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Argentina se ilusiona con volver a la Fórmula 1 después de 28 años

Por Vachi Focht

Un 12 de abril de 1998, la Argentina veía a Michael Schumacher consagrarse ganador del Gran Premio en el Autódromo Oscar y Alfredo Gálvez de Buenos Aires. Ese día fue la última vez que el país oyó rugir los motores de la máxima categoría, hasta que el 28 de abril de 2026 Franco Colapinto volvió a ilusionar a todo un pueblo.

El deporte automotor marcó una identidad en todo el territorio nacional. Desde su globalización en la década del 50, formó pilotos y también una cultura única alrededor de esta disciplina. Actualmente, cuenta con figuras como Franco Colapinto en F1, Nicolás Varrone en F2 y Mattia Colnaghi en F3, que representan los colores de la bandera, pero Argentina continúa sin ser sede en el calendario mundial.

No obstante, se busca revertir una situación que se mantiene desde hace 28 años. El Gobierno de la Ciudad (GCBA) se encuentra desde febrero remodelando el autódromo, del cual volvió a tener el control en 2017. Primero mudó el kartódromo con la idea de tener más terreno libre y luego diseñaron un circuito digno de la Fórmula Uno.

Se espera que la nueva pista sea de 4.900 metros y 15 curvas. La recta principal será de 18 metros y tendrá otros 12 metros entre el resto del trazado. Se calcula que los monoplazas podrán alcanzar una velocidad máxima de 340 km/h, con un promedio de 225 km/h y un tiempo de vuelta estimado de 1:18:00.

Diagrama de cómo quedará el circuito luego de las remodelaciones.

Las complicaciones por las cuales no se confirma aún el retorno de la máxima categoría al país, son dos: bajo presupuesto y el justo calendario que tiene la disciplina. Actualmente, se disputan seis carreras en el continente americano que cuentan con contratos a corto y largo plazo: Miami (2041), Canadá (2035), Brasil (2030), Austin (2034), Las Vegas (2027) y México (2028).

Los países competidores que buscan tener una fecha, dejan en evidencia la escasez de inversión que hay en Argentina. Tailandia, por ejemplo, aprobó un presupuesto de aproximadamente USD $1.230 millones cuando el canon anual es de unos 40 millones. Por otro lado, Turquía y Portugal ya anunciaron sus regresos para la temporada 2027.

Por lo tanto, la única chance concreta de que Argentina vuelva a ser sede de la F1 sería en 2028, en caso de que Las Vegas no renueve su contrato. De lo contrario, todo quedará en manos de la Formula One Management (FOM) y de su decisión de habilitar nuevas fechas en el continente. Sin embargo, la reciente situación en Medio Oriente podría convertirse en la oportunidad clave que termine cambiando esta historia.

El furor generado por Franco Colapinto quedó reflejado en las 600.000 personas que asistieron a la exhibición en Palermo, donde 15.000 entradas se agotaron en minutos. Con las obras en marcha, el Autódromo de Buenos Aires pasará a tener capacidad para 120.000 personas, un dato que podría motivar a empresas privadas a sumarse al proyecto y dar forma a un esquema de financiamiento público-privado que termine resultando atractivo para la FOM.

En definitiva, el camino de retorno de la Fórmula 1 a la Argentina depende de una combinación de factores que el país no controla del todo: la voluntad política, el respaldo económico privado y, sobre todo, los movimientos de un calendario internacional cada vez más saturado. Lo cierto es que, después de casi tres décadas, vuelve a existir una base concreta con obras, números y un ídolo propio sobre la cual construir esa posibilidad.

Si las piezas terminan de alinearse, el 2028 podría marcar mucho más que el regreso de una carrera: sería la confirmación de que el entusiasmo despertado por Colapinto logró traducirse, finalmente, en un proyecto sostenible para el automovilismo argentino.

Cabo Verde, un proyecto en pleno crecimiento

Por Dante Andrade

El desarrollo del fútbol en Cabo Verde constituye un ejemplo interesante de crecimiento progresivo impulsado tanto por logros deportivos como por apoyo institucional internacional. A pesar de su limitada población, el país ha logrado consolidarse como una selección competitiva en África, especialmente en el contexto de la Copa Africana de Naciones (CAN).

Uno de los hitos más destacados de la selección nacional, conocida como los “Tiburones Azules”, ha sido alcanzar los cuartos de final en dos ocasiones: en 2013, durante su debut en la competición, y nuevamente en 2023. Estos resultados reflejan una evolución significativa dentro del continente africano. Esta progresión no sólo responde al talento de sus jugadores aunque muchos de ellos son nacionalizados de Portugal y Países Bajos donde la gran mayoría militan en ligas europeas, sino también a mejoras estructurales en la
organización del fútbol nacional.

Un factor clave en este crecimiento ha sido el respaldo del programa FIFA Forward 3.0, impulsado por la FIFA. Este programa contempla una inversión de hasta 8 millones de dólares por federación miembro, dentro de un presupuesto global de 2250 millones de dólares para el ciclo 2023-2026. Esta cifra representa un aumento cercano al 30 % respecto a ciclos anteriores, evidenciando un compromiso reforzado con el desarrollo global del fútbol.

