Por Franco Mariani
Boca y River protagonizarán una nueva edición del Superclásico del fútbol argentino, esta
vez, en el marco de la decimoquinta fecha del Torneo Clausura, donde el Xeneize buscará
hacerse fuerte en La Bombonera y así agigantar su gran presente. Los de Nuñez por su
parte, que vienen en levantada, tratarán de llevarse tres puntos de oro para acercarse a los
puestos de arriba.
No obstante, desde hace tiempo que su rivalidad sobrepasó lo deportivo, y lejos de ser lo
que fue en los primeros enfrentamientos entre ambos, la violencia se hace cada vez más
presente en este tipo de encuentros, en los que no solo se ponen en disputa tres puntos,
sino también todo aquello que las pasiones de sus hinchas representan. El sentido de
pertenencia, el orgullo y la fuerte necesidad de imponerse ante el otro convierten al
Superclásico en mucho más que un partido de fútbol.
Su rivalidad no apareció de un momento a otro, ni tampoco hubo un punto exacto de
inflexión, sino que se lo vincula con la construcción de dos identidades e incluso maneras
de vivir muy diferentes entre sí.
Para comprender esta cuestión hay que remontarse a los principios del siglo XX, cuando
ambas instituciones eran vecinos en La Boca. Tal cercanía permitió que cada vez que se
cruzaran se jugara por el honor, o dicho coloquialmente, “para ver quien manda en el
barrio”.
Pero en 1923, River decidió abandonar el barrio que lo vio nacer y se mudó a Recoleta (lo
que luego pasaría a ser Núñez) y construyó un estadio para 40 mil personas, algo
revolucionario para la época. Por su nueva ubicación, el club empezó a ser más vinculado
con la clase alta, imagen que en 1932 se ratificó tras la llegada de Carlos Peucelle y
Bernabé Ferreyra por una gran suma de dinero, lo que dio lugar al origen de su apodo: el
Millonario.
Boca por su parte nunca se mudó del barrio del cual surgió y, por su cercanía con el puerto,
la zona pasó a estar repleta de inmigrantes, históricamente asociados a la clase
trabajadora. Así fue también como la rivalidad entre ambos clubes trascendió lo deportivo y
esa diferencia de estatus empezó a tomar cada vez más protagonismo: por un lado el
equipo de la élite y la aristocracia, por el otro el del pueblo y el sacrificio.
Esto también se trasladó a los estilos de juego de uno y el otro: mientras que los de Núñez
siempre se caracterizaron por su estilo vistoso, en el que además de ganar se exige
imponerse también desde lo futbolístico, en el Xeneize una de sus banderas es todo lo
contrario: resultar vencedor sin importar la forma.

Sin embargo, esa rivalidad fue dejando de expresarse únicamente dentro de la cancha. Con el paso de los años, la disputa por demostrar quién era superior comenzó a tener consecuencias cada vez más graves, con episodios que mancharon la historia del fútbol
argentino.
Uno de los más conocidos ocurrió el 23 de junio de 1968. Tras un Superclásico disputado en el Monumental que terminó 0 a 0, 71 hinchas de Boca fallecieron producto de una avalancha a la salida del estadio, suceso que quedó marcado como la tragedia de la Puerta
12. Hay quienes aseguran que dicha salida estaba cerrada con llave, mientras que otros lo
adjudican a una supuesta represión policial. De todas maneras, pese al desconocimiento
acerca de qué ocurrió exactamente, aquella jornada se convirtió en una de las páginas más
oscuras del deporte nacional.
Décadas más tarde, la violencia volvió a golpear de manera brutal. El 30 de abril de 1994,
después de que River se impusiera por 2 a 0 en la Bombonera, los hinchas del Millonario
Ángel Delgado y Walter Vallejos fueron asesinados en una emboscada atribuida a
integrantes de la barra brava de Boca.Consecuente a esto, la hinchada del Xeneize lo
recuerda en algunas de sus canciones.
Más cerca en el tiempo, el 14 de mayo de 2015, otro episodio expuso hasta qué punto
podía llegar esa hostilidad. Durante un encuentro por la Copa Libertadores en La
Bombonera, los futbolistas de River fueron agredidos con gas pimienta cuando se disponían
a salir al campo para disputar el segundo tiempo. El partido fue suspendido y el hecho
derivó en una investigación judicial y posteriormente a la descalificación de los de la ribera.

El 24 de noviembre de 2018, la agresión apareció nuevamente como protagonista en uno
de los encuentros más importantes de la historia entre ambos. En la previa de la final de
vuelta de la Copa Libertadores, el micro que trasladaba al plantel de Boca hacia el
Monumental fue atacado a piedrazos por hinchas millonarios, lo que provocó la rotura de
varios vidrios y dejó a algunos futbolistas heridos por las esquirlas. Como consecuencia de
lo ocurrido, el partido fue suspendido y se terminó disputando en el Santiago Bernabeu.
Finalmente, River se consagró campeón en Madrid, en una final que quedó marcada tanto
por su importancia deportiva como por los graves incidentes que impidieron que se definiera con normalidad.
Cuatro episodios separados por décadas, pero con algo en común: la violencia. Una
rivalidad que dejó de ser una expresión de pasión futbolística para convertirse en una
amenaza para la integridad de jugadores e hinchas.





