabes cuántas ONG de este tipo hay para varones? ni una, ¿qué estás esperando?” Ese fue el cachetazo que necesitaba. 

-¿Pensás que los estereotipos de masculinidad, sobre todo en el fútbol, causan que los varones se autorepriman a la hora de pedir ayuda?

-Totalmente. Crecen escuchando a los técnicos que les dicen: “Trabá fuerte, no seas puto”, y eso los condiciona. Es importante que las instituciones deportivas les den herramientas emocionales para defenderse y estar alerta.

 

Un día en la vida de los Espartanos

Por Tomás Cilley

Espartanos es un programa que enseña a los presos a jugar al rugby. Fue creado en 2009 por Eduardo “Coco” Oderigo (foto), luego de ver las malas condiciones y la oscuridad que había en las cárceles. Él vino con distintas actividades que, a lo largo del tiempo, empezaron a generar cambios. Según su página oficial, antes de la creación del programa, el 65% de los prisioneros volvía a cometer delitos, pero desde que conocieron la ovalada, hay una mejoría notoria. Ahora, ese número disminuyó al 5%. Esto sumado a que era natural que una persona muera todos los días.

Eduardo “Coco” Oderigo, de Espartanos: “El deporte y la espiritualidad es un mix imbatible” - Post by Santander

El penal de San Martín, ubicado en las afueras de Buenos Aires, fue el primero en tener un espacio para practicar este deporte en el mundo. En la actualidad, hay tres canchas. El fenómeno social fue creciendo y cambió vidas a lo largo del planeta. Esto no es exageración, ya que también es aplicado en siete países distintos como Chile, El Salvador, España, Kenia, Perú y Uruguay. En total, cuenta con 470 voluntarios y 2.554 jugadores en 60 penales distintos, a nivel nacional se implementó en 16 provincias. 

Además de los valores que se aprenden en el rugby, como lo es el trabajo en equipo o ayudar a los demás, hay más actividades recreativas que los Espartanos pueden practicar. La agenda semanal incluye la práctica del yoga, sesiones con psicólogos, jugar al truco y apoyo espiritual. Una de ellas es el rezo del rosario, se trata de una oración católica dedicada a la Virgen María. Se hace todos los viernes hábiles de 9 a 12 de la mañana. Las personas que quieran participar tienen que entrar a la página web o comunicarse por WhatsApp para que les pidan los datos personales. Una vez concluido este proceso se les envía un mail explicando algunas cuestiones de importancia como que hay que estár alerta, no vestir de negro y no ingresar con celular u objetos para filmar.

En la entrada del presidio, las primeras personas que se cruzán son los policías. Algunos se encargan de recibir, mientras que otros vigilan todo el lugar. Les solicitan el DNI físico a los masculinos, y después a las femeninas. Se ven los muros que son enormes.  No es tarea sencilla escapar, los alambres de púas que coronan las paredes impiden que se los salte. Llega el momento de atravesar los distintos portones, que sirven como medidas extra para que no haya ningún error. Esas puertas hacen un chillido espeluznante que recuerda que se está entrando a un penal de alta seguridad. Se siente la incomodidad de parte de los que van a visitarlos por primera vez.

Es increíble como esto cambia en el instante exacto en el que se abren las puertas del pabellón. Los sentimientos de temor o inseguridad desaparecen. Los Espartanos reciben a los visitantes con aplausos como si fueran héroes y saludan diciendo: “Bienvenido Espartano”, para hacerlo sentir como si fuera un héroe. Cada uno de ellos está con una sonrisa y una alegría inexplicable. Hay personas que van a visitarlos de manera constante, que son saludados con varios abrazos y muestras de afecto. El polo opuesto de lo que muestran las películas de cárcel.

PAE acompaña la sexta edición de la Expo Industrial con la presentación de Eduardo “Coco” Oderigo, creador de Los Espartanos - El sitio de la energía en la región

Luego, en una ronda mixta, se sientan. Todos se pueden ver las caras entre sí. En ese círculo no hay discriminación. Hay hombres y mujeres que buscan compartir un buen rato y hundirse en la profundidad de las conversaciones. El respeto y el cariño son los valores reflejados. Se saludan uno por uno, como si se tratara de un asado familiar o una juntada con amigos. Los Espartanos suelen hacer preguntas similares a: “¿Cómo fue tu semana?”, o “¿Cómo se encuentra la familia?”. Esos gestos ayudan a romper el hielo, al igual que la invitación para compartir un desayuno.

El mate dulce es lo más usual. Consumir esta bebida a la mañana tiene un valor muy significativo. No solo sirve para despertar y activar el cuerpo, sino también sostiene una conexión invisible para los ojos. Se da el mensaje indirecto: “Tomamos de lo mismo, somos del mismo palo”. Con la comida pasa lo mismo. Si se tiene suerte puede ser el cumpleaños de algunos de los presos. En esos casos, suelen ofrecer brownies o budín. Ellos con mucha generosidad van a insistir: “Aprovechá para comer torta porque no se come todos los días esto, pasa cada muerte de obispo”. 

En cuanto al espacio, llama la atención las flores que rodean el estanque de agua para hacer más ameno. El rugby está y se observa hasta en las paredes, se ven pintados los escudos de los clubes más importantes de la URBA, como el SIC, CASI o Hindú. O mismo las camisetas amarillas de Los Espartanos están presentes. Están expuestos los regalos de parte de All Blacks: los mejores con la ovalada. Los neozelandeses suelen venir a visitarlos y compartir tiempo con ellos.

Se ven las fotos que se tomaron en la cancha de Vélez, en un partido entre policías y Espartanos, en la previa al encuentro entre Los Pumas contra los All Blacks. Se puede observar en un palco a la Virgen de Luján, escondida desde arriba, como si estuviera protegiendo a sus hijos sin que ellos se enteren.

Los Espartanos: la reinserción social de presos a través del rugby - Optimism

A la hora de guiar el rosario se suele dividir roles. El capitán de Los Espartanos se encarga de leer los Misterios Dolorosos, mientras que un voluntario indica qué decir o hacer. Si bien es una práctica católica, pedir y agradecer es fundamental para cualquiera. Dentro de las peticiones más comunes se encuentran la salud de un familiar o el futuro de cada uno. No se olvidan de los que cayeron en las adicciones, ya sea en la droga o el alcohol y tampoco de los que ya no están. Las lágrimas se derraman en los hombres que muchas veces buscan mostrarse fuertes. Esto lo explicó uno de ellos que confesó: “El preso no habla de lo que siente, de lo que pasa en su interior. Con Esparta aprendimos a llorar y a contar lo que sentimos”, narró esto con dolor y angustia.

No se puede pasar por alto que, a la hora de pedir, mencionan a los que lastimaron cuando delinquieron o el crimen que cometieron. En un gesto humilde, reconocen que se equivocaron y que no está bien lo que hicieron. En estos momentos se suelen ver abrazos o pañuelos que recorren la ronda. Lo mismo pasa a la hora de agradecer. Las cosas materiales pasan a ser secundarias y se empieza valora lo que realmente les importa: “Agradezco por un día más de vida” o  “nos despertamos vivos”. Lo que en la cotidianidad muchos dan por obvio, ahí se tiene más presente el regalo de la vida. Ellos agradecen la visita y explican que la libertad va más allá de donde estés parando, con el argumento de que es elección de cada uno cambiar con respecto a las cosas que van pasando a lo largo de la vida.

También están los momentos para reír y divertirse. Por ejemplo, Martín, suele ir seguido a visitar a Los Espartanos. Él hizo una apuesta con ellos que consistía en lo siguiente: si Boca ganaba el Superclásico contra River, se tenía que poner la camiseta del equipo xeneize. Como el Xeneize se quedó con el partido, él tuvo que ponerse el manto del clásico rival, mientras lo grababan y lo cargaban con la idea de subirlo a las redes sociales. O mismo está la famosa ronda de chistes, pero siempre con respeto. De hecho, el programa busca que ellos dejen de usar las malas palabras en su lenguaje. 