En el caso de Cabo Verde, estos fondos han permitido mejorar infraestructuras, apoyar competiciones locales y fomentar el desarrollo del fútbol base, incluyendo categorías juveniles y femeninas. Además, el programa incorpora mecanismos de control y cumplimiento de objetivos, garantizando un uso responsable de los recursos.

El impacto de estas inversiones también se refleja en el histórico logro de la clasificación de Cabo Verde a la Copa Mundial de la FIFA, favorecida en parte por la ampliación del torneo. Bajo la dirección del seleccionador Pedro Leitão Brito, conocido como Bubista, el equipo ha experimentado una transformación notable. El propio técnico recuerda las dificultades de principios de los años 2000, cuando el equipo carecía incluso de equipamiento adecuado,
contrastando con la realidad actual de mayor profesionalización.

A nivel de clubes, el fútbol caboverdiano se organiza a través del Campeonato Caboverdiano de Fútbol, fundado en 1976. Este torneo reúne a los campeones de las ligas regionales de las distintas islas, reflejando la fragmentación geográfica del país. El club más exitoso es CS Mindelense, con múltiples títulos nacionales.

Sin embargo, el desempeño internacional de los clubes ha sido limitado. Equipos como Sporting Clube da Praia y Boavista FC han alcanzado únicamente rondas preliminares o primeras fases de la Liga de Campeones de la CAF. Esto evidencia una brecha competitiva respecto a clubes de países con estructuras futbolísticas más desarrolladas.

La clasificación a los dieciseisavos del Mundial 2026 confirma su crecimiento sostenido, impulsado por inversiones estratégicas y una mejora organizativa. Aunque persisten desafíos, especialmente a nivel de clubes, los avances logrados por la selección nacional y el apoyo de programas internacionales posicionan al país como un ejemplo de desarrollo deportivo en contextos de recursos limitados.

El origen del Pride que nació por una protesta contra la policía hace más de 50 años

Por Federico Pardo

Mientras el mundo conmemora el Día Internacional del Orgullo cada 28 de junio, la coincidencia con el Mundial de fútbol vuelve a poner sobre la mesa una pregunta vigente: ¿qué lugar ocupa la diversidad en uno de los ámbitos más populares e influyentes del planeta?

La madrugada del 28 de junio de 1969, la policía realizó una nueva redada en el Stonewall Inn, un bar frecuentado por personas gays, lesbianas, bisexuales y trans ubicado en Greenwich Village, Nueva York. Las irrupciones policiales eran habituales: pedidos de documentos, detenciones arbitrarias y hostigamiento formaban parte de la rutina para quienes integraban el colectivo LGBTIQ+.

Pero esa noche ocurrió algo diferente. Por primera vez, quienes estaban dentro del bar decidieron resistir. La protesta se extendió durante varios días y se convirtió en el punto de partida del movimiento moderno por los derechos de las personas LGBTIQ+.

Un año después, miles de personas marcharon por las calles de Nueva York, Los Ángeles, Chicago y San Francisco para recordar aquellos hechos. Desde entonces, el 28 de junio se transformó en el Día Internacional del Orgullo. Más que una celebración, la fecha nació como un reclamo contra la violencia, la discriminación y la persecución estatal.

Los derechos conquistados y los desafíos pendientes

Durante las últimas décadas Argentina se convirtió en uno de los países más avanzados de la región en materia de derechos para la diversidad sexual. La aprobación del matrimonio igualitario en 2010 y de la Ley de Identidad de Género en 2012 posicionaron al país como referente internacional.

Sin embargo, los avances legales no eliminaron todas las desigualdades: según el Censo Nacional 2022, casi 197.000 personas se identifican con un género diferente al asignado al nacer. Distintos relevamientos también muestran que las personas trans enfrentan mayores dificultades para acceder a la salud, al empleo y a la educación.

En el ámbito educativo, investigaciones nacionales indican que una gran proporción de estudiantes LGBTIQ+ sufrió situaciones de discriminación o escucha comentarios ofensivos vinculados con la orientación sexual o la identidad de género.

A escala mundial, el panorama es todavía más complejo. Decenas de países continúan criminalizando las relaciones entre personas del mismo sexo y algunos mantienen la posibilidad de aplicar la pena de muerte, según informes de organizaciones internacionales de derechos humanos. Todo esto explica por qué el Orgullo sigue siendo, además de una celebración, una manifestación política.

El deporte: un espacio donde la diversidad todavía enfrenta barreras

Mientras las leyes avanzaron y la aceptación social creció en numerosos países, la visibilidad de deportistas abiertamente LGBT+  ocurre muy poco. La mayoría de quienes hicieron pública su orientación sexual lo hicieron una vez finalizada su carrera profesional.

El caso de Thomas Hitzlsperger, que reveló ser gay tras retirarse en 2014, marcó un precedente importante. Años después, el australiano Josh Cavallo se convirtió en uno de los pocos futbolistas profesionales en actividad que decidió hablar de su orientación sexual.

