Mariángeles “Chu” Cossar, máxima referente del Xeneize en voley: “Boca me cambió la vida”

Por Ana Ameijeiras

El Polideportivo Benito Quinquela Martín está ubicado en el barrio de La Boca a pocos metros de La Bombonera, en donde deportistas de múltiples disciplinas entrenan a diario. El “Quinquela” es la segunda casa de Mariángeles “Chu” Cossar desde hace 20 años. Las canchas de voley del recinto la acompañaron en cada uno de los títulos que ganó en Boca, también en las duras derrotas.

Alcanza con verla recorrer los pasillos para darse cuenta que no hay una persona en el club que no la aprecie. Se detiene a saludar con cariño a quienes se cruzan en su camino y se toma unos segundos para conversar con las personas que forman parte de su día a día.

La capitana más ganadora en la historia del voley argentino llegó al club de la Ribera desde Tortugas, un pueblo de 2.500 habitantes de la Provincia de Santa Fe. En 2006, cuando tenía 15 años entró por primera vez a Boca y a partir de ahí formó un lazo inseparable entre la institución y su corazón.

-¿Te costó dejarte de tu familia?

-El desarraigo con mis seres queridos sí. Extrañaba todo pero no me costó mucho la adaptación, siempre estuve muy feliz y contenta con mi decisión. Me sentía en Disney, soy fanática de Boca desde chiquita. Me ayudó mucho que Romi (su hermana mayor) esté en Buenos Aires.

“Chu” Cossar, lleva el apodo que le puso su padre de chiquita y hoy con 36 años es la deportista más ganadora de Boca y la máxima referente del plantel femenino de voley. Sueña con cumplir 21 años defendiendo los colores del Xeneize y tiene el récord más grande de la historia del club con 29 títulos, superando a Sebastián Battaglia (17) y Guillermo Barros Schelotto (16).

-¿Te hubieras imaginado estar tantos años en el club la primera vez que llegaste acá? 

-¡No! Recién cuando llegué empecé a tomar conciencia, obviamente que uno sueña y proyecta, pero ni ahí me hubiera imaginado estar en el lugar en el que estoy hoy. Y más en Boca, que es lo más grande que hay, es mi casa, mi lugar en el mundo. Antes de ser jugadora de voley soy hincha de Boca. Formar parte de la historia del club es algo que me va a quedar para toda la vida. Por ahí ahora me cuesta caer, el día de mañana cuando ya no juegue más, seguro tome mayor dimensión.

-¿Qué representa para vos mantenerte en competencia tantos años en Boca? 

–Me da mucho orgullo, lo tomo como una presión y una responsabilidad, porque nadie me regaló nada y sé que habla bien de mí que estoy hace 20 temporadas en el club y que siempre jugué al mejor nivel. Soy muy consciente de lo que es Boca y lo que representa. También sé por todo lo que tuve que pasar y estoy muy orgullosa de eso. 

-¿Pesa la camiseta Azul y Oro? 

-Obvio, un montón. De todos modos, la llevo con mucha tranquilidad, muchísimo orgullo y siempre dando el máximo. Va más allá de ganar o perder, se trata de representar al club de la mejor manera posible como lo hice durante toda mi carrera.

-¿Cómo ves actualmente el voley en el club?

-Muy bien, cada vez nos acompañan más desde lo dirigencial, en una época en la que está bastante difícil el país, nosotras acá estamos en una situación súper buena, al equipo le está yendo bien. Con la presidencia actual recibimos mucho más apoyo que antes, Román (Riquelme) siempre estuvo muy presente, nos acompañó. Cuando salimos campeonas nos invitó a comer, nos preguntaba qué necesitábamos, qué nos faltaba. Es importante sentir que estamos visibilizadas. 

-¿Te queda algún sueño por cumplir en Boca?

-Por suerte pude cumplir todos, creo que lo mejor que me puede pasar es retirarme sintiéndome bien. Claro que me encantaría irme campeona, pero sé que eso es muy difícil. Festejo todos los títulos como si fueran el primero, nunca se sabe cuál puede ser el último.

Cossar formó parte de “Las Panteras”, el equipo femenino de la Selección Argentina, en un momento clave de la historia: la clasificación a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 (2021) tras ganar el Preolímpico en Colombia a principios de 2020. El primer torneo que jugó con 17 años fue el Sudamericano en Perú con las juveniles.

-¿Qué sentiste cuando te llamaron de la Selección?