Con respecto a las charlas, cada uno habla de temas muy variados. En Argentina, el fútbol, además de ser una pasión, es casi un lenguaje aparte. Las cargadas ayudan a descontracturar y se suele molestar al que es hincha de un equipo que perdió. Por otro lado, muchos de Los Espartanos están lesionados, por lo que cuentan como viene siendo su proceso de recuperación y que van a hacer para volver más fuertes que nunca. También, suelen preguntar acerca de uno y su historia. Siempre, desde la curiosidad y amabilidad. Les interesa saber sobre tus estudios o tu profesión.

Juan Andreotti visitó a Los Espartanos, la fundación de rugby que ayuda a presos a reinsertarse en la sociedad | Que Pasa Web

En caso de que descubran que alguien presente tenga alguna habilidad, como por ejemplo, rapear, se lo hará pasar al medio de la ronda para que exponga su talento y sea aplaudido por la multitud. Ellos son capaces de generar momentos ocurrentes y chistosos, para hacer olvidar al resto que se encuentran en una cárcel de máxima seguridad. Como en cada lugar, hay cierto vocabulario con su significado específico. Para Los Espartanos, la celda es la habitación o el pabellón 10 es el equipo 10. Un gran jugador es un purasangre, mientras que uno malo es un tierno.  

Los Espartanos suelen ser muy curiosos con temas sociales como la psicología. Es por eso que cuando tienen la oportunidad de hablar con alguien de afuera, y que se recibió de esta profesión, aprovechan para preguntarle sobre el tema. Uno de ellos, que suele ir seguido a visitarlos, es Joaquín Blousson. Él relata, en las afueras del penal sobre los test psicológicos. Porque a muchos presos, en sus procesos judiciales, se los hicieron hacer.  “En esos dibujos, estímulos o imágenes se puede ver mucho del inconsciente de la persona. Cuando les contás sobre esto, capaz algunos te cuestionan, pero siempre con la mejor”, describe el profesional.

La música suele ocupar un lugar muy lindo en la vida de mucha gente. Sirve para acompañar en los días grises o para bailar en las noches festivas. Los géneros más escuchados ahí dentro son el rap, el RKT o la cumbia. El rock también se hace presente cuando uno de los visitantes saca una guitarra y empiezan a tocar las melodías más conocidas, ya sea canciones de Los Redondos o cualquier clásico del rock nacional.

Hay espacio para el arte y el movimiento. De hecho, el rapero G Sony fue muchas veces al penal y protagonizó al personaje “Mamut” en la serie “Espartanos”, inspirada en la historia real de la fundación del primer equipo de rugby carcelario, disponible en Disney Plus. Pero la música toma valor sentimental cuando se termina un denario, un rosario tiene un total de cinco. A la hora de finalizar uno, el entorno se vuelve reflexivo. Se cantan canciones de misa o dedicadas a Dios en donde con letras profundas, algunas hablan del pecado, otras de la riqueza del amor. Como “Vida en abundancia”, “La niña de tus ojos” o “Estate”. En esos momentos, aprovechan para reflexionar en silencio. Aunque el clima de festividad y distensión no tarda en volver.

Los Espartanos, el equipo de rugby de presos en Argentina que ha cambiado la vida de sus jugadores | SBS Spanish

El tiempo de rezar el rosario dura tres horas. Si bien esa duración uno puede entender un poco más sobre cómo es la cárcel, el que sabe de verdad es el que transcurre gran parte de su vida allí. Como no se puede entrevistar a nadie preso, a menos que consigas permiso de un juez, para comprender mejor lo que se vive es importante escuchar lo que vivió Gustavo Godoy. Él fue preso por 6 años y 8 meses. El hecho que lo llevó a prisión fue no haber denunciado un caso de corrupción de un compañero de la comisaría, en la que él trabajaba. Fue a parar en la unidad 41 de Campana. Ahí conoció a Luis “Gordo” Valor, famoso por robar bancos y liderar la Superbanda.  “Ahí, si no hacés deporte, no te movés nada. Te la pasás durmiendo, comiendo y viendo la tele. El rugby te ayuda con lo físico y lo mental, además del compañerismo que aporta”, cuenta Godoy en un frigorífico que se llama Frimsa, su actual lugar de trabajo. Una de las 116 empresas que deciden dar segundas oportunidades. En la actualidad, hay 129 Espartanos que lograron conseguir trabajo después de cumplir con su condena. YPF, Medicus o Farmacity son algunas de las compañías que deciden dejar los prejuicios de lado para darle oportunidad a los que no tienen tantas.

En la cárcel, muchas historias se pueden reescribir. Algunos deciden estudiar o terminar el secundario. Otros, lo ven como un lugar para formarse. Esto es gracias a Espartanos. Ahora el penal San Martín es un lugar con mejores condiciones. Debería ser así, con regocijo, como se les fue demostrado a las personas que compartieron un tiempo con ellos. Al fin y al cabo, estos sitios fueron creados para que las personas cumplan su condena y salgan mejores. No debería ser un calabozo para envejecer. Todos tenemos la necesidad de ser querido por alguien. El amor es igual de importante que el agua y hay personas que no tienen quien las visite. Además de que el buen trato puede transformar la vida de mucha gente. Es imposible de calcular cuántas personas fueron salvadas gracias a Espartanos o cuántos robos fueron evitados.

Antes de arrancar a rezar el último denario, todos los de afuera deben presentarse y contar su historia dentro del pabellón. La gran mayoría de los testimonios, por no decir todos, suelen ser positivos y llenos de emoción. Las sonrisas están más latentes que nunca. Se respira humanidad, compañerismo y ganas de reencuentro. Tampoco es imposible de olvidar su grito de combate que dice: “AU AU AU”. Todos se ponen de pie y hacen un abrazo grupal, en sinónimo de unión e igualdad. Luego de los diez Ave María, es la hora de despedirse y terminar con una experiencia llena de vida.

A la cárcel muchos se lo imaginan parecido al infierno, otros la describen como una experiencia de Cielo en la tierra. Sin dudas es una actividad necesaria que nutre el alma. Lo cierto es que por más materiales audiovisuales o libros que haya sobre Espartanos, la mejor manera de conocer lo que se vive es estár presente en el lugar. Es gratis y a ellos no les da lo mismo que estés ahí, tienen ganas de conocerte a vos.

El TC2000 y los callejeros, una tradición que retorna

Por Luciano Mollo y Faustino Sedano

En los últimos 20 años, el Turismo Competición 2000 tuvo como eventos principales sus carreras disputadas en diferentes circuitos callejeros. El más recordado, fue en las calles que rodean al Obelisco, que comprendió la Avenida 9 de Julio y Avenida de Mayo, entre otras. En la Capital, también tuvo lugar una competencia en Palermo, cerca de la sede del Automóvil Club Argentino. Por otro lado, la Ciudad de Santa Fe recibió al TC2000 en sus calles, aunque de manera particular, ya que en 9 de sus últimas 10 ediciones la fecha estuvo integrada por dos carreras con la misma duración y puntaje, una el sábado por la noche, con luz artificial, y otra el domingo al mediodía.

En 2026, luego de ocho años, la categoría volverá a disputar una competencia en un circuito callejero, el 14 y 15 de marzo. La pista estará ubicada en Villa Soldati, Ciudad de Buenos Aires, y tendrá una extensión de 2700 metros. Comprenderá las avenidas Coronel Roca y Escalada, y también pasará por el Parque de la Ciudad. Tendrá una recta principal de 720 metros, se instalarán 12 tribunas y 1500 muros de contención. Los boxes estarán dentro del estacionamiento del Parque y se extenderán a lo largo de 200 metros.

La última ocasión que el TC2000 salió de los autódromos fue en 2018, cuando se llevó a cabo el callejero de Santa Fe. La carrera nocturna del sábado la ganó Leonel Pernía con un Renault Fluence, mientras que el domingo, Agustín Canapino se adjudicó la victoria a bordo de un Chevrolet Cruze.