En Argentina, Ignacio Lago también abrió una conversación inédita al presentar en sus redes sociales a su pareja mientras continúa su carrera profesional.

Especialistas y organizaciones que trabajan contra la discriminación coinciden en que las razones son múltiples: el temor a las reacciones de las hinchadas, los prejuicios presentes en los vestuarios, el impacto comercial y la persistencia de un modelo de masculinidad tradicional dentro del fútbol masculino.

La realidad contrasta con el fútbol femenino, donde numerosas jugadoras viven más libre su orientación sexual y muchas se convirtieron en referentes de la lucha por la igualdad.

Del “One Love” a la neutralidad institucional

El Mundial de Qatar 2022 expuso esas tensiones ante millones de espectadores. Siete selecciones europeas tenían previsto que sus capitanes utilizaran el brazalete multicolor “One Love” como símbolo de inclusión y diversidad. Sin embargo, la FIFA advirtió que quienes lo usan, iban a recibir una tarjeta amarilla al comenzar el partido.

Ante la posibilidad de sanciones deportivas, los equipos desistieron de la iniciativa. Como gesto de protesta, los jugadores de Alemania posaron en la fotografía oficial con la boca tapada antes de enfrentar a Japón, y denunciaron que el organismo rector del fútbol mundial había silenciado el mensaje.

Cuatro años después, durante el Mundial 2026, el debate volvió a aparecer. Mientras algunas ciudades sede organizaron actividades vinculadas al Orgullo y permitieron el ingreso de banderas arcoíris en los estadios, la FIFA optó por una postura de mayor neutralidad institucional e intentaron evitar nuevos conflictos políticos y culturales. 

La discusión, sin embargo, continúa abierta.

Mucho más que una celebración

Hace 57 años, un grupo de personas decidió responder a una redada policial que parecía una más. Aquella resistencia espontánea se convirtió en un movimiento global que transformó leyes, impulsó nuevos derechos y cambió la vida de millones de personas. Sin embargo, el recorrido todavía no terminó.

Mientras existan personas que sufran discriminación por su orientación sexual o identidad de género, mientras haya deportistas que teman hablar en público sobre quiénes son y mientras en distintos países del mundo la diversidad continúe siendo perseguida o criminalizada, el Orgullo seguirá siendo mucho más que una celebración.

Porque la igualdad no se mide solo por las leyes conquistadas, sino también por el lugar que estas historias ocupan en la conversación pública. Incluso cuando el mundo entero mira solo una pelota.

James Kerr se suma al staff técnico de Los Pumas

Por Eliseo Damonte

James Kerr, periodista y escritor, se suma al staff de Los Pumas para trabajar la mentalidad y cultura del plantel, de cara a lo que se le viene al seleccionado argentino: el Nations Championship.

La incorporación del británico al equipo dirigido por Felipe Contepomi representa un movimiento enfocado en fortalecer el aspecto psicológico y la cohesión grupal del plantel en la antesala de los próximos compromisos internacionales. 

El especialista es mundialmente reconocido en el ámbito deportivo y empresarial por su libro Legacy: 15 lecciones sobre liderazgo, publicado en 2013. La obra es el resultado de un trabajo de inmersión en el que convivió durante cinco semanas con el plantel de los All Blacks en 2010. Durante ese período, documentó el proceso de reconstrucción interna de la selección neozelandesa y detalló cómo forjaron su cultura de alto rendimiento.

Uno de los conceptos más trascendentes que documentó en su trabajo con los neozelandeses es la regla de barrer los vestuarios. Esta norma establece que ningún jugador está por encima del equipo, obligando incluso a las figuras más destacadas a limpiar las instalaciones después de cada partido como un ejercicio de humildad y pertenencia.

Tras la exitosa publicación de su obra, el escritor expandió su labor como consultor de liderazgo y diseño cultural a otras disciplinas de alto nivel. En el fútbol europeo, trabajó como asesor externo para equipos de la Premier League, incluyendo al Manchester City, Liverpool y Leicester City, además de colaborar con la propia UEFA. 

Con su llegada a la Unión Argentina de Rugby,, el especialista asume un rol inédito dentro de un cuerpo técnico nacional. Su objetivo principal será aplicar su experiencia internacional para consolidar la identidad, el liderazgo interno y la preparación mental de Los Pumas ante las exigencias de las próximas competencias. 

Corea del Norte y los pasajes de avión: la hazaña del Mundial 66

Por Bruno Di Perna

“No hagan un papelón”, fue el mensaje que dio el jefe de Estado norcoreano Kim Il-Sung a los futbolistas antes de viajar al Mundial de Inglaterra 1966. El panorama no era nada alentador tras ver el grupo de los asiáticos: Unión Soviética, Chile e Italia. Parecía que cumplir la orden sería una misión imposible, sobre todo tras perder 3-0 frente a la selección que lideraba Lev Yashin.

