Por Celeste Benítez
Cuando Arruabarrena tenía diecinueve años, Carlos Bilardo lo llamó al inicio del encuentro entre Boca y Vélez de 1996 y le dijo que se parara al lado del banco de suplentes. En su momento, el lateral izquierdo no lo entendió y le preguntó al Tata Brown cuál era el motivo, y este le dijo que Bilardo le veía características de entrenador. Fue el primero que le vio potencial en ese rol.
El Vasco Arruabarrena surgió de las inferiores de Boca y logró consagrarse campeón con el club que lo vio crecer, como jugador y como director técnico, al igual que Juan Carlos “Toto” Lorenzo, Sebastián Battaglia y Guillermo Barros Schelotto, entre otros. Con dos ciclos en el conjunto de la Ribera, forma parte del grupo de entrenadores que llegaron a dirigir 100 partidos oficiales al mando del equipo xeneize.
En sus últimos años como futbolista tenía la idea de seguir relacionado con el fútbol, pero no como entrenador. “Entendía que mi forma de ser podía llevar a tener roces con los jugadores, porque a mí me gustaba llegar dos horas antes, formar un grupo y la profesionalidad”, afirmó el Vasco. Diego Cagna y Juan Pizzi fueron los que le insistieron para que hiciera el curso, y después le surgió la posibilidad de dirigir a Tigre, con el objetivo de salvarlo del descenso.
En sus inicios jugaba de central, lo que lo llevó a ser lateral izquierdo. Con once años llegó a Boca y, luego de pasar por las juveniles, pudo debutar en la Primera ante Newell’s Old Boys, bajo el mando de Óscar Tabárez. Su primer gol lo convirtió cuatro meses más tarde, a los doce minutos, contra Argentinos Juniors. En 1996, con poca participación y tras haber jugado en la Selección Argentina, le llegó la oportunidad de ir a préstamo a Rosario Central, y no dudó. Fue una de sus mejores decisiones, ya que tras su desempeño en el club Canalla pudo retornar al Xeneize con Carlos Bianchi en el banco, quien destacó al Vasco como alguien profesional, respetuoso e inteligente. Juntos obtuvieron el Torneo Apertura 1998, de manera invicta, y el Clausura 1999.

Pero el título más importante fue la Copa Libertadores 2000, en la que el lateral izquierdo fue figura al convertir los dos goles del empate en la ida de la final contra Palmeiras, en La Bombonera. Luego de la consagración en la competencia internacional más importante de América a nivel de clubes, llegó su momento de pasar al Villarreal, club de la Liga española con el que alcanzó una histórica semifinal de Champions League.
De aquellos partidos aún conserva algunas de las pocas camisetas que intercambió en su vida, ya que nunca le gustó cambiar las prendas. Hay ideas y maneras que no cambian y otras que sí, como la forma de ser del Vasco, quien en sus inicios era muy callado, casi no hablaba, y con el tiempo eso cambió. “Trato de no gesticular y de no tener ademanes en público. Sí puedo discutir dentro del vestuario”.
Es de los pocos futbolistas que jugaron con Messi, Maradona y Riquelme. Además, fue dirigido por grandes figuras como César Luis Menotti, Carlos Bilardo, José Pékerman, Marcelo Bielsa, Carlos Bianchi, Manuel Pellegrini y Daniel Passarella. A algunos los tuvo en su paso por clubes y a otros cuando fue jugador de la Selección Argentina. “Tuve la oportunidad y la suerte de siempre contar con entrenadores que confiaron en mí”.
Arruabarrena no es de los que se sienten jugadores toda la vida: reconoce que es un ex jugador. Fue una etapa que supo dejar atrás con facilidad. Tras un breve paso por el AEK Atenas y su retorno al fútbol argentino para jugar en Tigre, se acercó el final de su carrera futbolística, que tuvo lugar en Universidad Católica de Chile.
Con el objetivo cumplido de salvar a Tigre del descenso, el oriundo de Marcos Paz volvió a Boca como director técnico. Fue un reto importante, porque llegó para ocupar el lugar que había dejado Carlos Bianchi. En su primer año perdió la semifinal de la Copa Sudamericana 2014 contra el River de Marcelo Gallardo. Casi seis meses después se quedó con los dos Superclásicos y disputó la vuelta de los octavos de final de la Copa Libertadores ante el mismo rival, en La Bombonera. Sin embargo, aquel partido se interrumpió cuando, en el descanso, los jugadores visitantes fueron agredidos con gas pimienta dentro de la manga que conectaba con el campo de juego.
Fue un encuentro entre Boca y River que nunca se reanudó y que terminó con la eliminación y descalificación del Xeneize, y el pase del Millonario a los cuartos de final de la competencia. “Creía y creo que los partidos se tienen que terminar dentro de la cancha”, aseguró Arruabarrena. Un año más tarde, la comisión directiva pidió su renuncia y el Vasco comenzó una nueva etapa en Asia y en África, donde dirigió a siete equipos, entre ellos Al-Wasl, Al-Rayyan, Shabab Al-Ahli, Al-Sharjah, Pyramids y Al-Taawoun. Además, por un breve tiempo estuvo al mando de la selección de Emiratos Árabes Unidos.
Diez años lejos de Argentina fueron suficientes para que decidiera volver al país, y fue la oportunidad perfecta para el retorno del Vasco a Boca. Al llegar se encontró con un equipo perdido y en poco tiempo supo darle la confianza necesaria para que el juego funcionara. El Xeneize pasó de no pelear por nada a pelear en todas las competiciones, como el Torneo Clausura, la Tabla Anual, la Copa Argentina y la Copa Sudamericana.

La carrera de Arruabarrena, como jugador y director técnico, demuestra que no puede pasar más de diez años lejos del club que lo acompañó en importantes momentos de su vida.