Canapino, Pernía y Facundo Ardusso son los pilotos con más victorias en circuitos callejeros, con 4 triunfos. Otros ganadores de estas ediciones son Néstor Girolami (3), Juan María Traverso (2), Matías Rossi (2), Emiliano Spataro (2), y Mariano Werner, José María “Pechito” López,  Ernesto Bessone, Jorge Omar Del Río, Martín Basso, Norberto Fontana y Mariano Altuna, todos con una victoria.

Diego Levy, uno de los dirigentes del TC2000 y responsable de la Agencia Tango de visitas turísticas, comentó cómo avanzan los trabajos sobre el trazado porteño: “Los trabajos en el callejero de Buenos Aires están a pleno: ya se puso en marcha todo. Lo primero fue la demarcación de la pista, y ahí se introdujo un pequeño cambio en una recta de 1.100 metros, pensado para que el público pueda sentir aún más la velocidad de las SUV. Algunos de los muros serán los mismos que se utilizan en el autódromo y otros serán completamente nuevos. También estamos sumando mucha puesta en escena artística: fanzone, paddock y amplios accesos para el público en general. En el estacionamiento del Parque Roca se va a asfaltar para montar la pista y, al costado, en la zona de usos múltiples, incorporaremos un sector embellecedor.”

De esta manera, se busca recuperar la identidad y la realización de eventos históricos para revertir el mal presente de la categoría. Para conocer más sobre la historia del TC2000, te invitamos a que escuches nuestro podcast, en el que repasamos los factores que desembocaron en la actualidad de la competencia.

 

“No vinimos a pedir permiso”

Por Maite Galarza

El fútbol femenino argentino tiene una fecha que se repite como una puerta abierta: 16 de marzo de 2019. Ese día la AFA anunció la profesionalización del torneo femenino. No fue un punto de llegada, sino de partida. Una conquista a medio firmar, una promesa que todavía se está jugando. Desde entonces la palabra “profesional” se pronuncia con orgullo, pero también con un dejo de ironía: en muchos casos, apenas cubre los viáticos del transporte.

Cinco años después, las jugadoras entrenan con la misma rutina de siempre: madrugar, viajar en colectivo, calzarse los botines y correr detrás de una pelota que todavía paga desigual. Según un informe de Nota al Pie de 2024, el 40 % de las futbolistas de Primera División siguen siendo amateurs, sin contrato firmado ni obra social. En una cancha cualquiera de Buenos Aires, el sol cae a pleno y el pasto recién cortado deja un aroma húmedo que se mezcla con el de los rociadores de agua. Las camisetas transpiran nombres que aún no figuran en los noticieros, pero que sostienen un cambio silencioso.

Julieta Cruz, lateral de Boca Juniors, lo explicó sin rodeos: “Nosotras también somos trabajadoras del fútbol. Aunque todavía hay que recordarlo todos los días”. Cuando se la escucha hablar, la voz suena firme, sin dramatismo. Es una convicción aprendida en la práctica, en los años en que jugaba en Mendoza y dormía poco para ir a entrenar antes de trabajar. Hoy, mientras se saca fotos con la gente, se la ve sonreír. Pero cuando la pelota se va al córner su mirada se endurece: sabe que la cancha es también una trinchera.

El camino hacia la profesionalización fue y sigue siendo, una construcción fragmentada. En los años previos, el fútbol femenino sobrevivía en ligas informales, torneos barriales o equipos que entrenaban de noche porque las canchas se usaban antes para los varones. “Ser profesional implica que el club te reconozca, no solo que te pague”, escribió la investigadora Gabriela Nicole Garton en su estudio del CONICET sobre el proceso de 2019. Ese cambio simbólico —ser vistas y tener lugar— fue tan importante como la firma del contrato.

En el predio de Racing de Avellaneda, un grupo de jugadoras trota bajo la sombra de los eucaliptos. Micaela Sandoval, mediocampista del equipo, se acomoda la vincha y ajusta los cordones antes de la práctica. “Cuando te dicen que sos profesional pensás que todo va a cambiar — pero después ves que entrenás igual, solo que ahora el nombre tiene peso. El resto depende de lo que haga el club”. El ruido del colectivo que pasa cerca se mezcla con los gritos del entrenador: “¡Presionen arriba!”. En el borde de la cancha, dos nenas miran con la nariz pegada al alambrado. Una de ellas lleva una camiseta con el número 9. Quizá mañana empiece a jugar también.

El Reglamento de Licencias de Clubes que impuso la FIFA en 2021 exigió a la AFA una estructura mínima: cuerpo médico, canchas en condiciones, entrenadores certificados. En teoría, todos los clubes de Primera deberían cumplir esos requisitos. En la práctica, muchos todavía alquilan espacios o comparten vestuarios sin duchas. “La profesionalización fue un paso enorme, pero no alcanza con declarar el derecho si no se garantiza el ejercicio”, concluyó Valeria Berdejo, abogada e investigadora en estudios de género.

Romina Núñez, delantera de Belgrano de Córdoba, jugó buena parte de su carrera en el ascenso. Sabe lo que es viajar tres horas para un amistoso sin cobrar un peso. También jugó en Independiente de Avellaneda, cuando le ofrecieron contrato, lo firmó sin leer demasiado. “Era más el reconocimiento que la plata”. Quizás en ese momento ganaba menos de lo que cuesta un par de botines importados, pero se niega a que eso opaque lo logrado: “Antes ni nos daban la ropa del club; ahora al menos tenemos una camiseta con nuestro nombre”.

El fútbol femenino argentino tiene un proyecto a cinco años, presentado por la FIFA, que busca expandir la competencia, federalizar y fomentar las divisiones juveniles. En Buenos Aires, sin embargo, el futuro todavía se juega con limitaciones concretas: salarios bajos, pocas transmisiones televisivas y un calendario irregular. La AFA anunció una inversión de 24 millones de pesos por año para contratos, una cifra simbólica en un mercado donde los clubes grandes destinan eso a un solo refuerzo masculino. Pero esa inversión abrió una puerta: los clubes que apuestan por el femenino ya no lo hacen solo por imagen, sino por desarrollo.

En el vestuario de Lanús, Brenda Varela una de las referentes del equipo, acomoda sus vendas y guarda los botines en una bolsa de supermercado. En la pared, alguien pegó una frase impresa: “No vinimos a pedir permiso”. Afuera se escucha el ruido metálico del portón al cerrarse. Brenda no habla mucho; prefiere demostrarlo en la cancha.

Cuando se le pregunta qué cambió desde 2019, piensa unos segundos. “Ahora hay más pibas que se animan. Eso ya es todo”. No dice más. Se ata el pelo, se cuelga la mochila y se pierde entre las luces amarillas del pasillo.

Los datos acompañan esa percepción. Según un relevamiento de la Universidad de Buenos Aires publicado en 2022, el número de jugadoras federadas se triplicó en cinco años, y la participación femenina en divisiones juveniles aumentó un 65%. Sin embargo, el 76% de las futbolistas profesionales tiene otro trabajo fuera del deporte. Las condiciones son precarias, los contratos breves y la cobertura médica limitada. Lo profesional convive con lo vocacional.

En muchos clubes del conurbano, el vestuario todavía es un contenedor o un espacio prestado. Algunas jugadoras llegan con sus hijos pequeños; otras estudian en el colectivo mientras viajan al entrenamiento. En el predio del “Grana”, Magaly Badillo suele quedarse un rato después de cada práctica. Cae sobre el césped y piensa en su mamá, que la acompañaba a jugar cuando el fútbol era solo cosa de varones. “Ella me decía que si me gustaba, no tenía que dejarlo — que la lucha valía la pena, aunque doliera”.

Las historias personales son en realidad, el pulso del cambio colectivo. Hay quienes trabajan como empleadas administrativas, profesoras de educación física, cajeras de supermercado o niñeras. Entrenan de noche, después de la jornada laboral y juegan los fines de semana. Algunas cobran 70 mil pesos mensuales; otras, nada. En ese contraste cotidiano se resume la paradoja del profesionalismo argentino: existe pero no siempre se siente.