El segundo partido fue frente a la Roja, que en el Mundial de Chile 1962 logró el tercer puesto. Ya desde el primer tiempo Corea del Norte estaba en desventaja, tras un gol de penal a los 26 minutos. El partido siguió y la eliminación era prácticamente un hecho, como figuraba en todos los pronósticos. A falta de dos minutos para el final, Pak Sung-jin metió una volea desde el borde del área para lograr un empate milagroso bajo la lluvia de Middlesbrough.

Corea del Norte era una selección desconocida en la historia del fútbol. Jamás había participado de un torneo internacional. A pesar de esto, el proceso de clasificación se volvió accesible de un momento a otro. La FIFA otorgó únicamente una plaza para la Copa del Mundo en lo que inicialmente sería una lucha entre 21 selecciones de Asia, Oceanía y África. Tras esta decisión, sumada a tensiones políticas y problemas logísticos, casi todas las participantes boicotearon y decidieron no presentarse a las Eliminatorias. Únicamente dos decidieron jugar por la posibilidad de disputar su primer Mundial: Corea del Norte y Australia. El pasaje se definió en una serie a doble partido en una sede neutral. El país elegido fue Camboya, donde los asiáticos se impusieron con un global de 9-2 (6-1 y 3-1), en ambas ocasiones en el Estadio Olímpico de Nom Pen. De esta manera, Corea del Norte logró clasificar a su primer Mundial.

Antes de salir de Pyongyang, Kim Il-Sung realizó una visita al equipo. El por entonces jefe de Estado eligió a dedo a los 22 futbolistas que conformaron el plantel. Todos ellos eran militares de grado y casi ninguno había tenido experiencia en el fútbol profesional. Por último, dejó un mensaje a sus compatriotas: “No hagan un papelón y denle una alegría al pueblo”. Incluso el arribo trajo sus complicaciones. Al venir de un país comunista, hubo sectores en Inglaterra donde se planteó prohibirle la entrada a los Chollimas, pero esta idea fue rápidamente descartada. Los norcoreanos se alojaron en la ciudad de Middlesbrough, donde disputaron los tres encuentros de la fase de grupos.

Tras una derrota que era considerada digna ante Unión Soviética y un empate sobre la hora frente a Chile, las expectativas ya estaban más que satisfechas. Nadie se imaginó lo que iba a pasar en el partido con Italia. Ni siquiera los dirigentes, que ya habían sacado los boletos para regresar a su país. En el Ayresome Park, norcoreanos e italianos se vieron las caras. A estos últimos, el empate les alcanzaba para lograr la clasificación a los cuartos de final. Pero a la Azzurra se le complicó todo cuando Giacomo Bulgarelli chocó con Pak Sung-Jin y tuvo que retirarse lesionado a los 34’. Minutos más tarde, a tres del final del primer tiempo, Pak Doo-Ik la agarró como venía y puso el 1-0. En el segundo tiempo, los europeos fueron con todo a buscar el empate. Sin embargo, Ri Chan-Myong estuvo inspirado y fue clave con varias atajadas, para conseguir un triunfo que ni el más optimista hubiera esperado: “Detrás de mí estaba la portería, que era pequeña, pero detrás de la portería estaba nuestra nación. Si recibía un gol, caería el prestigio de Corea del Norte. Por eso defendí esa portería con mi vida”. Esta fue la primera vez que un asiático lograba superar la fase de grupos de un Mundial, además del primer triunfo de una selección de la AFC sobre un europeo y una campeona del mundo. La prensa italiana apodó a Doo-Ik como “El Dentista”. Esto fue para hacer notar el nivel de la selección que eliminó a la Azzurra. Este rumor se desmintió mucho tiempo después. El delantero norcoreano trabajó como obrero en una imprenta, para luego servir en el ejército.

Luego de clasificar a cuartos de final como escolta, Corea del Norte tuvo que cambiar los pasajes para mudarse a Liverpool. Luego de no conseguir ningún hotel, la Selección se alojó en el Loyola Hall, una residencia católica. Tras dormir en habitaciones aisladas, una rareza para el equipo (ya que acostumbraban a dormir juntos), Doo-Ik confesó que les costó conciliar el sueño con los íconos religiosos en las paredes. Ya frente a Portugal (que había eliminado a Brasil), los Chimollas sorprendieron al mundo: en 25 minutos ganaban 3-0. En ese momento apareció Eusebio, que anotó un póker y los Lusos ganaron por 5-3. Los norcoreanos fueron ovacionados por todo el Goodison Park. En su regreso, Doo-Ik comentó que fueron tratados como héroes: “Nos recibieron con honores. Jugamos un gran campeonato”.

El ritual del balón: la liturgia colectiva que detiene el tiempo

Por Lola Fernández

La Copa del Mundo trasciende la esfera de lo estrictamente deportivo para consolidarse como un fenómeno antropológico sin precedentes. Cada cuatro años, el planeta altera su ritmo habitual, sincronizando sus latidos al compás de un cronómetro que, durante 90 minutos, parece suspender las leyes del tiempo lineal. Es el instante en el que los mapas geopolíticos adquieren una dimensión emocional inabarcable, donde las fronteras, usualmente rígidas, se vuelven porosas bajo el influjo de una identidad compartida. Cuando el balón comienza a rodar, se produce una suspensión de la realidad: la burocracia, las crisis económicas y el ruido cotidiano se silencian. El Mundial funciona, entonces, como un paréntesis necesario en la narrativa histórica, un espacio donde las jerarquías sociales se difuminan en las gradas o frente a la pantalla, igualando al espectador común con el analista más técnico en un mismo grito de angustia o éxtasis.

