Por Tiziano Moreira
El fútbol argentino habita sobre un axioma de casi un siglo: los “Cinco Grandes” son Boca, River, Independiente, Racing y San Lorenzo. Este orden sagrado, esculpido en 1937 por la AFA a través del voto proporcional (que medía recaudaciones, títulos y masa societaria), sobrevivió a crisis económicas, descensos y cambios de época. Sin embargo, la inminente final de la Copa Libertadores entre Estudiantes de La Plata y Palmeiras amenaza con provocar un sismo retórico en las bases del folklore nacional.
Si el “Pincha” borda su quinta estrella continental, la mesa chica del fútbol argentino ya no podrá mirar hacia el costado. El mérito deportivo chocará de frente contra el peso sociocultural, obligándonos a una pregunta incómoda: ¿las vitrinas pueden comprar la grandeza que otorgan las multitudes?
Un triunfo de Estudiantes en la final continental dinamitaría cualquier equivalencia numérica en el plano internacional. Con 5 Copas Libertadores, el club platense se consolidaría como el tercer equipo más ganador de la historia del torneo en Argentina, superando las 4 de River Plate, y duplicando las vitrinas de Racing (1) y San Lorenzo (1) juntas.
Para los defensores del éxito deportivo como máxima medida de las cosas, el argumento se vuelve casi irrebatible ¿Cómo sostener el mote de “grande” frente a una institución que ostenta cinco veces el trofeo más codiciado de América y que, además, ya supo ser campeona del mundo en Old Trafford?
Aun así, desde las entrañas del propio club intentan desmarcarse de una discusión que consideran ajena. El presidente de Estudiantes, Juan Sebastián Verón, fue tajante al respecto en declaraciones a Radio La Red: “Los cinco grandes van a seguir siendo los cinco grandes porque son históricos. Querer meternos ahí es sacarle valor a lo que construimos. Nosotros somos Estudiantes, un club escuela con una identidad propia que no necesita compararse”.
La resistencia a modificar el mapa de la grandeza no nace del capricho o la envidia, sino de la demografía futbolera. Desde que Cesar Luis Menotti federalizó el fútbol argentino en 1975, los cinco grandes históricos comparten un rasgo indomable: el arraigo nacional. Boca, River, Independiente, Racing y San Lorenzo poseen filiales e hinchas en cada rincón del país, garantizando recaudaciones masivas y mediciones de audiencia que sostienen la industria.
Estudiantes, a pesar de su innegable crecimiento institucional y su imponente masa societaria, sigue siendo una potencia de matriz regional, fuertemente identificada con la ciudad de La Plata. En el plano local, además, su palmarés de 7 ligas locales sigue estando por debajo del bloque tradicional; San Lorenzo (15) o Racing (18) duplican y triplican el historial de títulos de liga del León.
Para el manual clásico del hincha argentino, la grandeza es un fenómeno místico que se mide en los colectivos de larga distancia, aviones, peñas, en los estadios neutrales repletos a miles de kilómetros de Buenos Aires y en el sentimiento hereditario.
El verdadero fondo es que el fútbol del siglo XXI ya no encaja en el molde diseñado en la primera mitad del siglo XX. Intentar forzar la realidad actual en una definición de hace casi noventa años es un ejercicio de nostalgia antes que de análisis. El ex director técnico de Vélez, Ricardo Gareca, que jugó en River y Boca, introdujo una mirada más elástica sobre este fenómeno, sugiriendo que la etiqueta de los “Cinco Grandes” ha quedado obsoleta y que hoy deberíamos hablar, de mínima, de un lote de seis u ocho equipos, abriendo el juego a las realidades institucionales de Estudiantes o Vélez Sarsfield.
Una quinta Libertadores para Estudiantes no provocará un decreto de la AFA modificando los estatutos, ni cambiará los zócalos de los programas de televisión o streaming. Pero en las discusiones de bar y el folklore popular, tendrá un efecto: demostrará que la mesa de los privilegiados ya no puede ser un club basado en la nostalgia, sino un espacio dinámico donde la gloria internacional exige, como mínimo, una silla de plata.