El contraste con la realidad mediática es evidente. En la televisión deportiva los goles del femenino apenas aparecen en resúmenes comprimidos. Las transmisiones por streaming crecen pero sin producción, ni relatos propios. “Cuando te filman desde la tribuna, sentís que todavía no te toman en serio”, dijo Brenda Varela. Y agregó, casi como un manifiesto: “Pero igual jugamos. Porque jugamos desde siempre”.

Cada vez que un club femenino entra a un estadio que antes les estaba vedado, el eco de los pasos sobre el cemento suena distinto. No es solo ruido, es historia. En la Bombonera, en el Monumental y en el Amalfitani, los cuerpos que corren ahora también son de mujeres. No todas tienen contrato, pero todas tienen memoria.

La lucha por el profesionalismo no fue un regalo institucional: fue empujada por jugadoras, entrenadoras y militantes que durante años reclamaron igualdad. En 2019, Macarena Sánchez, entonces futbolista de UAI Urquiza denunció públicamente a su club y a la AFA por despido injustificado. Su reclamo se convirtió en símbolo y motor del cambio. Gracias a ese gesto la AFA anunció la firma de ocho contratos mínimos por club. Desde entonces, el fútbol femenino empezó a escribirse en presente.

Pero el presente no alcanza. “Ser profesional es poder vivir de esto” , dijo Romina Núñez. No tener que elegir entre entrenar o trabajar en otra cosa.” La frase quedó resonando en la red, más allá de los 90 minutos.

Las tardes en los predios de Buenos Aires siguen teniendo la misma rutina: música bajita de fondo, olor a linimento, la charla previa antes de salir a la cancha. Las jugadoras se acomodan los botines, se cruzan miradas y sonríen. Algunas cursan carreras universitarias, otras trabajan en comercios o dan clases de fútbol infantil. Todas comparten el mismo deseo: que la palabra profesional deje de ser una promesa y se vuelva una realidad cotidiana.

Hay un brillo particular en sus miradas cuando cae la tarde y la pelota rueda bajo los focos encendidos. No hay cámaras, ni tribunas llenas pero hay dignidad. El viento levanta el polvo de la cancha, una bufanda violeta flamea en la reja, y alguien grita desde el banco: “¡Vamos, que falta poco!”.

En ese instante, el fútbol femenino argentino se parece a su propio país: imperfecto, desigual, lleno de talento y esperanza. Cada pase es una afirmación de existencia y cada gol, un pequeño acto de reparación.

En 2025, el fútbol femenino en Argentina vive un momento de expansión institucional, aunque contradictorio. Este año se presentó el segundo torneo de la Primera División A con un nuevo formato de zonas y fases eliminatorias, en el que participaron 17 equipos.  Además, la Copa Federal Femenina — torneo que articula clubes de la primera división con equipos del interior del país — concretó una edición más, gracias al apoyo del programa de desarrollo de la FIFA, con lo que la visibilidad y cobertura del fútbol femenino se amplían más allá del conurbano bonaerense.

Pero el crecimiento formal convive con viejas precariedades: según reportes recientes de 2025, buena parte de las jugadoras aún sostienen trabajos fuera del deporte, y muchos clubes siguen intentando cumplir con las exigencias de infraestructura, contratos y espacios exclusivos.  Aun así, la apuesta se mantiene: desde la AFA se volvió a comprometer un proyecto de predio Maite Galarza exclusivo para las selecciones femeninas, con la esperanza de avanzar hacia una estructura más estable y profesional.

El año 2025, con sus aciertos e insuficiencias, retrata bien la paradoja actual: más espacios, torneos y oportunidades —pero también un largo camino por recorrer para que “ser profesional” deje de sonar a ideal y se transforme en derechos garantizados.

Aunque el futuro siga corriendo con la camiseta transpirada, hay una certeza que no se borra: el fútbol femenino ya no puede ser silenciado. Quizás, algún día, cuando ya no haya que aclarar si son profesionales y ellas mismas se rían de todo esto. Tal vez entonces las canchas huelan solo a pasto mojado y no a lucha. Mientras tanto siguen jugando. Porque cada pelota que echan a rodar es una promesa que tarde o temprano, el fútbol va a tener que cumplir.

Grünwaldt, el enganche que juega como en el patio de su casa

Por Máximo Barán

Tiene apenas 16 años pero habla del fútbol con la naturalidad de alguien que lo vive desde siempre. Máximo Grünwaldt se ríe cuando se define que juega de enganche, pero con estilo de futsal en cancha de once, gambeta corta, toques rápidos, la suela como recurso inevitable. Así es este chico de La Boca, un barrio donde las canchas y las plazas son escuela antes que cualquier club.

Llegó a Sacachispas en 2024, casi de casualidad, venía de San Telmo, club al que dejó por temas personales. El coordinador de Sacachispas, que ya lo conocía, lo llamó apenas se enteró de que estaba sin club. “Me dijo que fuera a probarme. Al principio estaba nervioso, no sabía cómo me iban a recibir, pero desde el primer día me hicieron sentir parte del grupo”, recordó. Hoy forma parte de la Reserva, donde convive con chicos más grandes, con otro físico, otro ritmo, otra exigencia. “Eso me ayudó a mejorar bastante. Lo que más me costó fue el tema físico, pero de a poco me fui acostumbrando”, señaló.

Su rutina diaria parece la de cualquier adolescente, aunque ajustada por la disciplina deportiva: colegio a la mañana, almuerzo rápido en casa, entrenamiento, merienda, gimnasio y, ya entrada la noche, tareas y descanso. Entre medio, encuentra tiempo para jugar a la Play y salir con amigos. En su camino nunca estuvo solo. Lo acompañan sus papás y su abuelo, figuras claves en su crecimiento futbolístico. “Ellos están siempre, juegue bien o mal. Mi abuelo siempre tiene un consejo, una palabra antes de entrar a la cancha”, contó. Y también lo acompaña la música, su cábala personal: siempre la misma antes de cada partido, para entrar en clima.

En la cancha, ya tuvo su partido soñado: contra San Martín de Burzaco, donde convirtió dos goles. Perdieron 3-2, pero para él fue un punto de inflexión: “Me sentí protagonista, me felicitaron mis compañeros y el técnico. Eso me motivó mucho”. Sus ojos se iluminan al hablar de sus ídolos. Messi es “el mejor que vi jugar”. De Riquelme toma la pausa, de Maradona la pasión, y de Cherki la frescura de romper esquemas que es lo que le gusta hacer a los jóvenes. Él mismo parece buscar esa combinación: la creatividad del potrero con la disciplina del profesional.

“El fútbol significa mucho para mí, es lo mejor que hago”, dijo sin dudar. Su sueño es claro: debutar en Primera y, algún día, pisar la Bombonera con la camiseta de un equipo grande. sería lo máximo para él. Y si no fuera el fútbol, el boxeo sería su alternativa porque es un  deporte que admira por la disciplina y la fortaleza que transmite.

Iván Gorosito: el recorrido de un arquero del interior que hoy defiende el arco de Atlético Paraná

Por Lautaro Páez

El arquero Iván Gorosito nació en San Javier, provincia de Santa Fe, inició su recorrido en clubes locales antes de llegar a Colón de Santa Fe con apenas 16 años. Hoy, con 36, forma parte del plantel de Atlético Paraná, que actualmente milita en el Regional Amateur,  y es una de las voces más experimentadas del grupo. “Llegué a Colón muy joven, con muchas ganas de aprender. En esa época era más difícil mostrarse porque no todos los partidos se televisaban. Hoy los chicos tienen más herramientas para que los vean, pero antes era mucho sacrificio y viajar para poder tener una oportunidad”, cuenta.

Su primer contacto con el fútbol competitivo fue en Central San Javier, donde debutó en Primera a los 14 años. Luego pasó a Colón de San Justo, dentro de la Liga Santafesina, donde dio el salto de un club de barrio a una institución con más estructura. Esa experiencia fue clave para llegar a Colón de Santa Fe, donde se formó durante cinco años: “Eran años en los que uno aprendía todo. El ritmo, la exigencia, la competencia interna. Fue un paso importante porque ahí me profesionalice y entendí lo que implicaba ser jugador de fútbol”.