Es casi como una religión laica. Hay algo sagrado en el hecho de juntarse con otros, incluso con desconocidos, a seguir la suerte de un equipo. No solo estamos mirando un juego, estamos viviendo una experiencia que nos une. Durante esos días, la selección nacional se transforma en un espejo de lo que somos: ahí vemos proyectados nuestros valores, nuestros sueños, las veces que nos caímos y las ganas que tenemos de levantarnos. Cuando el equipo lucha por cada pelota, sentimos que nosotros mismos estamos dando esa pelea. Es una forma de decir que, aunque a veces nos sintamos solos en la rutina de todos los días, formamos parte de algo más grande. Esa sensación de “ser parte de un grupo” es lo que nos rescata del aislamiento al que a veces nos empuja la vida moderna.

Por supuesto, no todo es perfecto. Esta euforia colectiva tiene una doble cara. A veces, nos dejamos llevar tanto por la pasión que usamos el Mundial como una forma de escapar de la realidad, como si fuera una anestesia que nos calma, pero que no cura los problemas reales que tenemos afuera de los estadios. Es peligroso poner todas nuestras esperanzas y nuestra felicidad en el resultado de un partido, porque, cuando el campeonato termina y la fiesta se apaga, la vida real sigue ahí, esperando con sus propias dificultades. El desafío es no olvidar que la emoción del fútbol debería ser un impulso para mejorar nuestras vidas, y no solo un refugio pasajero para no ver lo que nos rodea.

Lo que sentimos al ver el torneo es una mezcla extraña de recuerdos y expectativas. Nos acordamos de los Mundiales que vivimos de chicos, de los seres queridos con los que compartimos algún festejo, y al mismo tiempo, nos ilusionamos con lo que vendrá. Cada cuatro años, tenemos la sensación de que el mundo puede empezar de cero, de que todo es posible. Esa energía es contagiosa. Cuando el último partido termina y el campeón levanta la copa, nos queda un vacío difícil de explicar. Es la vuelta a una normalidad que, de pronto, se siente un poco más gris y vacía que antes, porque nos falta esa dosis de épica y aventura.

Al final de todo, lo más importante que nos deja el Mundial es la lección de que podemos estar unidos. Nos demuestra que, aunque seamos diferentes, todos somos capaces de emocionarnos por lo mismo. Quizás el gran aprendizaje no sea el fútbol en sí, sino ver cómo somos capaces de tratarnos como hermanos, aunque sea por un rato, simplemente por compartir una pasión. Tal vez, el verdadero triunfo no sea levantar el trofeo, sino aprender a mirar al que tenemos al lado y entender que, al final del camino, todos estamos jugando en el mismo equipo. Esa capacidad de sentir, de vibrar y de encontrarnos con el otro es, en esencia, lo que nos hace profundamente humanos.

Issa Diop y una decisión que se hizo esperar

Por Renzo Torregiani 

Nació en Francia, rechazó jugar para Senegal y fue partícipe necesario en la clasificación de Marruecos a octavos de final. El defensor central de 29 años creció en Toulouse pero tiene madre marroqui y padre de origen senegales.

Corría el primer minuto de adición en los 16avos de final de la Copa del Mundo, el lateral de Manchester United Noussair Mazraoui, derecho jugando por izquierda, subió la pelota en conducción y se la dejó a quien había ingresado tres minutos antes, Chemsdine Talbi. El extremo de Sunderland enganchó para su pierna diestra y colocó el centro para que Issa Diop, un inusual atacante, se colara entre los defensores neerlandeses y peinara la pelota al ángulo izquierdo del arquero Bart Verbruggen.

Con este gol, Marruecos empató las acciones en 1 y condenó a Países Bajos a jugar el alargue y los posteriores penales. Desde los 12 pasos y con Yassine Bounou habiendo atajado uno, el flamante refuerzo del Bayern, Ismael Saibari, sentenció la serie por 3 a 2 y le dio al combinado marroquí el pasaje a los octavos de final.

A pesar de que Saibari aparezca en las fotos de todos los diarios, el gran responsable de que Marruecos se haya metido nuevamente en partido fue Diop. El central de 194 centímetros de altura apareció por sorpresa en el área rival entre Virgil Van Dijk y Teun Koopmeiners para devolverle la vida a todo el pueblo marroquí.

Issa Diop nació y se crio en los suburbios de Toulouse y en las canchas barriales de Blama fue donde comenzó a jugar a la pelota con siete años. A esa edad, ya combinaba una gran altura con una coordinación envidiable. Fue por eso que el Toulouse posó los ojos sobre él y lo reclutó para sus divisiones inferiores con tan solo 9 años. Diop pasó de jugar de manera recreativa en su barrio a formarse en una de las mejores academias de Francia.