-Estaba feliz, pero con la inconsciencia de la edad no tomé noción en el momento. Recién caí cuando tuve el primer viaje y empezó a sonar el himno en el partido. En ese momento se te pasa todo por la cabeza, fue hermoso. Estuve muchísimos años en la Selección y ahora me doy cuenta, al ya no estar, que uno lo normaliza, lo naturaliza y no es algo que es algo de todos los días, para mí fue un privilegio muy grande. 

La importancia de la salud mental en el deporte

-¿Cuál fue el golpe más duro de tu carrera?

-Lo más difícil fueron las lesiones, tuve varias graves y encima en las primeras que tuve no hacía terapia y hoy pienso me hubiera encantado poder hacer, porque algunas obviamente fueron por accidentes, pero otras fueron por estrés. En ese momento hacía muchas cosas a la vez, doble turno, Selección, partidos con Boca, facultad, era un desgaste muy grande. La terapia me ayuda y me ayudó un montón.

Después también a nivel grupal, me ayuda a estar preparada para naturalizar, que también en el deporte lo más normal es perder, aunque nosotras estamos muy mal acostumbradas, jaja. La psicóloga me cambió la vida, la perspectiva de ver un montón de cosas. Más allá de la que tenemos acá en el club, tengo una personal, que me ayuda para salir un poco de la rutina del deporte y ver cosas desde un lado más objetivo.

-¿Cuál fue la lesión que más te costó superar? 

-La última del hombro (mayo 2025) porque me terminó acortar lo que me queda de carrera. Cuando sos más grande el cuerpo no responde de la misma forma. Igual todas son feas, ya que te están imposibilitando de hacer lo que a vos más te gusta. De todos modos, en todas siempre estuve muy enfocada pensando en la vuelta, eso era lo que me motivaba.

-¿Qué aprendiste perdiendo que jamás hubieras aprendido ganando? 

-Uno cuando pierde se exige más, tu mente lo procesa de otra forma y quiere hacerlo mejor porque no alcanzó. Para saber ganar, primero hay que aprender a perder un montón y es lo que me pasó a mí. Perdí un montón en los primeros años acá, para ganar mi primera Liga Argentina perdí tres finales primero y laburar un montón lo que te hace perseverar.

-¿Pensás en tu retiro?

-Lamentablemente ya no me quedó otra que pensarlo. Está cada vez más cerca, es un trabajo que vengo haciendo en terapia, ya que es algo muy duro, muy difícil, que me va a costar un montón, pero también es natural. Estoy tratando de procesarlo de la mejor manera posible para poder retirarme en las mejores condiciones y sentir que yo dejo el voley y no que el voley me deje a mí.

-¿Y qué sensación se te pasa por la cabeza?

-Me genera mucha angustia porque se viene un mundo nuevo para mí. No recuerdo una vida sin ser deportista. A la vez tratando de disfrutar todo lo que pueda, dado que sé que no me queda tanto. Se mezclan muchas emociones y es terrible, es muy difícil.

-¿Cómo te gustaría que te recuerden? 

-Lo único que me da tranquilidad y que quiero al final del retiro es que la gente sepa que di todo por la camiseta y no hay satisfacción más grande que esa. Porque hay gente a la que le puedo parecer buena o mala jugadora, pero hay algo que no se pone en duda, y es que siempre di el máximo y representé la camiseta de la mejor forma posible. Lo hice dejando el alma, el corazón y tratando de devolverle a Boca, lo que Boca me dio a mí, porque a mí me cambió la vida y siento que de por vida voy a estar en deuda con el club.

-Esta deuda que sentís que te queda con Boca, ¿te gustaría seguir siendo parte del club en el futuro?

-Como entrenadora no, pero si hay una dirigencia que sé que quiere al club, que quiere lo mejor para Boca y consideran que puedo ayudar, por supuesto que me encantaría, pasaría toda mi vida acá. Haber llevado esta camiseta es el orgullo más grande, los 29 torneos que gané fueron una forma de devolverle algo al club de lo que me dio. El simple hecho de tener la camiseta de Boca con mi apellido y haber formado parte de la historia, ese es el título más grande de todos.

Mariángeles “Chu” Cossar se aleja de a poco de las canchas y deja su lugar a las nuevas generaciones de voleibolistas que aspiran a tener un futuro como el de ella. Estará siempre cerca del club. El “Quinquela” es un lugar al que siempre podrá volver, porque así fue durante 20 años de su vida y lo seguirá siendo por lo que significa Boca para ella. Y también para el club, ya que deja un legado imborrable en la historia del Xeneize.

Antes de irse, cruza la puerta de la cancha de entrenamiento y saluda como acostumbra, afectuosamente, a cada uno de los presentes, conversa con algunos y devuelve con su cálida sonrisa el cariño que recibe de quienes la acompañaron durante tantos años.

 

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