Después de su etapa en el “Sabalero”, Ferreyra transitó por distintos equipos del interior: Rosario, San Justino y, más tarde, San Martín de Formosa, el club donde vivió una de las etapas más extensas y significativas de su carrera. Allí permaneció entre 2011 y 2020, y consiguió dos ascensos que todavía valora. “Era un club humilde, sin predio y con pocas comodidades. Entrenábamos en una cancha municipal, pero el grupo era fuerte y había compromiso. Con trabajo y constancia logramos que el club se afiance en el Federal A”, señala.

Las diferencias con el fútbol de otras regiones son evidentes. “En el norte el juego es mucho más físico. Las canchas son duras, el trato de la pelota cambia y lo que te cobran en Santa Fe allá no te lo dan. Hay mucho roce, mucho choque. Son contextos donde se necesita fortaleza física y mental. Es otro tipo de fútbol”, explica. Esa adaptación asegura que fue parte de su crecimiento como arquero.

Durante sus años en Formosa disputó varios clásicos ante Sol de América, que todavía recuerda con detalle: “Eran partidos muy parejos, muy trabados. Los dos salían cero a cero y se definían por penales. En ese tipo de encuentros tenés que estar muy concentrado, porque cualquier detalle define una serie”. El ascenso al Federal A llegó después de varias temporadas de trabajo y una estructura táctica que se mantenía firme: “Siempre jugábamos con dos líneas de cuatro y dos delanteros. Nos conocíamos mucho entre nosotros, sabíamos a dónde presionar, a dónde no. Esa base fue clave para competir”.

La pandemia de 2020 marcó el final de su ciclo en San Martín. Sin competencia y con la necesidad de continuidad, Gorosito aceptó una propuesta de Sarmiento de Chaco, otro de los fuertes del norte. “Sarmiento y Chaco For Ever son instituciones con otra estructura. Tienen predios, infraestructura y planteles con jugadores de distintas provincias. Eso cambia la dinámica del día a día. En el norte hay realidades muy distintas entre clubes de una misma categoría”, señala.

También tuvo la oportunidad de enfrentar a equipos de Primera División en la Copa Argentina, un torneo que suele brindar ese tipo de contrastes. “Nos tocó jugar contra Lanús, con jugadores como José Sand, el “Laucha” Acosta y Marcelino Moreno. Ahí ves la diferencia de ritmo y velocidad, pero nosotros mantuvimos el orden, las líneas juntas y estuvimos a la altura. Esas experiencias te sirven mucho”, afirma.

Hoy, ya consolidado en Atlético Paraná, Gorosito atraviesa una nueva etapa. El equipo compite en el Torneo Regional Amateur y el arquero valora el ambiente de trabajo. “El grupo está bien, los entrenamientos son intensos y el objetivo es claro, mantenernos competitivos y pelear por estar arriba. Sabemos que la categoría es exigente, pero hay un plantel comprometido”, sostiene.

Más allá de los resultados, Iván resalta la importancia del profesionalismo en el ascenso. “A veces se piensa que el fútbol del interior es desorganizado, pero hay clubes muy serios y jugadores que viven esto con total entrega. Hay muchas dificultades logísticas y económicas, pero también mucha pasión. El que juega en el Federal lo hace porque realmente ama lo que hace”, asegura.

El arquero -que combina la experiencia con la responsabilidad de ser referente- reconoce que cada paso en su carrera le dejó una enseñanza distinta: “Pasé por clubes con realidades muy diferentes. Algunos con muchas comodidades, otros donde faltaban cosas básicas, pero todos con gente que empuja para crecer. Esa es la esencia del fútbol del interior: el esfuerzo colectivo”.

El futuro

Con más de una década de trayectoria en el fútbol del interior Iván Gorosito ya piensa en su futuro fuera del campo: “Me gustaría seguir vinculado al fútbol, sobre todo como entrenador de arqueros. Es una función que me atrae desde hace tiempo y en la que podría transmitir muchas cosas que aprendí en distintas etapas”. El arquero considera que la formación específica del puesto es fundamental y que el conocimiento práctico puede marcar diferencias en el rendimiento.

Francisco Taliercio: El capitán que lidera en silencio y predica con el ejemplo 

Por Tomas González

Francisco Taliercio habla con la serenidad de quien entendió que el liderazgo no se impone, se construye. A sus 30 años, el capitán del equipo de futsal de Boca Juniors encarna un rol que trasciende la cinta que lleva en el brazo. Su figura se volvió esencial en un plantel que vive una etapa de renovación, con nuevos jugadores y un cuerpo técnico que lo eligió por experiencia, madurez y compromiso. “Fue más que nada hablado con el cuerpo técnico. Este fue un proceso nuevo que arrancó este año con una renovación del plantel, así que un poco por la trayectoria, por la edad y por ya venir del año pasado al club, me parece que fueron factores importantes para la designación”, explica.

Ser capitán de Boca no es un título más para Taliercio: es una mezcla de sueño cumplido y responsabilidad constante. “Además de ser un sueño porque soy hincha del club, es una gran responsabilidad. Llevar esta cinta me hace estar pendiente de cosas que van más allá de lo que pasa dentro de la cancha”, confiesa. Esa vocación de guía es lo que más destaca de su rol: impulsar, acompañar y conducir a un grupo que se renueva sin perder el espíritu competitivo que caracteriza al club.

El futsal xeneize entrena temprano, de ocho a diez y media de la mañana, en jornadas que incluyen sesiones de video, trabajo con psicóloga y nutricionista. En ese ambiente de profesionalismo, Taliercio se vuelve una referencia silenciosa, alguien que predica con el ejemplo. “Trato de ser muy respetuoso con los horarios, la vestimenta y las consignas. También ayudó al utilero, son cosas pequeñas que uno no hace para llamar la atención, sino para ayudar a un compañero en su tarea. Creo que todos podemos aportar desde nuestro lugar”, dice, dejando ver la esencia de su liderazgo.

No se considera un capitán rígido ni distante. Prefiere un estilo equilibrado, basado en la cercanía y el respeto. “Busco que haya buena dinámica en el grupo, que los chicos se sientan cómodos, pero cuando hay que apretar un poquito, también hacerlo”, afirma. Ese balance entre firmeza y empatía es lo que lo define: la autoridad que no se impone con gritos, sino con coherencia y compromiso.

Para Taliercio lo más lindo de ser capitán es poder acompañar y hacer crecer al grupo. “Poder relacionarte con personas, estar pendiente de lo que haga falta, brindarte al servicio del grupo y del cuerpo técnico, empujar cuando la situación se pone difícil”, resume. Pero también reconoce el peso que implica la cinta: “Lo no tan bueno quizás es esa responsabilidad que uno la tiene las 24 horas y tiene que estar pendiente de todo. Pero no reniego, para mí es un orgullo, un desafío muy lindo y estoy feliz de ser capitán de Boca”.

El liderazgo también se mide en los momentos difíciles. Cuando las derrotas llegan, el capitán marca el rumbo emocional del equipo. “Antes me frustraba mucho una derrota, me costaba salir rápido. Hoy trato de asimilar mejor, de cambiar el chip y mostrar otra energía desde el primer entrenamiento después del partido. Si yo llego malhumorado, se contagia. Si llego con buena energía, el grupo también reacciona”, cuenta.

La madurez de Taliercio no solo se nota en su trato con los compañeros, sino en cómo entiende el rol más allá del juego. Para él, ser capitán no se reduce a ir al sorteo con el árbitro: “Es estar pendiente de lo que transita el grupo, ser la primera voz de lo que pide el técnico, trasladar las ideas al plantel y convencer. También hay que ser ejemplo desde la seriedad, el respeto y la predisposición”.