A su vez, uno de sus primeros acercamientos al fútbol fue gracias a la figura de su abuelo paterno, quien se convirtió en el primer jugador senegalés en jugar en la Ligue 1 de Francia. Lybasse Diop fue un destacado delantero que se desempeñó en el Girondins de Bordeaux y fue parte del cuerpo técnico de la Selección senegalesa en la década del 60. Si bien Lybasse falleció cuando Issa tenía dos años, su legado fue una fuente de inspiración para el defensor central.

El cuarto de los cinco hermanos Diop permaneció una década en el Toulouse hasta que el 28 de noviembre de 2015 y con 18 años fue enviado a la cancha por el técnico Dominique Arribagé. Issa disputó los 90 minutos ante el Niza en lo que fue una victoria clave en la lucha por la permanencia, mostrándose solvente y sólido en defensa. 23 jornadas más tarde, a una del final del campeonato, Toulouse logró la permanencia con Diop como figura en la defensa y estas actuaciones hicieron que el West Ham pagara 25 millones de euros por él.

Pese a haber nacido en Francia, Diop tiene madre marroquí y padre de origen senegalés. Según la reglamentación de FIFA, Issa podría haber representado a cualquiera de las tres Selecciones y, aunque se mostró muy firme en la postura de jugar para su país natal, nunca fue convocado por el combinado mayor. Sí representó a los galos en todas las divisiones formativas (de sub-16 a sub-21).

En 2022 cambió de rumbo y pasó al Fulham, también de la Premier League, por casi 18 millones de euros. Pero no era lo único que cambiaría en su vida. Al cumplir 29 años y sin chances en la Selección de Didier Deschamps, Diop aceptó la convocatoria de Marruecos para la fecha FIFA de marzo de este año. El ente máximo regulador del fútbol a nivel mundial le otorgó el One-Time Change (permiso para representar a otra selección) el jueves 26 de marzo y en menos de 24 horas hizo su debut con Los Leones del Atlas en el empate 1 a 1 con Ecuador.

A tan solo tres meses de su estreno, Diop se metió en la lista de Mohamed Ouahbi y se consolidó dentro del once marroquí. El 29 de junio de 2026, con tan solo siete partidos oficiales en su espalda, Diop escribió su página en la historia de Marruecos, no solo por haber sido el autor del gol agónico contra Países Bajos, sino porque, al igual que otros 18 extranjeros, eligió defender los colores de Marruecos a capa y espada.

Ghana: cuando una generación cambió la historia del fútbol en un país

Por Benjamín Gualtero

Pasó de ser una potencia africana a convertirse en una fábrica mundial de talento futbolístico, marcando la historia del fútbol africano con generaciones inolvidables.

Un país cuyo fuerte es la exportación de oro por su potencial en recursos naturales, ubicado en el continente africano, es uno de los más seguros y que mejor está de manera democrática. Sacando todo ese contexto, África es una maravilla no tan potenciada en cuanto al fútbol. Hoy en día, el continente madre tiene 10 países ya clasificados para la Copa del Mundo 2026, Marruecos en el Mundial pasado hizo la mejor participación de un país de la región en su historia, pisando las semifinales.

La historia del fútbol empezó en Europa y se fue poblando y conociendo en distintos continentes, el que más viene creciendo en los últimos años es el de África. Ghana, país que limita con Costa de Marfil, al norte con Burkina Faso y al este con Togo, tiene un relato muy interesante ya que viene con una fuerte creciente en su fútbol, todo empezó en la década de los 60-70 cuando empezó a conocerse. Ghana fue una de las primeras potencias del fútbol africano después de independizarse del Reino Unido en 1957. Bajo el liderazgo político de Kwame Nkrumah, el deporte recibió mucha inversión estatal. La Selección ganó la Africa Cup of Nations en 1963 y volvió a conquistarla en 1965, convirtiéndose rápidamente en una referencia ineludible.

El torneo Africa Cup of Nations en 1963 se celebró en su propio territorio y conquistaron su primer título al derrotar a Sudán por 3-0 en la gran final disputada el 1 de diciembre en el Estadio de Acra.

Pero el verdadero salto internacional llegó a finales de los 80 y durante la década del 90. El crecimiento más importante llegó cuando Ghana empezó a dominar el fútbol juvenil mundial. La generación dorada juvenil explotó entre 1989 y 1999: campeón del Mundial Sub-17 de la FIFA en 1991 y 1995, finalista del Mundial Sub-20 de 1993. Producción masiva de talento exportado a Europa. En esa época comenzaron a aparecer jugadores como Abédi Ayew, el simple hecho de mencionar que heredó el apodo de Pelé habla a las claras de la calidad de jugador del que se habla. Abédi es considerado como el mejor jugador ghanés de la historia. Ayew, considerado el gran símbolo del fútbol ghanés moderno. Su éxito en Olympique de Marseille ayudó a darle prestigio internacional al país.

Su palmarés es elocuente: es uno de los máximos ídolos  de la historia de la Selección de Ghana. Conquistó tres Balones de Oro africanos y un premio al mejor futbolista de África.

Gracias a ese alto nivel de éxitos y jugadores que se convirtieron en ídolos en su país, las generaciones que le siguieron estuvieron muy a la altura consiguiendo resultados sobresalientes, todo eso llevó a la explosión mundial en los 2000. La verdadera consolidación global llegó en los años 2000: clasificación al primer Mundial en 2006, octavos de final en la Copa Mundial de la FIFA 2006, cuartos de final en la Copa Mundial de la FIFA 2010, donde estuvieron a segundos de convertirse en el primer país africano en semifinales de un Mundial. Esa generación incluía figuras como: Michael Essien, Asamoah Gyan, Sulley Muntari, Kevin-Prince Boateng. El futbolista con más partidos en la historia de Ghana es André Ayew, con más de 110 partidos internacionales. También es uno de los pocos jugadores africanos en disputar tres Copas del Mundo consecutivas con su selección. Además, el máximo goleador histórico de Ghana es Asamoah Gyan, una de las máximas figuras en su historia con 51 goles con la selección nacional, Gyan es el máximo goleador africano en la historia de los Mundiales con 6 tantos.

¿Por qué creció tanto Ghana? Las razones principales fueron: fuerte desarrollo de academias juveniles, exportación temprana de jugadores a Europa, enorme inversión en fútbol juvenil, cultura futbolera muy arraigada, influencia de clubes y scouts europeos en África Occidental. Sin lugar a dudas, su buen avance como sociedad y el aporte cultural del fútbol en los años 80 hizo que los niños quieran practicar más el deporte.

Hoy la selección está en rumbo de jugar su 5to Mundial consecutivo, ya que desde 2006, donde se clasificaron por primera vez, están teniendo una racha muy positiva. Ghana compartió el Grupo I eliminatorio con las selecciones de Mali, Madagascar, República Centroafricana, Comoras y Chad. Las Estrellas Negras lograron consolidarse en la primera posición, superando a sus competidores para obtener uno de los boletos directos que otorga la Confederación Africana de Fútbol para la Copa del Mundo 2026, uno de sus máximos referentes actuales es Thomas Partey, que llega a su último Mundial.

El argentino que nació en Cabo Verde: Tomás Custodio Mendes

Por Santiago De Luca

A lo largo de los años en el mundo transcurrieron un sin fin de sucesos históricos, y el siglo xv, no fue para menos. En este, además de haber quedado marcado por el Renacimiento, sucedió la caída de Constantinopla, el encuentro de Cristóbal Colón con América, la invención de la imprenta, la expansión portuguesa impulsada por Enrique “el Navegante”, entre muchas otras cosas, en la que se hará hincapié en esta última. 

Tras procurarse la nueva nave tipo carabela, Enrique fue responsable del temprano desarrollo de la exploración y del comercio marítimo con otros continentes a través de la exploración sistemática de África occidental, las islas del océano Atlántico y la búsqueda de nuevas rutas. 

A 924 kilómetros de Mauritania, que en su momento su territorio pertenecía a tribus nómadas bereberes previo a la llegada de los Lusitanos, habitaba un archipiélago de diez islas volcánicas con una superficie terrestre combinada de aproximadamente 4033 km², la cual se mantuvo deshabitada hasta la llegada de los colonizadores.

Debido a que las islas se encontraban en una ubicación conveniente para desempeñar un papel en el comercio de esclavos en el Atlántico, Cabo Verde se volvió económicamente próspero durante los siglos xvi y xvii, atrayendo a comerciantes, corsarios y piratas. Durante el siglo xix se redujo económicamente debido a la supresión de la trata de esclavos y, pegando un gran salto en el tiempo, en 1951, el país se incorporó como un departamento de ultramar de Portugal. 

El territorio se mantuvo al margen de la guerra colonial portuguesa, pero sus habitantes presionaron por la autonomía total representados por el Partido Africano para la independencia de Guinea-Bissau y Cabo Verde, que además pedía una unión política con la Guinea Portuguesa continental. Ambos países se liberaron por separado en 1975. 

Sin embargo, el 28 de noviembre de 1961, nacería en Praia, hoy capital de Cabo Verde y en su momento capital de la Cabo Verde Portuguesa, un chico llamado Adriano Tomás Custodio Mendes, quien, lejos de sumarse al movimiento independentista, emigró a Argentina en 1974 con la edad de 12 años tras quedar huérfano y ser traído por su hermana mayor radicada en La Plata. 

Comenzó su carrera futbolística en 1981 jugando para el ‘Pincha’, en donde se mantuvo en el club hasta 1984, con un préstamo entre el ‘82 y ‘83 en Danubio de Uruguay, e integró el equipo dirigido por Carlos Bilardo con figuras como Alejandro Sabella y José Daniel Ponce. En la institución conoció a Patricio Hernández, quién más adelante se convertiría en una persona muy importante para él. Este le decía que llegar a Primera era fácil, pero lo difícil era mantenerse. Cuando ya tenía un nombre en el fútbol, le contaba a la gente de Estudiantes que había un negrito en Inferiores que la estaba rompiendo. 