Taliercio es, ante todo, un hombre comprometido con su entorno. Además de entrenar, estudia y realiza doble turno en el gimnasio varias veces por semana. No se trata solo de mantener la forma física, sino de sostener una mentalidad profesional que contagia. “Siempre intento dar el ejemplo, no solo dentro de la cancha. Hay que estar bien predispuesto para escuchar, para aprender y para ayudar. Ese es el tipo de líder que quiero ser”, concluye.

Para Francisco Taliercio ser capitán de Boca es más que portar una cinta. Es representar una forma de vivir el deporte, de entender el compromiso y de mantener vivo el espíritu de un club que exige, pero también inspira. Su liderazgo silencioso, basado en el respeto y la constancia, demuestra que en Boca no todos los capitanes gritan: algunos simplemente muestran el camino.

 

Compromiso que trasciende la cancha

Fuera de la cancha, Francisco Taliercio también se exige. Además de entrenar con el plantel profesional de futsal, cursa materias para terminar su carrera universitaria y realiza doble turno en el gimnasio varias veces por semana. “Depende de cómo me sienta, pero trato de hacerlo dos o tres veces por semana”, cuenta. Su disciplina diaria refleja el mismo compromiso que muestra en el equipo: la búsqueda constante de superarse. Su disciplina refleja el mismo compromiso que muestra dentro del equipo.

 

De River a Excursionistas: la historia de Nahuel Cajal bajo los tres palos

Por Nicolás Cartoceti

Formado en las divisiones inferiores de River Plate, Nahuel Cajal encontró desde chico su lugar en el arco. La vida en la pensión marcó su adolescencia y lo conectó con compañeros y referentes que moldearon su manera de vivir el fútbol. Tras quedar libre, atravesó etapas de búsqueda, estudio y nuevas experiencias hasta llegar a Excursionistas, donde hoy es capitán, referente y campeón.

-¿Cómo llegaste al arco?

-Arranqué a los cinco años en una escuelita de fútbol. En una rotación, de una vez cada uno al arco, me tocó ir al arco. Me fue bien y, desde ese momento, me empezó a gustar. Ya mis propios compañeros me empezaban a elegir para ser el arquero del equipo y, bueno, ahí como que empezó todo el amor por el arco.

-Hiciste inferiores en River y durante esa etapa estuviste en la pensión. ¿Cómo fue el momento de tu llegada al club y la adaptación?

-Fue un proceso difícil en cuanto dejar a la familia, estar lejos de los amigos y de toda una rutina que me había acostumbrado con 12 años. Pero con la inocencia de un niño y la felicidad de estar jugando a la pelota, se hizo pasajero y muy bueno. Además, estaba conviviendo con chicos que estaban en la misma situación, entonces era mucho más llevadero.

-Durante tu etapa en River pasaste algunos momentos junto a Ubaldo Fillol. ¿Recordás qué te decía?

-Siempre nos decía que a la pelota no hay que tenerle miedo y no hay que dar vuelta la cara si es que la pelota va hacia la cara. Él decía que, si le sacabas la vista a la pelota, ya la tenías que ir a buscar adentro.

-¿Caías en la realidad de que el que te daba consejos era un campeón del mundo?

-En el momento, por ahí no. Sí noté que era una persona importante, más adulta, y que había jugado de manera profesional. Era como “hay que respetar como a cualquier persona grande que te quiere enseñar”. Pero ya de más grande era “ah, era un campeón del mundo, no era cualquiera”. 

A fines de 2016, River dejó libre a Nahuel Cajal y el arquero se tomó el tiempo de escribirle una carta de despedida al club millonario y la publicó en sus redes sociales. En una mezcla de palabras de agradecimiento y emociones repartidas señaló: “Hoy mi vida toma otro rumbo pero yo llevo el ADN de River en mi sangre…”.

-Hoy a tus 28 años ¿Seguís teniendo ese ADN River?

-Por supuesto. Hoy está el eslogan muy conocido “Vivir y jugar con grandeza”, entonces yo consideró que se juega como se vive y para poder hacerlo bien hay que ser buena persona y manejarse de una forma en la vida, tanto en la derrota como en la victoria, y eso hoy lo llevo y también intento transmitirlo a quien puedo porque me parece la mejor forma de encarar la vida.

Ni bien se fue de River, tuvo un paso por Aldosivi. Estuvo casi un año, aunque no llegó a firmar contrato profesional. En ese momento, el club descendió a la B Nacional y el proyecto que incluía a varios jugadores jóvenes, entre ellos Cajal, no se mantuvo.

Desde entonces, y hasta su arribo a Excursionistas en 2021, pasaron cuatro años en los que aprovechó para estudiar y recibirse como técnico en programación. También pasó por clubes de Santiago del Estero -como Independiente de Fernández-, y por Mendoza -en la Fundación Amigos por el Deporte-.

-¿Cómo llegaste a Excursionistas?

-El club necesitaba cubrir el cupo de tercer arquero y justo yo me encontraba libre. Estuve casi quince días probando, y ahí, por un viático, me quedé. 

-¿Cómo fuiste escalando hasta llegar a la titularidad?

-Cuando llego yo, al segundo arquero le agarra Covid, y después, por malos resultados del equipo, el técnico decidió hacer un cambio de arquero. A los cuatro o cinco meses de haber llegado, ya me tocaba ingresar, y estaba preparado para la oportunidad. Venía de otros golpes y era la oportunidad de hacerlo. Además, el club me lo reconoció haciéndome firmar mi primer contrato profesional.

En 2023, Excursionistas ascendió a la Primera B tras ganarle 1-0 a San Martín de Burzaco en un partido desempate en el Estadio Único Diego Armando Maradona. Aquel campeonato significó el primer título como profesional en la carrera de Cajal.

-¿Qué fue salir campeón con Excursionistas?

-La verdad que fue una satisfacción y una alegría. Son esos momentos en que te ponés a pensar en todo lo que pasó, lo que se te dió, todo lo que uno tiene que sacrificar o dejar de lado. Cumplimos un objetivo muy grande para el club. La alegría era inmensa.

-¿Cómo llegaste a ser el capitán del equipo? 

-Fue un conjunto de cosas. Uno llega por la forma de ser, de manejarse con sus compañeros. Después, con la misma relación con el técnico, generás esa confianza que él me devolvió designándome como líder o referente del grupo. 

Excursio y su césped artificial

En 2015, Excursionistas inauguró el césped sintético en su estadio, ubicado en el barrio de Belgrano, y se convirtió en el primer club afiliado a la AFA en utilizar esta superficie. Una decisión que tiene sus pros y sus contras. Así lo explicó Nahuel Cajal: “Hoy nos toca entrenar y jugar en este tipo de césped, pero hay que estar preparados para que, cuando sea césped natural, hacerlo de igual manera. Nosotros somos conscientes y sabemos que tenemos que aprovecharlo para sacarle el mayor beneficio”.

 

La capitana que transformó San Lorenzo y el futsal femenino

Por Sebastián Bidart Poncino

Eliana Medina llegó a Buenos Aires desde Marcos Juárez con apenas 14 años cargando un bolso lleno de sueños y la convicción de perseguir su pasión por el fútbol. “Uhh fue hace tanto tiempo, pero siempre recuerdo que cuando se dio la posibilidad de venir a Buenos Aires, nunca tuve dudas o miedo al cambio, yo sabía que era eso lo que quería, que iba a ser difícil, pero que tenía que trabajar duro para continuar acá”, confesó mientras repasa una carrera que la convirtió en la futbolista más ganadora de San Lorenzo y en un referente del futsal argentino.

Su primer contacto con la institución de Boedo fue a los 16 años. Desde entonces, la camiseta azulgrana se volvió parte de su identidad. En los primeros años, el fútbol femenino ofrecía pocas oportunidades y todo se hacía a pulmón. “No era muy conocido el fútbol femenino. Cuando llegué me encontré con muchas chicas que estaban en las mismas condiciones que yo, lejos de su familia, y dejando muchas cosas de lado; ellas fueron muy importantes porque me hicieron sentir que no estaba sola, y que si era lo quería debía ser fuerte y pelear por lo que quería. Obvio que mi familia me ayudó mucho con su apoyo”, recordó.