En diálogo con TN, dijo: “Adriano se adapta muy bien a los grupos porque es inteligente y vivo. Siempre tenía buen humor incluso en la previa de los partidos. Era zurdo, cabeceaba bien y podía jugar como delantero o volante ofensivo. Tiene un físico privilegiado y no en vano jugó hasta los 38 años”. 

Sus primeros años en la Argentina fueron difíciles porque le costó adaptarse. Mendes, en una entrevista también con el mismo medio, explicó: “La primera vez que me dijeron “negro” a un pibe lo corrí tres cuadras hasta que se metió en su casa. Recuerdo que volví llorando y mi hermana me dijo que decir “negro” era natural. Mira si logré adaptarme a este hermoso país que si hoy me decis Custodio, no me hago cargo, pero si me decís negro, me doy vuelta al toque. A pesar de eso, sufría discriminación permanentemente. Incluso lo padecí de grande, ya siendo jugador profesional. La discriminación racial te la hacen sentir incluso dentro de la cancha”. 

En 1985 pasó a Temperley, en donde estuvo un año nomás antes de irse a préstamo por dos años al Blooming de Bolivia. En 1988 fue a Cerro Porteño de Paraguay donde jugó la Copa Libertadores, en 1989 pasó a Colón de Santa Fe, donde permaneció una temporada y sería San Martín de Tucumán su nuevo destino. Jugó ahí hasta 1991, cuando se fue a Chile para formar parte de las filas de Santiago Wanderers. 

En 1992 estuvo en Racing de Olavarría, después en el Deportivo Táchira de Venezuela hasta 1993. En ese año regresó a la Argentina para jugar en Chacarita Juniors, en donde se quedó hasta 1994. En la temporada ‘95 regresó a Chile, defendiendo la camiseta de Deportes Iquique y a mediados de diciembre de 1996, se incorporó al Club Broncos de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. 

En 1997 regresó a Temperley, donde jugó una temporada y en 1998 pasó al equipo barilochense Martín Güemes del Torneo Argentino B (cuya liga como tal dejó de existir en 2018, pero en 2027 retomará como una nueva cuarta división con el nombre “Torneo Argentino del Interior”) y se retiró allí en diciembre de ese año. En diálogo con TN explicó: “Viajamos a Cutral Co a jugar un partido definitorio pero teníamos la información de que éramos boleta de antemano. Yo jugué en una época donde los árbitros insultaban a los jugadores, era un fútbol donde solo había una cámara de filmación. Nos empezaron a “bombear” y junto a Jose Percudani lo fuimos a encarar al árbitro. Le dije “este es mi último partido, lloré, reí, gané y perdí. Si me cagás te vas a acordar toda tu vida de mí”. 

No cobra una infracción ante un compañero y cuando le voy a reclamar me saca la amarilla y como me descontrolé le pegué una piña. Me despedí del fútbol como yo lo soñé, me desquité del maltrato que tenían los árbitros hacia mí.” 

El delantero, que metió 84 goles en 340 partidos, se conectó tanto con nuestro país a tal punto de obtener la nacionalidad. Por lo que no importa que sea de Cabo Verde y tenga sangre portuguesa, el argentino nace donde quiere. 

Los hermanos caboverdianos que enfrentará Argentina

Por Casandra Lacabe

Los hermanos, Laros y Deroy Duarte, nacieron en Países Bajos pero decidieron representar a Cabo Verde por sus raíces familiares. Ambos nacieron, se criaron y dieron sus primeros pasos futbolísticamente en Róterdam antes de representar internacionalmente a los Tiburones Azules, que están participando por primera vez en un Mundial de fútbol. 

Deroy, tiene 26 años, es el menor de los dos pero fue el primero en debutar con Cabo Verde, el 22 de marzo de 2022, fue en un amistoso contra Guadalupe donde los caboverdianos se impusieron por 2-0. Acumula 36 partidos jugados con el conjunto caboverdiano, incluyendo el Mundial que se está compitiendo y aún no ha marcado ningún gol. Por su parte, Laros, de 29 años, hizo su debut oficial en Cabo Verde por la Copa África de Naciones 2023, disputada en enero y febrero del 2024. Hasta el momento, tiene 21 partidos jugados con su selección y a diferencia de su hermano tiene 3 goles, 2 oficiales y 1 en un amistoso.

Sin embargo, también se enfrentaron en la máxima categoría, cuando Laros jugaba para el FC Groningen y Deroy en el primer equipo del Fortuna Sittard, fue el primer duelo directo en partidos de liga en noviembre del 2021 y febrero del 2022.

Cabo Verde disputará los 16avos de final el viernes 3 de julio con Argentina, defensora del título, y tuvo una sorpresiva actuación en la fase de grupos. Empató todos los partidos, la primera fecha sin goles ante España, contra Uruguay 2-2 y cerró la ronda contra Arabia Saudita por 0-0.