Entre futsal y fútbol 11, supo adaptarse y brillar en ambas disciplinas. Acumuló 27 títulos en San Lorenzo: 24 en futsal y 3 en fútbol once. Su logro más importante -asegura- fue el Torneo Apertura 2021, ganado por penales ante Boca, cuando convirtió uno de los tiros decisivos que le dieron el título. “Fue saliendo de la pandemia, que fue una época muy difícil para todos y pudimos lograrlo, nada más y nada menos que contra uno de los mejores equipos que tiene el fútbol femenino”, completó.

Durante su pausa como jugadora de futsal, desde 2021 hasta 2024, comenzó su carrera como entrenadora de divisiones formativas femeninas del club. Allí descubrió otra faceta de su personalidad: “Aprendo mucho todos los días de las niñas que tenemos, creo que me hizo crecer mucho, no solo como entrenadora sino como persona”. Al ser consultada sobre qué buscaba imprimirle a sus equipos, dijo: “Lo principal es el sentido de pertenencia, eso es fundamental, y después intentamos formar un buen grupo, la base es esa, después intenté darle todo lo que fui aprendiendo dentro y fuera de la cancha”.

Su rol como pionera del fútbol femenino se consolidó en 2019, cuando firmó uno de los primeros contratos profesionales en Argentina junto a Macarena Sánchez. ¿Qué cambió a partir de ese momento? “Mucho, no solo en lo económico que no era mucho en ese momento, pero a lo que se venía cobrando era un montón. La exigencia fue cambiando, los equipos se fueron preparando de otra manera”, señaló.

El cierre de su etapa en fútbol 11 fue emotivo. En la final de la Copa Federal ante Boca, San Lorenzo perdió, pero Medina dejó su sello con un gol destacado. Recuerda aquel partido con mucha alegría: “Traté de disfrutarlo. Sabía que era mi último torneo. Desde que empezamos a entrenar en enero traté de disfrutar cada día, el estar con mis compañeras, los días de partido, las concentraciones. Más allá de la derrota, que dolió y genera tristeza, me fui muy tranquila porque me vacié, di todo. Creo que cuando una jugadora sale así, tiene que irse súper tranquila”.

Desde su llegada a Buenos Aires, Medina combinó esfuerzo, estudios y entrenamientos: “Cuando llegué, dejé el colegio, porque entrenaba a la mañana y no me daban los horarios. El segundo año me costó un poco también, porque las rutinas de trabajo cambiaban mucho. En San Lorenzo pude terminarlo en el programa para adultos”.

Hoy, a los 38 años, Eliana Medina es sinónimo de San Lorenzo. Con respecto a su relación con el club expresó: “Estoy hace 21 años en San Lorenzo. Llegué en el 2004. Viví un año fuera de la ciudad deportiva y al año siguiente ya me instalé en la pensión. Era todos los días caminar por el club. Fui conociendo a la gente, la forma en que se vive. Me fueron contagiando esa pasión y ese amor. De a poco me fui enamorando, me hicieron sentir parte, nunca me sentí lejos de mi familia. Me quedaría a vivir en San Lorenzo. Este club es parte de mi vida y mi historia.”

 

Fútbol del Interior
A pesar de ser una referente en el fútbol de AFA, la enganche destacó la importancia de mejorar las competiciones del Interior, de valorar todo el trabajo realizado, que se le dé mucha más importancia desde Buenos Aires.

“Me quedó pendiente haber podido jugar en algún equipo de Córdoba, no solamente a nivel AFA sino en la Liga de Córdoba. Sé que es muy competitiva, dio muchos frutos con Belgrano y Talleres. Cuando me tocó por primera vez enfrentar a Belgrano en Primera me dio mucha alegría, porque sé lo que lucharon, tengo amigas ahí y sé lo todo lo que tuvieron que hacer para ser profesionales”, sostuvo.

Tommy Heinrich: cuando la cima no está arriba, sino adentro

Por Juan Cruz Albornoz

No tenía plata, llegó a Estados Unidos sin trabajo y con 50 dólares en el bolsillo. En Arizona comenzó su carrera como alpinista profesional. Meses después, el 15 de mayo de 1995, alcanzó la cumbre de la montaña más alta del mundo. En el Himalaya lo esperaron 8.800 metros y el acontecimiento que cambió su vida para siempre. Fue portada en la revista de National Geographic, es padre, amigo e hijo. La persona que está detrás del tan reconocido título.

“El primer argentino en el Everest”, esa es la etiqueta con la que le tocó cargar a Tommy Heinrich desde que alcanzó su cumbre en 1995. Este es solo uno de los tantos hitos que logró a lo largo de su vida. Es el más mediático, sí, pero para él ni siquiera representa el más importante. A sus 63 años puede decir que es feliz con lo que hace, pero no siempre fue así.

En su casa fue criado entre abogados, ingenieros y médicos. Tommy siguió con la tradición y, una vez terminada la secundaria, estudió la carrera de ingeniería agrónoma, especialmente por su devoción hacia los caballos. Aunque había algo que no le cerraba, y es que su pasión era otra: la escalada. Resignado al mandato familiar y casi como un guiño del destino, conoció en la UBA a Pedro Friedrich y Eduardo Brenner, dos experimentados alpinistas con los que se la pasaría colgado de las paredes. Una profunda amistad se había forjado, por lo menos durante los próximos años.

El 5 de noviembre de 1988 falleció Eduardo Brenner en medio de una expedición en El Chaltén (Santa Cruz). A pesar de estar acostumbrado al mundo del montañismo y haber vivido situaciones similares con colegas, la muerte de su amigo no fue como cualquier otra. Fue tan significativa que llegó a alejarse del ambiente por unos años. “Siempre supimos que era arriesgado pero me afectó mucho porque me pegó muy de cerca, me di cuenta que era más duro de lo que imaginaba. No encontraron su cuerpo por 20 días. Me hubiera gustado estar acá (Argentina) para buscarlo, yo estaba en Alemania”, reconoció años después con una expresión de desilusión, tristeza y arrepentimiento en el rostro.

Sin embargo, para 1993 había vuelto al ruedo luego de recibir una invitación a los Alpes suizos. El nombre de Tommy Heinrich es sinónimo de aventura: se escapó de la dictadura cívico militar argentina por el clima represivo y aprovechó la situación para emigrar hacia algún lugar que le permitiera abocarse a la escalada y la fotografía. Vivió en Alemania y Estados Unidos. Visitó incontables países: Nepal, Pakistán, India, Noruega, la Antártida, hasta el Polo Norte, entre muchos otros más que completan la lista. A todos lleva su cámara de fotos, con quien mantiene un estrecho vínculo. Más antiguo incluso que la montaña misma.

Desde la primera cámara que le regaló su padre no paró un segundo. Sabía que quería eso para su futuro y se proyectaba sacando fotos para National Geographic: “Voy a estar ahí, no sé cómo pero voy a llegar”, afirmaba desde chico, sin saber que años más tarde pertenecería a la organización que tanto anhelaba. Uno de los momentos más importantes de su vida se dio en 2007, en las oficinas de la revista en Washington D.C, cuando se percató de que estaba editando su primer artículo. La emoción lo impulsó a llamar a su padre, con quien había tenido sus diferencias. Este le dijo una frase que jamás olvidará: “Estoy muy orgulloso de vos”. Sus palabras aparecieron entre el mandato y la mirada del resto hacia una persona que estaba eligiendo vivir como quería, priorizando el cómo hacer las cosas por sobre el qué. Este suceso le significó un profundo alivio ya que le demostró a su familia que no estaba perdiendo su tiempo y que tuvo éxito haciendo lo que a él le gustaba. “Eso superó holgadamente alcanzar la cumbre del monte Everest y trabajar con la revista”, confesó. 

Nunca olvidará el momento exacto en el que alcanzó los 8.800 metros, pero su hazaña supuso un gran cambio para el resto, más que para él. “Me fue muy útil para sentir más confianza en mí mismo pero no necesité del Everest para saber quien soy”, afirmó con seguridad. Hasta entonces, la gente lo observaba como desorientado, sin rumbo, pero cuando se enteraron de este logro, cambiaron la percepción que tenían de él. Siente cierta incomodidad cuando se lo reconoce solo por eso, como si el resto de expediciones perdieran valor o como si su trabajo fotografiando no tuviera importancia; en definitiva, como si el Everest fuera lo único y más importante en su vida. 

“De Tommy solo hablan por el Everest, pero es más que eso. No es aburrido, es la persona más simple que conozco”, aseguró Guillermo, un íntimo amigo suyo. Sus más allegados reconocen que él siempre fue el mismo. Alguien sencillo, que no tiene comida preferida y disfruta del plato tradicional del país que visita. De perfil bajo. Ni callado ni charlatán, habla con la palabra justa. Buen mozo, gentil, atento y con su pizca de gracia. Una persona que se preocupa más por el otro que por sí mismo.

Es padre hace ya 21 años. Formó una familia con Victoria, “el amor de su vida”, dijo Guillermo. Desde el instante en que la vio sintió un flechazo. Se conocieron en 2002 y solo 2 años después nació Liam, su primer y único hijo. Su mundo se hizo cuesta arriba cuando en 2011 ella fue diagnosticada con cáncer. Instante en el que dejó los viajes de lado para centrarse exclusivamente en su familia. Siete años después, en septiembre de 2018, Vic (como le decían) falleció por causa de su enfermedad. Aunque los años pasaron Tommy nunca llegó a retomar activamente sus salidas, eso sí, cuando lo hacía era junto a su hijo, con quien comparte la pasión por recorrer el mundo. Un hábito que él mismo le inculcó desde muy chico llevándolo a conocer culturas.

“No para un segundo”, comentó Nanu, el mejor amigo de Liam. Pero nada de entretenimiento, porque no tiene pasatiempos. Ahora vive por y para el trabajo, y antes de cuidar a su hijo. Desde el lado bueno y el malo. Siendo un padre presente pero que a su vez cumplía todos sus caprichos. “Me acuerdo una vez que Tommy le prestó el auto y a la noche vino a comer a casa. Llegó en bicicleta después de haber pedaleado casi 40 minutos. Todo por no decirle que no a Liam”, recuerda entre risas Laura, una amiga.

Desde el fallecimiento de Victoria, Tommy siempre está haciendo algo, como si quisiera mantener la cabeza ocupada, “creo que lo ayuda a despejarse, porque Vic sigue siendo gran parte de la vida de Tommy”, contó Nanu. Aunque pase el tiempo la sigue teniendo muy presente; es el fondo de pantalla de su celular, en la casa hay fotos suyas y cuando se habla con él, la revive en algún recuerdo. 

El Everest o la Antártida no son los únicos lugares exóticos a los que arribó. También formó parte de la primera expedición argentina oficial al Polo Norte. Fue en 2016, en condición de fotógrafo y documentalista. Se convirtió en uno de los primeros civiles argentinos en pisar dicha masa gélida. El objetivo no solo era llegar, sino dar visibilidad al cambio climático y al derretimiento de los casquetes polares. La excursión fue toda una odisea: temperaturas menores a -30 °C, fuertes ráfagas de viento blanco, hielo inestable, grietas y el riesgo constante que implica avanzar sobre el hielo marino. Así y todo recuerda la experiencia con alegría y entre risas admite lo difícil que fue. 

En su infancia pasó por distintos deportes como el boxeo, la natación y el rugby, donde llegó a tener continuidad. Pero todos los dejó por la misma razón, la competencia con el resto y el ambiente que eso generaba. De la misma manera, también fue lo que más lo cautivó de la escalada. En esta actividad el rival era él mismo y los objetivos que se proponía debía batirlos por su propia cuenta. En ocasiones recuerda una anécdota en la que una persona en Pakistán le dijo que no le cambiaba nada que él fuera el primer argentino en escalar el monte Everest. Su respuesta fue inmediata: “No tiene que cambiarte nada, lo hice para mí”.

Esa es la filosofía de Tommy, vivir a pleno haciendo lo que a uno le reconforta sin importar lo que le parezca al resto. A lo largo de sus carreras, ha recibido todo tipo de reconocimientos: como fotógrafo, fue listado “Photography Expert” de National Geographic. Además sus notas estuvieron en la tapa de la revista en más de una ocasión. Como escritor, en 2011 publicó su primer libro, Pakistan’s Golden Thrones, finalista en el Banff Mountain Film & Book Festival (evento anual que celebra la cultura de la montaña). Como alpinista lo premiaron algunos presidentes argentinos: En 1996 fue condecorado por Carlos Menem con el grado de “Comendador” de la Orden a los Servicios Distinguidos en el Mérito Civil (distinción que el Estado argentino concede a personas por servicios excepcionales al país o por logros sobresalientes). Mauricio Macri en 2016, le dio el mismo reconocimiento.

Su historia es el ejemplo perfecto de que cualquiera puede lograr lo que se proponga, y eso es lo que predica desde siempre. Hoy en día se lo puede ver viajando por el mundo dando conferencias y charlas corporativas, en las que alienta a quienes lo escuchan a perseguir sus sueños: “Un Uber una vez me dijo que quería volar. Yo le dije, volá. Él me respondió que no tenía plata. Yo tampoco tuve plata cuando escalaba. Cuando llegué a Arizona no me pagaron los primeros tres meses. Comíamos arroz y lentejas”.

Nada ni nadie pudo calmar las ganas de Tommy de hacer lo que lo hacía feliz. Ni siquiera los accidentes que sufrió. Cuando tenía doce años, fue atropellado por un auto. Voló por los aires media cuadra y quedó tendido en el suelo. Sufrió una fractura expuesta de tibia y peroné. Los médicos que lo socorrieron le dijeron que debían amputar su pierna izquierda, de la rodilla hacia abajo. Él se negó rotundamente. Fue un extenso tratamiento que debió hacer pero luego de 8 intensas horas, el cirujano logró rescatar su tobillo y pie izquierdo y, luego de dos meses de yeso y tres meses de andar con muletas, pudo volver a caminar. Quienes lo intervinieron lograron salvar su pierna pero no pudieron evitar una gangrena que lo acompañó durante los próximos 6 años. Pasado ese tiempo, tuvo que volver a ser sometido a una segunda operación para corregir la pierna que no había quedado bien. La misma le provocó una infección en la afectada, por lo que debió usar nuevamente yeso, otros 6 meses. El pronóstico inicial era sumamente negativo: Aparentemente no podría volver a caminar, sin embargo se equivocaron.

Era 1998, Tommy no solo caminaba, escalaba. En ese año estuvo al borde de la muerte una vez más. Había vuelto al Everest para buscar algunas pertenencias de Scott Fisher, un gran amigo al que se lo había llevado una tormenta en 1996. En el descenso, tuvo una caída de 150 metros que le supuso la rotura de un par de costillas y la perforación de su piqueta en el brazo durante el deslizamiento. Creyó que se moría pero aguantó el camino hasta llegar al siguiente campamento, donde fue atendido por Sherpas (pueblo étnico tibetano del Himalaya). A pesar de las lesiones, logró continuar y ayudar a Whittaker (un reconocido alpinista) a descender, teniendo síntomas de edema pulmonar de altura. Otra de sus locuras.

La vida no se cansó de ponerlo a prueba y él se encargó de sobrepasar cada uno de sus obstáculos. No es un superhéroe. Es un soñador con alma de guerrero. Una persona al igual que el resto. Un alpinista mundialmente conocido. Un estudiante a quien rechazaron su tésis de veterinaria 4 veces. Es el primer argentino en el Everest, es camarógrafo de National Geographic, es quien rompió los paradigmas y eligió ser feliz, a pesar de lo que eso conllevó, es amigo de Eduardo y Scott, es el padre de Liam. Es todo eso en conjunto. Es Tommy Heinrich.